sábado, 28 de enero de 2012

FRASCUELO


 




¡Qué guapa es la ganadera!
Frascuelo la está brindando
Lagartijo entre barreras
los tufos se está peinando.

                                                 Copla


La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María.

                                                                 Antonio Machado


"El Arte de los Toros
bajó del cielo 
y con los memoriales
vino Frascuelo"

                                                                                                Copla del último tercio del siglo XIX



Dio pases con gran salero,
y de veras le aplaudí.....
Me gusta usted más así
que almorzando con Romero;

Redondilla de Don Éxito (Loma)


"Nada de alegrías en Frascuelo. Todo serio. A la hora de matar, a matar de veras. Como se tiraba Frascuelo no se tira hoy nadie"

Azorín, en Dicho y hecho. Destino 1957



Las damas de la grandeza/ se pirran por los toreros/ y dieran hasta el curruco/ por ver matar a “Frascuelo”


A los toros con blanca mantilla/ van en coche con aire triunfal;/ no les cabe el curruco en la silla/ cuando ven a “Frascuelo” matar.

                                                                                                  Coplas


Montera sobre el muslo, pie pequeño, entrecejo/ poblado, el fogonazo del magnesio detiene/ en tu recuerdo al toro y en el sepia tu imagen,/ como tuvo la tarde tu capote en suspenso./ Yo te quito las medias de seda rosa, el luto/ rural de tu corbata, que en la cómoda cubren/ mi peina de carey, mi mantilla de blonda.


              María Victoria Atencia. Retrato de Frascuelo. De su libro La intrusa



"El arte del toro, sin valor, es como un cielo al que le faltara el Sol; sería cielo, es verdad; pero sin claridad ni hermosura. El que empieza debe mostrar estas tres cosas: valentía, valentía y valentía. El arte se aprende. El valor nace en la criatura, como la seducción en los ojos de las mujeres hermosas"

                                                  Salvador Sánchez, Frascuelo



Las cuadrillas de Mazzantini, Frascuelo y Lagartijo, en un cuadro de Vázquez Díaz


Retrato de Frascuelo en color

Frascuelo en una litografía de La Lidia de Daniel  Perea






Retratos de Lagartijo y Frascuelo



Lagartijo y Frascuelo. Publicado en La Fiesta Brava, 20 de Febrero de 1931











Publicada en el semanario Palmas y Pitos

Litografía de La Lidia. 1890



Retrato de Frascuelo publicado en el semanario El Chiquitín




Grabado de Frascuelo reprendiendo a Ponciano Díaz hacia 1889, publicado en el semanario Estampa
Frascuelo y Mazzantini. 1886. Montaje publicado en el semanario El Chiquitín


Retrato de Francisco Sánchez, Frascuelo, hermano menor de Salvador

Retrato publicado en La Ilustración taurómaca. 1884
Retrato de Francisco Sánchez, Frascuelo, hermano menor de Salvador







Frascuelo en una litografía de La Lidia








Retratos de Frascuelo





Retrato de Salvador Sánchez (Frascuelo) en el estudio del fotógrafo francés Jean Laurent. 1865


Cogida de Frascuelo en Madrid en 1887. Litografía de La Lidia


Grabado que nos presenta a Frascuelo en la suerte de recibir
Frascuelo pasando de muleta con la derecha. 1880. Fotografia de Jean Laurent
Frascuelo pasando de muleta con la derecha. 1880

Frascuelo toreando al natural. 1880. Fotografía de Jean Laurent



Frascuelo en su primera época. Hacia 1862


Una hazaña de Frascuelo en Tolosa. La corrida tuvo lugar el 25 de Junio de 1866

Litografía de Chaves publicada en La Lidia

"Se lidiaron toros de de don Raimundo Díaz [....] Salvador, cuando estaba deshaciéndose del quinto toro, volvió la cabeza y se encontró con que el sexto toro había hecho su aparición en la plaza después de romper la puerta del toril, rebotar en la barrera, que quedó destrozada, y arrancar los restos de las tablas. Allí quedó, en los medios, desafiante, alto el testuz, brillando al sol su pelo mientras resoplaba jadeante. [....] No tuvo Frascuelo ni un momento de valilación. Despacio, con paso firme, abandonó a su anterior enemigo y se dirigió resuelto hacia el segundo. Se paró en los mediso, desplegó la muleta y citó al toro con un grito [....] El animal arrancó hacia él con muchos pies. Sin humillar su enérgica altivez, endurecidas las facciones, con las piernas en tensión, Salvador le esperó sereno. Al llegar a jurisdicción, le quebró como si citase con las banderillas, cargó la suerte y le propinó un certero metisaca del que rodó instantáneamente a sus pies, con las patas al aire. Una tempestad de aplausos, un clamor de vítores y un tremolar de pañuelos llenó la plaza"


F. Hernández Girbal, en su libro Salvador Sánchez Frascuelo. El matador clásico



Frascuelo, sargento del Batallón del Aguardiente. 1874

"Con el nuevo año de 1873 llegó la República ante la sorpresa de buena parte de los españoles. [....] Los alfonsinos, cada vez más activos, venían conspirando desde la proclamación de la República para precipitar la restauración monárquica en la persona de don Alfonso, a quien veían como pacificador [....] Los más apasionados alfonsinos consideraron que se hacía necesaria una milicia civil con estructura militar, que tuviese la misión de oponerse a los federales para mantener el orden amenazado [.....] Tres fueron los batallones uniformados que se organizaron [....] El del aguardiente estaba compuesto por chisperos, chalanes, toreros y gente de bronce [...] Frascuelo era cabo de gastadores de este batallón [....] Debieron el nombre a que cuando salían muy de mañana, se paraban en cuantas tabernas y ventorros encontraban al paso, para practicar la sana costumbre de matar el gusanillo con repetidas copas de chinchón."

F. Hernández Girbal, en su libro Salvador Sánchez Frascuelo. El matador clásico










Fué una de las más graves cogidas de su carrera taurina, conocida por algunos como La Cogida Grande.
Se lidiaron toros de don José Antonio Adalid, para los espadas Salvador Sánchez Frascuelo, Manuel Hermosilla y José Sánchez del Campo Cara-ancha.

"Salió el segundo para Hermosilla, que en el programa figuraba con el nombre de Lagartijo. El ganadero lo desmintió después, diciendo que se llamaba Guindaleto. Era un bicho negro, cornalón, bragado, con muchos pies. [....] Acudió Hermosilla al quite de su picador Antonio Suárez el Rubio; salió tras él el animal ganándole terreno y cuando ya parecía inminente la cogida, Frascuelo metió su capote para librar al compañero. El toro, tan pronto llevaba acosado al uno como al otro y los espadas quedaron sin capote a poca distancia de los cuernos. Frascuelo miró de defenderse montera en mano, pero chocó con su compañero Hermosilla y cayó, al tiempo que el toro, impetuoso, le enganchaba. Clavado, le levantó como si fuera un muñeco y después lo arrojó a corta distancia. Los capotes de Armilla y Herráiz impidieron que la res le recogiera. Un grito aterrador salió de todos los lugares de la plaza. [.....] El alcalde de la Villa y Corte dió orden de enarenar el trozo donde estaba la casa de Salvador para que el ruido de los coches sobre el empedrado, no perturbara su descanso."

F. Hernández Girbal, en su libro Salvador Sánchez Frascuelo. El matador clásico


Lámina de La Lidia representando una cogida de Frascuelo en la Plaza de Sevilla, enmarcada sobre un muro del bar El Lacón.

La cogida tuvo lugar, casi con toda seguridad, el 28 de Septiembre de 1881, y se trató de una herida, calificada como leve, en el antebrazo derecho.

Frascuelo con sus hijas Elisa y Manuela. 1882
Frascuelo perfilándose para entrar a matar en la Feria de Abril de Sevilla de 1884


"Nuestro dibujo representa al célebre espada Salvador Sánchez (Frascuelo) en su notable suerte de arrancar."

Dibujo de Alaminos publicado en el semanario La Nueva Lidia, 28 de Septiembre de 1884

Retrato de Frascuelo. 1885


"Nuestro dibujo representa la salida de las cuadrillas que figuran en el cartel de 1885. El segmento de la plaza está tomado del natural, y las figuras son verdaderos retratos que, a primera vista, podrán ser reconocidos por el inteligente lector. Lagartijo, Frascuelo y el Gallo de presentan de frente, precedidos de los alguaciles más populares de Madrid."

Lagartijo (Azul y oro) aparece a la derecha, Frascuelo (Café y oro) a la izquierda y El Gallo (Magenta y oro) en el centro

La corrida tuvo lugar el 5 de Abril de 1885, en Madrid.  Fué la corrida que inauguró la temporada. Se lidiaron seis toros de D. Antonio Hernández.

Dibujo y Texto publicados en el semanario La Nueva Lidia, 6 de Abril de 1885

"Segundo toro. Rebarbo, colorao, ojinegro y vuelto de cuerna. [....] Frascuelo, después del brindis de ordenanza, se fué al bicho, que había tomado querencia a las tablas, y después de un pase con la derecha, otro con la izquierda, uno en redondo y dos más naturales, se arranca con una hasta la mano, algo ida, atracándose de toro. (Muchas palmas). Dos pases más con la derecha y tres con la izquierda; cuatro más, pasándose sin herir, con peligro; otros dos pases más, arrancándose con un soberbio volapié en su sitio, del que se echó el toro. (Muchas palmas, cigarros, etc.) [.......] Quinto toro. Sombrerero, berrendo en negro, listón, bien armado. [....] Frascuelo, después de cinco pases ayudado por Lagartijo, señaló una buena que dió en hueso. Tres pases más y se huye el toro tomando querencia a las tablas. Dos pases más y una en su sitio un poco tendida. Un intento de descabello; cuatro pases más, tirándose con una que dió en hueso. Otra tendida en las tablas, continuando los pases del toro sin acudir al engaño. El toro pegado a las tablas, sin echarse, fué descabellado a la primera."

CHICLANERUS en La Nueva Lidia, 6 de Abril de 1885


Frascuelo perfilándose para entrar a matar. 1885


Dibujo de  G. Palau publicado en La Nueva Lidia, 20 de Julio de 1885

"Nuestro dibujo representa uno de los momentos en que Frascuelo, después de haber dado una magnífica estocada, de la que tiene la seguridad ha de echarse el toro, porque está muerto, grita a los peones que tratan de hacerle caer a fuerza de capotazos: -¡Dejarlo!.
El joven artista a quien hoy damos a conocer, ha interpretado exactamente los movimientos y la situación que pretendía dibujar, trasladándola al papel con toda verdad, tomada en la plaza de Valencia."

La Nueva Lidia, 20 de Julio de 1885






Frascuelo perfilándose para entrar a matar al toro Peluquero en la corrida celebrada en Madrid, el 13 de Noviembre de 1887. Corrida del Gran Pensamiento.

El nombre de la corrida se debe a que fue organizada por la sociedad filantrópica El Gran Pensamiento, para con su producto sufragar los premios a la virtud y al trabajo que concedía anualmente. 

