jueves, 23 de febrero de 2012

SÁNCHEZ MEJÍAS / ANTONIO MÁRQUEZ

















    
Se citaron los dos para en la plaza
tal día, y a tal hora, y en tal suerte:
una vida de muerte
y una muerte de raza.



Dentro del ruedo, un sol que daba pena,
se hacía redondo y amarillo
en la inquietud inmóvil de la arena
con Dios alrededor, perfecto anillo.



Fuera, arriba, en el palco y en la grada,
deseos con mantillas.



Salió la muerte astada,
palco de banderillas.



(Había hecho antes,
a lo sutil, lo primoroso y fino,
el clarín sus galleos más brillantes,
verdadera y fatalmente divino.)


Vino la muerte del chiquero: Vino



de la valla, de Dios, hasta su encuentro
la vida entre la luz, su indumentaria;
y las dos se pararon en el centro,
ante la una mortal, la otra estatuaria.







Comenzó el juego, expuesto
por una y otra parte.......
La vida se libraba ¡con qué gesto
de morir, con qué arte!







Pero una vez -había de ser una-
es copada la vida por la muerte,
y se desfortuna
la burla, y en tragedia se convierte.







Morir es una suerte
como vivir: ¡de qué, de qué manera!
supiste ejecutarla y el berrendo.
Tu muerte fue vivida a la torera,
lo mismo que tu vida fue muriendo.




No: a tí no te distrajo,
el tendido vicioso e iracundo,
el difícil trabajo
de ir a Dios por la muerte y por el mundo.







Tu atención sólo han sido toro y ruedo;
tu vocación el cuerno fulminante.
Con el valor sublime de tu miedo,
el valor más gigante,
la esperabas de mármol elegante.







Te dedicaste al hueso más avieso,
que te ha dejado a ti en el puro hueso,
y eres el colmo ya de la finura.







Más, ¿qué importa que acabes?.... ¿No acabamos
todos aquí, criatura,
allí en el sitio donde Todo empieza?







Total, total, total; di: ¿no tocamos
a muerte, a infierno, a gloria por cabeza?









Quisiera yo, Mejías,
a quien el hueso y el cuerno
ha hecho estatua, callado, paz, eterno,
esperar y mirar, cual tú solías,
a la muerte: ¡de cara!,
con un valor que era temor interno
de que no te matara.

Quisiera el desgobierno
de la carne, vidriera delicada,
la manifestación del hueso fuerte.

Estoy queriendo, y temo la cornada
de tu momento, muerte.

Espero, a pie parado,
el ser, cuando Dios quiera, despenado,
con la vida de miedo medio muerta,
que en ese cuando, amigo,
alguien diga por mí lo que yo digo
por ti con voz serena que aparento:

San Pedro, ¡abre! la puerta:
abre los brazos, Dios, y ¡dale! asiento.

Miguel Hernández. Citación-fatal, dedicado a Sánchez Mejías
 


A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
...........................
...........................
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
..........................
..........................

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

Federico García Lorca. La cogida y la muerte. Del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías"



¡Que no quiero verla!



Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.



¡Que no quiero verla!



La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!



¡Que no quiero verla!



La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!



Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!



No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡ Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!



Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.



¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!



Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No,
¡Yo no quiero verla!



 García Lorca. La sangre derramada. Del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías".




Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.



Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dice? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.



¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.



Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos:
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.



Aquí yo quiero verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.



Yo quiero que me enseñen un llanto como un río,
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.



Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuanto niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.



No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!.



Federico García Lorca. Cuerpo presente. Del "Llanto por la muerte por Ignacio Sánchez Mejías"















No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.





No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.



El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.



Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.



No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.



 Federico García Lorca. Alma ausente. Del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías"




.....iluminó de vocación romana
el toreo andaluz de arte más puro.
........................................
lo mismo al toro claro que al oscuro
.....................................
que burla la embestida tenebrosa
de la testa cornuda de la fiera

volviéndola, en su tela, luminosa.



Federico García Lorca




Por pies, con viento y alas,

por pies salías, de las tablas Ignacio

Sánchez Mejías.

                               Rafael Alberti






Así es como yo te quiero,
siempre, sí, banderillero.
...............................
..............................







Altos los brazos le citas
-tú en el sol, él en la sombra-
y el toro que se te arranca
y tú que a él te precipitas,
tromba contra catarata,
y otro par que desbarata
el choque por la tangente.
............................
...........................
Que no, que yo quiero verte
libre del cuerno que ensarta,
glorioso, incólume, y canto
tu hombría de púgil diesto,
tus prodigios de maestro,
..............................
.............................







Porque así es como te quiero,
como un torero, un infante
de compás firme, audacísimo,
clavando uno, dos, tres pares,
y un cuarto airoso, limpísimo,
al ras de los costillares.
Porque así es como te quiero,
como lo que eres, Ignacio,
siempre tú, banderillero.





                    Gerardo Diego. Presencia de Ignacio Sánchez Mejías



"Qué tremendo con las últimas banderillas de tinieblas"



                                                           García Lorca






"Como inicio de la faena, el pase (sentado) en el estribo será siempre unido al recuerdo de Ignacio Sánchez Mejías: el pase, mudo inicio de lamento"

                                                                                                                                             Robert Ryan

"Es un macho espléndido, una curiosa mezcla de hombría violenta y "charme" casi femenina; es brusco, quizá un poco duro, pero al mismo tiempo también tierno y fino"

                                                                                                     Carlos Mora, amigo de García Lorca

"Ignacio no era seductor; era la seducción misma"

                                                        Marcelle Auclair


"Yo soy mejor que Gaona y no era más que un banderillero de José"

               Réplica a Gaona, al leer que éste era mejor que Joselito


“El toreo de Sánchez Mejías es todo soltura, agilidad, destreza, tranquilidad, reposo, conocimiento, gallardía, emoción, arte”
Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías (1922)
 
“El torero no tiene más verdadera vida que la del peligro. Cuando uno se retira, se muere. El torero no tiene más peligro que el dejar de existir, y su muerte no está en la plaza, sino en su casa. “Joselito”, muerto en Talavera, sigue estando vivo: más vivo que Belmonte y que yo. Él murió valientemente, y nosotros nos metimos cobardemente en casa. Para alejarse de la muerte es preciso que el torero se roce con ella. Es decir: que no deje de torear”
Ignacio Sánchez Mejías. Recogido en el libro El torero. Una visión inédita, de Juan Antonio Pérez Mateos.


















MUNDO GRÁFICO 

































































 
Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías, publicado en 1922, escribe:
“Las características generales de su toreo de capa son la variedad, y dentro de ésta, la sobriedad en todo cuanto ejecuta. Tiene también la intensidad y consiguientemente la emoción. La figura y el adorno le interesan poco. Por eso no lo prodiga, por su buen gusto artístico y su honradez profesional […..] Sus lances de capa favoritos son la verónica, la media verónica, el quite doble, la larga, el quiebro de rodillas y otros menos importantes [….] Sánchez Mejías torea a la verónica como José. Es el mismo estilo. En sus lances hay menos suavidad y menos línea que en su hermano político, pero en cambio más tremenda emoción y para más, porque consiente más al toro [….] Hay momentos en los que parece que en vez de torear por verónicas, lo que hace es ligar medias verónicas por la manera de doblar al toro y liárselo a la cintura [….] El secreto de estos lances consiste, entre otras cosas, en la manera que tiene de jugar los brazos, que le permite ajustar los movimientos del capote a la velocidad del toro [….] A esto queda reducido en definitiva el temple”

"La media verónica tiene un punto de semejanza con la de José, en la manera de jugar el capote. Ignacio, como Gallito, ejecuta este lance por bajo. Esto le permite templar más al toro, llevándolo más toreado, y consiguientemente dominarlo más. En Joselito había más suavidad, más línea, pero en cambio Ignacio le aventaja en emoción, en gallardía y en majeza"


Sánchez Mejías en la corrida celebrada en Valencia el 26 de julio de 1920

Fotografía publicada en el semanario La Lidia, 02/08/1920







El escritor peruano Luis F. Odría, en su libro El arte del toreo y los secretos de la lidia, escoge este comentario de Gregorio Corrochano:


“Hay un caso excepcional, de un matador en la suerte de banderillas, del que por raro y único queremos que quede aquí constancia. Vamos a hablar de Sánchez Mejías. No por sus inquietudes y personalísimos pares por dentro, con el toro muy pegado y casi cerrado a las tablas, sin salida visible, cuyo peligro corría parejo con el de los pases de muleta sentado en el estribo, de los que alguna vez se dijo que eran muy espectaculares, con lo que se quería restar valor y riesgo a la emoción del público, hasta que una tarde en Manzanares, toreando una corrida grande de Ayala, con “Armillita” y con Alfredo Corrochano, sentado en el estribo le mató un toro………………..El caso que vamos a referir es el de cuando Sánchez Mejías saltó al ruedo de la Maestranza de Sevilla en la feria de Abril vestido de paisano, tras desavenencias con el empresario de la plaza……………….En uno de los pares entró el toro haciendo extraños. No se sabía claramente por qué lado venía, lo que era muy comprometido o deslucido. Sánchez Mejías ya iniciado el viaje se paró para fijar el toro, que al verle esperar, arrancó ya franco hacía él, es decir, que le enmendó la embestida y le llevó a su terreno, porque tenía valor y tranquilidad para ver venir a los toros, una de las condiciones más difíciles y necesarias en el toreo. Fue un par, precisamente por esto, magnífico, que levantó la plaza. Las ovaciones se enlazaron de un par a otro. Cuando acabó de banderillear había tanto entusiasmo como estupor. Nadie se explicó por qué había sucedido aquello”

Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías, publicado en 1922, escribe:

“Ignacio es acaso el banderillero más formidable y seguro que ha existido, por la cantidad de recursos, por la variedad de momentos, por el dominio de todos los lados, los tiempos y de todos los terrenos. Menos elegante que Fuentes, menos clásico que Quinito, no tan fácil como José, ni tan puro como Magritas, pero más pronto, más eficaz, más seguro, más dominador y más emocionante que todos ellos. Del Guerra sólo tengo un recuerdo lejano y confuso, pero me parece que es el que más puntos de contacto tenía con Sánchez Mejías. Al sesgo no creo que haya existido nadie desde Lagartijo que pueda comparársele.”




Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías, publicado en 1922, escribe:

“El no es un torero capaz de reservarse. No tiene la serenidad de José (Joselito) ni la indiferencia de Rafael (el Gallo). Cuando siente una protesta o escucha un grito, todos sus nervios se estremecen y vibran de indignación, de rabia, de ira ante la injusticia, y es entonces cuando comienza a torear violentamente, desesperadamente, trágicamente [….] Aquí está muchas veces la razón de sus faenas sentado en el estribo. Aparte, naturalmente, de ser ésta una de las variedades de sus faenas de muleta.”







Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías, publicado en 1922, escribe:

“Una de las características principales del toreo de muleta de Sánchez Mejías es lo mucho que para y la rapidez con que domina a los toros. Aparte, naturalmente, de la gran variedad que hay en su toreo de muleta. Desde el pase natural hasta el simple molinete los domina todos y los ejecuta con un gran arte. Menos sobrio que con la capa, es tan eficaz y emocionante. Pero lo más extraordinario de este torero es que para cada toro tiene la faena justa, precisa, necesaria [……] Como Joselito, tiene la difícil facilidad de apoderarse de los toros en los cuatro primeros muletazos [.....] Se perfilaba, y sin un gran estilo, pero con indudable valentía, mataba los toros."  





















Federico Alcázar, en su libro Sánchez Mejías, publicado en 1922, escribe:

“Sánchez Mejías conoce el toreo como un maestro, sabe darle emoción por medio del arte, y antes de todo y por cima de todas las cosas, tiene una cantidad y una calidad de valor que excede a todo límite y a toda ponderación. Aquí radica su personalidad. Sánchez Mejías representa la tradición más fina del verdadero concepto del valor. El es su más augusta y soberana encarnación. Esto le permite ser unas veces impetuoso y turbulento como Belmonte, y otras consciente y reflexivo [....]Tiene más decisión y más coraje que Joselito y menos atolondramiento y mayor serenidad que Belmonte [...]
El toreo de Sánchez Mejías es todo soltura, agilidad, destreza, tranquilidad, reposo, conocimiento, gallardía, emoción, arte”
Aquel pase en el estribo, oh Ignacio Sánchez Mejías, hombre o titán, corazón roqueño. ¿Cuándo tan trágico el diálogo entre el torero y el toro, entre la vida y la muerte?
Te vi siendo niño, nunca jamás pude olvidarlo.

Juan Ruiz Peña. De Historia en el Sur


Ignacio Sánchez Mejías nació en Sevilla el 6 de junio de 1891. Su padre era un prestigioso médico de la Beneficencia Municipal, cuya máxima ilusión era que su hijo Ignacio siguiera sus huellas. Los estudios de bachillerato  los alterna con sus entrenamientos como torero, acompañando a Joselito, en la huerta El Lavadero. Cegado por la afición, se escapa de su casa, y con Enrique Ortega ("el Cuco") marcha de polizón a Nueva York, donde no le dejan desembarcar. Por mediación de un hermano residente en Méjico, consigue quedarse en Veracruz, donde lleva a cabo mil trabajos.

En 1911, tras una estancia en Méjico, actúa en España a las órdenes de Fermín Muñoz, Corchaíto y con él vuelve a América aquel invierno, haciendo la campaña de Méjico. El 12 de marzo de 1913 torea en Méjico una corrida mixta en la que actúa el sevillano Rerre como matador de cuatro toros e Ignacio como novillero frente a dos reses. De vuelta a España trabaja a las órdenes de Cocherito de Bilbao y más tarde de Machaquito, destacando ya entonces su gran categoría de banderillero, que no le abandonaría nunca.


Desea, sin embargo, probar fortuna como matador y emparejado con el que sería enorme rehiletero Luis Suárez Magritas, torea en Madrid el 7 de septiembre de 1913 una novillada de Fernando Villalón. Lidia varias novilladas al año siguiente y destaca especialmente en la del 31 de abril de 1914 en Córdoba, con ganado de Miura, sobre todo en el sexto, que brinda a su antiguo jefe Machaquito, realizando una labor brillantísima. El 21 de junio del mismo año hace su presentación en Sevilla, con ganado de Carvajal y mano a mano con José García Alcareño. Al entrar a matar fue cogido gravísimamente, con rotura de la vena femoral profunda, que hizo que su carrera como matador se resintiese, hasta el punto que en la temporada siguiente figura como sobresaliente en México y en Bilbao. En cambio como banderillero está totalmente consagrado y aumenta su prestigio al actuar en las cuadrillas de Rafael el Gallo y de Joselito, con una hermana de los cuales contrae matrimonio. En los años siguientes sigue brillando como banderillero y peón de brega, singularmente con Joselito.

El 8 de agosto de 1918 reaparece en Sevilla como novillero; como tal torea varias más, y es cogido en Écija.

Tomó la alternativa en Barcelona, de manos de su ya cuñado Joselito y con Belmonte de testigo, el 16 de marzo de 1919, que le cedió la muerte del toro Buñolero, de los hijos de don Vicente Martínez, al que realizó una gran faena y del que cortó una oreja y saliendo a hombros. Cofirmó la alternativa en Madrid  el 5 de abril de 1920, con toros de la misma ganadería, con Joselito de nuevo de padrino y en presencia de Belmonte y Varelito.


