viernes, 24 de febrero de 2012

BELMONTE. Retratos






La luna, el campo, el río
y un muchacho que lo cruza a nado,
...............................
...............................
Y solo, sin testigos de entusiasmo,
bajo palcos de estrellas,
presidenta la luna, absorto en pasmo
torea Juan Belmonte,
............................
............................

                            Gerardo Diego. A Juan Belmonte. Boceto para una oda


Ya retumba y resuena
la hueca palma y el vivaz jaleo,
cuando de pronto surge el centelleo
de un dios chaval pisando la arena...
Allá va el robinsón de las Españas,
raptor de ninfas, vengador de Europas,
sin más armas ni ropas
que un leve hatillo, incólume del río.

                                                       Gerardo Diego


Yo canto al varón pleno
Al triunfador del mundo y de sí mismo
Que al borde -un día y otro- del abismo
Supo asomarse impávido y sereno.
Canto sus cicatrices
Y el rubricar del caracol centauro
Humillando a rejones las cervices
De la hidra del Tauro.
Canto la madurez acrisolada
Del fundador del hierro y del cortijo.
Canto un nombre, una gloria y una espada
Y la heredad de un hijo.
Yo canto a Juan Belmonte y sus corceles
Galopando con toros andaluces
Hacia los olivares, quietos, fieles,
Y -plata de las tardes de laureles-
Canto un traje -bucólico- de luces.

                                           Gerardo Diego. Oda a Belmonte




Y en un instante elástico y heroico
rompe sus eslabones de ludibrio,
y en un pasmo de arrojo y equilibrio
coagula, calma, amansa al paranoico.

                                    Gerardo Diego



Ten compasión, Señor, de tanta gloria
y tanta muerte y tan rebelde nudo.
Era un hombre no más, solo y desnudo,
esclavo encadenado a su memoria.

                          Gerardo Diego. Oración por Juan Belmonte



La tarde que mataron
al Espartero,
Belmonte, que era un niño,
se quedó quieto.

Tan quieto, que el torero
que en él había,
cuando veía un toro
no se movía.

                                                   José Bergamín. De "La claridad del toreo"




Tu sueño estremecieron mayorales
lunas serenas y dormidos ríos;
negros toros astados, tristes, fríos,
rumor de vientos y hondas pastorales.

Tu capote acunó voces corales
de ángeles desvelados, dulces críos
que dieron al desmayo suaves bríos,
de verónicas densas y augurales.

Tu sueño de dehesa y de cortijo
nació en oros de feria y luz herida
por plazas en que fuiste el horizonte.

Y tu gloria torera tuvo un hijo
que prolongó tu fama estremecida
de tu nombre laureado: Juan Belmonte.


Marcelino Concostrina



"Supo torcer el curso de los ríos, / someter a otras leyes a la naturaleza, / decirle al viento: 'Tú de aquí no pasas"

Aquilino Duque



"Un torero de otra suerte/ a saludarte viene Juan Belmonte./ -No pude estar a tiempo para verte,/ pero tengo tu hambre de horizonte/ y tu misma querencia por la muerte./ En nuestra alma pastan los bisontes"

                                                                         Juan José Téllez.


¡Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo!

Los pitones van torcidos,
el plomo marcha derecho;
aquello te hirieron tanto,
éste, una vez, y estás muerto.

¡Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo!

En el silencio del cuarto
-soledad del redondel-,
tú y un torito de plomo
pequeño, que ni se ve;
y una arrancada de pólvora,
una cornada en tu sién,
y tu muerte en la pasmada
soledad del redondel.
Un hilo manso de sangre,
sin posible enfermería,
poco a poco se cuajaba,
roja escarcha en tu mejilla.


¡Cómo pudo, cómo pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo!

O es que, cuando aquel torillo
de lumbre te dejó frío,
ya estabas tu empitonado
por el toro del hastío.....?
Qué corrida de amargura
bajo tu frente abatida;
qué toros de sinsabor
en la plaza de la vida,
qué toros de sinsabor
andaban dando cornadas
dentro de tu corazón.....?

¿Acaso quisiste huirle
-qué tremenda única vez-
a ese toro, con frecuencia
marrajo, de la vejez?

¿Fue que volviste la espalda
-qué única vez con razón-
al eral, florido, tierno
y astifino del amor?

¿Fue que le tuviste miedo
-qué única vez de agonía-
al toro manso, más manso,
al de la melancolía?

¿O más bien, que no quisiste,
porque no, torear más
al reservón, negro y largo
toro de la soledad.....?

Si no pudieron contigo
los toros de furia brava
que matan a pitón limpio;

si no pudieron contigo
-si es verdad que no pudieron-
estos toros que te digo,
los del amor, la vejez,
la soledad y el hastío....,
¿cómo pudo, por qué pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo?

Los pitones van torcidos
y el plomo marcha derecho;
aquéllos te hirieron tanto....;
éste, una vez, y estás muerto.

Y en el aire, la pregunta
está vestida de negro,
arañándose la duda:

¿Cómo pudo, por qué pudo
con un torero tan grande
un torillo tan menudo?

Manuel Benítez Carrasco. A la muerte de Juan Belmonte





Tu infancia fue quincalla y alfarero
De ensueños en el barrio de Triana
De querer torear de chavalillo
Para ser becerrista en cualquier plaza
De soñar toreando a las estrellas
Por la noche en las Dehesas de Tablada
De echar raíces y casta de torero
Como nace el romero de su mata.
Faraón del toreo, inmensa gloria.
Encontraste en el toro tu fortuna
Rompiste moldes al quedarte quieto
Templando la embestida con dulzura
Mandando al toro y parando,
Con el arte,
De ser torero ya desde la cuna.
Y llegaste al toreo “pa” cambiarlo
Para llenarlo de temple y de infinito
Para inundarlo de giros transparentes
Para quitarle el puesto a Joselito
Para pegar tu “media belmontina”
De escultura de piedra de granito.
Mariposa de luces en el ruedo
Se arranca el toro bravo a tu figura.
Esplendor de arrogancia es tu capote
Llama ardiente ciñendo tu cintura
Como un ballet de sueños con el aire
Como el baile de un loco con la luna.
Gritos atormentados del tendido
Al abrazarte tan cerca con la muerte.
¡El mismo sol te aclama enfurecido!
Te jugaste el destino con la suerte.
Cambiaste los terrenos con el toro
Cairel fue tu toreo. Plata y oro
Escribiste la historia del toreo
Poniendo el sentimiento del artista
Estremeciste rompiendo las distancias
Tu muleta fue pincel y poesía.
¡Eterno bronce de estatua de Triana!
Capote de marisma y fantasía.
El toreo era tosco y sin justeza
Tú pusiste tragedia y temple quieto.
Tu capote se abrió en La Maestranza
Y floreció de rosas el albero.
Jamás hubo en el mundo ni en Triana
Artista más genial ni más torero.
Ungiste con el “pasmo” tu toreo
Blanco y plata de angustia, enardecido.
De riscos secos, de cielos despejados.
¡Quedó el Guadalquivir enmudecido!
Muletazos de brazos descolgados
En un ruedo de claveles encendidos.
Te ganó la partida Joselito
Cuando con “Bailaor” se fue para los cielos
Y viviste tu vida con los celos
De torear de nuevo otra vez juntos
Y para ver cumplidos tus anhelos
Te fuiste por tu cuenta de este mundo.
No quisiste ser vulgar, al irte solo
Con la puesta de sol de tus pesares
En tu “Gómez Cardeña” aquella tarde.
Lejanías de luto y olivares,
Con presagios de rotos alamares
Y los toros llorando en los corrales.
Las pupilas nubladas por el llanto
El corazón hundido en negro pozo.
A tu Triana herida te llevaste
No dijiste ni adiós cuando marchaste
Tu alma toreando nos dejaste
Y a Sevilla sumida en un sollozo.
                                            Juan de la Cerda y de la Serna. A Juan Belmonte






"Juan Belmonte, sin conocerlo, me interesaba. Cuando me asomé a la plaza sentí una honda emoción. El circo estaba rebosante. La Fiesta tiene sus contras, pero es bonita. Desde el primer momento puse la mirada en Belmonte. Le vi arrimarse a la barrera, frente por frente del toril, y esperar la salida del toro. En el momento de salir el toro, Belmonte se pasó la palma de la mano fuertemente por los labios. Este gesto nervioso me pintó un carácter"

                                                                                               Azorín



Juan Belmonte y un toro,
la luna, en su balcón, de presidenta..........

Anónimo. Refiriéndose a sus escapadas nocturnas a Tablada



“Pequeño, feo, desgarbado, y si me apura mucho, ridículo. Pues bien, coloquemos a Juan ante el toro, ante la muerte y Juan se convierte en la misma estatua de Apolo”
                                                                                                           Valle Inclán

































Juan Belmonte nació el 14 de abril de 1892 , no en el barrio de Triana como es fama popular, no en vano se le conoce como El pasmo de Triana, sino en la propia Sevilla, en la calle de  la Feria, aunque
 su familia se trasladó pronto a Triana. 

Muerta su madre antes de que Juan se iniciara en el toreo, su padre se casó en segundas nupcias. Seis hijos más de este matrimonio y dificultades en el negocio de su padre (un comercio de quincalla), obligaron a Juan a trabajar en Tablada para ayudar al sostenimiento familiar, decidiendo, posteriormente, hacerse torero.

Comenzó asistiendo a capeas, tentaderos y festejos populares, y completó su enseñanza introduciéndose furtivamente en los cercados, toreando de noche a la luz de la luna. En más de una ocasión hubo de pasar el Guadalquivir a nado, llevando su ropa a la espalda.

Conoce al banderillero Calderón, que fue su protector y que le llevó en su cuadrilla.

Vistió por primera vez el traje de luces en la plaza portuguesa de Elvas, en mayo de 1909, pero se considera como su corrida de presentación la de Sevilla, en agosto de 1910.

Se presentó con caballos, por vez primera en su vida, nada menos que en la plaza de la Maestranza, el 22 de julio de 1912, con novillos del duque de Tovar, llevando como compañeros de terna a Larita y a Francisco Posadas. Su nombre llenó la plaza. Tan excepcional fue su labor con capa y muleta, que la música acompañó toda su actuación. Desde este momento, Juan es considerado como el más interesante de los novilleros.

Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, se refiere a la actuación de Belmonte esa tarde, en los siguientes términos, muy esclarecedores de la manera de entender el toreo de capa del maestro:

"Realmente, en los primeros momentos de la corrida -es decir, en los quites a los toros de sus predecesores en el cartel- la actuación de Juan fue lamentable, ya que cada vez que se acercaba al toro éste le quitaba el capote. Se preveía el ridículo más espantoso en sus enemigos, cuando surgió el genio, ese genio que cuando se lleva dentro tira por tierra todas las previsiones.....................Todas las miradas estaban fijas en el torero novel, quien con absoluto desprecio de los terrenos había citado el tercer novillo, en un lugar y de un modo que "no se podía torear". Pero en el momento del embroque, cuando todos esperaban la cogida, surgieron unos brazos largos, desmesuradamente largos, que sin ayuda de las piernas (¡flojas piernas belmontinas!) desviaron la ruta del bicho y quedó clavada en el anillo maestrante la verónica de Juan Belmonte. Fue una serie de lances en los que los brazos jugaban de modo portentoso, llevando al toro embebido en la tela de una forma inconcebible. Aquello no era ni el toreo de Lagartijo, ni del Guerra, ni del propio Joselito..............Aquello era, sencillamente, el lance belmontiano en toda su extensión, el lance al que luego han tenido que ajustarse todos los toreros que, con mayor o menor fortuna, quieren vestir el traje de luces con dignidad..............Si a Joselito se le comparó con Lagartijo, Belmonte no podía admitir parangón con nadie. Era él, él solo el que creaba la verdad inmanente del toreo...................Juan, tanto con el capote como con la muleta, había hecho inútil y antigua la frase de Lagartijo: "Cita al toro, y, cuando éste se arranca, o te quitas tú o te quita el toro". Belmonte citaba al toro, no se quitaba él y quitaba al toro de su camino"...................El propio Juan decía que aquellos lances y aquellas faenas habían sido superadas, por él mismo en perfección, en técnica y en estética, pero nunca podrían ser igualadas en emoción y en entrega..................Hubo instantes -confiesa el propio Belmonte- en que pidió al toro que lo cogiese y el animal siguiendo el dictado del corazón del diestro, así lo hizo. El ni se miró siquiera, sino que continuó delante del astado, llenando todo de su enorme concepción del arte...................La muchedumbre tampoco se apercibió de que iba herido, sino que había visto algo que se salía de la lidia normal para entrar en la categoría de las faenas de trance. Apenas rodó el último novillo, levantó en hombros a Belmonte, lo sacó por la Puerta del Príncipe, y así lo llevó por el puente a su casa de la calle Pureza, que estaba en un modestísimo patio de vecinos. Y desde entonces............, desde entonces el toreo no puede ser más que así"

El año de 1913 fue el de su consagración.

Se presentó en Madrid el 26 de marzo de 1913, con ganado de Santa Coloma y mano a mano con Posadas. Y allí, sobre la arena de la vieja plaza de la carretera de Aragón, causa el mismo estupor, el mismo entusiasmo y las mismas discusiones que allí donde torea.

Tomó la alternativa en Madrid el 16 de septiembre de 1913 con Machaquito de padrino –ese mismo día se retiraba del toreo– y con Rafael el Gallo, hermano mayor de Joselito, como testigo.  El toro de la ceremonia se llamaba Lagartijo y pertenecía a la ganadería de Olea. La corrida no salió a medida de las esperanzas que tenía en ella puesto el público, pues debido a la pequeñez del ganado tuvieron que salir once toros. En el último, Juan toreó de muleta de forma tan magistral, que, a pesar de pincharle tres veces antes de acertar con media estocada, se pidió la oreja y se olvidó la pesadez de la corrida.


