martes, 24 de enero de 2012

PEDRO ROMERO y CURRO GUILLÉN





"Pasea la gran plaza el animoso
mancebo, que la vista
lleva de todos, su altivez mostrando;
no hay corazón que esquivo le resista.
Sereno el rostro hermoso,
desprecia el riesgo que le está esperando;
le va apenas ornando
el bozo el labio superior, y el brío
muestra y valor en años juveniles
del iracundo Aquiles.
Va ufano al espantoso desafío,
¡con cuánto señorío!
¡qué ademán varonil! ¡qué gentileza!
Pides la venia, hispano atleta, y sales
en medio con braveza,
que llaman ya las trompas y timbales"
"
No me miró Jasón tan fieramente
en Colcos embestido
por los toros de Marte, ardiendo en llama,
como precipitado y encendido
sale el bruto valiente
que en las márgenes corvas de Jarama
rumió la seca grama.
Tú le esperas, a un numen semejante,
sólo con débil, aparente escudo,
que dar más temor pudo:
el pie siniestro y mano están delante,
ofrécesle arrogante
tu corazón que hiera, el diestro brazo
tirado atrás con alta gallardía;
deslumbra hasta el recazo
la espada, que Mayorte envidiaría"
...........................
Tu gloria llevaré del Occidente
a la Aurora, pulsando el plectro de oro;
la patria eternamente
te dará aplauso, y de Aganipe el coro

Nicolás Fernández de Moratín. A Pedro Romero, torero insigne
(Formado en el clasicismo, el poeta ve al torero como a un héroe griego. Elige como metro la alternancia clásica de endecasílabos y heptasílabos, utiliza un léxico culto, acumula epítetos, perífrasis, metáforas encadenadas, alusiones mitológicas. Comentario de Andrés Amorós en Toros y Cultura)



Cinta ya fugitiva, nada vive
de tus claros millares de faenas.
Y resbalan memorias en declive,
igual que de las manos las arenas.

                                                                       Gerardo Diego


Valor y destreza suma
mostró el espada de Ronda
en los lances de la capa
y donde el peligro asoma.
Si sus quites son amparo
y sus navarras airosas,
lo firme de su figura
no por eso se hace sombras;
que es reposado en las suertes,
animoso en la alevosa
revuelta del toro fiero
cuando lo burlan o acosan;
sereno en el mortal trance
que el animal no perdona,
si el que lo sufre y padece
no usa de su vista toda.
Al punto de darle muerte
asciende Pedro el de Ronda
a lo alto de su poder,
y aquí su espada es corona
del más arriesgado riesgo
que con los toros se topa.
¡Qué brío en el recibir
a la fiera en esta hora!
¡Qué sublime en el encuentro
que el enemigo le forma!
Allí se está Juan Romero,
el de las suertes famosas,
viendo en el hijo al rival
que más que herirle le honra;
y de sus ojos por dicha
lágrimas de gozo llora,
porque es gloria de su sangre
y orgullo de su persona.
El pueblo grita y le aclama,
se escandaliza y abronca,
pues de mil voces la fuerza
valor y triunfo pregonan.
Costillares, receloso,
ve como al astro que monta
a otros astros por más brillo,
que aquí es el cielo su gloria,
y el joven Pedro Romero
con la espada se la roba.
Nieto es de aquel Francisco,
de los mejores de Ronda;
gala del padre y abuelo,
sobre los cuales se nombra.

Pedro Valdivieso. Misceláneas y Curiosidades




El arte del toreo
fué maravilla
porque lo hicieron juntos
Ronda y Sevilla.

Unieron dos verdades
en una sola
con Illo y con Romero
Sevilla y Ronda.

De Sevilla era el aire
de Ronda el fuego:
y los dos se juntaron
en el toreo.

Y como se juntaron
los dos rivales
no habrá nada en el mundo
que los separe   /...

José Bergamín. Seguidillas Toreras


Ronda te ronda la faja
que hace breve tu cintura.
Esguince de línea pura,
sota de cualquier baraja.
La Plaza es una rodaja
de limón, ¡tan amarilla!
La Maestranza de Sevilla,
chica como una moneda,
se hace perfumada seda
soñando tu zapatilla.

Qué arrebolera de encaje
espumando tu chorrera;
qué gracia repajolera
rindiéndole vasallaje
al alamar de tu traje.....
Qué desazón sólo verte
echar, cara o cruz, tu suerte
y pasar, burla burlando,
tras tu capotillo blando
cincuenta arrobas de muerte.

Yo bien que te lo decía,
dueño del mejor estilo,
que era ese poco sigilo
para tanta Andalucía;
que era muy grande alegría
para tan pequeño suelo....
Cambiaste tu terciopelo
por el percal de la historia
y en hombros vas de la gloria
por esos cosos del cielo.

                                   Fausto Botello. Décimas a Maese Pedro Romero



Serranía redonda,
plaza de Ronda.
Y la luz del toreo
mide su onda.

Es primavera apenas,
duerme el albero.
Yo piso tus arenas,
Pedro Romero. /....

Gerardo Diego. Plaza de Ronda


Plaza de toros de Ronda,
la de los toreros machos,
pide tu balconería
una Carmen cada palco;
Un Romero cada toro,
un Maestrante a caballo
y dos bandidos que pidan
la llave con sus retacos.
Plaza de toros de Ronda,
la de los toreros machos.

Fernando Villalón. Plaza de toros



Dicen que hubo un torero
que cuando hacía el paseíllo
el sol perdía su brillo.
Se llamó Pedro Romero.

Anónimo


Cuando Pedro Romero
pisa la plaza,
no hay otro hombre en el mundo
de mejor planta.
¡Anda moreno,
no te quite la novia
Pedro Romero!

Seguidillas





Dos duquesas se disputan
los amores de un torero,
lero,
no se llama Pepe-Illo,
lillo,
se llama Pedro Romero,
lero,
se llama Pedro Romero,
lero, lero,
lero, lero,
dos duquesas y un torero.

Anónimo 

He libertao muchas vías
y en veinte años, poco más,
he dao mulé, resibiendo,
sinco mil seisientos bichos
sin tener una corná.

                               De la Zarzuela Pan y Toros, de Picón y Barbieri


.......oye y dirate
de Cándido y Marchante la progenie,
quien de Romero o Costillares saca
la muleta mejor, y quien más limpio
hiere en la cruz al bruto jarameño.

Gaspar de Jovellanos


A Romero con fortuna
le regalan el bolsillo,
y a Costillares con versos
tan solamente el oído.
......................
......................
Qué valor, serenidad,
espíritu, gentileza,
noble esmero y entereza
hay en Romero, es verdad.
Mas destreza, habilidad,
dar el golpe si bien viene
u omitirlo si conviene,
para no dar dos o tres,
estas prendas sólo es
Costillares quien las tiene.

Entre todos los censores
del famoso Costillares,
aunque se cuentan millares,
son muy pocos los señores;
éstos forman superiores
juicios que el vulgo chispero,
el cual adicto a Romero,
por capricho y por antojo,
aplaude el bárbaro arrojo
y vitupera a un torero.

Coplas




Recojamos alguna de sus máximas que nos pueden aproximar a su concepción del toreo:

"Más se hace en la plaza con una arroba de valor y una libra de inteligencia que al revés"

 "El lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus manos" (se refiere, por supuesto, a sus brazos)......."

"Parar los pies y dejarse coger, este es el modo de que el toro se consienta y descubra" (quiere decir, naturalmente, hasta el punto de que el toro crea que ha cogido al torero).

"Más cornadas de el miedo que los toros"

"El matador nunca debe saltar la barrera, ni huir con espada y muleta"

"El cobarde no es hombre. Para torear se necesitan hombres"


La interpretación que José Alameda hace de estas citas es que Pedro Romero "preconiza un torero de aguante, en que el diestro no abandona su terreno, ni expulsa del suyo al toro. Toreo de reunión, no de expulsión. El toreo de línea natural, opuesto al toreo cambiado.

Para Pedro Romero, su oficio era el de matador de toros, y en la gran división que pudiera establecerse entre los diestros de todo los tiempos, de matadores o toreros, Romero ocuparía el primer puesto entre los matadores.

"Armé la muleta..........., me presenté a una distancia regular citando (al toro) y a una de las citas que le hice me arrancó; yo me cambié y lo recibí a muerte"

"La capa, bien manejada, es como el embeleso de los aficionados inteligentes; es como la raíz de todas las otras suertes; es en la que más brilla el conocimiento del lidiador"


“Parar”, es el modo necesario a la demostración del valor y que se puede juntar a la destreza”

                                                                      Pedro Romero


                                                                                                                                       


















ESTAMPA



EL TOREO CÓMICO






LA LIDIA














Pedro Romero nació en Ronda el 19 de noviembre de 1754. Fue el más ilustre de una dinastía gloriosa. Era hijo de Juan Romero y hermano mayor de José, ambos matadores de toros. Empezó como segundo espada en la cuadrilla de su padre.

Falleció en Ronda, víctima de tabardillo, el día 13 de febrero de 1839

En el libro La dinastía rondeña de los Romero, de Jose A. Guerrero Pedraza, encuentro los siguientes datos biográficos:

"Pedro Romero nace en el Barrio de San Francisco de la Ciudad de Ronca el día 19 de noviembre de 1754 y según la tradición en la casa número 23 (actual) de la Plaza de San Francisco. Bautizado el día 24 del mismo mes, en la iglesia del Espíritu Santo de su ciudad natal...................Poco sabemos de los primeros años de Pedro Romero........aunque podemos imaginárnoslo presenciando los juegos y cañas que los Caballeros Maestrantes de Ronda hacían en el Ruedo de San Francisco, desde su casa natal, palco inmejorable que domina toda la plaza...........El Pedro Romero de estos años nos lo describe J. Sánchez de Neira en su obra "El Toreo" de esta manera:

"A los quince años era ya un hombre formado, robusto, fuerte y de elevada estatura......"

Banderillera por vez primera en Ronda el año 1770, acompañado de su padre en corrida celebrada en la Plaza Mayor de esa ciudad (actual de Duquesa de Parcent).......Según Pascual Millán en su "Historia de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla:

"......Tenía tal intuición torera que más estaba para dar lecciones que para recibir las que su padre pretendía enseñarle"

El año 1771 torea por primera vez en Ronda junto a su padre y su hermano José; pero dejemos que él mismo nos lo cuente:

"Que en el año de mis setecientos setenta y uno maté el primer toro en esta Ciudad de Ronda, siendo de edad de diecisiete años."

Según parece, esta corrida fué organizada por Juan Romero............Juan en aquella corrida le cedió a Pedro todos los toros, excepto y primero y el sexto que fueron estoqueados por él........Pedro terminó esta temporada en Algeciras toreando varias corridas de novillos.

García de Bedoya se refiere a esta corrida en los siguientes términos:

"La tarde anunciada se presentó Juan Romero en la plaza acompañado de su hijo Pedro y, una salva de aplausos resonó por todos los ámbitos del circo...........Juan Romero se encargó de dar muerte al primer toro para aleccionar a su hijo y que éste adquiriese una sucinta idea de lo que era forzoso practicar. Esta fue la primera vez que el lidiador del que hablamos vio torear a su padre. Todas las demás reses que se lidiaron aquella tarde recibieron la muerte por la mano de Pedro Romero, excepto el cuarto toro, que por ser bicho de mucho sentido se hizo el padre cargo de su defunción.................Cuando estas cosas ocurrían (1771), contaba ya Romero diecisiete años de existencia, y a tal edad le acompañaban buenas formas, robustez, agilidad y una fuerza colosal, cuyas cualidades reunidas hicieron concebir grandes esperanzas de este lidiador, que ciertamente no fueron defraudadas, porque cada día se le notaban adelantos en su profesión.....................Poco tardó Romero en conducir su fama tauromáquica por todos los ángulos de la península..........hasta que tan merecida reputación lo trajo a Madrid contratado"

El año 1772 empieza a destacar con el capeo a la navarra.....y practicando esta suerte y otras acompaña a su padre como medio espada..........El año 1773 es testigo de la muerte de su hermano Gaspar en Salamanca.......Emocionado por la tragedia, decide despedir la temporada y retorna a Ronda............Todo el año 1774 permanece en Ronda sin torear. Quizás fuera el suceso de Salamanca el que le hiciera dudar si seguir o no en su carrera taurina.

El 1 de mayo de 1775 hizo su presentación en Madrid en la plaza de la Puerta de Alcalá. Tal día, Pedro toreó como sobresaliente (y por tanto su nombre no apareció en los carteles) estoqueando dos de los toros lidiados por la tarde, que fueron el noveno y el décimo.........El 8 de mayo, segunda corrida, sí se anunció que mataría cuatro toros.......Siguió toreando varias tardes en Madrid ensombreciendo a Costillares, que veía en el nuevo torero de Ronda un competidor que podía incluso apartarle del favor de los públicos.

El año 1778 torean por vez primera Pedro Romero y Pepe-Illo en Cádiz. Comienza una nueva competencia que pasará a la historia del toreo con letras de oro. Existe una carta firmada por Pedro Romero, de la que se deduce que la rivalidad pudo ponerla en marcha el maestro barbero que afeitaba a los dos toreros. Pepe-Illo, a la hora de matar, dejó la muleta y usó un sombrero de castor. Romero, para no ser menos, se desprendió de la muleta, de la cofia y con una peinetilla que se usaba para sujetarla se acercó al toro y lo echó a rodar de una estocada en lo alto de los rubios.

Los días 10, 12, 14 y 16 de mayo de ese año torea en Sevilla. En ellas alterna de nuevo con José Delgado............Nadie mejor que el propio Romero nos podría describir lo acaecido en la Ciudad de la Giralda:

"Los sevillanos siempre estaban por él asta que empezamos a trabajar; de sus resultas empezaron los partidos; allí le maté un toro que no pudo matarlo por haberlo cogido sin embargo que por librarlo me puse en más riesgo que no él, por lo que todo o parte del público se hizo mi apasionado"


El 3 de noviembre de ese mismo año y en Madrid, acompaña a su padre en su retirada de los toros...............El año 1779 tiene lugar en Madrid, el primer mano a mano que torea Pedro con Costillares:

"Al comenzar la primera de dichas temporadas se suscitan duda respecto a quien ha de ocupar el primer lugar en las corridas, ya que ambos vienen contratados en igualdad de condiciones, sin determinar el puesto que ha de corresponderles. Propone el Corregidor lo decida la suerte; asienten los interesados y se procede al sorteo que favorece a Pedro Romero. Se muestran conformes los diestros y prometen a la autoridad buena amistad y mutua ayuda, lo que realizan en todas las corridas, con satisfacción de las autoridades y gran contento del público en general, que aplaude sin reservas buenas faenas de ambos toreros, en los que aprecia detalles de excelente compañerismo, sin que por ello cedan en su afán de emulación, si bien realizándolo dentro de la mejor armonía......"

