jueves, 3 de mayo de 2012

ANGEL LUIS BIENVENIDA / MANOLO GONZÁLEZ / JUAN BIENVENIDA





















"Allí en donde hay un Bienvenida hay un torero"


Angel Luis Mejías Jiménez Bienvenida nació en Sevilla el 2 de agosto de 1924. Fue el cuarto de los hijos toreros de Manuel Mejías Rapela, Bienvenida.


En el libro Tauromaquias vividas, de Fernando Claramunt, encuentro este comentario:

"Leo en el bello libro de María de la Hiz Flor que el 29 de agosto de 1934 alterna en El Escorial con sus hermanos para matar su primer becerro, al igual que su hermano Antonio. Ángel Luis corta ese día su primera oreja: "Es verdad, pero Mahizflor no cuenta que la primera vez que yo toreé fue en el cortijo de Miura. Una becerra en "El Cuarto". Tenía yo siete años de edad. De eso estoy bien seguro. Era en 1931. Me vio "El Papa Negro" y sentenció: Éste va a ser el Lagartijo de los Bienvenida. Toreé solamente con la muleta; no fui trompicado ni atropellado. Lo encontré muy fácil y muy bonito". Son palabras textuales de Ángel Luis mientras vemos una corrida por televisión en su casa, una tarde de primavera de 1999"



La novillada de su presentación el 25 de julio de 1942 y la del 8 de junio de 1943, con salidas a hombros,constituyeron un verdadero alboroto de gozo en los aficionados.

Recibió la alternativa en Madrid, de manos de su hermano Pepe, el 11 de mayo de 1944, actuando de testigo su hermano Antonio. Los toros eran de Arturo Sánchez Cobaleda, y el de la cesión se llamó Rosquillero.  Se retiró en 1951.  El 16 de septiembre de 1984, mata su último toro a puerta cerrada en San Sebastián de los Reyes, triunfando rotundamente y sacado a hombros por su hermano y amigos. Falleció en Madrid, el 3 de febrero de 2007.


Por su aspecto físico -figura estilizada y rubio de tez- y por sus modales de hombre prudente en el trato y elegante en las formas, su padre le llamaba cariñosamente "el inglés de la familia". Y dijo también de él su progenitor que de todos los hermanos era el que mejor toreaba. Quizás le faltó afición en los años clave para despegar y mantenerse.


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 40, escribe:


"Otro torerito más de la casa y más rubio que ninguno. Novillero fácil y alegre, al que le vi una especialidad: la de matar con la mano izquierda, en Zaragoza, a un novillo que estaba difícil por el lado derecho. Creo que repitió la habilidad en alguna otra parte……..Entiendo que este Angel Luis, no mal torero, no estaba sobrado de afición, como lo  demuestra lo pronto que dejó el sitio a otros."




Carlos Abella, en su libro De Manolete a José Tomás,  escribe:

 "Se ha hablado tanto sobre la calidad y exquisitez de Ángel Luis Bienvenida que hoy resulta evidente y de una lógica aplastante que en el seno de una familia taurina tan prolífica y vocacional surgiera un torero inspirado por los ángeles del arte y no por los de la maestría, el dominio o el completo sentido de la lidia, como fueron sus hermanos. Los que le apoderaron, siempre en privado, "El inglés" conocían su fundamento, porque Ángel Luis ha sido en el toreo el símbolo de una concepción elegante y señorial del arte de torear....................Fue un exquisito intérprete del toreo y en su haber cabe el ser el precursor de Manolete en la suerte de torear mirando al tendido, improvisada durante una extraordinaria faena realizada en Barcelona"




Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Ángel Luis Bienvenida. Es el torero más singular y distinto de la gloriosa dinastía……….Ángel Luis adoptó el estilo de Manolete, pero fue capaz de fundirlo con el señorío clásico de los toreros de su casta. Lo malo es que Ángel Luis no fue constante ni ambicioso. Se limitó a dejar aquí y allá muestras de su arte personalísimo……….Su saber heredado de siglos, su señorío y amabilidad lo han convertido en fuente inagotable de la historia”


El propio Angel Luis Bienvenida escribe:

"Yo daba manoletinas, claro que las daba. Mi hermano Antonio nunca. Ni Pepe Luis. Pero yo he sido "manoletista" convencido. Llegué a la Fiesta con mucha fuerza. Mi presentación de novillero en Madrid, aquellas tardes en que salí en hombros de la Monumental (de Barcelona).............., la expectación que había con mis hermanos y conmigo................, era una satisfacción tremenda para uno que empieza...................Luego me faltó ambición o afición. Mi padre, el Papa Negro decía que me debía ir de banderillero con Manolete. Es una pena que no siguiera su consejo.................Yo hubiera pasado algún tiempo en la cuadrilla de Manolete, como los toreros antiguos. Y pasado ese período, muy puesto, habría vuelto de matador. Como se hacía antiguamente...................Lo de torear mirando al tendido lo hice yo antes que nadie. No he dejado el mundo de los toros. Vivo rodeado de recuerdos................Y de vez en cuando toreo en el campo"







 











Manuel González Cabello, Manolo González nació en Sevilla el 7 de diciembre de 1929.

Tomó la alternativa en Sevilla el 27 de mayo de 1948, día del Corpus, de manos de Pepe Luis Vázquez, que le cedió la muerte de Bailarín, de Clemente Tassara, y actuando de testigo Manolo Navarro. La corrida dejó un recuerdo imborrable. Entre algunos viejos aficionados todavía se habla de aquel festejo.

