viernes, 4 de mayo de 2012

Miguel Báez, LITRI / JULIO APARICIO / VICTORIANO VALENCIA





Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:
Litri y Aparicio irrumpieron en la fiesta a poco de morir Manolete. Litri siguió como una sombra el toreo quietista y mayestático del califa cordobés. Aparicio fue un continuador de los grandes lidiadores y su toreo dominador entronca con el de su paisano Luis Miguel Dominguín. Ambos fueron pareja de moda y complementarios, tras la década de los cuarenta, dominada por el genio de Manolete. Aparicio y Litri se hacen con la voluntad de la masa ávida de ídolos. Fueron un auténtico fenómeno sociológico pero tenían ambos unas sólidas bases taurinas”
























Cite desde una legua
que el toro enrolla.
Ya lo tiene a la espalda.
Ya arde la gloria.

Corre, perrillo, ladra,
ládrale al Litri,
que también cortó un rabo
tríquilitráqueletriqui.

Tú cada vez más malva,
cielo de Huelva.
Juan Ramón y Platero
contigo sueñan.

Banderillas de fuego
prohibidas vuelan.
Por el cielo de "El Litri"
la pirotecnia.

Gerardo Diego. De Los cohetes del Litri. Del libro La suerte o la muerte.




"Por eso mi pareja con Aparicio cuajó tan bien, porque él era un torero fino, de arte, muy inteligente, y yo en cambio hacía un torero que buscaba la vibración del público"

                                                                                                                  Miguel Báez, Litri




Miguel Báez y Espuny, Litri nació en Gandía (Valencia) el 5 de octubre de 1930, aunque sus ascendientes son de Huelva y allí transcurrió su infancia. Es hijo del segundo matrimonio del gran estoqueador Miguel Báez  Quintero y hemanastro del valerosísimo Manuel Báez, víctima de los toros en Málaga, el 11 de febrero de 1926, que ostentaron el apodo de Litri.

Se dió a conocer a los dieciséis años en la dehesa del que fue matador de toros Paquito Casado, revelándose tan valeroso como sus antepasados.

Con su explosión como novillero en las Fallas de Valencia de 1949, consigue encaramarse, juntamente con Julio Aparicio, en la cima de la popularidad, superando a los matadores de toros.

Fueron unos años en que, tanto Aparicio como Litri, acaparaban las principales ferias  las principales plazas. Por otra parte Litri, en 1949, toreó la cifra de 114 novilladas, número éste no alcanzado entonces por ningún torero.

El contraste de estilo de los dos muchachos contribuyó mucho a una rivalidad más propagandística que real, pero que es evidente que sirvió para levantar la fiesta, que estaba desde 1947, fecha de la muerte de Manolete, un poco aletargada.

El aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe: "A Madrid llega por primera vez en la Feria de San Isidro de 1950, en dos novilladas de ruidoso éxito que forman parte del abono, y contribuyen a que el lleno fuera completo en las fiestas. Quiero destacar que las reses de sus dos tardes fueron limpias de tipo y más bien grandes. Su presentación constituyó un suceso que confirmó la propaganda de que vino precedido. Desde que abrió el capote en su primer novillo, las ovaciones apenas se interrumpieron; toreando por verónicas puso al público en pie. Con la muleta dio pases altos; a continuación se distanció de la res, citó de lejos, y aguantando la arrancada, ejecutó nueve pases naturales, dos de ello mirando a los tendidos; otros por delante y cinco naturales más rematados de rodillas y cogido a los pitones. Como mató pronto y bien -una estocada tendida entrando decorosamente en la suerte contraria- se llenó la plaza de pañuelos y de sombreros el ruedo, cortó las dos orejas y bisó la vuelta al ruedo. Litri estaba confirmando lo que la fama había pregonado. En su segundo, el resultado fue parigual, y lo acrecienta el día 20, saliendo de la plaza en hombros en unió de sus compañeros"

El 30 de mayo en Aranjuez se repite el éxito. El 10 de junio torea en Granada, en unión de Aparicio, novillos de Martinez Cuvero, con un enorme éxito por parte de los dos espadas.
Tomó la alternativa en Valencia el 12 de octubre de 1950, de manos de Joaquín Rodríguez Cagancho y en presencia de Julio Aparicio, que la había tomado en el toro anterior, estoqueando al toro Pendolito, de Antonio Urquijo.

Al terminar la temporada marcha a América, donde su actuación es sorprendentemente desigual: el 29 de octubre triunfa plenamente, cortando orejas y rabo. Días más tarde, el 3 de noviembre, en Perú, estuvo mal en el primero y mucho peor en el segundo, que volvió vivo al corral. En general, su cartel en América el primer año no llegó a mediano.

En su segundo viaje, y en la presentación en Colombia, corta dos orejas. Y sigue, acumulando éxitos en Bogotá, Caracas y Maracay, haciendo olvidar sus anteriores fracasos y ocupando el lugar que le corresponde por sus condiciones y valor.

