viernes, 20 de enero de 2012

COSTILLARES / JOSÉ CÁNDIDO



"Suerte de la Estocada a Volapié. Esta fue inventada por el famosísimo torero de nuestros días Joaquín Rodríguez (alías) Costillares"

                                                                                                                                      Pepe-Hillo

"Joaquín Rodríguez (vulgo) Costillares, hizo inmortal su nombre entre los toreros y aficionados, no solo por su destreza poco común, y un profundo conocimiento, sino por la invención de la estocada a vuela pies. En efecto, esta nueva suerte que vino a enriquecer la tauromaquia, es digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la maestría de su autor"


                                                                                                                 Francisco Montes Paquiro





Cinta ya fugitiva, nada vive
de tus claros millares de faenas.
Y resbalan memorias en declive,
igual que de las manos las arenas.

                                                                       Gerardo Diego



Encima de la cama
tengo un retrato,
donde está Costillares
con plante majo.
Cuando me duermo,
el majo que me vela
me quita el sueño.

Seguidillas



.......oye y dirate
de Cándido y Marchante la progenie,
quien de Romero o Costillares saca
la muleta mejor, y quien más limpio
hiere en la cruz al bruto jarameño.

Gaspar de Jovellanos


A Romero con fortuna
le regalan el bolsillo,
y a Costillares con versos
tan solamente el oído.
......................
......................
Qué valor, serenidad,
espíritu, gentileza,
noble esmero y entereza
hay en Romero, es verdad.
Mas destreza, habilidad,
dar el golpe si bien viene
u omitirlo si conviene,
para no dar dos o tres,
estas prendas sólo es
Costillares quien las tiene.

Entre todos los censores
del famoso Costillares,
aunque se cuentan millares,
son muy pocos los señores;
éstos forman superiores
juicios que el vulgo chispero,
el cual adicto a Romero,
por capricho y por antojo,
aplaude el bárbaro arrojo
y vitupera a un torero.

Coplas



El lidiador cuya vida
he prometido trazaros,
en el arrabal nació
que llaman de San Bernardo.
..........................

Joaquín Rodríguez llamóse
y dos veces bautizado,
el nombre de Costillares
por apodo le dejaron.
........................

Las crónicas nos refieren
que el matador aplicado
comenzó a hacer en las suertes
prodigios adelantados.

Allí aprendió a conocer
de los bichos los engaños,
y consiguió de tal modo
ir siempre el bulto salvando,

que en poco tiempo le vieron
ser torero consumado,
para honra del arrabal
que llaman de San Bernardo.
........................

Mas vino al fin Costillares,
mozo de ciencia y de garbo,
como hijo del arrabal
que llaman de San Bernardo;

y trajo la nueva suerte
que volapiés han llamado,
ensanche al arte taurino
con su inteligencia dando.

Enseñó que la muleta,
como se halle en buenas manos,
debe trastear al bicho
y en buen lugar colocarlo.

Y el saber de Costillares
el tiempo lo ha acreditado,
que todo cuanto él dijera
se está en el día ejecutando.
........................
Más para eterna desgracia
decretó su signo malo
que en lo mejor de sus días
concluyera su trabajo.

Le salió un tumor horrible
en la palma de la mano,
que por su destreza y gracia
el mundo tenía asombrado.
.....................
Tales son, lector querido,
los apuntes que he guardado
del hijo del arrabal
que llaman de San Bernardo.

Romances





Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


“Costillares es el preferido de las clases altas, mientras que Pedro Romero era el ídolo del pueblo. Valgan de ejemplo estos versos:




Entre todos los censores

del famoso Costillares,

aunque se cuenten millares,

son muy pocos los señores;

éstos forman superiores

juicios que el vulgo chispero,

el cual adicto a Romero,

por capricho y por antojo,

aplaude el bárbaro arrojo

y vitupera a un torero.







"Costillares era el sol caminando al ocaso, Romero y Pepe-Hillo nacían entonces para el arte"

                                                       Sánchez de Neira








Joaquín Rodríguez, Costillares, nació en Sevilla, en el típico y castizo barrio de San Bernardo, cuna de multitud de diestros. Hijo y nieto de toreros. Era hijo de Joaquín Rodríguez y sobrino de Juan Miguel Rodríguez, ambos matadores de toros.

Existen varias opiniones en torno al año de su nacimiento (¿1729, 1740, 1755?) . Cossío da la fecha del 20 de julio de 1729., basándose en una inscripción que puede leerse en un retrato del diestro y que dice así: "Joaquín Rodríguez (Costillares), matador de toros e inventor de la suerte del volapié. Nació en el barrio de San Bernardo de Sevilla el 20 de julio de 1729, y falleció en Madrid el 27 de enero de 1800, en la casa número 7 de la calle del Mediodía Grande, a los setenta años, seis meses y nueve días" 

Existe una partida de bautismo, cuya autenticidad es muy dudosa, que da el 6 de agosto de 1748.

 Murió en Madrid, el 27 de enero de 1800.

Un abuelo suyo, Juan Manuel Rodríguez, forma ya parte de la Historia del Toreo, pues Felipe V le otorgó una pensión vitalicia de 100 ducados anuales, por decreto del 18 de junio de 1734, al verlo torear en la plaza del Mar de Ontígola, en Aranjuez. El hecho de que Felipe V metiera en el presupuesto a Juan Manuel Rodríguez, es interpretado por el escritor José Alameda, en su libro El Hilo del Toreo, como una prueba del apoyo de Felipe V al toreo a pie, frente al toreo a caballo que había prevalecido hasta entonces.

 Inició su vida taurina en el Matadero de Sevilla, donde su padre estaba empleado a las órdenes de la Real Maestranza de Caballería. Pedro Palomo, célebre lidiador sevillano, de quien era ahijado Costillares, que había observado sus excelentes aptitudes para la lidia, le aleccionó, siendo tan rápido su aprovechamiento, que pronto le llevó como sobresaliente de espada.


Fernando G. de Bedoya (1802-1860), en su libro Historia del Toreo, editado en Madrid en 1850, escribe:



"(Pag. 20)………Costillares regularizó su manejo para que la muleta ampliase la defensa del matador, hasta el extremo de trastear a las reses, arreglarlas, y ponerlas en sazón para la muerte. Respecto a la manera de matar, no se conocía otro método que el de recibir a los toros armado con la espada; pero el que se aplomaba o no embestía por resabios que había adquirido, la sufría por el brazo de un profano, que a impulsos de una lanza larga a que daban el nombre de punzón, era cobardemente atravesado………..Tal era la costumbre en usanza por la época de la aparición de Joaquín Rodríguez: este concibió un nuevo recurso para evitar que las reses sucumbiesen al rigor de una mano incompetente…………., y puso en práctica la suerte de volapiés, que produjo el resultado que se ansiaba……………..(Pag. 21)………Estas son en resumen las mejoras, que Joaquín Rodríguez introdujo en el toreo………….(Pag. 22)………Así pasaron muchos años, y Rodríguez ya no era solo matador de toros, sino maestro de otros que ansiaban abrazar la profesión del toreo……….Por este tiempo se le formó a Costillares un tumor en la palma de la mano derecha, que le privaba de estoquear, y por ello se vio precisado, bien a su pesar, a abandonar la profesión, de lo que se le originó una constante tristeza que aumentándose progresivamente terminó sus días después de poco tiempo, con el pesar de no haber elevado el arte de la lidia a mayor altura, pero con la satisfacción de que su puesto quedaba dignamente reemplazado por los famosos Pedro Romero y José Delgado."


“(Pag. 112)………………….Joaquín Rodríguez (Costillares), media espada a la sazón, de Juan Romero y Miguel Gálvez…………..no pudo hacer más que regenerar el toreo en unos términos que le produjo la inmortalización de su nombre……..este célebre y distinguido diestro, elevó el toreo a más considerable perfectibilidad de la que podía calcularse…………………..¿Y cómo negarle tampoco a Costillares esa superioridad que se desprende de sus invenciones? ¿Qué conocimientos, qué valor, qué cualidades, en fin, no se debe conceder a quien encontrándose el ejercicio del toreo desnudo de toda defensa, supo metodizar este con perfecta regularización, consultando la agilidad, la fiereza, las armas y todas las demás circunstancias que concurren en un toro, y los inferiores elementos de un diestro?............Hoy aún……… se utilizan con frecuencia las suertes debidas a este aventajado torero, lo cual equivale a decir que supo organizar un método del mayor y más extraordinario interés. No limitó tampoco Joaquín Rodríguez (Pag. 113) su maestría a lo que es propio de los matadores de toros, se extendió también a perfeccionar la suerte de banderillas, y enseño el método de parearlas, por difícil que fuera la posición de la res: alguno que otro diestro de su época de los correspondientes a esta clase, fueron bajo su dirección banderilleros de los dos lados, o sea de ambas manos, y por ello consiguieron un distinguido crédito, debido a la fiel ejecución de las observaciones del maestro. Mejoró asimismo el manejo del capote, y lo enseñó a los que se habían constituido sus discípulos…………….La defensa que Costillares supo dar a la muleta era asimismo otro poderoso elemento reservado a su especialidad, que con notables seguridades le evadía de las complicadas y difíciles exposiciones que de suyo tiene el ejercicio de torear…………….Otros diestros, cuya antigüedad databa de anteriores fechas a la aparición de Costillares……..quedaron oscurecidos desde entonces, porque este era el coloso de la época del toreo, el regenerador del arte,  el jefe por último de la profesión de lidiar………………Joaquín Rodríguez, cuyo genio supo anteponerlo a cuantos hasta entonces se habían dedicado a la lidia de reses bravas……………..(Pag. 114)……..Costillares, respetando la suerte de recibir, tanto por las dificultades que ofrece, cuanto por lo airosa e importante, inventó la de volapiés, de todo punto precisa para las reses que llegan aplomadas al último tercio de la lidia, o para las que pinchadas más de una vez, buscan su defensa aconchándose a los tableros, y e inutilizan para aquella primera………………..Estableció bases para que esta profesión perdiese el carácter de bárbara y osada, y adquiriese lo competente a un arte. “


