martes, 31 de enero de 2012

ESPARTERO / FABRILO / MINUTO / PARRAO






Es simpático el joven Espartero
y merece dejarse la coleta;
ha pasado esta tarde de muleta
como hubiera pasado un buen torero.

Llegando de verdad a su primero,
una buena estocada le receta,
obteniendo ovación justa y completa,
obsequio que le ha hecho el pueblo entero.

Al último animal de la corrida,
de bastante poder y bien armado,
le propina una corta algo caída.

Espartero esta tarde ha demostrado
que, siguiendo cual va, tendrá el consuelo
de llegar a igualarse con Frascuelo.

Paco Pica-Poco



La tarde que mataron
al Espartero,
Belmonte, que era un niño,
se quedó quieto.

Tan quieto, que el torero
que en él había,
cuando veía un toro
no se movía.

                                                   José Bergamín. De "La claridad del toreo"


Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giradillo tuyo
que se vista un traje negro.

Malhaya sea Perdigón,
el torillo traicionero.

Negras gualdrapas llevaban
los ocho caballos negros;
negros son sus atalajes
y negros son sus plumeros.

De negro los mayorales
y en la fusta un lazo negro.

Mocitas las de la Alfalfa;
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.

Dos viudas con claveles
negros, en el negro pelo.
Negra faja y corbatín
negro, con un lazo negro,
sobre el oro de la manga,
la chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

                       Fernando Villalón


"Un veintisiete de mayo / a un caballero le oí decir / Hoy se cumplen los tres años / que El Espartero murió en Madrid / Casualidad triste......"

Tanguillos de Cádiz





"Espartero, Espartero, no te vayas a morir / que las niñas de la Alfalfa / llevarán luto por ti"

Copla





























"Ha sido el único en empezar con 40 quilates de valentía y acabar con los mismos quilates"

Fernando Gómez "El Gallo"


"El más discutido de los diestros"

Cossío





"Más cornás da el hambre"

"¡Qué importa!" (frase dirigida a un banderillero que comentaba el peligro de un toro)

El Espartero




Manuel García y Cuesta, el Espartero, nació en el barrio de La Alfalfa ( Sevilla) el 18 de enero de 1865. Hijo de un espartero, del que el hijo había de tomar el apodo, desde pequeño mostró gran afición a la lidia de toros, frecuentando las capeas, a pesar de los castigos paternales. Alcalá del Río, Bollullos y Castilblanco, entre otros pueblos, conocieron sus primeras andanzas toreras.

Contaba dieciséis años cuando actuó por vez primera en la plaza de Guillena (Sevilla)

 Inició su carrera taurina como banderillero, en la cuadrilla de José Cineo (Cirineo). Torea en Alcalá de Guadaira y Castilblanco, no desperdiciando ocasión para escaparse de noche y torear el ganado en las dehesas y cerrados.


En la enciclopedia de Cossío, y adivinándose según algunos estudiosos la mano de Miguel Hernández, encontramos este comentario:

"Sus aventuras de estos años son similares a las de tanto otros torerillos, pero con un cierto tono heroico que ha de repetirse tiempos después en un gran torero de parecido temperamento: Juan Belmonte................El invierno de 1882 a 1883 aprovecha con todas las agravantes de desobediencia y clandestinidad cuantas ocasiones se le presentan de medirse con reses bravas, no perdiendo, en unión de otros compañeros las oportunidades en que había ganado en el próximo Tablada o bien desmandando, para lidiarle el que iba al matadero..................Al oír elogiar sobre todo su valor, el veterano Manuel Domínguez (Desperdicios) le regaló un estoque y se convirtió en su consejero" 

El 8 de octubre de 1882 torea por primera vez en la Maestranza de Sevilla, como banderillero y dos años  más tarde en Huelva.

Sevilla le vió nacer como novillero el 12 de julio de 1885, estoqueando reses de Anastasio Martín, tras un gran éxito en Cazalla de la Sierra. Alcanzó un enorme éxito, confirmado en doce corridas posteriores, en las que mató treinta y una reses, abriéndose el camino de la celebridad.

Ídolo de Sevilla, los sevillanos quisieron enfrentarle con el Guerra, aunque el mismo Espartero reconocía que no podía vencer en nada al famoso torero cordobés, como no fuera en valor.

En dos meses de novillero mató 31 novillos, y en ese ambiente se anuncia su alternativa en Sevilla.

Tomó la alternativa en Sevilla, el 13 de septiembre de 1885, de manos del veterano Antonio Carmona, El Gordito, lidiando toros de Saltillo. Decía el cartel que el Gordito "se prestaba gustoso a alternar con el simpático y aplaudido joven Manuel García, el Espartero".Fueron tales las faenas que ejecutó que el Gordito le abrazó en medio del ruedo. El primero que estoqueó el nuevo espada se llamaba Carbonero. Su faena con Carbonero fue excelente, pero en su segundo, Señorito, el Espartero hizo una gran faena y lo mató de una magnífica estocada. 

Confirmó la alternativa en Madrid el 14 de octubre del mismo año, de manos de el Gallo. Su presentación en Madrid dio pie a un movida polémica sobre sus méritos entre los revisteros de la capital y los sevillanos. Estuvo bien en su primer toro y desgraciado en los otros dos que le correspondieron en suerte.

"¿Qué es el Espartero? -decía Peña y Goñi- Pues es pura y simplemente un niño de diecinueve años, desprovisto de facultades físicas y dotado del desatinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro, y un desconocimiento total de las reglas más elementales del toreo. Ni más ni menos"

En la temporada de 1887 hizo su presentación apoteósicamente en la plaza de Ronda, obteniendo un formidable éxito en Tarragona en la corrida del 19 de agosto.

El año de 1888 se le enfrenta en Sevilla con Guerrita, con el que torea el 15 de abril. Surgieron las comparaciones y las inevitables disputas y hasta parece que el Espartero hubo de sacar a Guerrita de la plaza en su coche y que hasta le defendió físicamente de incalificables agresiones.

En 1891 viene a Madrid contratado por la temporada entera, y fue aquella la temporada más gloriosa para el diestro sevillano. Obtuvo un resonante éxito en la primera de la temporada, la del 22 de marzo. Consiguió otro triunfo en la corrida del 7 de julio, alternando con Mazzantini, en que, en medio de una lluvia que encharcaba el ruedo, hizo quizá la faena más completa y lucida de su vida.

El 29 de septiembre de 1893 dio la alternativa en Sevilla a Emilio Torres, Bombita.

Rafael Ortega Gómez, Gallito, en su libro Mi paso por el toreo, cuenta la siguiente anécdota, que le contó su tío Rafael el Gallo:

"Antes, cuando iban a dar la alternativa a una gran promesa, se buscaba una figura cumbre para que se la diera. Ese año se la iban a dar a Espartero y fueron a hablar con El Gordito para que le apadrinase. . El Gordito llevaba ya bastantes años retirado y como es lógico estaba gordo y, además, se había dejado bigote. Pero les dijo:
-Bueno, dejarme que me vaya al campo un par de meses para quitarme unos kilos.
Se marchó al campo y le dio la alternativa a Espartero"


En sus ocho años de matador  sufrió catorce heridas graves, incluyendo la de su muerte, amén de infinidad de cogidas de menor importancia. De él es la frase: "Más cornás da el hambre"

Herido en la plaza de El Puerto de Santa María -comenta Fernando Claramunt en Azorín, Miró y Hernández ante el toro-, sobrevino un incidente con los médicos de la enfermería por parte de los familiares y acompañantes del torero. Este perdió mucha sangre entre tanto. En la enciclopedia de Cossío podemos leer:

"Tal fue el escándalo, que se instrumentaron diligencias judiciales y ellas trajeron al diestro un inesperado y nuevo sinsabor. Fue llamado por exhorto a la presencia del juez, y el torero debió bromear con inconveniencia ante el juez, por lo que se le formó causa judicial, que trajo como consecuencia la condena de un mes y un día de arresto mayor que tuvo que cumplir en la cárcel de Sevilla"


En la misma obra de Fernando Claramunt leemos: "Una tras otra, las anécdotas habrían de suscitar el entusiasmo juvenil de Miguel Hernández: La valentía arrebatada, la excitación ante la sangre, la insolencia ante la autoridad, el fanatismo desorbitado de los seguidores del héroe -el torero más valiente- que en el "Café de París" sobre un gran retrato del matador colocaron una corona real y exigían a los parroquianos que se descubrieran"

Murió de manera trágica en Madrid, el 27 de mayo de 1894, vistiendo de verde y oro y compartiendo cartel con Zocato y Antonio Fuentes, al entrar a matar a Perdigón, de la ganadería de don Antonio Miura, colorao, ojo de perdiz, astiblanco, de poca romana y bien puesto de cuerna, que tomó cinco varas y mató tres caballos. El diestro sevillano llegó a tiempo de matar al Miura de una estocada contraria hasta la mano, pero no consiguió zafarse de la cornada. Llevado en volandas a la enfermería, tuvo tiempo de musitar la última machada: "Doctor, ¿ha sido algo?". Durante el segundo tercio del toro siguiente salieron los peones Malaver y Valencia de la enfermería, enterándose la plaza de la desgracia. La corrida no se suspendió, y en ella Fuentes se reveló como un inteligente y valeroso torero.