El conocido cronista taurino José de la Loma, Don Modesto, en El Liberal del 17 de octubre de 1913, escribe acerca de la actuación de Juan Belmonte esta tarde de su alternativa:



 " ¡Ya es matador de toros Juanito Belmonte!
  De la solemne ceremonia de su doctorado guardará el simpático trianero perdurable memoria.
  Todos sus mayores enemigos, en apretada piña y sabiamente aconsejados, no le hubieran logrado preparar una ratonera más hábil ni más astuta. Si ayer no cayó Belmonte desde su pedestal y se rompió la frente contra el suelo, fue precisamente por ser fenómeno. Fenómeno en lo suyo, no pretendan ustedes que ahora nos borre Belmonte a Salvador dando estocadas.
  Me dirijo a los que niegan el agua y el fuego al diestro de Triana. A los que con los lentes empañados por el uso, no ven, o no quieren ver, lo que es realmente fenomenal en este torero.
  Esa su manera de torear de capa y ese su modo de jugar la muleta, todo ello en lucha franca, cara a cara con el bruto, que "le lame" cien veces los alamares de la taleguilla, ni tiene ni ha tenido igual en la lidia de los toros. Es un asombro; es un caso increíble si no se viera. Es un fenómeno.
  Los rutinarios, los tradicionalistas, los enamorados del ayer, ponen el grito en el cielo cuando se nombra a Lagartijo y Frascuelo hablando del ayer.
  -¡Es un profanación!
  -¡Es un sacrilegio!
  -¡Es una herejía!
  Yo confieso que no me acuerdo de Rafael ni Salvador cuando veo torear de capa a Belmonte. ¿Para qué? ¡Cómo me he de acordar de Juan Pérez o de Pedro López oyendo una obra colosal de Wagner!
  Ni hay herejía, ni hay sacrilegio, ni hay profanación.
  Al hablar de Belmonte toreando de capa, no se puede uno acordar de nadie. Porque torea como nadie.
  Si Guerrita, Fracuelo y Lagartijo ganaban seis mil pesetas cuando se retiraron, Belmonte, sólo por torear de capa, debía ganar sesenta mil.
  ¡Cómo se reirán los viejos aficionados!
  -Este "Don Modesto" ha perdido el poco juicio que tenía -dirán.
  Sí, sí. Ríanse lo que quieran, pero díganme una cosa.
  ¿Quién ha toreado de capa como toreó ayer Belmonte el último toro?
  Un nombre. Venga un nombre.
  -El último era un choto. Con un toro de muchos cuernos le hubieramos querido ver.
  Bien. Admitido el argumento.
  ¿Es que Guerrita no ha matado muchos toros más pequeños que el último de ayer?
  Bueno; ¿pues a que toro pequeño de los muchos que ha matado Guerrita, le toreó nunca de capa, como toreo ayer Belmonte al suyo?
  Venga una fecha. Venga el nombre de ese torete.
  No se empeñen ustedes de que los ríos vayan cuesta arriba.
  La verdad, cuando es tal verdad, se impone por encima de todos los obstáculos que sobre ella se amontonen.
  Belmonte torea de capa como no ha toreado nadie. Y tanto es así, que los buenos toreros de hoy dicen que, como torea Belmonte no se puede torear. Que es lo mismo que decir que el trianero torea como no se ha toreado nunca.
  Que habrá otros toreros que entretengan y diviertan más porque son más largos de conocimientos y pueden lucir en cualquier momento de la lidia, eso es indudable.
  Pero torero que toreando de capa o de muleta llegue al fondo del espíritu del espectador y le emocione y le asombre y le estupefacte, eso uno solo. Uno hoy. Juan Belmonte.
  En fin, señores; si será grande el poder de este fenónomeno, que ayer, después de una desesperante corrida de bueyes, con el ánimo echando lumbre, al sentir en la piel la burla que de la afición se estaba haciendo, cuando al público le faltaba poco para estallar como un triquitraque, Belmonte, con un choto, hizo tales cosas toreando de capa y otras tales toreando de muleta, tan estupendas, tan maravillosas, tan enormes, que casi se olvidó el público de la "tardecita" que había pasado, y rompió a aplaudir, y sus mejillas enrojecieron de alegría y entusiasmo.
  -¡Muy bien! Pero eso que lo haga con un toro grande, si lo hace diré que es un fenómeno nunca visto, gritaba un tradicionalista."

Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"El 15 de abril de 1914, en la plaza de Murcia, sufre grandes contusiones por un toro de Veragua, lo que ponía en peligro su actuación en la Feria de Sevilla. Belmonte había declarada a la prensa que pensaba venir a la corrida de Miura. Y como lo dijo lo hizo. Envuelta la cabeza con una venda, hizo el paseíllo en la Maestranza la tarde del 21 de abril, para estoquear reses de la famosa vacada. Existe una anécdota, que refleja con toda exactitud lo que hizo Juan en aquella tarde. Don Eduardo Miura no asistía nunca a las corridas de su divisa y esperaba en su casa de la plaza de la Encarnación el resultado del festejo. Aquel día de Abril vio, terminada la corrida, entrar en su casa al conocedor de su ganadería, diciendo con voz que parecía de un loco:
-Señorito, señorito. Belmonte le ha cogío un pitón al toro berrendo...........
-¿Cómo dice? Eso no es posible..........
-Es verdad, señorito; que lo he visto yo......El público está..........
Don Eduardo no le dejó acabar, apoyó su cuerpo en la pared y comenzó a llorar con todo desconsuelo"

"El 2 de mayo de 1914 se enfrenta por vez primera en Madrid con Joselito, acompañándoles Rafael el Gallo, con toros de Contreras. En los cinco primeros toros todo fue bien para los diestros de la Alameda de Hércules y mal para Belmonte, que estuvo torpe, inhibido, completamente a merced de su primer enemigo. Pero salió el sexto, a esa hora crepuscular en que siempre haría sus grandes faenas, y aquello fue el acabóse. Juan expuso ante la cátedra madrileña la esencia más pura del toreo eterno............"Así no se podría torear", sentenciaría El Guerra con tono pontifical. Y en verdad que lo que ocurría es que ya no se podía torear más que así"

"El 25 de abril de 1915, en la corrida de la Beneficencia obtiene Juan un triunfo clamoroso, sobre todo por su manera de ligar cuatro naturales seguidos con uno de pecho, que han quedado para la historia como "los cuatro naturales de Beneficencia"..............Sobre esto de ligar naturales en serie hay que hacer una aclaración. Aquellos de Beneficencia fueron los primeros y quizás los únicos que diera Juan seguidos en su vida. El, lo que hacía era mucho más difícil, pues consistía en ligar un natural con uno de pecho, otro natural con otro de pecho, etc. Siendo muy gloriosos esos cuatro pases de Beneficencia, es mucho más meritorio el estilo que Juan empleaba normalmente..................En una ocasión hablando con Pepe Luis Vázquez, le planteé el problema del natural aislado de Belmonte en contraposición al de las series. La contestación del diestro de San Bernardo fue la siguiente: "Eso que hace Juan es lo que quisiéramos hacer todos los toreros"

1917 fue el año de su esplendor; toreó 97 corridas, alternando constantemente con Joselito.

"Se acercaba la fecha del 21 de julio de 1917, corrida del Montepío de Toreros, en que tenía que alternar, con ganado de Concha y Sierra, con Gaona y José.....................Hizo el paseíllo en la plaza de Madrid, entre la figura elegante del mejicano Rodolfo Gaona y la estilizada y torera de José Gómez Gallito. Ovación imponente para sus compañeros y pitos para él por sus últimas actuaciones en Madrid. Luego, hora y media de clamorosos aplausos a Gaona y Joselito e indiferencia para Juan, que en su primer toro no había podido hacer nada. En este ambiente salió el sexto de Concha y Sierra. Se abrió la capa y dio una serie de verónicas que produjeron las primeras ovaciones a él dedicadas. Ovaciones que continuaron cuando Gaona dio su clásico lance de frente por detrás y cuando Joselito instrumentó una tanda de verónicas que hizo que la plaza crujiera ante aquel tercio de quites. Nueva vara y Juan, pensando en lo que había hecho unas noches antes en Tablada, le dio al toro media verónica que él consideraba como la mejor que había ejecutado en su vida y cerró el quite con un farol tan perfecto que aquello parecía cosa de sueño. De nuevo entró Gaona con su clásico lance, pero ya el recuerdo de aquella media verónica no había quien lo borrara..................Después de unos pases maravillosos de su cuadrilla, principalmente uno de Magritas, Belmonte echó las dos rodillas al suelo y...............no recuerda más; no recuerda más que una multitud enardecida le tomaba en hombros y le daba vueltas y vueltas al ruedo sin acordarse siquiera de pedir la oreja. ¿Y qué importancia daba una oreja más o menos si aquello había sido algo que no se olvida nunca?.................."Después de esto nada, no hay nada más allá"- escribiría en su crónica un gallista tan caracterizado como Don Gregorio Corrochano.................."Un momento así vale por todas las amarguras de la vida de un torero", -refiere Belmonte en la obra de Chaves Nogales"

La cogida y muerte de Joselito en Talavera, el 16 de mayo de 1920, le es comunicada en su casa de la calle Espalter estando de tertulia con varios amigos. La noticia le impresionó y afecto profundamente pues estaban fraternalmente unidos. No creyó conveniente dejar de torear el 18 en Madrid, donde estaba anunciado. Al aconsejarle que debía suspender su actuación, contestó: "Retroceder en estos momentos sería una locura". Toreó y redondeó una de sus mejores tardes.

Desde 1921 toreó con largas soluciones de continuidad, y la última vez que lo hizo fue en 1935. De 1936 a 1939 actuó como rejoneador varias veces.

Dejó de existir, por propia voluntad, en su finca de Utrera (Sevilla) el 8 de abril de 1962, muy pocos días antes de cumplir setenta años de edad.

A propósito de su muerte, el escritor José Bergamín, en su libro La claridad del toreo, escribe:

"No se suicidaba el toreo Juan Belmonte: mató a la muerte en él. A esa muerte con la que estuvo peleando a solas toda su vida. "Torear -decía- es hacer todo lo contrario que quiere el toro". Vivir fue para él hacer todo lo contrario que quiere la muerte"


Sus principios son de sobras conocidos: las huidas nocturnas a las dehesas, el toreo bajo la luna de aquel adolescente desnudo porque debía atravesar el río y no quería perder la ropa.

Cuando apareció Belmonte, metiéndose en el terreno del toro el primer movimiento fue de estupor. Se cuenta que cuando le hablaron al Guerra de lo que hacía Belmonte, afirmó: "Así no se puede torear".  El Guerra insiste: "El Belmonte ese es carne de toro. El que quiera ir a verlo, que se dé prisa". De hecho en sus primeros años resultaba a menudo atropellado y la muerte estuvo rondándole en cada corrida, y se libró de ella por su buena suerte jamás desmentida.


"Yo no he sido (un) fenómeno. He hecho lo que he visto hacer a otros. Belmonte no; Belmonte hace lo que no he visto hacer a ningún torero"
                                                                                                                           Ricardo Torres, Bombita

"Juan lo arrollaba todo. Absolutamente todo. Lo antiguo y lo moderno. Lo escrito y lo improvisado"
                                                                                                                             
                                                                                                                                       Rafael el Gallo

"Belmonte hizo lo que todos juzgaban imposible de hacerse..............faenas que ninguno se atrevió...................El pase natural no lo he visto dar a nadie como a Juan, tan despacio......"

"El día que al jorobeta le sopla la musa deja a todos con la boca abierta. A los grandes de ahora, en el ruedo, y a los grandes retirados, en el tendido"
                                                        
                                                                                                                             Rodolfo Gaona
                                                          
      "(Una) faena de Belmonte será la más grande del toreo"
                                                           
                                                                 Joselito el Gallo

Cuando Valle-Inclán le dice que sólo le faltaba, para ser perfecto, morir en la plaza, Belmonte le contesta:

"Se hará lo que se pueda, don Ramón; se hará lo que se pueda"

"Para mí, lo más importante en la lidia es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es también el torero. Se torea como se es. Esto es lo importante: que la íntima emoción traspase el juego de la lidia; que al toreo, cuando termina la faena, se le salten las lágrimas o tenga esa sonrisa de beatitud, de plenitud espiritual que el hombre siente cada vez que el ejercicio de su arte, el suyo peculiar, por íntimo y humilde que sea, le hace sentir el aletazo de la divinidad"
                                                                                                                                                                      
                                        "Para torear olvídate que tienes cuerpo"                                     

                                     "El toreo es una actividad del espíritu"                                

"Alli donde no hay poesía, no hay torero"

"Torear es hacer todo lo contrario que quiere el toro"

"A partir de mí, el toreo será una cuestión de estilo"

                                                       Juan Belmonte                 

"Al contemplar aquel toreo "de piernas" imperante en los tiempos en que yo empecé a vestirme de luces, no se me ocurrió suponer que siempre se hubiera toreado de este modo; al contrario: quedé convencido de que aquello no podía representar sino un "bache" en el correcto ver del toreo"

                                                                                                                                      Juan Belmonte

"Puede decir, sin jactancia............que toreé despacio y limpio a toros fuertes y rápidos. Cuando el acierto y la inspiración fueron mis acompañantes, el lento andar del engaño que mis manos movían, regulaba la velocidad del toro"



“Para parar “templando”, se necesita invadir los terrenos del toro y mandar sobre él, haciéndolo pasar por donde el torero quiere”


“Todos los toros pasan, y por consiguiente, son susceptibles de ser toreados; sólo queda atinar con el terreno y el sitio apropiado para obligarlo a pasar, aportando, claro está, gran dosis de valor”


                                                                                                                                       Juan Belmonte

"Toreé en Madrid por segunda vez, y fue aquélla mi verdadera consagración..........Cuando dieron suelta a mi toro..........., le di cinco verónicas lentas, suaves, acaso las mejores que haya dado en mi vida. No me moví............Fue aquella una de las tardes triunfales de mi vida torera. "¡Cinco verónicas sin enmendarse!" decían los técnicos llevándose las manos a la cabeza"


“Yo era una creación mítica de mis paisanos……..Yo era lo que ellos querían; bueno o malo, valiente o cobarde, feo o guapo…………Se hizo de mí una figura patética en la que cada cual veía el atributo de su propio patetismo……….Cada cual veía en mi triunfo milagroso la posibilidad del suyo……….Había luego a favor mío la conmiseración que se tiene hacia el hombre que va a perecer”

 Juan Belmonte

                                                                                                                                      Juan Belmonte

El propio Juan Belmonte expresa sus sensaciones en el transcurso de una faena:

"Durante toda la faena me sentí ajeno al peligro y al esfuerzo. Yo y el toro éramos los dos elementos de aquel juego, y movido cada uno por la lealtad de sus instintos dispares, trazábamos sobre el albero de la plaza el esquema de la mecánica pura del toreo. El toro estaba sujeto a mí y yo a él. Llegó un momento en que me sentí envuelto en toro........"