Y más adelante, en el mismo libro, encontramos este comentario:

"(Pag. 177)……………………No cabe más perfección que la inventada con la muleta por el inolvidable y siempre aventajado Joaquín Rodríguez (Costillares):  este diestro, tan justamente considerado, dio a ésta toda la defensa en su manejo que posible es para conseguir el principal objeto a que fue adoptada, el cual consiste en pura defensa para el diestro, y siendo esta toda la misión de la muleta no cabe más método ni otra escuela"


José Velázquez y Sánchez (1826-1880), en su obra Anales del Toreo, editada en Sevilla en 1868, escribe:



“(Pag. 92)…….Joaquín Rodríguez, Costillares, educado en la casa-matadero de Sevilla, donde su padre era capataz de los operarios del desolladero, tuvo lugar y proporción de ensayar la lidia de las reses en relación a sus recursos, y en la diversidad de condiciones de casi todas las ganaderías andaluzas y extremeñas. No seremos nosotros de los que ligeramente afirman que no se conocía hasta él otra suerte de matar que la de recibir a los toros; pues que dentro de este lance mismo, y por sesgar más o menos el bruto y perder terreno el espada, cabían el encuentro, el arranque y el paso de banderillas; pero no se le puede negar a Costillares la teoría y la práctica del volapié, y el trasteo de muleta que hizo de lidia corriente a los animales que se defendían y tapaban en el período final de la lucha. De su tiempo eran Lorencillo, maestro de Cándido, Antonio Ramírez, Antonio Campos, Sebastian Jorge, Nicolás Martínez, Juan Conde, Francisco Herrera (el Curro), y José Cándido, padre de Jerónimo; diestros que se repartían la audacia, la experiencia y el lucimiento, pagando tributo a la superioridad inmensa del alentado y sagaz Rodríguez……………….(Pag. 95)…..En Andalucía se inauguró la suerte de recibir por la condición brava y boyante de sus generosos brutos, y el mismo volapié de Joaquín Rodríguez, Costillares, más que maña contra defensas malignas, fue recurso contra los bichos parados, que teniendo aun voluntad briosa, carecieran de suficiente empuje para el arranque……………..(Pag. 137)…….Aquí nos parece lugar propio de desvanecer una idea equivocada, y harto vulgar en ciertos círculos de aficionados, acerca de ser única la suerte de recibir los toros en los tiempos de nuestro rondeños insignes, Francisco y Juan; apoyando esta creencia errónea en la noticia de haber inventado el volapié Costillares. El marqués de Motilla hemos visto que refiriéndose a Manuel Bellón dice que aguardaba y se iba a los brutos; esto es, que cuando citados no acudían al envite, el estoqueador se arrancaba a ellos a consumar el lance. En la biografía de Joaquín Rodríguez, y tratando de la suerte del volapié, demostraremos que el renombrado Costillares organizó este juego; quitando a la estocada la inseguridad de la media-vuelta, con la salida franca del toro, embebido en el engaño que le despegaba del bulto………………….(Pag. 138)……..Joaquín Rodríguez (Costillares)……..nació en Sevilla, hijo de un capataz de desolladores del matadero……….,morador del pintoresco arrabal de San Bernardo, no recibió educación primaria, y desde sus años infantiles se introdujo en la casa de matanza………..(Pag. 139)……..No sin violenta oposición de su padre, Joaquín abandonaba la cuchilla para escurrirse a lo mejor hacia los corrales donde se lanceaba al ganado bravo; sirviéndose de su sangriento delantal como de capote para ensayo de las lecciones…………Los castigos paternos fueron ineficaces para retraer a Rodríguez de su irresistible vocación………, y no contribuyó poco a reducir su ánimo a la voluntad de Costillares la intervención del diestro Pedro Palomo a favor de su ahijado y discípulo…………Antes de los diez y seis años Joaquín Rodríguez salió a la plaza de la Real maestranza de Sevilla, en calidad de banderillero……y en aquella temporada acompañó a su maestro a todos los cosos de Andalucía…………La superioridad de Costillares en la lidia tenía el doble fundamento de la predisposición natural y la familiaridad extraordinaria con todo género de reses vacunas, adquirida en tantos años de residencia continua en el matadero……………A los veinte años le dieron la alternativa Bellón y Esteller en Sevilla y  Jerez de la Frontera………….Ya hemos visto relatado que los estoqueadores más antiguos que Costillares aguardaban o se iban a los toros: prueba de que la suerte de recibir no era la única, cual sostiene el (Pag. 140) autor de la HISTORIA DEL TORERO (Bedoya)………Perfeccionar el modo de entrar a la suerte de arranque del diestro hacia la cabeza de la fiera, consumar la ofensa del cornúpeto con holgura, acierto y seguridad, y salir del empeño con limpieza y gallardía, eran las cláusulas que faltaban a la lid en la peripecia de irse el hombre al testuz del animal, cuando este, tardo, apurado o en defensa, no acudía al envite. Había grande distancia entre jugar un lance aventurado y organizar un sistema completo en entrada, centro, y salida de una suerte a toro parado, y aquí está la obra del ingenio y mañosidad del famoso Costillares………Armonizar las tres partes de esta suerte, disponiendo al toro al efecto, intentándola, poniéndola por obra, y consumándola en fin, creó la nombradía de Rodríguez, y le garantizó el título de maestro en el arte…………Costillares apenas gozó tres años de la supremacía evidente sobre los lidiadores de su época; viniendo Pedro Romero, y poco después José Delgado (Hillo), a compartir una popularidad…………Joaquín Rodríguez, imposibilitado de continuar su profesión por en tumor enorme en la palma de la mano derecha, se refugió a su hogar en Sevilla, poseído de negra melancolía, y no pudiendo sobrevivir al prematuro término de una carrera………………..La posición de Joaquín Rodríguez entre Pedro Romero y Pepe Hillo demuestra la excelencia de sus dotes y las ventajas de su escuela; porque mantener el nivel de su reputación, teniendo en paralelo perenne con su tipo la suma de la intrepidez reposada (Pag. 141) en el uno, y en el otro el arrojo y la destreza en conjunto fascinador, es una empresa que revela en Costillares la superioridad de medios suficientes para alternar con ambos, sin desmerecer un ápice en el concepto de los apasionados a la lidia de toros. El Señor Jovellanos, en la sátira segunda de las dos, dedicadas “A Arnesto”, alude a esta indecisa competencia de Rodríguez con sus rivales en esta forma:




“Oye, y dirate


de Cándido y Marchante la progenie.


Quién de Romero o Costillares saca


la muleta mejor, y quién más limpio


hiere en la cruz al bruto jarameño.”




Joaquín Rodríguez, según lo describen las tradiciones de su época, era hombre de buena presencia, aspecto serio y reposado; de carácter formal y algún tanto melancólico, de excelentes costumbres y dado a piadosas devociones. No tuvo sucesión de su matrimonio, y dejó a sus parientes una modestísima fortuna.”
 



En el libro Historia de la Tauromaquia, del Historiador Bartolomé Bennassar, aparece el siguiente párrafo debido al diplomático francés  Jean-Francois Peyron: Los españoles han llevado su pasión por estos extremos que parece increíble. Las gentes del pueblo empeñan sus alhajas, sus muebles y sus ropas para poder asistir. Se ve la nación dividida entre los dos toreros más famosos del momento, Romero y Costillares...................la pasión que levantan es tal que se enfrentan romeristas y costillaristas"


José María Cossío, en su obra Los Toros, nos proporciona los siguientes datos biográficos:

"Se da en Costillares, como en tantos toreros importantes.......un ambiente familiar propicio al desarrollo de la afición a sortear toros. A los veinte o a los veinticinco años, Costillares consigue la categoría de matador de toros. Admiten todos los biógrafos que Costillares torea en la Maestranza de Sevilla los años 1762 y 63. En Madrid se presentó en 1767. Sabemos con certeza que en 1777 residía en la Corte.............Se sabe con certeza que en 1775 comienza su rivalidad con Pedro Romero. En 1776 desean los madrileños ver continuar la competencia, pero Costillares, acoso por espíritu comercial o por motivos de enojo que no es fácil precisar hoy, se ajusta en la plaza de la Maestranza, burlando el deseo de la afición madrileña. En 1780 torea asimismo en Madrid, siendo cogido y herido de consideración en la corrida del 27 de junio. Esta década del 80 al 90 debió de ser de apogeo para Costillares, quedando su reputación consolidada de modo seguro. En 1782 torea en Sevilla. Sin duda por su residencia en Madrid, calculadamente fomentada por el corregimiento de la villa desde que le concedieron la tabla para el despacho de carnes, frecuentaba poco la plaza de Sevilla, pues tan sólo en este año y en el citado de 1776 he visto su nombre en sus carteles, al menos en los de fiestas organizadas por la Maestranza. En Madrid torea los años 1786, 87,88, 89 y 90. En el primero de estos años empieza a notar signos de debilidad en su salud. En 1788 fue herido en la primera corrida. Desde 1790 trabaja con irregularidad. Un carbunclo en una mano acabó de restarle facultades, hasta el extremo de acudir a la plaza como simple espectador. Hallándose así en ella, en 1794, mató un toro que le cedió Pedro Romero a petición del público. Falleció en Madrid el 27 de enero de 1800"

Comenzó su profesión por el año ¿1765?, y se retiró en 1790; retirada forzosa por causa de un tumor que le salió en la mano derecha, del que no curó.