Por último -nos comenta Fernando Claramunt en Azorín, Miró y Hernández- la cogida y muerte en la plaza del bravo torero, es descrita con sobrecogedora precisión, a partir de testigos presenciales: "Manuel García contrájose, juntando las rodillas con la barba, y estirose después como electrizado..........La muerte estaba allí bien a las claras......." En estas líneas se ve pasar el grupo que se dirige a la enfermería "presuroso y desemblantado". Así termina, corneado por un toro de Miura, colorado y ojo de perdiz, la corta vida del diestro sevillano, de quien otro torero, contemporáneo suyo, Fernando Gómez "El Gallo", dijera que había sido el único en empezar con 40 quilates de valentía y acabar con los mismo quilates"

Había llegado a decir: "Si me ha de matar un toro, quiero que sea de Miura"

Su cadáver viajó de la capital a Sevilla, donde se cantaron coplas que han trascendido al paso de los años: "Ocho caballos llevaba el coche del Espartero........"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



“Peña y Goñi escribió lo siguiente: ¿Qué es Espartero? Pues sencillamente un niño de 19 años, desprovisto de facultades físicas y dotado del desatinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro. Un desconocedor total de las reglas más elementales del toreo"
“Cossío enjuicia la figura de Espartero: Principalmente debe subrayarse el aplomo de su figura y la quietud de sus pies en el manejo de la muleta y, sobre todo, el terreno inverosímil en el que desenvolvía sus faenas”

“Natalio Rivas, por su parte, señala: En su labor estaba ausente el arte, pero el valor culminaba de modo excepcional."




El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Durante el año 1886 torea en toda España con diversa fortuna, sobresaliendo su triunfo en  Barcelona, en que cortó oreja a los tres toros que mató. Sufre en la temporada quince cogidas, entre ellas la del 11 de julio en el Puerto de Santa María al entrar a matar. Toreando en Sevilla con Guerrita el 15 de abril de 1888, las discusiones de los aficionados acerca de sus distintos estilos remueven disputas y pendencias que le obligan a salir de la plaza en el coche de su contrincante y bajo su protección. Volvieron a torear juntos el 13, con mejor fortuna el Guerra, continunado las discrepancias del público, que, ante la evidencia, comenzó a volverse en parte contra el Espartero. Se encuentra de nuevo con Guerrita en Madrid el 8 de junio, estando bien en quites y muleta y desgraciados al herir. Viene al abono de la capital el año 1891. Comenzada la temporada anterior la desavenencia de los dos Rafaeles (Lagartijo y Guerrita), los lagartijistas se ponen de parte de el Espartero, que haciendo adelantando algo, no puede oponerse al empuje arrollador del Guerra. Fue éste su mejor año, en el que, actuando en la corte el 22 de octubre con toros de Veragua, el tercero le cogió por el pecho, manando la herida bastante sangre. A pesar de los consejos de Rafael y demás compañeros, no quiso retirarse, teniendo que ser conducido a la enfermería por la policía, cumpliendo órdenes del presidente. Los peones acabaron con el toro a fuerza de capotazos, para que el Guerra no tuviera que intervenir........................en 1893 sólo toreó en Madrid la corrida de Beneficencia el 21 de mayo, siendo bien recibido por el público, que le aplaudió en un toro. Durante el año tuvo varias cogidas, las más importante en Barcelona, sufrida en el muslo derecho. Figura en el abono de Madrid del año siguiente, resultando muy medianas sus actuaciones, salvo en un toro, en que estuvo mejor, el 20 de mayo. El 25 y 26 actuó en Córdoba con escaso éxito"



El famoso cronista taurino del Liberal,  José de la Loma, Don Modesto, escribe el 27 de mayo de 1895, en el aniversario de la muerte del Espartero:


 "El Espartero: Perdigón, toro de Miura, colorao obscuro, ancho de cuerna y receloso e incierto en el supremo trance, fue el autor de la catástrofe. Volteado el diestro frente al 8, al entrar a matar en un palmo de terreno, levantose ebrio de furor, trastornado por el tremendo golpe, y aún dio al miureño tres muletazos con la derecha. Armó el brazo estando el toro humillado y arrancó, estrechándose con la res. La mano izquierda torpe e inútil, se pegó al cuerpo en vez de marcar la salida por el lado contrario, y el temerario espada fue suspendido por el bajo vientre, recibiendo una espantosa cornada, que le quitó la vida casi en el acto"


Rafael Ortega Gómez, Gallito, en su libro Mi paso por el toreo, comenta la relación de Guerrita con El Espartero:

"-Cuéntame usted algo sobre su rivalidad con El Espartero.
A lo que él (Guerrita) me contestó:
-Con El Espartero yo no podía tener rivalidad ninguna, eso fue una cosa del público de Sevilla; que, como tú sabes, es muy apasionado. Como no tenían otro, quisieron ponerme al Espartero enfrente"

El Espartero era un toreo muy valiente y muy honrado; pero de ahí no pasaba. Sin embargo, el público sevillano era muy partidario del Espartero; hasta tal punto que cuando Guerrita llegaba a Sevilla, los esparteristas le insultaban y se metían con él en la calle.

Dentro de esta lucha con El Espartero, y más aún con sus apasionados admiradores, tenía Guerrita cierta compasión por su rival. Un día le dice a mi abuelo (Fernando Gómez, el Gallo):
-"Fernando, me da pena este muchacho porque tiene un valor tremendo, pero anda muy torpón y me da miedo de que toree en Madrid, donde no ha tenido suerte ni ha encajado bien, aunque el público le sigue bastante"

Ese miedo de Guerrita acabaría convirtiéndose en una lamentable y triste realidad. Poco más de dos meses después, toreando en Madrid, mató a Espartero un toro de Miura.

Ricardo Torres Bombita escribe:

 "Tocaban a matar, y aquel muchacho se iba con la muleta -siempre muy pequeña- hasta la misma cara del marrajo, y le enseñaba la tela tan de cerca y a veces hasta el cuerpo, con tanto, con tantísimo valor, con un arrojo tan soberano, que al tercer pase ...............le estaba presentando el pecho.................Nadie ha sabido como aquel pobre Espartero desengañar a los toros a fuerza de heroísmo, con toreo de muleta peligroso, sin engaños ni ventajas. Era la lucha entre el empuje de una bestia y la tranquilidad agresiva de un hombre"

F. Bleu, en su libro Antes y después del Guerra, escribe:

"Maoliyo, el Espartero, fue la víctima propiciatoria de una competencia de comedia, maquiavélicamente ideada y sostenida por un poderoso bando taurino...........A raíz de la ruptura de relaciones entre Rafael Molina Lagartijo y Rafael Guerra Guerrita, los partidarios del maestro, furiosos contra el discípulo, buscan un rival que pueda aniquilarle y no encuentran nada mejor que al bueno de Manuel García, precisamente el torero de peores condiciones para luchar con Guerrita. No importa. Tiene ya bastantes prosélitos y gran popularidad entre sus paisanos, es valiente hasta la temeridad y en la competencia puede enarbolarse la bandera de patria chica con el altisonante lema de "Sevilla contra Córdoba"

"La temeridad con traje de luces: eso fue el Espartero................La imagen de un labrador enclenque, feo de cuerpo y de cara, con la cabeza constantemente ladeada, metido y bullendo entre los cuernos como los niños juegan al toro. A cada recorte, un testarazo; el hombre por los suelos, en cuanto el toro resoplaba. La muleta sesgada, para dar ininterrumpidas y aceleradísimas series de pases, que siempre se solucionaban con el embroque, librado a su vez por el cambio de pecho o apoyándose con las manos en el testuz o en los cuernos. La entrada a matar, sin cuadre y sin preparación, de zambullida, con el brazo a la altura de la oreja, arqueando de arriba abajo, formando con la punta del estoque un semicírculo en el aire, e hiriendo perpendicular y atravesado. ¡Una verdadera facha!.................Siempre fue monótono y tristón en su toreo..............No hubo exageración en lo que respecta a su decantado valor..............en la mayoría de las ocasiones, más que valor, era una temeridad inconsciente e irreflexiva que borraba toda noción de preceptos artísticos. Con una ceguedad que irritaba, iba a un terreno que traspasaba el del peligro y confinaba con el del suicidio. De ahí, sus veintitantas cornadas y su espantoso fin"