"El primero toro se llamaba Peluquero, pertenecía a la ganadería de don Antonio Hernández, y era negro, zaíno, de libras y cornivuelto. [....] Igualó y cuando iba a volcarse, a dos pasos de la cuna, el toro se tapó alejando su vista de la muleta. Porfió el espada para fijarle en el engaño y tan pronto como inició el movimiento, el bicho se le arrancó. Nada pudo hacer en aquel palmo de terreno. Peluquero le empitonó por el lado izquierdo inferior del vientre. Al sentirse herido, Salvador contrajo el rostro y cayó al suelo. Se levantó encoraginado, volvió a la cara del toro, lió y cobró una estocada hasta el puño, contraria de puro atracarse. 
Después del tremendo esfuerzo, vaciló llevándose las manos a la herida. Hubiera caído desmayado de no sujetarle su hermano Paco que había saltado desde el callejón. Entre Pulguita y el Bebe le condujeron a la enfermería, mientras en la plaza sonaba una ovación clamorosa. El toro había caído sin puntilla"

F. Hernández Girbal, en su libro Salvador Sánchez Frascuelo. El matador clásico

"Cuando Frascuelo se disponía a armarse, a dos pasos de la cuna, el animal se tapó. El matador quiso levantarle la cabeza con el trapo, pero no bien engendrado el movimiento de alzar la muleta, arrancó el toro con la velocidad del rayo, y privando al diestro de toda acción para evitar la acometida de un cambio forzado, que era imposible en aquel palmo de terreno, se quedó con él inevitablemente. El toro metió el cuerno en la parte inferior del vientre de Frascuelo en una extensión tal, que la punta llegó a la octava costilla, fracturándola por completo.
En aquel instante, aquel hombre, a quien la naturaleza ha dotada de una valentía que no tiene ni creemos que haya tenido nunca rival, aquel hombre, con una costilla fracturada y ocho centímetros de asta dentro del cuerpo, volvió a colocarse delante del toro y se acostó sobre él, clavando una estocada que resultó contraria de puro embraguetarse.
Después de aquel esfuerzo sobrehumano, Salvador se contrajo todo a impulsos del tremendo dolor que la fractura de la costilla le hacía sentir, y mientras el toro daba las boqueadas se retiró a la enfermería auxiliado por algunas personas."

DON JERÓNIMO, en el semanario La Lidia, 14 de Noviembre de 1887



Cartel de la corrida de despedida de Frascuelo, celebrada en Madrid el 11 de Mayo de 1890. Como podemos observar aparece como joven matador acompañante Rafael Guerra, Guerrita.

En realidad la corrida anunciada para el día 11 de Mayo tuvo que ser suspendida, por el mal tiempo, y se celebró el 12 de Mayo.

"En el cartel se decía: 
Con esta corrida, última que toreará, se despide del arte este afamado matador, que se ha brindado a torearla en esta plaza como justa correspondencia a los favores que el público madrileño le ha dispensado durante su larga profesión.
En dicha corrida, y deseando rendir un tributo de respeto, admiración y cariño a tan célebre diestro, se ha ofrecido gustoso a acompañarle en la lidia el joven matador Rafael Guerra Guerrita."

"Transcurrieron lentos los minutos. De pronto, llamaron a la puerta. Era un amigo que llegaba a caballo desde la plaza para tranquilizarlos. Rodeado de la señora Manuela y de sus hijos, murmuró jadeante, lleno de alegría: -¡Ya ha matao el último!......¡De una hasta la mano un poco caída!.........¡No lo merecía el bicho!.....- Tomó aliento y continuó limpiándose la cara con el pañuelo-: ¡Badila pa comérselo de artista!.....¡Guerrita, divivo!....¡Salvador, el maestro!"

F. Hernández Girbal, en su libro Salvador Sánchez Frascuelo. El matador clásico




"Seis años ha hecho ya que los aficionados vieron tomar parte por última vez en las corridas de toros al gran matador Salvador Sánchez (Frascuelo), y los mismos que el incomparable diestro se retiró del bullicio de la corte, buscando la tranquilidad de sus últimos días en el vecino pueblecito de Torrelodones. Allí, a la puerta de una caprichosa tienda, bautizada con el título de La Verdad, como lo fué siempre su toreo, pueden ver su erguido continente, su atezado rostro y su encanecida cabeza [....] Y de allí únicamente se aparta el fenomenal ex matador, para distraerse en el ejercicio de la caza, para asistir a alguna tienta de las ganaderías de la tierra o para dirigir las capeas a que es instado en los pueblos cercanos, en las que su simpática figura, apoyándose en la flexible y prolongada vara de fresno, tal y como la reproduce nuestro original dibujo, despierta en actores y espectadores un mundo de admiración y de recuerdos."

Dibujo y texto publicados en La Lidia, 13 de Julio de 1896

























Frascuelo. Retrato de estudio



Retrato de Frascuelo con dedicatoria a un amigo. 1885

La misma fotografía dedicada a su amigo, el crítico musical y taurino Peña y Goñi



Fama y fortuna de Frascuelo. Litografía de La Lidia


Frascuelo en una litografía de La Lidia, por Daniel Perea


Cartel de la corrida de despedida de Frascuelo, celebrada en Madrid el 11 de Mayo de 1890. Como podemos observar aparece como joven matador acimpañante Rafael Guerra, Guerrita.

En realidad la corrida anunciada para el día 11 de Mayo tuvo que ser suspendida por el mal tiempo y se celebró al día siguiente, 12 de Mayo de 1890.
Lagartijo y Frascuelo en dos litografías del semanario La Lidia

Caricaturas de Lagartijo y Frascuelo publicadas por la revista castellonense Don Cristobal. Julio de 1887

Frascuelo retirado, dirigiendo una capea. Litografía de La Lidia

Frascuelo tentando en la ganadería de D. Vicente Martínez


Estoque y fundón de Frascuelo

EL RUEDO

 
Frascuelo visto por Enrique Segura

Caricatura de Frascuelo, por Daniel Perea

Retrato de Frascuelo, por Enrique Segura




Frascuelo citando para torear al natural. Dibujo de Chaves

Lámina de La Lidia representando una cogida de Frascuelo en la Plaza de Sevilla

Frascuelo perfilándose. Dibujo de Antonio Casero















 Frascuelo perfilándose para entrar a matar a un buen pavo


Frascuelo, ya retirado, con un amigo, en su casa de Torrelodones


Frascuelo, ya anciano, con su hijo en su finca de Torrelodones

Frascuelo, ya anciano, en su finca de Torrelodones









LA LIDIA
























LA NUEVA LIDIA


Frascuelo. 1884 


Grabado de La Nueva Lidia. 1884


LOS TOROS








TOROS Y TOREROS

Frascuelo con Fernando el Gallo, los Calderones y Valentín Martín

SOL Y SOMBRA

Facsimil de la partida de bautismo de Salvador Sánchez, Frascuelo que figura en la Iglesia Parroquial de Churriana de la Vega (Granada). Libro 15 de bautismos, folio 130 vuelto. Dice textualmente:

"En el lugar de Churriana de la Vega, provincia y Arzobispado de Granada, en veinte y cinco días del mes de diciembre de mil ochocientos cuarenta y dos, yo D. José María Bueno, Teniente de Cura de la Iglesia Parroquial de este Lugar Bauticé solemnemente en ella a Salvador Victoria, que nació el día veinte y tres de dicho mes y año, hijo legítimo de José Sánchez y de Sebastiana Povedano [....] Fue su padrino Francisco de Torres, de estado Casado, natural de Gavia, a quien advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones que había contraído."

                                                                                                                           José María Bueno



Casa natal de Frascuelo en Churriana (Granada)



Lagartijo y Frascuelo


Retrato de Frascuelo en 1867, el año de su alternativa

Frascuelo con sus hijas Elisa y Manuela. 1882


Frascuelo y su familia en su finca de Torrelodones celebrando la fiesta onomástica de Salvador. 1890

 Frascuelo en su finca de Torrelodones. 1898
Frascuelo en su finca de Torrelodones. 1898

Frascuelo en su finca de Torrelodones. 1898

Portada del semanario Sol y Sombra del año 1901


Retrato de Frascuelo de militar. 1874

Retrato de Frascuelo. 1885


Retratos de Frascuelo en año de su alternativa. 1886



Retrato de Frascuelo. 1897

Retrato de Frascuelo. 1897




Frascuelo y sus banderilleros: Pablito, Ostión, Pulguita y Bebe. 1880


Frascuelo perfilándose para entrar a matar. 1885


Frascuelo perfilándose para entrar a matar en la Feria de Abril de Sevilla de 1884

Perfilado para entrar a matar al toro Peluquero, en corrida celebrada el 18 de Noviembre de 1887

NUEVO MUNDO


Retrato de Frascuelo. Dibujo de Ángel a partir de una fotografía. 1896

BLANCO Y NEGRO

Retrato de Frascuelo

PAN Y TOROS

Frascuelo en su suerte favorita

Fotografía publicada en el semanario Pan y Toros, 20 de Septiembre de 1897

Frascuelo y Cara Ancha en un quite en la Plaza de Madrid


Frascuelo ejecutando un quite en una tienta celebrada en la ganadería de D. Vicente Martínez, hacia 1896

Retrato de Frascuelo hacia 1896



Despaché toros sin tino
y logré mil ovaciones; 
y ahora, ¡oh rigor del destino!
estoy despachado vino
cerca de Torrelodones.

Caricatura de Frascuelo en su tienda de Torrelodones. 1897

THE KON LECHE

Retrato de Frascuelo en su primera época


Frascuelo y sus "nietos", Machaquito y Vicente Pastor, grandes estoqueadores como él


Retratos de Lagartijo y Frascuelo


Retratos de Lagartijo y Frascuelo




ESTAMPA



EL TOREO CÓMICO









Retrato de Frascuelo. En su frente podemos leer:  "Puntos donde ha toreado" y encima de sus cejas: "Los que viven a su costa"

Retrato publicado en el semanario El toreo cómico, 30/12/1889



Retrato de Frascuelo donde aparecen representadas cuatro de las principales cogidas sufridas por el diestro a lo largo de su dilatada vida taurina.

Chinchón, Julio 1863 / Madrid, 15 Abril 1877 /San Sebastián, 22 Agosto 1880 / Madrid, 13 Noviembre 1887.

En los círculos superiores aparecen la fechas de su alternativa (27 de Octubre de 1867) y de su retirada (11 de Mayo de 1890)

Retrato publicado en el semanario El toreo cómico, 12/05/1890
Retrato de su hermano Francisco Sánchez Frascuelo

Retrato publicado en el semanario El toreo cómico, 20/05/1889









"Si será güeno Frascuelo que lo quieren acompará conmigo"

                                                                             Lagartijo

Salvador Sánchez Povedano, Frascuelo, nació en Churriana de la Vega (Granada) el día 21 de Diciembre de 1842. Su padre, militar retirado que había participado en la Guerra de la Independencia contra el ejército frances -que gastó su fortuna, y que para subsistir tuvo que aceptar diferentes destinos-, murió cuando Salvador tenía once años, quedando la viuda, Sebastiana Povedano, con dos hijos: Francisco, el mayor, y Salvador. Doña Sebastiana tuvo que vender una vez más las pocas posesiones que tenía y, en compañía de sus hijos, puso rumbo a Madrid para tratar de mejorar un poco la vida de pobreza que hasta ese momento habían llevado.