Los días 11, 13, 27 y 28 de mayo de 1782 torea en Sevilla contratado por aquella Real Maestranza, cobrando por sus actuaciones la cantidad de doce mil reales. Le acompañan en los carteles Juan Conde y Juan Garcés........Este mismo año torea en el Puerto de Santa María...........Sabemos que su forma de matar recibiendo era certera y efectiva, en incluso, como en algunas ocasiones lo hizo, con el volapié sevillano o de "Costillares"............Los días 10 y 12 de mayo y 2 y 4 de junio de 1783 toreó en Sevilla, alternando con Francisco Herrera Guillén (padre de Curro Guillén), Juan Conde y "Perucho".

El 19 de mayo de 1785 torea en la inauguración de la plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, haciendo el paseíllo con Pepe-Illo y sus hermanos José y Antonio Romero..................Tras estas jornadas de inauguración en Ronda, Pedro marcha a Madrid. En estos días situamos el hecho acaecido en la plaza madrileña, en el que Romero le hizo el conocido quite al picador Carmona. Así nos lo describe Romero:

"Le hice un quite al picador Carmona en la Plaza de la Puerta de Alcalá, debajo del balcón del Señor Corregidor; haviéndole dado una caída, se quedó el caballo tendido, y Carmona debajo, le hice el quite y fué en estos términos. Se levantó el caballo y se quedó Carmona tendido, y haviéndose levantado se quedó en medio del toro y de mí, y no pudiendo hacer el quite sin ponerme delante de Carmona, por estar ya el toro tan abanzado hacía él, se me ocurrió allí mismo en un momento darle un empellón al Carmona, y le dejé caer de boca, pasándome el capote a la mano izquierda, y echándome un poco fuera; el hice el quite con la velocidad que requiere lo referido, pues de otra manera, no se le podía haver hecho el quite; y havíendose levantado el Carmona, con las palmas de las manos desolladas de la caída, me dió un abrazo y le dije; primero he de matar yo a usted que le mate el toro"

El año 1787, en Valencia primero y en Orihuela después, le mató un toro en cada una de ellas a "Perucho".............El 28 de agosto no sé a ciencia cierta cual fué la plaza (Cádiz o Aranjuez)......un toro dejó a un lado los caballos y buscó la salida saltando con rapidez al tendido. Enorme fue la confusión que causó la presencia del toro entre el público.......Pedro Romero, testigo de los hechos desde el ruedo, viendo el estrago causado, subió al graderío espada en mano; con suma habilidad citó al toro, se perfiló allí mismo y de soberbia estocada lo hizo caer sobre los asientos.

El año 1789 asciende al trono de España Carlos IV.........Se celebran en Madrid y en su Plaza Mayor sendas corridas reales durante los días 22, 24 y 28 de Septiembre.........En esta real ocasión y para darle más categoría no se corren toros en la Plaza de la Puerta de Alcalá; sino en el mismo corazón del Madrid de los Austrias: su Plaza Mayor..........Son contratados para los reales festejos los espadas más destacados del momento: Joaquín Rodríguez "Costillares", Pedro Romero, José Delgado "Pepe-Yllo", Juan Conde, José y Antonio Romero, Francisco Herrera Guillén, Juan José de la Torre y Francisco Garcés........En aquella ocasión el Corregidor de Madrid -Don José Antonio de Armona-, organizador de dichos festejos llamó a los matadores "Costillares", Romero e "Yllo", para sortear el puesto de primera espada y según parece a petición de Joaquín Rodríguez............En los meses de Octubre y Noviembre se organizan en Madrid y en su plaza de la Puerta de Alcalá tres corridas a beneficio de la Junta de Hospitales...........Pedro Romero actúa los días 26 de Octubre, 16 y 19 de Noviembre. En estas corridas torea mano a mano con el sevillano y competidor Joaquín Rodríguez "Costillares"..........Fue grande la competencia de ambos en aquella jornada. Fué la competencia también de dos Escuelas: la rondeña y la sevillana..........Esta contienda entre ambos, terminó con el triunfo del serrano.........Llegó a tal extremo la incapacidad de Costillares (no se encontraba en plenas facultades físicas, puesto que tenía un tumor en su mano derecha, contraído bien por el corte de un estoque o el puntazo de un toro) Romero tuvo que matarle un toro al sevillano. En carta dirigida a Don Antonio Romero Moreno Bote, Pedro nos lo  describe así:

"En la plaza de la Puerta de Alcalá le maté otro toro al Señor Joaquín Rodríguez (alias "Costillares") en estos términos: estando el Sr. Carlos IV, viendo los toros le suplicó, quería matar un toro y el Rey se lo concedió; tomó la espada y la muleta, le dió una estocada y cogió los huesos; se preparó a la otra, y le sucedió lo mismo; y teniendo la mano inutilizada de aquel carbunco que le salió en ella y conociendo que no podía ya matarlo, le hizo señas al Rey que no podía, por causa de la mano; respondió S.M. que si no podía a qué se presentaba; entonces tomé la espada y la muleta y fuí y lo mate"

Hay un hecho acaecido en Madrid entre los años 1791 a 1794, que nos narra con todo lujo de detalles D. José Vega:

"En una de las corridas celebradas en Madrid al poco tiempo de derogarse la Pragmática de Carlos III que prohibió aquellas de libre finalidad, nuestro héroe estuvo a punto de ser gravemente corneado por un toro aragonés de Egea de los Caballeros, llamado "Volador". Era un animal bravo, codicioso, de empuje. Tomó siete varas sin ablandarse al castigo; antes al contrario, creciéndose más y más en cada embestida. Al encuentro de la octava vara, el jinete dió en tierra y quedó a la vista del toro. Cuando Pedro Romero, con la solicitud que el caso requería y él no descudió nunca, lanzóse a interponer su capote, cayó de espaldas junto al picador derribado. Fué un momento de ansiedad. Entonces José Romero, rápido, perfectamente empapado de la mala situación de los dos toreros caídos frente al toro, levantó la pica del suelo y detuvo a aquél, clavándosela en el testuz. Una ovación clamorosa premió el inesperado quite de José Romero. Los dos hermanos y el picador, que era Bartolomé Padilla, se abrazaron"

Entre los años 1795 a 1798 aparece toreando en varias plazas españolas; como las de Madrid y Zaragoza............Por este tiempo, se relaciona en Madrid con los famosos del momento, como el célebre actor Isidoro Maiquez, el tenor Manuel García, etc..........Goya, el famoso "D. Francisco el de los toros", también lo plasma en sus lienzos y lo inmortaliza en un retrato, en el que, nos ofrece a un Romero de mediana edad, con el semblante adusto y sereno........Posiblemente por este tiempo empezara a relacionarse con el gran aficionado D. Antonio Moreno Bote y Acevedo, farmaceútico de profesión. Con el Sr. Moreno Bote mantiene más tarde una correspondencia epistolar; riquísima y plagada de noticias relevantes a su vida taurina. Gracias a esta correspondencia se ha podido ahondar y conocer más intensamente la gloriosa vida como torero de Pedro Romero..........En 1797 se le concedieron diez toros por corrida, a 60 reales cada uno; lo que le supuso de beneficio un total de 600 reales. Recordemos que era costumbre de regalar toros a los lidiadores, aparte del sueldo que se les asignaba.


El día 20 de octubre de 1799, a los 45 años, pletórico de arte, con aureola de gigante del toreo, se retira del toreo, en Madrid, tras una vida taurina plagada de triunfos y con el orgullo de no haber recibido jamás una cornada...........El mismo torero, en carta dirigida a Moreno Bote desde Ronda el 28 de mayo de 1830, resume así su vida profesional:

"Ajustada la cuenta de los años en que he matado toros en el espacio de veintiocho años desde el 71 hasta el 99 me parece que se pueden arreglar que habré matado en cada uno de los dichos años 200 toros por año que a mi suma hacen 5.600 toros; y estoy persuadido en que quizás serán más....Todo esto lo supongo por si acaso alguna persona dudase de si habré matado o no los 200 toros por año"

Permítanme que termine este año de su despedida con la glosa que le hace J.R.A. en el "Diario de Madrid" los días 16 y 17 de noviembre de 1775; en este artículo se resume la grandeza y el poderío que tuvo Romero en su profesión:

"Romero no es más torero el día que mata con dicha que el que mata con desgracia, porque su mérito no consiste en la fortuna de matar, sino en el arte y modo lucido con que mata, que siempre es el mismo. Sepa V.M., señor mío, que el timón de esta nave es la muleta, en que Romero es inimitable, ya llevándola horizontal al compás del ímpetu del toro, ya llevándola rastrera como barriéndole el piso donde ha de caer, o que ha de usar mal de su grado; aquella muleta que siempre huye, y nunca se aleja de los ojos de la fiera, que a veces le obedece como un caballo al freno. En esta muleta libra Romero su vida; con ella sale de muchos riesgos en que le meten su valor y su confianza; con ella le hemos visto este año zafarse dos veces de las astas del toro que le tenía apretado y asido contra la barrera..........Esto que se llama presencia de espíritu nunca le falta a Romero, siempre sereno y risueño delante de la fiera, sin usar de la espada, sino en el lance preciso de ir a dar al toro muerte, llevando más bien aquella arma para equilibrar el eso de la otra mano, que para resguardo de la defensa"







"El año de 1830 contaba Pedro Romero 76 años de edad y en carta enviada al Rey D. Fernando VII, con fecha de 6 de junio solicita la plaza de Director de la Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla:

".......de cualquier modo su brazo no está aún debilitado que no pueda brindar un toro a la salud de V.M. y de la Reyna su Señora....."

El 19 de junio de 1830 es aceptado como Maestro, según la Real Orden dictada por el Ministro de Hacienda.................El 14 de agosto, D. Pedro tras ser admitido como Maestro o Director, se dirige al Rey de esta manera:

"......y rendidas gracias a su Señor, por la que en lo más necesitado de su edad se ha dignado concederle......"

A mediados de agosto, Romero marcha a Sevilla para impartir clases en la Escuela...............El 3 de enero de 1831 comienza a funcionar la Escuela.........Por lo que hemos leído, D. Pedro dió de nuevo ejemplo de torería, el primer día que impartió clase a sus alumnos. Hizo un quite portentoso, que con fidelidad nos describe Alonso del Pino..........Hay un largo epistolario dirigido por D. Pedro al Sr. Conde de la Estrella (su protector y que llegó a interceder ante el Ministro de Hacienda para que le concedieran el puesto de Director de la Escuela) durante todo el año, en el que, le da cuenta del progreso de los alumnos, y en especial de Francisco Montes (Paquiro).........Tenemos constancia de que antes de terminar el año que nos ocupa, Pedro Romero abandonó Sevilla por asuntos propios para dirigirse a Ronda, quedando como director interino de la Escuela Gerónimo José Cándido. Esta provisionalidad fue corta, ya que el rondeño estuvo alejado de Sevilla desde Agosto hasta Octubre................Entre todos sus alumnos, su preferido fue Francisco Montes (Paquiro), aunque también destacaron otro como Curro "Cúchares", Juan Pastor "el Barbero", Juan Yust y Manuel Domínguez "Desperdicios". De este último, Manuel Domínguez, viendo Romero sus excelentes condiciones dijo de él "que no tenía desperdicios", así se originó el alias que lo acompañó toda su vida............Tras la muerte de Fernando VII, acaecida el 29 de septiembre de 1833, los medios económicos para la supervivencia de la Escuela eran mínimos, y a tenor de ello el subdelegado de Fomentos de Sevilla, D. Juan Antonio Almagro propuso su supresión al Gobierno.........Así, de un plumazo y por Real Orden se suprime la Real Escuela Taurina..........D. Pedro abandona Sevilla a la edad de ochenta años"


El ministro Javier de Burgos decreta la suspensión por Real Orden de 15 de marzo de 1834:

"Aun reconociendo que por ahora el gusto más general se inclina por las funciones de toros, que por consiguiente no parece oportuno prohibirlas, cree el señor ministro que bastará la práctica del toreo junto al estímulo de las crecidas gratificaciones y la celebridad que obtienen los diestros, pareciéndole más útil destinar el dinero a otro tipo de enseñanzas.......queda suprimido el Real Colegio de Tauromaquia de Sevilla"

Entabló competencia con los nombres fundamentales de la época: primero con Costillares, e inmediatamente después con Pepe-Illo.

En La Tauromaquia de Pepe -Illo, publicada dentro de la Biblioteca de Cultura Andaluza, he encontrado la siguiente información acerca de la presentación de Pedro Romero en Madrid y de la  rivalidad desde sus inicios con Costillares:

"Las corridas madrileñas venían siendo servidas desde 1771 por los máximos prestigios de aquel tiempo: Juan Romero y Joaquín Rodríguez (Costillares), los que renovaron sus contratos para la temporada de 1775, viniendo este año acompañado el primero de los citados diestros de un hijo suyo, llamado Pedro, muchachón de veintiún años de edad, buen mozo, de fuerte complexión y simpática presencia. Toreó por vez primera en la corte en la primera corrida (1º de mayo), estoqueando dos de los toros lidiados por la tarde; y fue tal la sorpresa, tal la admiración causada en los espectadores, que en la segunda corrida (8 de mayo) se anunció mataría cuatro toros, que fueron los lidiados en quinto, sexto, séptimo y octavo lugar en la tarde. Enorme fue el entusiasmo causado por las faenas del joven espada, quien llegaba a la cabeza de las reses con pasmosa serenidad, con admirable sangre fría; su labor con la muleta era sobria, ceñida, tranquila; remataba los pases con matemática precisión; apenas movía los pies, y recibía los toros a muerte con valor extraordinario, enterrando el estoque hasta la cruz en lo alto del morrillo. Los bichos rodaban instantáneamente, y los espectadores no salían de su asombro ante aquellas monumentales faenas. Apreciaron igualmente los aficionados que el novel espada era tan sencillo y modesto, que todo lo ejecutaba con gran naturalidad y sin dar importancia a su trabajo....................Continuó en sucesivas fiestas dando prueba de su enorme valía. Cada toro lidiado constituía un triunfo. Las corridas tomaron un auge inusitado. El público estaba pendiente de la labor del nuevo diestro, hasta el punto de pasar poco menos que inadvertidas buenas faenas de su padre y de Joaquín Rodríguez (Costillares).....................Surgen en seguida diferencias entre este matador y el joven rondeño, pues Joaquín, contratado como segundo espada, pretende se normalice el orden de actuación en la lidia, y no puede tolerar se le sitúe delante el nuevo diestro, quien continuó estoqueando las reses que se le designaban, sin alternar con los matadores ni matar los toros lidiados en último lugar y destinados, según costumbre, a las medias espadas. En realidad, el lugar que Pedro Romero ocupó este primer año de su venida a Madrid fue el de sobresaliente.......................Joaquín Rodríguez pudo darse perfecta cuenta que había surgido un coloso en la profesión del toreo; que el nuevo espada captó desde el primer momento toda la atención de los aficionados madrileños, absortos ante faenas nunca presenciadas, y también pudo observar que la Junta de Hospitales se hallaba dispuesta a no privarse de la presencia en las corridas del novel matador, que les había impreso animación tan extraordinaria"

Su padre, Juan Romero, tuvo gran interés en que se presentara su hijo en Madrid, como nos lo asevera el propio Pedro en carta dirigida a D. Antonio Moreno Bote, con fecha 29 de abril de 1830:

"Havía dispuesto mi padre (que Dios haya) el llevarme a Madrid el año de 74, para matar algunos toros en la Plaza de esa Corte, pero lo poco de mi ánimo y el bien que mi retiro me hacía en Ronda, le hicieron dejarme más tiempo; yo no me descuidé por eso de ejercitarme con algunas ocasiones, para ver de no perder fuerzas, o entorpecerme en el manejo de las suertes, lo que huviera sido peor........"