"Mi punto de mira -declara Belmonte a Llizo- no es la punta del cuerno, sino la distancia entre la cabeza del toro y el engaño, capote o muleta. Se le ofrece la golosina de modo que crea que la tiene ya a su alcance y no logre cogerla. Desde que entra hasta que sale. No hay que quitarle el engaño de la cara mientras siga su impulso. Toda esta visión de mi obra se condensa en una palabra: temple"


Gregorio Corrochano, en su libro La edad de oro del toreo, recoge la siguiente anécdota:


”Un día le preguntaron a Belmonte desde el tendido: “¿Cómo puede usted torear si no puede correr”. Y Belmonte contestó: “Es que yo creo que quien tiene que correr es el toro”


Juan Antonio Pérez Mateos, en su libro El toreo. Una visión inédita, recoge estas reflexiones de Belmonte:



“No teníamos más que una superstición, un verdadero mito que amorosamente habíamos elaborado: el de Antonio Montes. Lo único respetable para nosotros en la torería era aquella manera de torear que tenía Antonio Montes, de la que nos creíamos depositarios a través de unas vagas referencias”


“………tengo que insistir en mi convicción de que el toreo es fundamentalmente un ejercicio de orden espiritual y no una actividad meramente deportiva. No bastan las facultades físicas”


“Coincidiendo con el apogeo de mi fama y con máximo rendimiento -109 corridas toreadas-, empecé a sentir una mortal desgana, un pavoroso desaliento y un íntimo hastío hacia aquello que a diario practicaba…………..A medida que crecía mi dominio profesional disminuía el íntimo fervor con que antes toreaba. Aquella desgana me producía una tortura indecible, porque simultáneamente yo había empezado a tener un sentido de la responsabilidad y del espíritu de continuidad que antes no tenía…………..Estaba toreando con la mejor buena fe y de improviso me daba cuenta de que aquella no valía para nada………….El público no advertía nada de esto…………..Me veían torear bien, valiente, seguro, maestro en el oficio y dueño en todo momento del toro y de mí mismo, y por todo ello me aplaudían con entusiasmo en todas las corridas. Pero aquel instante sublime, aquella transfiguración que súbitamente experimentaba en los primeros tiempos, no los lograba ya más que muy de tarde en tarde. Creo que fue aquél el momento más crítico de mi vida taurina. Al entusiasmo desbordante, al fervor y a la iluminación de los primeros años sucedía la necesidad reflexivamente impuesta de torear bien, no por un arrebato lírico del instante, sino por un agudo sentido de la responsabilidad contraída y del prestigio conquistado.

Al nudo en la garganta que antes sentía cuando me iba hacia el toro, sustituía ahora en grave y penoso concepto del deber……………..Ya digo que muchas tardes, en medio de grandes ovaciones, me asaltaban un desaliento y una tristeza invencibles. Y es que positivamente resulta más difícil ser héroe en una hora que cumplir a lo largo de toda la vida con el deber que se nos ha impuesto……………El público de los toros no estima tanto este difícil sentido de continuidad como los altibajos del trance heroico”


Rafael el Gallo, en una conversación con su sobrino Rafael Ortega, Gallito, comenta:

"Mira; yo quisiera que hubieras visto al Belmonte de su primera época. El que tú has conocido no era ya Belmonte; era Belmonte, claro, pero no igual con cuarenta años que con veintidós o veintitrés..............Piensa lo que sería Belmonte, que figurándote cómo era tu tío José, dando doce o catorce pases de muleta de vez en vez, aguantó a esa fiera de mi hermano. Eso no lo hubiera aguantado nadie más que Belmonte...................Belmonte vino con unas ideas que al principio, por lógica, no las podía desarrollar porque le faltaba técnica; pero tenía un sentido del temple tan maravillosos, una intuición de la colocación tan estupenda, que cuando se hermanaba con un toro que le embestía a su gusto, resultaba formidable...............luego fue adquiriendo esa seguridad que se consigue toro tras toro y sobre todo aprendió mucho al lado de tu tío José. Los primeros años le cogían los toros hasta seis y siete veces por corrida, pero fue afianzándose en esa técnica del torear, que cuando lo hacía era un prodigio. Recuerdo haberle visto con siete u ocho toros que se han quedado en mi memoria imborrables"

"Mi hermano (Joselito) era tan buen aficionado como buen torero. Ya sabes el amor propio que tenía, que no le gustaba que nadie estuviera nunca por encima de él; cuando Belmonte toreaba perfectamente uno de sus toros, José llegaba al hotel que se lo llevaba el diablo y no se podía ni hablar con él. Cuando se le pasaba me decía: "¿Te ha gustado la faena de Belmonte a ese toro? Yo le contestaba: "¿Cómo no me va a gustar, José, si lo ha toreado de maravilla?.........Y me respondía: "¡Hay que ver! Es que el día que torea un toro bien, lo torea bien de verdad........"

El propio Rafael Ortega, Gallito, en su libro Mis pasos por el toreo, escribe:

"Formó, con Joselito, la pareja más famosa de todos los tiempos del toreo. La sabiduría de Joselito, por una parte; la emoción y el temple de Belmonte, por otra; así, completándose, dieron a la fiesta de los toros una grandeza no alcanzada hasta entonces, por lo que su época es conocida como la "edad de oro del toreo"

"-Tendrás predilección -me preguntó- por algún torero.............
-Mire, Juan- le conteste- . Yo quisiera tener el temple de usted y el arte de Rafael el Gallo.
Y él me replicó vivamente:
-¡Pues acabas con el toreo!"

"De mis conversaciones con Belmonte, recuerdo una en que estaba presente mi tío Rafael el Gallo................Juan se sentía halagado cuando le recordaban su famoso toro de Concha y Sierra, en Madrid, y conocedor, además, que Rafael no le vio esa tarde, porque quienes alternaron con Juan fueron Gallito y Gaona, le animé:
-Juan, cuénteme, ¿es verdad que ése es el toro que mejor ha toreado en su vida?
-Tal vez sí.............Yo llevaba entonces unos días en que marchaba muy mal en Madrid, hasta el punto de que me quisieron romper una tarde el coche............Aquella tarde, Gallito y Gaona se hincharon de hacer cosas. Yo, para colmo, estuve mal en mi primer toro. Pero salió el sexto, de la Viuda de Concha y Sierra, y armé un escándalo colosal.
-¿Y cómo toreó usted?
-Mira hijo........Ya no me acuerdo. Sé que le di tal cantidad de pases que no veía más que al toro y me olvidé de que había gente en la plaza. Dicen que estos son momentos de inspiración..........Si me preguntas cuántos pases le di y cuáles fueron.........., francamente no te lo puedo decir"

"En otra ocasión le pregunté:
-Juan, ¿a quien ha visto usted torear mejor con el capote?
-Hombre, con el capote han toreado varios bien: he toreado bien yo, Gitanillo de Triana, toreas bien tú y algún que otro más; pero el mejor, con mucho, ha sido tu tío José; les hacía a los toros con el capote cosas que yo no he visto nunca; al sexto lance de capa los dominaba y los dejaba hechos un trapo; eso es torear"

"Merece recordarse la conversación que tuvo una vez con don Ramón del Valle Inclán, gran partidario, amigo y partidario suyo. Le estaban diciendo don Ramón:
-Juan, es usted algo sensacional. No le falta más que morir en la plaza.
A lo que Belmonte repuso muy serio:
-Don Ramón, se hará lo que se pueda"

Pepe de la Loma, Don Modesto, conocido belmontista, escribe en El Liberal, sobre el toreo de capa de un novel banderillero llamado Juan Belmonte:

"Cinco verónicas sin enmendarse. Se dice y no se cree. Cuando lo sepa Guerrita, exclama seguramente: Eso sí que no lo hemos hecho ni Lagartijo ni acá (acá es él). Ayer Belmonte, que es con el capote en la mano el mayor fenómeno que ha pisado la arena del redondel, dio al cuarto toro cinco verónicas sin enmendarse, archimonumentales las cinco, pero tres de ellas, por el lado derecho, indescriptibles, inverosímiles. Es lo más grande que se ha realizado en la plaza de Madrid desde el día de su inauguración, que fue por el año 1874.............Toda la faena de Belmonte en la novillada de ayer, se reduce a cinco lances de capa en el segundo toro...........y a seis verónicas en el cuarto"

Del mismo Don Modesto es este comentario sobre el toreo del Belmonte novillero:

"Cómo torea Belmonte con capote y muleta, toreo fino, clásico, de oro puro, huérfano de tranquillos y martingalas, toreo de verdad, dando al enemigo todas las ventajas para dominarlo a fuerza de inteligencia y de valor, no se había toreado nunca. Ni Lagartijo el Grande, ni Fuentes. Con las cartas boca arriba, sin trampa ni cartón. Muleta como la de Belmonte no ha habido, ni hay, y es posible que no se vuelva a ver otra"


Y seguimos con los comentarios de Don Modesto:

"He cogido los mejores tiempos del toreo, cuando ocupaban la cabecera Lagartijo y Frascuelo. He visto torear y desarrollarse al Guerra, Espartero, Bomba, Machaco y los Gallos. Belmonte hace todo lo bueno que éstos, pero mucho mejor todavía. Apretándose más con el enemigo, se lo pasea cien veces por el pecho; lleva la cabeza del toro empapada en los vuelillos de la bandera; los pies atornillados al suelo, juega únicamente los brazos y da la salida justa para dejar al toro en el terreno. Ejecuta el pase natural girando el cuerpo sobre los talones, y desdobla el brazo lenta y elegantemente, como si la fiera fuese amarrada con un hilo irrompible del engaño.......................Declaro que como torea Belmonte con capa y muleta, toreo fino, clásico, de oro puro, huérfano de tranquillos y martingalillas, dando al enemigo las ventajas para dominarlo a fuerza de inteligencia y valor, no ha toreado nunca nadie. No necesita las piernas; le basta el poder mágico de sus brazos. Es feo, cargado de espaldas, patizambo, de mentón alargado y caído................Un crítico valenciano había dicho: "va sobre alambres, tiene un hombro más alto que otro. Se gasta una boca como para tragarse de un bostezo todos los miles de espectadores, y su mirada, inteligente, tan triste que el pobre chico pide permiso para caminar por el ruedo".............Pero, señores, hecho por el mismo Dios, cuando se abre de capa o despliega su muleta prodigiosa, recuerda a su Divina Providencia"

Alejandro Pérez Lugín, Don Pio, conocido antibelmontista, escribe en La Tribuna, sobre una novillada de Belmonte en Barcelona:

"De todo aquello que decían no he visto nada, fuera de tres lances que dio a su primer toro, en los que paró y aguantó mucho, pero sin mandar nada...............Con la muleta..........yo creía que iba a encontrarme un torero parado, con afición al toreo natural...........Y me he encontrado con un torero efectista, de los profesionales del pase de trinchera............Pases de guardabarrera, trinchera, pecho con la derecha, dos molinetes con ambas manos, y ni un natural"

Heriberto Lanfranchi escribe sobre la actuación de Belmonte en la plaza El Toreo de México, el 9 de noviembre de 1913, con toros de San Diego de los Padres:

"J. Belmonte causó sensación con su extraordinario toreo, sobre todo el de capa, y fue ovacionado de continuo............Al toro de su presentación en México..........lo muleteó brevemente (siete pases: uno con la derecha, un ayudado, dos de pecho, dos molinetes extraordinarios y otro de pecho) con mucho temple y metido entre los pitones, lo que provocó que mucha gente gritara de entusiasmo, y lo mató de un pinchazo y media atravesada ,que no gustó a los puristas"

El mismo Heriberto Lanfranchi escribe sobre la actuación de Belmonte en la misma plaza, el 16 de noviembre de 1913:

"J. Belmonte...........recibió al segundo con cinco verónicas, los pies clavados en la arena, y solo moviendo los brazos y la cintura, y dos medias verónicas colosales, que pusieron al público de pie en los tendidos. Hizo superior faena de muleta, dando cuatro naturales ligados que armaron la revolución........."


Roque Solares Tacubac, anagrama del doctor Carlos Cuesta Baquero, quien aparte de haber sido cirujano de la propia plaza El Toreo, fue siempre crítico de reconocida solvencia moral y taurina, se refiere a esta misma actuación:

"Comenzó la faena con un pase ayudado que a mí no me entusiasmó............Pero después............¡vaya que sí me solivianté! y aplaudí frenéticamente como lo merecía la hazaña: cuatro pases naturales girando el diestro sobre los talones............Esto, hecho así, con tanta finura, hacía muchos años que no lo había visto y casi lo tenía olvidado. No lo había visto desde que, en mis mocedades, miré al señor don Fernando Gómez, El Gallo, en la plaza de toros de Colón y aun atrévome a confesar que estos cuatro muletazos al natural tuvieron mayor mérito que los que daba el señor Fernando, porque en estos hubo más enjundia, esto es, más valor, porque el toro estaba a menos distancia del cuerpo del diestro"


José Díaz de Quijano escribe:

"¿Quién era aquél fenómeno? ¿Qué iba a ser aquello? Se podía prever..............el rumbo que desde aquel momento iba a tomar el toreo; la transformación total del arte, del estilo, de la estética taurina............."

"Todos los años llega la tarde en que Belmonte hace una faena tan prodigiosa -la faena del año- con que borra a todos y se borra a sí mismo......., la faena que queda, que se recuerda luego, toda la vida, con un denominativo o una fecha: la del 2 de mayo, la de la Beneficencia, la del Montepío..........Faenas que al presenciarlas duelen y dejan al espectador echo un guiñapo.............porque son como un cataclismo, algo bárbaro y divino, de una grandiosidad y una belleza nuevas en tauromaquia"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"Lo que en el espada antiguo era un alarde, el de echar fuera del ruedo a su gente, en Juan viene a ser una necesidad, porque es él el que comprende la faena de muleta como soledad..................Juan, en el pase natural, tuvo la inspiración de dejar la tela de la muleta a su natural caída, vertical y desarrugada...........y de mantenerla así durante la ejecución.............Cogía la muleta con dedos de artista, delicadamente.............A la tela de la muleta la dejaba caer Belmonte verticalmente en el cite en la suerte natural; la presentaba al toro adelantada hacia su mirada como si fuera un espejo..................El pase natural de Belmonte es el primero que en todos los tiempos de la ejecución, desde el cite a la reunión, hasta rematar la suerte, la muleta se contempla igual, verticalmente, a su caída natural............Al mismo verbo torear lo redefine Belmonte, al introducir en el pase el concepto de llevar al toro toreado con la muleta"

"Belmonte paraba y no se iba de la suerte, mantenía la quietud de sus pies, en razón de su interpretación personal del verbo templar................Porque el temple de Juan es un golpe de genio...................El secreto de su temple se hallaba en la continuidad de los pases, cuya lentitud iba en aumento, porque Juan pulsaba hasta el respirar del toro...............En su pase natural ligado con el de pecho, Juan conduce el toreo a una dimensión distinta.................que concibe la embestida como un medio de expresión"

"Fue Belmonte un torero de los llamados cortos de repertorio; ejecutaba el pase natural y el de pecho con ambas manos, alguna vez el de pecho rodilla en tierra, el pase ayudado por alto, a media altura y por bajo, los pases de molinete con la mano derecha y el molinete invertido con la izquierda, el pase afarolado con la mano derecha, el pase de trinchera, los pases de tanteo, los pases de castigo rodilla en tierra. Y fue el que hizo drama de la nada del desplante.....................No fue un torero que inventara suertes, ni creativo en la faena en el sentido de un Cúchares o Rafael el Gallo; fue un creador en un sentido más amplio, más rotundo, más hondo...................Dio profundidad a las suertes más clásicas de muleta , al deshacer su antigua brevedad en el tiempo y en el espacio"

"Así era el paseo muleteril característico a la madurez belmontina: pasos breves parados alternativamente en el pase natural y el de pecho, con el descanso de un pase de molinete o afarolado, con la bravura de un desplante para respirar antes de la estocada, quizá, antes de continuar el paseo por alto con pases ayudados....................Era aquel paseo, junto con su toreo en redondo, el que supuso la restauración definitiva, como base de la misma, del pase natural y el de pecho a la faena de muleta"