Confirmó la alternativa en Madrid, el 17 de mayo de 1951, de manos de Pepe Luis Vázquez, quien le cede el toro Desagradecido, de Bohórquez, en presencia de Antonio Bienvenida. No se le dieron muy bien las cosas en su primer astado y, para colmo de males, Pepe Luis en el cuarto realizaría una faena memorable con el sobrero de Castillo de Higares, llamado Misionero; pero en el último toro, también un sobrero de Terrones, Litri consiguió levantarse de su misma derrota y hacer una valerosa faena, con lo cual su papel de triunfador quedó en su sitio.

Fue una temporada de éxitos continuos, destacando la corrida de Beneficencia madrileña, con Pepe Luis y Aparicio, en que realizó la mejor faena de su vida.

Se retiró por primera vez el 12 de octubre de 1952 en Valencia, dándole la alternativa al diestro que más seguía su escuela por aquellos días: Pedro Martínez Pedrés.

Vistió por última vez el traje de luces, el 26 de septiembre de 1987 en Nimes, con motivo de la alternativa de su hijo Miguel, de la que fue padrino.


El propio Miguel Baéz habla sobre su famoso "litrazo":

"El litrazo me salió por casualidad. Nunca lo había pensado, ni entrenado. Pero una tarde de mucho viento en Cádiz, el aire me echó la muleta detrás, el toro se arrancó desde lejos, le aguanté, le saqué la muleta a tiempo y ahí nació ese pase, que en seguida se hizo muy popular y fue la prensa la que lo llamó "litrazo". Tenía que hacerlo todas las tardes. Al hacerlo, ponía al toro de lejos y yo me iba justo al tercio contrario. Claro, que la distancia la medía según las condiciones de la embestida. El cite lo hacía con la muleta a la espalda y así aguantaba toda la arrancada, hasta que lo tenía a unos tres metros, entonces sacaba la muleta"


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pgs. 72 y 97-98, escribe:

"De novillero, en 1949, alcanzó una cifra de corridas toreadas en una campaña no lograda por nadie. Redondeó la cifra de 114 novilladas. Juan Belmonte sumó un año 109 corridas de toros…………Litri III de su dinastía –porque otros Litris hubo muchos-, de valor extraordinario, con personalidad, ajeno al análisis de su toreo por un aficionado que quiera sujetar sus maneras a las de otras grandes figuras de la Historia, está en posesión de la masa, como lo estuvo Manuel Rodríguez (Manolete)……….¿Quiénes tendrán razón en algunos casos, la masa o los selectos?..........Es cuanto se puede decir de Litri hasta esa fecha. Con mi deseo de que limpie sus faenas de la escoria de lo superfluo, y de que su corazón, su valor sereno, le permitan emplearse a fondo en el buen arte, a gusto también de los selectos. (……........) Indiscutible el valor y la personalidad del hombre, del muchacho. Mucho hervor de discusiones respecto a sus méritos toreros. Torero de masas; torero -¿torero?- inadmisible para los aficionados. Sus momentos de triunfos mayores, aquellos en los que no torea. Algo así como el fray Gerundio de Campazas, el que arrojó los libros y se hizo predicador. Litri, para triunfar muchas tardes, ha de arrojar, como el fray los libros, la muleta, el estoque y otras prendas que le resultan inservibles, lejos de sí, para arrodillarse dándole la espalda al toro……, si es toro………Pero el Litri es simpático, sencillo, con aspecto de predestinado, y es el torero que, en la hora actual, apasiona y lleva gente a las plazas. La verdad es esta y yo la sirvo objetivamente……..Confirmó la alternativa en Madrid el día 17 de mayo de 1951, de manos de Pepe Luis Vázquez, en presencia de Antonio Bienvenida y con un toro de Bohórquez………..Desde su actuación en Logroño, el 22 de Septiembre de ese mismo año, cansado, “atorado”, cómodo, dio por terminada su temporada. Con muchos comentarios en torno y hasta afirmaciones de que no se volvería a vestir de torero. Cosa no confirmada, pues toreó en Méjico y en España comenzó su siguiente campaña………Tal es la situación de Litri en los momentos actuales, con afirmaciones y negaciones para todos los gustos. Pero Miguel Báez tiene peñas y clubs, tiene pasodobles, y tiene chistes y alusiones en revistas y zarzuelas. Ese es el caso; aunque en muchas ocasiones sea deplorable caso. "

Néstor Luján escribe:

"El fenómeno del Litri fue uno de los casos más peregrinos de la historia del toreo; representa el torero que aprendió a torear y a dominar desahogadamente los recursos técnicos de su arte en el momento que se retiró.............Litri, invulnerable a infinidad de cogidas, gracias a que los toros eran cuidadosamente escogidos por su empresario José Flores, Camará,.................tuvo aquel estoicismo lúgubre, aquella tozuda decisión familiar de su estirpe de místico de una sombría secta del valor. Melancólico, desgarbado y feo, pasó por las plazas como un chiflado del arrojo más triste que pueda imaginarse, pero tuvo el don de enervar a las plazas, y el valor de aguantar a los toros con una decisión inerme y sonambúlica. Sus pases eran pocos: conseguía el primer natural con la izquierda de una serie, arrancando el toro de quince o veinte metros; lo daba con una serenidad pasmosa, sin que luego aguantara el resto de pases de la tanda. Su toreo con la capa a la verónica era ajado, sus quites muy escasos, porque habitualmente toreaba toros de uno o dos puyazos. Cuando comenzó, en 1949, mataba de un modo impresionante, con estocadas vibrantes y seguras; luego mató más mecánicamente"