Trasladados a Madrid, dedicose éste a papelista y a recadero aquél.

Debido a que se trasladó a Madrid desde muy niño, los públicos le consideraron durante mucho tiempo como el torero madrileño por antonomasia.

Su carrera taurina se fragua en la pescadería del banderillero Juan Mota. "En la pescadería de Mota, nos cuenta Fernando Claramunt, trabajaba la sobrina Manolita, "Buena moza, muy recia, lo menos de siete u ocho arrobas", con la cual se casara el joven matador el 1 de agosto de 1868, "airoso, chulón, muy gachón, con su chaquetilla de terciopelo negro ribeteado de seda, su pantalón curro, sus tufos rizados y su saludar con los dedos"

La primera capea a la que asistió con su hermano fue en Móstoles en el año 1860. Viste por primer vez el traje de luces en Robledo de Chavela (Madrid), donde actuó como banderillero en la cuadrilla de Manuel Cano. En 1861 sufrió una grave cogida en Chinchón.

El 26 de febrero de 1865 figura por primera vez su nombre en el cartel de la plaza madrileña con la siguiente nota: "Entre los banderilleros trabajará Salvador Sánchez, el Frascuelo, que se ha obligado a ejecutar la difícil suerte del quiebro, poniendo banderillas sentado en una silla si alguno de los toros de puntas se presta a ello"

El año 1866 figura en la cuadrilla de Cayetano Sanz.

"Durante el año 1866 -dice Peña y Goñi- Salvador tomó parte por primera vez en una corrida de Madrid, sustituyendo a Gonzalo Mora en la extraordinaria verificada el miércoles 31 de octubre y organizada por Cúchares para socorrer a la viuda e hijos del picador Manuel Ledesma, el Coriano. En ella toreó Frascuelo gratis, como todos sus compañeros, figurando de sobresaliente de espada, y mató el tercer toro por cesión del Curro y además el último de la corrida.......Desde este día hasta el en que tomó la alternativa en la plaza de la corte, Salvador toreó en las novilladas de Madrid, en corridas de provincias y en la plaza de Lisboa, sin parar casi un instante"

En la temporada de 1867 sigue Salvador figurando como banderillero de Cayetano Sanz y sobresaliente de espada.

En el libro Adiós, Madrid, de Andrés de MiguelJosé Ramón Márquez, he encontrado el siguiente comentario al respecto:

"De esta plaza (la plaza del Carmen) sale la calle de San Alberto, en cuya esquina con la calle de La Montera se encontraba la iglesia de San Luis Obispo, en la que contrajo matrimonio Salvador Sánchez, Frascuelo, el 1 de agosto de 1868 con Manuela Álvarez, hija de un pescadero de mercado de la plaza del Carmen. En esta pescadería tan taurina trabajaba el banderillero Juan Mota (tío de Manuela), que fue mentor de Frascuelo en sus primeros pasos y que, posteriormente, fue miembro de su cuadrilla"-

 En su presentación en Madrid, que fue muy lucida, le lanzan puros y hasta un abrigo, que para el mes de marzo no estuvo mal. Ingresa en las cuadrillas de Cayetano Sanz y de Cúchares como banderillero.

El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Bien pronto, Francisco se lanzó a torear por capeas y tientas, siguiendo a poco sus pasos Salvador, que toma el apodo de Frascuelo, que antes usó su hermano. Torea en Chichón, donde es gravísimamente herido al poner un par al cambio, y le asisten con gran cariño, al que corresponde con el suyo, y toreando todos los años en un festival a beneficio de los pobres. Allí conoce al banderillero Juan Mota, que se hace después su protector, y por cuya mediación, el 13 de marzo de 1864 , torea en Madrid en una mojiganga. Posteriormente, toma parte en otros festejos similares, matando algún embolado. Los días 8 y 10 de diciembre de 1863 aparece como banderillero de Villaverde. El 26 de febrero de 1865 figura su nombre e los carteles con la especialidad de poner banderillas en silla, hasta que el 2 de abril se presenta como matador de toros de puntas. El 8 de diciembre de 1865 mató en Madrid por primera vez un morucho en la mojiganga "El sultán y la odalisca", y en junio dos toros de puntas. En 1866 actúa como banderillero de Cayetano Sanz y de sobresaliente de espada"

Tomó la alternativa el 27 de octubre de 1867 en Madrid, en una corrida a beneficio del Real Hospital de Nuestra Señora de Atocha. Debía presidirla Isabel II, pero por prudencia no asistió la reina, sino el joven Príncipe de Asturias, el futuro rey don Alfonso XII. Los espadas fueron Curro Cúchares, que se la dió solemnemente, y su hijo, Currito, que sirvió de testigo. El toro, de la ganadería de don Manuel Bañuelos, se llamó Señorito; la faena fue corta, emotiva, y la cerró con dos estocadas a volapié. Resultó zarandeado y con la taleguilla rota en su primero y con ello dio una lección de bravura y coraje.

Don José Carmona describe así la faena del nuevo matador: "Frascuelo llevaba un traje grosella y oro, y previos cinco pases naturales, otros tantos con la derecha y uno preparado de pecho, dio a Señorito una en hueso, bien señalada, a volapié; otra corta, siendo desarmado, y un volapié bueno, siendo cogido el diestro e introduciéndole el bicho el asta derecha por debajo del chaleco y chaqueta del lado derecho y arrastrándole hasta que las dos prendas se rompieron; el diestro se levantó como si nada le hubiera ocurrido y descabelló, siendo por ello muy aplaudido y obsequiado con cigarros"

Actuó en 1.236 corridas y mató 3.801 toros.

El 7 de junio de 1868 torea con Lagartijo en Granada, dando comienzo su competencia. Qué alardes de valor no harían ambos en aquella corrida, que son amonestados por la Presidencia. Vuelven a torear los dos en Madrid el 18 de junio de 1869, y renuevan los alardes de valor de Granada, siendo, igualmente, requeridos a no ejecutarlos.

Fue memorable la corrida del 19 de septiembre de 1869, en Madrid. Aquella temporada terminó con la corrida extraordinaria a beneficio del Tato, en la que el infortunado diestro hizo el paseo con las cuadrillas en una carretela abierta, entre las ovaciones del público.

Al finalizar la temporada de 1872, él y Lagartijo se comprometieron a matar una corrida de seis toros cada uno. El 10 de noviembre se celebró la corrida en la que Frascuelo estuvo admirable. "Frascuelo -decía don José Carmona- ha acreditado hoy que es un torero de conciencia a quien nadie se pone por delante y que, junto con Lagartijo, son ambos necesarios en la plaza de Madrid, viéndose muy perplejo el aficionado que sea de buena fe para conceder a ninguno de los dos la primacía"

El 13 de julio de 1873 Frascuelo brindó en Madrid un toro a su rival, que asistía a la corrida. "Lagartijo, entusiasmado -cuenta Carmona-, y con el cariño que profesaba a su compañero, quien por su parte le corresponde cumplidamente, se despojó de un magnífico reloj de oro y envuelto en un pañuelo lo arrojó a Frascuelo. El público frenético, colmó de aplausos al joven matador y le arrojó durante largo tiempo una nube de cigarros y sombreros, así como una buena petaca; todo lo merecía Salvador"

La temporada de 1874 es la ultima en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá. El último toro corrido en dicha plaza lo mató Frascuelo el 19 de julio; llamábase Descolorido y era un colmenareño de Aleas, que fue fogueado.

En 1876 vuelve a torear en Madrid con Lagartijo. "Salvador -dice Peña y Goñi- tuvo pocas veces el santo de espaldas, pero cuando lo tuvo, fue de todas veras, y resistió con coraje mal disimulado tres o cuatro silbas, algunas de las cuales.......fue de las que forman época; pero se enmendó siempre, y volvió por su honra con esa vergüenza torera que sus adversarios calificaban entonces de envidia"

En 1877 logró un señalado triunfo el 26 de mayo, en Madrid, al estoquear él solo seis toros de Veragua.

El período de rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo, que duró unos veinte años, ha sido para muchos la verdadera edad de oro del toreo. Está considerado uno de los mejores estoqueadores de la historia del toreo.



Ha sido uno de los diestros mas castigados por los toros. A los veinte años de alternativa ya habia recibido más de veinte cogidas de importancia. Soportó todas estas desgracias con su sereno estoicismo. Cuando un amigo, mientras se efectuaba la dolorosa cura de una de esos percances, le pregunta: ¿Qué es eso, Salvador?, Frascuelo contesta: ¡Qué ha de ser! ¡Na! Lo que dan los toros. Una corná.

El 13 de marzo de 1887, el primer toro, del ganadero Antonio Hernández, le propinó un cornada grave en la pierna izquierda, rompiéndole, además, tres costillas. Al levantarse de la arena se volvió a tirar a matar y consiguió una estocada hasta el puño. La herida, de mucha consideración, tardó bastante en curar, y, a partir de ella, fueron mermándose sus facultades y comenzó su decadencia.


Salvador se rodeó de aristócratas, que le pidieron, sin excepción, el tuteo recíproco. Se hizo íntimo de Duque de Sesto y juntos recorrían Madrid a caballo al frente del batallón del aguardiente. "Frascuelo", hombre del pueblo, no distinguía una duquesa de una modistilla. En la primera corrida en honor del nuevo rey, don Amadeo I de Saboya, Salvador le brinda el toro de este modo: "Vaya por su Majestad, el castizo rey liberal". Tuvo amistad con todo el mundo de aquel Madrid de la Restauración, incluido el célebre perro Paco, que tanto entendía de ópera y de toros.


Toreó su última corrida mano a mano con Lagartijo el 6 de octubre de 1889.

Frascuelo se cortó la coleta, lo que entonces no era un eufemismo, en Madrid, el 12 de mayo de 1890, tras recibir varias cornadas graves, dando la alternativa a su paisano Antonio Moreno, Lagartijillo, a quien cede el toro Romerito, de Veragua. El último toro que mató en su vida profesional, se llamaba “Regalón”, de la ganadería de Veragua.  Guerrita, por deferencia, banderilleó los tres toros de Salvador, quien mató el primero de una estocada hasta la bola y estuvo bien en los otros, que no fueron muy bravos.