Gregorio Corrochano, en su libro La edad de oro del toreo, escribe la siguiente crónica sobre la confirmación de alternativa de Sánchez Mejías:


Corrida de Beneficencia. Sánchez Mejías, en Madrid (ABC, 6 de abril de 1920)……………¡Vive Dios que pudo ser! Un año el público de Madrid esperando a Sánchez Mejías, y ya con el cartel puesto había que aplazarlo. La cogida de Sevilla, la de Córdoba, las lluvias de otoño……Sánchez Mejías, el Deseado, no toreaba en Madrid. Ayer toreó, y con todos los honores. Corrida de Beneficencia. Los Reyes en su palco………La plaza cuajada……….Ya está el toro en la plaza……..Se arrodilla Sánchez Mejías y da un cambio con el capote. Se levanta y torea dejando llegar y manejando el capote suavemente. Se le nota esa nerviosidad que produce la plaza de Madrid, nerviosidad que se acentúa en la primera corrida y en tarde tan solemne como ésta. En los quites se tranquiliza más y torea aún mejor. Tiene una estupenda condición para torear; que torea despacio, con temple, que es el secreto del toreo, y lleva el capote bajo……..alternó con Joselito, que hizo un quite primoroso, quintaesenciado, y Mejías oyó palmas por lo bien que toreó. ¡Cualquiera resiste el contraste si no torea tan bien como toreó Ignacio!............Coge banderillas y, partiendo desde los medios, coloca dos pares, y luego otro con el toro cerrado en tablas. Bien; pero no dio la emoción que él da otras veces; no tuvo suerte, no hubo sabor en el momento crítico………..Cuando recibe de Joselito los trastos de matar, el toro, que es un gran toro, está curioseando en un burladero. A él se va el torero decidido, sin pedir que lo saquen o lo metan, o lo lleven o lo traigan, y como el toro está al hilo de las tablas, se sienta en el estribo Sánchez Mejías. Me pasa con los pases en el estribo lo que con los pases de rodillas, que no son de mi agrado, y además no creo en ellos sino en muy contadísimas ocasiones. Pero si alguna vez los admito, y hasta me parecen bien, es en ocasiones como ésta. Así, sentado, obligando mucho, metiéndose muy cerca del toro, da con la derecha un pase alto de pecho, sigue corriendo la mano al natural y repite el de pecho como antes. Y poco a poco, sin dejar de torear, cada vez más ceñido, le va ganando terreno al toro, hasta que lo saca al tercio. En la plaza hay una gran emoción. La faena es valiente y tiene mucho sabor torero. Sigue ya fuera con naturales y de pecho con la mano izquierda, singularizándose por su valentía y por lo despacio y cerca que se pasa al toro. Da un pinchazo hondo, una estocada hasta la mano, atravesada, por lo que no mata, y otra parecida, de la que dobla el toro. Digamos, para completar, que entre estocada y estocada sigue toreando muy bien, y que el toro le acudió bravamente. Si coge la estocada, yo no sé la que se arma. Dio la vuelta al ruedo, recogiendo la ovación de agrado con que fue recibida su labor en el toro siempre difícil –aunque sea muy fácil- de la alternativa…………Banderilleó dos toros más con Joselito, y  aunque estuvo bien, no fue lo suyo. Expuso mucho en un par al quiebro cuando el toro estaba todavía rebotado de otro par al quiebro de José, y expuso –por lo descompuesto que se le vino el toro- más que lució……………Cerca y breve fue la faena de Sánchez Mejías en el último, faena que empezó con las dos rodillas en tierra, revolviéndose el toro tan pronto, que apenas le dejó levantarse…………Dio una estocada atravesada, muy atravesada, y descabelló” ……………………..Ya tiene Sánchez Mejías la alternativa en Madrid. Recuerdo un brindis en Valladolid con un envío al público de Madrid……………….Ya sabes a que atenerte. Has gustado y mucho porque tu toreo tiene el simpático atractivo de la espontaneidad y de no regatear el peligro cuando el peligro se presenta. De esa buena fe del que tiene más respeto al público que a su propia vida; es una condición que siempre se estima, y se premia, o por el público, que aplaude, o por el toro, que hiere, que todo es premio y es cartel…………..Como precisamente has gustado menos es como banderillero, pues no has tenido suerte ni tranquilidad para dar esta nota culminante, que es de las notas fuertes de tu repertorio. Por eso el éxito es mayor, porque aún le queda al público por ver y admirar. Así, pues, regala tu traje de banderillero si encuentras alguno a quien no le venga ancho (se está refiriendo al brindis de Valladolid)”

Aquel año de 1920 fue el de la muerte de Joselito, e Ignacio, que alternaba con su cuñado, tuvo que matar a Bailaor, el toro más famoso, trágicamente hablando, de toda la historia de la tauromaquia.

En la temporada de 1920 toreó 90 corridas en España, y en Méjico 19, compitiendo con Gaona.

Separado siete años de los toros, en 1934 se presenta de nuevo en Cádiz, San Sebastián, Santander, La Coruña y Murcia.

Falleció el 13 de agosto de 1934 en Madrid, como consecuencia de la cogida que le infligió el toro Granadino, negro bragao, de la ganadería de Ayala, cuando, como era habitual en él, toreaba sentado en el estribo de la barrera, el día 11 de agosto en Manzanares, donde actuaba en sustitucion de Domingo Ortega, lesionado en un accidente de automóvil, en compañía de Armillita y Alfredo Corrochano, y el rejoneador portugués Simao Da Veiga. Tras la primera cura en la enfermería de la plaza, se le trae a un sanatorio de Madrid. De nada sirvió la transfusión a la que se prestó Pepe Bienvenida. El cadáver es conducido a Sevilla, siendo enterrado en la sepultura de su cuñado Joselito.


Fue, además de torero, escritor y poeta de la Generación del 27.




De la colección LOS TRIUNFADORES DEL TOREO. IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS. “Vencedor de la muerte”, de J. Sánchez Moreno. Editado en Barcelona en 1930., he seleccionado los siguientes comentarios:


“(Pg. 2)……Torero hecho a golpes de adversidades, de cornadas graves……….En una tarde en que no pudo torear a un (Pg. 3) toro por sus malas condiciones, yo le he visto entrar a matar tres veces, poniendo al cornúpeta adrede en las tablas, con la salida por éstas, exponiéndose, no a una, sino a tres cornadas…………Banderillero se puede asegurar que es el único……En todos los terrenos, en todos los toros y en todas las suertes es eficaz, dominador, seguro y emocionante; un banderillero formidable que le hizo apretar a “Joselito” a pesar de ser quien fue……..Con la muleta empieza la faena sentado en el estribo, con una tranquilidad pasmosa……De rodillas pasa con una suavidad y un mando de (Pg. 4) absoluto valor, y de pies obliga, torea con una elegancia sobria y con una eficiencia plena de sabiduría torera…..Matando es certero, no tiene un gran estilo de matador, pero es breve……..Esto lo ha hecho en el apogeo de Joselito y Belmonte, quienes opinaban así de Sánchez Mejías: -Para torear así, va a tener que hacerse un pecho de bronce y una barriga de hojadelata- dijo Gallito…..Y Juan, cuando le preguntaban por el toreo de Ignacio, decía: -Es una cosa muy seria……………..Ignacio Sánchez Mejías es el vencedor de la muerte, no en un caso de necesidad, de heroísmo, sino como una alegre diversión de jugar con la vida”
"Don Indalecio", en la Tauromaquia en el siglo XX, Primer cuaderno. En el número 3 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y oro. Pgs. 82 y 83,  escribe:


"Una personalidad y un carácter. Fuera de familia torera, quiso ser lidiador y lo fue; quiso salir del no demasiado brillante papel de banderillero, y se hizo matador de novillos; quiso ser matador de toros, y ocupó un primer lugar destacadísimo entre los espadas de su tiempo, sin influencias de su cuñado Joselito, quien le diera la alternativa el 16 de marzo de 1919, en Barcelona. Belmonte fue testigo de la resonante ceremonia…………Como torero hubo que ponerle muchos reparos: no era fino, no tenía calidad; era matador deficiente. A pesar de ello, su personalidad en los ruedos fue extraordinaria, por su valor no menos extraordinario; un valor consciente, “bruto”, que le llevaba a forzar la ejecución de las suertes, buscando los terrenos más comprometidos. En banderillas, especialmente, pocos llegaron donde él llegó. Y lo mismo que buscaba la emoción en su toreo, buscaba el ruido fuera de la plaza, como en cierta campaña mejicana, frente a Rodolfo Gaona………”Tomó” –jerga taurina- muchas cornadas. Gregorio Corrochano……..recogía en una de sus críticas la frase con que le recibiera su hijo niño, al regreso de una feria, donde había sido cogido, y adonde había ido convaleciente aún:




-Pero, papaíto, ¿otra corná? – le preguntó el niño, condolido, al ver que le entraban en volandas.




Sí, otra corná y muchas más. Hasta llegar a la última, a la definitiva, a la de Manzanares, después de un paréntesis de siete años, cuando hubo de salir, forzando sus facultades, en busca de unas palmas que le cosquilleaban en su dormida gloria. Fue el 11 de agosto de 1934, en la ciudad dicha. Al dar un pase, sentado en el estribo, a un toro de los hermanos Ayala, el enemigo se quedó con él, le causó una grave cornada en el muslo, y, como consecuencia de ella, murió en Madrid el día 13 de igual mes. Tenía, si la fecha de su nacimiento no es incierta, pues la edad no la confesó nunca, cuarenta y tres años. Muchos son para iniciarse otra vez en el toreo, del que había estado apartado casi hasta en sus simpatías……..Fue escritor, estrenó comedias, dio conferencias, preparaba libros. Su ambiente estaba entre los intelectuales. Su nombre, su verdadera personalidad, habría que buscarla al margen del toreo."