"Entre sus días de suerte completa, descuella la fecha del 7 de junio de 1891. Desde poco después de empezada la corrida, una corrida dura de pavos de Solís, llovió a torrentes...............Grajito, lidiado en cuarto lugar, acababa de tomar nueve varas y de matar dos caballos; la lluvia arreciaba y convertía el redondel en un inmenso charco. Manolo, sin dar importancia a la respetable cuerna del de Solís, a los elementos desencadenados y al comprometido estado del piso, se descalzó tranquilamente las zapatillas, y como quien realiza la cosa más natural de la vida, empezó a torear en las tablas, y con inteligencia y valor, condujo al toro hasta los mismos medios, y entrándole recto como una vela, clavó en la yema del morrillo una estocada monumental. Faena grande, de las que no se olvidan, y en las que intervienen en partes proporcionales la conciencia torera y el arrojo......................Un periódico taurino, no sospechoso de esparterismos, la señalaba como piedra blanca de esta manera: "Espartero. Es la mejor tarde que ha tenido en su vida torera.............En su segundo toro, hay que considerar lo peligroso del terreno para comprender la valentía con que el diestro preparó al toro y lo mató de una estocada inconmensurable............En estos casos es cuando se aquilata la levadura del torero"



De la Biblioteca SOL Y SOMBRA. VOLUMEN I. MANUEL GARCÍA (el Espartero). Editado en Madrid en 1906, extraigo los siguientes comentarios:


“(Pg. 5) El día 12 de Julio de 1885 fue de júbilo para los aficionados que en Sevilla tuvieron ocasión de admirar por primera vez la guapeza y el valor que Maoliyo derrochaba ante los toros………..(Pag. 12)……La valentía del Espartero, evidenciada desde los comienzos de su carrera…….fue la base de aquella fama que le arrastró como impetuoso torbellino en el corto espacio de algunos meses, elevándolo hasta la cumbre………..(Pag. 13)….propúsose alcanzar un puesto entre los toreros más afamados, y para ello encomendó a su denuedo lo que no pudo confiar en absoluto a la inteligencia, derrochando temeridad y amor propio ante las fieras………….Pero a tanto llegó la apasionada ceguedad de sus partidarios que, atribuyéndole –además de su innegable valentía- conocimientos artísticos de que, por desgracia, no se hallaba Manolo muy sobrado, quisieron entablar competencia entre él y Guerrita, que ha sido, sin género alguno de duda, el torero más completo de los últimos tiempos………..(Pag. 23)…….Conocido es el apasionamiento que los sevillanos sienten por sus toreros, y  no son de extrañar aquellas casi frenéticas manifestaciones que, halagando el amor propio de Maoliyo y estimulando su ambición de lauros y riquezas, le hicieron resbalar con vertiginosa rapidez por el plano inclinado a cuyo término la muerte acechaba su presa para devorarla……..(Pag. 26)……De seguir así, el ídolo de los aficionados sevillanos era de los toros……………(Pag. 28)……torearía en Madrid el día 14 de Octubre de 1885………(Pag. 29)…..aquellos días, Maoliyo el Espartero fue tema obligado de todas las conservaciones……..La presentación en el coso madrileño de aquel joven, casi un niño todavía, de atezado rostro, regular estatura, delgado, simpático y sonriente, causó una sensación inexplicable en los espectadores……….Pascual Millán, en el prólogo de su último libro, sintetiza aquel efecto en este párrafo: “Aún recuerdo la tarde de su debut: nos produjo un sobresalto incesante y (¿por qué no decirlo?), una gran indignación (Pag. 30) contra los que empujaban a Manolo hacia su triste fin. Aquello no era torear, era andarse a zarpazos con la res. ¡Y eso lo hacía una criatura desprovista de facultades físicas y sin ningún recurso!”…………..Y he aquí la opinión que mereció el Espartero a la prensa taurina más autorizada de aquellos tiempos: “El Espartero, que ayer se presentó (Pg. 31) en Madrid precedido de gran fama………….(Pg. 32)…..El Espartero tiene lo principal para matar toros; se acerca como nadie, lleva una muleta pequeña, es muy sereno, no conoce ni teme el peligro, pero no sabe una sola palabra de lo que es matar toros. La muleta tiene un uso que este diestro desconoce; para matar hay que ponerse de una manera que ignora, y las reses ofrecen dificultades que se vencen con los recursos del arte, recursos que el Espartero desconoce. Acercarse y no tener miedo , no es sabe torear. La alternativa de matador debe tomarse cuando se sepa el oficio, y no antes. Los que digan al Espartero que es un matador de toros, le harán más daño que provecho”……..(Pag. 33)……..Sólo una cualidad sobresaliente se reconoció en aquel matador de diez y nueve años: el valor temerario………De inteligencia en el toreo, dominio de sus múltiples lances, conocimiento de los toros para dar a cada uno la lidia necesaria según sus condiciones, de eso, se hallaba casi ayuno el infeliz Espartero………..La Lidia le juzgó en esta forma: (Pag. 34)…”Ya se ha estrenado el fenómeno en la villa y corte de las Españas………., al asombroso diestro que los periódicos sevillanos presentaban como el Montes en miniatura del toreo moderno………(Pg. 36)………¿Qué es el Espartero? Pues es pura y simplemente un niño de diez y nueve años, desprovisto de facultades físicas y dotado del destinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro y un desconocimiento total de las reglas más elementales del toreo. Ni más, ni menos…….El muchacho lidia las reses en la plaza como los chicos juegan al toro en calles y plazuelas. Para él, los toros no son animales fieros, cuyas intenciones hay que conocer, y cuyas acometidas (Pag. 37) hay que evitar de una manera conveniente y razonada…….Para el Espartero, el toro es una masa que se mueve y cornea, y con la cual debe andar el torero a puñetazo limpio, ya con el capote, ya con la muleta, ya con las mismas manos del torero, como si lo que se tratase de demostrar fuese que el hombre es tan animal o más que el toro………(Pag. 38) Con la muleta en la mano, el toro y el matador se confunden en un solo objeto, en cuanto la res se ciñe un poco. El Espartero no tiene más que dos pases; el pase por alto y el cambiado…….Con estos dos pases, el Espartero marea al toro ,en un bullir continuo, sin separarse un ápice de la cabeza y moviendo los pies en todas las direcciones sin tregua ni reposo……..(Pg. 39)……Como el Espartero no tiene habilidad alguna y en el lance de la muerte es indispensable la habilidad, el muchacho ha conocido que corre un peligro inminente, y sale tranquilamente del paso colocándose para arrancar fuera de la cabeza, e hiriendo por medio de un cuarteo claro, evidente y sin disfraz alguno, es decir, esquivando el peligro…….Añádase a esto que arquea extremadamente (Pag. 40) el brazo, y se comprenderá que la mayoría de las estocadas tienen que resultar perpendiculares y muy poco rectas”……………..(Pg. 41) D. José Sánchez de Neira (Pg. 42) en su Gran Diccionario Taurómaco, aseguraba que el Espartero “entraba en el terreno de los toros sin necesidad y saliendo de él volteando casi siempre, de mala manera; era seguro que en seis corridas había de ser cogido más de seis veces; al herir lo hacía de sorpresa, sin esperar una prudente colocación, y arqueaba tanto el brazo derecho para herir, que describía en el aire con la punta del estoque un medio círculo, con cuyo procedimiento no había fijeza, ni podía haberla”………El Espartero era un valiente, pero aún no debía ser considerado como un buen torero……..Eso no obstante, la popularidad alcanzada por el diestro sevillano aumentó rápidamente……., y la musa callejera no tardó en apoderarse de aquella (Pag. 43) figura, cuyos arrestos inspiraron numerosas canciones, dedicadas al héroe de moda, a Manuel García, el Espartero, el toreo mimado de Sevilla…………...(Pg. 47)…..Los partidarios del Espartero llegaron a formar legión………La revelación de Rafael Guerra como astro de primera magnitud en el firmamento taurino, precipitó la explosión de tales antagonismos, y esparteristas y guerristas pusiéronse frente a frente, tratando de recabar la supremacía de la gloria para su ídolo respectivo…………(Pg. 50)….Su toreo a la defensiva, aunque vistoso algunas veces y sensacional, carecía de eficacia en el castigo, y por eso menudearon para el Espartero los percances desgraciados, precursores de la catástrofe que hubimos de lamentar pocos años después……….(Pg. 53)……Temporada hubo en que los Homeros del día entonaban por las calles, a los acordes del guitarrillo, un extenso repertorio de canciones, en las que se referían pintorescamente las hazañas de Manuel……….(Pg. 54)…..El mes de Marzo de 1891, se (Pg. 55)  presentó en esta plaza (Madrid) compitiendo con Guerrita…..Era la primera vez que los aficionados de la Corte veían torear juntos a los dos ídolos……Se jugaron seis reses de Saltillo……..(Pg. 56)……Las opiniones estuvieron aquella tarde muy divididas……., el Espartero supo mantener enhiesto el pabellón de su (Pg. 57) fama. Pascual Millán, al comentar las peripecias de aquella corrida, escribe: “Claro está que con Guerrita no hay competencia posible, porque el chico es un asombro; pero si alguno puede hoy estimularlo, y hacerle apretar, es el Espartero………Torea éste muy bien de muleta y hace quites superiores. Al herir no está a la misma altura, aunque ya no arquea el brazo, cono in illo tempore, lo cual demuestra un avance”……..El Sr. Ramírez Bernal, en su artículo “Manuel García, el Espartero, escribe: “Derecho, con la muleta en la mano izquierda, pisando un terreno de compromiso, tomaba los toros tan en corto y los aguantaba en el engaño, que al (Pg. 58) arranque de éstos y rematar los pases por encima de la cabeza, podía decirse que romaneaba todo aquel peso de carne toricida. Yo, que le vi en Sevilla durante siete temporadas seguidas irse con la muletilla plegada ante toda clase de toros, presentando la barriga, sonriente, decidido y con tanta franqueza, no podía menos de admirarle tanto derroche de valor, y más si acontecía que algún toro se le humillaba al verle y él, adelantándole en la cara, lograba desde los tercios hacerle retroceder hasta dar con la penca en las tablas……..Su juego de muleta no era clásico ni educativo de las reses. Parar mucho, sí, pero sin comprender, la mayor parte (Pg. 59) de las veces, qué pases merecía el toro, y dónde debía matarlo, con presteza y defensa propia del torero…….El Espartero, que no era ligero de piernas, demostrábase activo en quites como el primero; pero era monótono en ellos, siempre lo mismo y por el mismo lado, porque torear por la derecha le salía con torpeza y doble compromiso. Sus recortes a medio capote (Pg. 60) eran ceñidísimos y parando……; algunas veces daba largas, pero sin estética en las líneas; otras capeaba a la verónica, pero sin esa sal que se necesita para que la suerte resulte limpia, bella, correcta en recibir al toro en los vuelos de la capa y despedirlo con el acompasado braceo……….Una vez le vi torear a lo chatre o de tijerilla, porque tal vez hubiese oído hablar de tan desusada suerte; otras cuartear con el capote al brazo………Pero lo que era de admirar verle cuando por un acosón de la fiera, durante el tercio de varas, huían todos los toreros en busca del olivo, mostrarse (Pg. 61) tan sereno que, sin moverse, dejaba llegar al toro, ganándole la cabeza con un cuarteo ceñidísimo”………El valor y la voluntad, en estrecho consorcio, habían hecho de aquel joven audaz y temerario, que comenzó batiéndose poco menos que a brazo partido con las reses, un torero muy apreciable y digno de figurar entre los mejores de su tiempo; si bien, debido a ese modo especialísimo que tenía de lidiar, fiado más en su coraje que en los preceptos de la tauromaquia,………, el Espartero veíase en constante peligro de pagar algún día caras sus imprudencias ante los toros………(Pg. 74)…..Más o menos graves, el Espartero recibió en los diez o doce años que se dedicó al toreo, treinta cornadas próximamente……….Al morir contaba veintiocho años”