"En la mano derecha de Juan Belmonte el molinete se moderniza, pasa a una jerarquía superior, porque el acentúa no el giro, sino el pase.................La ejecución belmontina desnuda el molinete de su antigua razón de ser, el adorno, doblando la trayectoria de la embestida angustiosamente hacia el castigo: un castigo repetido, acentuado, por Joselito el Gallo y después por Domingo Ortega...............Mas, en la mayoría de los toreros, el molinete conserva, a pies juntos, su antigua calidad de juego"

El mismo Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"El toreo, definido por Juan Belmonte,es cadencia, ritmo, suavidad, lentitud; y lo es hasta en aquellos ásperos momentos en que el empleo de esas cualidades podría parecer un contrasentido. Porque salen toros destemplados, toros de incierto ritmo; ante ninguno el torero ha de traicionar su propio temple"


Enrique Minguet "Pensamientos", en su libro Los clásicos del toreo, 1913. Pgs 7 a 20, escribe:




"Juan Belmonte, el fenómeno de la verónica, se encuentra en posesión de fama inmensa……..El arte de Juan Belmonte es, hoy por hoy, tal y como lo ejecuta, el arte de verdad, sin adulteración de ningún género……..; por eso su modo de torear entusiasma, enloquece……..su apellido BELMONTE es algo así como el significado, el compendio de las palabras diestro excepcional que torea como el arte manda, sin adulteraciones de ningún género…………..; aquellos que le vieron torear por verónicas; aquellos que también presenciaron el pase natural que da Belmonte, esos no podrán olvidarlo jamás, a la vez que pudieron apreciar la diferencia exacta que existe entre lo que ejecuta él, él, el único, y lo que hacen los demás……….La Coleta escribe acerca de su debut en Madrid: “Los pases de molinete que da este torero los ejecuta tan cerca de la cabeza de los toros, y tan cerca se queda también al dar los recortes, que resultan en extremo emocionantes, y creo, ojalá me equivoque, que algún día le pueden costar un disgusto, por cuyo motivo opino que no estaría de más ejecutarlos algo más distanciado”………..La última novillada que toreó fue el día 12 de Junio de 1913; en aquella tarde no pudo estoquear ningún toro por haber resultado lastimado; solamente toreó de capa consiguiendo el fenómeno de la verónica dar cinco lances sin enmendarse………Mi amigo “Don Modesto” decía al día siguiente en las columnas de El Liberal: “Ayer, Belmonte, que es con el capote en la mano el mayor fenómeno que la pisado la arena del redondel, dio al cuarto toro cinco verónicas sin enmendarse, archimonumentales las cinco; pero tres de ellas por el lado derecho, indescriptibles, inverosímiles. Esta faena es la más grande que se ha realizado en la Plaza de Madrid desde el día de su inauguración, que fue por el año 1874. –Así no se puede torear- gritaban como energúmenos, pero rojos de entusiasmo, miles de voces. Y, sin embargo, así torea Belmonte. Así viene toreando en todas partes……….Con el capote ante la fiera no tiene igual este hombre con quien poder compararle. Bombita, los Gallitos, Bienvenida, Fuentes, todos estos grandes toreros son caricaturas al lado de Belmonte en este momento de la lidia. Se remonta la imaginación a los mejores tiempos de Lagartijo y Guerrita, procurando desarchivar de la memoria las más estupendas faenas de capa de aquellos colosos, y todas quedan algunos metros más bajas. Como esto que estamos viendo ahora no se había visto nunca……¡Cinco verónicas sin enmendarse!”………..Cierto es que hoy Juan resulta un torero corto, en eso no cabe discusión, como tampoco en que aquello que él ejecuta lo hace mejor que nadie…….Belmonte es el fenómeno indiscutible de la verónica y un ejecutor admirabilísimo del pase natural”



Luis Uriarte, en su libro Figurones taurómacos, editado en ¿190.?, en las páginas 190-192, escribe:


“Ni Lagartijo, ni Guerrita, ni Cayetano Sanz……” ¿Quién no se acuerda del revuelo que levantaron hace pocos años estas palabras de Don Modesto?.......Belmonte, en eso de torear a la verónica, puede presumir como si fuera el arcángel San Gabriel vestido de luces……¿Pues que me dice usted, amigo, de sus medias verónicas? ¿Y sus pases natural, y los de pecho, y los de molinete? Y ponga usted, además, que les echa mucho valor a los toros…….Claro que no es completo; pero esas verónicas…….El ha remozado el toreo de capa, y hogaño todos los lidiadores tienden a imitarle……….Don Modesto panegirizó a las mil maravillas el rasgo característico del toreo de Belmonte: “El señor que aguanta y se estrecha cinco veces con un toro grande y con pitones, sin enmendar el terreno, fiándolo todo al juego exclusivo de los brazos, puede llamar de tú al mismísimo Lagartijo…….”……..¡¡¡¡Cinco verónicas, sin enmendarse!!!!  ¿Pero esto es posible? Sí señor. Ayer, a las seis, minuto más o menos, en el ruedo de Madrid y hacia los tercios del 8…..¿Pero eso será un fenómeno?    ¡Usted verá!”

Maximiliano Clavo “Corinto y Oro", en su libro Se fueron Bomba y Machaco. Otra época del toreo, Pgs. 189-208, Editado en Madrid en 1914, escribe:


"Al surgir en el tauromaquia, Juan Belmonte ha puesto una valla entre el estilo de hoy y el de mañana. Me parece que esta es la frase justa………Belmonte, el artista Belmonte, es ÚNICO, hoy por hoy. Es un personaje del arte de Paquiro que constituye una epopeya. Es la primera fecha de una época nueva de la fiesta nacional……..Voy a recordar al lector la impresión que Belmonte me produjo cuando con Posada se presentó en la plaza madrileña y yo le vi por primera vez en marzo de 1913……..El nene Belmonte empieza a justificar su tronío: cinco verónicas, quieta la planta, rígida la figura, cargando la suerte suavemente, y como remate un faro, echándose el capote a la espalda cuando tenía los pitones en el bolsillo del chaleco………Belmonte, espada y muleta en ristre, se presenta a debutar como matador, y realiza una labor verdaderamente primorosa, en la que el arte, el gusto, la estética y el valor se fusionan….., pases naturales, como los escribieron Cayetano Sanz, el Gordito, Lagartijo y otros catedráticos; altos, de pecho, cambiados, de molinete……Belmonte se nos muestra con el alfanje artista deficiente…..Borrón al capítulo de la espada; pero ¿es una exageración si digo que hoy ha entrado en Madrid un torero enorme?......Su estilo es único, porque Belmonte no se parece a nadie más que a él mismo…..Es un caso aislado, una cosa extraordinaria……Bombita ha dicho: “Yo no he sido fenómeno; tampoco los he conocido en mi época. He hecho lo que he visto hacer a otros, que era buenísimo, sin llegar a lo monstruoso. Belmonte hace con los toros lo que yo no he visto hacer a ningún torero”…….Belmonte es un diestro que se juega la vida toreando de capa……La arriesga porque aguanta la acometida con una quietud tétrica, porque apenas carga la suerte…., porque no se enmienda, porque le da al toro todas las ventajas, porque, generalmente, lejos de perder terreo, como los demás, es él el que se lo gana al toro……Por eso los lances de Belmonte ponen frío en el corazón. ¡Ese farol echándose el capote a la espalda antes de que el toro llegue a la jurisdicción del diestro! ¡Esa media verónica, sacándose materialmente a la bestia del abdomen!.......¡Y sus faenas de muleta! ¡Esos pases naturales dejando llegar a la bestia hasta el mismo cuerpo del hombre, para obligarla luego a que tome la muleta y llevar al bruto embebido en los vuelos de la franela, quieto y erguido! ¡Esos pases de pecho y por alto, esperando inmóvil a que el toro meta la cabeza en la tela para levantar ésta y correrla suavemente por los lomos del animal, hasta sacarla por la cola! ¡Esos molinetes iniciados en el preciso instante de derrotar el toro y dando una vuelta completa alrededor del asta, descubriendo el cuerpo en el momento culminante del peligro!.......Los que se atreven a discutir a Belmonte lo fundan en estos dos inconvenientes: que es un diestro que mata poco y no banderillea, y que es un torero que puede acabarse pronto. ¡Bendito San Marcos, que teorías!"



"Corinto y Oro", en el Album del Abono de Madrid, de la temporada de 1914, escribe:

"Juan salió a torear por primera vez en una corrida sin picadores y armó el escándalo, efectivamente……, pero por la “cruz! de la moneda. ¡Se dejó un toro vivo; además, salió vestido como un adefesio y estaa “esmayao”! ¡”Pa” los restos! Y la tomaron a chufla………Pero “Carderón”, su protector y apologista, terne que terne, decía entusiasmado que “allí” había un estilo colosal y que “Juaniyo” tenía que ser, y si no ¡al tiempo!........El muchacho se fue a Valencia desesperado y allí consiguió salir en una moruchada de mojiganga……y ¡allí triunfó “Carderón”! Belmonte armó el alboroto, por la cara de la moneda y volvió a torear; entusiasmó a toda Valencia taurina; toreó nuevamente en Sevilla –con picadores-, puso cátedra, levantó al público de sus asientos……¡fue desde entonces hasta el día: ¡Belmonte! ¡Belmonte! ¡Belmonte!"



Gregorio Corrochano escribe:

 "Gallito conoce todas las suertes, pero como una derivación de su conocimiento de las reses. Ésta es la clave de su toreo; el toro. Belmonte se inclina de salida a la perfección de las suertes. No utiliza otra regla, que más que regla es un estilo, que la de llevar al toro toreado; por intuición o por imperativo fisiológico, al faltarle facultades, tenía por única defensa su toreo. Se daba la maravilla de que cuanto mejor toreaba, más seguro estaba, más alejaba el peligro, porque mandaba más; del toro suelto, sin dominar, sin ir toreado, era del que no se podía defender Belmonte, porque no tenía piernas para enmendarse. Al no poderse enmendar, enmendó el toreo. Acaso todo el toreo de Belmonte es una razón fisiológica.........................al no poder enmendarse con las piernas, enmienda al toro con los brazos; y de esta falta de condiciones físicas, suplida con el valor, hace su toreo sorprendente.........................Entonces empieza a hablarse del temple. La teoría del temple puede decirse que es belmontina, tan reiteradamente la practica...................Desde que Belmonte vino al toreo, el temple fue lo que definió su estilo. Todos sus toros iban toreados con tanta precisión, que le permitieron hacer cosas asombrosas y hasta inexplicables..................Éste fue el secreto del toreo de Belmonte; mucho temple en la mano, mucho temple en el ánimo...........................................Si Belmonte empezó desentendiéndose de las reglas (del toreo), tanto rodó por los morrillos de los toros -de aquellos toros que tenían morrillo-, que las reglas que desdeñó y no quiso aprender se le entraron sin querer por la sangre. A Belmonte empiezan a respetarle los toros y él a adaptar su toreo personal, suyo, a las normas preceptivas de la tauromaquia. Y el que empezó a torear porque sí, sin echar cuentas, las echó luego muy largas y muy exactas, sin perder su personalidad"

"Esos pases naturales (de Belmonte), largos, lentos, rematados llevando al toro hilvanado en los vuelos de la muleta, echarán del ruedo el medio pase"


Gregorio Corrochano, en su libro La edad de oro del toreo, en el capítulo titulado De las memorias inéditas de un redactor de ABC, escribe la siguiente crónica:



Madrid: La corrida de Beneficencia “Gallo”, Gaona, “Gallito” y Belmonte (ABC, 18 de mayo de 1916)…………………..Ustedes habrán comprado alguna vez, para regalo de un niño, uno de esos muñecos articulados que son un prodigio de la mecánica. Habrán observado cómo al darle cuerda las articulaciones se animan, el muñeco se agita, se contrae, se estira, adquiere vida………….Este muñeco en torería es Belmonte. Le sacan a la plaza, y a través de la seda de su traje de luces se ve el relleno de trapo, de cartón, de serrín. Pero sale su toro, se le da cuerda y el muñeco torero da unos pasitos torpes, se contrae, es estira y maneja el capote a la verónica; no se mueve, no sabe andar, sólo tiene articulados los brazos y la cintura; la afición, como los niños, palmotea de gusto y el muñeco va adquiriendo vida, se estira, crece. Luego le ponen en la mano una muleta de torear y el muñeco da pases; el toro quiere cogerlo y no puede; el muñeco se transfigura; por la sensación que nos da sospechamos, aunque no lo vemos, que además de brazos tiene articulado el corazón. La faena avanza; el toro es hermoso, pero cada vez más pequeño y es que el torero va siendo cada vez más grande, más grande, creciendo hasta la hipérbole; la plaza es ya un pedestal, y allá por encima de la bandera se dibuja la silueta del gigantesco muñeco; los niños no ríen, ni palmotean, ni casi respiran las mujeres, para no ver aquello con toda la intensidad que las escalofría………..Pero no dejan de mirar, que es un peligro que atrae, por el arte sugestivo que lo envuelve……….Después de cornear al coloso y romperle el traje muere el toro, y ya el muñeco sin cuerda se contrae, vacila y cae en la arena cogido a un cuerno, hecho un guiñapo, viéndose el serrín por las rasgaduras de su vestido de seda…………..Éste es Belmonte………Sus tardes de descuido no se las perdonaban, como se las perdonaron a Rafael el Gallo y a Rafaelito Lagartijo………Pero Belmonte es de otra fibra y no puede dormirse en los laureles. Belmonte ha encauzado el toreo por un derrotero tan peligroso que no es él el llamado a abandonar. El toreo tenía una trayectoria muy marcada, muy definida; era una línea recta conocidísima; sota, caballo y rey. Llegó Belmonte, y porque no se puede mover o porque no quiere, porque no se sabe enmendar o porque no le gustan tachaduras, porque tiene las muñecas dislocadas o tiene dislocado el corazón, coge la trayectoria rectilínea del toreo y la quiebra, marca un punto de inflexión, y con él una nueva era. Por esto no puede salirse de la nueva orientación sin deshacer su obra. Los demás andan y desandan su camino sin que nada se borre, que la senda es conocida y está muy trillada; en cuanto él se desvíe no queda rastro”


José Alameda, en su libro Los heterodoxos del toreo, escribe:

"Puesto que Belmonte no tiene escuela, no parte del conocimiento del toreo, del conocimiento de las suertes. Solo sabe que tiene que entenderse con las reses, como sea. Y llega hasta donde el toro le deja llegar. Como los ganaderos llevan ya tiempo seleccionando al "toro para el torero"..............Belmonte se puede poner donde no pudo El Espartero.................Belmonte es también inteligente. Pero, sobre todo, tiene una combinación psicosomática extraordinaria; es un rápido-lento. En el toreo es esencial la prontitud de reacciones, pero sin precipitación...................Quizá si este rápido-lento hubiera sido físicamente bello, su armonía se hubiera complicado con la plasticidad, de orden exterior y más trivial; y entonces no hubiera pasado de una reposada elegancia a lo AntonioFuentes o a lo Cayetano Sanz...................Pero Belmonte, por suerte, era feo. Contrahecho. De una contrahechura favorable al toreo: brazos largos, cintura flexible, espalda cargada y mentón prominente que acentuaban y dramatizaban la expresión...............Así que, aunque Belmonte toreaba poco, muy poco, quiero decir poquísimo de sus muchos toros y con poquísimos pases, lo poco que hacía valía mucho....................Belmonte no es decreto, es secreto. Su fuerza de atracción estaba en su misterio. Desde la sombra de su tez hasta la sombra de su toreo. Jamás fue un torero brillante, sino sombrío; calidad de resonancias mucho más profundas"