Veamos lo que nos dice Néstor Luján:

 "Ignacio Sánchez Mejías fue sin igual como torero y como hombre. Era un caso patológico de valor, como su cuñado Rafael el Gallo lo era del miedo...... Fue Ignacio, el bien nacido, según le llamó su amigo García Lorca, un torero más bien basto, de gesto dionisíaco y de una temeridad desmandada.......valeroso e impulsivo, y flojo como estoqueador, si bien se aplicó con su habitual bravura a conseguir buenas estocadas y llegó a matar algunos toros excelentemente. Como banderillero fue muy bueno, de los mejores de su época. Se metía en terreno peligroso, en el más asustante, y allí banderilleaba furiosamente, con una fuerza desquiciada y trágica. No fue un torero excepcional, pero tuvo una personalidad tan acusada, que infundía a su sola presencia en la plaza una categoría superior a los demás toreros....Ante el toro se desenvolvía con el desahogo y la gloriosa indiferencia de quien desconoce el peligro"

Cossío, en la misma línea, opina:

"Podrá discutirse su estilo de torear, su concepción de la lidia; pero a salvo de toda discusión queda su inconfundible carácter, imponiéndose al final, servido por la valentía más auténtica y sobrecogedora que nunca se haya exhibido en los ruedos........Su valor no era sólo desprecio absoluto del riesgo, sino que daba la impresión de ignorancia total del peligro. Ignacio llegó a quitar toda importancia al toro. No se trata de un torero intuitivo, sino reflexivo........De todas las condiciones del torero, Ignacio tan sólo posee (ese, en grado eminente) el valor. Este valor y este carácter imprimen su sello al arte de torear de Sánchez Mejías: ese afán suyo de forzar la suerte, de encerrar a los toros para la de banderillas, el torear en el estribo de la barrera, el afectar el dominio sobre el toro muchas veces antes de tenerlo conseguido, sus adornos temerarios en la cara de las reses"

César Jalón, en sus Memorias de Clarito, escribe:

"El torero en la plaza y el hombre en la calle se me revelaron en toda su avasalladora personalidad...................Su modus respondía a un lema: el peligro. ¡Ese aventador de impurezas que encubre los pecados estéticos y todo lo sublima y embellece! "Ha traído algo nuevo -diría Don Ventura la tarde de alternativa en Barcelona-. Ha traído algo nuevo: la exageración del peligro. Más aún, su creación, comprometiendo, de intento, las situaciones"..................No obstante aquel su innegable arrojo, un único trance volvía su temeridad en alivio y en desmaña su destreza: el supremo trance de matar. A causa de este fallo fracasaron sus dos anteriores empeños de hacerse matador: el de Méjico en 1913 y el de España en 1914..................."Hasta ese crítico instante -declaraba- el toro no me importa una berza. No me impone ni me espanta. Mas al montar el estoque pierdo todo el dominio. No es miedo; es desconcierto. El desconcierto ante todo aquello que no se sabe hacer....................Si he de evitar el continuo deslucimiento del éxito de mis tardes por los desatinos del estoque, habré de aprender a meterlo en buen sitio"


Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su libro Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:
“……unido a un amor propio indomable y a su valentía natural, Sánchez Mejías
 pudo ser lo que fue: un buen torero, tal vez sin mucha técnica ni gran finura, pero, amigos, con un arte intuitivo, que su valor, realmente extraordinario, hacía emocionante, y su gran voluntad pundonorosa lograba superar constantemente. Con lo que fue una excepcional notabilidad fue con las banderillas, pues dominaba todas las suertes poniendo en la ejecución de algunas una emoción de angustia para el espectador. En 1934, inopinadamente, reapareció en los ruedos y despachó algunas corridas, sin entusiasmo suyo ni de los públicos, y toreando en Manzanares el 11 de agosto de 1934 recibió tan terrible cornada en un muslo que, a consecuencia de ella, falleció en Madrid dos días después. Y así acabó Ignacio Sánchez Mejía, torero valiente y original escritor, ejemplo vivo de voluntad ante la vida y de pundonor ante los toros…….”



Juan Posada escribe:

"Sánchez Mejías, sólo valiente, pero con fuerte personalidad, asusta al personal. No manda ni muestra arte. Se faja con las banderillas, su fuerte. Entre tanto estilismo, los toreros valientes se consideraron más, incluso por los entendidos............"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"Los éxitos de Juan Belmonte escuecen en el amor propio de otro viejo lidiador: Ignacio Sánchez Mejías. En Cádiz reapareció con enorme decisión. Las fotografías del ilustrado Ahora muestran gran diferencia entre la arrogancia del torero en la puerta de cuadrillas, capote liado, gesto desafiante y el momento de secarse el sudor después de matar el primer toro: es un señor calvo, de cierta edad, con aspecto de agotamiento físico. No importa. Seguirá en la brecha y toreará de rodillas, sentado en el estribo, llamando al peligro y soltando torrentes de emoción y polémica en las plazas. Su campaña es heroica, aunque de otro modo que Belmonte. No es un artista con temple y hondura. Belmonte ha fundido la sabiduría de Joselito y su propio entendimiento del arte. Sánchez Mejías ha sido siempre un gladiador y no puede ser otra cosa. Pero es el número uno entre los gladiadores...................Sabe que como torero, es tosco al lado de los estilistas y de los tocados por la inspiración: Chicuelo, Márquez, el Gallo.................A Ignacio le queda el valor..................Poco antes de comenzar la que sería su última corrida, dijo al joven Alfredo Corrochano, que había sido su discípulo: "Te voy a dar un buen repaso". Era típico de Ignacio alardear, jactancioso, en el patio de caballos"

El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Su cualidad sobresaliente fue el valor, llevado al extremo de procurar realizar las suertes de la manera más difícil para patentizarlo, practicándolas en terrenos inverosímiles, y, tanto en los pases, tal el que le causó la muerte, como en banderillas. Siendo un rehiletero de excepción, se empeñaba en clavar saliendo de las tablas, con toda la exposición que ello supone y siendo la suerte, como es, poco vistosa. Fue buen director de lidia, pues su carácter altanero imponía la obediencia. Cambiaba de rodillas y en las verónicas se enrollaba el toro a la cintura; con la muleta castigaba más que demostrar arte; con la espada, dejó mucho que desear; tuvo grandes facultades de las que carecía en los últimos tiempos. No resultaba simpático al público, que sólo le aplaudió su valor; se le admiró como valiente y porque, como todos lo que lo son, obligaba a apretar a los que con él toreaban"

Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"En la media verónica, hincaron las dos rodillas estilistas tan finos como Pepe Ortiz y Jesús Solórzano y casi todos los capotistas de acentuada entrega, con una gallardía impresionante Ignacio Sánchez Mejías...........Ha sido Marcial Lalanda el maestro arrodillado por excelencia, en el cambio, en la verónica, la media verónica, e increíblemente la gaonera"


De la valentía y el coraje de Ignacio Sánchez Mejías da una idea la anécdota contada por Rubén Amón en su libro No puede ser y además es imposible:

"..........Ni emular la fuga de la enfermería que urdió en cierta ocasión para regresar al ruedo. Le había echado mano un toraco en el muslo derecho, así es que los médicos de la plaza lo operaron y le impidieron regresar a la arena............Sánchez Mejías convocó a su mozo de espadas para que lo vistiera de luces. Recién cosido y titubeante, el matador sevillano se escapó por la ventanilla de la enfermería, cruzó los corrales y llegó a tiempo de interrumpir a Rodolfo Gaona, que estaba a punto de estoquear el ejemplar de Ignacio Sánchez Mejías: "Nadie mata un toro mío", exclamó desde la barrera.............El compañero mexicano le dio la bienvenida, igual de estupefacto que los espectadores. El uno y los otros aplaudieron al heroico matador cuando se perfiló en la suerte suprema. Ya tendría tiempo de recuperarse en su casa y de someterse a las amonestaciones de los médicos"

Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"Y cuenta Corrochano que un día Ignacio Sánchez Mejías, a quien el amor propio le salía por los poros de su piel, le confesó que se iba de los toros: "Porque no me importa que los demás toreros estén mejor que yo. Y esto es un mal síntoma". En resumen, amor propio, lo que, en términos taurinos, se llama casta de torero, que conduce a la competencia, a la rivalidad.........."