Ladislao Redondo, en su libro Guerrita, su tiempo y su retirada, escribe:



“Manuel García (El Espartero), torero súbito, de todos desconocido y surgido al arte taurino sin ser por nadie esperado ni conocido, demostró desde el primer momento en que se reveló como matador de toros, pues de tal sentó plaza, que era la locura del valor, y que con éste solamente, pues de facultades físicas carecía, se había hecho aplaudir, llegando no sólo a esto, sino ha producir locura y entusiasmo en algunos públicos, principalmente en el de Sevilla, entusiasmo que tenía fácil explicación á mi entender, por varias razones, algunas tan salientes y fáciles de comprender como las que a mí se me ocurren y no dejaré de enumerar……………Considero yo como una de las primeras el que los sevillanos habían tenido al Tato, inutilizado siendo joven; al Gordito, que si bien como banderillero fué notable por su elegancia y habilidad, como matador no le acompañó la fortuna, menos aún en sus últimos tiempos, y posteriormente al Currito; pero por el año en que Guerrita se presentaba en Sevilla, no tenía la ciudad de la Giralda un torero que pudiese competir con el que se consideraba como el continuador de la escuela cordobesa y de la inteligencia de Lagartijo, diestro á quien Sevilla discutió acaloradamente siempre, pues es sabido que en Sevilla es donde tal vez más encarnizadamente se ha discutido a Rafael Molina (Lagartijo), y esta discusión tenía su fundamento, en que allí la afición ha tenido predilección por todo diestro que, como principal derroche haya puesto ante los toros su temeridad, sin sujeción á nada, y en este caso el Espartero era el torero completo para Sevilla………….Por esto, por lo inesperado de su aparición, por que en realidad el Espartero con su cara aniñada y su constante sonrisa se hacía simpático, Sevilla lo aclamó……………….Al Espartero lo mató el cruel modo con que se le exigió que practicase un toreo á que nunca pudo llegar, pues careciendo de facultades físicas era completamente imposible que ejecutase suertes en que el principal factor es la agilidad, y el Espartero carecía por completo de ella; así es que si solo ó con un torero que no tuviese las condiciones que Guerrita ha tenido siempre, podía alternar con aplauso, pues su valor temerario y terrible le hacía conquistar con su arrojo aplausos; alternando con Guerrita era imposible toda lucha, pues el Espartero no podía contrarrestar con su temeridad el toreo de saber y concienzudo que Guerra ha ejecutado siempre…………….Por esta razón, al verse postergado y ocupando un puesto secundario perdía la tranquilidad el Espartero, se hacía un lío, y cual en las últimas corridas que toreó en Madrid no sabía por donde andaba, menos aún cuanto más le gritaba el público……………Por lo mucho que éste lo había hecho, y bien recientemente, por encontrarse la tarde del 27 de Mayo (de1894) toreando sin Guerra, el Espartero quiso ganar terreno del perdido, y al estrecharse al entrar á matar al terrible Perdigón lo hizo tanto, que pagó con su vida el deseo de que las censuras que el público madrileño le había con furia despiadada disparado en tardes anteriores, en aquella le otorgase sus palmas, palmas que Maolillo recibía siempre con sonrisa infantil y del más profundo agradecimiento…………………Sus relaciones con Guerra siempre fueron cordiales, pues el Espartero comprendió siempre que Guerrita, como torero y matador de toros con reglas, sabía más que él”



"Don Ventura", en el número 2 de la colección "Grana y oro", titulado "La Tauromaquia en el siglo XIX", escribe:

"(Pgs. 109-111)……Pocos toreros hubo que al darse a conocer produjeran el febril entusiasmo que el Espartero supo producir en Sevilla, y las explosiones de júbilo que hubo en dicha ciudad retumbaron en toda la España taurina………Tomó al alternativa en Sevilla el 13 de septiembre, de manos del Gordito, que le cedió un toro del marqués del Saltillo llamado Carbonero……….Confirmó la alternativa en Madrid el 14 de octubre siguiente con reses de Núñez de Prado y actuando Fernando el Gallo de padrino, por haberse negado Lagartijo a serlo, fundándose en que no había visto torear al neófito y en el poco tiempo que éste llevaba en la profesión……….La Prensa y los aficionados de Madrid comentaron desfavorablemente aquella alternativa, la juzgaron prematura. Reconocieron en el Espartero un valor prodigioso, serenidad y soltura al torear de muleta, pero también mucha impericia y un defecto capital al herir, que consistía en llevar alta la flámula y hacer un arqueo extraño con el brazo de la espada. Nunca logró desterrar Manuel García este defecto; el cruce le resultaba violento, peligroso, deslucido, y los estoques quedaban mal colocados la mayor parte de las veces…………¿Por qué le pusieron frente a Guerrita? Por el afán de buscar a éste un rival; pero ni existió competencia entre ambos toreros ni podía existir, teniendo en cuenta lo que uno y otro eran, es decir, lo mucho que podía el cordobés y lo limitadas que eran las posibilidades del sevillano…………Ha pasado a la Historia como cifra y compendio de la vergüenza torera."


