lunes, 7 de mayo de 2012

ANTONIO ORDÓÑEZ. Faenas imaginadas



Son cinco hermanos toreros,
cinco en busca de la fama.......
Cayetano es el mayor
y ha nacido en Dos Hermanas.
Juan, el segundo, en Sevilla.
Cuando el Niño de la Palma
espera a Antonio, el tercero,
pone en Ronda su esperanza
porque no halla mejor cuna
para el mejor de su casta.....

Antonio Abad Ojuel


¡Y una espada con temple,
a la española,
mostró que Antonio Ordóñez lo era todo!
¡Señor y rey tras los que ayer lo fueron!

Rafel Duyós




Antonio Ordóñez, hondo,
Manda y cimbrea.
Va y viene el lance jondo.
La luz torea.

Antonio Ordóñez gira,
templa y estira.
Natural y de pecho:
toda la lira.

                                     Gerardo Diego. De "Plaza de Ronda". En el libro La suerte o la muerte.


Yo no lo he visto, pero estoy seguro
que en sus arenas la ciudad arlesiana
iluminó de vocación romana
el toreo andaluz de arte más puro.

Yo no lo ví, pero me lo figuro
a Ordóñez, que hizo a Ronda sevillana,
torear tan bien como le dio la gana
lo mismo al toro claro que al oscuro.

Conozco su percal, y su manera
de jugarlo en la suerte con graciosa
elegancia, tan fina y tan torera,

que burla la embestida tenebrosa
de la testa cornuda de la fiera
volviéndole, en su tela, luminosa.

                          José Bergamín. A Antonio Ordóñez. Toreando en Arles.


                               


Las plazas de Andalucía
como anémonas se abrieron
cuando tu capa se abría
gravitando y floreciendo,
cada lance era una rosa
cada desplante un almendro
de almendras como
alamares
y vivo tronco moreno.
Revoleras como orquídeas
las órbitas de tu cuerpo
de arcángel de los caireles
y sol cada movimiento.
Andalucía, por ti,
tiene una espada en el
pecho,
y claveles que abren rojas
verónicas en su pecho.

Sevilla de Pepe-Hillo,
Ronda de Pedro Romero,
y el niño de Cayetano,
como un puente de silencio,
enlaza los arenales
con lazos de toros negros.
La luna de abril trabaja
redondeles en el cielo:
¡Qué plazas para tu gloria,
qué reses para tu quiebro!
¡Qué ferias de Andalucía
donde mirar en los ruedos
el mimbre de tu cintura
ceñirse los cuatro vientos!

Aquilino Duque. De Romances de Antonio Ordóñez en la Feria de Sevilla



Estaba la verónica esperando
que se abriese un percal con maestría
y le diera a la sal de Andalucía
coraje y miel que andaban ya faltando.

Estaba la muleta -¿desde cuando,
desde Juan y José.......?- sin luz ni guía,
sin saber a qué joven dinastía
la Tauromaquia ofrendaría el mando........

Y de Ronda llegó el que, en una sola,
viejas escuelas junta al nuevo modo.
¡Y Córdoba y Sevilla enmudecieron!

Y una espada con temple a la española
mostró que Antonio Ordóñez lo era ¡todo!
¡Señor y Rey tras los que ayer lo fueron!
                                     
                     Rafael Duyos. Antonio Ordóñez



El toro vino embistiendo noche
y Antonio lo esperó árbol al aire.
Se movieron sus ramas lentamente.
Inclináronse cuernos en la cuna,

en el ruido de ola de percal.
Un brazo hizo camino -sombra y luz-
porque el toro fue más que embebido
ciego por entre brisas y terrales.

Pero Antonio de nuevo le ordenaba
que el mugir repitiese su carrera
bien firmes las columnas de la sangre
terso el compás del temple por las manos.

Desde su orilla el hombre estaba viendo
una y otra vez quebrarse espumas
contra la soledad de arena toda.

Cada lance alargaba su sorpresa.
Seis tiempos en relojes de sol fuerte.
Y un amén arropando las verónicas.

                       Luis Jiménez Martos. Seis verónicas de Antonio Ordóñez



Como el viejo a la mar irán tus ojos
por ese otro mundo de lo mundanal
sin litoral ni barca donde remar
pasadas goyescas hirvientes ruedos
de guerrero con campo de batalla
tu añoranza tanta romana sombra
capote colgado como la ola al viento
desde Sevilla a Ronda tierra adentro
sin multitud de flecos por el tajo
pasara grandeza por el desierto
donde braceros sueñan otros toros
ruedos de abajo del hundido pueblo
con petición de llave denegada
por la triste amenaza de la espada.

Francisco Vélez Nieto. A Antonio Ordóñez


Allá en la montanera
Se oye tu nombre
Y es tu planta en la plaza
Fino recorte.
Plaza de Ronda
En la que los toreros
Velan su sombra.
Este toro primero
Pide querella,
Y tu capote, Antonio,
Burla a la fiera.
Se armó el revuelo
Y en la plaza de Ronda
Ya hay un torero.

Angel Cafarena. Seguidillas





Sin latido ni párpado, celeste torre, eres
igual que un dios brotando para la pugna ahora.
Distribuyes el gesto lentamente, lo mismo
que las rosas que tardan en florecer del todo.

¿Cómo puede la gracia acumularse tanto
y mantener su viva tensión ante la muerte?
Oh nube que acapara relámpagos y nervios
para prender un astro que no se apague nunca.
..............................................
...............................................