"Estoy plenamente de acuerdo con quienes piensan que el mejor Belmonte, el realmente fecundo, fue el de sus primeros tiempos, el aventurado y convulsivo. En el orden taurino y el humano, Belmonte, muerto de hambre y ahíto de ensueños en el Altozano de Triana, está lleno de angustia popular, lleno de gracia"

"No puede haber una escuela de Belmonte, como no puede haber una escuela de Alonso Quijano. En ellos lo que valía era la divina locura y el dolorido sentir. Dos productos del alma que no pueden embotellarse"


José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"Con el capote, a la verónica, es el mejor que he visto. Toreaba con gran temple y muy parado pero, sobre todo, no abandonaba el lance, sino que lo contiuaba hasta rematarlo, con una rotación de muñeca en su final, como después se ha empleado con la muleta, pero con el capote todavía no; sólo él. De esta manera, los brazos quedaban en posición de recibir al toro en el siguiente lance y la ligazón era perfecta. Su media verónica tenía una intensidad, una belleza rítmica y una coordinación entre el hombre, su instrumento -el capote- y su materia viva -el toro-, que nadie ha logrado igualar...............Lo hizo Belmonte y no se enteraron............Todos los veroniqueadores que vinieron después concibieron y realizaron la suerte aislada, pensando solo en afinarla pláticamente"

"Voy a decirlo de una vez...............: la verónica de Belmonte ha sido superior a todas, por una razón definitiva: la forma de rematarla, aunque no era propiamente remate, que significa cierre, sino conducción del lance hasta el límite natural de su desarrollo orgánico, de modo tal que el momento de cumplirse -no de cerrarse- se confundía con el nacimiento del siguiente..............Nadie ha ligado así el toreo, con tal hondura................La verónica, yo diría las verónicas de Belmonte, porque eran pluralidad dentro de la unidad, enriquecida por la hondísima relación, hacía su efecto, claro está: el sentimiento del ritmo, la emotividad profunda de aquel toreo amarrado, trabado, en que el artista parecía prisionero de sí mismo..................Belmonte ha sido el mejor con el capote, por su temple y por su manera única de ligar, de enlazar las suertes"

"La convicción de que Belmonte no alcanzaba el mismo nivel con la muleta que con el capote la tuve desde el principio..................Sólo en un aspecto hay paridad entre el toreo de capa de Belmonte y su toreo de muleta: la conservación del terreno en que él estableció el toreo............Podríamos añadir también que en la conservación del acento propio, de su personalidad, que no se desdibujaba..................Belmonte fue al final lo mismo que al principio, un genio del toreo de capa, para el cual el toreo de muleta, en el fondo, era comparativamente un complemento...........Si Belmonte no hubiera sido más que lo que fue con la muleta, no hubiera sido Belmonte. Hubiera sido, por supuesto, una figura del toreo, por el terreno en que puso..................Belmonte fue Belmonte por su genio con el capote.............La faena de muleta de su predecesor El Espartero se dice que no tiene más que dos pases, el natural y el cambio (el de pecho)..............Anticipación de la faena de Belmonte..............En verdad, tal era la base de la faena de Juan, aparte de algunos ayudados por alto, con hondura y barriendo los lomos................Lo que venía después, como agregado, en algunas ocasiones, eran suertes a las que Belmonte recurría sin que tuvieran que ver con su toreo serio y dramático, como la confesión de que, convicto de su cortedad, echaba mano de cualquier cosa, de lo que tenía más cerca. Lo que tenía más cerca era Rafael El Gallo. Y Belmonte le tomó su pase afarolado. Un adorno banal, un pase que a nada conduce, ni nada significa.............¿Qué tenía que hacer, digo yo, aquella bagatela del afarolado en medio de la faena de Belmonte? ¿Qué conexión de estilo guardaba con el fondo de su toreo? ¿Qué finalidad perseguía?.........¡Como no fuera la de llenar tiempo y dar un poco más de cuerpo a la faena!..........Y luego aquel molinete, un molinete medio en cuclillas, entre el costillar y el rabo del toro, tan antiestético y más fácil que el salto de la rana de El Cordobés...............Si estamos hablando en serio del toreo como arte -y creo que a Belmonte hay que tomarlo en serio-, los problemas de la unidad de estilo y de un mínimo de congruencia estética son legítimos y diríase que era él quien no se tomaba en serio a sí mismo, con la incrustación de tales bagatelas"


"Belmonte no toreó en redondo, sino por excepción. Era un muletero de contextura cambiada o contraria..............Alguna vez y por excepción lo hizo..............A este respecto, José María de Cossío, refiriéndose a la corrida de Beneficiencia de 1915 en Madrid, dice: "Fue una faena cumbre, en la que por rarísimo acaso en su vida taurina, toreó al natural en redondo". Y luego, en el juicio que cierra su biografía,  insiste: "Raramente toreó en redondo al natural....."...........Su toreo era opuesto a ese sentimiento del arte. Su concepto, su sistema, eran precisamente los opuestos: el toreo cambiado o contrario"

"En 1925 vi a Belmonte en Madrid.............Me impresionó hondamente con el capote. Su reposo, su temple, su modo de ligar las verónicas. Me pareció lo mejor que hasta entonces había visto..............Con la muleta, no. Salvo sus primeros pases por alto, de parecida tensión. Pero me desconcertó su pase natural. Lo ejecutaba hacia afuera, muy sesgado. Y solo dio uno...............Pregunté a los mayores que me acompañaban: "¿Ese es el pase natural de Belmonte?", "Ese es........." (me quedé perplejo)..............Sobre todo, una vez terminada la faena, no entendía cómo de la suprema creación que era su toreo de capa insuperable (y aún hoy no superado), podía el mismo artista pasar a una labor de muleta tan corta. Faltaba el toreo en redondo y, faltando eso, sentí como un vacío,que me dejó sumido en una profunda confusión. Aquello no era lo que yo estaba acostumbrado a considerar una gran faena...............Belmonte no dio ningún otro pase natural.............Y los restantes fueron ayudados, preferentemente por alto. La faena resultó brevísima..............Pensé que acaso estábamos ya en otra época, aunque los demás no lo supieran, o no lo dijeran"

"La calidad del toreo de Juan Belmonte era excepcionalmente distinta......Por una parte vulnera aparentemente todas las reglas, y por otra, impresiona por sus exiguas condiciones físicas, que parecen sacudidas por una misteriosa fuerza dramática". Todo ello enamoró a los artistas e intelectuales. La frase que Valle-Inclán solía repetir al diestro: "No te falta más que morir en la plaza" es un buen resumen de lo que estos artistas pensaban y sentían del torero de Belmonte."


El mismo José Alameda, en su libro Los arquitectos del toreo moderno, Capítulo II, escribe:



"Los toreros antiguos daban muletazos desligados, dejando casi siempre ir suelto al toro. Incluso era frecuente que uno o varios peones se colocasen a la salida, ya para avisar al toro, ya para cortarle el viaje y hacer que volviera hacia el matador. Cuando, por excepción, un diestro lograba que el toro no se le saliese de la muleta, se le alababa en las crónicas porque había “sujetado mucho”. Este era el verbo: “sujetar”, o sea, no dejarlo ir. Lógicamente, todo se hacía en línea recta, en forma que, por comparación con el toreo de hoy, era de elemental simpleza……………..El hecho de que en viejos tratados existieran ya descripciones de otras formas, inclusive de un rudimentario toreo en redondo, no invalida nuestra tesis, puesto que aquéllas eran normas ideales, para casos de suma excepción, una especie de posibilidades teóricas, que en realidad no estaban en el uso del toreo y que, por tanto, mal podían caracterizar a la época…………….De hecho, en aquellos tiempos, no existía más que lo que los andaluces llaman, con frase gráfica, “toreo de p’acá y p’allá” ………………..Hasta que llega Belmonte. Y, al sujetar siempre, es decir, al torear ceñido y llevando al toro embebido en el engaño, se encuentra con que, en el último tiempo del pase, el enemigo empieza a revolverse y describe una curva. Entiéndase bien: no a volver después de consumado el pase, sino a revolverse en el pase mismo, curvándose en el último tiempo de él. Esta es la diferencia esencial………………El toro, por sí mismo, le estaba señalando a Belmonte el camino del toreo en redondo. Pero Belmonte no lo vio; o, mejor dicho, no lo sintió. El no concebía otra faena que la ya conocida, el toreo en la línea natural, sin cambio de terrenos, tal y como siempre se había venido practicando…………….Hubo, pues, una contradicción interna en el toreo de Belmonte. Concebía y desarrollaba su faena, como los demás, en la línea de los terrenos naturales, en rectitud; pero, como sujetaba más que ninguno, el pase, que en los demás era recto, a él le resultaba curvo. De ahí que, para conservarse en el terreno natural, tuviera que recurrir a cruzarse mucho, a buscar al toro hacia el pitón contrario. Al ir atravesándose una y otra vez, había ocasiones en que, con sólo tres muletazos, el toro describía un ocho por la arena……………Belmonte desplazaba al toro y tenía que desplazarse él continuamente. Por su reposo de movimientos y su temple, daba sin embargo la impresión de algo relativamente estático, sobre todo en contraste con los toreros anteriores, mucho más movidos. Pero el hecho es que, aunque armoniosamente, Belmonte caminaba siempre. De ahí, aquel arrastrar de su pierna, tan característico. Mal hubiera podido tener que arrastrarla, de haberse quedado en su posición primitiva, sin desplazamiento……………..El problema del toreo de Belmonte fue la lucha, no resuelta, entre la recta de la intención general y la curva de cada pase en particular. Belmonte fue un torero de transición, un torero problemático. Le puso al toreo una premisa histórica, pero no sacó la consecuencia. Sólo por obra de su genio personal, pudo mantener aquellos muletazos revolucionarios dentro del marco de la faena tradicional. Había, entre su concepto y sus medios, entre su forma y su fondo, entre su instrumento y sus finalidades, una inadaptación, que lo mantuvo en constante y dramático desequilibrio. Por eso es la suya una figura tan sugestiva, tan “interesante”, tan literaria. De ahí, la humana angustia, aquella impresión de mártir que dio siempre Belmonte y de ahí, su encanto, la rara fascinación que ejercía sobre las multitudes…………….La contradicción interna del toreo de Belmonte habría de resolverla un torero mucho menos literario que él, pero de influencia decisiva: Manuel Jiménez, Chicuelo"





"En el capítulo anterior hemos visto lo que hizo Belmonte. Veamos, ahora, lo que dejó por hacer……………..Es cierto que Belmonte redujo las distancias y ciñó el toreo, pero no cambió su planteamiento. Toreó más cerca y templado que sus predecesores, pero, en cuanto a la concepción de la faena, igual que ellos. En efecto, su faena se desarrollaba invariablemente en la línea de los terrenos naturales, con varios pases por alto, algún pase natural, ligado con el de pecho, no con otro u otros naturales en redondo, y de añadidura, algún desplante, molinete, o pase de farol. Era una faena semejante, en su arquitectura y planteamiento, a la de Gallito, Gaona, Bombita, o Guerrita…………..Lo que hizo Belmonte fue ceñir el toreo. Pero fuera de eso, nada más. Nada más de distinto, de creador, de “histórico”. Porque su temple era “suyo”, es decir, no comunicable, no traspasable: lo contrario de una norma que pueda servir para todos. En el temple residió su mayor grandeza, que le permitió sin duda dar aquel paso de avance, pero precisamente porque su temple era en sentido estricto “inimitable” –condición personal pura- no podía constituir una aportación al curso del toreo. Las aportaciones históricas son únicamente las “heredables”



Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX, primer cuaderno. En el número 3 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pgs. 71 a 73, escribe:

"Sus primeros pasos en la profesión fueron desgraciados, y hasta estuvo tentado de abandonarla, a consecuencia de un fracaso ante sus paisanos. Pero el viejo banderillero, José María Calderón y Cea, que había ido con Antonio Montes, le vio, creyó en él, y de unas novilladas económicas en Valencia, vino el revuelo; con la confirmación en Sevilla, en 1912, de aquel estrépito valenciano………..Las cosas extraordinarias que realizaba Juan, no vistas por nadie, su verónica, su pase natural, la media verónica enroscándose los novillos a la cintura, los terrenos que pisaba, levantaron un clamor entre los aficionados viejos y jóvenes. Lo hicieron en seguido héroe popular; también se lo apropiaron los selectos intelectuales, y el Terremoto, el Pasmo de Triana, Belmonte, el misterioso, se elevó al lugar más alto, siquiera los aficionados chapados a la antigua entendieran al verle tomar la alternativa el 16 de octubre de 1913, que llegaba a ella con muy poco bagaje general…………..En la competencia con Joselito, la gente se ponía de su parte por ser el más débil. Y tenía razón. A José le había concedido la Naturaleza todos sus dones para enfrentarse con los toros. Podía con ellos. En cambio, Juan, parecía que a los toros les pedía humildemente permiso para hacerles sus cosas maravillosas…………Los aficionados señalaron a Juan Belmonte como la víctima que se veía caer como fruto maduro. Y lo que es el porvenir: fue a Joselito, el sabio, a quien venció un toro, a la vez que Juan llegaba a torear más corridas que nadie hasta entonces; se quedó como sobreviviente de la contienda, con idas y vueltas en su profesión, que le permitían pisar los ruedos cada vez más seguro y más inteligente……….Con Juan Belmonte llegó al toreo eso del “temple” tan traído y llevado muchas veces sin saber con qué cuchara se come. Porque muchos entienden que torear con temple es torear con lentitud, con suavidad, cuando de lo que se trata es de equilibrar el movimiento del engaño con la fuerza de la embestida. Llevar toreado al enemigo, puede decirse para mayor claridad…………En alguna ocasión, la figura de Belmonte torero se transforma en mito………..La admiración por Juan Belmonte es justa, salvo detalles. Y bien merece la admiración un lidiador que trajo cosas muy grandes a la Fiesta, y tuvo gestos como aquel de Sevilla en sus primeros tiempos. Estaba herido, se rumoreó que no torearía en la feria, y menos aquella corrida, aquel corridón de Miura. Y Belmonte se presentó en su tierra, exclusivamente para vérselas con los toros de la divisa encarnada y verde. ¡Y los toreó! ¡Pues no faltaba más! ¿Quién se había pensado que era Juan Belmonte?"
  