Gregorio Corrochano, en su libro La edad de oro del toreo, en el capítulo titulado De las memorias inéditas de un redactor de ABC, escribe las siguientes crónicas:


Valladolid: Despedida de Pacomio Peribáñez. Envío de Sánchez Mejías al público de Madrid (ABC, 22 de septiembre de 1919)…………………Se lidiaron toros del duque de Veragua……………Pacomio Peribáñez se ha despedido esta tarde del público de los toros…………Cuando me comunicó en Madrid su decisión me dijo: “Quise ser torero para ganar dinero, para tener una mujer muy guapa y llenarla de brillantes. Conseguí la mujer; pero no logré los brillantes. ¡Por eso me voy. Soy joven; aún es tiempo de buscar otra profesión y ganar para vivir”……………………La corrida de hoy ha sido un triunfo clamoroso para Sánchez Mejías. Este torero, que va con la verdad por delante, y que lleva el corazón en la mano para que todo el mundo lo vea, se ganó al público en lo primero de hizo: en un par de banderillas que puso al toro de Pancomio. Es la nota de todas las ferias. Sánchez Mejías torea una sola corrida, y en ella tiene que conquistarse un cartel, que se va haciendo palmo a palmo, toro a toro, corrida a corrida………….Su primer toro se animó mucho después del tercio de banderillas. ¡No había de animarse, si banderilleó Sánchez Mejías! Un par, viniendo de los medios al tercio……..Sesgó otros dos pares superiores, y puso otro por dentro con el toro muy cerrado. El público se puso en pie, y ya nadie se sentó. Brindó a Pacomio. El toro estaba en las tablas. Se sentó Mejías en el estribo. Expectación………El toro, dando con las costillas en los tableros, prometía un momento de gran emoción. Parecía imposible que no se llevase al torero en la cabeza. No se lo llevó, porque para esto estaba la muleta. Mejías aguantó mucho; se echó al toro por delante con un pase de pecho, y cuando el toro se revolvió, le dio otro pase, siempre sentado en el estribo……….Salió al tercio y allí hizo una faena breve, seguida, liada, sin descansar………Faena quieta, aguantando, eso que llaman ellos “tragar el paquete”, sin trucos de verdad. Así toreó de muleta Sánchez Mejías. Un significado amigo de Guerrita gritaba: “Torea para hombres, torea para hombres” En toda la plaza la emoción se sentía; la faena fue enorme. Se perfiló, atacó derecho y dio una estocada desprendida. Cayó el toro y recorrió Sánchez Mejías la plaza en triunfo, después de cortar la oreja. Pacomio le regaló un estoque…………..Salió el último toro, jabonero……..Aunque el toro se aplomó mucho, tomó los palos para complacer, pues la gente había quedado tan entusiasmada, que no se resignaba a no repetir. Así como hay toreros que buscan todas las ventajas, éste busca todas las dificultades: lo que llamábamos de estudiantes “ponerse pegas”. Busca los terrenos más comprometidos, y si puede ser que el camino esté obstruido por un caballo, mejor; el caso es buscar el peligro. Así puso cuatro pares, que volvieron a levantar la plaza………………Después se me acercó reverencioso y me dijo, elocuentemente, montera en mano: “Le brindo a usted este toro, y le ruego que diga al público de Madrid que voy dentro de unos días. Que lo hago confiado más en su benevolencia que en mis escasos méritos. Que del fallo de Madrid dependerá mi vida torera; hasta el punto (aquí hizo una pausa, no sé si por la importancia de lo que iba a decir o porque llevaba hablando casi tanto como un parlamentario), hasta el punto –repitió- de que aún guardo un traje de plata para ganarme la vida de banderillero, si no gusto al público de Madrid como matador”


Vitoria: Sánchez Mejías o el torero de la emoción (ABC, 5 de agosto de 1919)…………….Un amigo de Sánchez Mejías, testigo presencial, me lo refirió. Con todo cuidado trasladaron al torero desde Córdoba a Sevilla. Sabido es que recién salido de la cornada que sufrió por feria en Sevilla, toreó la feria de Córdoba, donde fue herido nuevamente. Para evitar alarmas en la familia, Sánchez Mejías entró en su casa por su pie, apoyado en dos amigos. Su hijo, un niño de tres años, salió contentísimo a recibir a su padre, en busca del regalito, de la golosina acostumbrada. Al llegar junto a él cesó el niño en su gozo, miró abriendo mucho los ojos una mancha de sangre, y dijo con tono de reconversión, un poco desconsolado: “Pero, papaíto ,¿otra corná?”…………Yo me acordaba hoy de este niño. Cuando Sánchez Mejías dio los tres pases sentado en el estribo y vi que el toro se le quedaba, temí que su hijo volviera a turbarse en presencia de otra corná de su papaíto……………Tomó los palos y puso un par en los medios, de banderillero que encuentra toro en todas partes, se arranque el toro como se le arranque……….¡Qué bien se le puso en el camino! Puso otro par cerradísimo en tablas y por dentro, que se puede llamar el par de la mariposa, porque el día que se equivoque el toro o el torero éste se queda clavado en la barrera. Terminó el sesgo –ya se ven muy pocos pares de éstos-, metiéndose mucho en el terreno del toro. Cogió la muleta y se sentó en el estribo. El toro, tardo, no embistió. Hizo bien en no embestir, porque no crean ustedes que no era peligroso el empeño, con el toro colocado no al hilo de las tablas, sino casi perpendicular a ellas. Un capotazo oportuno cerró más al toro, y entonces fue cuando dio Mejías los tres pases sin levantarse, uno de ellos de pecho, y el último con el toro tan cerca que fue cuando me acordé del niño porque se veía la cornada. Siguió valiente, rabioso, forzando la nota para conquistar un cartel que no era fácil conquistar con este toro. Dio un pinchazo bien señalado, haciendo mucho por matar, y en la segunda parte se destacaron dos pases de pecho emocionantes. Pinchó cuatro veces más un poco precipitado y nervioso al ver que quería matar y no lo conseguía. No obstante su poca suerte al herir, se le aplaudió mucho…………En el toro sexto………banderilleó de la misma manera que en el toro anterior………..Empezó la faena de muleta con un pase por alto con la mano izquierda, y sin moverse dio el pase de pecho. Me recordó aquella manera solemne con que empezaba Vicente Pastor muchas de sus faenas. El tercer pase fue natural, rematado por bajo dejándose el toro tan cerca, que otra vez temimos el percance…….El torero, valiente, aguantó las acometidas del bravo animal. Entró derecho a matar y dio una estocada muy delantera y perpendicular. Descabelló, y el público, contento de este torero que no se reserva para las plazas de primer orden, sino que en todas partes da cuanto tiene, le sacó en hombros.”




Santander: Belmonte y Sánchez Mejías ponen al público en pie. (ABC, 9 de agosto de 1919)…………………..Sánchez Mejías hizo la faena de más arte, de más valor que le vimos hacer. Fue así…………Toreó valiente con el capote…………Coge los palos………..Acostumbrado el público a toreros que se preocupan más de las ventajas que de la emoción, se asustó al ver a Sánchez Mejías. Cuando el público vio que intentaba banderillear con el toro tan cerrado, que apenas quedaba hueco para pasar, intentó hacerle desistir. Los toreros, incluso Gallito, contagiados como el público, se llevaron al toro. Pero, señores, ¿por qué? ¿Conque sale un torero valiente, que es más difícil en estos tiempos que un mirlo blanco, y no le vamos a dejar? ¿……. Nos vamos a oponer a estos pares de banderillas que dan la sensación más fuerte que de banderillero alguno? Menos mal que Sánchez Mejías no hizo caso. Puso un par desigual, aguantando mucho; luego puso dos por dentro con el toro casi dando en las tablas, que no hubo nervios para verle sentado, y el público siguió toda la preparación puesto en pie. Por la precipitación y por lo que estorbaban todos los toreros, que no le dejaban tranquilo, por poco le coge. Gracias a que al caerse el torero, se cayó también el toro. El último par fue ya inverosímil. Es imposible hacer más a la perfección la suerte de la mariposa. Todavía pidió permiso, y puso un cuarto par al sesgo. La gente estaba verdaderamente aterrada. Cogió la muleta………Empezó Sánchez Mejías sentado en el estribo y luego dio una serie de pases naturales y de pecho con la mano derecha, pasando todo el toro con lentitud y temple y estirándose el torero en cada pase, ligando la faena, una faena quieta, reposada, torera, superior. Y a todo esto, el público, entusiasmado, seguía en pie. A la emoción del valor se había sumado la emoción artística………Tres pinchazos, queriendo matar, y una estocada hasta la mano. Le concedieron la oreja, dio dos vueltas al ruedo, salió a los medios, y se lidiaba el otro toro y aún duraban la emoción y las ovaciones………..El resumen de la labor de Sánchez Mejías lo hizo Belmonte con una frase tan corta como gráfica al preguntarle un amigo desde la barrera:


-Juanito, ¿qué te ha parecido Sánchez Mejías?