Pascual Millán, en su libro Trilogía Taurina, Pgs. 26 y 27, escribe:

"Afortunadamente, hay muchos lagartijistas que aplauden a Guerra cuando está bien, y no se les ocurre jalear al Espartero cuando se trae una de esas bregas aburridas, capaces de hacer dormir al sursum corda……Quel el Espartero es muy valiente, muy guapo delante de los toros, y tiene una mano izquierda que vale por diez……concedido. Si por valor se entiende arrimarse mucho, y pisar siempre el terreno del toro, el chico es más valiente que el Cid…….Pero si el valor es hacer lo que hacía Frascuelo, v. gr., entonces o hay dos especies de valor taurino, o el Espartero, en el momento de arrancarse, no demuestra la serenidad que va siempre ligada a la verdadera valentía……..Todo su prurito es taparle la cara al toro, lo mismo pasando que al herir. Diríase que teme quedarse descubierto un segundo, que le azaran los pitones, y por eso al arrancarse sólo se cuida de taparlos con la muleta, tirándose como un rayo o salga lo que saliere……….Y eso no es matar toros……..Hay muchos aficionados que creen que por ese temor a descubrirse no quiere nunca el Espartero poner banderillas. Es, pues, indispensable que el chico haga humillar bien los toros al meter el brazo."


Fernando Villalón recoge en su Taurofilia racial un viejo artículo de La Lidia:

"No tiene más que dos pases. Con el primero que es algo sesgado y muy corto, hace que el toro vuelva, y como el torero está siempre en el terreno del toro, no tiene más que mover la muleta para que el toro tome el terreno del hombre y se verifique el cambio en un palmo de terreno"

José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"A Guerrita le colocan enfrente a El Espartero, que es artísticamente su antípoda. Un torero que, lejos de dominar los toros, está a merced de ellos y que va, cornada tras cornada, por su calvario de sangre. Pero que tiene atractivo popular, tiene misterio, pues la gente no se explica cómo, pese a todo, la providencia le hace el quite. Hasta que un día no se lo hizo.................Manuel García, torero corto y de técnica cambiada, queda definido en el artículo anterior de La Lidia, recogido por Fernando Villalón...................Sesgado, corto, metido en el terreno del toro; toreo puramente cambiado o contrario. El redactor le llama cambio al pase de pecho (claro, cambiado por alto)...........Anticipación de una estampa belmontina, que debemos tener en cuenta. Texto muy interesante.............En El Espartero, tan dolorosa o más que su caída inevitable, fue la oposición a Guerrita en que lo pusieron...............Cuenta la historia que los sevillanos inventaron la competencia de El Espartero con El Guerra por un prurito puramente localista..........Creo que no. El asunto parece de más fondo. Manuel García es el pueblo, los Gracos. Rafael es un César. Y hay que apuñalarlo. Los "brutos" entran en acción. Y se plantea aquella competencia de pasión negativa. No es la pasión por El Espartero, sino la pasión contra Guerrita..............Espartero es un pretexto; Sevilla, una anécdota. El verdadero combustible es el antiguerrismo..................Guerrita, al cabo, decide marcharse (1899).............A El Espartero se lo ha llevado ya el toro Perdigón, de Miura, desde hace cinco años......................Y bien, ahí están -estampas fijas en la historia- el pre-Joselito y el pre-Belmonte. Ya suenan los pasos en la escalera. Pero todavía habrá que esperar un poco............."

 Néstor Luján escribe :

"En seguida corrió de boca en boca por Sevilla la temeridad con que se ofrecía a los toros aquel mozo triste. El éxito no tardó en llegarle, pero no era un éxito alegre de abanicos y pañuelos, como iba a ser algunos años más tarde el de Reverte, sino un éxito estremecido de estupor. Toreaba de una manera arrojada, con una especie de torpeza siniestra, fuera del montaje de las suertes. Vulneraba la clásica y brusca sentencia de Curro Cúchares: "Que viene el toro, te quitas tú; que no te quitas tú, te quita el toro".............................Durante nueve años fue un torero de primera fila, con éxitos de verdadero frenesí, y jamás fue un torero completo y brillante. Toreaba con un capote corto, pero sin armonía ni sentido clásico, y sin excederse en filigranas y gracias. No supo banderillear, y al entrar a matar lo hacía con valor pero sin saber romper el nudo de la suerte con limpieza. En otras ocasiones cuarteaba, alargaba el brazo y mataba de un modo desencuadernado e ineficaz. Sólo con sus faenas de muleta, encendía a los tendidos. Eran faenas densas, con ahogo, con un estilo palpitante, estremecido. Sevillano como Fernando el Gallo, su arte desmiente toda la sugestión de la geografía taurina y literaria de la ciudad, con un estilo deslumbrante y patético, que preludia la cristalización plástica de Juan Belmonte........................A pesar de que hay más toreros alegres en Sevilla que en Córdoba, a Sevilla la entristecen los dos más desolados; Espartero y Juan Belmonte.................................Al Espartero se le exigió lo único que podía hacer, que era dejarse matar por un toro. Era el pacto no escrito que tenía con el público, y que él precisó, en una ocasión, con aquella frase sobrecogedora de "más cornás da el hambre"

Alameda insiste en sus problemas con la espada:

 "....pero con la espada el Espartero debió de vivir una continua zozobra, pues su técnica era deficientísima. Encogía el brazo izquierdo con el instinto de dar al toro una salida, que si bien tiene sentido en la suerte de recibir, en cambio en la del volapié es contra natura, pues en esta última el torero no debe dar, sino tomar la salida. De esta manera, Espartero se descubría y quedaba entregado. No es extraño, pues, que, viviendo en tal desamparo técnico, muriera en trance de matar"

Cossío tampoco tiene una opinión favorable de su toreo:

"Era torpe, poco flexible, despreocupado de las reglas técnicas  defensivas del toreo, y especialmente medianísimo matador; arqueaba el brazo al herir, por lo que sus estocadas rara vez era eficaces y siempre defectuosas......Junto a estos defectos, había otras cualidades.......Principalmente merece subrayarse el aplomo de su figura y la quietud de sus pies en el manejo de la muleta y, sobre todo, el terreno inverosímilmente próximo al toro en que desenvolvía sus faenas. Parecía imposible poder hacerlas en semejante terreno, y el propio Espartero parecía confirmarlo con sus constantes tropiezos y cogidas. Visto desde hoy este empeño, caemos en la cuenta de que ello era el fundamento de una manera de torear que no llegó a cuajar en este desdichado precursor, pero que había de imponerse muchos años después y ser piedra angular de toda una manera del toreo moderno. A ello, más que a la brillantez de sus faenas, debe el puesto que a mi juicio debe ocupar en la historia del toreo"




En el libro La edad de oro del toreo, de Gregorio Corrochano, Sánchez Neira se refiere a la competencia entre Espartero y Guerrita:

“Para formarse, como se formó, el Espartero un gran partido en Madrid, han contribuido varias causas: una de ellas, su valor y su modestia, y otras, su visibles adelantos; pero, como más principal, la necesidad que tienen mucha parte del público de crear antagonismos, porque no entiende la diversión en la fiesta de toros más que ensalzando frenéticamente a uno para vituperar a otro con escándalo………………Pero, al mismo tiempo que reconocían sus méritos, se advertía que le faltaba mucho para llegar donde otros, y con este argumento se les refutaba a los que le suponían fenómeno del siglo……….Esto dio lugar a exageraciones que fueron en perjuicio de la Fiesta



Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

 "Manuel García (el Espartero) fue ídolo de muchos sevillanos y de no pocas sevillanas, sobre todo las mocitas de la plaza de la Alfalfa....................En 1885 se presenta como novillero en Sevilla....................Muy pronto es el diestro de moda...............Hasta el cabildo de la catedral deja otras cosas importantes para ir a la Maestranza....................El joven novillero puntero realizaba todas las suertes del toreo con variedad, gusto y precisión. Manejaba bien la mano izquierda con la muleta y mataba con brevedad y precisión...................A partir de 1890 el Espartero adquiere nueva confianza y seguridad.....................Con la capa se ha especializado en la media verónica y en algunos quites a los que imprime un sello personalísimo.....................Sus compañeros le quieren entrañablemente, pero no le respetan como jefe porque conocen su punto débil: la falta total de capacidad de mandar....................Guerrita dice públicamente: "El Espartero es el torero con menos facultades físicas que yo he conocido, pero también el más valiente de los de mi época. Buen amigo y excelente compañero, resulta agradable torear con él".........................La temporada de 1888 se inicia un intento de competencia con el Guerra, impulsada por el público sevillano, que para los aficionados más sensatos sera imposible, puesto que Rafael era un matador sabio y largo, mientas que Manoliyo parecía ignorarlo todo, salvo jugarse la vida con donosura y con una sonrisa triste"

Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"La media verónica moderna poquísimo tiene que ver con el capotazo por delante denominado de la misma manera en el toreo antiguo. En realidad aquel capotazo no llegaba ni a una cuarta de verónica, siendo una suerte marcada en el aire por un torero que retrocedía.....................Fue Manuel García el Espartero, al ajustar el recorte a su toreo parado, el primero en ejecutar lo que es en el sentido moderno una media verónica: un lance recortado, plegado en mitad de la dimensión completa de la verónica...............Este recorte fue característico al toreo de capa de Ricardo Torres Bombita"

Robert Ryan, en su obra El Tercio de Muerte, escribe:

"La muerte de el Espartero viene a confirmar cuanto sugiere aquel promedio de treinta y cuatro pases que, en aquella época, corresponde a un espada carente de maestría y a merced del toro. Se cubre de duda y de reproche el recuerdo de sus pies parados y se olvida su muleta baja, echada al suelo en el remate del pase natural: el instante inmóvil y rojo sobre la arena que recoge ahí mismo al toro en el pase de pecho. Se olvida la calidad tranquila que le permitía unir los pases sobre una emoción sostenida........................Nadie ha sabido como aquel pobre Espartero desengañar a los toros a fuerza de heroísmo, con toreo de muleta peligroso, sin engaños ni ventajas. Era la lucha entre el empuje de una bestia y la tranquilidad agresiva de un hombre"

Juan Posada escribe:

 "Manuel García , el Espartero, fue un chispazo romántico encajado en la cuasi culminación del perfeccionismo de Guerrita. Su toreo, quietud pura, premonición del que pocos años más tarde impondría Belmonte. Antonio Montes, su inspirador, hizo divisa del parón....................Ídolo de los sevillanos desde que se presentó como novillero en la Maestranza en julio de 1895. El valor que derrochaba fue el vehículo que propagó su nombre por todo el país. El desprecio por la vida de que hacía gala, sólo parangonable con el de Juan Belmonte diez años más tarde, le encumbró. Fue el último perro de presa que echaron a competir con El Guerra. Como muestra lo sucedido en la feria de Sevilla de 1988. Guerrita, triunfador, incluso con El Espartero en el cartel, se vió obligado a marchar a dormir a Córdoba tras la corrida. Huía de las iras de los exaltados esparteristas, que, constantes, le aguardaban al día siguiente para continuar la bronca. El arrojo, un tanto irresponsable, de El Espartero lo mantuvo seis años en la pelea, nunca ganada, con el cordobés"


Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Admiradores de su paisano los sevillanos, que anhelaban tener y celebrar un torero de la tierra, llegaron al exceso en el entusiasmo, explicable por el rasgo primordial del espada: el valor. Unía a éste un excelente manejo de la muleta con la mano izquierda, constituyendo su talón de Aquiles la espada, con la que mataba siempre sin el menor estilo, a toma y daca....................................Fue de carácter apocado, enemigo de juergas y ahorrador. Al comenzar su profesión mandaba a su padre lo que ganaba. No tuvo de bueno más que el valor frío, estoico, ya que carecía de facultades. Sus piernas eran pesadas; toreaba mejor con la izquierda y usaba una muleta pequeña; con la capa lanceaba bien a la verónica, que remataba con media ceñidísima. En sus tiempos finales banderilleaba discretamente al cuarto. Con la espada era desastroso; hacía un arco con el brazo para herir, tapando en lo posible la cara a los toros, y en los postreros años, al entrar a matar hacía un movimiento especial con los pies como si hubiera perdido confianza en su seguridad................................No fue torero de mi predilección. Al empezar, le hicieron héroe a la fuerza sus paisanos. Reconozco su gran valor; pero eran escasísimos sus conocimientos. No tuvo nunca categoría de primer espada, y mucho menos para competir con Guerrita, lidiador formidable"


José Bergamín, en su libro El arte de birlibirloque, escribe:

"La sonrisa suicida del Espartero se hizo en Belmonte mueca desgarrada y doliente; y el toreo de torso esparterino, contorsión angustiosa y grotesca. Lo que Espartero profetizaba trágicamente, Belmonte, caricaturesco, lo cumplía: el toreo sin pies ni cabeza"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, desarrolla la idea de que los adalides de la escuela sevillana (José Cándido, Pepe-Hillo, Curro Guillén , El Tato, El Espartero.........) mueren sin sucesión. Todo el mundo les aplaude; pero nadie les imita. Los alaban y no los copian. Dejan en la historia el eco de su nombre, pero no la huella de su arte. Refiriéndose al Espartero, escribe:

"Aún sucumbe en 1894 otro diestro sevillano de primera fila, pero éste de menos recursos, pese a su mano izquierda sorprendente, y cuyo tragedia produce más dolor que sorpresa"























Julio Aparici Pascual, Fabrilo, nació en el barrio de Ruzafa (Valencia) el 1 de noviembre de 1866. Consigue torear por vez primera en Valencia el 3 de octubre de 1885, distiguiéndose inmediatamente por su valentía y su arrogante figura. La afición valenciana lo hace su novillero predilecto.

Debutó en Madrid el 27 de febrero de 1887, alternando con Guerrita y El Ecijano.

El 23 de septiembre de 1888 hubiera tomado la alternativa como matador en Madrid, pero la corrida se suspendió a causa de la lluvia.

Tomó la alternativa en Valencia, el 14 de octubre de 1888 de manos de Antonio Carmona (el Gordito), lidiando al toro Panadero, un colorao de la ganaderia de González Nandín

Confirmó la alternativa en Madrid, tras de una excursión triunfal a La Habana, el 30 de mayo de 1889, alternando con Frascuelo y Mazzantini.

En 1890 se acentúa la personalidad de Fabrilo, que alterna con las principales figuras de la tauromaquia. No obstante, en Madrid se le considera como un torero de segunda fila y después de su alternativa con torea sino cuatro corridas.

Demostró a lo largo de su carrera su merecida fama de torero valiente y, como buen valenciano que era, con las banderillas fue un auténtico artista, suerte que practicaba lo mismo al quiebro, como de frente asomándose al balcón, saliendo siempre del estribo airoso y con garbo.

"De Julio es bien sabido -nos comenta Fernando Claramunt en su libro Los toros desde la psicología- que perdió el favor del público, singularmente de sus paisanos, cuando se supo el vínculo extramatrimonial que le unía a la hija de un aristócrata. Había sido muy correspondido en general por el bello sexo. Era proverbial su majeza y valentía, que llegó a merecer el respeto de Frascuelo, en cuya cuadrilla estuvo. En Valencia era tan ídolo como el mismísimo Lagartijo, con quien alternó repetidamente. Los aficionados recuerdan el famoso cuadro que representa a Julio Aparici tumbado bajo la cara del toro, después de haber extendido el capote, en un alarde de temeridad para eclipsar a sus compañeros Algabeño y Villita, que se había puesto de rodillas"

Fabrilo siempre se distinguió por su elegancia y tacto para vestir, causando admiración entre los espectadores los maravillosos trajes con que se presentaba en la plaza.

Rubén Amón, en su libro No puede ser y además es imposible, escribe al respecto:

"Se dice que Julio Aparici Pascual, alias "Fabrilo"  fue el torero más bello de la historia. Contribuyó a su leyenda una cornada mortal y prematura, como también lo hicieron los grabados que aparecieron en las revistas de la época a propósito de su galanura.............No pudo librarse el maestro de las maledicencias. Empezando por aquellas que cuestionaban su virilidad. Circulaban en los mentideros los devaneos homosexuales del maestro, aunque "Fabrilo" había demostrado su hombría con plebeyas y aristócratas...............Así lo describía con cursilería un ejemplar de La Lidia: "Toda su planta física, desde los pies, delicados y diminutos, hasta la cabeza, de negro, brillante y ensortijado pelo, era en él armonía suave y mesurada como la del fauno joven y delicioso"................Semejantes rasgos explican los pormenores de una crónica publicada en el diario La Juventud de Castellón. Insistiendo en el apasionamiento que originaba la belleza del matador: "La buena planta de Fabrilo saca de sus casillas a muchas de nuestras pollitas. Les aconsejo que no lo tomen tan a pecho. Tienen por Fabrilo muchas simpatías y no es esto muy simpático a los ojos de nuestros pollos y hasta de nuestros gallos"

Murió de manera trágica en Valencia, al ser cogido el 27 de mayo de 1897, al banderillear a Lengüeto, del hierro de José Manuel de la Cámara, cárdeno, salpicado, que previamente había tomado ocho varas y había matado a dos caballos. Llegado el tercio de banderillas, los espectadores pidieron que actuaran los espadas, pero éstos se negaron, vistas las malas condiciones del astado. Arreciaron las protestas del público y Fabrilo hubo de coger los palos, ofreciéndoselos a Reverte, con el que alternaba, pero éste rehusó. Entonces, Julio se dispuso a banderillear. Entró una vez en falso y la segunda clavó un par, pero Lengüeto lo enganchó con el pitón izquierdo por la ingle y le dio una cornada de muerte. Declarada la peritonitis, falleció el 30 de mayo, a las cuatro de la tarde, en medio de crueles sufrimientos.