En La Tauromaquia de Pepe-Illo, editada dentro de la Biblioteca de la Cultura Andaluza, he encontrado un comentario referente a la retirada de Costillares:

"Para las de 1790 (corridas que se celebraron en Madrid, el año siguiente a las famosas corridas de la jura de Carlos IV) no se pudo lograr la contrata de Romero (Pedro), y la Junta, que sólo contaba con Illo y Francisco Garcés, rogó a Costillares las torease. Este, que pensaba ya en la retirada por no mejorar de su dolencia, aceptó y tomó parte en diez corridas de las dieciséis que se organizaron, cediendo en varias su puesto de jefe de lidia a José Delgado. En la del 8 de noviembre vistió por última vez la ropa de torear el inventor del volapié. El tumor de su mano derecha no cura. Sufre varias dolorosas operaciones. Algo mejora; pero queda imposibilitado para ejercer el oficio, aun cuando en ocasiones y a petición del público mate algunos toros.........................Asistiendo como espectador de la quinta corrida de 1794 (16 junio), le pidió el público que matase un toro. Bajó al ruedo, y Pedro Romero le cedió el lidiado en décimo lugar de la tarde, al que mató bien, oyendo aplausos. Se repitió la escena en la undécima corrida (15 septiembre), y Romero le cedió el séptimo toro, al que mató con aplausos. Siempre a petición del público, el mismo espada cedió a Joaquín el toro noveno de la segunda corrida de 1795 (11 de mayo), y también escuchó aplausos el matador. Este toro -de la ganadería de López Collado- suponíamos fuese el último que estoqueó el inventor del volapié; mas Romero, en sus cartas, se refiere a otro que no pudo matar por la enfermedad de la mano. Tal vez fuese en la decimosexta corrida de 1796, estoqueada por Romero, Illo y Francisco Garcés, de la que tenemos anotado que el público, viendo en la plaza a Costillares, pidió que matase un toro"

Es conocida su competencia con el gran Pedro Romero. La lucha que entablaron durante cerca de veinte años, fue apasionada y violenta. Parece ser que Costillares tuvo a su favor las gentes más selectas de la época y Romero la gran masa popular. El estilo reposado, tranquilo y sereno de Romero, que practicaba el toreo de brazos, sin filigranas, contrastaba con el alegre, regocijado y gracioso de su rival. De estas dos maneras de torear brotaron las dos escuelas: la rondeña y la sevillana.


En La Tauromaquia de Pepe -Illo, publicada dentro de la Biblioteca de Cultura Andaluza, he encontrado la siguiente información acerca de la presentación de Pedro Romero en Madrid y de la  rivalidad desde sus inicios con Costillares:

"Las corridas madrileñas venían siendo servidas desde 1771 por los máximos prestigios de aquel tiempo: Juan Romero y Joaquín Rodríguez (Costillares), los que renovaron sus contratos para la temporada de 1775, viniendo este año acompañado el primero de los citados diestros de un hijo suyo, llamado Pedro, muchachón de veintiún años de edad, buen mozo, de fuerte complexión y simpática presencia. Toreó por vez primera en la corte en la primera corrida (1º de mayo), estoqueando dos de los toros lidiados por la tarde; y fue tal la sorpresa, tal la admiración causada en los espectadores, que en la segunda corrida (8 de mayo) se anunció mataría cuatro toros, que fueron los lidiados en quinto, sexto, séptimo y octavo lugar en la tarde. Enorme fue el entusiasmo causado por las faenas del joven espada, quien llegaba a la cabeza de las reses con pasmosa serenidad, con admirable sangre fría; su labor con la muleta era sobria, ceñida, tranquila; remataba los pases con matemática precisión; apenas movía los pies, y recibía los toros a muerte con valor extraordinario, enterrando el estoque hasta la cruz en lo alto del morrillo. Los bichos rodaban instantáneamente, y los espectadores no salían de su asombro ante aquellas monumentales faenas. Apreciaron igualmente los aficionados que el novel espada era tan sencillo y modesto, que todo lo ejecutaba con gran naturalidad y sin dar importancia a su trabajo....................Continuó en sucesivas fiestas dando prueba de su enorme valía. Cada toro lidiado constituía un triunfo. Las corridas tomaron un auge inusitado. El público estaba pendiente de la labor del nuevo diestro, hasta el punto de pasar poco menos que inadvertidas buenas faenas de su padre y de Joaquín Rodríguez (Costillares).....................Surgen en seguida diferencias entre este matador y el joven rondeño, pues Joaquín, contratado como segundo espada, pretende se normalice el orden de actuación en la lidia, y no puede tolerar se le sitúe delante el nuevo diestro, quien continuó estoqueando las reses que se le designaban, sin alternar con los matadores ni matar los toros lidiados en último lugar y destinados, según costumbre, a las medias espadas. En realidad, el lugar que Pedro Romero ocupó este primer año de su venida a Madrid fue el de sobresaliente.......................Joaquín Rodríguez pudo darse perfecta cuenta que había surgido un coloso en la profesión del toreo; que el nuevo espada captó desde el primer momento toda la atención de los aficionados madrileños, absortos ante faenas nunca presenciadas, y también pudo observar que la Junta de Hospitales se hallaba dispuesta a no privarse de la presencia en las corridas del novel matador, que les había impreso animación tan extraordinaria"

Y más adelante:

"Al llegar a este punto es conveniente trascribir un párrafo de la  biografía de Illo contenida en el libro Los toros. Dice el señor Cossío: "Por los años de aquella séptima decena del siglo XVIII se hallaba en su auge la rivalidad de Juan Romero con Joaquín Rodríguez (Costillares), manteníala éste con ventaja (1), cuando surge la figura excepcional de Pedro Romero, que de segunda espada de su padre, Juan, ponía en pareceres el buen crédito del inventor del volapié. Esto le hizo pensar en la conveniencia de que aquel nuevo lidiador de Ronda encontrase enfrente un segundo espada adicto suyo que neutralizara los triunfos del joven rondeño. Pensó primero para esto en Antonio Campos, que pronto demostró su insuficiencia para tal empresa; desengañada, acudió a Sebastián Jorge (el Chano), con quien no logró mucho mejor resultado. Igual camino corrieron sus esperanzas con Julián Arocha, que si en los principios de su carrera prometía poder sostener una competencia empeñada, a los primeros accidentes de la lidia se acobardó, retrasando sus progresos deplorablemente. Creyó Costillares encontrar, al fin, en Pepe-Hillo el torero cortado para tal empresa, y desde entonces comienza a encaminarle decididamente en la profesión"

(1) Nada tiene de particular, pues en esa época Juan Romero pasaba de los cincuenta años, en tanto que Costillares, frisando en los treinta, se hallaba en la plenitud de su vida y facultades.



Costillares introdujo importantes reformas en la organización de las corridas y también en la técnica del toreo. Estableció los tercios de la lidia, de varas, de banderillas y de muerte. Perfeccionó, además, varios lances y la suerte de las banderillas. Mejoró el uso de la muleta, dotándola de eficacia para la lidia. Inventó la estocada "a vuela pies" o volapié, porque había toros que llegaban aplomados al final de la lidia y no se podían matar en la suerte de recibir; de ahí que Costillares, en vez de esperar una dudosa embestida, se fuera hacia ellos con el estoque y la muleta por delante: el engaño para hacerlos humillar y el estoque para hundirlo en el hoyo de las agujas.


En la Tauromaquia o arte de torear de Pepe-Hillo, podemos leer respecto a la suerte del volapié inventada por Costillares:

"Esta fue inventada por el famosísimo torero de nuestros días Joaquín Rodríguez (alias Costillares). Consiste en que el diestro se sitúa en la muerte del toro, ocupando cumplidamente su terreno, y luego al cite de la muleta humilla y se descubre, corre hacia él poniéndosela en el centro y, dejándose caer sobre el toro, mete la espada y sale con pies"




 Impuso las cuadrillas organizadas, que antes contrataba la empresa, y sería él quien llevaría bajo sus órdenes el personal que el considerase conveniente. Bajo su influencia se empezó a desplazar a los varilargueros y picadores a un segundo rango. También cambió el traje de torear, como se puede apreciar en el grabado de don Juan de la Cruz, estableciendo la chaquetilla bordada, con galones de oro para los maestros y de plata para los subalternos, el calzón de seda y la faja de colores.



Francisco García de Bedoya escribe:

 
"Ni limitó tampoco Joaquín Rodríguez su maestría a lo que es propio de los matadores de toros; se extendió también a perfeccionar la suerte de banderillas, y enseñó el método de parearlas, por difícil que fuera la posición de la res...........Mejoró asimismo el manejo del capote.............La defensa que Costillares supo dar a la muleta era asimismo otro poderoso elemento reservado a su especialidad..........No cabe más perfección que la inventada con la muleta por el inolvidable y siempre aventajado Joaquín Rodríguez Costillares; este diestro, tan justamente considerado, dio a ésta toda la defensa en su manejo que posible es para conseguir el principal objeto a que fue adoptada..............Costillares, respetando la suerte de recibir, tanto por las dificultades que ofrece, cuanto por lo airosa e importante, inventó la del volapiés, de todo punto precisa para las reses que llegan aplomadas al último tercio de la lidia o para las que, pinchadas más de una vez, buscan su defensa aconchándose a los tableros y se inutilizan para aquella primera"

El mismo García de Bedoya se refiere a la competencia entre Ronda y Sevilla:

"Parece probable que la disidencia de los lidiadores de Ronda y de Sevilla esté fundada en el método o esencia que cada población reconoce de más entidad e importancia...........Creemos, y no sin fundamento, que la invención de matar toros pie a tierra y cara a cara, con la ayuda del estoque y muleta, se deba al extraordinario arrojo y singular valentía del célebre Francisco Romero.........y también convendremos en que la notable invención de las suertes debida a Joaquín Rodríguez, Costillares, produjeron el complemento de la metodización del arte: pues si esto es cierto, y tan exacto que no cabe duda; ¿por qué no concederse a las dos escuelas cierto mérito, cierta especialidad que constituyese igualdad en su importancia?"