J. Sánchez Lozano, en su Manual de Tauromaquia, publicado en Sevilla en 1882, escribe sobre las cogidas de Frascuelo:

"De las diversas cogidas que ha padecido hay dos que, por lo graves, recordamos en estos momentos. En Madrid el 15 de abril de 1877, un toro de la ganadería de Adalid llamado Guindaleto (no Lagartijo como al pronto se dijo) le alcanzó, al hacer un quite, y le infirió tres heridas graves en la cara interna de la región glútea izquierda, interesándole el intestino recto, y dos más leves, en el muslo derecho y región malar de igual lado. Y el 12 de octubre de 1879, en dicha plaza de la corte, un cornúpeto de Miura le cogió al pasarle, produciéndole la fractura completa del húmero izquierdo, por su cuello quirúrgico, y otras contusiones: este bicho era de Miura, se llamaba Primoroso y se corría en cuarto lugar"

 
Se retiró a vivir a Torrelodones, donde puso una tienda de ultramarinos y vinos en la misma estación del ferrocarril.  En una de las capeas a las que asistió en la finca del ganadero Hernández Plá, contrajo una pulmonía doble por beber agua demasiado fría tras la tienta por lo que, vista la gravedad de su estado de salud fue trasladado al domicilio que su hija e hijo político, el médico señor Porres, tenían en Madrid donde murió a los 56 años de edad el día 8 de Marzo de 1898. Fue la de "Frascuelo" una muerte de torero, porque había participado poco antes en un tentadero con vistas a reaparecer para matar toros en Madrid, con motivo de una corrida patriótica para recaudar fondos destinados a la guerra de Cuba y la lucha contra Estados Unidos. 

La preocupación del pueblo madrileño al conocer el estado de salud de Frascuelo fue tal que incluso Alfonso XII, gran admirador del torero, ordenó que llenaran de arena la calle en la que vivía la hija de “Frascuelo” para que el ruido de las ruedas de los carros al pasar por el adoquinado, no molestaran al torero moribundo.

El entierro del maestro congregó a tal multitud de dolientes que los periodistas de la época dijeron no haber visto jamás tantos asistentes a un entierro que finalizó en el patio de la Concepción, en la Sacramental de San Isidro donde depositaron sus restos mortales.



Un crítico de su tiempo dijo de Frascuelo: "El incomparable matador Salvador Sánchez, feo de cara y de cabeza hermosa, al formar la puntería para dar la estocada ponía un gesto tan duro, arrugando el entrecejo, que bien se conocía su decisión de matar o morir con honra"


J. Sánchez Lozano, en su Manual de Tauromaquia, publicado en Sevilla en 1882, escribe sobre el toreo de Frascuelo:

"Ocurre con este matador lo que con Lagartijo: por sólo sus exfuerzos se ha colocado en primera línea, y ello, en nuestro concepto, es una prueba de su mérito, que algunos intransigentes apasionados pretenden desconocer...............Frascuelo es un espada arrojadísimo. Banderillera medianamente: su muleta es defectuosa, pero trastea en corto y se coloca muy bien al tirarse, terminando las suertes con gran lucimiento, cuando se trata de reses que se vienen. Su anhelo de aprender le conduce á intentar frecuentemente la suerte suprema, y aunque no la consuma, por lo general, con sujeción a las reglas del arte, es una muestra de que quiere, y nosotros le aconsejamos que siga con su empeño, pues sabido es que, con tiempo y esperanza, todo se alcanza.................Este matador tiene el carácter peculiar de los madrileños, y no falta quien diga que es orgulloso: á nosotros, en las conservaciones que con él hemos tenido, no nos lo ha parecido"


José Manuel Mójica Legarre escribe:


"La amistad entre “Frascuelo” y Julián Gayarre, el gran tenor de Roncal, Navarra, llegaba a tanto que, se solían cruzar telegramas contándose cómo les había ido en sus trabajos respectivos; pero tenían la curiosa costumbre de intercambiar los “papeles” por lo que, cuando Salvador tenía una buena tarde, le escribía el telegrama a Gayarre en términos parecidos a éstos:
“La ópera muy bien. El aria, preciosa, Otelo rueda sin perdón y, el tenor, diez minutos de ovación. Algunos pidieron un “bis” que no se pudo conceder".
Por su parte Julián, después de un éxito en Milán, mandó un telegrama increíble.
“Tarde irrepetible. El público en pie, estocada por derecho y la gente arrojando flores y puros a la plaza de la Scala"

"Desengáñate Luis (Luis Carmena, escritor lagartijista). Todos los toreros cantan de falsete. Menos tres , que cantan de pecho: Frascuelo, Frascuelo y Frascuelo"
                                                                                                                                 
                                                                                  Julián Gayarre

Frascuelo, despidiendo a Julián Gayarre, que iba a actuar en el teatro San Carlos de Lisboa, le dice:

"Hasta la vista, amigo Julián. No deseó más que usted llegue con salud. Porque a usted le sucede lo que a mí. Que en llegando al terreno, de lo demás no hay que hablar"






Recogemos las siguientes frases del propio Frascuelo, donde se pueden entrever algunos rasgos de su personalidad y de su manera de entender el toreo :



"El arte del toro, sin valor, es como un cielo al que le faltara el Sol; sería cielo, es verdad, pero sin claridad ni hermosura. El que empieza debe mostrar tres cosas: valentía, valentía y valentía. El arte se aprende. El valor nace en la criatura, como la seducción en los ojos de las mujeres hermosas"

"El valor, amigos míos, es aquella serenidad que te permite estar delante de la cara del toro como si no existiera"




"Los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa; para evitarlo no hay más que huir o cortarse la coleta"


"Los toreros se acercan, los toros pegan; éste es el único secreto de las cornadas"

"Si no hay peligro, no hay emoción; y donde no hay emoción no hay corrida de toros posible"

"Hablándose de toreros de alguna fama, es imprescindible, es completamente necesario que la maestría sea compañera del arrojo y que la habilidad vaya unida a la intrepidez"

"Rafael (se está dirigiendo a Lagartijo), tú eres el mejor torero que yo he conocido. Por ti me quito yo la montera y no me quito la cabeza porque la necesito para torear"

La revista del periódico El Mengue escribe sobre la corrida de Aleas del 11 de junio de 1868, en la que Frascuelo alternó con el Tato y el Gordito:

"No debemos pasar desapercibidos los adelantos del joven Frascuelo. Ha dado al tercer toro dos pases sobre la mano derecha y un volapié que superan a todo encarecimiento. Adelante, muchacho"

El mismo periódico, por boca de su corresponsal en Valencia, escribía, refiriéndose a la corrida celebrada el 29 de junio de 1868:

"En la muerte de Fiero vimos reunidos en Frascuelo dos grandes hombres: vimos en el trasteo a su maestro Cayetano (Sanz), y en citar y recibir, dando una estocada hasta las péndolas, al hoy sin segundo Manuel Domínguez"


Velázquez y Sánchez, el que más tarde escribió la célebre oda Anales del toreo, hacía un resumen de la temporada (de 1868), y decía:

"Este joven animoso, desenvuelto y simpático, ha recibido lecciones de Cayetano Sanz, y, efectivamente, al torear de capa y de muleta, Frascuelo nos trae a la memoria al matador más notable de Madrid, a quien imita, aunque le supera en arranques y bríos. Es muy parecido a Sanz en la regularidad y aplomo del trasteo, hiriendo mejor y con más arranque"





Aurelio Rodríguez Bernal, en su libro Memorias del tiempo viejo, escribe:


 "Con Frascuelo había un trípode en el que se asentaba su condición de lidiador de reses bravas; ¿cuáles eran?: voluntad, valor y firmeza de piernas...................Frascuelo no aprendió a cuartear, no quiso jamás saber cómo se practicaba eso, y empeñado en partir o esperar en la rectitud con la frente del toro, empleaba una reunión difícil, tremenda, expuestísima.....................La base del modo de matar de este diestro era la portentosa musculatura de piernas y en brava conjunción al herir bien y derecho, consumando la estocada. Viendo esto había que exclamar; ¡bien por el valiente!, ¡mal por el artista!............................Salvador fue un hombre que no dominaba las difíciles situaciones con la muleta, exhausto como era de ingeniosidades, y en cuanto a matar, no entraba en su cacumen los lances de recurso, de tanto mérito como arte..................Frascuelo, juzgado con serena e imparcial mirada, fue un torero basto en hechura y en factura. Toreaba muy cerca, no tenía miedo, sentía que alguien pudiese ejecutar con más arte y limpieza que él, y a las ovaciones que otros recibían contestaba con decisiones y temeridades en el acto de la muerte de los toros, pisando a éstos su terreno, tardando en liar el engaño para dar honrosa muestra de que no le apocaba el peligro, y con el estoque entraba su corazón, sus nervios, su cerebro. Retarlo en ese terreno era mostrarse propicio a las cornadas. Salvador, en esos empeños, se entregaba a los toros, mientras otros no salían del círculo de la prudencia...................Frascuelo ha sido dechado de valentía y de inteligencia al propio tiempo, imponente para desafiar el peligro en los quites, y un coloso en el arte de matar. Ha creado un modo de estoquear toros, y bastará esta sola circunstancia para colocarlo aparte, como algo extraordinario, como algo superior, en un rango que en mi concepto no ha alcanzado nadie, ni nadie alcanzará como matador de toros.........................Cuando mataba Salvador se presentía el drama, porque entre su arrojo único y su maestría, y las condiciones de las reses que estoqueaba había equilibrio; es decir, había en el diestro el prurito de desafiar a los toros y de entenderse con ellos cara a cara y frente a frente. De ahí sus cogidas, y de ahí la intensa emoción que sus inolvidables faenas despertaban"

F. Bleu, en su libro Antes y después del Guerra, escribe sobre su forma de torear:

"Andaba más que corría, pisaba en firme y caía a plomo. Jamás trasteando utilizó la muñeca, ni se dejó los toros delante; templando el brazo, según lo requería la mayor y menor suavidad del animal, le obligaba a traspasar la línea de su cuerpo, a pasar, y aguantando y marcando salida larga, lo recogía en los vuelos del engaño, hasta que la res, o paraba y cuadraba o entraba al pase de pecho, que concluía por destroncarla"



Ladislao Redondo, en su libro Guerrita, su tiempo y su retirada, escribe:


Frascuelo ha sido la encarnación del valor y del arrojo………Fue hombre á quien ni causaron temor las terribles cogidas que sufrió, ni los años privaron de alegría, dentro de su toreo sin adornos, sino meramente heróico; pero si los años no le habían quitado afición, si Frascuelo seguía aceptando, si no eligiendo para sí, los toros más grandes y lo mismo mataba corridas andaluzas que ganado de la tierra, pues por el de Colmenar tenía predilección, no puede negarse que los años no pasan en balde y que Frascuelo no estaba tampoco tan sobrado de facultades……………….La última ovación que le tributó el público madrileño, fue al presidir con Lagartijo la corrida organizada por El Imparcial en beneficio de los soldados heridos en Cuba y Filipinas, en 1896, y el último tributo de cariño que recibió el que á su memoria fue concedido el día de su enterramiento……….No existiendo ya Salvador Sánchez Povedano, Frascuelo, es cuando cabe decir que fué en vida, y durante el tiempo que ejerció su arriesga profesión, el diestro de mayor arrojo y más temerario de cuantos se han conocido y al que no hicieron mella las infinitas heridas que le produjeron los toros, siendo el hombre que por aquellas circunstancias logró agrupar en torno suyo gran parte de la afición, que con el calor y la pasión que las cosas de toros se discuten, riñó tenaz batalla con los partidarios del fundador de la dinastía de los Rafaeles de Córdoba, el gran Lagartijo


José Velázquez y Sánchez (1826-1880), en su libro Anales del Toreo, editado en Sevilla en 1868, escribe:


“(Pag. 123)…..Salvador Sánchez es un joven desenvuelto, animoso, listo, y muy simpático para todas las clases de la coronada villa; porque llano sin vulgaridad, digno sin empaque, y sabiendo captarse el aprecio sin esas amaneradas solicitudes que surten muchas veces un efecto contrario, el pueblo lo reconoce por suyo, y las categorías sociales le estiman por lo que resalta en su esfera como tipo recomendable en su misma especialidad. Aseguran que Cayetano Sanz le ha dado lecciones de toreo, y en el manejo de la muleta Frascuelo nos trae a la memoria al matador más notable de Madrid, a quien imita por lo menos intencionadamente, aunque le supera en arranques y en bríos, cuando son de menester para determinar las circunstancias de los lances. En  las novilladas de la corte, y en buen número de corridas de segunda temporada en aquel circo, Sánchez había consolidado su reputación de bravo, dispuesto y capaz de lisonjeros adelantos en el arte taurino; extendido la zona de sus relaciones a puntos diferentes de Castilla y Navarra, donde cumplió a entera satisfacción de empresas y públicos sus compromisos como diestro. Ajustado par alternar en Madrid con el Tato y el Gordito en la temporada anterior, ha cubierto su plaza con decoro, y  sin mezclarse en la ruidosa y lamentable contienda entre los espadas sevillanos; sustentando en Granada una competencia con Rafael Molina, en que ambos lidiadores comprobaron la razón de aquel antiguo refrán: -“los toros de ocho y los toreros de veintiocho.”………………..(Pag. 305) Frascuelo………………En el grupo de diestros de las provincias castellanas, y después de Cayetano y Julián, se destaca Salvador Sánchez (Frascuelo), joven lidiador, incansable en la briega, parecido a Sanz en la regularidad y aplomo del trasteo, hiriendo mejor y con más arranque, y reuniendo al estímulo de los toreros pundonorosos condiciones para ser mucho y presto, si una desgracia inopinada no viene a cortar en flor esperanzas legítimas de una carrera envidiable. Salvador ha tenido por modelo a Cayetano, y como la escuela de Sanz deriva del tuerto Capa y el mancebo cuenta con más brío que sus predecesores, resulta un matador hábil y resuelto, coronando los deseos impacientes de Madrid por tener en su abono un hombre de esta especie, en rivalidad con Andalucía. Frascuelo empezó por novilladas que le valieron un numeroso partido, y como peón de lidia en cuadrillas de crédito probó ampliamente sus dotes: pasando a figurar en temporadas extraordinarias como matador de toretes, alternando con toda la segunda tanda de toreadores madrileños y andaluces. Al fin, y favorecido con razón sobrada y esfuerzo común por el público y las empresas, Salvador tomó la alternativa, y en 1868 lidió en la coronada villa con el Tato y el Gordito; yendo a Granada con Molina (Lagartijo) en reñida competencia, y trabajando en Cádiz con brillante aceptación. En 1869, y asentada su reputación en sólidas bases, se le propusieron muchos ajustes de importancia, correspondiendo las ofertas a la curiosidad de los públicos, excitada por las excelentes noticias del mérito de este novel y ya notable diestro castellano; pasando al Perú, con el espada García Villaverde, y recibiendo en la plaza del Acho de Lima una inusitada ovación, de que se ocuparon los periódicos del nuevo y antiguo continentes. En 1870, y administrado el coso de Madrid por aquella Diputación provincial, se ha unido a Cayetano y a Francisco Arjona Reyes con Salvador Sánchez.”



José Sánchez Neira (1823-1898), en su libro El toreo. Gran diccionario Tauromáquico, editado en Madrid en 1879, escribe:


“Salvador Sánchez (Frascuelo). Cuando un hombre tiene la suficiente fuerza de voluntad para conseguir el fin que se propone, rara vez deja de llegar a él…….Una prueba evidentísima de que estamos en lo cierto es la personalidad del que encabeza esta biografía………Salvador Sánchez Povedano, siendo joven, adolescente, casi un niño, soñaba en Madrid con riquezas, caballos y trenes que habían de pertenecerle, que había de poseer como suyos…………Si él hubiera podido estudiar, comerciar………”Sin dinero, ¿qué es un hombre en el mundo? –se decía a sí mismo-…….Quiero pues ser rico, no sólo por el placer de serlo, sino porque me consideren”…….Desgraciadamente, el oscuro mozalbete no tenía recursos de ninguna clase ni padrinos ni amigos con quienes poder contar……Todas las puertas estaban entonces para él cerradas…..Su voluntad, sin embargo, las abrió……..Vio que los toros dan y quitan, que aplicándose podía ser torero, y abandonó el aprendizaje del oficio de papelista-decorador, que empezó al lado de su hermano, decidiéndose a lidiar toros con firmísima voluntad………Empezó a correr moruchos de los que en confuso tropel se sueltan en las novilladas, consiguió trabajar de balde en los embolados, y alcanzó por fin torear las reses de punta en las mismas funciones………..Veíase en él un muchacho atolondrado, un mozalbete que todo lo intentaba, que todo lo quería hacer y que nada sabía………Sin embargo, los aficionados no se equivocaron……Aquella audacia, aquel valor, aquel afán de imitar, denotaban especiales dones…….Su voluntad era de acero…….Con dichas circunstancias, y reuniendo Salvador las dos primeras condiciones necesarias para ser torero, fácil era que alcanzase la tercera………De tal modo dominaba en él un marcadísimo espíritu de imitación, que, como vulgarmente se dice, sin encomendarse a Dios ni al diablo, intentó y ejecutó perfectamente el difícil quiebro en la silla poniendo banderillas a un toro de puntas en una corrida de novillos, cuando era desconocido como torero……..El pueblo de Madrid, tan entendido como el que más, aseguró a Salvador Sánchez un gran porvenir en el toreo desde que le vio entrar a formar parte de la cuadrilla de Cayetano Sanz en el año de 1866……..Con tan buen maestro, y con tan espléndidas facultades como la Naturaleza dio a Salvador, mucho debía esperarse de éste, mucho exigírsele; y efectivamente, se le vio detenerse más, pararse en las suertes y tomar el derrotero de la buena escuela……Madrid de alentaba con sus aplausos: hasta le dio carta de naturaleza, suponiendo y considerando como madrileño al que había nacido en Churriana, pueblo de la provincia de Granada, el día 21 de diciembre de 1844, siendo hijo de José y de Sebastiana, nada más que porque en Chinchón, a seis leguas de la Corte, pasó sus primeros años………..Hízole adoptar el sobrenombre de Frascuelo, que pertenecía a su hermano, y lo elevó hasta el punto de que los espadas de temporada le cediesen algunos toros para estoquearlos……..En esto fue varia su fortuna, porque al principio se atropellaba con los toros, y los espectadores temían por su vida……..Sin embargo, no tardó mucho en dominarse, en que su decidida voluntad se impusiese a sus juveniles arrebatos, y consiguió ser matador de toros de cartel……….Después de haber trabajado como sobresaliente o media espada en diferentes plazas al lado de Cayetano, de el Tato y de otros primeros matadores, recibió por fin la alternativa en la plaza de Madrid el día 27 de octubre de 1867……..Estaban ya cumplidos sus deseos: el sueño de su niñez se había realizado; el mozo era un hombre, el pobre era rico…….Vistió con lujo, montó caballos de los que están de non en Madrid, compró fincas rústicas y urbanas; contrajo matrimonio el 1 de agosto de 1868 con la bella doña Manuela Álvarez, hija del honradísimo traficante del mismo nombre…….frecuentó los salones de la aristocracia, siendo en ellos bien admitido, y…hasta sentó a su mesa ministros en ejercicio y otro primeros magnates de la nación…………..Desde que Frascuelo tomó la alternativa, y aun antes de tomarla, ha hecho con los palos, con el cuerpo, con la capa, con la muleta y con el estoque cuanto otros hayan ejecutado……..Si una vez, dos o más, las suertes no han salido bien hechas, no por eso se ha desanimado; ha vuelto a intentarlas, y puede decirse que todo lo ha practicado en ocasiones a la perfección…….Ha descuidado algo la muleta desde que no tiene ejemplos activos que imitar, y en la suerte de recibir no es de tan francos movimientos como quisiéramos nosotros…….. Si hubiese tenido de quién copiar, de quién aprender dicha suerte suprema del toreo, es indudable que la hubiera practicado con entera sujeción a las reglas del arte; pero con solos sus buenos deseos no ha hecho más que recibir de un modo especial y expuesto, no dando salida suficiente con la muleta……..Recibir es, no hay que negarlo, y hace mal quien lo desmienta; pero se aparta de lo el arte previene, de lo que han hecho los grandes maestros…….Así y todo, nos daríamos por contentos si todos los matadores procurasen recibir toros como Salvador……..Ofrece, sin embargo, una rara particularidad el especial modo de recibir toros de este matador, que nos ha llamado la atención……..Hemos dicho que es expuesto, porque no da suficiente salida con la muleta; y esto que todo el mundo conoce, y aun él mismo estamos seguros que no lo ignora, era lo que debía proporcionarle frecuentes cogidas, indudablemente……..Pues a pesar de ello, en las muchas veces que le hemos visto intentar, y otras recibir toros, nunca le hemos visto enganchado, como parece forzoso cuando no se da salida amplia a la res……..Sufre el fuerte encontronazo a pie quieto, como debe ser, cuando coge hueso; sale trompicado de la cabeza de la res cuando toma los blandos, y él no se mueve y da poca salida; luego es raro que no sea cogido…….La explicación vamos a darla como nosotros la comprendemos…..Salvador se coloca perfectamente enhilado, corto y en buena postura; tiene valor, cita y espera; arranca el toro, le guía bien con la muleta, quebrando lo suficiente (José Redondo decía que, para evitar las estocadas atravesadas en la suerte de recibir, el cuerno derecho del toro debía rozar la guarnición del calzón del mismo lado), pero no adelanta el brazo del estoque para herir en tiempo oportuno, sino que aguarda a que el toro se encuentre con la punta, y entonces consuma la suerte……Sucede con esto que el matador lleva el encontronazo, y a veces perdería terreno si sus piernas de acero no pudieran resistirle; a acontece también que se crea mal ejecutada una suerte en que, si algo ha habido para hacerla, ha sido exceso de confianza y valor, siempre dignos de aplauso……Arrancando, y sobre todo encontrándose, es Frascuelo mucho más seguro que con los toros faltos de patas, a quienes él va……………Aconsejámosle, sin embargo, que no desmaye ni abandone la suerte de recibir, sin saber ejecutar la cual ninguno es diestro completo; y él puede serlo, porque es inteligente y bravo…………Por consecuencia de su valentía y temerario arrojo, han sido varias las cogidas que ha sufrido en distintas ocasiones; pero ninguna tan grave como la que sufrió en la plaza de Madrid en la tarde del 15 de abril de 1877 por el toro Gindaleto, que llamaron Lagartijo, de la ganadería de Adalid………Pudo costarle la vida tan terrible lance……..Las inmediaciones de su casa, mientras estuvo enfermo, estuvieron literalmente llenas de aficionados y de gente interesada en saber de su estado……Todos los periódicos daban parte mañana y tarde del estado del enfermo……..y Madrid entero no hablaba de otra cosa que de la cogida y del estado de Frascuelo……….Llegó a Chinchón (la villa donde Salvador pasó algunos años de su primera edad) en la noche del mismo día la fatal noticia de la cogida de Frascuelo, y antes de que se divulgase, los pocos que de ella tuvieron conocimiento tomaron en el acto el camino de Madrid……..Al día siguiente, cuantos vecinos pudieron abandonaron sus casas, y a caballo o a pie a Madrid se encaminaron………….Sabemos que es honrado, buen esposo y mejor padre de familia. Dicen algunos que tiene mucho jumo en la cabeza; pero como nunca lo hemos tratado, nada podemos decir de esto, ni realmente nos importa: juzgamos al torero, no al hombre…….Los aficionados quieren que su memoria sea eterna como matador de toros, y para esto el entendimiento de Salvador Sánchez debe comprender que la voluntad le ha elevado hasta uno de los primeros puestos de la tauromaquia…….Que no la abandone, pues, y el arte ganará.”