Hizo su presentación en Sevilla el 10 de mayo de 1777, toreando además los días 12, 14 y 16. Todas esta corridas las toreó alternando con Pepe-Illo.

Se retiró a los cuarenta y cinco años de edad, en 1799, después de treinta años de torear. Es fama legendaria que estoqueó más de cinco mil toros sin recibir ninguna herida grave.


El escritor Manuel Chaves, marqués de Tablantes, en la Tauromaquia de Pepe-Illo publicada dentro de la Biblioteca de la Cultura Andaluza, nos proporciona interesantes datos acerca de la manera de entender el toreo de Pedro Romero:

"Era Romero en su oficio la antítesis de su competidor (se refiere a Pepe-Illo): delante de los toros era todo en él sangre fría, serenidad y cálculo: pasaba a las fieras muy ceñido y con una precisión que admiraba, manejaba el estoque con una seguridad pasmosa, y cuando tenía la roja capa entre sus manos, mientras el bruto en torno suyo se revolvía, corneaba y arremetía con la rapidez del rayo, él, con el rostro inalterable, sin mover apenas los pies y mostrando una inconcebible calma, le fatigaba y rendía con solo su inteligencia y pasmoso valor"

En el mismo libro, Manuel Chaves escribe sobre la primera corrida, que tuvo lugar en Cádiz, en la que torearon juntos Pedro Romero y Pepe-Illo:

"Sobre la competencia de ambos diestros en Cádiz (1777 o 1778) existen, entre otras descripciones, una carta que se dice escrita por el mismo Romero, en la cual se dan muy curiosos detalles de la lidia de aquel día. Cuando llegó la hora de dar muerte a su res el diestro sevillano, escribe su competidor que "se fue al toro le dio un pase de muleta y echó mano al sombrero de castor que se estilaba entonces y le mató de una estocada". No quiso ser menos Pedro Romero, y cuando le llegó el momento arrojó el trapo, se quitó una peineta de las que le sujetaban la redecilla y se inclinó sobre la fiera, que cayó desplomada con el acero clavado hasta el puño.......................Entre varios pormenores curiosos, se dice en esta carta que Delgado no estuvo tan afortunado en el segundo bicho, que el presidente obligó a los lidiadores a que no abandonasen la muleta, que se produjo gran alboroto en la plaza entre los partidarios del rondeño y del sevillano y que a instancias de algunos caballeros los dos competidores se dieron allí mismo las manos y quedaron por amigos, si bien esto no había de durar mucho tiempo"


En La Tauromaquia de Pepe -Illo, publicada dentro de la Biblioteca de Cultura Andaluza, he encontrado la siguiente información acerca de las corridas reales de 1789, donde se produjo la polémica sobre torear los toros de Castilla, obtenida fundamentalmente a partir de los estudios de José María Cossío, Manuel Alamo Alonso y Manuel Chaves:

"Para solemnizar la exaltación al trono del rey Carlos IV, el Ayuntamiento madrileño organizó tres corridas de toros en la Plaza Mayor, los días 22, 24 y 28 de septiembre de 1789.................Se prepararon 112 reses de las más famosas vacadas de la Mancha, Aragón y Navarra, y 20 de la castellana de don Agustín Díaz de Castro, de Pajares de los Oteros, la más renombrada de las de Castilla (se conocian con el nombre de castellanas las reses que procedían de las vacadas de Salamanca, León y Valladolid), la que mayor prestigio gozaba por el tamaño, poder y bravura, y al mismo tiempo la que menos agradaba a los diestros, pues dichos toros eran muy duros y difíciles en el último tercio de la lidia.................En víspera de la primera corrida el diestro José Delgado (Illo) manifestó al corregidor, señor Armona, su deseo de que fuese sorteado el puesto de primer espada.................La autoridad llamó a su presencia a Illo, Romero y Costillares, y se verificó el sorteo, que favoreció -como siempre que éstos tuvieron lugar-  a Pedro Romero, en cuyo momento el corregidor le dijo: -Señor Romero: supuesto le ha tocado a usted el lugar de primer espada, ¿se obliga usted a matar los toros de Castilla?

-Si son toros que pastan en el campo, me obligo a ello. Pero me ha de decir su señoría por qué me hace esta pregunta.

-Se lo digo a usted, señor Romero, por esto.

Volvióse a un mueble de su despacho, y, tomando un papel, leyó lo escrito. Era un memorial suscrito por Illo y Costillares, en que se suplicaba a la autoridad eliminase de las corridas los toros de Castilla.

Sorprendido quedó Romero ante lo insólito de la demanda, pues rechazar ganado era mengua y baldón en los toreros de aquel tiempo, y aun los espadas de menor categoría aceptaban el que se les destinase. Por esto, al recordar el suceso, dice Pedro en sus cartas a don Antonio Bote que si le hubiese a él ocurrido allí se caería muerte de repente. No concebía que un matador de toros se atreviese a tal solicitud, y menos en espadas de la altura de Illo y Costillares...........................En vista de lo manifestado por Pedro Romero, no fueron eliminados los toros de Castilla, ordenando la autoridad se destinasen todos al primer espada, con lo que Illo y Costillares quedaron complacidos............................Sobresalió notablemente el trabajo de Pedro Romero, dirigiendo las cuadrillas con acierto, haciendo arriesgadísimos quites a los diestros de a caballo y estoqueando sus toros de manera asombrosa"

"La última corrida (28 septiembre) fue la menos lucida por el ganado, y la más pródiga en incidentes desagradables..................Pedro Romero fue revolcado por el primer toro al hacer un peligroso quite al picador Laureano Ortega.................El toro lidiado en noveno lugar cogió a José Delgado. De esta cogida se ocupa Romero en sus cartas, y lo hace como sigue:

"Seguí matando los toros de Castilla (Este gesto de Pedro Romero aceptando matar los toros más poderosos y difíciles para aliviar a sus compañeros, demuestra lo que era: el maestro insuperable) según me obligué, á ecepcion de uno de los toros que por equibocacion se lo echaro á Pepe-Illo (2) (este toro era de don Agustín Díaz de Castro, de Pajares de los Oteros León), que yo discurro fué aproposito, pues el tío Gayón (1)  que era quien los apartaba en el toril, sería el que se lo echaría; tocaron á muerte y se fué el toro al rincon del peso Real (3) y el referido Illo se fué derecho al toro, y viendo yo el sitio en que estaba le dije: "Compañero deje usted lo sacaremos de aí": volvió la cara y me miró sin contestarme (4); yo que advertí esto, me retiré un poco y le dejé ir; el resultado fué que lo cogió el toro y lo hirió muy mal (5): los agarramos y los llevamos al balcón de la duquesa de Osuna. Estuve por allá como un cuarto de hora y cuando volví a la plaza me hallé que el toro estaba en el mismo sitio del peso Real. Así que me vieron los demás Espadas, todos empezaron á armar las muletas para ira a matar el toro; les dije, "Caballeros, con que al cabo de tanto tiempo ninguno á matado el toro y ahora quieren todos ustedes ir á matarlo: retirense ustedes: armé la muleta; me fui derecho al toro, me presenté á una distancia regular citándolo y á una de las citas que le hice me arrancó, yo me cambié y lo recibo á la muerte y lo maté de una estocada"


(1) "Don Manuel Gayón, vecino de Madrid, era un tratante en ganado bravo, que adquiría puntas de reses a los ganaderos castellanos, manchegos y de otras regiones, reses que trasladaba a unas fincas de Alcobendas, surtiendo a la plaza madrileña los novillos para las corridas invernales.
La Junta de Hospitales utilizaba frecuentemente sus servicios para la compra del ganado que se lidiaba en las corridas de toros.
En las fiestas reales de 1789, los organizadores de las corridas le comisionaron para todo lo concerniente a la adquisición de toros, así como de los encierros y disposición de la lidia"

(2) Es posible que, según Romero supone, el cambio del toro fuese intencionado, tal vez porque no simpatizase con Illo o por probar cómo éste se las entendía con una de las reses a que había puesto el veto.

(3) Entre las calles de la Sal y Boteros (hoy Carlos III)

(4) Efectos del despecho y resquemos producidos por su convicción de no lograr vencer a su rival. Dice el autor de Los Toros que en estas corridas comenzó la lucha entre estos dos grandes toreros. No compartimos esta opinión. Por el contrario, lo que en ellas se demostró fue la superioridad y maestría del diestro rondeño.

(5) Una cornada extensa, aunque de escasa profundidad, en el costado derecho.


Una exposición de la Junta de Hospitales (1778) nos instruye acerca de la competencia entre Pedro Romero y Costillares:

"Presentóse el año 1775 un muchacho llamado Pedro Romero que, aunque principiante en el oficio, dio pruebas de suma destreza, y como se hallase aquí entonces otro que se llama Costillares, también de habilidad conocida, produjo la concurrencia de ambos la común satisfacción del público, pero no menos, entre sí mismos, la mayor desunión y discordia en el orden de querer matar los toros, en tanto grado, que nunca jamás fue posible conciliar sus respectivas voluntades en este punto"

Esta pugna entre Pedro Romero y Costillares determinó un incidente entre la Junta de Hospitales de Madrid y los rondeños, por lo cual éstos no torearon en Madrid en la temporada de 1777.


Fernando G. de Bedoya (1802-1860), en su libro Historia del Toreo, editado en Madrid en 1850, escribe:


"(Pag. 29) Pedro Romero………..En la corte adquirió bien pronto las simpatías de todos los aficionados e inteligentes, porque veían en él a un lidiador consumado en cuanto al conocimiento de las reses, y que poseía un valor a toda prueba para ejecutar la suerte que más reclamaba la condición de los toros……….Pasemos ahora a designar cuáles fueron sus suertes más favoritas y en las que más se distinguió…………Pedro Romero poseía todas las conocidas en la muleta, con tanta perfección, que pocos le han aventajado: jamás huyó del toro cuando con ella adornaba su mano izquierda, y siempre hizo que la res obedeciese a su impulso, como pudiera hacerlo al freno el más arrendado caballo; por ello libró su vida más de una vez, evadiéndose de los riesgos en (Pag. 30) que lo situaba su valor y confianza…………….Pero no era este sin embargo el motivo de su celebridad……..: la más principal, la de que por mucho tiempo no hubo ejemplo, fue la de liar su trapo y recibir toros a la muerte: nadie le aventajó en serenidad, ninguno le excedió en confianza, pocos pararon tanto los pies……..”El matador de toros, decía, debe presentarse al bicho enteramente tranquilo, y en su honor está no huirle nunca teniendo la espada y la muleta en las manos: delante de la res, continuaba, no debe contar con sus pies sino con las manos; y una vez el toreo derecho y arrancando, debe parar a aquellos y matar o morir.”……….”¡Parar los pies, muchachos, y dejarse coger, que es la manera de que los toros se consientan y se descubran bien!”…….Este fue su sistema, y sin disputa el mismo que le produjo a Romero la celebridad de que gozó y la fama que corriendo pasará a la más remota posteridad………….Las facultades físicas del lidiador que nos ocupa, fueron ciertamente un elemento muy poderoso para su lucimiento; puesto que reuniendo las de alta estatura, ligereza y unas fuerzas hercúleas, contaba con las más indispensables dotes; pero si el corazón, y la inteligencia del arte y de los toros no le hubiese acompañado, ¿habría conseguido tanta aceptación y tan justo nombre? Creemos que no………….(Pag. 31)……….Mencionadas las proporciones artísticas de Pedro Romero, réstanos hablar de sus vastos conocimientos de los toros, en lo que ciertamente no era menos aventajado……….(Pag. 40)………..el lidiador Romero, a quien muchos llamaron el toreo de la fortuna: no seremos nosotros los que le neguemos esa condición de afortunado; pero sí aseguraremos, que unida su buena suerte a las extraordinarias dotes físicas con que contaba, y al gran conocimiento de las reses, se formó del todo un gran lidiador que nos ha dejado tan buenos como especiales recuerdos, que llegarán a la más remota posteridad."