Cossío realiza este comentario del torero de Belmonte:

"A Belmonte no le interesa la lidia en lo que tiene de graduada pugna con un animal, al que hay que dominar...............El toreo queda reducido a las tres o cuatro suertes que desde el principio le interesan...............Claro es que en esta concepción del toreo se salva lo que para él es fundamental, o sea, el estilo, pero es a expensas del concepto tradicional de la lidia...................Así pues, salvándose, como se salva en la gloria taurina más indiscutible, la personalidad magnífica de Belmonte, ha de reconocerse que su influencia en el toreo ha sido contradictoria..........................La lentitud con que practicaba las suertes, el temple con que las llevaba a cabo era admirable y nadie le ha superado en este aspecto. Su gran triunfo consistió en influir en este aspecto  de su arte de modo extraordinario en Joselito, que en los últimos años de su vida llegó a emular a Juan, toreando, asimismo, con temple incomparable.......................Juan Belmonte merece que se agoten todos los adjetivos en su loor; pero su escuela, su influencia, en realidad su concepción de la lidia, no pueden aceptarse sin discusión"

Néstor Luján, en su Historia del Toreo, escribe:

 "Cuando Belmonte, en la biografía escrita por Chaves Nogales, dice: Para mí lo más importante en la lidia es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo, da con esto la clave de lo que será el toreo belmontino y el espectáculo moderno................"Se han acabado los toros", dijo el Guerra, a la muerte de Joselito el Gallo, y tuvo, proféticamente, toda la razón..................Otra cosa nacía en su lugar, y era un nuevo arte del toreo. Al toro le hizo Belmonte dos cosas para acabar con él como protagonista de la Fiesta: reducir el espacio, a la vez que multiplicaba el tiempo de las suertes; y agarrar por la mazorca del cuerno, por primera vez, a un toro berrendo de Miura. Esto es conceder importancia primordial a la visión estética de la Fiesta y despreciar al toro como elemento vitalísimo. Hoy lo vitalísimo es el arte, el estilo............................La calidad artística de Belmonte es excepcional.............era excepcionalmente distinta. Tenía, como cualidades fundamentales y sorprendentes: heterodoxia y su directa impresionabilidad..................Por una parte, vulnera aparentemente todas las reglas, y por otra, impresiona por sus exiguas condiciones físicas, que parecen sacudidas por una misteriosa fuerza dramática........................Desde el punto de vista tradicional del toreo, Belmonte significa el fin de la Fiesta. Desde el punto de vista estético, representa el triunfo del sentido plástico por encima de la orgía dinámica del toreo"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia", escribe:

"La revolución que todo el mundo comenta en 1913 es la de Juan Belmonte. Novillero desconocido, sin antecedentes taurinos, que ha brotado en la lucha por la vida, desde las más humildes capas de aquella España.....................Han bastado unas escasas actuaciones, con vestidos de torear alquilados, para lanzar a la fama un torero nuevo. En Valencia y Sevilla encuentra los primeros partidarios. Encarna el arquetipo del pobre y desvalido, blanco de todas las adversidades, dispuesto a dar su vida en el ruedo. Los toros se ocupan de confirmar esa imagen. Entre los pitones anda; por el suelo pasa más tiempo que de pie. "El que quiera verlo, que se dé prisa", ha sentenciado el Guerra. Sus primeras novilladas son acontecimientos, cuyos ecos retumban fuera de la plaza. La Revolución, el Terremoto, el Pasmo de Triana. Expresiones hiperbólicas que sugieren imágenes de convulsión, sacudimiento, ruptura, alteración, desorden del cuerpo y del espíritu.....................Había llegado la hora del Expresionismo..........................En Arte, el movimiento expresionista es anuncio de revolución, de crítica radical de valores establecidos........................La proximidad de lo erótico y el juego, erótico también, con la muerte, está en la esencia de la estética belmontina. Todo ello contado con novedad y tensión muscular capaz de llegar a la contorsión y a la deformidad en el molinete, en la media verónica o en el desplante histérico-epiléptico del Belmonte novilleril, electrizador de la multitud"



Santi Ortiz, en su libro Los lances que cambiaron la Fiesta, escribe:

"Si Paquiro cambia la forma, el fondo del toreo lo cambia, lo trastoca en su esencia, Juan Belmonte. El toreo de Belmonte es una especie de Rubicón por el que irremisiblemente debe cruzar el arte de la lidia sin posible retorno. Es imposible conectar lo que acontece a una y otra orilla de este río revolucionario. Solo un puente pudo tenderse sobre tan profunda sima, mas un toro lo mandó a la tumba un 16 de mayo en Talavera. Con la llegada de Belmonte, el cimiento mismo del arte -preceptiva y estética incluidas- se desgaja en dos partes que se revelan irreconciliables. Es la oposición sustancial entre el lagartijero "O te quitas tú o te quita el toro", principio fundamental de la lidia de antes de Juan, y el "Ni me quito yo ni el toro me quita", de Juan en adelante. Es evidente que no hay regla, procedimiento o aptitud capaces de satisfacer a un tiempo estas dos conepciones antagónicas del toreo. Tanto es así que a los toreros de la época anterior no les cabe en la montera el toreo que quiere practicar Juan. Cuando su cataclismo se inicia, ya Guerrita -figura en la que se aglutina todo el esplendor taurómaco del siglo XIX- lanza su célebre frase "El que quiera ir a verlo (por Belmonte) que se dé prisa" ¿Por qué? "Porque así no se puede torear" Para el "Segundo Califa", Juan era un loco abocado a orlar de luto los anales de la Fiesta; a su decir: "er Dermonte ese, es carne de toro"

"La gran aportación de Belmonte fue concebir el toreo como una gimnasia espiritual, como exteriorización de una fuerza interior que recurre al toro y a la lidia para manifestarse. De esa concepción íntima y sensual derivarán como consecuencia: el toreo de brazos, olvidado de las piernas -"Si las piernas hicieran falta para torear, el toreo, en vez de ser un arte, sería un deporte, y yo sería un fracasado", diría en su día Juan-, y el temple. Es ella la que convierte definitivamente el toreo en arte; la que de paso arrebata la supremacía a la estocada , desviando la atención de los públicos hacia el toreo en sí mismo. Con Belmonte se consolida la incipiente osadía de Cúchares de librar a la muleta de su servidumbre del estoque, elevando a sujeto lo que solo era complemento; porque Belmonte no solo libera la muleta, sino el toreo entero, que ya puede gozarse a sí mismo con una intrínseca finalidad estética emancipado del baremo que ha venido evaluándolo desde la perspectiva de "preparatorio para la muerte"

".......lo que en Cúchares fue pinturería, artificio, donaire y jocosa claridad, en Belmonte es tiniebla, misterio, angustia; es su drama de las noches de Tablada convertido en metáfora de la angustia del ser humano. En ese Juan heroico de sus inicios no hay técnica; hay un aullido ancestral que se cuela en el corazón de los espectadores.................por eso su irrupción causa asombro, pasmo, estupor entre los públicos. Su feble figurilla contrahecha se transfigura heroica delante de las reses. La febril locura que asoma por sus ojos de iluminado, su quietud, su apropiación de los terrenos del toro, que él invade a desprecio de los principios y reglas entoncers en vigor, el patetismo que impregna a su toreo candencioso, angustioso a veces, asfixiante otras, le confieren personalidad de loco admirable al tiempo que presunta víctima de los toros"

"........el temple no constituye un apartado del toreo belmontino; el temple es algo íntimamente disuelto en él, algo consustancial a su existencia, que está en todas partes y en ninguna. Por lo tanto, en su concepción, no es algo externo que venga impuesto por las condiciones del toro, sino por el sentimiento y la inspiración que en cada momento asistan al torero...........que lo lleve dentro. El temple en Belmonte, y a partir de él, no es ya un mero acompasar embestida y engaño a fin de que el lance o muletazo salga limpio, exige además que esa concordancia de movimientos se realice a ritmo lento y que tal lentitud venga obligada por el torero, capaz en su soberanía artística de imponer a la impetuosa o dulce embestida del toro la cadencia que le sale del alma............En Belmonte, y desde Belmonte el temple arranca de su sentimiento íntimo, de ese yo artístico que al decir de Juan le hizo citar en muchas ocasiones, más que con el capote o la muleta, con la llama viva de su concepción del arte para torear despacio y limpio a toros fuertes y rápidos....................Para Belmonte, el temple era algo inefable de lo que a veces se sentía poseído, mientras que en otras lo buscaba desesperadamente sin encontrarlo por parte alguna.................¡Misterios del toreo!"


"Belmonte se alzó triunfador del toro y de sí mismo, pero -y aquí viene lo verdaderamente importante para entender su tirón popular- no desde una posición de superdotado para el arte -nada más lejos del gallardo héroe que su grotesca figura de "galápago"-, sino desde un plano de inferioridad que conmueve a las masas. No es un dios apolíneo que suscite admirativa envidida; de primeras da la impresión de ser un pobre diablo peor dotado físicamente para el toreo que la mayor parte de los que ocupaban los tendidos para verle. Más bien parece un hombre aparentemente inferior, que mueve a lástima; un ser postergado por la sociedad y condenado por ella de antemano a ocupar su puesto miserable en las últimas sentinas de la misma. De ahi el tremendo impacto de su metamorfosis triunfal. Es David venciendo tarde a tarde a Goliat"



Juan Posada escribe:

 "Belmonte, incapaz de ofrecer la copia de la realidad natural del arte de torear con fundamento técnico, como Joselito, se apoya en su interior. Proclama sus sentimientos a través del toreo. Expresión pura, muestra la nueva forma de decir el arte de lidiar..............Fascina, como todas las manifestaciones artísticas acogidas al expresionismo................Al toreo de Juan Belmonte se le debe aplicar la frase "llegó a desplazar el centro de gravedad de las artes" (en este caso, el arte torero)....................Belmonte, el Picasso del toreo, convirtió a los toreros en artistas....................Su aparición incorporó el toreo a los movimientos vanguardistas de principios del siglo XX......................Oposición al intachable clasicismo de Gallito, tan puro que sólo él podía reflejarlo ante el toro..................Se afirma que Juan Belmonte fue el innovador del toreo. Así es, aunque poco habría logrado sin la perfección normativa de Joselito.....................Los éxitos de Belmonte, en el ruedo y en las taquillas, desterraron la Fiesta enérgica y dura de antaño. La diversión, concepto desconocido en los cosos, sustituyó a la tensión emotiva. Alertados, los ganaderos aceleran el proceso iniciado para suavizar el fiero carácter del toro. Comprenden que el toreo del futuro está en el que practica Juan. Y que para realizarlo asiduamente y llenar las plazas se necesitan reses templadas. En menos de veinte años, la lidia será historia...........................Hasta Belmonte, los toreros se limitaban a pelear, a lidiar a los toros. A partir de Belmonte, comenzaron a crear arte con ellos................Desde entonces así ha sido y será. ¿Para bien? ¿Para mal? Simplemente, para continuar la evolución"

Juan Pedro Domecq, en su libro Del toreo a la bravura, escribe:

"Quien más influyó a Joselito en su trayectoria taurina fue Juan Belmonte. Belmonte no viene de una familia taurina, ni siquiera aficionada a los toros, y por ello no está impregado de los conocimientos de la Tauromaquia de su época. A Chaves Nogales, su biógrafo, le dirá que él torea "con su espíritu, con su alma". Lo verdaderamente cierto es que cuando Belmonte, como novillero, se puso delante del toro, no intentó burlar su acometida como se había estado haciendo hasta ese momento; simplemente se quedó quieto y dejó que el toro pasara, acompañándolo con los vuelos del capote y la muleta. Esta nueva forma de colocarse ante el toro le supuso sufrir cogidas con enorme frecuencia, pero él insistió en su concepto de toreo, y cuando éste cuajaba, provocaba la catarsis en el público"



El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"El año de 1913 es el de su consagración. La afición, entre admirada y sorprendida, presencia algo inconcebible: el terreno que señorea el toro es hollado por un torero con mando y temple que pisa tierra hasta entonces vedada. Abatidas las lindes, el hombre, el lidiador, sabe que desde aquel momento su espacio se ensancha cuanto reduce el del toro"

"De Belmonte diré que fue muy valiente; que concibió y puso en práctica un toreo adecuado a sus escasas facultades; que la clase y la forma de lidiar sorprendió por el terreno en que lo verificaba y porque, indudablemente, aminoraba la importancia de las cogidas; que no se estacionó, sino que siempre fue a mejor. La desaparición de Joselito, y con él de su competencia, no le restó ánimos. Sobrepuesto a la impresión, superó su calidad de matador, durándole menos los toros y cobrando estocadas perfectas de ejecución. Que tuvo y conserva una afición sin límites, y que es creador de escuela, porqué obligó a los demás a imitar sus modos y maneras. El mismo Joselito, tan grande como fue, le debe mucho, pues perfeccionó su forma de hacer al asimilar la de Belmonte; cuando murió, su toreo de capa estaba influenciado por el estilo belmontino. Juan es, en resumen, un revolucionario (un fenómeno le llamó Don Modesto) del arte de torear. No fue mi preferido, porque mis preferencias se llaman Lagartijo, Guerrita y el mismo José, y doy más importancia a la lidia de un toro difícil que a los preciosismos que admiten los fáciles; pero estimo que, en su estilo y como innovador, ha sido el mejor, aparte su valentía de buena ley. No lucía en la lidia de los toros de los demás, porque sus facultades no se lo permitían; pero supo siempre estar bien colocado. Su forma de torear de capa, hoy anticuada y que tanto llamó la atención, el pase ayudado por alto, el de pecho y el molinete en el terreno que él los daba y alguna estocada en la segunda etapa, pasarán al libro de oro de la historia taurina"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"Y el propio Belmonte, en definitiva el creador del temple en el toreo, añade: "Puedo decir, sin jactancia, que muchas, muchísimas veces cité, más que con el capote o con la muleta, con la llama viva de mi concepción del arte; y que, citando así, toreé despacio y limpio a toros fuertes y rápidos. Cuando el acierto y la inspiración fueron mis acompañantes, el lento andar del engaño que mis manos movían regulaba la velocidad del toro. Era, pues, éste el que se ponía a mi son, y no yo al suyo". Y Ramón Pérez de Ayala, escribió en su libro Política y toros: "Belmonte es la emoción. Todo en él es pausado, casi estático. El recuerdo de su arte, perdurable. Suspende el tiempo. Un solo pase de él dura una eternidad. Esto es lo que los técnicos denominan torear templado. Sin comentarios"

"Antes de Juan Belmonte, el toreo era esencialmente dinámico; después de Belmonte, el toreo es, en lo fundamental, estático. Al revuelo de pies de los toreros prebelmontinos ha sucedido la quietud actual, que Manolete llevá a la más alta cima e introdujo definitivamente en el toreo. Lo que antes era movimiento, es decir, toreo de pies; ahora es toreo de cintura, de brazos, de muñeca................Toda la evolución taurina radica en ese cambio"