En un documento antiguo podemos leer:

 "Las crónicas nos refieren que el matador aplicado comenzó a hacer en las suertes prodigios adelantados. Pues que siendo Costillares, allá en los tiempos pasados, lidiador de los primeros que el arte perfeccionaron. Enseño que la muleta, como se halle en buenas manos, debe trastear al bicho y en buen lugar colocarlo. Y el saber de Costillares el tiempo lo ha acreditado, que todo cuanto él dijera se está en el día ejecutando"


José Velázquez y Sánchez (1826-1880), en su obra Anales del Toreo, editada en Sevilla en 1868, escribe:


"(Pags. 97 y 98)……..y entre la turba de matadores de segundo rango, que se afanaban sin tregua por sobresalir, se destacaron con porfiado antagonismo, y excitando un interés vehemente, los diestros andaluces, Gerónimo José Cándido, natural de Chiclana y predilecto alumno de Pedro Romero, y Francisco Herrera Guillén, nativo de Utrera, hijo del primer espada conocido por el Curro, y mantenedor de la selecta escuela que produjo a Costillares. Durante la prohibición de las corridas de toros, con que se precavió de reuniones numerosas el despotismo triunfante en 1814, Cándido se mantuvo retirado en Andalucía, y Guillén lidió en Portugal con tanto éxito como desarrollo de sus facultades, hasta que retirado el veto receloso, que pesaba sobre el popular espectáculo, volvieron ambos a recorrer los palenques de la corte y provincias; avivando de increíble manera la afición, despertada por el incentivo poderoso de la veda de aquel festejo, con una rivalidad pródiga en notables episodios y en actos de valor y destreza…………..Aquella emulación, sin embargo, ni era completa, ni podía ser decisiva; porque Cándido padecía ya de la afección reumática, que le hizo al fina abandonar su profesión con general sentimiento, mientras que Guillén se presentaba en la plenitud de sus brillantes condiciones; y por otra parte convienen los inteligentes antiguos, que he tenido ocasión de oír sobre esta materia, en que no existía punto de contacto entre los procedimientos de uno y otro lidiador; siendo Geromo la suma de la inteligencia práctica sin los arranques del brío, y Curro la bravura y la maña, llevando sus empresas a los arrojos de la temeridad; Cándido la estrategia supliendo la resolución, y Guillén el esfuerzo aventurando la cautela………………….(Pag. 153)……Delgado (Hillo) era el valor, haciendo olvidar la táctica en los más críticos instantes: Cándido fue la táctica, supliendo con todos sus amaños los arranques de un valor, que no llegaba al compromiso en los lances apurados. Pepe Hillo es el héroe en los fastos de la lidia de reses bravas: el héroe con su prestigio casi fantástico, con sus hazañas épicas, y con su fama ruidosa y general. Geromo es el hombre superior en la historia de su particular ejercicio: la notabilidad entre sus contemporáneos, la tradición de su mérito en testimonios irrefragables de los actos que le valieron su justificada primacía, y la memoria respetable de una habilidad extraordinaria………..Hillo es un esplendente meteoro en el horizonte de la tauromaquia hispana, y Geromo es el astro de curso fijo y ordenado en su zénit………….Gerónimo José Cándido nació en Chiclana el diez y seis de Abril de 1760, siendo sus padres José, diestro de alguna reputación, y María Hernández………..José resolvió educar a su heredero…….Apenas salió de la infancia, tuvo Gerónimo un preceptor, encargado de instruirle en los rudimentos de la enseñanza elemental……….La muerte vino a frustrar los proyectos de José…….y a los ocho años Gerónimo quedó huérfano de tan buen padre…………..Entre las aficiones que cultivó Gerónimo ……figuraba el acoso, capeo y lances del ganado bravo, obteniendo la nota de inteligente en estos ejercicios……….Fijo su plan en el patrocinio de Don José de la Tijera, rico hacendado y singular amigo del espada de Ronda, Pedro Romero……..Pedro Romero incorporó a su gente al ahijado de su amigo Tijera; simpatizando a primera vista con aquel agraciado mancebo………Desde entonces se constituyó Romero en favorecedor de Cándido, quien bajo sus auspicios sobresalió muy pronto entre los banderilleros más finos y largos de aquella era de brillantes peones……….Cándido se casó con una hermana de Pedro Romero……….Cándido disfrutó de la posición de medio-espada en la primera cuadrilla de su época…………..Gerónimo empezó tarde la profesión de torero………y más dotado de reflexión….adquirió el conocimiento, la destreza y la maestría…….; más nunca jugó esos lances de arrojo y bravura al nivel de los toreadores del tipo común, porque no había acostumbrado su ánimo como ellos a exponer sus días a trueque de resultados prontos y lucidos. Cándido tuvo el difícil talento de estudiarse y concerse y al comprender que en las ocasiones que requerían temerarios arranques no respondía su espíritu a las exigencias de la situación, trató de suplir todo lo que de corazón le faltaba con medios artísticos y combinaciones previsoras………..(Pag. 155)……Al retirarse Pedro Romero de la lidia…….Emancipado ya de toda dirección, y capaz de crearse escuela propia……., Geromo introdujo en la lid modificaciones y reformas, que aliaban en un sistema lato y de reglas seguras la pausa y rigorismo del toreo rondeño, y las defensas y arbitrios del sevillano………..En la arena de los combates fue sereno, oportuno, gallardo y modesto; siendo el primer espada que introdujo la costumbre de correr saludando cuando los espectadores repetían sus aplausos y sus plácemes después de una suerte feliz. Cándido prefería el volapié a la faena de aguantar el arranque de los bichos……Ideó el encuentro, que ni es tan rápido como la acometida del espada, ni tan ocasionado a trances como el aguardo del animal a pie firme. Por regla general las estocadas de Geromo eran bien puestas, aunque cortas……., y he oído decir a los más antiguos aficionados que no reconocía rival en disponer a la muerte a los toros recelosos y huídos por medio de los ardides más varios y de las tretas más sagaces que caben en la imaginación de un hombre, que parecía haber sido toro, según la frase gráfica de Juan León…………El público madrileño…saludó a Gerónimo José como a una continuación de las tradiciones clásicas de Costillares y Romero…….(Pag. 156)…….La empresa de Madrid….ideó reunir en la arena a Cándido y a Curro Guillén……..Eran dos diestros de primera fuerza……..; porque se suplían el uno al otro cualidades de orden superior, como la pericia en la prodigalidad de sus recursos, y la intrepidez en el esplendor de sus resultados………Sin embargo, Geromo había de sucumbir al recrudecimiento de su crónica dolencia reumática, debido a la continuación de sus esfuerzos por sostener su fama en antagonismo con un lidiador joven, robusto, ágil, experto y arrojado, y por más que le proporcionara su escuela defensas y mañas para suplir el defecto cada vez más sensible de facultades, llegó el caso de caer frente al toro en el trasteo de muleta, y al fin recibió dos cornadas por no alcanzar a valerse con los brutos revoltosos y apegados al bulto en los lances……….(Pag. 157)…..Pobre, enfermo, y cargado de familia, Gerónimo José Cándido estableció su domicilio en Madrid, donde tras de vicisitudes sin cuento finó en su humilde albergue, calle de Santa Brígida, número 25, el primero de Abril de 1839, a los setenta y nueve años de edad, recibiendo sepultura en el cementerio de la puerta de Bilbao."



José Sánchez de Neira (1823-1898), en su libro El toreo. Gran diccionario Tauromáquico, editado en Madrid en 1879, escribe:


"Costillares nació en Sevilla a finales del primer tercio del pasado siglo, en el barrio de San Bernardo, que ha tenido el privilegio de ser la cuna de muchos y buenos toreros en todas las épocas………El padre de Costillares era dependiente del matadero de Sevilla; y en cuanto vio que su hijo, por la edad, podía ayudarle en el oficio, lo llevó consigo y lo dedicó a las faenas del mismo………Pero Costillares, de genio observador, valiente y atrevido, no se conformaba con ejercer un oficio grosero………Se acercó al notable matador de toros de aquella época, Pedro Palomo, vio éste en el chico buenas condiciones para el toreo, le dio algunas lecciones, le ayudó y protegió mucho, y le presentó al público, formando parte de su cuadrilla, cuando Rodríguez sólo contaba dieciséis años de edad…………Entonces no era todavía costumbre formar los espadas cuadrillas constantes……….Costillares trabajó con Palomo únicamente el tiempo preciso para perfeccionarse…………..Su trabajo como banderillero, siempre fino, concienzudo y denotando valor, le hizo sobresalir entre sus compañeros contemporáneos, y siendo joven aún, muy joven, se decidió a ser espada…………Su rápida fama como peón de lidia le autorizaba para ello……………..Manuel Bellón el Africano, el que por aquellos tiempos marchaba al frente de los espadas, no tuvo inconveniente en dar la alternativa a Joaquín Rodríguez, en la plaza de Sevilla, cuando cumplía los veinte años de edad…………..La notabilidad en el modo de torear de Costillares no consistía precisamente en que la lidia fuese más o menos brillante, de mejor efecto que las de otros, sino que en este hombre especial se advertía siempre mucha reflexión para ejecutar………..Estudiaba detenidamente la índole de los toros, y les daba la lidia que creía convenirles; pero nunca igual……….Con unas reses era ligero, juguetón y atrevido………..Con otras, pausado, reflexivo y calmoso………..Rara vez hacía lo que los demás matadores acostumbraban……….Sin acelerarse, esperaba y aguantaba, como ahora se dice, o recibía en regla con los pies parados, según lo practicaban siempre sus contemporáneos……….Y cuenta que entre éstos figuraban los Palomo, Juan Romero, Bellón el Africano, Martincho y otros de buen nombre y tan bravos como él………….Primeramente estudiaba las condiciones de los toros, los tanteaba, digámoslo así, con la muleta y según su inteligencia lo marcaba, o los recibía según arte, citándolos en corto y con los pies juntos, o los esperaba sin citar, sesgándose a la izquierda, como vemos en muchas láminas de aquella época………….¿Qué podía hacerse entonces con un toro que, aculado a las tablas, no arrancase poco ni mucho en dirección al engaño?........Matarle a desjarrete o de cualquier manera, siempre deslucida para el espada, y repugnante para el público…….O inventar un medio que hiciese menos repulsivo el antedicho, o matar a paso de banderillas, a media vuelta, traidoramente, a veces desde las tablas, con la seguridad de dar muchos pinchazos……….Esto podía también cansar al público, y cedía en descrédito del espada………..Un hombre como Joaquín Rodríguez, que tanto se paraba en ocasiones para ver el modo de mejorar su arte, no podía ni debía continuar así, e inventó el volapié…………..Era muy notable en el trasteo con la muleta y en las suertes de capear; pero por nada merece tanto el título de maestro como por la invención de dicha suerte, que vino indudablemente a llenar un vacío que en el toreo notaban los inteligentes……..Explicó teórica y prácticamente a sus compañeros cómo debía ejecutarse, fijó reglas para la colocación del hombre y de la res, ordenó el modo de irse a ésta, y hasta marcó el tiempo en que debía verificarse………….Su triunfo fue completo: nadie entonces ni después ha encontrado defecto que poner a suerte tan lucida y segura………….Y desde aquella época desapareció de las plazas el repugnante espectáculo de hacer morir las reses como antes hemos indicado…………Creció con esto y con su inteligencia en la lidia la celebridad adquirida………..De todas partes se le llamaba, las maestranzas le reclamaban y todos los pueblos se disputaban el placer de ver torear al famoso inventor del vuelapiés, como entonces se decía……………Llegó a pagarse a este notabilísimo diestro la suma de tres mil reales al día por corrida de mañana y tarde; cantidad exorbitante en aquella época, que nadie había ganado………….Hombre de un condición especial para elevarse del ordinario nivel, creyó que la organización de una buena cuadrilla, bajo su mando y dirección, daría más unidad al trabajo de la lidia en ventaja de ésta……Y no se equivocó…….Reunió una excelente cuadrilla de gente, tanto de a pie como de a caballo, que era conocida en provincias, y entre la que figuraron los Malignos, y todos le reconocieron como jefe y maestro…………..Costillares guardó siempre muchas deferencias y atenciones a los matadores más antiguos que él………..Nunca olvidó que Pedro Palomo fue el primero que le presentó en plaza; que asistió de media espada y de segundo a Juan Romero; que Manuel Bellón el Africano le dio la alternativa en Sevilla, y que Juan Esteller se la dio en Jerez de la Frontera…………….Pero era altivo, sabía lo que valía, y a todo lo que él enseñaba o de él dependía imprimió cierto sello de autoridad………..Hasta modificó los trajes de torear, reemplazando la faja al ancho cinturón de cuero, y añadiendo caireles y alamares a las chaquetillas y chupillas, que las hicieron más vistosas…………….Contó entre sus discípulos al luego célebre José Delgado (a) Hillo, a quien más de una vez reprendió su audacia y poca reflexión, pero al que quería extraordinariamente……….Por él pidió que en las funciones reales celebradas cuando la jura de Carlos IV no se corrieran toros castellanos; pretensión desestimada por la oferta de Pedro Romero de matar cuantos se presentasen de aquella procedencia……..Costillares era el Sol caminando al ocaso……..Romero y Pepe Hillo nacían entonces para el arte…………A poco tiempo de ser estos maestros conocidos como tales, tuvo Joaquín Rodríguez la desgracia de que se le formase un tumor en la palma de la mano derecha, que le impidió tomar el estoque y le hizo retirarse forzosamente del toreo………La pena que en él produjo tal enfermedad, más que los años, fue la que hizo contraer otra, de la cual murió a poco tiempo, con gran dolor de los que le conocieron y  con gran pérdida para el arte……..Pocos, muy pocos, han valido tanto como Costillares en el ejercicio de su profesión………..Falleció en Madrid el 27 de enero de 1800, año anterior al de la desgraciada muerte de su predilecto discípulo Pepe Hillo."




Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:

Costillares es el preferido de las clases altas, mientras que Pedro Romero era el ídolo del pueblo. Valgan de ejemplo estos versos:


Entre todos los censores
del famoso Costillares
aunque se cuenten millares,
son muy pocos los señores
éstos forman superiores
juicios que el vulgo chispero,
el cual adicto a Romero,
por capricho y por antojo,
aplaude el bárbaro arrojo
y vitupera a un torero.


Fue el inventor del volapié………….Perfeccionó la suerte de banderillas por los dos lados. Mejoró asimismo el manejo del capote. Inventó lances que embellecieron el toreo. Su afán de transformación llegó hasta variar la indumentaria e introducir la chaquetilla con bordados, el calzón corto de seda y la faja de colores……………..Otra de las novedades introducidas por Costillares fue la formación de cuadrillas, sometidas a la disciplina del maestro. Hasta entonces la empresa contrataba directamente a los picadores y banderilleros. Costillares reclutó personalmente a sus picadores y banderilleros, organizó la cuadrilla e impuso el orden en la lidia al someterse éstos a su autoridad. Pronto le imitaron los demás compañeros…………….Dice el competente escritor Pascual Millán que de no haber existido Pedro Romero, Costillares sería, sin disputa, la primera figura de la tauromaquia”



Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:



Costillares. Un torero muy fino, galán, general y consumado”, dice don José de la Teixera, tratadista taurino de la época, que era el gran “Costillares”, “autor de la famosa treta o suerte de matar a toro parado o “vuelapiés”, por cuya sola invención debe esculpirse su memoria en láminas de bronce”. Lo que pedía Teixera se cumplió, pues el nombre de “Costillares” ha quedado perenne. ……………Claro que el “vuelapiés” de “Costillares”, no era el volapié actual. El lo ideó como “treta” o recurso para matar los toros que no acudían al cite en la suerte de recibir, y lo implantó ejecutándolo a “toro parado”; es decir, echándose encima de él y clavándole el estoque, sin estilo, sin arte, como quien da una cuchillada a un pellejo de vino. Rasgo de valor indudable, que siempre hace falta más valor para “ir al toro” que para esperarle; pero no suerte bella, como fue después de depurarse. Pero fue “Costillares” “quien trajo las gallinas”, y sólo desde él se puede matar de frente a todos los toros, se arranquen o se queden; antes, a los que se negaban a acudir al cite del matador, había que rematarlos con la media luna o degollándolos de manera traidora y cerril. Ya fue buen progreso para el arte. También dicen –aunque no estén conformes todos los autores- que “Costillares” inventó la verónica, suerte básica del toreo de capa. Es igual; sólo por el invento del “vuelapiés” merece haber quedado como figura cumbre en la Historia del Torero”


 



Salvador Domecq, en su libro Del toreo a la bravura, escribe:

 "Quizá haya que relativizar alguna de estas novedades, ya que Costillares organizó y sistematizó un rico y abundante caudal de suertes que se practicaban de manera caótica; pero, sin duda, a partir de su presencia, la corrida cobró el aspecto con que llega a la actualidad. Terminaba la fiesta y comenzaba el espectáculo; porque tanto la autoridad como los profesionales del toreo tenían interés en apartar del ruedo a los aficionados"

Edmundo G. Acebal escribe en su obra Illo y Romero:

 "Costillares era de casta de toreros. A pares los había entre sus antecesores. Y en el matadero de Sevilla........................fue adiestrándose en el conocimiento de lidiar toros .......................Él era guapo, morenillo, de ojos vivarachos y alertado espíritu. Su talla, aventajada y fina, musculado con armonía y elegancia, favorecía la figura para plantar su gallardía en los ruedos taurinos, en los que, desde el primer momento conquistó la simpatía de las gentes y en especial, del señorio. Cobró fama con rapidez y la mantuvo con prestigio, hasta que el genio de Romero empezó a oscurecerle"

Fernando Claramunt, en su Historia Ilustrada de la Tauromaquia,  escribe:

"Joaquín Rodríguez y Castro nace en el barrio de San Bernardo, en Sevilla, en el mes de agosto de 1748......................Después de trabajar, como sus familiares, en el matadero sevillano se hizo banderillero de José Cándido Expósito y alcanzó la categoría de matador a los veinticinco años. Un manuscrito de la colección Ortiz-Cañavate insiste en su morenía y añade un carácter vivo, violento e irascible.......................La rivalidad con Pedro Romero data de 1755, año en que el diestro rondeño se presenta en Madrid...........................Parece que Costillares era el favorito de las clases selectas y Pedro Romero se iba convirtiendo en el ídolo del pueblo..................La década de 1780 a 1790 la viven los madrileños divididos en costillaristas y romeristas. La buena estrella de Joaquín Rodríguez se oscurece en 1790, año de su retirada. Molestias reumáticas y un carbunclo en la mano derecha le restan facultades en los ruedos........................El declive de Costillares se hizo inevitable..................Sus últimos tiempos resultan algo oscuros para los biógrafos...................Es el primer coloso del toreo. En su haber figuran ciertos progresos e innovaciones técnicas. La invención o perfeccionamiento de la suerte de la verónica (que poco después se atribuye a Pepe-Illo); el trasteo eficaz con la muleta que ya no es mera defensa en el momento de la estocada y sobre todo la invención del volapié como recurso para los toros demasiado parados a los que no se puede matar recibiendo.También exige lucir galones de plata y vestir con el mismo lujo que los picadores, por lo menos..................Todavía la fama de los toreros a caballo era muy considerable. Joaquín Rodríguez es uno de los más destacados de a pie que intenta convertir definitivamente en subalternos a los varilargueros"