Y Belmonte contestó:


-Una cosa muy seria.”





Gregorio Corrochano, refiriéndose Sánchez Mejías en el tercio de banderillas, destaca:

 "Sus personalísimos pares por dentro, con el toro muy cerrado y casi pegado a las tablas, sin salida visible, cuyo peligro corría parejo con el de los pases de muleta sentado en el estribo, de los que alguna vez se dijo que eran muy espectaculares, con lo que se queria restar valor y riesgo a la emoción del público, hasta que en una tarde en Manzanares, toreando una corrida grande de Ayala, con Armillita y con Alfredo Corrochano, sentado en el estribo le mató un toro"


José Bergamín, en La música callada del toreo, escribe sobre su muerte:

"Murió a las cuarenta horas de haber sido cogido y herido mortalmente por un toro -un torete de poca casta, si bravucón y codicioso- en la plaza de Manzanares. Yo le vi matar y le vi morir (desde la barrera en que yo estaba), al levantarse del estribo para llevarse el toro a los medios, y no como se ha dicho, en aquel pase sentado en el estribo que venía de dar, y le vi morir de una perezosa y larga muerte, que fue agonía, a la que asistí.............La recordaré siempre, tan terrible como una pesadilla irreal. Le mató el toro en el ruedo, más o menos "a las cinco de la tarde". Murió más de un día después, en las primeras horas de la mañana"


Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Creo que a Sánchez Mejías le fascinaba la aventura más que el toreo.Si se hizo torero fue porque era un modo extraordinario de correr peligros y conocer mundo. Ésa fue la auténtica razón de su vocación, no el amor a torear. Ya dijo García Lorca que tardará mucho en nacer otro andaluz tan rico en aventura. Por correr aventuras, Ignacio se escapó de su hogar burgués, siendo un muchacho, para irse como polizón en un barco rumbo a Méjico. Ese afán aventurero le hizo abrazar la profesión taurina. Cuando era figura del toreo se aburrió, y su espíritu inquieto le llevó a ser autor de obras de teatro, mecenas de la Generación del 27 y presidente del Betis..............Recuperó luego la afición y reapareció en 1934 a la vez que lo hacía Belmonte. Y se empeñó en torear una corrida en Manzanares (Ciudad Real), sustituyendo a Domingo Ortega. El toro Granaíno, de los Hermanos Ayala, le dio una gran cornada cuando iniciaba la faena sentado en el estribo. Se negó a que le intervinieran los cirujanos de Manzanares. Quiso que le llevaran a Madrid. Sobrevino la gangrena, y con la gangrena, la muerte............Estoy seguro de que Sánchez Mejías, cansado de vivir y de ver mundo, reapareció para morir en las astas de un toro. No concebía otro tipo de muerte, y tuvo la que él quiso...................Sánchez Mejías no era un artista. Tampoco un torero inteligente. El valor temerario era el cimiento en el que se basaba todo su toreo. Los alardes de valor eran la expresión de su tauromaquia. Arriesgadísimos pares de banderillas por los adentros, toreo de rodillas, toreo sentado en el estribo. Sánchez Mejias estaba justo en el sitio donde podía llevarse una cornada. Posteriormente su figura excedió el ámbito taurino para ser uno de los grandes personajes del ámbito cultural de la España de la anteguerra"

Extraigo algunos comentarios que Ignacio Sánchez Mejías, le hizo al periodista José María Carretero, más conocido con el pseudónimo de El Caballero Audaz, en su obra El Libro de los toreros:

"Vuelvo a los toros porque ha llegado, con los años, la hora de la formalidad. Desde que tenía nueve, no hago más que locuras: obedecer a mis padres, estudiar, preocuparme del porvenir, crear afectos, administrar cuidadosamente el dinero ganado, cultivar el campo...............En fin, todas las locuras que se hacen con los pocos años..........Pero.........todo llega y a mí me ha llegado la hora de ser razonable y sensato. Es amargo, pero inevitable, ¡A mis años hay que tener formalidad! Por eso vuelvo al toreo"....................."Creo que la voluntad es la fuerza dominante de mi carácter. Gracias a ella he conseguido, hasta ahora, todo lo que me propuse"....................."Mi afición al toreo empezó desde muy niño, aunque el ambiente de mi familia era bien distinto. Mi padre era médico en Sevilla; yo estudié en los Salesianos de Utrera y luego empecé la carrera..............Pero me entró la afición y decidí ser torero"........................."Intenté varias veces ser matador y fracasé, teniendo que volver a las banderillas. Pero no desistí de mi empeño"......................."Yo no fui un improvisado en el toreo. Hice mi aprendizaje paso a paso"........................."Sin vanidad, estoy seguro de que yo he sido el banderillero más grande de mi época. Y eso que he alternado con Morenito de Valencia, con Blanquet, con Maera, con Magritas y, sobre todo, con Joselito, que, en la suerte de banderillas  era inconmensurable"...................."Yo creo que a mí no me han entendido. Sobre mí se formó una leyenda y he sido víctima de ella. Me clasificaron como valiente..........y como antipático...........Yo fui un torero que, no sé por qué, le caí mal a la Prensa............
Cuando no tenían más remedio que rendirse ante mis éxitos, decían: "Sánchez Mejías tiene un valor enorme, pero le falta arte" Y con este prejuicio me juzgaban y me obligaban a dejarme pegar las diecisiete cornadas que sufrí"......................."La aspiración de mi vida es ¡Vivir!.........Es decir: resucitar. Porque aunque yo he estrenado dramas y he escrito algunos artículos y soy labrador y he hecho negocios, mi verdadera vocación es la del toreo..........Y el toreo no tiene más verdadera vida que la del peligro...............Cuando uno se retira, se muere.............El torero no tiene más peligro que el de dejar de existir; y su muerte no está en la plaza, sino en su casa. Joselito está vivo. Más vivo que Belmonte y que yo, porque sí murió valientemente en la plaza, mientras nosotros nos metimos cobardemente en la casa, dejamos de existir, mientras él hace de continuo acto de presencia en todas las corridas.............Para alejarse de la muerte un torero es preciso que se roce con ella. Es decir: que no deje de torear......."











































MUNDO GRÁFICO 













































































Antonio Márquez y Serrano nació en Madrid el 23 de abril de 1898. 

Tomó la alternativa el 24 de septiembre de 1921 en la plaza Monumental de Barcelona de manos de Juan Belmonte, alternando con ellos Ignacio Sánchez Mejías y Manuel Granero. El toro de la solemnidad se llamó Molinero, de la ganadería de González Nandín.

Confirmó la alternativa en Madrid el 17 de mayo de 1923, en la Corrida de la Beneficencia. Es padrino de la ceremonia Manuel García Maera y alternan con ellos Marcial Lalanda y Nicanor Villalta. El toro de la reválida era de Sánchez Rico.

Detengámonos en el comentario de César Jalón, en sus Memorias de Clarito, sobre la actuación de Antonio Márquez esta tarde:

"Los cuatro diestros del cartel de la Beneficencia el 17 de mayo de 1923 -Márquez, que confirmaba su alternativa; Maera, padrino del acto; Marcial Lalanda y Nicanor Villalta- se bastarán para completar una temporada.....................Antonio Márquez -triunfador en los tres tercios de la lidia esta tarde de su solemne confirmación- es torero, banderillero y estoqueador; todo en una pieza; en una armónica y elegante pieza. Torea de capa y muleta natural y templadamente. Quiebra en el platillo de la plaza -par que Saleri II y él, ufanos de su espectacularidad, llevan en su repertorio-, mata decidido, conservando en al ejecución de la suerte la severidad y ritmo que son base de su personalidad y estilo. De un estilo inapreciado por la sorprendente fuerza del conjunto de su saber; pero que irá resplandeciendo"

El día 29 de mayo de 1938 se retira definitivamente en la plaza de Cáceres, compartiendo cartel con Chicuelo. Fue conocido entre los aficionados primero como Carbonerito y luego como El Belmonte rubio. Falleció en su Madrid natal, el 17 de noviembre de 1988.