"Nada menos que de Juan Belmonte es esta frase: "..........en el toreo hay -según yo lo entiendo- algo más que la técnica del parar, templar y mandar; existe una cosa íntima que ha de poseer el artista: un sentimiento fogoso, vibrante, apasionado -casi lindero con lo sexual y erótico-, que el lo que más se transmite a los públicos"

"¡Y estamos en 1925! Entonces, Belmonte torea mejor que nunca, convertido ya, por obra y gracia de su contacto con su rival Joselito, en lidiador, es decir, en torero de arte y en torero de cabeza, en torero que torea bien y en torero que sabe torear: en un torero completo....................Pero no sería justo si no dijera que para el propio Belmonte su mejor época no fue esta segunda, sino la primera, y así lo dice bien claro en el libro de Luis Bollaín titulado La Tauromaquia de Juan Belmonte: "Yo voto por los tiempos iniciales del belmontismo -los heroicos-, porque tengo la firme convicción de que fue entonces cuando mejor toreé". Convicción que, por otra parte, comparten también algunos excelentes aficionados que vivieron ambas épocas"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"............Montes (Antonio) sin embargo, no ha podido influir en Belmonte, con quien, bien mirado, no tiene otra semejanza que el aspecto físico, y no en orden a las facciones, sino a su expresión y contextura. Belmonte, probablemente, no se ha fijado en nadie. Ha visto a todos y a ninguno. Porque alienta en él todo el egotismo del genio. Su técnica es toda intuición...................La primera impresión -escribíamos en el libro de Juan Belmonte- que causa el trianero en los públicos no es distinta de la que produjeron con su arrojo Espartero y Reverte, y aun el mismo Emilio Bomba de los años 95,96 y 97. Es el acreditado fenómeno, y, por tanto, conmovedor y pasajero en que fue siempre fecundo el huerto del sevillanismo. Pero bien pronto se dibuja por encima de la figura del valiente la silueta del artista"

"Triunfa Belmonte. Se imponen sus normas. Algunas de las virtudes que en El arte de Birlibirloque se señalan como virtudes clásicas -ligereza, agilidad, rapidez-, descienden al rango de vicios. Y el apuntado como vicio más nocivo, el de la lentitud, se eleva, por el imperio de la nueva escuela a la categoría de principio fundamental. Ya, el que no toree despacio, no será torero. Si el destino hubiese sido menos cruel con Gallito, el Súmum birlibirloquesco torearía ahora despacio. En lo más elemental, en la primera asignatura del toreo -el toreo de capa- despacio toreaba ya. Y despacio -¡oh, templadísimos pases en redondo al toro de Santacoloma en Madrid!- ajustándose al nuevo ritmo, toreaba también luego, el que, predestinado a suceder a Gallito -el diestro valenciano Manolo Granero- se encontró prematuramente con la muerte----------------------El mérito extraordinario de este torero excepcional (Belmonte) no ha sido exclusivamente el torear despacio, sino el de graduar el de graduar el impulso del enemigo y el de tantear con una intuición privilegiada el terreno y la distancia propicios a la acometividad de la res. Templar no quiere decir torear invariablemente despacio, sino procurarle a cada suerte y en cada momento la mayor lentitud "compatible" con el temperamento del toro. Es buscarle el temple a la suerte en relación con el toro, como a un metal en relación con el fuego"



César Jalón, en sus Memorias de Clarito, escribe:

"Cuando mis estudios -lo leído, lo escuchado y lo visto- me sazonaron el juicio, rectifiqué comprendiendo a Costillares, mejor que a Pedro Romero, como el más grande torero de la prehistoria; a Paquiro, de la edad antigua; a Lagartijo, de la edad media, y de la edad moderna, a Belmonte"

"-Ese precepto de la mano baja para recoger los toros y, embebiéndolos, subrayar el mando hacia su salida -aventuro en la charla del hotel provinciano un día de corrida-, parece que lo anticipó el capote de Fuentes, a quien se tiene por el primero en desemparejar las manos para el toreo de capa.
Y Belmonte tartamudea:
-No.....he.......visto nunca a Antonio Fuentes.
-De esa lenta y ceñida media verónica, rúbrica de los lances de usted -porque toda la vida traté a Belmonte de usted y de tú a Joselito- y asimismo de sus templados lances de capa, cuentan haber rasgos precursores en el capote de Montes, con los pies quietos, a primeros de siglo.
Y él insiste:
-Tam......poco he visto nunca a Antonio Montes"


"Ha muerto Joselito. Desamparado Belmonte, agobiado por su orfandas, no tardará en irse del palenque. Volverá luego, al decir de muchos más duro, más ducho, más maestro. Grande error: él no será más, sino que los toros -rebajados so el peto y puya nueva y rebajada su sangre- serán menos. Como él mismo había dicho, refiriéndose a la antigua suerte de varas, "el temple de la muleta depende mucho del temple del palo", y ahora, en su nueva etapa, el peto templa más que el palo y más a menudo.......................Contra lo propalado, principalmente por escritores y aficionados que no le vieron entonces, su mejor época fue la primera y no la de los años subsiguientes a la reaparición...............Por varios años, eso desde luego, cosechará lauros sin cuento y brillarán en lo alto su personalidad incomparable y su inextinguible valor..................Pero su edad de oro, originaria de la edad de oro del arte torero, ha finado al finar del gemelo en grandeza que fue su sustentáculo y su único par. El uno resultaba más grande junto o enfrente del otro"




Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


“Su manera de torear produjo verdadero estupor…………..El toreo de Juan Belmonte rompe con las normas del toreo definitivamente, aumenta el riesgo de las suertes en lugar de disminuirlo. A partir de Belmonte el toreo se basa en la quietud de piernas y en el juego de brazos. En dominar al toro con gracia, con belleza, y sobre todo con temple, con lentitud. A partir de Belmonte, como a partir de Guerrita, cuya culminación fue Joselito, el toreo sólo sigue los cánones establecidos por el revolucionario trianero”


“Los puristas no quieren aceptar el nuevo toreo que practica Belmonte. Asi, por ejemplo, F. Bleu escribe: Se me ocurren pocas cosas para juzgar a Belmonte. ¿Se atreverían ustedes a justipreciar los méritos y los defectos de un cantante afónico, de un orador tartamudo? Pues tampoco se puede hacer un juicio cabal de un lidiador de toros si carece de la corpulencia, de la fuerza, de las facultades, de la salud, que son imprescindibles en el ejercicio de la profesión más necesitada de vigor físico. Me hace el efecto de un mal novillero con momentos de torero cuajado y definitivo. Un especialista en dos o tres suertes y un perfecto chapucero en todo lo restante”


En el Anuario Taurino de 1914 aparece este comentario: En su primera temporada como espada de alternativa ha recorrido las plazas de España; es imposible dar la impresión exacta de lo que es este diestro. Con la capa y la muleta, buenísimo con el toro que acude bien al engaño, deficiente con los toros difíciles, por carecer de dominio”


Juan Belmonte le cuenta a Chaves Nogales su impresión sobre Joselito: En aquel tiempo Joselito era un rival terrible; su pujante juventud no había sentido aún la rémora de ningún fracaso; las circunstancias providenciales que le había llevado gozoso, casi sin sentir y como jugando, al máximo triunfo, le hacían ser un niño grande, voluntarioso y mimado, que se jugaba la vida alegremente y tenía una actitud altiva como la de un dios joven. En la plaza le movía la legítima vanidad de ser siempre el primero. Para conseguirlo se daba todo él a la faena con suma gallardía pocas veces superada. Frente a él yo tomaba fatalmente la apariencia de un simple mortal que para triunfar ha de hacer un esfuerzo patético”


“En el Anuario Taurino de 1927 aparece este comentario: El Belmonte de hoy no es el Belmonte de ayer; es otra personalidad distinta, que seduce y atrae tanto más que lo que le abrió las puertas de la celebridad. Al renovarse ha impregnado su arte de mesura y continencia; sus normas son más serenas; sus faenas están llenas de valentía, como antes, pero también de firmeza, de seguridad……………Juan Belmonte fue influido por los cánones clásicos que Joselito había llevado a su culminación”


“El propio Belmonte analiza, con la inteligencia que le caracteriza, esa época (1934): Para mí lo más importante de la lidia, sean cuales fueren los términos en que el combate se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo”



Gerardo Diego termina así su Oda a Belmonte:


Cuando la madurez acrisolada

del fundador del hierro y del

cortijo.

Cuando un nombre, una gloria

y una espada

y la heredad de un hijo.

Yo canto a Juan Belmonte y

sus corceles

galopando con toros

andaluces

hacia los olivares quietos,

fieles

y –plata de las tardes de laureles

canto un traje –bucólico de luces.




El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su libro Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Juan Belmonte, el mayor revolucionario del toreo. Hasta Belmonte, la técnica se basaba en la esquiva y exigía unas facultades físicas notables, sobre todo, juego de piernas...............Belmonte carecía de los recursos físicos para la esquiva continua y, en eso primeros años, fue cogido a menudo por los toros, aunque sin gravedad. Sirviéndose de la longitud de sus brazos, decidió adueñarse del terreno y sustituir el toreo de piernas por el de brazos, obligando, así, a los toros a hacer lo que no querían, imponiéndoles idas y venidas alrededor de su cuerpo, casi absolutamente inmóvil, y buscando constantemente el temple, es decir, la adecuación entre el movimiento del engaño y la velocidad de la embestida del toro. Controlando y reduciendo esta velocidad, podía proporcionar al pase lentitud y duración. Juan Belmonte se lo explicó a Luis Bollain: "Yo concebí el toreo como la antítesis de la lucha, de la brusquedad, de la violencia, de la rapidez. Yo -ese "yo" artístico que todos llevamos dentro y que en unos de exterioriza y que en otro queda "sin editar"- sentí el toreo como cadencia, ritmo, suavidad, lentitud........Y así lo hice siempre que los toros me dejaron. Puedo decir, sin jactancia, que muchas, muchísimas veces, cité, más que con el capote o la muleta, con la llama viva de mi concepción del arte, y que, citando así, toreé despacio y limpio a toros fuertes y rápidos. Cuando el acierto y la inspiración fueron mis acompañantes, el lento andar del engaño que mis manos movían regulaban la velocidad del toro. Era, pues, éste el que se ponía a mi son y no yo al suyo". No se puede ser más claro. Se comprende, así, perfectamente, que los intelectuales, con la única notable excepción de José Bergamín, hayan tomado partido por Belmonte. Valle-Inclán, Pérez de Ayala o Romero de Torres veían en Belmonte al innovador, al creador de un nuevo lenguaje que elevaba la tauromaquia a la categoría de un verdadero arte............De hecho, Auguste Lafront lo ha explicado perfectamente: gracias a Belmonte la tauromaquia alcanzó "la universalidad de un arte plástica", accesible  a gentes de todos los países, sin necesidad de tener ascendencia hispánica, lo mismo a Ernest Hemingway que a Jean Cocteau, a Orson Welles que a Michel Leiris. Belmonte, en sus grandes tardes, ligaba los pases en el mismo terreno, lo que no quiere decir que repitiera, mecánicamente, los mismo pases, como hacen hoy en día los toreros mediocres; el acoso del hombre a la fiera se prolongaba, así, hasta la angustia, hasta que el torero se liberaba por fin, mandando al animal lejos de él, al rematar la serie. Pero Lafront tiene razón al añadir: "El reverso de su gloria es el de haber acelerado, indirectamente, la decadencia del ganado, incitando a los ganaderos a generalizar, para sus imitadores, la cría de toros faltos de poder y de sentido"

"Hasta Belmonte, el toreo se fundamentó en la esquiva, la estrategia de los débiles. A partir de Belmonte, el hombre decidió adueñarse del terreno y ser él quien ordene las trayectorias del animal. Sólo lo puede conseguir, de una manera duradera y definitiva, transformando el comportamiento de los toros, cuya agresividad se ve reducida por las selecciones, sin que desaparezca del todo, ni muchísimo menos. Esta evolución, ¿no es el signo de un dominio creciente del hombre sobre la naturaleza? Pero este dominio es incompleto: la naturaleza se venga cuando el toro inflige una herida o mata"


Carlos de Larra, más conocido como “Curro Meloja”, en su libro Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:


“Pues en el Toreo, señores, Juan Belmonte ha sido……….la luz eléctrica. Los aficionados de la antigüedad sólo conocieron la luz del candil  -la luz de Montes, luego, el petróleo de “Lagartijo” y después el gas de Rafael Guerra; pero hasta Juan Belmonte nadie les descubrió la luz diáfana y maravillosa que había de alumbrar el Toreo para siempre, aunque el descubridor fuera acogido con asombro, con dudas y……..¡con espanto! Aquel mozuelo enclenque cargado de espaldas, con piernas “de trapo”, mentón saliente, “tan pequeñazo, tan desinificante”, que avanzaba hacia el toro con aire de cansancio o de sacrificio y que cuando la fiera se le arrancaba “para comérsele” clavaba los pies en la arena, tensaba los músculos de sus remos febles, enarcaba su pecho hasta tocar con la barbilla, y se erguía, majestuoso, desafiando a los pitones y dejando que se le acercaran hasta casi rozarle, para despedirlos y volverlos a atraer una y otra vez, “sin enmendarse”, con el lento y tranquilo juego de su capotillo o de su muleta…….aquello tenía que ser arte endemoniado, cosa de brujería –“Así” no se puede torear, decían los aficionados sesudos y ortodoxos……..Pero lo cierto es que desde entonces ya no se puede torear más que “así”. Y es que Belmonte impuso para siempre unos cánones desconocidos rompiendo moldes y terrenos, derrocando reglas, asentando el toreo sobre una nuevas bases: parar, templar y mandar……………Competencia, seis años, con “Joselito”. Época de Oro del Toreo. Muerto José, sigue Juan su senda de caminante solitario, rey y señor de todos los caminos. Se retira dos veces; vuelve a los toros. Y vuelve más torero; matador, al final, seguro y perfecto; siempre genial y revolucionario………….”Así” no se puede torear. Pero Belmonte torea así ahora, como toreaba así antes. ¡Arte del demonio! ¡Luz eléctrica!”