José Velázquez y Sánchez, en su obra Anales del Toreo, editada en Sevilla en 1868, escribe:

“(Pag. 92)……Hijo de Juan y nieto de Francisco, Pedro Romero será siempre la principal figura del toreo español; porque si no inventó suertes especiales, ni lances de lidia, como Costillares, Hillo y Guillén, elevó el arte a un clasicismo de reglas y procedimientos, que conserva el sello de su incomparable escuela en los últimos discípulos de su inteligente dirección, Francisco Arjona Guillén y Manuel Domínguez. Contemporáneos de este famoso diestros fueron como espadas Antonio, José y Gaspar, sus dignos hermanos, José Ulloa, Traga-buches, Francisco García, Perucho, Juan Miguel Rodríguez, Agustín Aroca y Juan José de la Torre. Como picadores tuvo a su servicio a Jiménez, Carmona, Rivillas, Tinagero, Marchante, Acevedo, Padilla y Molina, y como peones a Pedro Alarcón, el Pocho, Apiñani, Hernández, el Bolero, Manolo, el Castellano, y Sebastián Vargas…………….(Pag. 143)…..Juan Romero……resolvió enseñar sólidamente su ejercicio a Pedro e incorporarlo a su cuadrilla………Desde entonces corrió Pedro las plazas andaluzas; llamando la atención por la apostura de su traza, la extremada limpieza de su original escuela de toreo, y la combinación admirable que hallaban en su índole la bravura y la destreza en la oportunidad de sus respectivas ocasiones………..(Pag. 144)…….Pedro Romero no era un mero continuador de la escuela de Ronda; escuela de valor sereno, ceñida y sosegada en todos sus lances; pero que no se adaptaba más que a hombres singulares, como los Romeros; diferenciándose en esto de la briega sevillana, más movida, más abundante en defensas, y más acomodada a suplir las condiciones con los recursos………Romero vio a los diestros de Sevilla, y su privilegiada inteligencia alcanzó la forma de adherirse todo lo útil y lo conveniente de aquella ingeniosa tauromaquia, sin desnaturalizar con tales importaciones el carácter intrépido y mesurado de su escuela. Así dominaba a sus émulos, teniendo lo suyo y lo aprendido en una combinación segura y magistral…………..En 1799, y a la edad de cuarenta y cinco años, Pedro Romero se retiró a descansar de sus reñidas campañas en los principales cosos españoles…………..(Pag. 145)…..Este hombre extraordinario falleció en Ronda, en diez de Febrero de 1849, a los noventa y cinco años de su edad"



 


Fernando Claramunt, en su libro La mirada del torero, escribe:

"¿Jamás le cogió el toro?. Salgamos al paso de la objeción de algún puntilloso aficionado. Es cierta la noticia de un accidente en el comienzo de su carrera, pero no padeció herida. No intervino el cirujano, sino el sastre. Un novillo irrespetuoso prendió al mozo por el calzón, no por culpa del torero, sino por celos de tanta maestría precoz. Don Nicolás Fernández de Moratín, en su neoclásica Oda a Pedro Romero, torero insigne, silencia la anécdota de los calzones, que no encajaría dentro de tan laudatorio canto"

 Ejecutaba la suerte suprema prefentemente recibiendo.

En 1830 fue nombrado director de la primera escuela de tauromaquia, sita en Sevilla, creada por la voluntad del rey Fernando VII.

Falleció el 10 de febrero de 1839.

Fue un torero de unas facultades extraordinarias. Practicó muchísimo y con rara perfección la suerte de recibir. Toreando lo hizo con notable elegancia y mucha sobriedad.



José Sánchez de Neira, en su libro El Toreo. Gran diccionario Tauromáquico, editado en Madrid en 1879, escribe:

 
"Pedro Romero, que en el arte de torear llegó al límite que pocos alcanzan, nació en la ciudad de Ronda, el día 19 de noviembre de 1754…….A los quince años era ya un hombre formado, robusto fuerte y de elevada estatura, tan aficionado a las corridas de toros, que a cuantas podía procuraba asistir, tomando en ellas parte cuando eran novilladas; y de tal modo adelantó, que a los dieciséis años de edad fue contratado como banderillero en la plaza de Ronda, dándole desde entonces lecciones su padre Juan, que no tardó en incorporarle a su muy distinguida cuadrilla……….Después de presentarle en algunas plazas, le trajo a Madrid, donde su presencia en el redondel llamó desde luego la atención, porque los inteligentes vieron en él gran serenidad, mucha ligereza y firmeza de piernas, y sobre todo, mucho arte y un especial manejo de la muleta, que era la muralla que siempre le defendía de los ataques de la fiera……….Su toreo, es decir, su modo de torear, era parado, tranquilo, sereno y ceñido, preparando a su antojo a las reses para la muerte con sólo la muleta, y haciendo los quites a los picadores oportunamente, pero con calma y sin acelerarse…………Dice un autor que su privilegiada inteligencia alcanzó la forma de adherirse todo lo útil y conveniente de la tauromaquia movida sevillana, sin desnaturalizar con ello el carácter intrépido y mesurado de su escuela…………..Todo el mundo sabe que a Pedro Romero le hacían la guerra en su arte cuantos toreros de fama había en su tiempo; que Costillares, Pepe Hillo, Conde, Garcés y otros apuraban hasta donde podían sus conocimientos taurinos, sus gracias y sus recursos para vencer a Romero; pero la inteligencia de éste, su sangre fría, dominaban completamente a los públicos de toda España, y en muchas ocasiones todos sus compañeros tuvieron que agradecerle les salvara la vida, y en otras, que diera muerte a las reses que ellos no pudieron estoquear…………….Sabido es también que, tanto Costillares como Pepe Hillo, cuya merecida fama será eterna, pidieron al corregidor de Madrid que en las fiestas que habían de celebrarse para la jura del rey don Carlos IV no se corrieran toros de Castilla, y que Romero contestó que se obligaba, como lo hizo, a matar cuantos se presentasen…………….En aquella corrida, por no seguir Hillo el consejo de Romero, fue volteado y herido, conduciéndole éste en brazos al palco de la condesa de Benavente, duque de Osuna; y cuando Romero volvió al redondel, se encontró con que ningún espada había intentado matar al toro…………Vieron que al bajar Romero de nuevo al redondel se disponía a dar muerte a la res, y los demás espadas, que en el primer momento no habían pensado en tal cosa, prepararon las muletas, como demostrando que ellos iban a verificarlo………Ello es que Pedro Romero dispuso seriamente que todos se apartaran, se dirigió gravemente al sitio en que la fiera escarbaba el polvo, la fijó, después de dos pases naturales, la citó y la mató de una buena recibiendo…………..Su competencia con Pepe Hillo aumentó cada vez más la fama de Romero………….Tenía este profesor una rarísima ventaja sobre aquél………….Contra lo que generalmente sucede en la arena, delante de miles de espectadores, acosado, digámoslo así, por el ejemplo de otros compañeros que valían menos en todos terrenos  bullían más, Romero nunca se alteró, nunca salió de su paso, nunca intentó repetir suerte hecha por otro………….Jamás acudió a hacer un quite que a otro correspondiera, sin la necesidad no lo exigía…….No conocía la envidia………Y además, su temperamento le permitía tener calma, esperar………El mérito principal de Romero consistía en saber preparar los toros con la muleta para la muerte……..Era una cosa especial, en la cual llegó a hacer tanto y a veces más que Costillares……….En cuanto a estocadas, era mucho más seguro que cuantos le había precedido…….Y eso que su afán dominante era siempre el de recibir los toros…………Pero ¡de qué manera! Clavados los talones en el suelo y haciendo el quiebro de muleta con ésta únicamente para dar la salida, no con el cuerpo……..Conocedor en extremo del instinto y condiciones de las reses, practicaba con ellas solamente las suertes a que su índole se prestaba…….Y claro es que nunca podía quedar desairado ante la fiera……….Porque ni a ésta se le faltaban patas le tendía el capote, ni a otra que, aculada en las tablas, rendida y sin facultades se encontrase, pensó jamás en citarla para recibir………Daba a cada toro la lidia que requería………….Añadiremos que al mismo tiempo que todos le concedían un trato amable y cariñoso, se imponía y hacía respetar de las cuadrillas, sin consentir el más ligero abuso ni falta de cumplimiento a su obligación……….Ganó tanto como el que más, y Madrid, más que ningún otro punto, fue el teatro de sus grandes hazañas………Fue alto, bien formado, de mesurado continente, con una notable musculatura, desarrollada convenientemente en los primeros años de su vida con las faenas del oficio de carpintero de ribera a que fue dedicado………….Cuando era mayor el apogeo de su gloria, a los treinta años escasos de torear, y a los cuarenta y cinco de edad, se retiró del toreo……….De este modo consiguió que no se marcase en él época alguna de decadencia……….Y eso que, según opinión de cuantos han escrito acerca de su vida, Romero, en el plazo que hemos dicho de menos de treinta años, mató cinco mil seiscientos toros, la mayor parte recibiéndolos. ¡Y cuesta ahora tanto trabajo recibir uno! ¡Y pasan años sin que veamos tan magnífica suerte!.....................En el año 1830 se fundó en Sevilla una escuela de tauromaquia……..Al instalarse, fue nombrado director-profesor de la misma el célebre Jerónimo José Cándido, porque en las altas esferas se creyó sin duda que Romero no existía; pero inmediatamente que para éste se reclamó un puesto que por su mérito y antigüedad le correspondía, se revocó la real orden y se confirió a Romero dicha primera plaza………A Cándido se le confirió la de profesor también, pero en segundo lugar……….Aunque no hubiera más ejemplos que los de Montes, Arjona (Cúchares) y Domínguez, bastarían estos testimonios para acreditar qué gran fruto produjeron las lecciones de unos maestros que tantos años hacía no toreaban……..Romero era lacónico, pero enérgico, en sus explicaciones………En la cátedra decía a sus oyentes:  “La honra del matador está en no huir ni correr nunca delante del toro teniendo muleta y espada en las manos”…..”El espada no debe jamás saltar la barrera después de presentarse al toro, porque esto ya es caso vergonzoso”……”El lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus manos; y en la plaza, delante de los toros, deba matar o morir antes que correr o demostrar miedo”……”Parar los pies y dejarse coger, ese es el modo de que el toro se consienta y se descubra bien”……….Y otros preceptos que denotan corazón y serenidad……..No porque su suerte de matar favorita fuese la de recibir dejó él de practicar, y mucho menos de explicar, las de volapié, arrancando, etc…………Al contrario, Romero siempre encargó a sus discípulos que estudiasen mucho las condiciones de las reses, porque no a todas, puede dárseles muerte del mismo modo………Disolvióse la escuela de tauromaquia, y Romeo volvió a su casa con más laureles de los que en el redondel recogió en la primera época de su vida………Llevaba sobre los antiguos, los adquiridos de nuevo como maestro, como profesor, como catedrático……..El gran pedo Romero falleció en Ronda el 10 de febrero de 1839, a los ochenta y cinco años de edad……………Un distinguido literato ha dicho en una obra no ha mucho publicada que Pedro Romero estuvo presente cuando en la plaza de Salamanca mató un toro a su hermano Antonio, y que sin licencia de la autoridad ni preparación alguna se dirigió a la fiera y la dejó tendida a sus pies de una sola estocada…….Pedro Romero se retiró en 1799; su hermano Antonio murió el 5 de mayo de 1802; luego aquél no asistió a la corrida…….Antonio Romero fue cogido y muerto en la plaza de Granada, no en la de Salamanca, y como hemos dicho, en Ronda vivía tres años antes, tranquilo y apreciado por cuantos le trataban, el gran Romero”



En el libro Historia de la Tauromaquia, del Historiador Bartolomé Bennassar, aparece el siguiente párrafo debido al diplomático francés  Jean-Francois Peyron: Los españoles han llevado su pasión por estos extremos que parece increíble. Las gentes del pueblo empeñan sus alhajas, sus muebles y sus ropas para poder asistir. Se ve la nación dividida entre los dos toreros más famosos del momento, Romero y Costillares...................la pasión que levantan es tal que se enfrentan romeristas y costillaristas"



García de Bedoya escribe:

".......pasemos ahora a designar cuáles fueron las suertes más favoritas y en las que más se distinguió. Con relación a ellas diremos, sin temor a equivocarnos, que Pedro Romero poseía todas las conocidas en la muleta, con tanta perfección que pocos le han aventajado: jamás huyó del toro cuando con ella adornaba su mano izquierda, y siempre hizo que la res obedeciese a su impulso como pudiera hacerlo al freno el más arrendado caballo; por ello libró su vida más de una vez, evadiéndose de los riesgos en que lo situaba su valor y confianza. Pero no era éste, sin embargo, el motivo de su celebridad, ni la razón por que debía adquirir la reputación que tan justamente se le concede en el toreo. La más principal, la que por mucho tiempo no hubo ejemplo, fue la de liar su trapo y recibir toros a la muerte. Nadie le aventajó en serenidad, ninguno le excedió en confianza, pocos pararon tanto los pies................."El matador de toros -decía- debe presentarse al bicho enteramente tranquilo, y en su honor está no huirle nunca teniendo la espada y la muleta en las manos. Delante de la res -continuaba- no debe contar con sus pies, sino con las manos; y una vez el toro derecho y arrancado, debe parar aquéllos y matar o morir"..............."¡Parar los pies, muchachos, y dejarse coger, que es la manera de que los toros se consientan y se descubran bien!"...................Las facultades físicas del lidiador que nos ocupa fueron ciertamente un elemento muy poderoso para su lucimiento, puesto que reuniendo las de alta estatura, ligereza y unas fuerzas hercúleas, contaba con las más indispensables dotes; pero si el corazón y la inteligencia del arte y de los toros no le hubiesen acompañado, ¿habría conseguido tanta aceptación y tan justo renombre? Creemos que no"



César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"La historia enseña que mientras los toreros de Ronda, de Chiclana y de Córdoba, devotos del arte sobrio, sólido, austero, de la buena escuela, dejan profunda huella de su paso, "hacen época"............los sevillanos no dejan huella, no dejan rastro, o dejan como rastro principal el de su sangre.....................En cambio Ronda, Chiclana y Córdoba son hitos en la historia. A Pedro Romero le sucede Montes (Paquiro), y a éste Chiclanero. Lagartijo, Frascuelo y Guerrita llena casi un siglo de toreo...............Y refiriéndose al rondeño Pedro Romero, escribe:

"Siendo más moderno, obliga a que se sortee el turno de los espadas...........A Pepe-Hillo, un día, le avisa de que está en mal sitio. Le "canta" una cogida. Surge ésta y le hace, oportunísimo, el quite. Él mismo lo toma en brazos y se lo lleva a la enfermería. Su escuela, sobria, pero maciza...............le permite aceptar por igual las reses andaluzas y castellanas"
-

César Jalón, en sus Memorias de Clarito, escribe sobre la pretendida similitud entre el toreo de Pedro Romero y el de Belmonte:

"¿En qué ha podido equipararse, física ni artísticamente, Juan Belmonte a Pedro Romero?..................Pedro Romero, un mozo jarifo de contextura atlética; Belmonte, casi un jorobeta. Verdad que Romero pregona que el toreo cuenta de cintura para arriba; que ha de hacerlo todo con los brazos. Y Belmonte, débil y torpe de piernas, lo confía a los brazos todo. Desde que él se abre paso, anda en los brazos el toreo que andaba sobre las piernas. Pero ¿y Romero? Las crónicas consagradas a su portentoso estoque, fautor insuperable de la suerte de recibir, ilustran muy parvamente de su toreo de capa y muleta. Algún cartel de la época anuncia que el señor Pedro Romero "toreará con el acostumbrado lucimiento.........¡a la navarra!" Y de muleta, para completar la escasa idea que da lo poco escrito, ha de pensarse en su eficacia preparatoria más que en su esparcimiento y relumbre, puesto que el recibir a los toros implica por regla general torearlos poco, conservar su crudeza y prontitud. A Costillares, más muletero, los toros se le quedaban pidiéndole el volapié. Romero recibió superiormente y a tutiplén. Su doctrina, elevada a dogma y lema de la denominada escuela rondeña -"torear para matar"-, podía diputarse antípoda de la norma belmontina: "torear a la gloria del toreo", relegando la suerte suprema al trámite expedientero del punto final. A Pedro Romero no le tropezó ningún toro o solamente uno, por casualidad, en su larga vida. A Belmonte hasta el término de su carrera, hasta en los meros festivales, le cogieron incontable número de veces los toros, los novillos, los becerros"

Cossío escribe:

"Él llena veinticinco años de historia taurina y es uno de los nombres toreros al que no pueden empañar el recuerdo de un fallo o de un fracaso profesional. Entre las grandes figuras que en cada época han sido como antenas que han recogido toda la atención y todo el entusiasmo, puede apostárselas con cualquiera en preeminencia, y así al toreo se le llama arte de Pedro Romero, como puede llamársele con idéntica justicia, arte de Paquiro, de Lagartijo, de Guerrita o de Joselito; que sólo en estos colosos encuentra par o referencia de comparación sin salir desventajoso"

Néstor Luján escribe:

 "Pedro Romero fue un torero de unas facultades físicas extraordinarias, con una fuerza literalmente hercúlea. Conoció como nadie en su época la intensidad de un buen trasteo y supo prepararse los toros de una manera magnífica. Practicó muchísimo y con rara perfección la suerte de recibir, mató también al encuentro y ejecutó en muchas ocasiones el volapié que había inventado Costillares, y lo consumaba con la misma limpieza y habilidad que el maestro sevillano. Toerando, lo hizo con notable elegancia y mucha sobriedad, a pesar de que la brega de la época era movídísima, llena de accidentes inesperados y de inseguridades..................La seguridad de Pedro Romero debió ser importantísima y su orgullo tremendo, seco, de una altivez increible. No a la manera vanidosa y displicente de Pepe-Hillo, sino de un modo tajante, con un empaque velazqueño, con una insolencia de prócer"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia,  escribe:

 "Casi habría que decir Pedro Romero el Grande para sentar bien clara la jerarquía. La imagen de Pedro Romero nos llega como la de un maestro excepcional. Cossío nos da pie para pensar que fue la seguridad, la regularidad, el conocimiento, "la cabeza", su rasgo fundamental. Illo, su rival, era "el corazón". Tantas veces se ha contrapuesto la personalidad de uno y otro torero, representantes de Ronda y Sevilla, que para la imagen neta de uno de ellos se requiere la del otro. Romero era más matador, Illo más torero. El rondeño es indiscutible en la suerte suprema, la de recibir. El sevillano brillaba más con los adornos de la capa, florido, vistoso. Romero ha pasado como arquetipo de sobriedad, seriedad, precisión, parco en el adorno, infalible en el estoque, modelo de serenidad y visión clara de la lidia para todos sus compañeros. No debió ser gracioso ni pinturero con el capote, pero sus quites han quedado en la historia del toreo como clásico ejemplo de oportunidad para salvar la vida de un picador....................Pedro Romero se hallaba en plenitud de facultades físicas cuando decidió retirarse de los toros. La última vez que viste de torero es el 20 de octubre de 1799, en Madrid, alternando con Illo y con su hermano Antonio Romero"

Fernando Claramunt, en su libro La mirada del torero, escribe:

"Se inauguró la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, que auspició Fernando VII, en enero de 1831. En primer lugar se había nombrado como profesor a Jerónimo José Cándido. Inmediatamente protestó Pedro Romero, movilizando influencias entre sus poderosas amistades. Logró dejara al Jeromo, como le llamaban despectivamente, en segundo plano de la enseñanza. Para eso dijo que, después de ser matador durante tantos años, a sus 76 años de edad, contaba con escasos ahorros y una reducida pensión de nueve reales diarios. No parece que la carta impresionase a Fernando VII, pero el Conde de la Estrella y el ministro de Hacienda la tuvieron en cuenta, que era lo que importaba. Los cursos de la Escuela terminaron en 1834, en plena agitación política después de la muerte de Fernando VII. Un ministro llamado Javier de Burgos decretó el cierre del Real Colegio de Tauromaquia de Sevilla"

El mismo Fernando Claramunt, en su libro La mirada del torero, pone en boca de Goya los siguientes comentarios, respecto al toreo de Pedro Romero:

"Tampoco diré ni una palabra de las conversaciones que tuve con maese Pedro Romero, hablando de los toros de Castilla y de los toros de las Andalucías mientras le hacía su retrato. Él se obliga a matar los toros que pastan en el campo, le da lo mismo que sean andaluces o castellanos. Nos hemos enterado que Costillares y Pepe Illo ponían veto a los toros de Castilla. La verdad es que hay campesinos por aquí cerca que, en las fiestas de los pueblos castellanos, sueltan sus propios bueyes de carreta como si fueran reses de lidia que nunca hubieran visto una capa. Y estos bueyes tan listos y resabiados no dejan a nadie un hueso sano"

"Con mi Pedro, mientras le hago el retrato, paso revista a su vida de torero desde aquel revolcón que le costó los calzones, en el pueblo de los Barrios. Ciento veinte reales le dieron quienes organizaron aquella especie de novillada. La madre de Periquillo le echó una buena reprimenda. Pasa por ser el único percance del torero. Pero yo sé que recién remendados aquellos calzones estuvo a punto de perderlos, y quizás algo más que los calzones; al matar novillos en Algeciras. En dos tardes fue cogido, sin ninguna gravedad, pero cogido. Diez pesos le dieron cada día Y en el mismo año le invitan los caballeros maestrantes a lidiar en Ronda. Ajustado para matar dos novillos, lo hizo con lucimiento y ganó diez pesos...........................No todos tienen tu suerte de haber matado cinco mil seiscientos toros sin recibir un solo rasguño entre los años 1771 hasta tu retirada de los ruedos en 1799, a tus cuarenta y cinco de edad"

"Es fama que mandas con las manos y los brazos, parando mucho los pies, al contrario de los de la escuela sevillana. Y no matas casi nunca en la suerte de vuelapiés, sino en la más clásica y meritoria de recibir. Cortas y sobrias son tus faenas de muleta; el lucimiento ya sé que lo guardas para los quites a los picadores.Gracias por capear a la aragonesa. Y cuando el capote no basta, coges con una sola mano al picador del suelo y te lo llevas a lugar segura. Te llaman el Hércules del toreo. He visto en las rayas de tu mano que llegarás de viejo a catedrático en un Real Colegio de Tauromaquia, durante el reinado de su majestad don Fernando VII. Y dirás a tus alumnos: "Parad los pies muchachos y dejaos coger que ésa es la manera de que los toros se consientan y descubran". De paso, les aconsejarás estar siempre tranquilos delante del toro. Bien veo, querido Pedro, que serás buen catedrático"

"Por otro lado, me gusta pintar tu retrato, Pedro Romero. Eres un hombre que sobresale de la plebe oscura, tanto de los petimetres de la corte como de la masa pueblerina y bullangera"

José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"Mató 5.500 toros sin ser lesionado por ninguno. En cambio, su hermano Antonio fue muerto por cornada"

"Se les suele llamar clásicas a la Tauromaquia de Pepe-Hillo y a la de Paquiro..........Pero el toreo entonces, apenas estaba empezando. Si tenemos esto en cuenta, debemos comprender que Hillo y Paquiro no pueden ser los grandes clásicos, son simplemente los grandes primitivos...........Su toreo era incipiente y su teoría balbuciente, aunque sobre todo Paquiro, en ciertas suertes y ardides básicamente mecánicas, tenga ya aciertos definitivos.............Entre tanto, el otro gran primitivo, Pedro Romero, torea y calla..............El silencio de Pedro Romero ha hecho daño, sin duda, a la teoría y la historia del toreo. Se conservan de él algunas máximas, realmente mínimas, que lo mismo pueden ser directamente suyas que atribuidas por quienes lo vieron torear y lo reflejan con conocimiento de causa.............Dos fundamentales:

"El lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus manos" (se refiere, por supuesto, a sus brazos)......."

"Parar los pies y dejarse coger, este es el modo de que el toro se consienta y descubra" (quiere decir, naturalmente, hasta el punto de que el toro crea que ha cogido al torero).

Con ser muy poco, es suficiente para comprender que preconiza un toreo de aguante, en que el diestro no abandona su terreno, ni expulsa del suyo al toro. Toreo de reunión, no de expulsión. El toreo de línea natural, opuesto al toreo cambiado..............Pero aunque el esbozo está claro, como no hay desarrollo, deja al toreo de línea natural sin literatura...............En cambio, el toreo de la otra cuerda tiene una literatura floreciente (Pepe-Hillo y Paquiro)...............Resultado: siempre que se trata de buscar un antecedente, o remitirse a un testimonio de autoridad, se va a beber en la fuente clásica, que no es otra que la del toreo cambiado, contrario, encontrado, el toreo de expulsión..............Todo, por el silencio de Pedro Romero"


José Bergamín, en su libro El arte de birlibirloque, escribe:

"Pepe-Illo, dando un solo pase de muleta antes de matar bien a un toro, era el estilo seco de torear. Romero, en un supremo alarde, matándolo sin dar ninguno, era el extra-seco: mejor que mejor. Vino después el dolce stil novo: la dulcedumbre empalagosa de la faena con la muleta de gran vuelo para arropar (de arrope) al toro: el toro almibarado y pegajoso en que todo se liga; hasta que sale un toro de veras y se acabó el ligar; ¡porque menudo pajarraco es un toro, lo que se llama un toro, para ir a cazarlo con liga!"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"La primera competencia seria, enconada y duradera, fue la que sostuvieron José Delgado, apodado Pepe-Hillo y Pedro Romero, el portentoso torero nacido en Ronda, que mató más de dos mil quinientos toros durante su carrera profesional, sin sufrir un solo percance serio. Eran dos toreros de distinto corte y, en cierto sentido, complementarios. Pepe-Hillo fue un torero larga, alegre, dominador de fáciles recursos, espectacular, con una punta de picardía en todo cuanto ejecutaba, con un toreo desflecado y dinámico. Pedro Romero, por el contrario, era un torero serio, sobrio, reposado, con un valor recio y sostenido, lleno de contención y sabiduría. El primero no mataba bien; el segundo fue un gran estoqueador en la suerte de recibir.
En aquel tiempo se podía sostener algo que hoy, debido al eclecticismo en que han caído las escuelas del toreo, resulta imposible: Sevilla y Ronda, frente a frente. El toreo fácil, luminoso y movido, frente al quehacer reposado, desnudo de adornos y fundamental. Aplicando un esquema orsiano -y perdonen la pedantería- podríamos decir: las formas que se elevan, en competencia con la formas que pesan. O, en otro orden de cosas, el chascarrillo frente a la esencia................."


Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:

“ La excepcional categoría, que tuvo como torero Pedro Romero, queda reflejada en el siguiente texto de Fernando García de Bedoya: En la corte adquirió bien pronto las simpatías de todos los aficionados inteligentes que veían en él a un lidiador consumado en cuanto al conocimiento de las reses y que poseía un valor a toda prueba……………………..Pedro Romero dominaba todas las suertes conocidas con la muleta con tanta perfección que pocos le han aventajado. Jamás huyó del toro cuando con ella adornaba su mano izquierda. Siempre hizo que la res obedeciese a su impulso. Pero, sin embargo, el motivo de su celebridad y la razón más principal de la reputación, que tan justamente se le concede en la historia del toreo, fue la de liar el trapo y recibir toros a la muerte. Nadie le superó en serenidad, ninguno en confianza, pocos pararon tanto los pies. Las facultades físicas del lidiador fueron portentosas; pero el corazón y la inteligencia de su arte con los toros le hicieron alcanzar tan grande aceptación y tan justo renombre”





Carlos de Larra, más conocido como “Curro Meloja”, en su libro Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:


Pedro Romero. He aquí al auténtico primer “monstruo” de la torería. Buena prueba de su “monstruosidad” es que aun hoy, pasado más de un siglo de su muerte, se le cita continuamente como prototipo de lo que fue: un gran maestro, un torero completísimo, desde luego, el mejor de su tiempo y de los de mucho antes y mucho después……………..Dios le había dotado de una arrogante figura, una agilidad y una gallardía extraordinarias, junto a un valor nada común y una inteligencia torera privilegiada……………..Toreaba de todas las maneras conocidas hasta entonces, y mejor que nadie, y matando debía ser algo extraordinario en aquellos tiempos en que la estocada era a la que verdaderamente se daba importancia………….Voluntariamente, y cuando su fama y categoría no habían descendido lo más mínimo, se retiró de los ruedos en 1799. En tan prolongada vida taurina, Pedro Romero sufrió poquísimos percances y todos carecieron de importancia, lo que, aparte de una suerte grande, prueba su maestría y su habilidad enormes por todos reconocidas. Ya retirado, el rey don Fernando VII fundó la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, nombrando director a Jerónimo José Cándido; pero Pedro Romero, alegando su antigüedad y merecimientos, logró que se le diese a él tal cargo. Y allí desarrolló su magisterio con  igual dignidad y brillantez que en las Plazas de Toros”



Fernando Claramunt, en su libro La mirada del torero, analiza el retrato de Pedro Romero pintado por Goya, y respecto a las opiniones de otros expertos, escribe:

"A Goya, en el retrato de Pedro Romero, no le hace falta la espada ni la muleta. Soberano de los toreros de su tiempo, porta el cetro invisible del toreo. La de Romero es mano con real autoridad...............La mano de Pedro el de Ronda, egregio por dinastía y vocación, es grande y maciza. Sabe alzarse para imponer disciplina a las cuadrillas y a la plebe. Con gesto solemne sobrecoge a la turba del graderío, pone en su sitio a los majos..........De paso, se afirma frente al séquito de petimetres que se esfuerza por hacer la corte a las duquesas..................La mano de maese Pedro, de joven Perico, luego Pedro y por último don Pedro, descansa en el cuadro rozando la capa, la chupa, el chaleco y la faja................................El atuendo del diestro se halla en el punto medio del camino entre lo popular y lo aristocrático. A Pedro, como a sus competidores Costillares y Joseph Delgado Illo, regalaban vestidos lujosos las duquesas. Los tres favoritos del público en tiempos de Goya eran en lo suyo Grandes de España. Grandeza bien asimilada por damas de la casa de Alba y de Osuna, que llevaban a sus respectivos palcos un cirujano de confianza por lo que pudiera pasar en el ruedo"


El mismo Fernando Claramunt, en su Historia del Arte del Toreo, escribe:

"De sus retratos (de Goya), pocos tan admirables, respetuosos y certeros como el de Pedro Romero, de medio cuerpo, pintado entre 1795 y 1798. Llama la atención la mano derecha, solemne, lejos de la espada y del toro. Goya se había fijado en las manos de Velázquez y El Greco, así como en las del maestro Van Dyck. La mano de Pedro Romero da idea de firmeza, energía, lealtad, sinceridad y honradez. El dedo índice se muestra señorial, seguro. Atuendo entre popular y aristocrático. No se traslucen soberbia ni altivez, que tuvo, así como la flaqueza de ser insolente con los débiles y adulador de poderosos"

"Alvaro Martínez Novillo afirma: "La imagen es absolutamente señorial y está pintada en una gama muy velazqueña; negro, gris, rojo y blanco. El torero está en la plenitud de su vida, en torno a los cuarenta o cincuenta y cinco años". Nos hallamos en la tradición de los retratos que Velázquez solía reservar para los reyes. Goya no cuidó del mismo modo todos los suyos. José Gudiol, después de dedicar cuatro volúmenes al arte de Goya, considera "espléndido retrato" el de Pedro Romero, "retrato vivo, verdadero milagro de simplicidad, lograda con pincelada fugaz pero contenida"


José Somoza, ante el mismo retrato, escribe:

"Su semblante, que está muy parecido, respira honradez y sensibilidad, sin que se advierta nada de la ferocidad desalmada de las costumbres gladiatorias. Sólo una de sus manos, que está abierta y apoyada sobre el otro brazo, es la que manifiesta la profesión del personaje. Esta mano de atleta se presenta en primer término y llama la atención de los espectadores, para que ya no duden respecto al ejercicio y fuerza del que miran"

                                                   







Si en un tiempo se lloró
por la desgracia fatal
que ocurrió con Pepeíllo,
lloremos hoy otra igual.

Repítase el sentimiento,
aunque es un sugeto vario,
pues en diciendo Guillén
fue en su Arte Relicario.

Nos quitó un Toro perverso
ya su celebrada espada,
su muletilla, tan diestra,
y su posición salada.

Copia de un fragmento de un pliego suelto sobre la muerte del diestro, de autor anónimo. Los toros. T.III, de José María de Cossío.





"Bien puede decir que ha visto
lo que en el mundo hay que ver
el que ha visto matar toros
al señor Curro Guillén"

Copla


Si en un tiempo se lloró
por la desgracia fatal
que ocurrió con Pepe-Hillo,
lloremos hoy otra igual.

Repítase el sentimiento,
aunque es un sujeto vario,
pues en diciendo Guillén
fue en su arte relicario.

Nos quitó un toro perverso
ya su celebrada espada
y su muletilla tan diestra
y su posición salada.

Coplas





Francisco Herrera Rodríguez, Curro Guillén, nació en Utrera el 16 de noviembre de 1783, de familia torera. Su padre, Francisco Herrera, había sido torero y su madre, Patrocinia Rodríguez,  era sobrina de Costillares. Nieto del matador de toros Francisco Herrera, anterior a Pedro Romero.

Como muchos otros maestros de la época aprendió el oficio en el matadero de Sevilla, acompañando en los entrenamientos a su padre, que no veía con malos ojos las disposiciones del chico para la lidia.

Daniel Tapia, en su Historia del toreo, escribe:

"A los quince años organizó probablemente la primera cuadrilla de toreros infantiles, que tanto auge habían de tener a lo largo del siglo XIX; capitaneándola, mató en una capea celebrada en Llerena dos toros, llamando la atención por su precocidad de torero entendido y valiente..........Parece seguro que el 3 de septiembre de 1799 se presentó en Madrid, actuando después en las plazas de Extremadura y Andalucía, casi siempre como jefe de cuadrilla, durante los primeros años del siglo.............La impresión producida por el joven diestro el año 1803 en Madrid fue extraordinaria, a pesar de estar los aficionados acongojados aún por la muerte de Pepe-Hillo y creerse que después de aquel célebre torero nadie conseguiría lo que él..........En 1804 y 1805, en corridas de la Maestranza, toreó con gran acierto y el constante aplauso de los sevillanos.........El año 1807 rechazó las proposiciones que los empresarios de Madrid le hicieran, pensando en él como la figura más indicada para competir con el formidable Jerónimo José Cándido........En los primeros tiempos de la dominación francesa........como Curro Guillén no acudiera a los requerimientos de adhesión que los nuevos mandatarios hicieron a los sevillanos, fue tachado por éstos de patriota.............En 1810 pidieron de Madrid toreros a diversas ciudades andaluzas, y el prefecto de la corte se dirigió al de Sevilla pidiendo "en la clase de espadas a José Romero, residente en Ronda, y Curro Guillén, en esa Sevilla. Y si alguno de los dos se excusase o no pudiese ser avisado, sería conveniente se avisase a Jerónimo Cándido o en su defecto a Agustín Aroca"..............En 1811 volvió a alternar Curro Guillén con el gran torero de Chiclana en corridas organizadas por José Bonaparte............Volvió Curro a Sevilla poco después y permaneció allí algún tiempo, marchándose luego a Lisboa por dos años............Regresó por fin a su país y su nombre aparece en 1810 en los carteles de la Maestranza de Sevilla...........En Madrid se presentó el 10 de abril del año siguiente alterando con el Castellano y Sentimientos.............Su éxito sumamente halagador le colocó entre las principales figuras del toreo y se le tuvo como el mejor desde la muerte de Pepe-Hillo...............En 1816 actuó en Madrid junto con Jerónimo José Cándido y Antonio Ruiz el Sombrerero............En 1817 y 1818 afirma de nuevo su fama; al año siguiente subió el apogeo a grado sumo, y cual Pepe-Hillo en los tiempos postreros de su muerte, fue mimado por todos los públicos y endiosado hasta límites a los que no llegaron ni los políticos de entonces"



Sin embargo, en un folleto titulado Juicio crítico de los toreros escriturados en Madrid en el año 1816, se dice:

"La verdad es que a Guillén le falta bastante para ser un torero completo; que tiene muchas pretensiones, y éste es un defecto grandísimo, pues cuando esto sucede no bastan las reglas  ni el saber, porque todo se ejecuta sobre supuestos falsos. Sus volapiés son en general largos y en los toros arrancados para poco los pies, de donde resultan las estocadas atravesadas o poco profundas, tendidas horizontalmente o flojas. Todo lo notará usted, particularmente en los toros castellanos, a los que todos ellos tienen aprehensión, unos más, otros menos"


Cossío se refiere a las actuaciones de Curro Guillén en Lisboa en estos términos:

"El triunfo del sevillano en el nuevo ruedo de Santa Ana fue apoteósico. Retratos con su figura, recuerdos y prendas de su indumentaria se vendieron en Lisboa a altos precios. La marchosería y el rumbo más gitano, unido a una figura gentil y gallarda y a un carácter simpático y alegre, conquistaron para el español la simpatía de todas las clases sociales lisboetas, y las aventuras y conquistas amorosas que hiciera fueron sonadas y comentadas largo tiempo. Hasta tal punto se hizo estimar, que, cumplido su contrato en 1814, quiso regresar a España, y todos, hasta algunas autoridades lusitanas, hicieron esfuerzos cuantiosos y le ofrecieron propinas económicas envidiables para que se quedase entre ellos más tiempo"





Estuvo de banderillero con Jerónimo José Cándido, que le dio la alternativa en 1799 en Sevilla, a los dieciséis años.

Se decía que poseía toda clase de suertes y recursos, gracias a lo cual pudo decir de él su discípulo Juan Leon: "aquel hombre valía solo más que toda la cuadrilla junta, y en los momentos de apuro mayores que se le presentaban era cuando se le ocurría mandar ¡fuera gente!".

Mataba indistintamente al volapié o recibiendo, porque su buena estatura le permitía dominar ambas suertes.

Murió trágicamente, en el apogeo de su gloria taurina, en la plaza de Ronda la tarde del día 21 de mayo de 1820 al ser cogido por un toro de siete años de la ganadería de Cabrera, al ejecutar la suerte suprema. El quite heroico de su discípulo Juan León no pudo salvarle.

Dice Velázquez Sánchez que existía en la ciudad de los Romero (Ronda) una marcada animadversión contra los toreros sevillanos, a los que ellos consideraban, por sus volapiés y otros recursos, para ellos propios de titiriteros o cosa así, como muy inferiores a los gloriosos fundadores de la escuela rondeña. Contratado para torear en Ronda el 21 de mayo de 1820, al salir las cuadrillas parte del público arremetió contra él.

La relación de tan desgraciado hecho la dio El Clarín en su número trece del siguiente modo:

"Aficionados inteligentes y respetables hay en esta corte que vieron morir a Herrera Guillén en la plaza de Ronda la tarde del 21 de mayo de 1820, que fue de esta manera: Rompió la plaza el primer toro, que era de la famosa ganadería de Cabrera, pelo retinto, de siete años; estaba flaco y de calidad blando............Tomó una vara de Joaquín Zapata, otra de Sebastián Mínguez y otra de José Doblado. Le pusieron cuatro pares de banderillas.Salió a matarlo Herrera Guillén, que vestía rosa bordado de abalorios de distintos colores; le dio un pase al natural, y quedando el toro un poco atravesado, con la cabeza a las tablas, lo enderezó con la muleta, y al cuadrarse lo citó un poquito largo con ánimo de recibirlo, y encampanado el bicho sin acudir a la llamada dio dos pases de frente y le arrancó dándole un pinchazo muy bajo al lado contrario, y la fiera lo enganchó por la llana del muslo derecho y lo arrojó contra las tablas, quedando un poco recostado en ellas como un momento; en esto el toro se desengaño y le arrancó, enganchándolo sobre firme con el cuerno izquierdo por el vacío derecho, introduciéndole más de dos terceras partes del asta. Téngase presente, y esta circunstancia es muy importante, que el intrépido Juan León, antes de la cogida, se echó encima del toro, pero fue enganchado por el hombro derecho y salió la fiera hacia los medios con cada uno de estos lidiadores en el pitón. En un derrote que tiró los arrojó a la arena, y levantándose del suelo primero Guillén que León, se dirigió con pasos vacilantes a la enfermería (unos diez pasos de distancia), y al entrar entre barreras expiró en brazos de Francisco Caamaño, contratista de caballos en aquellas funciones y amigo íntimo del difunto. De la cogida al expirar no pasaron dos minutos"


Fernando G. de Bedoya (1802-1860), en su libro Historia del Toreo, editado en Madrid en 1850, escribe:


“(Pag. 71)………Francisco Guillén era valiente, entendido, decoroso, entusiasta de su reputación, gallardo, y querido de las damas; y sabiendo apreciar justamente sus favores, nunca les mostró descolorido el rostro, sobre el cual reflejaban sus encantadoras miradas; ni pudo permitirse que su figura apareciese en la huida, menos garbosa de lo que él la apreciaba en el aguardo………….Este aventajado torero, jamás dio muestras de verse atacado por el más leve temor a una res: completo lidiador, banderilleaba sin haberlo aprendido; picaba sin ser caballista……y finalmente mataba toros con la ayuda de su inimitable mano izquierda, de una manera pasmosa; y todo esto ¿a quién es debido? A su extraordinario valor; a la apreciación que de sí mismo tenía……………..(Pag. 78)………….Nacido Curro Guillén para torero, no desconocía el partido que podía sacar a sus naturales dotes: corpulento, ágil, forzudo y de un valor a toda prueba, contaba con los medios de dar a su espada una impulsión más que suficiente, para quedar airoso en todas las suertes que el toro se le colocase: perito en el arte comprendía que una estocada bastaba para dar la muerte al bicho, y que esa debería ser la primera, porque de este modo conciliábase la facilidad y el lucimiento; por lo mismo, animoso e inteligente aprovechaba el momento oportuno para despacharlo de un golpe mortal. Tan repetidas fueron las ocasiones en que a la primera estocada dejó Curro tendida la res a sus pies, que ya aquel tino parecía casi instintivo, y tenía cierto carácter providencial de imposible explicación. Innumerables y a cuan más entusiastas eran los aplausos que por ello recibía…………….(Pag. 79)…………..Citáremos también, ya que de sus condiciones como lidiador hablamos, la afición que más dominaba a Guillén: esta reducíase a conocer las reses en sus terrenos, y persuadirse de sus cualidades, sorteándolas sin el auxilio de burladeros y en parajes escabrosos, en lo cual gozaba infinitamente, si atendemos la frecuencia con que concurría a las dehesas destinadas a criaderos de ganado……………Fue contratado para la de Ronda en una corrida que debía tener lugar el día 20 de mayo de 1820. Este fue el (Pag. 80) el último día de su existencia. Presentóse a la función lujosamente vestido como tenía de costumbre, y corriéndose un toro de Cabrera, cuya casta era la más recomendada, por esta época, hallábase Guillén descuidado, atendiendo a lo que le decían desde un tendido: el toro que se lidiaba dirigióse a él, y como le viera Juan León, banderillero entonces de este célebre matador, le gritó, “¡Fuera, señor Curro, fuera!” Guillén que jamás había cejado de su propósito de no huir, volvió la cara para sortear la res que así pensaba atacarle, pero esta había ganado mucho terreno, y no dio lugar sino a defenderse con hábiles recortes, que Curro poseía como torero consumado: por algunos momentos estuvo dudosa su salida, que tal vez habría sido más feliz con otro bicho de menos sentido que los de la citada casta, pero cuando a aquél faltáronle los recursos, el toro se le echó encima, y tomándolo en la cabeza, le dio tan atroz cornada, que Francisco Guillén quedó muerto en el acto.”