De la colección LOS TRIUNFADORES DEL TOREO. ANTONIO MÁRQUEZ. “S. M. el Temple”, de Antonio Arocena “Don Clarines”, he seleccionado los siguientes comentarios:




A guisa de prólogo. Su arte.




“(Pg. 3) S. M. el Temple, sí. Porque…..Antonio Márquez Serrano templa al torear de capa y muleta…….es el temple del madrileño, majestuoso al ser lento y pausado, acompañado por la figura del intérprete, elegante y rítmica…….Indiscutiblemente Antonio Márquez es el (Pg. 4) torero de la suavidad, del temple y de la tan cacareada línea……..Ese temple es el llevar embebido al toro como cogido a los vuelos del capote, tan “toreado”, tan despacio…….Márquez, sin ser un gran dominador, no ignora nada en la lidia de los brutos….., sus condiciones y sus cambios, terrenos a pisar……Torero largo, como se dice del que lo hace todo en la plaza, lo es en el tercio de quites; banderillero fácil, valiente y dominador, ya que quiebra su original par en las tablas, cerradísimos en ellas, y quiebra en el centro del ruedo; parea al cuarteo, y de frente y de poder a poder; muletero grande en cuyo tercio sabe hermanar el dominio y el arte destacando el pase natural con la derecha, quieta la figura, lenta y bajísima la mano al engendrarlo y durante el viaje acompañando al toro para ligarle con el de pecho, de costado mejor escrito, soberanísimo en este diestro (Pg. 5), y buen matador en las más de las ocasiones……..Y todo ello, acompañado de esa elegancia que no le abandona nunca, porque es en él innata………Se le ha tachado de frío. Nosotros creemos que la elegancia es pareja de la frialdad……….Y Márquez, ya lo hemos dicho, es torero de quietud, de dominio de la línea y de la plasticidad…….Así el pasado año se trajo hecha esa impecable y revolucionaria media verónica que levanta a los públicos de sus asientos, que es el súmmum de la gracia y de la belleza torera”





"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Primer cuaderno. En el número 3 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 105, escribe:


"Un gran torero desde sus tiempos de novillero. Toreaba de capa y de muleta con gran pureza en la ejecución de las suertes; banderilleaba como han banderilleado pocos, de frente, al quiebro y por los terrenos de adentro para aumentar la emoción; sin que fuera ningún negado al empuñar el acero. Le falto……, le faltó un poquito más de decisión, de energía; le faltó ser, a lo largo de su vida torera, el Antonio Márquez de la temporada de 1926, cuando les mordía los pitones a los toros………..Fue matador de toros el 24 de septiembre de 1921, en Barcelona, donde había hecho una campaña extraordinaria como novillero. Fue su padrino Juan Belmonte, el moreno, pues a él le llamaron “el Belmonte rubio”………En 1922 estuvo de soldado en la campaña de Marruecos, para empezar en la temporada de 1923 con mucho brío, y estar en plenitud en 1925 y 1926. En Méjico tuvo gran cartel………….Antonio Márquez ha sido uno de los grandes toreros de la etapa que relato en este capítulo……..Le faltó, ya está dicho, ganas de pelea en todo momento y contra todos. Pero en el carácter no se manda."

   


Benedicto Torralba de Damas, en su libro Filosofía del toreo, editado en 1932, en la página 188, escribe:


"Hoy por hoy, los más ilustres discípulos de Belmonte han dido Márquez y Gitanillo de Triana. Márquez templa de manera insuperable; pone una inconfundible marca de elegancia en la ejecución; se arriesga como el que más……..Y sabéis que se ha dado en llamarle el Belmonte rubio. Es, sin duda alguna, un gran torero, uno de los más altos valores con que cuenta hoy la fiesta. Pero aun en las más grandes faenas de Márquez se echa de menos algo del nervio, de la vibración agudísima, del fuego de las de Belmonte. Y esto no por falta de corazón, ni de facultades, ni de entusiasmo, sino, tal vez, por sobra de las tres cosas. El corazón le lleva a exponer en ocasiones más de lo que debiera, en perjuicio del equilibrio de la faena; la notoriedad de sus facultades neutraliza un tanto en el público la emoción que despierta el peligro; su entusiasmo le induce a comprometer la sobria grandeza de su toreo con ciertas concesiones efectistas. Conste, con todo, que nadie se ha acercado hasta la fecha al ideal –léase Belmonte- en la medida que lo ha hecho Márquez."



Cossío escribe:

 "Antonio Márquez ha sido uno de los toreros más destacados y con más personalidad en sus tiempos. Fue depurado su estilo con el capote y la muleta, estilo sobrio, impregando de una suavidad, un ritmo, un temple, de una elegancia innata. Entre las maravillas de su prodigioso capote destaca con una personalidad inconfundible su media verónica. Como banderillero es notabilísimo"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


“Para Cossío, Antonio Márquez ha sido uno de los toreros con más personalidad de estos años……………….Con el capote cabe destacar su media verónica, inconfundible, de estilo depurado y elegante. En las banderillas fue fácil y lucido, siendo su preferencia el quiebro. Con la muleta tuvo suavidad y temple toreando admirablemente al natural. Con el estoque –como todo artista- fue desigual”


Néstor Luján, en su obra Historia del Toreo, escribe:

"Antonio Márquez, torero madrileño, prototipo de la elegancia, como lo fue en su momento Fuentes y como lo era todavía Gaona, fue un torero de una vocación irresistible.......................Márquez ha sido un torero de una personalidad inconfundible, de un empaque señoril. Si Chicuelo imprimió la gracia al torero belmontino, Márquez le dio la serenidad académica. Con el capote a la verónica, no ha sido superado, en los tiempos modernos, en sobriedad, en temple y en los cánones puros de la suerte. Tenía una esbeltez inolvidable. Su media verónica era impresionante. Erguido y gallardo, llevaba al toro prendido en los vuelos de su capote y lo enfajaba lenta y soberanamente a su cintura; al rematar la suerte, soltaba con una mano la capa, que se derramaba con una dócil fidelidad a sus pies. Esta suerte era peculiar de Márquez y es fama que nadie ha podido reproducirla. Como banderillero al quiebro, fue el mejor y el más completo en sus días; y así en los medios como en el hilo de las tablas, por un costado como por otro, su seguridad era infalible. Como muletero, fue muy bueno, de gran temple y serena inteligencia. Sus deficiencias mayores fueron con el estoque, aunque solía matar, en ocasiones, con eficacia y arrogancia......................Sin embargo, su temperamente algo frío y su falta de emotividad en estas suertes perfectas, impidieron que llegase a ser un torero definitivo. Él, no obstante, abrió el camino de la elegancia al toreo emotivo, y suavizó la crepitación belmontina con una dignidad esencial.......................Por todo ello, por su magisterio de elegancia, Antonio Márquez ha sido uno de los toreros fundamentales del período postbelmontino"


César Jalón, en sus Memorias de Clarito, escribe:

"A una novillada de Madrid me arrastra Gillis. "Tienes que venir esta tarde conmigo"; guardo grabada la fecha del 2 de mayo por haber recordado, guardando la natural distancia, el 2 de mayo belmontino. "Vas a ver -machaca Gillis, para estimulante de mi curiosidad- a un novillero que es todo un matador de toros, de gran estilo, hecho y derecho.Torea con muy buen arte de capa y muleta. Banderillera primorosamente y......¡mata! ¡Te va a encantar!" No me engañó, Se trataba de Antonio Márquez"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"A Marcial Lalanda lo toman los públicos por "artista fino y cobarde" y a Antonio Márquez por "torero enterado y valiente". Y al término de la carrera, Lalanda, más "científico" que "estilista", es el diestro de recursos y de arranques, que en un momento no le importa recurrir hasta a su corazón, y Márquez -que toreaba, banderilleaba y ¡mataba!- se "estiliza" y reduce su papel al de guardasellos, que únicamente en ciertas "solemnidades" o con toros privilegiados, rubrica una suerte o escancia de un frasco diminuto las mas ricas esencias del arte"