Ahí estás, de rodillas, pidiendo a gritos muerte,
con los poros abiertos a los más finos dardos,
oliéndote a ti mismo muerto bajo las flores,
muerto bajo los ríos que acarician tus huesos.
.........................................
.........................................

Has plantado tu juncia junto a un álveo de espumas
desatadas y lame la corriente tus flancos,
tentando en tus raíces garras contra la arena,
que cimentan tu inmóvil y carnal edificio.

El polvo al polvo vuelve; pero tú no eres polvo,
sino dolmen hincado, centro del mundo ahora,
flor que no agostan torpes embestidas inútiles,
pedestal de amplio brillo donde mueren los vientos.

                               Alfonso Canales. Oda a Antonio Ordóñez.



“Alguna vez aparece el torero que, siendo un gran artista, andaba también colmado de conocimiento y atesora la capacidad de riesgo requerida. A mi modo de ver , quien mejor reunió estos dones, en lo que como espectador yo he podido alcanzar, fue Antonio Ordóñez”


Francisco Brines. El arte del toreo: Razonamiento de una mirada. 1986. Del libro El sentimiento del toreo, de Carlos Marzal.



“Desde sus tendidos (de la Plaza Monumental de Lima) vi torear por primera vez a Luis Miguel Dominguín, que fue uno de mis ídolos………….y vi a los niños mimados del público limeño, los hermanos Bienvenida, y allí aplaudí a rabiar, varias veces, al lidiador que más he admirado, al maestro del toreo profundo, del pase sosegado y esencial, al dueño del espacio y del temple: Antonio Ordóñez”


Mario Vargas Llosa. Del pregón pronunciado en Sevilla, el 23 de abril de 2000, en el teatro Lope de Vega, para inaugurar la Feria. Del libro El sentimiento del toreo, de Carlos Marzal.

                   

"Quisiera lidiar un toro exclusivamente con la capa, después de tercio de banderillas, cogerla de nuevo y torear con ella hasta el momento de la muerte. Quisiera comprobar dónde llegaríamos con la capa el toro y yo"

                                                                                                                                 
"En un momento dado no se oye dónde estás. Es como el trance sexual. Fuera de él no existe nada, no escuchas nada. Hay una especie de relación amorosa. Que deben experimentarla alguna vez todos los artistas para llamarse como tales"

"A la hora de torear, no hay un terreno del toro y otro del torero; hay el terreno de quien manda en ese momento"

"He sido más importante con el capote que con la muleta"

"Para mí la suerte de matar es la parte más mecánica que yo he encontrado en el toreo.....................El toreo no necesita de la muerte del toro..................Matadores buenos ha habido muchos, pero muy pocos que hayan sabido crear arte toreando"

                                                                                                                                    Antonio Ordóñez



“Para el torero el toro es la música. Si no tuviera música el toro, no habría esa composición hecha a base de sensibilidad……….Yo al toro no lo podría tratar como enemigo”

Antonio Ordóñez. Recogido en el libro El toreo. Una visión inédita, de Juan Antonio Pérez Mateos.








































Antonio Ordóñez Araujo nació el 16 de febrero de 1932 en Majadahonda, aunque a los cuarenta días se trasladó a Ronda. Hijo de Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma.

Debutó en público en 1948 en Haro (La Rioja).  Se presenta con caballos en Bilbao el 16 de abril de 1949. Con su hermano Manolo forma pareja novilleril en 1950.

Tomó la alternativa en Madrid el 28 de junio de 1951, de manos de Julio Aparicio, quien le cedió el toro Bravío, de la ganadería de Galache, en presencia de Litri.

Confirmó su alternativa en la Monumental de Méjico con el toro Cantinero, de Torrecilla, de manos de Silverio Pérez, y actuando de testigo José María Martorel.


Creador de las corridas goyescas de Ronda en 1954.

En 1968 se retiró, tras su éxito en la feria de San Isidro, aunque regresó fugazmente en 1981.

Hacía la excepción de torear la corrida goyesca de Ronda, que él mismo organizaba, y en la que siguió interviniendo activamente como torero, considerándolo como un ritual de su vida profesional y que tuvo que interrumpir por una lesión traumática en una cadera.

Falleció en Sevilla, tras larga enfermedad, el 19 de diciembre de 1998.



José Bergamín, en su libro La claridad del toreo, escribe:

"Pienso que, en este último o penúltimo tiempo nuestro, dos figuras toreras quedarán de ese maravilloso arte (los dos Antonios): Antonio Ordóñez y Antonio Bienvenida. Al nivel, a la altura de las que aún perduran en la memoria de quienes les vimos: los Gallo, Belmonte, Gaona...............Antes, Antonio Fuentes. Los mejores. Después algunos más. Pero no muchos más"