El mismo Fernando Claramunt, en su Historia del Arte del Toreo, escribe:

"Media España era costillarista en la época de Goya. Se sabe que Costillares en 1778 imponía sus condiciones a las empresas, en especial a la Junta de Hospitales de Madrid. Mandaba en el toreo y por eso exigía para él 32.000 reales por 16 corridas en Madrid, a razón de 2.000 por actuación, entregado por entero, aunque resultase lesionado para parte de la temporada. El bipartidismo entre romeristas y costillaristas dura desde 1780 hasta 1790, última temporada del veterano Joaquín, disminuido de facultades por un tumor en la mano derecha. Fue inventor o perfeccionador del toreo a la verónica, así como del trasteo de muleta, que ya no es únicamente simple preparación para la estocada. Su principal invención es la suerte del volapié, como recurso para los toros demasiado parados, a los que no se puede matar recibiendo, que era lo más apreciado por los públicos. Su discípulo "Illo" continuó la línea sevillana, más vistosa que la rondeña de los Romero


José María Cossío, en su obra Los Toros, escribe sobre su toreo:

 "La importancia de Costillares en la historia del toreo es decisiva. Se le tiene por inventor del volapié y así lo atestigua José Delgado en su Tauromaquia. Es cierto que el matar los toros yéndose a ellos era suerte antigua, pero sin duda Costillares la perfeccionó y regularizó como suerte de recurso. Asimismo se le atribuye la invención de la verónica, debiendo entenderse que lo que debió hacer fue regularizar el lance de frente, imprimiéndole su estilo propio. También fue fundamental su inventiva en el juego de la muleta, que antes tan sólo se utilizaba para retener la atención de los toros y defenderse con ella en el acto de herirles, y Costillares la convierte en instrumento de trasteo, dando lugar con su iniciativa al desarrollo del verdadero torero de muleta. Es muy difícil apreciar a distancia, y sin documentos gráficos suficientes, las circunstancias y perfecciones de su toreo; pero encontrar su nombre como fundamental en la evolución del juego de capa, muleta y estoque nos da idea de su valía, si no fuera bastante el hecho de haber podido sostener su competencia con Pedro Romero hasta que la enfermedad de su brazo le impidió continuar el ejercicio de su profesión"

Néstor Luján, en su Historia del Toreo, escribe:

 "Con Costillares, torero inteligente, se da el primer paso hacia la sistematización de la lidia y hacia la creación del mecanismo de las suertes. Es evidente que no inventó ni la verónica ni el volapié -matar a toro parado-, si por inventar se tiene la idea de ser el absoluto creador de estas suertes, pero en cambió las usó de un modo inteligente y eficaz, reguralizó su empleo y las perfeccionó técnicamente hasta hacer su uso indispensable para los toreros posteriores .Por otra parte nunca pretendió haber inventado el volapié. En una ocasión afirmó: "No he inventao ná. El vuelapies lo han inventao los toros. Me pedían esa muerte y se la he dao". (Había toros que llegaban aplomados al final de la lidia y no se podían matar en la suerte de recibir, única conocida en esa época).....................Así, pues, a Costillares se le debe la clara visión de dos suertes que han venido a ser, al correr de los años, fundamentales................................A Costillares se debe el manejo de la muleta como arma ofensiva y defensiva, según el carácter de la lidia que al toro le pretende dar el espada. Antes de él, la muleta ha sido un engaño cuyo uso iba encaminado a evitar la cornada en el instante de entrar a herir o a retener al toro en esta suerte, cuando estaba desparramado. Costillares la convierte en un arma de trasteo y pone la primera base para lo que será el toreo de muleta.........................Costillares fue uno de los creadores de una lidia para cada toro; según convenía a las condiciones del animal, se adornaba hasta la exageración, o bien era frío, parado, y excesivamente parco en la brega...................Bajo su influencia empezó a desplazar a los varilargueros y picadores a segundo plano......................Varió también el traje de torear"

Gregorio Corrochano escribe:

 "Desde Costillares acá no se había inventado nada en el toreo. Costillares, al inventar el volapié ("toro que no parte, partirle"), amplió y completó la Tauromaquia. Todas las maneras de ir al toro con el estoque, son derivadas del volapié de Costillares. El toreo se había estancado después de siglo y medio, sin inventar nada"


César Jalón, en sus Memorias de Clarito, escribe:

"Cuando mis estudios -lo leído, lo escuchado y lo visto- me sazonaron el juicio, rectifiqué comprendiendo a Costillares, mejor que a Pedro Romero, como el más grande torero de la prehistoria; a Paquiro, de la edad antigua; a Lagartijo, de la edad media, y de la edad moderna, a Belmonte"

Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"En ponderación del repertorio dieciochesco, es significativo notar que cuando aparece el primer gran revolucionario del toreo de a pie (Costillares), las suertes fundamentales del arte eran ya antiguas. La aportación genial de Costillares fue el contexto que estableció para la ejecución de las suertes, la perspectiva que dio a la lidia, más el todo se basó en su sensibilidad, en una innata finura que se reflejó en su arte y que quedó como ejemplo en el toreo. Porque cuando se habla de una escuela sevillana del toreo se hace honor a Costillares, lo mismo que lo rondeño en el toreo nación con el hombre que fue Pedro Romero"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de Muerte, escribe:

 "Costillares, con finura e inteligencia, comprendió el pase de muleta como un adorno ondulado. La paradoja era que su estocada de recurso, a volapié, con el tiempo eliminaría de la muleta el momento más sublime, más templado, o sea, la suerte de recibir. Costillares, que creía en el pase, idealizó la faena, tan breve, como un momento de gracia"

"Fuera de la muerte, quien perfeccionó el pase de muleta fue Costillares, y el primer pase al cual dio primor fue el llamado de pecho, que tomó calcado de la suerte de recibir, como describe su discípulo Josef Illo"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"Es ahijado de uno de los Palomo. Debuta en Sevilla en 1762. Da forma al toreo de capa. Esboza el lance que luego ha de llamarse verónica.................Hace de los pases sueltos, con que nace el toreo de muleta, un todo armónico. Lo que ahora se llama ligar la faena encuentra en él su primer antecedente. Además inventa el volapié. Es pues el primero que "va en busca" del toro con la espada; sin esperar que "venga el toro por él"..................Con todo eso, Pedro Romero no le da beligerancia. Los "rondeños" sienten desdén por los "sevillanos", a quienes tienen por demasiado ligeros y superficiales..................Lo cierto es que un accidente -el de aparecerle un tumor en la mano- le aleja de los ruedos, y que se apaga en su profesión sin conseguir que en las demás plazas de España, en donde es muy considerado, se le otorgue el título de "primero" con que le aclaman en su tierra. En Madrid gusta mucho su volapié. Tanto que, al advertir un día su presencia en el tendido, después de unos años de ausencia, el público le pide que baje al ruedo. Y Pedro Romero le cede un toro en 1794. Pero el amo de esa época es éste. Cobra más y hasta figura en los carteles delante de Costillares, siendo más moderno.........................Hasta entonces -refieren los bibliógrafos- lo interesante era matar lo antes posible, ya que un una sola corrida se lidiaban muchas reses. Desde él se inicia el vigor artístico de las suertes"








Jose Candido Expósito nació en Cádiz, o al menos fue despositado en la Casa de Expósitos de Santa María del Mar de esta capital, el 30 de noviembre de 1734, aunque algunos hablan de Chiclana como su lugar de nacimiento. Al parecer era mulato, fruto de un desliz de una dama linajuda de Cádiz con un mucamo negro antillano. Su hijo, Jerónimo José Cándido, también fue un torero importante. 

José María Cossío, en su obra Los toros, escribe:

"Sabemos por Moratín que fue discípulo de Lorencillo, "que enseñó al famoso Cándido"................Toreó en Madrid por primera vez el 25 de mayo de 1758, cediéndole Diego del Álamo (el Malagueño) el primer toro, Capitán, jijón de pinta y de casta, que, por cierto, le atropelló al dar un pase, por lo que hubo de retirarse, aunque ignoró la importancia del percance. En Sevilla he visto su nombre en carteles de 1762, 1764 y 1771. Aunque críticos posteriores han juzgado que se hacía notar más por su valor y voluntad que por su maestría, José Daza, su contemporáneo, le juzga eminentísimo. "Persuádome -dice- que si Pedro Romero los hubiera visto, y andando algún tiempo en compañía del Melchor y el Cándido, aprendería de ellos lo que ahora no sabe.................Y también les importaría mucho el haberlo logrado a Joaquín Costillares y Joseph Hillo"

Realizó suertes, nunca vistas por su peligrosidad, que le diferenciarían de los demás matadores: “Salto al toro”, de poder a poder, apoyando el pie en la testuz, saliendo por la cola y “muerte del puñal”. Para ésta se cita con un sombrero de ala ancha, parecido a un castoreño, se quiebra y, en paralelo toro y torero, clava el puñal en la cerviz. Esta suerte la practicó, por primera vez en España el peruano Mariano Zeballos, casualmente, en la plaza de toros del Puerto de Santa María, el 5 de Agosto de 1.770 en corrida de toros en la que también actuaba José Cándido.

 Murió en el Puerto de Santa María al ser cogido el 23 de junio de 1771, al realizar un quite a su banderillero Juan Barranco "Chiquilín" . Se trata del primer matador profesional en morir en España, en una plaza de toros edificada ex profeso para el desarrollo de la lidia.