Benedicto Torralba de Damas, en su libro Filosofía del toreo, editado en 1932, en las páginas 182-187, escribe:
 
"Belmonte arruinó aquel simplicísimo concepto del toreo: Torear es quitarse cuando viene el toro, para evitar que el toro le quite a uno. Este concepto, vaciado por Lagartijo en un molde sentencioso de buen cordobés, es insostenible………..En la cátedra experimental del coso, Juan Belmonte se ha cansado de enseñarnos que torear es esto: citar, aguantar, empapar en el engaño, mandar en el viaje y marcar la salida natural de la suerte. ¡Casi nada!.......Citar y no aguantar es el toreo del miedo; citar y aguantar, cuando no se sabe mandar, es el toreo del suicidio; citar, aguantar y mandar a medias con el toro, es el toreo usual; citar, aguantar y mandar es el toreo de los maestros. El toreo de Belmonte es el toreo de los maestros, pero en un grado máximo de perfección y ennoblecido por un no sé qué de altísima belleza. Por un no sé qué. Ni el análisis técnico, ni la hipérbole vulgar y gráfica pueden señalarnos el elemento, el rasgo fundamental del toreo belmontino. Los que no hayan visto torear al trianero, aunque llegaren a leer toda la literatura referente a él, no tendrán conocimiento exacto de cómo toreaba……….Belmonte es el continuador y purificador de la escuela rondeña. Quiere decirse que es el espíritu mismo del Toreo encarnado en una criatura. Y como para hacer más tangible esta verdad, la Naturaleza dio a Belmonte, no un cuerpo de atleta, de gladiador, sino un pretexto de cuerpo, lo que bastase para que el milagro de aquel espíritu pudiese manifestarse a los sentidos del hombre……….La insignificancia corporal de Belmonte ha sido en su toreo un elemento estético de importancia, porque hacía resaltar la inferioridad física del hombre respecto a la fiera y el triunfo de la inteligencia y de la inspiración sobre la fuerza bruta, es decir, la esencia misma del toreo……..El arte de Belmonte ha sido emocionante no por lo arriesgado, sino por lo preciso. Un diestro que se limite a jugar con la Muerte entre los cuernos de una bestia y en cuyas faenas el azar lo sea todo, no emociona sino a los hombres de espíritu ineducado, incapaces para comprender las bellezas de la lidia. Un suicida, como se dice en la jerga taurina, no es un toreo……..Jamás fue ese el toreo de Belmonte. Los que se apresuraron a decir: “Es un suicida”, demostraron los escasos alcances de su visión crítica………Hablando con propiedad, no puede decirse, que haya sido un innovador del toreo, sino un revelador del toreo. No ha enseñado: Es mejor torear así, sino: Se torea así………El efecto más trascendental de la actuación gloriosa de Belmonte ha sido la depuración del gusto del público………Si no damos a la palabra heredero un sentido restringido, podremos afirmar que todos los toreros son herederos de Belmonte, porque todos ellos han recibido de él aquella revelación."

El escritor peruano Luis F. Odría, en su libro El arte del toreo y los secretos de la lidia, escribe:



“Quién inventó, con un sentido moderno, el toreo de cerca? Juan Belmonte, De siempre ha habido diestros que se arrimaran más que otros, con arreglo a su temperamento, pero Belmonte creó una nueva técnica de torear, según la cual le fue absolutamente necesario arrimarse, para sacar al toro con los brazos, ya que el torero no podía zafarse del embroque a fuerza de piernas. Sabido es que el famoso trianero carecía de facultades físicas para burlar con las piernas, en un momento dado, las embestidas del toro. Dicen que fue una miseria física. Entonces, por instinto, y por cálculo aprendió a arrimarse  a doblar al toro, sin apartarse un decímetro de los cuernos, con el fin de sacar al bicho con sólo un leve movimiento de brazos y de debilitarlo al pasarlo por naturales en un círculo cerrado…………En la medida en que el toro se revuelve en un círculo estrecho, así se relaja, o “descuajaringa”, como decían los antiguos. Juan Belmonte comprobó que al provocar la arrancada del toro desde una distancia mínima, le quitaba más ímpetu a los bureles; todo consistía en mover suavemente el capotillo. En una fracción de segundo los cuernos habían pasado al torero sin tocarle. Ahora bien, había que cuidar de que el bicho no se alejara, de ahí la tendencia moderna a ligar las faenas de muleta, con el fin de que un pase siguiera a otro sin que se modificara sensiblemente la distancia mínima entre el torero y el astado. Esta distancia, o terreno de mando, permitía al lidiador no perder el dominio sobre el bicho…………..”Tirar” del bicho era siempre menos peligroso que “aguantarlo”, o esperar sus tarascadas………………..Juan Belmonte se arrimó tanto, que formaba un grupo casi fundido con el toro. Nadie, ni “Manolete”, ni Arruza, ni “Chicuelo II” se arrimaron a los toros más que el trianero, por la sencilla razón de que ya no era posible apretarse más. La teoría de Belmonte determinó la lidia de cerca actual. Pronto aprendieron los toreros que cuando se provocaba la arrancada a pocos centímetros de las astas, el cuerpo del lidiador quedaba libre de ellas en una fracción de segundo………….La quintaesencia de ese toreo belmontino, a mi juicio, es la media verónica, en que Juan le daba la salida al bicho exactamente debajo de las axilas. Claro está que lo difícil es mantenerse sereno, mover las muñecas, guardar la mínima distancia entre los cuernos y el pecho del lidiador, sin estremecerse ni alterarse y sacar al bicho –o pasarlo- con limpieza................................Pero viene Belmonte con su nueva modalidad artística, y al cambiar el rumbo del toreo, modifica la técnica tradicional del mismo. Desaparece la denominación tenida por clásica, y surge una nueva estructura, por aparecer un nuevo elemento fundamental en el arte: el temple. El temple queda incorporado a la nueva técnica, porque al acoplarse a las reses y graduar su velocidad, surge la templanza de las suertes, como característica esencial del nuevo estilo. Y con el temple, el mando, pues “templar” quiere decir llevar toreado al toro, y al toro que se le lleva toreado, se manda en él. Y surge también un nuevo concepto del dominio”



“En los últimos años de Belmonte, cuando se cuajó en maestro, sus faenas eran breves, ligadas, ceñidas, -ceñidas de tiempo y de toreo- el toro moría donde le daba el primer pase. No sé si hoy les parecería poco, pero entonces parecía mucho, porque eran un estilo y una técnica impecables. Todavía recuerda la afición la tarde de su retirada en Madrid”




El escritor y poeta José Bergamín, en su libro La claridad del toreo, escribe:

"Creo que en Juan Belmonte, figura torera, dentro y fuera del ruedo, se cumple uno de los ejemplos humanos de vida y de verdad -españolismo, andalucismo, como en la pintura de Picasso, en la música de Falla, en la poesía de Antonio Machado -mayores y mejores que he conocido"


El mismo José Bergamín, en su libro El arte de birlibirloque, se declara abiertamente partidario del toreo de Joselito y muy crítico con la manera de entender el toreo de Belmonte, situándolo en las antípodas del toreo de Joselito:

"La sonrisa suicida del Espartero se hizo en Belmonte mueca desgarrada y doliente; y el toreo de torso esparterino, contorsión angustiosa y grotesca. Lo que Espartero profetizaba trágicamente, Belmonte, caricaturesco, lo cumplía: el toreo sin pies ni cabeza...........................Lo más lamentable de Belmonte es que toreó siempre a la funerala: muy despacio y torcido..........................A consecuencia de la decadencia malsana y enfermiza que engendró el belmontismo, todo en las corridas de toros se hizo monótono, pesado, torpe, lánguido: sin curvas y sin rapidez; sin variación. Belmonte fué un rencoroso Lutero empeñado en verificar moralmente, tramposamente, lo que es mentira, burla, gracia, el arte de birlibirloque de torear..................................El protestantismo belmontista ha ennegrecido sombríamente el toreo, apagando tristemente sus luces con el oscuro capirote de la tontería moral...........................El capote y la muleta de Belmonte eran rígidos, duros, sin flexibilidad ni gracia; porque para la trampa le servían como si fueran de cartón"


Extraigo algunos comentarios que Juan Belmonte le hace al periodista José María Carretero, más conocido con el pseudónimo de El Caballero Audaz, en su obra El Libro de los toreros:

"Yo creo que la afición la llevaba en la masa de la sangre. Allí, en Sevilla, existe la obsesión del torero.............Yo allí, con los chicos de Triana, en vez de jugar a otras cosas, había formado una cuadrilla y dábamos corridas, donde nos revolcaba el toro de mimbre"..................."Yo había visto muy pocas corridas...............Yo salí a torear formalmente sin haber presenciado más que una corrida de novillos"................"Yo creo que el toreo no se enseña ni se aprende. El que sabe, sabe porque sí, y el que no, no hay quien le enseñe"...................."Nos íbamos de noche a Tablada.Toreábamos desnudos, porque teníamos que atravesar el río a nado, dejando la ropa a la orilla. Y allí, a la luz de la luna o de un farolillo de acetileno, competíamos en verónicas, en pase de pecho y, sobre todo, en revolcones. Las verónicas eran mi especialidad. Muchas veces nos sorprendió el alba vendándonos las heridas que nos hacían las vacas"....................."Toreábamos con una blusilla que teníamos allí enterrada"...................."En una novillada benéfica me tocó un toro veleto, que me quitó el tipo ¡Qué fatigas pasé!........Me lo echaron al corral, después de haberme tirado por los aires más de veinte veces y haberle dado yo más de cien pinchazos ¡Lo que yo lloré aquella noche!. Entonces abandoné mis aficiones taurinas y me agarré al trabajo de bracero................Dos años estuve sin torear.............Volví al ruedo dispuesto a quedar bien o a que un toro me calase definitivamente. Se dio una buena tarde. Y lo demás lo saben todos.Tuve una racha de suerte y me bautizaron con el nombre de El Fenómeno"....................."No tengo predilección por las diferentes clase de toros. Me da igual. Los que salgan bravos. Yo no entiendo de toros una palabra...............No soy inteligente ni en toros ni en toreros"..................."Yo no me doy cuenta de si toreo bien o mal. Hago siempre lo que sé: unas veces gusta y otras no. El público sabrá por qué"........................."He tenido miedo muchas veces. Mejor dicho, siempre. ¿Quién es el gachó que no tiene jindama delante de un toro?. Ahora bien, ese miedo insuperable que le hace perder a uno la conciencia de lo que es, ése no lo he sentido yo jamás. Para mi es preferible la cornada de un toro a la vergüenza de una pita"........................."Creo que la tarde que mejor he estado fue en Écija. ¡Qué tarde!"........................."Nadie me enseñó el pase del molinete. Un día, toreando en Huelva, me salió un toro muy bravo, con el cual me harté de hacer cosas. Ya no sabía más y entonces intenté ese molinete, que no me resultó mal del todo"........................"No tengo preferencias de públicos. Mis mejores faenas las he hecho por los pueblos"......................."Hombre, sí; las mujeres me gustan mucho. ¿A quién no le agrada una gachí bien puesta?"........................"Joselito y yo seremos siempre dos buenos compañeros, aunque los apasionados se empeñen en lo contrario"......................"Me gusta más torear con la muleta que con la capa"............................"Acosar y derribar me gusta más que el toreo. Después leer y el cinematógrafo"


Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"La novedosa estética de Juan es atrayente y tan bella que será la que impere como referente en el toreo del siglo XX. Hasta tal punto será importante la estética de Belmonte, que aquella revolución se convertirá, diez años después de aparecer, en exponente del máximo clasicismo.................Ser el gran esteta del toreo supone ya una fantástica proeza. Belmonte fue, es y será importantísimo, pues él es el autor de las actuales formas. Ahora bien, lo de la revolución técnica belmontina conviene desmentirlo.............Gloria a Belmonte como esteta del toreo. Como técnico, no. Los logros técnicos que se le han atribuido a Belmonte son en realidad de Manolete..............Juan Belmonte supuso un paso adelante en la consecución de la quietud. Un paso muy importante, pero no definitivo. Todavía había mucho baile. Para quietud, la de Manolete...............Juan Belmonte fue una persona de una inteligencia extraordinaria.............Y esa misma inteligencia le permitió absorber como una esponja las enseñanzas de Joselito y, ahora sí, poner en práctica su estética particular.............Él se esfuerza por relativizar los exagerados florilegios de sus partidarios...............Nunca se creyó su propia historia, ni pensó que él era el revolucionario de la Fiesta. Decía: "Esos amigos generosos que formaron el llamado belmontismo".................Juan Belmonte tuvo también sus predecesores: El Espartero y Antonio Montes intentaron un toreo en esa misma línea. No lo consiguieron. A los dos les mató un toro......................Suerte análoga hubiera corrido Belmonte de no haber sido por la buena fortuna que le acompaño en sus principios, cuando tanto le cogían los toros, y por su inteligencia para aprender.......................Aunque a Belmonte le ayudaca un antiguo banderillero de la cuadrilla de Antonio Montes, Juan en sus principios fue autodidacta. Toreaba así porque le surgía espontáneamente, y punto................El desmedramiento físico de Juan y su torpeza consiguiente, le forzaban fatídicamente a hacer ese torero, pero no era un torero buscado conscientemente por él...............Belmonte llamó la atención pronto. Los toreros que están siempre al borde del precipicio suelen llamar la atención.....................Debo decir que Belmonte toreaba muy arcaicamente.............Lo de la "revolución" es cosa de sus exégetas. Él nunca pretendió revolucionar nada. Tan osada afirmación se demuestra con los siguientes datos: Con el capote toreaba con las manos muy altas, tal y como hacían los anteriores. Jamás toreó en redondo, ni siquiera en su última época. Realizaba las faenas a la antigua usanza, es decir, dando un muletazo por cada pitón. Usaba la mano izquierda con la misma tacañería que sus predecesores: sólo ante toros excepcionales y en un número de pases muy limitado.....................Otro tema muy interesante es la tan traída y llevada quietud de Juan Belmonte. Es un tópico comúnmente aceptado por todos que antes de Juan se toreaba en movimiento, y después de él con quietud......................Belmonte es un paso adelante en el camino para conseguir la quietud. Sin él pretenderlo, forzado por sus limitaciones físicas, no podía quitarse con la celeridad con la que se quitaban los demás...............Belmonte se quedaba más quieto que sus contemporáneos, pero no quieto totalmente.....................Lo que distinguió a Belmonte de todos los toreros anteriores a él fue su personalísima estética. En esto sí que es distinto y revolucionario.................Juan Belmonte sólo tiene una importante aportación técnica...................el cruzarse con los toros. En este requisito técnico descansa todo el edificio belmontino. Aquí está el quid de la cuestión. Éste es el secreto de la supervivencia de Belmonte, y no una quietud más o menos impostada...................Belmonte, después de volar mil veces, comprobó que había un sitio al que era muy difícil llegar, pero que si se conseguía llegar, el toro se desplazaba lejos y no hacía por él. Ese lugar estaba en el pitón contrario; había que irse ahí para desplazar a los toros. Por eso Juan sobrevivió en el toreo............Al desplazar al toro, podía permitirse una parsimonia imposible para quien no estuviera cruzado. He aquí el logro técnico de Belmonte. Se había descubierto la teoría del toreo cambiado o contrario.....................Belmonte es el padre del toreo contrario, toreo de concepto defensivo. Juan tuvo que buscar esta seguridad para librarse de las palizas que le propinaban los toros.............Pero su estética, basada en el compás abierto y el pecho por delante, era tan magnífica que lo desmanteló todo. Juan Belmonte es el canon estético del toreo. La estética más bella jamás soñada.............Pero Belmonte no fue, ni mucho menos, un virtuoso del temple. Prueba de ello es que los toros violentos le arrebataron el engaño muchas veces. Juan no tenía una habilidad especial para adaptar la velocidad del engaño a la velocidad del toro. Faltaban veinticinco años para que surgieran los virtuosos del temple"

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