El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Resulta incuestionable que Antonio Ordóñez lideró el período 1951-1971, probablemente uno de los más brillantes de la historia de la tauromaquia. De entrada, Ordóñez tuvo el mérito de mantenerse durante veinte años en cartel.............Esto es excepcional en una época en la que las carreras taurinas fueron, a menudo, muy cortas...............Es, después de Marcial Lalanda, el torero que más toros mató en el siglo XX: con 1.018 corridas y 2.058 toros estoqueados, aventaja no sólo a Joselito y Belmonte sino también a Domingo Ortega y a Luis Miguel Dominguín..................Perdió varias decenas de corridas a causa de las cornadas graves e incluso gravísimas que han jalonado su carrera. Así, el 21 de junio de 1956 en Madrid, un toro le infringió una cornada de 25 centímetros en el muslo derecho que afecto al nervio ciático y necesitó de una importante transfusión de sangre..............Herido gravemente en México, en Tijuana, el 29 de abril de 1962, debió sufrir dos operaciones sucesivas...........Sobre todo las numerosas cogidas sufridas entre 1960 y 1962 le obligaron a retirarse provisionalmente del toreo durante los años 1963 y 1964. El cuerpo del maestro de Ronda está cosido de cicatrices................Las cifras no tienen, seguramente, más que un valor indicativo. La majestad de Antonio Ordóñez, adquirida poco a poco, proviene, ante todo, de la calidad excepcional de su toreo, de la hondura y armonía de sus gestos, de la cadencia musical de sus faenas; pero también de la verdad de su toreo: en efecto, se "cruzaba" muy a menudo con los toros, imponiéndoles la trayectoria que quería, en lugar de hacerlos pasar simplemente delante de él...................Si Antonio Ordóñez tardó varios años en imponerse como el mejor toreo de su época, ello se debió a su inconstancia, a su carácter voluble y caprichoso que le llevaba a anular compromisos adquiridos, a la facilidad con que se inhibía cuando un toro no le gustaba y a una propensión excesiva a desembarazarse de sus enemigos con estocadas hábiles pero de ejecución defectuosa. Durante varios años se contentó con dosificar las pruebas de su inmenso talento con la capa y la muleta, e incluso con la espada, porque Ordóñez sabía ejecutar a la perfección, cuando quería, la suerte de recibir................Después de una tarde extraordinaria en Bilbao, el 21 de agosto de 1959, escribí en un artículo: "De sus gestos de oficiante sagrado, de una lentitud irreal que suspende el tiempo, se desprende una calma tan infinita que una serenidad superior se adueña del ser". Así, según el ideal definido por Belmonte, el toreo se convertía en "cadencia, ritmo, suavidad, lentitud". El efecto resultaba tanto más sobrecogedor cuanto que Ordoñez realizaba sus obras maestras frente a toros poderosos y bien armados................Ordóñez fue el matador que obtuvo el mayor número de trofeos en relación a las corridas toreadas..................Juan Posada constata que Antonio Ordóñez se colocaba casi
siempre en una posición perpendicular a la trayectoria del toro, lo que exige cargar la suerte; que citaba a la distancia exacta y que imponía la ligazón de la faena no por un encadenamiento mecánico de pases repetitivos sino por una continuidad rítmica. De ahí el sentimiento de plenitud y de gozo artístico producido por su toreo"


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pgs. 73 y 98, escribe:


"Uno de los hijos del Niño de la Palma. Muy bien torero, con capacidad para ir hacia arriba, si el valor se lo permite, y con un triunfo extraordinario en Madrid en una de las novilladas de la feria de San Isidro de 1951……….Ello le precipitó la alternativa, adquirida en la capital de España, el 28 de junio inmediato, con un toro de la viuda de Galache, cedido por Julio Aparicio. Aunque mediada la temporada, fue a muchos sitios, sumó cuarenta corridas, y queda en buena disposición para subir la cuesta de su carrera. Torería le sobra; corazón es lo que le hace falta  (……......) Un gran triunfo novilleril en Madrid y la alternativa, que un cambio de apoderado –de Marcial Lalanda a Domingo González Mateos (Dominguín)- le presenta en bandeja……….La aceptó en Madrid el día 28 de junio de 1951. Y de la esperanza que pusieron en él los aficionados nacieron las cuarenta corridas toreadas en la segunda mitad de la temporada. Antes había toreado trece novilladas y había tomado una cornada de importancia, para que no ignorase lo desagradable de visitar un sanatorio………..Cuarenta corridas son una siembra magnífica para la temporada inmediata. Lo que ocurra, Dios dirá; porque el porvenir es de Dios."


Néstor Luján escribe en su Historia del Toreo:

 "La personalidad más importante, desde el punto de vista artístico, que ha surgido desde la muerte de Manolete es Antonio Ordóñez.............Él y Manuel Vázquez formaban la pareja de jóvenes novilleros que a los aficionados se les antojaba más auténtica y esencial que la de Aparicio y Litri. .................Con la capa, toreando a la verónica, Antonio Ordóñez anula a los mejores. Verónicas con gran juego de brazos, suaves y espectaculares, lentas, magníficas; verónicas densas, dramáticas y profundas, cargando la suerte; verónicas alegres, aladas y palpitantes con los pies juntos, medias verónicas amplias, cerradas petulantemente sobre la cadera, como una flor misteriosa. Y con el capote para adornos, ha sido límpido, matemático y preciso. Con la muleta, Ordóñez ha sido un maestro de difícil facilidad. Posiblemente con Manolete y Silverio Pérez, el que ha poseído el más emocionante temple. Toreando sobre la mano derecha, su plasticidad es extraordinaria y cuando condesciende a torear al natural llega a una perfección sólo superada por su pase de pecho, de una majestad desafiante..............Con la espada, displicente y desaprensivo, suele matar muy mal. Ello no obsta, sin embargo, que sepa ejecutar bien, con perfección clásica y que hasta practique, en raras y exquisitas ocasiones, la suerte de recibir"

Cossío escribe:

 "Es indiscutible su superioridad sobre cuantos toreros pisan la arena......Nos encontramos ante un torero que puede marcar una época en el toreo, y la enseñanza que de su manera y estilo se deduce es que lo viene logrando sin violentar el toreo, ni por la imaginación inventiva, ni por entregarse al patetismo de estilo que en tantos diestros ha empañado cualidades positivas. Antonio Ordóñez toreando es la naturalidad misma. Nada violento, forzado o superfluo hay en su estilo"

"Su toreo tiene una personalidad única, y precisamente por carecer dichosamente de la personalidad humana del torero. No es la figura fisica de este, con ser proporcionada y airosa, ni el conocimiento del mecanismo del toreo lo que se la proporciona, sino en lo que este proceder tiene de común e impersonal es en lo que radica su perfección. Antonio Ordóñez no es perfecto en su toreo por su estilo personal, sino que este estilo personal no es sino la perfección sin soporte de cualidades personales, llamativas"


José Alameda, en su libro El hilo del toreo, escribe:

"Antonio Ordóñez es, por la esencia de su arte, un toreo de línea cambiada o contraria, aunque tal condición esté en él menos manifiesta que en otros, por la moderación y armonía de su estilo. Ni la fuerza mental, ni la intuición, ni la personalidad distinguen a Ordóñez. Antonio Ordóñez es el sabor..............En Antonio Ordóñez no se antepone el sujeto al arte. El toreo de Ordóñez es la incorporación de la armonía. Ambos están en armonía"

"El gran torero de Ronda ha sido una cumbre del toreo a la verónica. Ninguno más natural, más hondo y más puro. Torero de arte cambiado o contrario, pero sin exageraciones en ningún momento. La amplitud generosa de la verónica adquiría en su capote la más plena vitalidad. Solo le faltaba haber ligado como Belmonte (al que pienso que no vio), pero más elegante, en el buen sentido de la palabra, elegante por naturaleza, sin buscarlo. Por lo que hace al ritmo, en la introducción a un poema que le dediqué, digo: "Un torero que ha tenido en grado eminente el don de mecer el toreo ha sido Antonio Ordóñez. Ninguna sequedad rondeña, nada de piedra en su arte, ungido con sales del Mediterráneo. Toreo del Mare Nostrum"

Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"Este torero es, a mi juicio, el más importante que ha surgido en la década de los años cincuenta, puesto que luego se ha mantenido diez años después con la misma calidad que el primer día que se vistió de luces....................Yo evoca ahora mismo la tarde aquella en Sevilla, en la Feria de Abril del año 1950, en la que dio una lección admirable de toreo clásico, largo y liado, y también tuve la suerte de ser testigo de su tarde memorable de Madrid, el día 20 de mayo de 1951, en que realizó una de las faenas más perfectas y de mayor vibración que he presenciado...................Ha ido esparciendo por todos los ruedos de España y América la clase de un toreo que está casi por encima del tiempo y del espacio. Su toreo con el capote, cuando ha querido, tenía una pureza verdaderamente extraordinaria. Recuerdo ahora su forma de manejarlo en una corrida, el 12 de octubre de 1952, en la que con Luis Miguel y Rafael Ortega dieron en la plaza de la Maestranza una tarde memorable..................Con el estoque, si bien abusó del truco de matar rápidamente con estocadas bajas, en el llamado "rincón de Ordóñez", cuando se lo proponía era un estoqueador perfecto...................Con el capote ha sido sin duda el que mayor número de toros ha cuajado, y con la muleta toreaba con una pureza absoluta.................Entre sus muchas faenas vistas por mí, entresaco dos que tuvieron una categoría impresionante...............Una fue la realizada una tarde lluviosa de Feria de Abril de Sevilla de 1967, en un toro que brindó al entonces gobernador de la provincia, don José Utrera Molina, en la que le salió todo como una obra de arte perfecta...................Y otra fue la realizada el 26 de agosto de 1968 en Santander a un toro de Urquijo, el día que tomó la alternativa Juan Carlos Beca Belmonte, y en presencia de Miguelín. No puede darse una faena más bella, más entera, más enorme como la que realizó Ordóñez en el cuarto toro"

Gregorio Corrochano escribe:

"Otro Antonio ocupó esta tarde en Aranjuez la cátedra de Antonio Fuentes....................Esta tarde, Antonio Ordóñez, por su serenidad, por su elegancia, me recordó a Antonio Fuentes. La elegancia de Antonio Ordóñez con el capote es como la continuación de la elegancia del capote de Antonio Fuentes, después del ritmo que imprimió al toreo Juan Belmonte. Hizo un quite en un toro que no era el suyo, y dio tres lances y media verónica, que fue lo mejor de la tarde, lo mejor de muchas tardes; qué aplomo, qué sencillez, la sencillez de la elegancia sin ringorrango, sin afectación que linda con la cursilería.......................Con la muleta le hizo al cuarto toro de Barcial una faena hermana de los tres lances de capa de que hicimos mención; hizo el toreo a maravilla................se gozaba en ligar el natural con el de pecho, lo que pertenece al mejor toreo de muleta, a la aristocracia de la muleta"

Corrochano escribe sobre la faena de Antonio Ordóñez al toro Raspador en la Maestranza:

"Como modelo de temple puede quedar el toro Raspador, de Benítez Cubero, con el que empezó la feria, toreado por Antonio Ordóñez......................En el último tercio, Raspador, en vez de acometer, andaba....................entonces Antonio Ordóñez, sin mover la planta del pie, agitaba la muleta, el toro echaba a andar otra vez, y Antonio Ordóñez daba el pase al paso del toro. La teoría del temple había cuajado en la muleta de Ordóñez, El temple, de lo que tanto se habla, no siempre con exactitud, se hizo presente en la Maestranza, donde por primera vez se lo enseñó Belmonte al público....................Pero es que antes Antonio Ordóñez soltó el temple que traía envuelto en su capote torero con unas verónicas modelo de serenidad y maestría, que me recordaban las últimas actuaciones de Domingo Ortega, visto desde Ronda.................No sabría yo decir con qué toreo mejor Antonio Ordóñez esta tarde, si con el capote o con la muleta; ni estoy seguro si, una vez hecho el paseo, cambió Ordóñez la seda por el percal, porque los lances tuvieron la suavidad de la seda...............A pesar de cuanto llevo escrito, no me sorprendió toreando, porque yo sé cómo torea Antonio Ordóñez"

El mismo Corrochano, más adelante, escribe:

"La estética de Antonio Ordóñez toreando de capa no tiene término de comparación. Escultores, si queréis hacer una estatua a la suerte de la verónica, ahí tenéis el modelo. A mí me gusta más que toreando de muleta..................Antonio Ordóñez con el capote es la estatua a la verónica"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe: "La estética de Antonio Ordóñez pasaría por tres fases:

1ª. 1948-1951, con menos popularidad que Litri y Aparicio, sin una escuela definida. A la búsqueda de su propia técnica de expresión. Intenta el toreo puro y quiere ser "largo": pone banderillas, da pases afarolados de rodillas con la muleta.
2ª. 1951-1953, años de estética ampulosa, honda y clásica, con algunas manoletinas de vez en cuando.
3ª. Desde 1955 en adelante. Depuración de la técnica y del arte. El torero es entonces más sincero consigo mismo, sin concesiones a la galería, muy capaz de preferir una bronca a una mixtificación"

Para el gran escritor José Alameda: "Ni la fuerza mental,ni la intuición ni la personalidad distinguen a Ordóñez. Antonio Ordóñez es el "sabor".................No es perfecto en su toreo por su estilo personal, sino que este estilo personal no es sino la perfección sin soporte de cualidades personales llamativas................El gran torero de Ronda ha sido una cumbre del toreo a la verónica. Ninguno más hondo y puro............la amplitud generosa de la verónica adquiría en su capote la más plena vitalidad"

Carlos Abella escribe:

 "Antonio Ordóñez es la figura del toreo más importante de la década de los cincuenta y los sesenta, por su plenitud artística y la rotundidad de su personalidad taurina. Es sin duda alguna la referencia artística de estos casi veinte años de historia del toreo y uno de los toreros que mejor ha sido capaz de aunar capacidad artística y valor. Puede decirse que en él se funden todas las virtudes del toreo de clase y del toreo de valor"

Carlos Septién, conocido con el pseudónimo de "El Tio Carlos", escribe:

 "Cuando ayer Antonio Ordóñez, el hijo de Cayetano, tendió suavemente su capote sobre la arena, alegró a Aceitunero y tirando de la capa a una mano la hizo pasar como un arrebol sobre su montera llevando al toro prendido en sus vuelos, resucitó en la Plaza México el toreo de capa clásico. En ese instante recobró el primer tercio toda la riqueza estética de los tiempos viejos: fue como si de pronto, en una transfusión de añejas sangres toreras, los capotes de hoy cobraran vida propia para batir sus alas con el ritmo imperial que tuvieron en las manos de un Lagartijo, de un Gaona, de un Rafael Gómez, de un José Ortiz"

Barico escribe:

"Ordóñez es torero que gusta más cuanto más se le ve. Carga mucho la suerte con capote y muleta, conoce bien todos los resortes del buen torero y pone decisión en los trances difíciles"


El aficionado Ignacio Aguirre, que fue gran amigo suyo, escribe:

"Fue más perfecto con la mano derecha que con la izquierda, pero el abanico de su repertorio (molinetes, afarolados, pases de la firma) fue sorprendente....................fue un magnífico estoqueador. Ejecutaba el volapié con la pureza de un Cagancho y mató recibiendo muchos toros a lo largo de su vida. El lunar de la estocada caída, "en su rincón", fue recurso fácil de última hora"

El escritor José Carlos Arévalo escribe:

"Antonio Ordóñez es, fuera de toda discusión, la piedra filosofal del temple. Además, aconteció que su temple no era un simple prodigio técnico como lo fue en Dámaso González o lo es en Espartaco. En Ordóñez daba cimiento a toda una polémica taurina"



Juan Pedro Domecq, en su libro Del toreo a la bravura, escribe:

"Antonio Ordóñez reunía el orgullo, el arte y el valor. Antonio tenía el orgullo del triunfador, el valor que da la ambición de querer ser el mejor y el embrujo del arte y el sentimiento. Por eso, en mi opinión, ha sido el compendio de las virtudes de un torero, donde la estética y la técnica se unieron para llegar al sueño de lo perfecto. Y creo que lo puedo decir con el conocimiento de haber presenciado muchas tardes de éxito, así como de haberle tratado en la intimidad, ya que la gran amistad que compartió con mi padre tuvo continuidad en mí"