José María Cossío, en su obra Los toros, escribe refiriéndose a su muerte:

"Fue a torear a El Puerto de Santa María por las fiestas de San Juan del año 1771. Fue la corrida del día 23 pródiga en incidentes...........Salió el sexto toro, bravo y seco con los picadores. Uno de ellos, apodado Coriano, se adelantó para picarle, siendo derribado y cayendo al descubierto; hizo el quite el banderillero Juan Barranco, a quien persiguió el toro, liberándole de otra cogida segura José Cándido. Tuvo éste la desgracia de resbalar y caer, y bien fuera que del golpe en la cabeza perdiera el sentido, bien fuera estudio el quedarse inmóvil, el toro pasó sobre él, pero al revolverse le recogió, enganchándole por los riñones, pasándole de cuerno, suspendiéndole por un muslo y arrojándole a gran distancia sin sentido............LLegaron para verle morir a la una de la madrugada del siguiente día, festividad de San Juan, es decir, a las siete horas de la cogida...............El sentimiento por la desgracia fue general y dejó honda huella en la sensibilidad del pueblo, de quien era ídolo"



José Sánchez de Neira, en su libro El toreo. Gran diccionario Tauromáquico, escribe:


José Cándido. No existen datos suficientes para afirmar cuáles y cómo fueron las inclinaciones que tuviera en los primeros años de su vida……….Sólo se sabe que nación en Chiclana.............El famoso estoqueador sevillano Lorenzo Manuel fue su maestro…………A muy poco tiempo de aprendizaje, el discípulo hacía cosas en el toreo que causaban la admiración de cuantos las presenciaban, y dejaban atrás a lidiadores de primer orden………..Su gran serenidad, su excesiva ligereza y el valor que siempre tuvo le hicieron no tener por entonces rival que le sobrepujase en determinadas suertes………..Y eso que era la época de los primeros Romeros, la de los Palomo, Esteller y Martincho, en la que apareció…………..Época peligrosa y difícil para los principiantes, porque durante ella casi agradaba más al público de las plazas el bárbaro atrevimiento del valiente que la fina destreza del entendido…………Pero el genio de Cándido supo rebasar la línea que separaba al torero de valor del lidiador con arte, y juntando ambas cualidades, llamó sobre sí la atención de los aficionados al gran espectáculo, fomentándolo y engrandeciéndolo……….Para esto era preciso, además de practicar bien las suertes más en uso, inventar otras que, cuanto más difíciles fueran, más tocasen por lo mismo a los sentidos del espectador……..Sólo a un hombre de grandes dotes le era dado hacer esto. Y Cándido lo hizo………..Con sólo su ancho sombrero en una mano, y un afilado puñal en la otra, mataba a los toros esperándoles a pie firme, dándoles salida con la izquierda, como ahora se hace con la muleta, y descargando el golpe con la derecha en el sitio del descabello………Suerte lindísima, asombrosa, que aunque no siempre saliera bien, sólo intentarla acredita a un diestro……….Inventó el salto de testuz, que algunos atribuyen a Lorenzo Manuel, y el asombro de los que le vieron no conoció límites…………….Mérito tiene indudablemente salvar de un salto al toro de frente a cola, o al trascuerno, sin tocarle; pero es mayor cuando se apoya el pie en el testuz………….El modo de cuartear, recortar y quebrar de Cándido era especialísimo también………….Solo, completamente solo, sin capa ni muleta, auxiliado, cuando más, de su castoreño, burlaba las reses, las rendía y cuando las tenía jadeantes, sentábase en el suelo delante de ellas a una vara de distancia………………Reunió, dada la época, un decente capital…………Desde que hay en España corridas de toros, la ciudad del Puerto de Santa María ha celebrado todos los años tres o más fiestas de dicha clase el día de San Juan e inmediatos al 24 de junio……….Llamando entonces la atención en España José Cándido, claro es que había de ajustársele a cualquier precio…………..El 23 de junio de 1771 se celebró la primera corrida………El ganado fue bravísimo. Mató con gran destreza Cándido los cuatro primeros toros con muleta y estoque, y salió al redondel, ligero como un gamo, el quinto bicho………..José Cándido intentó varias veces parar al toro, pero inútilmente, porque el animal, sumamente abanto, no se paraba con nada, y corría y saltaba con ligereza increíble…………..Bajo la impresión que este toro dejó en el ánimo de todos, salió el sexto, grande, cárdeno y de gran cornamenta…….Fue bravo y seco con los picadores, y en una de las veces en que persiguió a Juan Barranco, viendo Cándido que iba ya a los alcances de él, se interpuso, y llevóse tras sí al toro………Pero no había entonces en las plazas el cuidado y limpieza que ahora…..Debido a esto, el infeliz Cándido se resbaló en la sangre de un caballo, y dio tan tremendo golpe, que quedó en el suelo sin sentido……Saltó por encima la fiera, e inmediatamente se revolvió……Entonces el toro, enganchándole por los riñones, que le atravesó, le levantó en alto, se le pasó de una a otra asta, y le tuvo colgado de un muslo, en que le dio otra cornada, hasta que le arrojó a gran distancia sin sentido……Nadie pudo evitar la catástrofe……..El pueblo, aterrado, se marchó; los toreros no pensaron ya más que en recoger aquel hombre y retirarse, y así lo hicieron………Buscóse un médico y no se encontró ninguno en todo el pueblo…….Melchor Conde despachó en seguida un bote a Cádiz para que viniesen cuantos se encontrasen de más fama, y entre tanto, le sacramentaron e hizo testamento, que en resumen contenía las claúsulas siguientes:
“Que se repartiesen a los pobres las ropa, alhajas y dinero que llevaba en aquel día sobre sí.
“Que por su alma se dijesen mil misas, y a cada una de sus hermanas se le diese una dote de tres mil trescientos reales.
“Y para su mujer e hijo, sus casas, viñas, posesiones, ganado vacuno, yeguas y cabras, cinco mil y pico doblones en dinero, alhajas y cuanto le pertenecía”
Murió a la vista de los doctores que de Cádiz vinieron, a la una de la noche del día 24, o sea siete horas después de su desgraciada cogida………….José Cándido, gloria del toreo, murió sentido de cuantos le conocieron, y especialmente de los toreros que con él trabajaron………No conoció la envidia…….Era su deseo únicamente agradar al público, y llamando la atención con su trabajo, adquirir para su hijo (el también torero Jerónimo José Cándido) una fortuna………Ambas cosas consiguió”







Jorge Laverón un su Historia del Toreo, escribe:


José Cándido aparece en los ruedos cuando Martín Barcaíztegui, Martincho, está en su apogeo, cuando el navarro-guipuzcoano es dueño de los públicos que aplaudían enardecidos sus asombrosas hazañas. José Cándido no logró desplazarlo en el terreno del valor, porque eso era imposible, pero lo superó en agilidad, en distinción, en elegancia. Ante la fuerza bruta del toreo vasco-navarro, José Cándido opuso la inteligencia y la gracia del toreo andaluz. En suma, una lidia mucho más racional y estética. José Cándido, gracia y distinción, sin dejar por ello de lucir su valor en suertes que creó, según cuenta el competente escritor don José de la Tixera, practicaba bien la suerte de recibir, y sin más engaño que un sombrero en la mano izquierda mataba al encuentro con soberana limpieza. También destacó en el salto del testuz: En los medios, y a una distancia de 15 o 20 pasos del toro, lo alegraba para provocar su arrancada, y cuando el animal tiraba al derrote, Cándido daba el salto de cabeza a rabo, apoyando ligeramente el pie en la testuz. Esta suerte debía de ser de un efecto sorprendente, ya que no podía hacerse más que con toros enteros, de gran bravura y codicia, que embistieran a gran velocidad para poder sorprenderlos. Cándido fue también maestro en cuarteos, quiebros y recortes. Hizo compatible el desprecio al peligro, con la elegancia y el porte que tanto embellece la brega taurina……………..José Cándido tuvo una muerte trágica. Toreaba en el Puerto de Santa María, el 23 de junio de 1771. Al salir el sexto y entrar en la suerte de varas, acometió furioso al picador, Cándido se interpuso y lo sacó con la capa, pero resbaló en un charco y se dio tan fuerte golpe que perdió el sentido. El toro se revolvió ligero y corneó horriblemente al espada. Su muerte heroica está recogida en coplas y romances:
En el Puerto murió el
Cándido,
y allí remató su fin;
le mató un toro de Bornos
por librar a Chiquilín.”