Y más adelante, en el mismo libro:
"(Pag. 140)…………..Ultimamente, en esta contienda llevaba ganada la partida el lidiador que más favorecido se encontraba por la naturaleza, y este era Francisco Herrera Guillén; su esbelta presencia y natural gracejo, inspiraba ciertas simpatías tan difíciles de destruir, y tan marcadas en su favor, que hasta ocasionaban parcialidades en más de una ocasión en que era preciso juzgar con conciencia y decidir sin coacción. Guillén era favorecido siempre porque sobre él solo se fijaba la vista de los espectadores. Pero no eran solamente sus dotes físicas las que reclamaban estas simpatías hacía Guillén, era asimismo su valor, su destreza, su mérito, su carácter, la perfección y oportunidad con que ejecutaba las distintas suertes que caben en un torero consumado y de especial de recomendable condición…………………….La suerte de descabellar, que era una de las que este célebre torero practicaba con más frecuencia, la hacía lucir más y más porque no aguardaba para ejecutarla a los momentos de postración de la res; lo ponía en práctica a los dos o tres pases, y con una confianza sin igual se colocaba a corta distancia de la cabeza del toro y lo descabellaba en el momento, pero a costa de un eminente peligro como todos pueden conocer. Estas acciones  tan demostrativas del valor de Guillén, le elevaban aún más de lo conducente, y le colocaron en fin, en el lugar privilegiado que se reserva para el más hábil y distinguido……………………….(Pag. 141)………..Francisco Herrera Guillén, fue uno de los hombres contra quien no luchó jamás ningún elemento que le perjudicase. Estas circunstancias le fueron muy esenciales a un buen crédito y al desarrollo que a su antojo dio a la lidia, por lo cual se le concedió el título del primero en su época……………….Los banderilleros que componían la cuadrilla de Curro Guillén, eran sin disputa los que más ventajas tenían sobre los demás, pues reunían la particular circunstancia de ser muy finos y largos, así como ambidestros o llámese de los dos lados……………….Mas con todas estas circunstancias y del crédito general que había llegado a merecer, aun ni figuraba como primera espada en la plaza de (Pag. 142) Madrid al atravesar los años de 1814……………..Poco después de esta época contratóse en Madrid como primera espada. Sus banderilleros como ya dijimos podían llamarse los más diestros y ágiles, y tan subordinados a la voz de su jefe que ninguno era osado a desplegar su capote si no observaba una seña de su matador que así se los previniese. Un profundo respeto que casi rayaba en fanatismo era el que todos profesaban a su maestro Curro Guillén, razón por la cual bastaba que éste dijese “vamos al toro” para que sus picadores se precipitasen a buscar la suerte a donde quiera que la res estuviese situada, sea cuales fuesen las condiciones del bicho……….., porque la fe que inspiraba Guillén desvanecía toda idea de peligro y todo el temor que abrigasen: los banderilleros que por descuido echaban un capote mal, y recibían de Curro una mirada severa, era lo bastante para que no volviesen a padecer ni la más mínima distracción……………….(Pag. 144)…………..La desgracia ocurrida a Francisco Guillén influyó tanto en la decadencia de las fiestas de toros, que por mucho tiempo fueron inanimadas y desnudas del atractivo que este excelente diestro les proporcionaba con las gracias que le eran propias y con la destreza y buen arte que precedía a todas sus suertes"


José Velázquez y Sánchez (1826-1880), en su obra Anales del Toreo, editada en Sevilla en 1868, escribe: 

“(Pag. 98)…..Aparte de sus dotes singulares, y de sus conocimientos peregrinos, Francisco Herrera Guillén tenía esa inspiración de la superioridad, que concentra en un nombre toda una época memorable. Su don de mando en la cuadrilla provenía del respeto profundo a un hombre insigne, de quien todos recibían enseñanza y reconocían orgullosos dependencia, y el convencimiento íntimo de su situación preferente en el arte le movió a mejorar los ajustes de los lidiadores, exigiendo a las empresas ventajas y garantías, desconocidas hasta su tiempo. Sus discípulos preferidos, Ruiz, Jiménez y León, como banderilleros y como espadas, dieron fehaciente testimonio de las seguras bases de su escuela…………………Heredero de la inmensa popularidad de Pepe Hillo, Guillén por una fatal predestinación tuvo también su final catástrofe en la plaza de Ronda en el infausto día 20 de Mayo de 1820; produciendo esta horrorosa tragedia la misma sensación de espanto y repugnancia que causó el siniestro de Delgado en Madrid……………..(Pag. 157)……..Francisco Herrera Rodríguez, hijo del reputado Francisco Herrera Guillén (Curro), y nieto de Francisco Herrera, estoqueador sevillano, que trabajó en Madrid con Joaquín Rodríguez en las funciones de la jura de Carlos IV………..Curro Guillén nació en la villa de Utrera, donde consta bautizado en trece de (Pag. 158) Octubre de 1775………..La madre de nuestro Curro, María del Patrocinio Rodríguez, era hija del diestro sevillano Juan Miguel Rodríguez, tio carnal del famoso Costillares, y hermana de los acreditados banderilleros José María y Cosme…………Herrera Rodríguez tenía amayorazgada por ambas líneas la profesión de lidiador de toros……….Desde sus primeros años, y avecindada su familia en Sevilla, concurrió a la escuela práctica del matadero, acompañando a su padre y a sus tíos a herraderos, tientas y pruebas de reses………Así se explica que a la edad de quince años matara en Llerena dos toros en una capea……….Guillén aprendió todos los trámites del toreo a caballo y a pie en toda especie de brutos, y fijó principalmente el tipo de su escuela en bastarse a sí propio en los trances de la lucha del hombre con la fiera astada; desdeñando esas combinaciones, en que la táctica de la cuadrilla suple a la acción de quien ejecuta las respectivas suertes, (Pag. 159). Juan León, su amante discípulo, decía de Francisco Herrera Rodríguez : -“Aquel hombre valía solo más que su cuadrilla junta, y en los apuros más grandes que se le presentaban era cuando se le ocurría mandar “¡fuera gente!”…………Curro no quiso depender como peón de diestro alguno, y así es que alternó con todos los espadas de Andalucía como otro tal, y con derecho a llevar dos banderilleros y dos picadores……………Apoderados de Sevilla los franceses, Curro Guillén, que era ardiente patriota, no quiso congraciarse en manera alguna con el mariscal Soult………..Ya pensaba en expatriarse cuando se le ofreció contrata por dos años en el nuevo coso de Santa Ana en Lisboa…………La aceptación de Francisco Herrera Rodríguez en la capital del reino lusitano fue tan grande y general en aquel noble país que todavía se encuentran los testimonios del efecto mágico que produjera su presencia, trato y habilidad en el pueblo portugués………….Era Curro Guillén de gallarda y gentil figura. Vestía con el esmero y el lujo de los majos de entonces. Su carácter franco, leal, rumboso, galante y exento de pretensiones y exigencias, secundaba la impresión favorable de su aspecto. Su valor, destreza, serenidad y gracia, no conocían paralelo en la apreciación de aquellos espectadores admirados………En la corte lusa adelantó considerablemente el espada sevillano; porque vió géneros de toreo y suertes distintas……….Alzado el veto Real que mantenía cerrados los circos españoles, la empresa de la plaza de Madrid reiteró a nuestro héroe sus propuestas de convenio para la temporada de 1815………La presentación de Guillén, con su selecta cuadrilla, en la tarde del diez de abril del referido año en la plaza de la villa y corte……..causó una sensación imponderable; porque desde los primeros instantes de la lid pudo reconocerse que allí había don de mando, una proavidencia vigilante siempre, y un arreglo escrupulosos a las circunstancias de cada suceso; sin notarse jamás apuro, precipitación ni desorden, y pasando las cosas como si estuviesen previstas de antemano. En las demás corridas de aquella temporada, Herrera Rodríguez desarrolló la novedad y fijeza de su toreo………….En 1816 consiguió la empresa juntar en el circo de Madrid a Cándido, que no suplía con sus esfuerzos el quebranto de sus facultades; y en balde hubiera pretendido Geromo establecer la preponderancia sobre las maravillosas dotes de aquel sucesor de José Delgado, que no sólo perfeccionaba los trámites conocidos del arte tauromáquico, introduciendo algunos procedimientos de la mañosa lidia portuguesa, sino que tenía invenciones propias, tales como el descabello de reses enteras, preparado por un trasteo magistral………..(Pag. 161)……..En 1819 Guillén tocó a la cumbre de ese apogeo, que lo propio en él que en Hillo fueran los precedentes de una catástrofe dolorosa……………Los rondeños, infatuados con los fundadores de su aplaudida escuela tauromáquica, y celosos de la competencia que con ella venían sustentando Costillares, Hillo y Herrera Rodríguez, se atrevía a sostener que el método sevillano era una serie de corruptelas del arte, en que la verdad de la lidia se adulteraba con manejos mañosos; y así es que el volapié, el encuentro, y cuantos lances había introducido la táctica sevillana, valían muy poco en Ronda ante la primitiva suerte de recibir los bichos, en que Pedro Romero no había encontrado rival. En la tarde del 20 de mayo de 1820 se corrían toros de la famosa ganadería de don José Rafael Cabrera, y desde el paseo de la cuadrilla comenzaron las burlas y las rechiflas insultantes a los toreros sevillanos de parte de una turba de Romeristas……..Al trabajar de muleta al toro Francisco Herrera Rodríguez, un tal Manfredi, que acaudillaba la gente de un tendido contra los toreadores de Sevilla, dijo a Guillén: -“Señor Curro ¿no es usted el rey de los toreros?”- El espada clavó una mirada centelleante en quien le interpelaba así en tono de amarga ironía.- “Reciba usted a ese torito”- añadió Manfredi………..Cegado por el despecho, olvidando en el ardimiento de su cólera la condición aviesa y la afición al bulto de la res, y fiando el éxito de su temeridad a su fortuna y valor extraordinarios, Curro citó resueltamente al sentido Cabrereño, que entrando el envite con presteza y cerrado, arrolló al diestro, dándole en el pecho una cornada, y llevándose asido por el hombrillo derecho de la chaqueta a Juan León, que había acudido al quite para ver de librar a su querido maestro. En cuanto a Guillén dio algunos pasos vacilantes, y cayó en los brazos de Francisco Caamaño, su compadre y amigo, contratista de caballos, que salió en su socorro a la plaza, y le condujo ya difunto a la enfermería……………..Para mayor identidad de Curro Guillén con Pepe Hillo, el horror y el sentimiento de su prematuro y doloroso fin retrajeron al pueblo de su afición a las lides por algunos años.”

José Sánchez de Neira (1823-1898), en su libro El toreo. Gran diccionario Tauromáquico, editado en Madrid en 1879, escribe:


“Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén). De nadie puede decirse con más razón que de este torero, que le viene de abolengo el ejercer la profesión que tantos lauros le proporcionó durante su vida, y que le causó la muerte prematuramente…….Fue hijo del acreditado Francisco Herrera Guillén (Curro), matador de toros a principios de este siglo y finales del anterior……….Nieto de Francisco Herrera, notable matador de toros que precedió a Pedro Romero……….Y fue su madre, Patrocinio Rodríguez, hija de Juan Miguel Rodríguez, tío del famoso Costillares, y hermana de los banderilleros Cosme y José María……….De modo que por ambas líneas, paterna y materna, le venía de casta ser torero…….Nació en Utrera, provincia de Sevilla, el 13 de octubre de 1775, y no en 1778, como ha dicho equivocadamente algún autor……….Desde los primeros años de su vida se distinguió por su afición; y siendo muy joven demostró ser bravo con las reses y tener especiales condiciones para la lidia………….Tanto en el campo como en las plazas o cotos cerrados, intentaba la ejecución de cuantas suertes había visto, lo mismo a pie que a caballo, y al practicarlas felizmente, aprendía a conocer el instinto y los resabios de las reses……….Así es que, al presentarse en las plazas como jefe de cuadrillas, su fama se extendió tanto, que era buscado con empeño por lo mucho que animaban su toreo y su destreza……..Contribuían también a ello, además de sus recursos en la lidia, su gallarda figura, su lujoso vestir, su rumboso porte y su serenidad en los trances más apurados……..Y todo esto hacía que el público demostrase por Herrera Rodríguez grandes simpatías…………….Trajo a la arena el prestigio que le dieran sus antepasados, y hasta conservó el mote de Curro Guillén, sin llamarse Guillén, como no fuese en cuarto lugar de apellidos; sacó partido de su graciosa figura, se esmeró siempre en complacer al público, y de este modo le fue muy fácil simpatías justísimas y adquirir excelente fama, que conservó hasta el fin de su vida……….Decíase que nadie en el campo había podido enlazar un toro, y que Curro lo había conseguido en breve tiempo; que para derribar era el primero, y que no había quien le aventajase con el capote en la mano………. Necesariamente su nombre había de correr de pueblo en pueblo, y por la Andalucía con más razón, siendo allí nacido, y siendo allí el teatro de sus hazañas…..En el resto de la Península no podía entonces lucir sus conocimientos, porque la guerra que España sostenía con Francia imposibilitaba la lidia en muchas plazas, y en Madrid, como él decía, había muchos afrancesados con quienes no podía transigir……….Marchó, por tanto, a Portugal, llevando, entre otros, como primer banderillero, al que luego fue buen espada, Juan Jiménez el Morenillo……...Allí recoge por más de dos años grandes cosechas de aplausos y dinero, y su gallarda figura, especiales favores de altas damas portuguesas………..Concluyó la guerra……….Era el año de 1815, en que Fernando VII acababa de revocar una orden que en el año anterior había dado suspendiendo las corridas de toros………Desde el momento en que se presentó en la plaza de la puerta de Alcalá cautivó el corazón de las damas…………Mató el buen Curro sus toros de una sola estocada, menos uno que sin probar el estoque murió al primer intento de descabello; y desde aquel instante Madrid dio carta de naturaleza al simpático espada……..No se tardó en querer suscitar competencias, poniendo enfrente de Curro Guillén al acreditado maestro Jerónimo José Cándido………Los círculos taurómacos altos y bajos…..se estremecieron de placer cuando en el año de 1816 supieron que en el primer redondel del mundo iban a torear juntos y en competencia Curro Guillén, que contaba cuarenta años de edad, y el maestro Jerónimo José Cándido, que ya tenía cerca de cincuenta y seis, y hacía tiempo que no toreaba por sus dolores reumáticos………….Cuestionaban los aficionados acerca del mérito de uno y otro, y como sucede siempre, los viejos suponían en lo antiguo lo mejor, y la gente joven defendía lo moderno……Alegaba aquéllos que Cándido estaba enfermo, en el ocaso de su vida, y sin unos banderilleros tan de punta como Juan Jiménez el Morenillo y  Juan León, que auxiliaban a Curro……….Y los partidarios de éste decían que como él no había habido otro torero, y menos otro matador de toros, desde Pedro Romero en adelante………..Hemos oído referir a inteligentes aficionados que ambos diestros estuvieron a la altura de su reputación………Cándido, sorprendiendo al público con la perfecta ejecución de las suertes según las reglas escritas; Curro Guillén, con sus infinitos juguetes y arriesgados lances; y aunque los inteligentes prefiriesen el concienzudo trabajo del primero, la verdad es que la inmensa muchedumbre gustaba más de las salerosas gracias del rumboso torero que de la serena y fría exactitud del quebrantado en sus facultades, renombrado maestro…….La fama de Herrera Rodríguez fue en aumento, así como su modo de descabellar sin haberlos estoqueado; sus repetidos galleos y sus ceñidos recortes eran cada vez más aplaudidos………..Llegó por desdicha el día 20 de mayo de 1820, en que su cuadrilla trabajaba en Ronda…….Lidiánbase toros de don José Rafael Cabrera, que, eran entonces de los más acreditados, y el público rondeño, entusiasta por la escuela o moda de torear del gran Pedro Romero, que siempre le ha calificado de toreo verdad, mostró desde el primer momento, según dice el autor,  cierta manifestación de desagrado contra los toreros sevillanos………Al frente, digámoslo así, del núcleo de intransigentes rondeños se hallaba un tal Manfredi, que en voz alta, y cuando pasaba de muleta a un toro el espada Guillén, le dijo en son de burla:

-¿Y es usted el rey de los toreros?............Estas imprudentes palabras alteraron el ánimo de nuestro gran hombre, que no estaba acostumbrado a oír censuras, sino aplausos……Puesto ya el toro para la muerte, gritó la gente de Manfredi:

-¿A que no lo recibe usted?