Cossío escribe:

"Desde sus primeras actuaciones en los ruedos ha dado muestras Litri de una muy peculiar personalidad y su forma de realizar el toreo halla emocionado eco en los tendidos. Carece de un estilo depurado y no es diestro en el manejo del capote. Con la muleta su repertorio es reducido y la ejecución de los pases no es perfecta. Toda la fuerza de su éxito se base en la emotividad de que está saturado cuanto en el ruedo realiza, en la impasibilidad absoluta con que aguarda la embestida de la res"



César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"El Litri pertenece en cuerpo y alma a la Huelva de su dinastía torera, de que es el tercero, descontado el abuelo, de otro apodo y nimia entidad. Dinastía sin escuela. Pues hay familias toreras que jamás la han tenido...............Su abuelo nulo, su padre torpe, cosido a cornadas, y su hermano victimado, el Litri de la tercera generación, "cachorro de una rehala de bravos, duros de boca", entra en la profesión de sus mayores con su distintivo principal: el valor y, por lo tanto, "espada en mano". Ha visto poco: a Diego Laínez, torero local, desengañado y marchito; a Manolete -¡con lo que las manoletinas mirando el tendido supondrán en su peculiar repertorio!- tan sólo en el cine; en un Nodo. Mas ahora pasará el invierno del cuarenta y ocho al cuarenta y nueve de sol a sol atado al codo de Manolo González; de un toreo tallado de artista, ducho en las faenas del campo y de la plaza..................Desde luego que no podrá inspirarse en él. Que -antípodas- no intentará seguir su norma ni copiar su estilo.......................Ocurre además que por el ancho campo andaluz desfila lo más granado de la torería, y que el Litri trata de cerca y ve cómo pajean y oye cuál se explican los jerarcas del arte. De modo que, a diferencia de sus antepasados, aprende, aprende, aprende. Y cuando va a comenzar sabe lo que le conviene saber"

"Hallo que no es el torero inhábil, torpe y arrojado, "héroe a la fuerza", tradicional de su raza. Ni tampoco un clásico; ni menos lo que se dice un estilista. Pero que centra los toros y les despide por delante del pecho con más arrogancia que lentitud. Que arbitrario y audaz, no se acopla al toreo elaborado al ritmo de los toros templados, sino que impertérrito, inmutable, prefiere los briosos, alegres y vivaces, arrancados a todo su sensacional galope, para recibirlos y anudárselos como se ciñen y anudan las vueltas de la faja.................Toreo pues, de acento heroico en contraste con el de los maestros del día, más influidos del perfil de Manolete que de su imponente hacer.....................Los desplantes litrescos -arrodillarse y tirar la muleta y estoque, mirar al tendido- son chocarreros. Mas hilvanados entre el cocer de la multitud, los empalma sin tiempo al refresco ni al análisis, yéndose a matar tras de la espada.....................Decimos irse detrás de la espada...............a una vez engendrada la suerte, emprendido el arriscado viaje, acompañar hasta la reunión y hundimiento a la espada y no pararse en medio del camino para impulsarla haciendo arco del brazo -trampa en boga- como se lanza un dardo o un venablo. El ataque del Litri, iniciado con el paso atrás y seguido rauda y rectamente, es un vestigio del de Machaquito.....................Esto del tino en matar ya lo había yo colegido del hojeo de las críticas. Me había percatado de la ley de la herencia; de que el Litri, por atavismo, le daba al estoque el rumbo familiar. "En cuanto maté los primeros novillos -dice- me di cuenta de que encontraba fácil y de mi agrado la suerte"

Luis Bollaín, en su libro Litri no, Aparicio sí, escribe:

"Litri era un pobre hombre que no sabía por dónde se andaba, pero que llegaba a los públicos y les hacía vibrar. ¿Sería por no respirar desde que citaba de lejos hasta que el toro llegaba? El público mantenía también la respiración. La angustía crecía. Luego el pase ceñido, el torero ileso y el suspiro de alivio. Tiene una cosa en común con Manolete: no se reserva en ninguna plaza, la entrega es siempre absoluta y el valor a toda prueba. Si Manolete miraba al tendido en alguna manoletina, Litri dirige sus ojos a los espacios siderales. No despega el codo, ni templa, pero liga sin enmendarse.................Es un torero que ha suprimido los tres tiempos del pase: parar, templar y mandar. Lo que sucede es lo contrario del toreo. Pero el toro va y viene, la faena continúa y el público está en pie gritando"


Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"Tal vez se le pudiera poner como defecto que el pase con la izquierda fuera más una sacudida que "un parar, templar y mandar", pero no cabe duda que aquello resultaba vistoso y emocionante...............En otoño de 1951 marchó a México con gran aparato de propaganda, presentándolo como una nueva encarnación de Manolete, el ídolo azteca, y está fue la equivocación. Se le hizo parar en la misma habitación del Hotel Reforma de Méjico y su presentación fue el mismo día que la del cordobés. El resultado de esta corrida fue malo, más que por los toros o por la actuación del muchacho, porque se le quiso igualar con Manolete y esa comparación no podía resistirla...............En 1955, no encontrando en su vida algo que le llenase más que su profesión, reapareció triunfalmente...............Tal vez para la masa su quehacer fuera menos espectacular, pero para el verdadero aficionado se le advirtió un reposo y una cadencia que no tenía antes...............Recuerdo como memorable una faena en Puerto de Santa María a un toro colorao de Domecq, llena de emoción y sobre todo de pases naturales perfectos................Reapareció en 1964, sin los alocados alardes novilleriles de sus primeras temporadas, pero también sin el estilismo y la perfección de su primera reaparición"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



“Miguel Báez, Litri. Es hijo y hermano de toreros. Su padre se casó en segundas nupcias con la novia de su hijo Manuel, muerto en la plaza de toros de Málaga en 1926……………..Poco a poco su toreo emotivo, de una inmovilidad absoluta, se va depurando hacia un estilo más clásico pero que no pierde en espectacularidad………….Litri ha sido un torero de valor estoico, de extraña personalidad. Un torero de gran patetismo. Gran conocedor de los toros. Asombró a los públicos con sus citas a larga distancia, de punta a punta de la plaza, para vaciar, con indescriptible emoción, las embestidas de los toros, mientra miraba de reojo al tendido. Un torero temerario, tremendo, mal llamado tremendista. Toreó en Madrid 23 corridas, cortó 32 orejas y salio siete veces por al puerta grande”




El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Litri, sin recursos técnicos relevantes y desprovisto de dotes artísticas, puso de moda el "tremendismo". Su toreo eléctrico, fundamentando en el cite a 20 metros del toro, al que aguardaba, sin moverse, para desviarlo en el último momento con una breve incitación de la muleta, presuponía una sangre fría a toda prueba, enormemente efectista cara al público. Abucheado y ridiculizado, a veces, por los espectadores, sobre todo después de las demostraciones de clasicismo de sus compañeros, Miguel Báez sabía volver del revés la grada más adversa en cuatro o cinco minutos de delirio"



El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Es justo reconocer que en los últimos años ha sido el torero que más interés ha despertado en el público. En unión de Aparicio ha llenado las plazas en las temporadas de 1949-50, siendo la salvación de más de una Empresa.........................No me sorprendió su valor; sus familiares fueron valientes en grado sumo. Sí me sorprendió que no fuese sólo denuedo lo que trajo a la fiesta; es un buen torero con el capote, supera la cualidad con la muleta, tiene vista extraordinaria, y como su bizarría le permite torear serena y sosegadamente, deja llegar al toro y mete y saca la muleta cuando debe y sin precipitaciones; lleva al toro muy toreado y templa como el primero. Los que no puedo admitirle son los desplantes de valor en arrodillamientos y otros alardes, fuera de lugar en un diestro como él, y  que sólo pueden justificar el mal gusto de muchos espectadores. Con la espada, como es decidido. cobra buenos estoconazos, resultando matador firme y seguro.....................Lamenté su retirada, pues creo que pudo haber sido algo extraordinario en su estilo, y aun habría llegado a ser torero largo"

Juan Posada escribe:

"El único torero que soportó firme su estilo amanoletado fue Litri.................Caso curioso, a Litri le admitían los públicos sus interminables tandas de manoletinas.Triunfaba con ellas. A los demás, cuando pretendían enderezar una faena de baja calidad con ese adorno, les llovían los pitos. Los espectadores de entonces tenían cualificado a cada cual. No permitían que nadie se saliera de sus formas. Por eso, todos mantenían su personalidad en el ruedo"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"El litrazo era la emoción al galope de un cite a gran distancia, el estoicismo de una muleta escondida detrás de piernas firmes, de endeble apariencia, el muletazo, relámpago salvador, sacado al borde de la cogida; un pase natural al valor natural; Litri, inmóvil, de novillero, flor de la torería.............El litrazo fue una emoción con estirpe, hermana del luto. El dolor humano del toreo sacado a la luz, dolor de la fiesta tremenda; un acento que crea época"


Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Un admirador incondicional de Manuel Rodríguez Manolete fue Miguel Báez Litri. Al repasar sus actuaciones comprobamos que la influencia de Manolete en Litri fue muy importante. Ahora, Litri no fue jamás un imitador servil de Manolete..............Litri tuvo su propia personalidad, muy acusada por cierto................Litri formó junto a Aparicio la pareja novilleril más famosa de todos los tiempos. Después Litri estuvo en figura durante toda su trayectoría. Y era un torero malísimo, pero tenía una casta desbordante. Litri ha sido un caso de valor y pundonor toreros...............¿Y cómo toreaba Litri? Pues horrorosamente, para qué vamos a decir otra cosa. Codilleaba constantemente y no tenía el menor mando en las embestidas. Todo era una sucesión de pases enganchados. Eso sí: más quieto que un poste de la luz. Aguantaba lo indecible. Sus inicios de faena electrizaban a los públicos. Estoy hablando del famoso "litrazo". Impávidamente dejaba que el toro se le viniera desde más de veinte metros. Cuando ya estaba a punto de cogerle, Litri sacaba la muleta de la espalda y el toro pasaba sin tocarle. Así tres, cuatro, cinco veces. Después, la sucesión de enganchones ante un Litri imperturbable. A la gente ya le daba igual todo. Estaba embalada desde los "litrazos". Mataba de cualquier manera y, ¡hala!, por la puerta grande.............Todo lo dicho sobre el Litri está referido a su etapa épica, la de los años cincuenta. Después, durante los sesenta, se pudo ver a un Litri de más oficio y mejor toreo. Pero ya no llegaba tanto a la gente. He aquí la desdicha de los valerosos exhibicionistas del valor: cuando aprender a torear ya no interesan tanto al público..............Y la razón debe ser que cuando saben torear se exponen menos, hay menos riesgo y el público, por tanto, siente menos emoción"