"Aquel torero a quien ya en sus comienzos concedía yo la importancia de llamarse Antonio -en fiesta en que también se lo llamaron Fuentes y Montes y Reverte-, se llama ya Antonio Márquez. Así como las suertes logran vida entera en sus manos, vida entera y vida larga, porque torea muy despacio, y los lances y los pases se inician se desarrollan y se rematan así, conseguida la faena, no sabe ya irse sin matar; mejor dicho, no sabe ya, al matar, irse......................Ordenada, serena y magnífica la lidia de este primer toro. Un lance de capa trae otro mejor en pos. Del mismo modo se engarzan los pases...................el último pase (un natural con la derecha) que, por lo lento y ceñido parece que resume en sí todos los matices de la faena: la templanza, el mando, el valor y, sobre todo, la extraordinaria naturalidad, que es su nota dominante"

César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe sobre un par de banderillas de Antonio Márquez:

"......en el sexto toro de Pablo Romero, se le ocurre a Fuentes Bejarano comprometerle a Márquez para banderillear............Al ofrecerle los palos..........Márquez los toma; alza la mirada hacia mi localidad: "¡Verás!", y marcha hacia los medios.......Desde el mismo platillo de la plaza -que él y Saleri II suelen acotar-, los pies juntos, erguida la figura, los brazos en alto, llama al toro, que se ha encampanado en el tercio, y lo cita para quebrar. El brioso animal fija su vista un instante en la estatua, humilla el testuz y arranca contra ella como un torpedo, como un huracán. De la estatua se destaca la pierna que señala al toro el desvío de su viaje. Mas resulta tan breve que, en un angustioso  sublime momento, se funden hombre y bruto, y mientras el hombre clava altos  reunidos en uno los dos palos, el toro le va rasgando de abajo arriba el raso del calzón............De la suerte sale rebotado el toro, y arrogante y magnífico el torero"

En el mismo libro César Jalón vuelve a una idea ya esbozada en su libro anterior, Grandezas y miserias del toreo:

"Se define a Marcial "artista fino y medroso", mientras Márquez, "torero completo y valiente"; cuando Márquez, finísimo, de valor limitado a los toros que ve claros, peca de corto en razón de los pocos que ve; en tanto que Marcial, de menos armoniosa compostura -forzado o retorcido-, es mucho más amplio o extenso y distribuye, dentro y fuera del ruedo, sus cartas con la pericia y el valor sereno del jugador profesional; lo que le permite cuatro lustros en primera fila y retirarse en pleno juego........................El tiempo demostrará que Marcial, más científico que estilista, es el diestro de recursos y arranques capaz en un momento decisivo de apelar al corazón. Y que, por contra, Antonio Márquez, se aplica a la depuración del estilo -los críticos aprecian en él vestigios de la elegancia de Lagartijo, Fuentes y Gaona - y reduce su papel, contados años, contados días, al de guardasellos que sólo frente a toros privilegiados rubrica una suerte o, según el archimanido tópico, escancia de un frasco diminuto las ricas esencias del arte"


Fernando Claramunt escribe:

"El capote de Antonio Márquez nada tenía que envidiar a los más finos estilistas de todas las épocas. Especializado en la media verónica, le dio un sello personalísimo; fue rebautizado para los aficionados como el Belmonte Rubio"


José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"Fue un torero, que de puro fino, resultaba algo frío. Pero de una clase extraordinaria. Su verónica, suelto y flojo el cuerpo, delicado el ritmo, era ligeramente perfilada, pero bellísima. De arte cambiado o contrario, pero sin esa cierta tosquedad o por lo menos reciedumbre que es común a los de esa cuerda, tenía una textura finísima de torero. Su media verónica, preparada de frente, era de una gran belleza. De lo mejor que con el capote se ha logrado (Lo único que no logró, como no lo han logrado los que vinieron después, es rematar y ligar como lo hizo Juan Belmonte)"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"Poco o nada sabrán los achicuelinados espectadores de la taumaturgia del capote que merced al precepto belmontino suaviza -templa- al toro la aspereza de sus primeras embestidas y consigue -dije una vez del capote de Márquez- que "entre huracán y salga brisa, entre león y salga cordero; entre loco y salga cuerdo"



Carlos de Larra, más conocido como “Curro Meloja”, en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:


Antonio Márquez. Por calidad, por clase, uno de los mejores toreros nacidos en Madrid. Y uno de los mejores matadores madrileños. Si no supo –o no quiso- mantenerse en sitio primordial entre las figuras de su tiempo………fue por su excesiva frialdad y tal vez por lo que ahora se llama exceso de “administración”; es decir, por no prodigar su arte innegable, que vertía a gotitas, sin derramar el chorro con frecuencia. Fue un toreo de los más completos, ya que toreaba de capa magníficamente, sobre todo a la verónica, donde mostraba reminiscencias belmontinas, aunque sin mácula de imitación, magüer se le llamase el “Belmonte rubio”. Facilísimo y notable banderillero por los dos lados, ejecutaba el quiebro a la perfección. Con la muleta, clásico, elegante y de un sabor extraordinario, y con el estoque, un perfectísimo ejecutor de la suerte del volapié………….¡Lástima que un torero tan bueno y tan completo fuera tan frío; de haber puesto algo más de calor en la profesión, creo que Antonio Márquez hubiera llegado a ser la primera figura de su época, y su nombre estaría en la historia al lado de los más grandes de todos los tiempos, y a la cabeza de los toreros de Madrid………!”



Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Antonio Márquez Serrano fue llamado "El Belmonte rubio".................Fue un diestro distinguidísimo. Un gran artista, pero que, a diferencia de los otros artistas, conocía bien al toro y dominaba con soltura un tercio tan ajeno al belmontismo como es el de banderillas. Antonio Márquez, teniendo a Juan Belmonte por patrón e ideal, emprendió un camino diferente del elegido por Curro Puya. Si Curro Puya profundizó el belmontismo por el camino de la hondura, Antonio Márquez estilizó al belmontismo. Un belomontismo elegante y vertical, que huye siempre de todo movimiento forzado. Antonio Márquez era un exquisito, un sibarita del toreo. Su media verónica completamente de frente es de una belleza insuperable: la fotografía de una media verónica que recetó a un toro de Carmen de Federico en una feria bilbaína de los años veinte fue el modelo de muchos carteles de toros. Ruano Llopis inmortalizó esta foto tomándola en sus carteles"

 

Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"Antonio Márquez, el primer depurador del estilo belmontino, al bajar los brazos en la verónica, mantuvo un tradicional cuidado de no ensuciar con arena la capa. En fotografías de su lance armonioso de los primeros años viente se aprecia cómo la altura de la verónica mantiene bien separado del suelo el borde inferior de la capa"

"Después de Belmonte, los veroniqueadores darían expresión a la media verónica, cada uno de manera acorde con su interpretación personal del lance completo, mas las huellas que pisarían........serían las profundísimas que en ella dejara Antonio Márquez................Este gran artista, representa en la verónica moderna, y sobre todo en la media, una cumbre de desapasionado equilibrio. Fue creador de un estilo modélico, no en profundidad, no en despaciosidad, que jamás arrastró ni la verónica ni la media, sino en calidad de armonía, de medida y de forma. Los lances de Antonio Márquez, ejecutados en el terreno que pisó Belmonte, aportaron a la nueva quietud una esbeltez clásica y atrayente...................Antonio Márquez eliminó de la media verónica aquella inmensa carga de angustia belmontina, suprimió el gesto torturado............Su media aportó al toreo una simetría sólida y perfecta, construida de un estoicismo inspirado, arquitectónico............"


Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"En los primeros años veinte, Antonio Márquez asienta los pies y respira con toda tranquilidad al pasar los toros en redondo con la mano derecha, su cuerpo relajado en la suerte: la suerte misma, su cadencia, su perfeccíon clásica, compuesta en una figura de natural elegancia................En una época en la cual la estética era un grado demasiado acariciado en el toreo, Márquez abandona el ideal de la plástica, reafirmando la lección belmontina de que la belleza en el toreo es una calidad sin espejo; lo reafirma donde más cuesta en la faena: en redondo, con la derecha

César Jalón, Clarito, al hablar del toreo de capa de los años treinta y refiriéndose al capote de Antonio Márquez, dice que consigue que el toro recién saltado al ruedo, todo ímpetu y fiereza, "entre huracán y salga brisa, entre león y salga cordero, entre loco y salga cuerdo"



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