El entierro fue solemnísimo. "Toda Valencia" asistió. Al frente iban las autoridades y entre ellas el doctor Moliner, amigo íntimo del torero y rector de la Universidad de Valencia. Al saberlo el presidente del Consejo de Ministros, conde de Romanones, distituyó de modo fulminante al rector, por presidir el entierro de un torero.

Ya en su mejores tiempos y como si fuera una premonición de su destino corrió por Valencia una coplilla que decía: ¡Ay Fabrilo!¡Ay Fabrilo!/ No te vayas a morir,/ que las niñas de Valencia/ llevarán luto por ti./.

Tras su desaparición, la imaginación popular lo llevó a las coplas. Con su vida se hicieron canciones y su figura fue cantada en romances de ciego por los pueblos de la zona levantina. Incluso hubo un autor anónimo que publicó un folletín titulado La viuda de Fabrilo


Según el Bachiller González de Ribera, Fabrilo toreaba "con una valentía a prueba de cornadas, bastante desconocimiento del arte de lidiar reses bravas, mucho amor propio y sobra de facultades para la profesión, excepto la ductilidad y flexibilidad de músculos, tan necesaria para el toreo"


De la publicación Barcelona: La Fiesta Nacional. Los dos “Fabrilo”, por Juan Bautista Peris (Chofeti)., editado en 1907, he seleccionado los siguientes comentarios:

“(Pg. 17)…..La primera vez que le vemos figurar en la plaza de Valencia es en el día 12 de Octubre de 1884, como banderillero en una becerrada, bajo el nombre de Julio Hernández (Pollo)……(Pg. 18) En 12 de Abril del año siguiente en otra becerrada figura como último matador, con el nombre de Julio Hernández (Fabrilo)……(Pg. 21)….Su carrera de novillero fue corta, pero gloriosa……..(Pg. 23)…..El día 23 de Septiembre de 1888 iba a tomar la alternativa en Madrid, pero la corrida se suspendió………(Pg. 24)……Tomó la alternativa en Valencia el 14 de Octubre de dicho año, de manos del veterano Antonio Carmona (Gordito), que le cedió la muerte de Panadero, de la ganadería de Nandín…….(Pg. 27)…..Confirmó la alternativa en Madrid el 30 de mayo de 1889, estoqueando seis toros de Miura, con Frascuelo y Mazzantini, el toro de la confirmación se llamaba Neblino……..(Pg. 31)…….Decía “El Maestro Estokati” refiriéndose a Julio: “A decir de los espectadores, era demasiado guapo, y al verlo se comprendía que Valencia, a la par de rosas, producía claveles”…….únese a lo dicho una figura arrogante, cuerpo modelado y un gusto irreprochable en el vestir………(Pg. 35)…..No digamos era una notabilidad manejando el capote, en quites….sobresalía cuando había que practicar alguno de esos que han dado en llamarse  (Pg. 36) marca Frascuelo, es decir, que cuando había necesidad se metía en terrenos peligrosos……..Su toreo de capote estaba más cerca de lo que la afición ha dado en llamar escuela cordobesa, que de la sevillana, o sea el toreo serio, sin desplantes……, verdad es que su toreo ni su figura se prestaban a ello………..Lanceando paraba bastante, si bien los toros algunas veces le acosaban por no despegar con soltura los brazos del cuerpo……, sin embargo le vi (Pg. 37) más de una vez jugar bien el capote, estirar los brazos y clavar los pies, como ordenan los cánones………Como director de lidia, su carácter bondadoso no le dejaba las más de las veces cumplir su misión con la energía necesaria para tal puesto………..Creo….que con el capote y como director, era una figura de segundo término en aquel entonces…………(Pg. 39) En la suerte de banderillas es cuando Julio se mostraba más airoso, lucía sus hechuras, su conocimiento, la flexibilidad de su cuerpo y su alegría, y fue en ésta precisamente en la que encontró la muerte……Así como en la muleta era una barra de acero, en banderillas era todo lo contrario………Decía el inteligente Caamaño a raíz de su muerte: “(Pg. 40)…..Aun recuerdo la tarde en que Julio trabajó en Madrid con Guerrita (siendo ambos novilleros), y no puedo olvidar que al coger ambos los palitroques, si sereno llegó el cordobés a la cara del bicho, sereno también el de Ruzafa; si tranquilo y elegante el uno, lo mismo el otro; y si acertado en el clavar el antiguo Llaverito, tan acertado o más el un tiempo molinero, y gran banderillero tenía que resultar siempre el que no desmereció ni un ápice del electrizador de públicos en el momento de parear........¡Incomprensible final! ¡Morir de un banderillazo perdido (Pg. 41) quien en lo más recio y duro de los combates fue respetado por los disparos hechos de frente”………(Pg. 44)…..El principal defecto de Julio, fue en el trabajo de muleta……….Toreando de muleta, ……se vería inseguridad, se notaba falta de dominio, rigidez en los movimientos……Además, no sabía ahormar la cabeza del toro (Pg. 47)……Como estoqueador……el defecto consistía en el exceso de valor, sobra de valentía…..Julio no comprendía, no quería ver que los toros por exceso de entrarles a matar en corto, no se matan mejor……y así sucedía que muchas veces, por falta de terreno para vaciar se embrocaba y al final de la faena, no salía con la limpieza que merecía su comienzo, ni los estoques quedaran como el diestro deseara……..Pisaba el terreno de los valientes sin fijarse en el peligro……Y no había enmienda; cuanto más el toro le disputaba el terreno, mejor se metía el espada en él, gustábale la lucha de poder a poder debido a su gran valentía y poderosas facultades…….Su brazo derecho era de acero……..No tenía especialidad en la manera de estoquear…….., si bien, le gustaba que se le vinieran los toros”

En el libro Los dos Fabrilo, de Juan Bautista Peris, escrito en 1907, encontramos estos comentarios: 

“Sus trajes de corto llamaban la atención por su corte y elegancia, como también la ropa de torear […..] En cuanto a su físico, podemos decir que difería un tanto del físico; demasiado parco en la palabra, algo reservado […..] Este era Julio, una figura arrogante, irreprochablemente vestida, con simpatía en el rostro pero falto de espíritu que sólo se animaba cuando frente a los toros se hallaba. […] No digamos era una notabilidad manejando el capote [……] Su faena sobresalía cuando había de practicar algunos de esos quites que han dado en llamarse marca Frascuelo, es decir, que cuando había necesidad se metía en terrenos peligrosos [……] Su toreo en el capote estaba más cerca de lo que la afición ha dado en llamar escuela cordobesa, que de la sevillana, o sea el toreo serio [……] Lanceando paraba bastante, si bien los toros algunas veces le acosaban por no despegar con soltura los brazos del cuerpo […..] Como director de lidia, su carácter bondadoso no le dejaba las más de las veces cumplir su misión con la energía necesaria para tal puesto […..] La suerte de las banderillas era donde Julio se mostraba más airoso, lucía sus hechuras, su conocimiento, la flexibilidad de su cuerpo y su alegría, y fue en esta suerte precisamente en la que encontró la muerte. Así como en la muleta era una barra de acero, en banderillas era todo lo contrario, […..] El principal defecto de Julio, fue en el trabajo de muleta. [….] Toreando de muleta, el público muchas veces padecía, se veía inseguridad, se notaba falta de dominio, rigidez en los movimientos, no se encorvaba, pero esa misma tiesura que procuraba guardar, era la que le impedía la libertad de moverse bien […..] Además, no sabía ahormar la cabeza del toro que a sus manos llegaba descompuesto [….] Como estoqueador su defecto consistía en el exceso de valor, sobra de valentía. Julio no comprendía, no quería ver que los toros por exceso de entrarles a matar en corto, no se matan mejor [….] y así le sucedía que muchas veces, por falta de terreno para vaciar se embrocaba y no salía con la limpieza que merecía su comienzo, ni los estoques quedaban como el diestro deseaba [….] Su brazo derecho era de acero, sus pinchazos en hueso, eran terrible destronque [….] No tenía especialidad en la manera de estoquear, sabía y ejecutaba todas las suertes prescritas en el Toreo, lo mismo estoqueaba recibiendo, que a la media vuelta, si bien, le gustaba que se le vinieran los toros”



Cossío se refiere a él en los siguientes términos:

"....un torero valiente que intenta todas las suertes, desconoce mucho los secretos de realización del arte y no se luce todo lo que él anhela porque su cuerpo, aunque bien proporcionado, es poco flexible en sus movimientos y resta gracia y gentileza a la ejecución de los lances................Fabrilo se distinguió por su elegancia y tacto para vestir, causando admiración entre los espectadores los maravillosos trajes con que se presentaba en la plaza"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"En los tiempos en que Guerrita era novillero alternó en varias ocasiones con Julio Aparici (Fabrilo), un valenciano apodado así por haber trabajado en una serrería llamada "La Fabril". El 23 de septiembre de 1888 iba a tomar la alternativa en Madrid pero la lluvia impidió el festejo y la ceremonia tuvo lugar en Valencia el 14 de octubre..................En ese invierno marchó a La Habana con Fernando el Gallo y Cuatro Dedos, el mismo año que Ponciano Díaz, el matador mexicano, venía a España. La temporada cubana fue un éxito. A su regreso confirma la alternativa en Madrid de manos de Frascuelo, con Mazzantini de testigo y reses de Miura................El primer "Califa de Córdoba" y Fabrilo enardecían a los valencianos entre 1890 y 1892. Sufrió cogidas de importancia en Játiva (1893), Madrid (1894) y Gandía (1894). En 1895, en plena competencia entre Algabeño y Villita el público parecía tener sólo ojos para ellos. Estamos en Valencia el 10 de noviembre. Julio había matado ya sus dos toros con brillantez. En el sexto toro realizó un gran quite al picador Chano. En ese momento Algabeño metió su capote y después de algunos lances se arrodilló de espaldas al toro. Villita acudió inmediatamente y se arrodilló de frente. Fabrilo, no pudiendo ser menos, extendió el capote en el suelo y se tumbó bajo los hocicos del toro.................La fama del torero se vió empañada por asuntos de su vida privada....................Nacido en el popular barrio de Ruzafa y casado con una hermosa valenciana, puso sus apasionados ojos en la hija de un marqués. El pueblo se sentía ultrajado y afeaba la conducta del torero tanto dentro como fuera de los ruedos........................Julio Aparici (Fabrilo) fue un torero de valor, poco ágil y algo rígido de movimientos. Con cierta lentitud que le hacía perder fracciones de segundo para evitar los percances. Vestía de torero y de calle con enorme elegancia. Quiso imitar el "olor a torero" que veía en sus compañeros andaluces. Basta observar la fotografía de "Fabrilo y su cuadrilla"



Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:


El Espartero. En coplillas, podría relatarse la vida – y la muerte – de este torero, pues ninguno como él inspiró tantos cantares y romances a la musa popular…12 de julio de 1885. Plaza de toros de Sevilla. Presentación de un novillero que sólo ha toreado en las capeas……..Los sevillanos salen aquella tarde de la Maestranza delirantes, frenéticos de entusiasmo. Más novilladas en Sevilla y más triunfos del muchacho, de quien ya los sevillanos hacen algo idolátricamente suyo que enaltecerle, glorificarle y lanzar a los vientos, en son de reto, sus hazañas incomparables………….La afición madrileña no ve en “El Espartero” más que lo que es en realidad: un torero simpático, valerosísimo, impresionante por lo temerario; pero tan escaso de arte, de recursos y de facultades, que ha de ser, fatalmente, “carne de los toros”………….El 27 de mayo de 1894 muere tras ser cogido por el miura “Perdigón”………..Así acaba la historia de un torero popularísimo, un poco héroe a la fuerza, porque a ello le empujaron el entusiasmo de sus paisanos y tal vez su miedo horrible……a las cornás que da el hambre. Su muerte –como su vida- conmovió a España, y fue llorado en coplas: ocho caballos llevaba el coche de “El Espartero”…….”


Villalón, en su Taurofilia racial, escribe:

"De la entrada del matador al quite, salía El Espartero con el toro material y suavemente envuelto a su cuerpo en una sencíllisima, pero perfectamente inimitable media verónica, de tal factura y de quebranto tal para el toro en un solo lance, que aquella res, que un minuto antes le habida sido imposible a Guerrita ponerle la punta de los dedos en el testuz, Manuel, sin volver siquiera la cara para mirarlo, ni interrumpir su sonrisa sugestionadora, apoyaba el codo encima entre los dos pitones y seguía sonriéndose y mirando al público que, asombrado, le aplaudía a rabiar................"

José Alameda comenta el párrafo anterior: "La media verónica. ¡Por lo tanto, precursor de Belmonte...............y hasta de Arruza, puesto que hacía "el teléfono"..............Es lo que dice Villalón, imaginativa poeta, pero honesto como taurino"












Enrique Minguet “Pensamientos”, en su libro Pases de castigo,1912. Pgs. 164 y 165, escribe:

 "Nació en Sevilla el 21 de Diciembre de 1870; tomó la alternativa en la plaza de su país natal, de manos de Fernando Gómez (el Gallo), el 30 de Noviembre de 1890……..El toro del doctorado atendía por Cornigordo; era de Adalid, y de pelo negro…….El 19 de Abril de 1891, y en cuya tarde se celebraba en Madrid la tercera corrida de abono, figuró Minuto en el cartel en unió de Fernando Gómez (el Gallo) y Luis Mazzantini, no pudiendo estoquear ningún toro por haberse herido con el estoque en la región glútea, y sufrido al mismo tiempo conmoción cerebral………El 17 de Mayo de 1892, en corrida extraordinaria, se presentó nuevamente Enrique Vargas, alternando con Lagartijo el Grande y Espartero; el primer toro, que le cedió Rafael, era de Concha y Sierra, llamado Amopolo, colorao, listón……..El trabajo de Minuto agradó…….Enrique es un torero alegre, excesivamente movido, tiene pequeña estatura y, por lo tanto, el hombre se ve obligado a valerse de mañas y ratimagos sin fin…….Estuvo algún tiempo retirado de su profesión, a la cual volvió en 25 de Marzo de 1905, en cuya tarde se celebró la corrida de la Asociación de la Prensa……En la actualidad torea y obtiene palmas, lo cual es bastante a los cuarenta y dos años de edad y disfrutando estatura tan pequeña."



Cossío , en su libro Los Toros, escribe:

"Matador de toros nacido en Sevilla el 21 de diciembre de 1870. Hizo su aparición en los toros cuando contaba dieciséis años, el año 1886..........Se presentó en Madrid al año justo de actuar en Sevilla: el 15 de agosto de 1887........El Gallo le apadrinó en Sevilla el 30 de noviembre de 1890, matando reses de Adalid........En Madrid toreó por primera vez de matador de alternativa el 19 de abril de 1891, acompañándole Mazzantini y el Gallo en lidia de reses de Aleas..........El Gallo, que era partidario de que las alternativas en la plaza de Sevilla tuvieran la misma categoría que las dadas en el circo madrileño, no cedió el primer toro a Minuto, armándose por ello un escándalo. El 17 de mayo de 1892 le cedió el toro de la confirmación en Madrid Lagartijo.........El 25 de octubre de 1896 actúa en la corrida de despedida de su antiguo protector Fernando Gómez (el Gallo). Minuto trabajó gratuitamente........El 8 de septiembre de 1899 participó por última vez en una corrida en Madrid, cortándose la coleta el 22 de octubre.......En 1905 regresó a los cosos y toreó algunos años, siempre con la bulliciosa característica  de toda la vida, retirándose en vista de la no mucha devoción que su presencia despertaba en los públicos. El 8 de junio de 1914, cuando la situación económica de Minuto no era muy halagüeña, organizó Joselito una corrida de despedida y beneficio a su paisano, acordándose del buen comportamiento de este en la despedida de su padre.......Murió el día 20 de junio de 1930"








Cossío, en su obra Los Toros, escribe:

"Matador de toros nacido en Sevilla el 13 de abril de 1873, hijo del picador José Hernández, del mismo apodo. Parrao tenía más altas ambiciones, y el 30 de agosto de 1891 se presentó en Sevilla como matador de novillos. Contaba entonces dieciocho años de edad..........El 21 de agosto de 1892 ser presentó en Madrid. El 1 de noviembre de 1896 tomó la alternativa en Sevilla de manos de Reverte, alternando, además, con Nicanor Villa (Villita) en la muerte de toros de Anastasio Martín. El 21 de marzo de 1897 le fue confirmada la alternativa en Madrid por Rafael Bejarano (Torerito). Hubo de abandonar la profesión, en la que, si recogió algunos laureles y escuchó aplausos, no llegó a lo que prometió en un principio. Joaquín Hernández fue un torero excelentemente dotado, pero que no aprovechó sus dotes. Su fallecimiento ocurrió en Sevilla el 28 de junio de 1941"

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