Benjamín Bentura "Barico" vio así su presentación en Madrid, el 18 de mayo de 1950:

"¿Qué hizo? Lo que hacen todos, pero de modo muy distinto a como lo ejecutan los demás. Torear por alto, en redondo y por naturales, de pecho y manoletinas. Sus muletazos "saben" a otra cosa que los de los otros toreros. Litri no admite que el toro tiene su terreno. Todos los terrenos, según Miguel Báez lo entiende, son del matador y, en consecuencia, a cada muletazo ha de ceder terreno la res para que el espada toree donde quiera y al ritmo que quiera Litri. El toreo de Miguel Báez no se presta al análisis objetivo, porque apasiona profundamente. Litri es torero de multitudes enfervorizadas"



Barico vuelve a ser testigo de la actuación de Litri en Madrid el 20 de mayo del mismo año: "Litri arrasa todo lo que tiene por delante...............es la riada estrepitosa y brutal que nada respeta y que conmueve a todos......................Puesto a rebuscar defectos en su toreo, yo apuntaría su manía de ejecutar muletazos mirando al público......................Yo quisiera protestar contra esa manera de hacer el toreo, pero mi estado emocional me lo impide"
























¿Vuelve el toreo a su quicio
porque apareció Aparicio?
..........................................
Cuando Aparicio aparece
¿vuelve el toreo a sus trece,
..........................................
Yo os diré lo que vi
sin mentir ni un alhelí.

El toro, quieras que no,
hincó el pico y le siguió

porque le hizo entrar en juicio
el capote de Aparicio,
.........................
Y no quedaba intersticio
entre el toro y Aparicio.

Gerardo Diego. Aleluyas de Aparicio. Del libro La suerte o la muerte





Julio Aparicio Martínez, hijo del también lidiador Julio Aparicio y Nieto, nació en Madrid el 13 de febrero de 1932.

A los once años, con vocación decidida, prueba su valor en una tienta de becerras de don Fermín Sanz, a la que asisten su padre y el banderillero Pinturas. Las fotografías de su labor son conocidas por Manolete, que decide verle, y le regala una muleta. Tres años más tarde, en el tentadero del ganadero Atanasio Fernández, Manolete le invita a que toree la primera vaquilla con la muleta regalada; el niño causa una gran impresión, haciéndose lenguas Manolete, que le predice que "será en el toreo lo que quiera"

Como novillero puntero, juntamente con Miguel Báez Litri, llenaron una época del toreo llamada la "época de las novilladas". Los carteles de las principales ferias en las temporadas de 1949 y 1950, estuvieron montados prácticamente sobre la base de aquellos dos muchachos que hacían llenar las plazas, agotar las localidades y dar de nuevo calor a la fiesta.

Ya vistiendo traje de luces, torea el 4 y el 20 de mayo de 1948 en Puertollano y Barcelona, respectivamente. Se presenta en Madrid el 18 de julio de 1949, con novillos de Antonio Pérez, y al domingo siguiente con Galaches, cortando las dos orejas a los de la primera tarde, y repitiendo el éxito en la segunda y consagrándose como figura.

En 1950, en la Feria de San Isidro, interviene en dos novilladas, la segunda con Litri, y en ambas reanuda sus triunfos. El 10 de junio, en Granada, con novillos de Martínez Cubero, en mano a mano con Litri, el éxito de los dos toreros tuvo caracteres de apoteosis.

Tomó la alternativa en Valencia, el 12 de octubre de 1950 con su inseparable compañero Litri, que también se doctoraba, de manos de Joaquín Rodríguez Cagancho, estoqueando a Farruquero, de Antonio Urquijo. Hubo de repetirse el sorteo, que ya se había llevado a cabo con Machaquito y Lagartijo, para señalar la prioridad, que correspondió a Aparicio. Los toros de Urquijo fueron grandes y le proporcionaron un éxito más que añadir a la serie, que renueva al día siguente en Zaragoza con reses de Antonio Pérez y acompañado por Luis Miguel y Manuel González.

Va a América en unión de Litri, realizando una gran campaña. En Lima se le otorga el Escapulario de Oro, que se concede a mejor espada en la Feria del Santo Cristo de los Milagros.