Fernando Claramunt, en su Historia Ilustrada de la Tauromaquia,  escribe:

 "José Cándido Expósito es el primer matador de alternativa cuya muerte en el ruedo le concede el triste y honroso privilegio de inaugurar la lista de víctimas del toreo..................Depositado en Cádiz en la Casa de Expósitos de Santa María del Mar el 30 de noviembre de 1734, allí fue bautizado. Se crió en Chiclana y por chiclanero lo tienen algunos historiadores.....................Discípulo del famoso Lorencillo, se presenta en Madrid el 25 de mayo de 1757. Se anuncia que Cándido realizará la suerte de picar a pie con una débil púa................En aquella época los estoqueadores alternaban el tore a pie y a caballo..................Sabemos que los públicos aplaudían a Cándido diversas suertes y juegos de capa. Daza, su contemporáneo, le consideraba digno de portar corona de laurel inmediatamente detrás del gran Melchor Calderón....................Que fuese o no inventor de la suerte del puñal y del salto al testuz es tema muy controvertido....................La suerte del puñal parece al escritor taurino Sánchez de Neira "suerte lindísima, asombrosa", casi tanto como el salto que daba apoyado el pie en el testuz y saliendo graciosamente por la cola, amén de recortes y lances con el sombrero castoreño en lugar de las telas........................La trágica muerte de Cándido en El Puerto de Santa María, el 23 de junio de 1771, se debió a un accidente, al pisar un charco de sangre dejado por un caballo. Se disponía el torero a realizar el quite al banderillero Juan Barranco, que a su vez había salvado de un peligro grave al picador Coriano......................Se lidiaba el sexto toro, de un ganadero de Bornos.................Cándido resbaló y quedó en la arena conmocionado. Allí le recogió el toro y le clavó las astas, pasándolo de uno a otro pitón. Trasladado a su casa sin esperanzas de salvarle, sus amigos hicieron venir de Cádiz los mejores médicos, que alcanzaron a verlo en estado agónico......................El torero murió en la madrugada del día de San Juan"

Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:

"Como torero, pudo Montes de presumir de haber recibido la enseñanza de Pedro Romero y de Jerónimo José Cándido, el gran diestro, de Chiclana como él, brillantísimo con la capa, que resumió en su toreo las diversas excelencias del toreo dieciochesco"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"José Cándido fue célebre en la muerte, por su suerte del puñal, en la cual renunciaba a usar el estoque para atronar al toro con el cachetero en el momento de pasarle, vaciando la embestida, no con la muleta, sino con un sombrero"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, desarrolla la idea de que los adalides de la escuela sevillana (José Cándido, Pepe-Hillo, Curro Guillén , El Tato..........) mueren sin sucesión. Todo el mundo les aplaude; pero nadie les imita. Los alaban y no los copian. Dejan en la historia el eco de su nombre, pero no la huella de su arte. Refiriéndose a José Cándido, escribe:

"La crítica de su tiempo lo define como torero de recortes, saltos y demás alegrías en que había de forjarse el toreo sevillano. A él se atribuye el invento del salto del trascuerno -que era quizá de su maestro Lorencillo- y la suerte del puñal, que otros achacan al limeño Zeballos. Suerte en la que el sombrero de toquilla hacía las veces de muleta y distraía al toro, para clavarle, en tanto, el puñal...................Su muerte fue algo casual: resbaló en un charco de sangre, al hacer un quite, y el toro le dió tres cornadas: dos en los riñones y una en un muslo. Falleció al día siguiente"


Fernando G. de Bedoya (1802-1860), en su libro Historia del Toreo, editado en Madrid en 1850, escribe sobre su hijo Gerónimo José Cándido :






Gerónimo José Cándido (Pag. 58)………………En Chiclana, y en la tarde del diez y seis de abril del año de mil setecientos sesenta, nació Gerónimo José Cándido, hijo de José y de María Hernández, labradores a la sazón bastante bien acomodados………………José Cándido, padre del que motiva estos apuntes, había seguido la profesión de lidiador de toros………………… (Pag. 59)………….Crióse Gerónimo José Cándido con el mimo y cuidado que era consiguiente a la posibilidad de sus padres……………(Pag. 60)………Así continuó Gerónimo hasta la edad de ocho años, en que la muerte arrebató a sus padres, quedando desde esta época al exclusivo cargo de un tutor…………….Cándido se aproximaba ya a la edad de los diez y siete años………………(Pag. 61)………….Colocose Gerónimo bajo el amparo de D. José de la Tijera…………., que conservaba íntimas relaciones de amistad con el célebre matador Pedro Romero……….., y exigiole a éste de que tomase a su cargo la educación tauromáquica de Cándido, incluyéndole desde luego en el número de los de su cuadrilla, a lo que el aquel excelente espada no puso inconveniente. Hiciéronse los vestido con que Gerónimo debía practicar su primera salida, costeados en su totalidad por es susodicho protector, y a poco tuvo efecto esta bajo los mejores y más felices auspicios. Tanto el favorecedor de Cándido como su maestro Romero quedaron complacidos enteramente del comportamiento del bisoño lidiador, y ambos también reconocían en él facultades físicas nada comunes y altamente adecuadas a la profesión que se había elegido……………Cada día que Gerónimo salía a la plaza daba testimonio y una nueva prueba de sus adelantos en el arte de (Pag. 62) torear: esta razón ocasionó que antes de poco tiempo figurase como media espada de Romero……………..Creóse entre ambos espadas la más estrecha y perfecta amistad, en términos que muy poco después de estas glorias de Cándido, contrajo matrimonio con una hermana de Romero…………..Pocos años duraron los goces de esta unión: la hermana de Romero murió desgraciadamente después de una larga y penosa enfermedad……………..Siendo general la justa reputación que Cándido disfrutaba, fue ajustado para trabajar en esta corte, donde a su presentación, supo adornar su frente con nuevos laureles………………(Pag. 63)………..Concluidos sus compromisos de contrata en Madrid, regresó a Andalucía, donde poco después contrajo segundas nupcias, de cuyo matrimonio tuvo varios hijos…………En aquel país trabajó por espacio de algunos años…………Ya por esta época resentíase Cándido de un calambre en la pierna derecha que le postraba hasta cierto punto; pero este inconveniente para la lidia, suplíalo la mucha inteligencia de aquel torero, que por ello hízose sólo, matador de muchas estocadas, aunque todas en regla y de acuerdo con el arte. Aumentóse el dolor, y ya el lidiador aparecía defectuoso, en términos que a otro no le habría sido posible continuar el ejercicio; más Gerónimo desplegó los recursos y maestría de su mano izquierda, con cuyo auxilio, y armado de muleta, trasteaba y preparaba a la muerte aun a las reses que con más sentido buscaban su defensa en los tableros.  De este modo manejábase Cándido en estos tiempos, y solo por dos ocasiones experimentó la falta que tenía de agilidad. La primera cayó al suelo delante del toro en el momento de estoquearle, y sólo llevó un rebolcón; más la segunda recibió dos cornadas, en igual suerte, las cuales le privaron de torear por dilatado tiempo"


“(Pag. 65) Gerónimo José Cándido……………….Examinémosle como lidiador. Era hombre de muchos conocimientos y sabía aprovecharlos: examinador de las reses, precavía cuanto déjase conocer en las reglas del arte, y recomendaba el excesivo cuidado, sin tolerar distracciones a cuantos con él trabajaban. Como matador de toros, éralo en general de muchas estocadas y cortas, origen quizá de su escaso valor: en el capeo y manejo de la muleta fue siempre excelente; galleaba también con sobrada maestría, y comprendía el quite de la suerte de vara, con la exactitud que nosotros la concebimos: colocado siempre muy próximo al estribo izquierdo del jinete, aguardaba a la res para meter el capote cuando la necesidad lo exigiese; y finalmente, Cándido, en concepto de los aficionados, era todo un torero de habilidad y conciencia…………..Atravesó toda la escala gradual del ejercicio, y siempre fue digno de que le mirasen los aficionados con cierta especialidad reservada solo a los que saben distinguirse. Como chulillo fueron sus propiedades tan aventajadas, que jamás metió su capote en balde para hacer conducir la res al puesto conveniente: como banderillero se excedía a los deseos de todos, respecto a que era muy fino y muy largo, y cuanto más dificultades ofrecía un toro,…………….., con tanta más facilidad se le veía a Gerónimo colgarle siete u ocho pares de banderillas en un brevísimo tiempo, y metiendo los brazos para esta operación de una manera admirable. De lo expuesto podremos deducir sin gran trabajo, que Cándido fue una notabilidad en el ejercicio, incomparablemente más aventajado que ninguno de los de su época.”


"(Pag. 67)……………….Su principal afán en esta época, consistía en la regularización de suertes, para simbolizar estas con las propiedades del toro con quien se debían practicar; así es que jamás se le pudo acusar de que hubiese empleado recursos contrarios al bicho, ni hubo ganadero que pudiera lamentarse de que sus toros lucían más o menos de lo que en realidad habían merecido. A cada res le proporcionaba los medios que más en consonancia estuviesen con su bravura, y por ello daban todas, un agradable juego, que resultaba en beneficio general de los propietarios del ganado, y de los espectadores que concurrían a la fiesta."

Y más adelante, en el mismo libro:

"Por último, un hombre a quien sus padecimiento lo habían inutilizado en cierto momento y casi privado de la agilidad necesaria para torear, se lanzó de nuevo a esta profesión…………Gerónimo José Cándido……………..(Pag. 145)……….Era matador de muchas estocadas y cortas, por lo regular, lo cual era la consecuencia de su escaso valor. Al haber reunido Cándido esta cualidad no cabe duda que pocos o ninguno, le hubiesen aventajado en el toreo, cuya profesión dominaba en teoría de una manera admirable………….Cándido disfrutó de una reputación envidiable, y que su capacidad con relación al toreo era tan especial, que todos estaban pendientes de una palabra de éste, para utilizarla en el momento que para ello se presentase ocasión oportuna. Su opinión se reputaba tan exacta que nadie osó jamás dudar de ella ni menos dejar de apreciarla en su justo valor"


F. Bleu, en su libro Antes y después del Guerra, escribe:

"Inmediatamente, Jerónimo José Cándido, (el autor se refiere al hijo de José Cándido) campeón de la escuela rondeña, y Francisco Herrera Rodríguez (Curro Guillén), de la sevillana, luchan entre sí cada uno con su estilo perfectamente definido, determinando el origen de las dos clases de toreo; toreo severo, sobrio, de poder a poder y toreo adornado, fastuoso, bullidor, de cuarteo"


"Don Ventura", en el número 2 de la Colección "Grana y oro", titulado "La Tauromaquia en el siglo XIX", escribe sobre Jerónimo José Cándido:




"(Pg. 9)……Disfrutó de gran predicamento; fue una primera figura legítima y un torero seguro, ni rondeño ni sevillano, sino de una tendencia ecléctica que caracterizó más tarde a algunos grandes toreros del siglo XIX, sin excluir al famosísimo Francisco Montes; o sea, que desarrolló un toreo largo y variado, en el que se dieron, de consuno, la severa disciplina y el adornoE










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