El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Hijo de Cayetano, el célebre Niño de la Palma, es, en los últimos años, el torero que me hizo concebir mayores esperanzas....................De buena estatura, fuerte y de aspecto simpático, le vi dos novilladas, sorprendiéndome su tranquilidad, y, sobre todo, su arte; confieso que pocos me agradaron tanto en sus comienzos; como lidiador de clase, no cabía más; paraba, cargaba y mandaba que era un prodigio y, lo que es más raro, mataba bien, manejando la mano izquierda con conocimiento.........................En la feria de San Isidro de 1951, en un novillo del que le dieron la oreja, y que yo le hubiera dado el toro entero, realizó una faena que no cabe mejorar; en el centro del ruedo y en muy poco terreno, como debe ser, vimos una faena completa, alegre, dominadora, en la que no faltó nada ni nada sobró. Mató a la primera, entrando con muy buen estilo y, naturalmente, seguí creyendo en él..............................Dejó de apoderarle Marcial (Lalanda), y, tal vez por ello, toreó poco en Madrid.........................Los ascos a la plaza de Madrid van a malograr a muchos artistas; si alguno ha salido estos años últimos que pudiera haber sido el mejor, ése ha sido, a mi juicio, Antonio Ordóñez"


El escritor y poeta José Bergamín, en su libro La claridad del toreo, escribe:

"Creo que lo milagroso del toreo de Antonio Ordóñez (con el capote en la suerte de la verónica, para mi gusto y memoria visual, después de Fuentes, el mejor) radica en aquello que llamó Lagartijo "la onza" (de oro) y Joselito el "don" o la "gracia" torera que cada cual trae o no trae consigo al mundo. Belmonte lo llamaba "espíritu", espiritualidad, y también, como Rafael el Gallo, "estilo"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:


"Torea Antonio Ordóñez en Málaga, en la feria del año 1961. En el ruedo hay un toro del conde de la Corte. Antonio lo torea con los pies juntos, sin profundidad. Luego, como por un imperativo del duende, mete al toro más en el tercio, cimbrea la figura, balancea el capote y da, el compás abierto, bajas las manos, los seis lances -cada uno ganándole terreno al toro hacia los medios- más hermosos, más auténticos, más importantes que yo he visto en mi ya no corta vida de aficionado. El público se ha puesto en pie; los toreros, incluso los picadores, que ya han salido al ruedo, tocan las palmas. ¿Qué ha pasado?..............Que la emoción estética ha brotado con la fuerza maravillosa de un volcán................Antonio Ordóñez, en el mismo platillo de la plaza, rematando los lances, parece un dios poseedor de la verdad taurina: el dios del arte del toreo"

"En un tiempo en que el toreo había juntado los pies ante el toro, el ampuloso y retórico compás abierto de Antonio Ordóñez es un feliz retorno a la verdad clásica. Ordóñez enjoya su estilo con un barroquismo formalmente hermosísimo. En efecto, Ordóñez es genuinamente un torero de aire barroco, entre otras cosas porque resulta muy difícil, aquí en España, poder hacer algo importante, bajo el punto de vista artístico, sin caer en el esencial concubinato con lo barroco"

"Antonio Ordóñez, excepcional con el capote en la mano, excepcional en el toreo a la verónica, que algunos, entre los que me encuentro, consideramos como el mejor que se ha realizado desde 1939 a esta parte. Y si su toreo de muleta puede discutirse en alguno de sus puntos -cierta falta de unidad de estilo, es decir, cierta ambigüedad estilística, nunca del todo superada, y cierto agarrotamiento por el lado izquierdo......................., su toreo a la verónica no admite, a mi juicio, la menor discusión respecto a su escueta, desnuda y altísima calidad. Pero hay que añadir todavía algo fundamental: que ese su toreo de capa a la verónica no es espóradico, insólito, discontinuo, sino, que durante muchos años, todo lo contrario, es decir, casi cotidiano, frecuentemente repetido en las plazas, frente a toros de muy diversa condición. En este sentido, es uno de los casos más admirables de la historia del toreo................................Parece que lo estoy viendo. alto, erguido, engallado, altivo soberbio y, si ustedes quieren, hasta engreído. Allí colocado en el tercio. Bamboleando un poco su capote, mecido suavemente de derecha a izquierda para fijar la atención del toro.....................................El toro va ya embebido en el capote, ancho y grande -como un velamen henchido- de Antonio Ordóñez. El compás se ha abierto, adelantando la pierna de salida para dar así más profundidad al lance, el cuerpo -ligeramente inclinado hacia adelante- acompaña todo el viaje del toro, mediante un suave juego de la cintura, el capote templa ese viaje hasta lo milagroso. El lance, que se ha ido creando a un ritmo cansino, tiene una belleza fascinante, una armonía escultórica, una ampulosa serenidad estética. Tres palabras aparecen en seguida, a la hora de una valoración. autenticidad, belleza, lentitud. Y una sola como resumen: clasicismo"

"Si Antonio Ordóñez es un torero de ampulosa elegancia, que torea, en sus mejores y yo creo que más personales momentos, con el compás abierto y adelantando la pierna de salida, es en el lance a la verónica donde cabe hallar el más sincero y auténtico muestrario de todas sus virtudes toreras. Frente a ellas, los gustos y las interpretaciones se rinden, quedando sólo -ahí, en lo alto- las categorías. La verónica de Ordóñez, como un compendio y resumen de una forma de sentir el toreo. ¡Sentir el toreo! Es decir, pasar de intérprete a protagonista. Ser, en definitiva, clásico esencial"