Confirmó la alternativa en Madrid el 19 de mayo de 1951, de manos de Manolo González, que le cedió la muerte de Cachifo, también de Antonio Urquijo y actuando Litri de testigo.

Se retiró del toreo en la Monumental de Barcelona el 24 de agosto de 1969. Recibió la Gran Cruz de Beneficencia por sus múltiples actuaciones desinterasadas, con fines humanitarios.




"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de  la colección Grana y Oro, pgs. 71 y 72 y 96, escribe:

_"Julio Aparicio, con las mejores condiciones para triunfar, si el corazón le permite dar medio paso hacia delante……………En formación como matador de toros, con los titubeos propios de casi todos los que llegan a la alternativa, pues la excepción fueron Joselito y Domingo Ortega, no hay por qué juzgarle de una manera definitiva y precipitada ante los altibajos y baches de la temporada de 1951, en la que ha toreado mucho………….Ahora, terminada la primera campaña seria, esperamos.(…….......) La temporada de 1951, por el número de corridas toreadas, fue una buena campaña. Por el resultado artístico, de regular para abajo. Y fue hacia abajo desde el regular por la decepción sufrida por los aficionados al no ver desarrolladas las posibilidades de gran figura que se le supusieron en las primeras temporadas de becerrista o novillero……..Como su apoderado, el prepotente Camará, al parecer no le atendía como él quería, Aparicio prescindió de sus servicios mediada la temporada………Confirmó la alternativa en Madrid el día 19 de mayo, con un toro de Urquijo. Manolo González fue el padrino, y Litri, el testigo."





Néstor Luján, en su Historia del Toreo, escribe:

 "El caso de Julio Aparicio es un problema distinto del de Litri. Cuando apareció, era un torero de imaginación, dominio y elegancia..............Muerto Manolete, el joven torero madrileño era una esperanza segura: semejaba enormemente a su maestro y parecia tener más imaginación, era más fastuoso quizá, aunque menos emotivo.............parecía poder torear eternamente sin cansar ni repetirse. Cuando Camará formó la joven pareja de novilleros Aparicio y Litri, le hizo al madrileño un daño irreparable. Aparicio vió como Litri triunfaba tarde tras tarde con bagaje técnico muy indigente, con su pura presencia, desolada y pasional, y el toreo de Aparicio, nacido para ser impecable y de larga fantasía, empezó a resquebrajarse y a someterse a desordenadas rachas emocionales.....................Su arte se ha ido retorciendo, y Aparicio se ha convertido en un torero ampuloso y barroco, dominador y voluntarioso que obtiene éxitos superficiales de entusiasmo, que prodiga el desplante y el gesto arrebatado.................Se ha vuelto más reflexivo, con menor voluntad de éxito y con una maestría algo abúlica que, cuando no estalla en una cada vez más rara explosión barroca, siempre deja un regusto de insatisfacción"

Cossio escribe:

"Pocos toreros habrán cuajado su personalidad desde los primeros capotazos que dieran a las becerras de tientas como Julio Aparicio. Su orientación hacia el toreo eficaz y dominador se perfila inmediatamente; su carácter y su valor se ponen a prueba en los toros que menos prometen por sus condiciones de lidia. Julio Aparicio se crece y encorajina en tales trances haciendo llegar al público la emoción. Torea académicamente muy bien, pero en los toros que a tal lidia se prestan, su personalidad es menos interesante. Es menos austero y sobrio que los toreros típicamente castellanos, y naturalmente no tiene la gracia de los andaluces. Por ello, su personalidad tiene más interés en los trances forzados. Es muy fácil toreando, pero sin que tal facilidad reste atractivo a su toreo, como es tan frecuente..............Torero dominador, pundonoroso, de maneras sobrias y de muy buen gusto, fácil con el estoque (nunca escuchó un aviso presidencial), ocupó durante más de veinte años un muy destacado puesto en la torería"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

 "¿Qué aporta Julio Aparicio al toreo de su tiempo? Personalidad, eficacia, dominio, buena dirección de lidia, "largura", academicismo, "raptos" de encorajinamiento en momentos insospechados de la faena de muleta que provocan emoción en los graderíos. Facilidad con la espada (Nunca recibió un solo aviso del presidente)................Los aficionados coinciden en considerarlo "temperamental", hombre de genio y variaciones de humor o talante durante la lidia de un mismo toro. Sureda, que le ha censurado tanto, reconoce que es el mejor de su tiempo. Julio "toreaba estupendamente, mientras el otro dejaba pasar el novillo, ofreciéndole el angustioso cebo de su frágil cuerpo". Sureda subraya que "el otro", es decir, Litri, era mucho más taquillero. Julio, en el platillo de las aportaciones positivas, trae un estilo de altísima pureza, resucita el pase de pecho con la derecha, reinstaura el buen toreo por la cara, artístico y lidiador en una pieza, usa las telas con inteligencia, bregando muy bien con el capote. Alarga y agranda el pase de pecho con la izquierda, con el compás muy abierto. Acompaña mucho con el cuerpo el viaje del toro. Algunos de estos detalles bastan para comprender la innovación frente al "manoletismo" imperante"