Pascual Millán, en su libro Trilogía Taurina, Pgs. 13-21, editado en Madrid en 1905, escribe:


"Desde el primer momento se hizo notar por su arrojo; apretábase con los toros valientemente…….Poco tiempo figuró como novillero; Cayetano se hizo entrar en su cuadrilla, y desde entonces Frascuelo no pensó más que en tomar el estoque y colocarse en el rango de los espadas…….Nunca se distinguió con los palos; no sabía adornarse, carecía de elegancia y finura que tanto aplaudía el público en otros diestros, y aunque se metía bien y buscaba al toro en cualquier terreno, resultó un banderillero vulgar; pero en cambio demostró ser un excelente peón de lidia, que luchaba con las reses de potencia a potencia, sirviendo al matador el capote de Frascuelo más que toda la cuadrilla……….Cúchares le dio la alternativa el domingo 27 de Octubre de 1867, a beneficio del Hospital de Atocha…….El debutante quedó como bueno, se tiró a matar con coraje a Señorito, y sufrió una cogida, afortunadamente sin consecuencias………Salvador no contaba todavía veintitrés años……A los pocos de ser matador, ninguno de los que entonces figuraban en carteles podía competir con él…….Sólo uno –-Lagartijo- le hacía sombra……, naciendo aquella famosa competencia que ha durado hasta hoy………Frascuelo hizo de las facultades físicas y el arrojo su escuela de toreo; realizó cuantas suertes viera ejecutar a los demás, incluso la de poner banderillas en silla, especialidad del Gordito……….Cierto día le dijo un buen aficionado: “tú no eres un matador completo: para eso se necesita recibir toros”…..Desde aquel momento intentó la suerte suprema, y aunque no tenía buenos modelos que imitar, lo hizo y salió airoso, o poco menos……….No seguía las reglas de Montes, ni siquiera las de Pepe-Illo, ni aun tenía en cuenta lo dicho por Domínguez; pero así y todo, recibió de un modo que no carece de mérito……..Es quizá el toreo que más cogidas ha sufrido……; pero en vez de acobardarle los golpes, dábanle nuevos bríos……La cogida más grave  de todas las de Frascuelo fue la sufrida el 15 de Abril de 1877 por el toro Gindaleto, según algunos, o Lagartijo, según otros……..Ha sido la providencia de sus compañeros; su capote estaba siempre con oportunidad en los momentos de peligro, realizando quites asombrosos………Ha llevado el arrojo a lo increíble…….Toreando se olvida de todo, hasta de sí propio"



De la BIBLIOTECA SOL Y SOMBRA. VOLUMEN IV. SALVADOR SÁNCHEZ (FRASCUELO). Editado en Madrid, 1906, he seleccionado los siguientes comentarios:




"(Pag. 35) El toreo de Salvador……………….(Pag. 38)….El Sr. Santa Coloma, en los Apuntes biográficos (pag. 329), hizo estas juiciosas observaciones respecto al mérito de Frascuelo: “El joven de quien nos ocupamos……….Intenta hacer todo lo bueno del arte, desde la suerte de matar recibiendo, hasta la de parar los toros con el capote……….,(Pag. 41)……Respecto a esa rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo, escribía D. Pascual Millán en precioso artículo titulado El Negro: “Es él, el Negro (así llamaban los aficionados a Salvador porque era excesivamente moreno), tal y como le vimos (Pag. 42) en sus días de prosperidad, cuando luchaba con el coloso de Córdoba (Lagartijo) y dividía a la afición en dos bandos…….(Pag. 43)…..Fué una rivalidad noble, una emulación de altos vuelos, la producida entre los dos colosos y sus amigos…….(Pag. 44) No toreaban a gusto cuando no lo hacían unidos”……..(Pag. 48)…..”Frascuelo –escribió el Sr. Ramírez Bernal en un artículo dedicado a juzgar las condiciones del diestro, y titulado Memorias del tiempo viejo: Salvador Sánchez Povedano (Frascuelo)-………….. (Pag. 49) fue hombre que no dominaba las difíciles situaciones con la muleta, exhausto como era de ingeniosidades; y en cuanto a matar, no entraban en su cacumen los lances de recurso, de tanto mérito como arte………..Salvador, que nunca toreó con mentira, sino con exceso de arrojo y coraje, sabía que los clásicos espadas se (Pag. 50) ante el toro con la muleta plegada, paso a paso, y cerca del testuz, derecho el cuerpo y juntos los pies. Así lo efectuaba generalmente; pero luego los pícaros nervios no le dejaban parar; íbase de un lado para otro y sus pases no eran rematados con arreglo a arte. En los naturales no había ese compás dulce que determina la suavidad en adelantar el brazo, retrocederlo y estirarlo hasta recoger al toro en el pico de la muleta………Por milagro de rareza ejecutaba el pase de pecho forzado, que tanto renombre alcanza a ser consecuencia del natural; hacíalo preparado, que le quita mérito y superior efecto, y no de cabeza a penca, sino por la cruz o cuello de la res……..(Pag. 51) Frascuelo, juzgado con serena e imparcial mirada, fue un torero basto en hechura y en factura. Toreaba muy cerca, no tenía miedo, sentía que alguien pudiese ejecutar con más arte y limpieza que él, y a las ovaciones que otros recibían contestaba con decisiones y temeridades en el acto de la muerte de los toros, pisando a éstos su terreno, tardando en liar el engaño para dar honrosa muestra de que no le apocaba el peligro, y con el estoque entraba su corazón, sus nervios, su cerebro. Retarle en ese terreno era mostrarse propicio a las cornadas. Salvador en esos empeños se entregaba a los toros, mientras otros no salían del círculo de la prudencia”……………….(Pag. 53)…..El Sr. Millán (Pascual Millán: Los toros en el siglo XIX) juzgó así el toreo de Salvador: “Frascuelo, toreando mucho (y está en un error quien crea lo contrario), no podía competir con Lagartijo en este punto. Había entre los dos una enorme distancia……..Pero con el estoque, cuando Salvador liaba la muleta para arrancar, se imponía al público en masa; era un instante en que se hacía el silencio en el circo; la atención estaba fija en aquel hombre, que casi encima del toro, perfilado con el pitón izquierdo, citaba a recibir (lo hizo, y lo hizo bien algunas veces), o se metía a volapié con un coraje imposible de concebir……..Asustaba mirar a Salvador en aquel momento; asustaba verle entra tan corto, tan derecho, tan a conciencia, llegando con la mano al pelo del morrillo y rozando los alamares de la chaquetilla (Pag. 54) con la pala derecha de la res”…………Fue un torero de grandes energías, valor excesivo, mucho pundonor y no sobrado de recursos, a los que rara vez apelaba, más que por deficiencia de conocimiento, por afán plausible de evitar mixtificaciones con mengua de la proverbial guapeza que le hizo tan célebre, legando a la historia su nombre como prototipo de los toreros con vergüenza……..Todo lo intentaba, todo lo ejecutaba, confiado en su valentía y en sus portentosas facultades; pisaba en los quites de compromiso terrenos vedados a la prudencia para salvar, de poder a poder, la vida de un compañero; sobrio con la (Pag. 55) muleta, siempre se le veía cerca de los pitones; se perfilaba para matar muy en corto y sus estocadas, por lo general, resultaban formidables…….En suma: si como torero tuvo algunas tachas que deslucieron en ocasiones el conjunto de su labor, como espada no ha tenido rival………..; a cada una de sus múltiples cogidas –sólo comparables en número y gravedad a las de Manuel García (el Espartero)- se conmovía y desbordaba la capital de España……(Pag. 56), y desde el Mayordomo de Palacio al chulo de las Vistillas…..formaban fila a la puerta de su casa”
  Natalio Rivas, en su libro Toreros del Romanticismo, escribe:

"Su toreo fue siempre muy serio, muy parecido, casi similar al de la escuela rondeña, pero sin llegar a la reposada serenidad que emplearon los viejos matadores que cultivaron el clásico estilo romerista..........En los comienzos de su vida de matador sufrió muchos percances porque no daba suficiente salida a los toros con la muleta; pero, se corrigió tan radicalmente que acabó rematando la suerte de matar con la mayor perfección y limpieza"


Gregorio Corrochano, en su libro La edad de oro del toreo, en el capítulo titulado De las memorias inéditas de un redactor de ABC, escribe:

“Un viejo aficionado de Santander que de vez en cuando me escribe comentando corridas y reseñas, me hablaba una vez de los matadores de toros. Recuerdo que decía en una ocasión: “El que dio más emoción a la estocada fue Frascuelo. Arrancaba obligando mucho al toro, que le gustaba que hiciera mucho por él, y el encuentro de aquellos dos esfuerzos era brutal. Muchas veces salían rodando cada uno por un lado; el toro, muerto; el torero, triunfante” Y añadía: “Todo esto, ejecutado con una perfección de la arrancada, dando el paso hacia delante, tan lejos de intentar el paso atrás de Lagartijo y los que le sucedieron, que si, una vez perfilado el matador, se cortara el terreno tras él, Salvador hubiera sido el único que no rodara al abismo”

Cossío escribe:

"Pocas figuras toreras habrán pisado la plaza de personalidad más acusada y, sobre todo, mejor sincronizadas con un aspecto de la fiesta: el del valor ostentoso y desgarrado. Frascuelo fue sobre todo un torero impávido, que exhibía en la plaza su valor por un puro instinto de majeza, de complacencia, en la seguridad de que no había de fallarle..............Todos aparecen unánimes en ponderar su manera resuelta e impresionante de acudir a los quites, sin reparar en terrenos ni otras circunstancias. Eran los quites que llamaban de poder a poder..................Como banderillero, ya he consignado que practicaba en sus principios el quiebro, y en silla...................Su fuerte eran, sin duda, las faenas de muleta y estoque. En las primeras debió ser sobrio y eficaz, pero con un aplomo e instinto de lo más conveniente y breve................Con el estoque, su personalidad fue cimera entre cuantos especialistas de cualquier época han alcanzado renombre"


Néstor Luján, en su obra Historia del Toreo, escribe:

"Frascuelo representa, ante la elegancia de Lagartijo, ante el dominio magistral del torero cordobés, la seriedad, la sequedad, la arrogancia y el valor desmedido y resonante, el gesto recio de cuando la angustia hace el vacío absoluto en la plaza y, sobre todo, la audacia en la suerte suprema; la audacia con una palpitación heroica y una rotunda seguridad........................en Frascuelo la suerte suprema es el triunfo de una audacia sistemática, del estar siempre más en corto y más ceñido que cualquier otro maestro, al citar a matar....................De esta cita dura y solemne, siempre salió triunfador absoluto, porque llegaba, como dijo de él Manuel Domínguez, "con la mano hasta el corazón de los toros". Su toreo de muleta y capa fue serio, espeso, parado y sin adornos; en quites, fue osado, y metía un capote seco como un escopetazo, en los trances difíciles para el picador. Toreando de muleta estuvo enteradísimo, dominó mucho; templó bastante y preparó maravillosamente a los toros para la muerte"


El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su libro Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Frascuelo distaba mucho de poseer el brillo de Lagartijo con la capa y la muleta. Su deficiente técnica le acarreó múltiples cornadas, de las que 15 fueron graves. Pero, en cambio, era un lidiador de valor escalofriante, que daba a su toreo una intensidad insólita, que encandilaba a los públicos. Siempre presto a intervenir con sus quites en ayudad de picadores y peones, cada vez que se veían en dificultades, era buen banderillero y con la espada netamente superior a Lagartijo: colocaba siempre la estocada hasta la empuñadura, tras ejecutar la suerte con un rigor y una sinceridad absolutas. Este "matador de bronce" era más un guerrero que un artista. Sus desafíos a Lagartijo apasionaban a las masas.................Físicamente disminuido por sus continuos percances, Frascuelo se vio obligado a interrumpir varias veces su carrera hasta que, finalmente, se retiró en 1890"

Peña y Goñi, refiriéndose a la manera de ejecutar Frascuelo la suerte suprema, escribe:

"El famoso matador no tuvo ninguna herida de consideración matando................Esto es mano izquierda. En la suerte de recibir nunca le cogieron. Los toros le hicieron perder terreno frecuentemente por estrecharse demasiado con ellos, pero siempre conservó su posición hasta el momento de herir..................Frascuelo, en la suerte de recibir, está entre Montes y el Chiclanero. Montes los atravesaba por darles demasiada salida. Frascuelo perdía terreno por embraguetarse con exceso. Entre Montes, que pecaba por carta de más y Frascuelo, por carta de menos, está José Redondo (Chiclanero), que representa el equilibrio, la perfección........................Resumen: Así como Lagartijo quiere que los toros vayan sin poder a la muerte, Frascuelo los quiere muy vivos"

El mismo Peña y Goñi, frascuelista confeso, escribe sobre la tarde de la retirada de Frascuelo, el 12 de mayo de 1890:

 "Salvador dijo que se quitaría de los toros en una corrida extraordinaria en la cual daría la alternativa a Lagartijillo, y no se habló más..................La corrida se verificó con un lleno rebosado. Salvador, que cedió el primer toro a Lagartijillo, mató el segundo, Pregonero,..................de una estocada puramente frascuelina, entrando a matar desde la cuna y obligando al toro arrancarse a fuerza de estrecharle con el trapo. El estoque quedó en los rubios, hundido hasta la bola, y el toro cayó hecho una pelota a los pies de su matador. La ovación fue inmensa.................En su segundo toro no estuvo tan afortunado..................Llegó el quinto de la corrida, último que iba a estoquear Frascuelo....................El buey pedía un golletazo a la media vuelta................Pero Salvador no lo entendió así; quiso despedirse para siempre de los toros dando muerte cara a cara y frente a frente a aquel manso de solemnidad..................le obligó a cuadrarse, lió, se armó y cayó sobre el buey con la guapeza de los mejores tiempos del matador, clavando una estocada hasta el punto, un poco caída, que hizo polvo al animal y valió al admirable diestro, dechado de vergüenza torera hasta el último instante, una prolongada y merecida ovación...................Volviendo a la retirada de Frascuelo, ya he dicho antes que la opinión la juzgó generalmente prematura.................En mi concepto, Salvador hizo muy bien en retirarse..................Frascuelo no quiso conocer esa época corta y fatal en que el torero vive de la limosna del público...............Se fue con los pies torpes, pero con la frente erguida, dejando el recuerdo indeleble de su nobleza, de su maestría y de su valor"




Frascuelo mató seis toros del duque de Veragua en la plaza de Madrid, el 26 de mayo de 1887. Bleu, seudónimo de don Félix Borrel, el farmaceútico de la Puerta del Sol, gran aficionado y convencido frascuelista, escribe: "Si examinamos al diestro en la hora suprema, nos encontramos con todas las suertes de matar ejecutadas a la perfección absoluta que cabe en lo humano, desde la media estocada recibiendo del primero, hasta el costillarino volapié del quinto, pasando por las de arrancar y a un tiempo de los veraguas segundo, tercero y sexto. En las seis faenas invirtió veintitrés minutos...............Los toros tomaron 48 varas, dieron 26 caídas y mataron 12 caballos"

El aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, se refiere a esta corrida como "la mejor corrida de Frascuelo que presencié, sobre todo en la suerte de matar y en lo ajustado de las faenas................El ganado fue grande, y, en general, bravo, tomando cuarenta y ocho varas, con veintiséis caídas, y matando doce caballos. La corrida duró una hora y veinte minutos justos. Los quites los hizo él sólo; más de veintiséis, que fueron las caídas, todos valerosos, variadísimos, con toda clase de adornos; en el tercero puso en un pitón un sombrero ancho color gris que le arrojó un aficionado....................A la salida comentábamos lo sucedido hasta con los que no conocíamos; al día siguiente y los sucesivos fue la comidilla de todo Madrid, y, con razón, los revisteros juzgaron la corrida como incomparable"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"En 1866 mató un toro en Madrid por gentileza de Curro Cúchares....................La primera corrida con Lagartijo, matadores los dos, tiene lugar en Granada el 7 de junio de 1867.....................Desde entonces está sobre el tapete, en toda España, la competencia Lagartijo-Frascuelo que alcanzará dimensiones sociales y políticas en la vida nacional durante mucho años....................La necesidad de dividir todo en dos bandos hizo que la prensa y la sociedad identificaran a Frascuelo con el partido conservador y a Lagartijo con el progresismo y con el partido del pueblo bajo.................Su competencia fue de verdad muy noble en todo momento...................En las plazas, la pelea la ganaban uno u otro, los dos con la máxima entrega y sentido de la responsabilidad.....................Desde 1880 Frascuelo debe figurar por delante y con mayúsculas. Rafael está ya en clara e inevitable decadencia................En 1876 Frascuelo mató él solo 24 toros en la feria de julio de Valencia, por lesión del Gordito.....................La retirada formal y solemne se anunció en la corrida del 11 de mayo de 1890, en Madrid, pero la corrida se suspendió por la lluvia y la despedida se pospuso al día siguiente, con toros de Veragua y con la infanta Isabel en el palco regio"

El mismo Fernando Claramunt, en su libro La mirada del torero, escribe:

"Frascuelo, tostado, negrazo, de pie y con los brazos en jarras, fiero con el entrecejo fruncido, encrespada la pelambrera ensortijada, parece, y es, un león. Ídolo del pueblo y de la nobleza, este granadino de Churriana de la Vega se hace madrileño y chispero a ultranza..................Además de majo y popular, es el torero de las duquesas, de toda la aristocracia y de los políticos consevadores..................Salvador, menos artista que Rafael, era único al montar la espada. Muy en corto, se iba tras ella y tumbaba a los toros con un valor de ley. Azorín, escritor pulcro y comedido, pierde los papeles y exclama: "¡Como se tiraba Frascuelo no se tira nadie!". La competencia entre los dos colosos comienza desde el primer día en que actúan juntos pero se hace temible en cuando se quedan solos por la cornada de El Tato y el declive de las demás figuras de la época......................Salvador, ante Lagartijo, no tiene otras armas que su valor seco, expresado en terribles alardes; su arrojo ciego al entrar a matar y un pundonor que le llevaba a buscar el peligro con bárbara majeza. "Valor de toro" llamaba Unamuno a esa manera española de andar por la vida. Fuera del ruedo, la vanidad y el ansia de figurar le perdían.....................Los periodistas adscribieron este torero al bando consevador y buscaron para Lagartijo una imagen más próxima al pueblo humilde, sufrido y trabajador. Ninguno de los dos tenía ideas políticas claras, pero era preciso que figurasen en bandos ideológicos opuestos, porque así lo exigía el ambiente de aquella España de Cánovas y Sagasta"

"A Frascuelo las bromas disparatadas le agradaban en grado sumo, tales como entrar a galope en un café madrileño, cruzar el río Manzanares en calesa llena de amigas aristócratas por donde más cubría el agua o disparar una pistola porque el camarero tardaba en traerle la sopa. Con su cuadrilla se entretenía en lanzar monedas a los pedigüeños; previamente las había calentado a la lumbre todo el tiempo posible. Si Salvador sufría algún percance, y tuvo muchas y graves cornadas, las calles de Madrid de enarenaban para que los carruajes no molestasen al herido. Damas muy distinguidas, políticos y enviados de Palacio, acudían a interesarse por Frascuelo. Así como la mayoría de los vecinos de Chinchón y muchar personas humildes del Madrid de los pescateros, tenderos y de los barrios más populares. Fue un valiente a carta cabal y en modo alguno un artista. Sin embargo, una copla quedó para siempre en la historia del toreo: "El arte de los toros bajó del cielo y con los memoriales vino Frascuelo"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



“El toreo de Salvador Sánchez (Frascuelo), llamado El Negro por su exultante tez morena, era propiamente un arte popular. No era elegante como Lagartijo, sino tremendamente arriesgado………….Natalio Rivas hace este ponderado juicio sobre Salvador Frascuelo: La figura de Frascuelo en la historia del toreo tiene un realce extraordinario. En la edad moderna de la tauromaquia, comparte con Lagartijo la hegemonía de las lides taurinas. Rafael fue un torero insuperable con capa, muleta y banderillas. Salvador ha sido el más grande matador desde que murió El Chiclanero hasta ahora………………..Fue Frascuelo un torero de gran pundonor y sobre todo una persona extraordinaria, de una nobleza admirable. Así habló de su gran rival Lagartijo: El cordobés es el mejor torero que ha parido madre


Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su libro Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:

“Frascuelo” fue la verdad personificada, la verdad en el ardor de su espíritu, siempre en llama; en la gallardía; en la majeza varonil; en la afición a su arte; en la voluntad, siempre pujante y tensa; en el valor, su valor temerario inconcebible, y sobre todo, en eso que antes se llamaba “vergüenza torera”. La vergüenza torera de “Frascuelo” nadie la superó, ni antes, ni después. Una muestra –entre tantas- lo patentiza bien. En la corrida del “Gran Pensamiento” (Madrid, 13 de noviembre de 1887), el toro “Peluquero”, de don Antonio Hernández, de Colmenar, le hirió muy gravemente en el vientre y le fracturó tres costillas. Pues estando así, Salvador se levantó, se fue hacia el bicho, le dio dos o tres pases y le mató de tan soberana estocada, que el animal rodó por la arena antes de que a “Frascuelo”, ya desvanecido, pudieran recogerle los mozos de la plaza………..Por algo fue uno de los diestros más populares que han existido y le rodeó siempre esa ferviente admiración cariñosa que los pueblos sólo sienten hacia sus héroes elegidos……………..Enseguida “Frascuelo” se puso a la altura del gran “Lagartijo”, iniciando con él una competencia dura, sin tregua y sin término, que dividió por muchos años a la afición en dos bandos antagónicos e irreconciliables y dio a la fiesta una época de interés y esplendor inusitados de la que fueron protagonistas los dos colosos. Cargado de años de gloria y con un modesto capital, que bien puede decirse ganado a costa de su sangre, pues sufrió más de 30 cornadas, 15 de ellas graves y dos gravísimas, con peligro de muerte, el 12 de mayo de 1890 se despidió del toreo, matando en Madrid mano a mano con “Lagartijillo”, a quien daba la alternativa, seis “pavos” de Veragua, por cierto entusiasmando al público al estoquear uno tan admirablemente como en sus mejores tiempos mozos”



"Don Ventura", en el número 2 de la colección "Grana y oro", titulado "La Tauromaquia en el siglo XIX", escribe:



"(Pgs. 81 a 83)…….Frascuelo llegó a la cumbre rápidamente a fuerza de brío, afición, amor propio, valor y vergüenza profesional; llegó por imperativo de su voluntad férrea, nunca enervada ni desfallecida; la sangre y los nervios, obrando sobre él, convertían a veces su valor en temeridad, y exacerbado su pundonor, le arrastraba éste a extremos desagradables; terribles sufrimientos morales y físicos -¡cuántas inquietudes interiores y cuántas cornadas! –fueron aplacando aquel agitado temperamento, pero sin que nunca dejara de revelar éste un hervor de vida propio de los obstinados; cuando llegó a la meta, se mantuvo allí sin retroceder ni un milímetro; trabajó en los últimos años con tanto o más empeño que cuando empezó, con igual deseo y sin reservarse nada; en fin: todo lo que en práctica del toreo supone el esforzado ánimo, tanto en concepto de virtud física como de excelencia del alma, está simbolizado en Frascuelo. Hoy, que de tanto estilizar aquél le estamos arrebatando sus fuertes esencias para convertirlo en algo ingrávido y etéreo, no es fácil hacerse idea de lo que fue el torero de Churriana………..En su competencia con Lagartijo, todas las ventajas estaban a favor de éste, empezando por el pergeño físico, por la disposición exterior, que era en él todo armonía. Frascuelo, en cambio, era “corto de busto y largo de extremidades inferiores, un poco zambo de la pierna derecha, enjuto de carnes y excesivamente moreno de color”, y, contrastando con la ductilidad de Lagartijo, el cuerpo de Salvador tenía “una rigidez de acero que dejaba adivinar la consistencia y el poder de su terrible musculatura” (Lo entrecomillado pertenece al libro de Peña y Goñi Lagartijo y Frascuelo y su tiempo.)………..Fue un matador asombroso. Como necesitaba que los toros hicieran por él, sus estocadas eran arrancando (¡qué lejos de aquel volapié de Costillares!), casi a un tiempo, y en el formidable choque del hombre y el toro había una emoción suprema que hacía sacudir la sensibilidad del más refractario a toda agitación del ánimo………Sabido es que fue muy castigado por los toros, pues no bajan de quince los percances graves que de ellos recibió, y uno de los de más cuidado, la cornada que en Madrid le infirió el toro Peluquero, de don Antonio Hernández, el 13 de noviembre de 1887, cuya herida le hizo perder muchas facultades……….Mermadas éstas considerablemente, decidió retirarse; el 6 de octubre de 1889 alternó por última vez con Lagartijo en Madrid, y en 1890 solamente toreó una corrida, la de su despedida en la expresada capital, matando toros de Veragua con Lagartijillo, a quien aquella tarde concedió la alternativa. Guerrita, en el apogeo de su fama como matador de toros, actuó de banderillero en dicha fiesta, como homenaje a Salvador. Esta corrida se celebró el día 12 de mayo………..Murió en Madrid el día 8 de marzo de 1898 de una pulmonía……..Lagartijo fue expresamente desde Córdoba a presidir su entierro."



Juan Posada, torero y crítico taurino, escribe:

"Frascuelo aplicó el concepto antiguo, según el cual torear tenía como fin matar al toro rápidamente, dentro de la más pura fórmula. No ignoró el adorno artístico, en él mas bien expresión temeraria. Pero sólo al sentirse instigado por su máximo rival, Lagartijo..........................Contrapunto del Califa, Lagartijo, destacó por su brio, afición, amor propio, valor y vergüenza profesional. En una época en que se vislumbraba un cambio de gustos en el público, sus toscas formas chocaban con la exquisitez del cordobés. Muy castigado por los toros, llegó a la gente precisamente por el desprecio al peligro que demostraba cada tarde. Fue el último clásico, en el sentido más estricto. Sus partidarios, los aficionados más ortodoxos, se aferraban a su estilo, conscientes de que sería el último de los heroicos"

José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"En cuanto a Frascuelo, aunque su verdadero sostén estaba en el carácter, lo concibo como muy atenido a los rigores técnicos del toreo, sin las evasiones luminosas, y a veces también caprichosas, que debía de tener Lagartijo..............Por su contextura toda, pienso que Salvador Sánchez, el recio y combativo Frascuelo, debía de ser un torero de cambiado; y Rafael Molina, Lagartijo, entre escultórico y literario, un torero de natural, de la línea o cuerda natural del toreo"

"De Frascuelo poco puede decirse, puesto que poco nos han dicho. Y menos sus panegiristas, que parecían tener más ojos para Lagartijo, que para el toreo de Salvador. No lo reflejan, no lo describen, no parecen verlo. Casi solo ven las cualidades morales de su ídolo y casi solo eso cantan: el valor espartano, el carácter indomable, el amor propio, el pundonor..........Todo seguramente cierto, pero que no tiene nada que ver con el arte del toreo en sí; únicamente como supuestos para realizarlo. Pero de cómo lo realizaba, ninguna apreciación que realmente lo caracterice..............Solo hay ciertos análisis de su estocada. Pero son contradictorios, no solo ellos entre sí, sino con la realidad que reflejan las pocas fotografías de la época, donde Frascuelo está colocado al revés (o casi) de lo que cuentan sus devotos...............De modo que, con toda su fuerza, todo su ímpetu, toda su capacidad de llenar el cartel y la escena.....................Frascuelo no aparece más que como el contrapunto de Lagartijo"

El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, relata la siguiente anécdota, que dice mucho sobre la profesionalidad de Frascuelo:

"Reacios los matadores al orden de lidia impuesto por los ganaderos, recuerdo el siguiente incidente: Presenciaba Frascuelo el apartado de una corrida de ganado de la tierra. Eran todas reses grandes; pero una había que sobresalía de las demás, sobre todo de cabeza. Frascuelo comentó con el mayoral: "Este toro es poco parejo a los otros" Al contestarle éste: "¿A usted qué le importa, si no va para usted?" Se indignó Salvador, y dijo con forma destemplada: "Pues si no me lo echan a mí y de primero, no toreo". Frascuelo tuvo la satisfacción de conseguir sus deseos"


De Mariano de la Riestra, y extraído del mismo libro, son los siguientes comentarios sobre el toreo de Frascuelo:

"Son cualidades de primer orden de Frascuelo un gran valor y su amor propio, si bien aparece soberbio y sin saberse dominar cuando está desafortunado. Torea bien de capa, y, sobre todo, en los quites acude siempre con presteza y pisa terrenos inverosímiles. Con la muleta está bien, pero falto de elegancia. Son muy buenos los pases de pecho y los altos, apreciándose sin esfuerzo, que sólo persigue cuadrar para matar, que es su fuerte, y donde brilla ampliamente su temeridad; arranca muy cerca y derecho, un poco enfrontilado, es decir, más bien de cara que de perfil, con un valor inconmensurable, con la punta de la espada entre los cuernos; el brazo y la mano de la espada quedaban a la altura del centro del pecho, formando brazo y estoque una sola línea, y, muy despacio, y recreándose y dejándose ver se deja caer despacio y con empuje, saliendo muchas veces apurado, y algunas trompicado. Fue el diestro a quien le vi más veces matar recibiendo, aguantando ya un tiempo y ponía gran cuidado en herir por las agujas...............................Fue Frascuelo un torero de grandísima emoción; causaba verdadero pavor verle entrar a matar"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"Le basta un estoque -¿el primero del toreo?- para mantenerse a la par de Lagartijo. Toreando es corto. Banderillea al quiebro, en silla"


En el libro Adiós, Madrid, de Andrés de MiguelJosé Ramón Márquez, encuentro los siguientes párrafos:

"Salvador Sánchez, Frascuelo, es el arquetipo del torero de la época heroica. Es fama que nunca le volvió la cara a los toros, a los que mataba con mucha exposición y enterrando despacio la espada en el morrilo del animal. Ha pasado a la historia como un torero valiente, de concepto seco y factura poco elegante.............................Arrastraba a sus partidarios, entre los que se encuentran la primera generación de aficionados integristas y personajes públicos como Prim, Sagasta o Manuel Silvela, gracias tanto a su toreo poderoso y dominador como a su facilidad con el estoque. En la vida como en el toreo no pareció brillar por su faceta elegante, aunque no era raro verle en el Teatro Real, vestido con su traje corto con botonadura de brillantes. No era infrecuente verle acompañado por el que fue su banderillero y después infortunado matador, Ángel Pastor...............................Frascuelo, decididamente castizo, también tuvo sus éxitos entre las damas de la Corte y cuentan que se complacía en hacer concordar el color de su fajín y el del vestido con el que aparecía en el palco una Infanta.......................Aunque aquellas conquistas eran imprescindibles para la fama heroica de un torero, tanto como las cornadas o los actos de valor desmedido, Frascuelo ha pasado a la historia por su concepto serio del toreo y de la vida. Su retirada del toreo, verificada el 12 de mayo de 1889 con toros de Veragua, es comentada por los integristas de la época como un modelo de dignidad, especialmente en comparación con la de su contemporáneo, amigo y rival, Rafael Molina, Lagartijo............................en el fondo de la polémica resonaba la frase de Frascuelo: "Pobre Rafael, tantos años en esto y tener que acabar como empezamos, pasando la gorra por los pueblos" 


José Manuel Mójica Legarre escribe:

"Frascuelo dejó en herencia un decálogo de ética que todo el mundo taurino conoce como
LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE FRASCUELO
Primero: Amar a Paquiro sobre todas las coletas.
Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.
Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego.
Cuarto: Honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.
Quinto: No matar como Rafael el Gallo.
Sexto: No amolar tanto a los toros ni a los espectadores.
Séptimo: No hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.
Octavo: No decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.
Noveno: No desear la cupletista o súper-tanguista de tu prójimo.
Décimo: No codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda"





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