César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

".............su altivo empaque excesivamente apersonado -envarado-, vicio orgulloso en la calle y relevante virtud con que, en la plaza, su talla proporcionada, esbelta y erguida, sublima el modelo de suma perfección y a la vez de insólita largura que es su estilo. Torea al primer año de alternativa -toreó ya así de novillero- como habrá de torear todo el macizo y deslumbrador período en que presume de rondeño y se pica de puro. Torea, arrogante y templadamente, de capa y de muleta, con unas excepcionales pausas a modo de apoyaturas que balizan los tiempos de las suertes, y no únicamente al toro ideal, sino  una cantidad de toros vedada hasta advenir él a los toreos estilísticos. Hace "asimismo a ley, sin arruga de su empaque", la suerte de matar cuando le acomoda. En resumen, torea como un de las maravillas de la historia del toreo, que aún no suman las siete de la historia del mundo. Y especialmente su capote no ha tenido ni probablemente tendrá par en facilidad y dominio dentro del coto selecto de los lanceadores de gran estilo........................La temporadas de Antonio Ordóñez en esta década (de los cincuenta) -clímax de su arte; hito sólido de su larga e intermitente carrera- se suceden con ritmo ascensional, a despecho de los cuantiosos percances. Dícese de él a este propósito que le sobra valor y le falta oficio, mientras que sóbrale oficio y fáltale arte a Luis Miguel. Afirmaciones ambas no carentes de sentido, bien que exageradas...................Ello es que, tardo de reflejos, pesado -torpe- de piernas y sobre todo esclavo constantemente esclavo de su alto tono, de su solemne empaque, de su armoniosa cadencia, pierde a las veces un movimiento que los toros aprovechan. Y le cogen. Y -¡sino de tantos grandes toreros!- cada vez que le atrapan, le hieren...................Habré visto quinientos toreros: malos, medianos, buenos, excelentes; pero sólo cinco o seis excepcionalmente incomparables: uno de ellos Antonio Ordóñez..........................Me encanta, me encanta su modo de torear. Que en este punto de sazón -el valor a la altura de su arte- responde a tal extremo a mi ideal, a lo que yo tenía por un sueño, que quizá pierdo el juicio.........................Ha dado hacia adelante -y hacia adentro- ese medio paso que, con medir dos palmos, constituye el abismo que separa al artesano del artista. Más aún, al buen torero del torero genial...............Ha ceñido su toreo por el eje, sin que pierda por ello de su garbo, de su rumbo y donosura....................En bien de la naturalidad, le ha moderado a su figura la pretensión y el énfasis. No pide ya para homenaje de sus vueltas al ruedo la marcha de Tanhauser. No se deduciría por su gesto y continente que se cree el Praxísteles y Fidias y Policleto, en una pieza, del arte del toreo. No se lo cree ahora, cuando justamente lo es...................Un día y otro día -un toro y otro toro- brota el toreo de sus manos, de sus piernas, de su figura toda, nacida y conformada para este arte, natural y suavemente. Limpio y puro, como de un manantial alumbrado, en las cimas o en las cumbres.................Torea sin ahogo y sin alivio; sin los trucos ni lances o pases hechos de que el toreo se rellena...................Y tan fácil y espontáneamente, con tal seguridad y persistencia que...................van a verse los toreros sin saber qué hacer y nosotros sin saber qué decir"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Antonio Ordóñez. Está considerado por muchos críticos e historiadores taurinos como el mejor torero de todos los tiempos. Lo que sí puedo asegurar es que de los toreros de arte ha sido el de más valor. El más constante, el más ambicioso…………..Ordóñez es un figura sublime sin interrupción del toreo. Es un gran torero con la capa: templado, armonioso, elegantísimo. Torea de muleta con empaque, erguido, reposado. Adquiere con el estoque una suprema habilidad y, plaza tras plaza, tarde tras tarde, su toreo se enseñorea de los ruedos…………Los toros hieren a Ordóñez con saña repetida y cada vez vuelve a ellos con más valor…………..Ordóñez supera con su arte la competencia contra la ciencia de Dominguín………En la feria de San Isidro de 1960 realiza una de las mejores faenas de su vida………….En 1967 triunfa rotundamente en Sevilla…………En 1968 realiza en la plaza de Madrid tres tardes cumbres que han pasado a la leyenda, tres hitos en la feria de San Isidro…………………..Cossío escribe: Antonio Ordóñez toreando es la naturalidad misma. Nada superfluo hay en su estilo. Su arte es a la par alegre y hondo. Su toreo tiene una personalidad única. Es un torero de época, de tanta eminencia como cualquiera que hayamos conocido……………………Díaz Cañabate lo definió así: Magistral en el toreo a la verónica, insuperable con la muleta, auténtica gran figura de su época………………….Gregorio Corrochano escribe: Antonio Ordóñez con el capote es la estatua de la Verónica……………………José Antonio del Moral, posiblemente el crítico que más ha visto y mejor conoce a Antonio Ordóñez, escribe estas palabras definitivas: A poco de iniciada la década de los cincuenta irrumpe en la fiesta un diestro de porte y cualidades excepcionales, capaz de sintetizar y resumir en su sola persona todas y cada una de las mejores virtudes de sus antepasados, y en tan alto grado que le convierten en otro de los grandes de la historia: el rondeño Antonio Ordóñez, hijo de El Niño de la Palma. Su largo paso por el toreo deja una huella ejemplar e imperecedera. No sólo fue un torero con categoría artística impar; poseyó, además, un descomunal valor y logró en su espléndida madurez –algo vedado a los demás hasta llegar él- la regularidad en la perfección, más clásica, pese a sus muchísimos percances y cornadas”



Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Antonio Ordóñez ha sido un torero importantísimo, puntal de la escuela neoclásica, pues él fue su principal impulsor...................Desde el primer momento como matador de toros, Ordóñez se convierte en el paladín de la pureza y en el torero de los aficionados. A todos se nos ha llenado la boca exaltando el clasicismo de Ordóñez.................Reconociendo su indudable categoría, creemos que ha habido mejores muleteros que él. Paco Camino y El Viti, sin ir más lejos....................La verónica de Ordóñez era auténticamente extraordinaria.Quizá la mejor que jamás se ha dado. Sólo por eso Ordóñez es de los mejores toreros de la historia. Quizá la verónica de Ordóñez no tenga la estética de la verónica gitana (Curro Puya, Rafael de Paula), pero en la verónica de Ordóñez hay más toreo. El lance es más largo, más templado. Un aspecto sorprendente del toreo de Ordóñez con el capote es precisamente el temple. Toreaba con gran despaciosidad y cadencia a toros recién salidos del toril; a toros sin picar los lanceaba con una inverosímil suavidad, sin que le tropezaran los engaños. Se aprecia el valor de Antonio Ordóñez, auténticamente inconmensurable. Tenía un valor sobrehumano...................Sólo con ese valor se puede hacer ese toreo. Antonio Ordóñez ha sido una cumbre en el toreo a la verónica..................¿Y con la muleta?..........Con la roja en la mano, Camino y El Viti me parecen bastante mejores.............Aprecio una indefinición en el estilo: tan pronto torea de perfil como de frente; tan pronto echa la pierna adelante, como la retrasa.............La nostalgia y el recuerdo han hecho que sólo se recuerde al Ordóñez del pecho por delante y el compás abierto. También había otro Ordóñez, bastante más conservador y menos roto con el toro..................Tenía una gran mano derecha. Con la izquierda era bastante corriente. Siempre que le veo torear con esa mano, tengo la sensación de que está agarrotado. No termina nunca de correr la mano.............Por último, hay que consignar que Antonio Ordóñez no solía ligar el toreo. Daba los muletazos de uno en uno...............Pepe Alameda lo tuvo claro: Antonio Ordóñez era un toreo que hacía el toreo contrario, de expulsión más que de reunión, como Belmonte por otra parte. Por ello no ligaba los muletazos.......................Con el estoque Antonio Ordóñez no tuvo tampoco la perfección de un Camino o un Rafael Ortega. Díaz Cañabate acuñó el término de "el rincón de Ordóñez" para referirse a esas estocadas desprendidas que tanto recetaba el torero de Ronda................lo cierto es que no era un matador depurado...................Vuelvo a repetir. Ordóñez tenia bastantes defectos. Sin embargo, todos coincidimos en afirmar que es el paladín de la pureza y el clásico entre los clásicos. ¿Por qué? Quizá por su impronta personal; por esa manera de estar en el ruedo, plena de majeza y gallardía"


El propio Antonio Ordóñez se confiesa a Francois Zumbhiel en su libro El torero y su sombra:

"Es que yo considero que he sido más importante con el capote que con la muleta. He toreado muchísimo más los toros con el capote. Los que podrían decirte eso son los matadores de mi época" En cuanto a si su padre le ayudó a ser torero, Antonio Ordóñez contesta de forma rotunda: "Nada. No intervino para nada. En mi casa éramos tres. Mi padre ayudó mucho a Cayetano, bastante a Juan, y a mí nada, porque era el tercero"

Voy a entresacar alguno párrafos que el crítico Joaquín Vidal dedicó al toreo de Antonio Ordóñez en sus crónicas de El País:

 "Estaba, por encima de todo, el valor. Alguien reparó, de súbito, que en aquel torero tan dotado para el arte había un impresionante fondo de valentía. Ahí estaba la evidencia de sus frecuentes percances -quizá fuera el torero de la época más castigado por los toros-, que nunca le arredraron. No había falta de técnica. Era, sencillamente, que los toros cogen y cuando se torea con hondura y sentimiento la cornada acaba siendo inevitable...................Buena parte de esas cogidas le sobrevinieron toreando a la verónica. De esta suerte -que, con la del natural, es el fundamento del toreo- hacía auténticas recreaciones y no tuvo parangón. Decían los viejos aficionados que puestos juntos Curro Puya, Cagancho y Antonio Ordóñez en el toreo de capa, no se sabría a quién elegir. La esencia del toreo de Curro Puya y de Cagancho -estilistas máximos de la verónica- seguramente iba implícita en el estilo de Ordóñez, que presentaba el capote, mecía el lance y lo ligaba con la gracia alada que sólo está al alcance de quienes han podido penetrar en la magia del toreo.El propio maestro manifestó que la verónica era su fuerte. Nos lo comentó en cierta ocasión, con u n matiz: "Es cuando toreo más a gusto pues siento que la ejecución de ese lance compendia todo el arte de torear...................También fue sublime con la muleta. Hay faenas de Antonio Ordóñez memorables, y uno tiene en el recuerdo la categoría, a su vez enciclopédica e inspirada, de la que le cuajó a un Pablo Romero en Madrid allá por la década de los sesenta. Pero la grandeza surgía siempre en los detalles. Había momentos; rasgos de genialidad en una determinada tanda, la hondura de sus pases de pecho, la majeza de las trincherillas, el aroma de los abaniqueos y de los adornos, la solemnidad y la gracia para irse toreramente de la cara del toro"

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