César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"Alejado explicablemente del mundo de los toros (había sido el apoderado del recién fallecido Manolete), cierto día de mayo de 1948 Camará se rinde a las porfiadas solicitudes de la familia de Julito Aparicio y se hace cargo del apoderamiento. Le había visto torear -de pantalón corto aún- en una tienta de la vacada de don Juan Cobaleda en que tomaba parte Manolete. Buen tipo -espigado-, finas maneras, desenvoltura, airecillo andaluz, el chaval madrileño le agradó entonces y, novillero ya, ha logrado algo más que agradarle a Camará.........................Circunstancialmente combinado en gran número de los ciento quince programas del Litri -puesto que él contrata por su cuenta más de setenta novilladas-, Julio Aparicio, mejor torero y peor espada, se le une en el éxito. Andan juntos pero no revueltos........................Bajo la égida de Camará ha crecido, física y artistícamente, Julio Aparicio. Se ha hecho un torero. De buena figura, de buen estilo, sabe lo que los largos y aprieta lo que los cortos. Tiene elasticidad y fibra. Algo del juicio y algo del diamante. Camára lo disponía a la alternativa cuando la formidable coyuntura de este Litri que se le entra por las puertas lo disuade. Será más positivo que, emparejados -revueltos ahora-, prolonguen otro año la cosecha novillera, para ellos igual de próvida en el fruto y menor en riesgos y responsabilidades. Y he aquí cómo, con la colaboración del azar -eximio ayudante de las grandes ideas-, obtienen Aparicio y Litri el insólito botín que les hace ricos y famosos antes de ser toreros; a lo menos, dentro del concepto clásico que entiende por toreros a los diestros de alternativa"

Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"Una tarde calurosa del mes de julio sevillano de 1949, se presenta un novillero madrileño llamado Julio Aparicio, que ha triunfado el 19 de junio en Las Ventas de una manera colosal..................Contra el parecer de muchos escépticos anticipados, fue una realidad, una espléndida realidad, que llegó a su momento clave cuando Aparicio inició la faena de su segundo novillo con unos ayudados rodilla en tierra que provocaron verdaderos alaridos en la multitud....................Una crónica de don Manuel Murga en El Correo de Andalucía se titulaba "No hace falta volverlo a ver", dando a entender la sagaz pluma del crítico sevillano que bastaba haber contemplado aquella actuación de Julio Aparicio para calificarla con la nota máxima en tauromaquia..................Era un torero de marcado estilo clásico -del que únicamente desmerecía su excesivo retorcimiento en ciertos pases-, que lidiaba y toreaba casi todos los novillos que salían por los chiqueros...............De la experta mano de don José Flores Camará, Julio llevó a las plazas una categoría y un estilo muy depurado, con el defecto ya señalado...................Se retiró en 1962, volviendo después en 1965, con más maestría aún, pero ya muy desmesurado su amaneramiento en casi todas las suertes..................1969 fue la última temporada en la que actuó, y yo vi la crueldad con que el público madrileño le trató en la tarde de la despedida de sus paisanos; crueldad que, independientemente de todos los gustos, no merecía un torero de cuerpo entero, que fue por todos los ruedos de España y de América sembrando de triunfos su paso por los mismos"



El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Julio Aparicio es la encarnación del diestro "científico", capaz de someter los toros más difíciles y de imprimir, sobre todo en sus grandes faenas, un ritmo majestuoso, en particular cuando Julio encadenaba las suertes de su "tres en uno", pase de su invención, encadenamiento sugestivo de tres pases diferentes. Orgulloso, Aparicio tenía además mal carácter, hasta el punto de dirigirse al público con gestos poco corteses, que eran correspondidos con tremendas broncas; pero, enamorado de su oficio, terminaba por triunfar, un día u otro, en todas las plazas de España y Francia, a lo largo de las 600 corridas de una carrera que se prolongó hasta 1969"


El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Es indudable que desde muy joven impresionó por los conocimientos que demostraba, impropios de su edad. Todavía novillero, se impone a la cuadrilla y manda acertadamente en la plaza; dirige correctamente la lidia y se le respeta por su saber. Torea con perfección de capa y de muleta; con ésta, lo mejor los naturales de pecho. No le he visto banderillear; pero lo hará y bien si se lo propone. Con la espada es, como todos, vulgar. Me recuerda algo a Joselito, si bien empezó con más figura que aquél, pero no con igual afición e índole. Tuvo la suerte de encontrar un rival en Litri; la diferencia de estilos trajo la competencia, hoy inexistente por la retirada de su antagonista y por la dificultad de encontrar otro capaz de mantenerla. Creo que Julio, sin oposición visible, está estancado, que adelantará poco, y que para llegar a los mejores, le falta aún mucho. Torea cómodamente cuando quiere o le aconsejan, y estimo que no continuará los años que necesitaría para poder elevarse hasta las auténticas figuras"



Carlos Abella escribe:

"Julio Aparicio nunca escuchó un aviso, hecho que avala su maestría. En su tiempo, me ha reconocido Aparicio, el toro no se dejaba sobar: había que torearle y hacerlo con arte, y si no se dejaba había que poderle, macheteádole por bajo, adornándose con torería y a matar. Solo la degeneración del toro de lidia ha permitido la creación de una faena de probaturas, de intentos, de amagos, que solo a fuerza de insistir acaba teniendo una última serie lucida, que es la que otorga la credencial del poderío"


Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Julio Aparicio se consolida como un consumado lidiador y se mantiene en activo, entre los mejores, hasta 1962. No consigue entrar en Sevilla y en Madrid se le discute, aunque logra enormes faenas……….Toreó en Madrid 51 tardes, cortó 22 orejas y salió siete veces por la puerta grande”



El escritor peruano Luis F. Odría, en su libro El arte del toreo y los secretos de la lidia, escribe:


“Hay toreros que no saben lidiar…………Pero hay otros que saben y descuidan la lidia, lo que es incomprensible. Uno de estos toreros, que saben y se descuidan, era Julio Aparicio, que debía lidiar todos los toros, porque era de los pocos que tenían el toreo en la cabeza. Julio Aparicio era la continuación de Marcial Lalanda, era su heredero, con todas sus excelencias y todos sus defectos. ¿Excelencias? Que sabía en todo momento lo que había que hacerle al toro. ¿Defectos? Que forzaba el toreo y lo retorcía, muchas veces innecesariamente, lo que le quitaba gracia; porque parece que todo salía trabajosamente. Acepto forzar el toreo en aquellos toros de mucho instinto defensivo que no se dejan torear. Pero no hacer de la excepción un hábito. Hago estas observaciones porque también se las hacía al “joven maestro”, porque insisto, en que para mí, el “joven maestro”, un poco nervioso, era Aparicio. Otra de las cosas que no tenía Aparicio, era el dominio de sí mismo, que si a todos nos es necesario, al torero le es indispensable”


   
Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Julio Aparicio fue junto a Miguel Báez Litri el novillero de mayor éxito de la historia del toreo. Ambos formaron una pareja novillerirl que durante los años 1949 y 1950 acapararon la atención de todos, hasta el punto de que los matadores de toros dejaron de interesar al público..............Cagancho les dío la alternativa el Día de la Raza de 1950 en un ambiente de extraordinaria expectación..................La razón del éxito de esta pareja novilleril fue lo distintos que eran sus protagonistas. Al tremendismo, valor exacerbado y toscas maneras de Litri, se oponía la inteligencia y las maneras más o menos clásicas de Julio Aparicio..................Fue un torero de buen oficio y clara inteligencia. Un torero poderoso y de muletazos largos. Estaba dentro de esa tendencia neoclásica de la que estamos hablando, pero no fue, ni mucho menos, su intérprete más depurado. Aparicio se mantuvo en figura por su raza y su capacidad, más que por su clase. Pero ocupó un puesto importante en la fiesta de los años cincuenta"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"La manoletina contraria, con el antecedente de un primer esbozo de Carlos Arruza, fue prodigada por Julio Aparicio frente al tremendismo de Litri. Valencia, Sevilla, Madrid, primavera de los años cincuenta, cuando más se toreaba bajo la sombra de Manolete, el recuerdo de su pase de adorno, con la variación madrileña de darlo sobre el pitón contrario, con renuncia de mando"

El propio maestro, una vez retirado, comenta:

"Litri representaba el valor; yo, la técnica. Siempre fui un torero tranquilo. Me vestía de luces con mucha serenidad"













Cossío, en su obra Los Toros, escribe:

"Matador de toros nacido en Madrid el 30 de mayo de 1933, es nieto del que fue banderillero de la cuadrilla del Espartero, José Roger; sobrino de los matadores de toros José y Victoriano Roger Serrano (Valencia I y Valencia II) y primo del también matador de toros José Roger Martín (Valencia III)..............El 8 de marzo de 1953 torea en Calatayud su primera novillada con picadores. Se presenta en la plaza Monumental de Madrid el 1 de julio, estoqueando novillos de Escudero Calvo Hermanos.........Los aficionados vieron en Valencia un artista cuajado en posesión de un estilo clásico. Tomó la alternativa el 27 de julio de 1958 en la plaza de Barcelona. Fue padrino Antonio Bienvenida y tercer espada Antonio Ordóñez.......A los pocos días, el 15 de agosto, y en la misma plaza, un toro de G. Pérez Tabernero le dio una grave cornada en el muslo derecho..........El 14 de mayo de 1959 tuvo lugar la confirmación de la alternativa en Madrid con toros de Atanasio Fernández........Vistió su último traje de luces el 24 de septiembre de 1971, en Ibiza...........De su paso por los ruedos quedan, con caracteres imborrables, unas cuantas faenas de muleta de calidad excepcionalo, ya que, en tales ocasiones, interpretaba el toreo como sólo pueden hacerlo los elegidos."




2 comentarios:

  1. Me gustaría contactar con el responsable del blog para un intercambio fotográfico. Somos el gabinete de documnetación de Aplausos. Puede ponerse en contacto en redaccion@aplausos.es

    Un saludo y gracias

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    1. Me he dirigido ya a vosotros pero la verdad es que no estoy seguro que os hayan llegado mis mensajes.

      Mi dirección es manuheca@hotmail.com y también manuelheca@gmail.com

      Espero vuestra respuesta.

      Un saludo

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