Y entonces, sin atender Curro más que a su amor propio, olvidándose que no era su especialidad la de recibir toros, y la calma que da la conciencia de lo que se hace sabiendo, citó al toro para recibirle, acudió el animal, y enganchó con una tremenda cornada por el pecho al desgraciado Herrera, que a pocos pasos cayó exánime, siendo conducido a la enfermería por el contratista de caballos Francisco Caamaño……..De nada sirvió que el bravo Juan León, su banderillero entonces, se arrojara materialmente con temerario empeño sobre los cuernos del toro para salvar a su jefe……..La cornada recibida por éste era de muerte instantánea, y los espectadores creyeron por un momento, al ver colgado a León de la otra asta (pues el toro tuvo suspendidos a un tiempo a Curro y a León), que éste también había sido víctima de su excesivo valor y acendrado cariño………….En toda España y en el vecino reino de Portugal fue tan sentida la muerte del simpático Curro, que como circuló rápidamente, se puso en duda pro infinitos apasionados, que escribieron, deseosos de saber lo cierto, al pueblo donde ocurrió la catástrofe………..Por desgracia, ésta fue como hemos dicho, y así lo comunicaron los que presenciaron hecho tan terrible………..Doliéronse los españoles de la falta de tan gran torero, y expresaron su sentimiento en romances y estampas que profusamente circularon……….Bien lo merecía la memoria del lidiador que, si bien no marcó adelantos en suertes nuevas, practicó perfectamente aquellas a que más se ajustaba su inteligencia, y que animó no poco la afición en época de decaimiento para la misma.”





F. Bleu, en su libro Antes y después del Guerra, escribe:

"Inmediatamente, Jerónimo José Cándido, campeón de la escuela rondeña, y Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén), de la sevillana, luchan entre sí cada uno con su estilo perfectamente definido, determinando el origen de las dos clases de toreo; toreo severo, sobrio, de poder a poder y toreo adornado, fastuoso, bullidor, de cuarteo"

García de Bedoya escribe:

"Francisco Guillén era valiente, entendido, decoroso, entusiasta de su reputación, gallardo y querido de las damas; y sabiendo apreciar justamente sus valores, nunca les demostró descolorido el rostro, sobre el cual fijaban sus encantadoras miradas, ni pudo permitirse que su figura apareciese en la huida menos garbosa de lo que él la apreciaba en el aguardo"


Cossío, en su obra Los Toros, escribe:

"Sin los caracteres de innovación de Jerónimo José Cándido, tenía el toreo de Curro Guillén algo de único de cada época. Indistintamente mataba al volapié o recibiendo, porque su buena estatura le permitía dominar ambas suertes. Con toro, el no ser muy ligero de pies le hacía recibir a todos los toros que se venían, y por ello era muy sobrio en el trasteo de muleta para no agotarlos y lograr que se le arrancaran"


"Don Ventura", en él número 2 de la colección "Grana y oro", titulado "La Tauromaquia en el siglo XIX", escribe:
"(Pgs 9-11)…….Por los cuatro costados le venía la sangre torera a este matador……………Unido su abolengo a una figura agradable de talla regular, a una fisonomía simpática y a un garbo especialísimo, son explicables el renombre y al popularidad que alcanzó en los albores del siglo XIX, porque importa advertir que, además de brío, majeza, rumbo y gallardía, fue un torero valeroso……..Tan valiente fue, que sin haber sufrido percances de consideración le vaticinaron sus contemporáneos un trágico fin…………Su fama de diestro valeroso y hábil cundió pronto en toda la Península………¿Fue un astro de primera magntitud? Realmente, no. Nada trajo al torero ni nada perfeccionó, y si los públicos le encumbraron tanto debióse a que, además de valiente, supo hacerse querer por haber acertado a encarnar los matices de aquel tipismo……..y porque en aquello seis años últimos de su vida ya no podía vencerle el único que le aventajaba, su maestro Jerónimo José Cándido."

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"El señor Curro Guillén -con este sobrenombre ha pasado a la historia del toreo- se llamaba en realidad Francisco Herrera Rodríguez...............emparentado por la rama materna con la dinastía de los Costillares. Su padre y abuelo paterno también eran toreros.......................Reaparece en Madrid el 10 de abril de 1815...............Nadie había visto torear tan bien desde los tiempos de Pepe-Illo. Desde este momento (y en 1814 había tenido grandes éxitos en la Maestranza sevillana) fue el número uno en toda España hasta su trágica muerte, acaecida en 1820 en Ronda.....................Se dice que su muerte estuvo provocada por un siniestro personaje llamado Manfredi que en tono de mofa le requirió para que matase recibiendo a un toro nada propicio para tal suerte......................El torero Juan León intentó a la desesperada, de manera infructuosa, salvarle la vida"

El mismo Fernando Claramunt, en su Historia del Arte del Toreo, escribe:

"Bajo el absolutismo de Fernando VII poco bueno se podía ver en España. En los ruedos destacó Francisco Herrera Rodríguez, de Utrera, conocido como "Curro Guillén", descendiente de "Costillares" por rama materna y con varios toreros en la rama del padre. Tras unos años de "exilio taurino" en Portugal, asombra a los madrileños el 10 de abril de 1815 alternando con "El Castellano", "Sentimientos" y "El Bolero". Nadie había visto torear tan bien desde los tiempos de Pepe "Illo". Jerónimo José Cándido quiso darle la alternativa en 1799. Cuando llega la guerra napoleónica se niega a colaborar con los invasores y reprocha a "Sentimientos" su afrancesamiento. Fue el número uno de su tiempo, hasta su trágica muerte en el ruedo de Ronda en 1820. La cornada fue mortal; ensartado por un cuerno, de nada sirvió el desesperado quite de su discípulo Juan León colgándose del otro pitón"


Seguimos con Fernando Claramunt, ahora en su obra Los toreros de la Reina Isabel II:

"La primera figura del toreo en aquellos años oscuros era el señor Curro Guillén, que se nos muere en 1820 en Ronda. Desde que se restablecieron las corridas de toros en 1814, fue durante seis años el predilecto de los públicos.................El señor Curro era muy querido en Madrid, que conocía bien sus ideas liberales. Por los sucesos de Galicia y el alzamiento del general Riego en Cabezas de San Juan.............las autoridades suspendieron seis corridas en la plaza madrileña. Curro viajó a Cádiz y Ronda para cumplir sus compromisos en festejos anunciados. En Cádiz la lidia se vio perturbada por el nerviosismo del público. Se agotaron las entradas, se hundió una parte del graderío y la presidencia ordenó matar a tiros las reses bravas que quedaban en los chiqueros...........El señor Curro se fue a Ronda, donde, además de las hostilidades entre los partidarios del gobierno represivo y los utópicos de la Libertad, se topó con la rivalidad entre toreros sevillanos y rondeños. Por haber nacido en Utrera y ser liberal, una parte del público se dedicó a zaherirle hasta que vieron cómo un toro retinto, de siete años cumplidos, acabó con la vida del torero. La seda rosa del vestido de torear se tiño de sangre mientras agonizaba en el ruedo. Lo recogió en brazos su compañero Juan León, que se había colgado de un cuerno haciéndole el quite a la desesperada. Pareció que la desventura perseguiría a Curro Guillén hasta el otro mundo, porque el vicario se opuso a enterrarlo en lugar sagrado. Toreros y aficionados discutieron con él sin resultado; hasta que un capitán de la guardia, mirando de hito en hito al clérigo, tomó cartas en el asunto y el vicario comprendió que le convenía ceder"




César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, desarrolla la idea de que los adalides de la escuela sevillana (José Cándido, Pepe-Hillo, Curro Guillén , El Tato, El Espartero.........) mueren sin sucesión. Todo el mundo les aplaude; pero nadie les imita. Los alaban y no los copian. Dejan en la historia el eco de su nombre, pero no la huella de su arte. Refiriéndose a Curro Guíllén, escribe

"Perece el 21 de mayo (de 1820) en Ronda, en el intento de ejecutar perfectamente una suerte -la de matar- que él, reputado como el más largo torero de su tiempo, desconocía. Hijo de Sevilla -de Utrera- su toreo es de corte sevillano. Su padre, Francisco Herrera, había sido torero. Su madre era sobrina de Costillares. Como casi todos los antiguos, comenzó de banderillero. A los 15 años banderillea a las órdenes de Jerónimo José Cándido. Toma la alternativa en Sevilla en 1779. Pero su consagración se opera después de la Guerra de la Independencia, al reaparecer en las corridas que manda dar José Bonaparte"

"Es, además de joven, muy fuerte, de extraordinaria vitalidad. Portentosamente fácil su toreo, que es, por añadidura, gracioso, alegre y sencillo, cautiva a los públicos. Con su excepcionales facultades se adueña del toreo de relumbrón. En apariencia, todo lo vence y todo lo domina. ¡Es el Joselito del siglo XIX!............Seguro de sí mismo en los tercios de la lidia, se permite empero, barrenar el precepto rondeño -"torear para matar"- y desnaturaliza la suerte de recibir. Hasta que un mal día, en la plaza de Ronda, un espectador dice: "Si eres tan grande, ¿por qué no recibes? Y Guillén, artista de amor propio, intenta la suerte en que no estaba ejercitado, y sucumbe..............También un día en Barcelona, al Joselito del siglo XX, que falsea la suerte de matar con un tranquillo feísimo -"el de tirar la espada" con la mano en alto, como quien echa una carta al buzón, también le grita un espectador: "Si eres tan bueno, ¿por qué no matas bien?. El diestro hace bien la suerte y sufre una grave cogida"

El escritor, en este mismo libro, ve en Joselito al sucesor de Curro Guillén, e insistiendo en la idea de la escasa huella dejada por la escuela sevillana en la historia del toreo, escribe:

"............Salta a la liza el Curro Guillén del siglo XX, fuerte y joven como él; como él, de extraordinaria vitalidad; a su imagen, portentosamente fácil a su semejanza, deficiente en las suerte básicas y que, ni más menos que él, subyuga a las masas y se apodera de los públicos. Triunfa Gallito. Se pone de moda la escuela sevillana. Perece la suerte de matar. Se amanera y reduce la de banderillas, circunscripta por el maestro de Gelves al lado derecho de los toros..............Todo su toreo, salvo excepciones de series de pocos días, se resume en un pase ayudado..................Admirable Guillén, deleznable su escuela, el arte se empobreció. Portentoso Gallito, deplorable el gallismo, muerto su genio, la escuela no ha podido sobrevivir"



Jorge Laverón, en su Historia del Toero, escribe:



Curro Guillén. En 1811 alternó con Jerónimo José Cándido en corridas organizadas por José Bonaparte con el fin de ganarse el aprecio de los madrileños. Unos años después, Guillén triunfa ruidosamente en Lisboa. Según relata José María de Cossío en su monumental obra Los Toros: La marchosería y el rumbo más gitano, unido a una figura gentil y gallarda, un carácter simpático y alegre, conquistaron para el español el aprecio de las lisboetas. Sus aventuras y conquistas amorosas fueron sonadas y comentadas largo tiempo
“Curro Guillén como torero mereció este durísimo juicio crítico: La verdad que a Guillén le falta bastante para ser un torero completo; tiene muchas pretensiones, y éste es un defecto grandísimo, pues cuando esto sucede no bastan las reglas ni el saber, porque todo se basa en supuestos falsos. Sus “volapiés” son en general largos; en los toros arrancados para poco los pies, de donde resultan estocadas atravesadas y poco profundas”
“A su muerte, si se quiere, comparable con la de Pepe-Hillo, su figura cobró carácter de leyenda. García de Bedoya retrata perfectamente el personaje: Francisco Guillén era valiente, entendido, decoroso, gallardo y preferido de las damas que apreciaron justamente sus valores, y nunca les mostró descolorido el rostro, sobre el cual fijaban sus encantadoras miradas



Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

".............el temerario Curo Guillén, diestrísimo en la muerte, que ejecutaba con la misma perfección en la suerte de recibir o a volapié. Tanto o más que en estas suertes clásicas fue celebrada su manera de atronar con la espada larga a los toros vivos, llegándoles a la misma cara, descabellando sin haber entrado antes con el estoque. Sólo en luz de este alarde se comprende el bizarro fondo de la tan cantada copla:


Bien puede decir que ha visto
lo que en el mundo hay que ver
el que ha visto matar toros
al señor Curro Guillén






No hay comentarios:

Publicar un comentario