 Confirmó la alternativa en Madrid el 3 de junio de 1949, de manos de Antonio Bienvenida y con Pepín Martín Vázquez de testigo, siendo Lucifer, de Graciliano Pérez-Tabernero, el toro de la confirmación. La tarde constituyó otro triunfo sonado para Manuel.

En Sevilla, en la feria de San Miguel de 1949, obtiene, alternando con Pepe y Luis Miguel Dominguín ,el honor,  muy difícil en la Maestranza, y más entonces, de cortar un rabo.

Se retiró en plena juventud, en la feria de San Miguel de Sevilla de 1952, extrañando mucho que un toreo de su calibre pusiese fin a su vida artística con tanta rapidez. En 1960 se anima a reaparecer.

 Se retiró definitivamente de la profesión el 23 de julio de 1961, en la plaza de las Arenas de Barcelona, tras conceder la alternativa a Manuel Benítez el Cordobés, en presencia de El Viti.

Falleció en Sevilla el 25 de diciembre de 1987, a consecuencia de un derrame cerebral.


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 67 y 94 y 95, escribe:


"Torea con mucha gracia, con mucho garbo, estilo sevillano puro. Está situado entre los mejores y cada temporada torea tanto como el que más, y en varias de ellas más que el que más. Es decir, que llegó a la primera fila y se sostiene en ella, teniéndole sin cuidado los nuevos que llegan……….Con Manolo González, figurilla menuda del toreo, hay que contar, pues, para los carteles de nota. (……............) Continúa con muchas actuaciones; 75 en la última campaña, la de 1951. Y más pudo torear si la grave cogida que sufrió en Vitoria el día 4 de agosto –con reaparición el día 21 en Antequera- no le hubiera impedido cumplir un buen número de ajustes. Una depresión  moral le llevó, igualmente, a dar por terminada la campaña desde el 1 de octubre……..Su temporada fue desigual, sobre todo en los comienzos del año. Se centró y ajustó más al correr de las fechas, y volvió al buen concepto en que lo tienen sus partidarios y admiradores de su toreo de “superficie” y de su vistosidad sevillana……………Se tomó un descanso, por un “complejo de amores”, o de lo que fuera, hasta reanudar la profesión en América……….Más de setenta corridas en la cuarta temporada de espada de alternativa indica que no sólo llegó a la primera fila, sino que se sostiene en ella, que es lo difícil, y frente a los muchos reparos que pueden oponérsele al chico en lo fundamental de su toreo."


Cossío escribe:

"Manolo González ha sido un torero sevillano de más puro estilo. Pertenece a la rama de tal toreo que, sin precedentes en el siglo XIX, cuaja en la figura de Rafael el Gallo a principios del XX, se continúa con el arte excepcional de Chicuelo y llega a su mayor esplendor con Pepe Luis Vázquez. La esencia de tal torero reside en el garbo de los movimientos y la característica gracia incomunicable del andaluz. Si tal estilo tiene su nombre en Pepe Luis, Manolo González, manteniendo la tendencia, le añade el valor, un valor auténtico que en sus primeros años de matador, y en los de novillero, llegaba a ser lo más destacado de su manera de torear. Habrá habido toreros con más gracia de arte, y los habrá habido con tanto valor, pero el valor informando al arte, no sé de torero alguno de nuestro tiempo que lo haya patentizado como Manolo González"

Néstor Luján escribe:

 "Con un discreto cartel de novillero, a partir de la alternativa subió rapidamente. Acaso influyera en el éxito la magnífica faena que realizó, en Madrid, al toro de la confirmación de alternativa, pero el caso es que Manolo González se vio convertido en un torero primerísimo. Su arte, alegre y depurado con la capa, si bien no tuvo el toque angélico e imponderable del de Pepe Luis Vázquez, poseyó una mayor espectacularidad. Con la muleta, ha sido un torero decidido y hábil, de un reflejo certero, que supo infundir una tensa voluntad a sus faenas. Con la espada, fue más indeciso. Se retiró con una vaga sensación de impotencia, en 1961"

Fernando Claramunt escribe:

"Su declinar en la primera mitad de los cincuenta fue rápido, tanto como su meteórica ascensión. La crítica lo ha situado en la línea del sevillanismo adornado, cuyos antecedentes "próximos" deben buscarse en Rafael el Gallo y Chicuelo, a través de Pepe Luis Vázquez.....................Un Chicuelo con menos genio, un Pepe Luis con menos "ángel",  pero con más valor que sus ilustres predecesores. Quizá con menos hondura. Representa un toreo "sevillano" de más vistosidad que enjundia...............Se le reprochó a Manolo González el "medio pase" y el "medio toreo". En sus años más brillantes supo disputar las palmas a Luis Miguel Domínguin y con ello queda dicho bastante"

Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"Corría el año 1946...............Fue en aquel verano, en un día caluroso de Agosto, cuando se presentó en Madrid un muchacho bajito, de rostro imberbe y con cierta semejanza, física al menos, con el maestro de San Bernardo (Pepe Luis Vázquez)...............Se presentó con Gabriel Picas y Antonio Caro, en la lidia de seis reses de don José María Soto de la Fuente. La impresión que causó fue muy halagüeña, sobre todo teniendo en cuenta que sólo había toreado unas cuantas novilladas picadas.............Aquel público creyó vislumbrar que ese parecido físico con Pepe Luis era también en lo artístico, y en parte tenían razón............Pero sin embargo, había un elemento muy sutil, pero importante, que diferenciaba a ambos toreros. Pepe Luis tenía duende, el duende lorquiano puro, y Manolito González poseía a raudales caudales de gracia en su toreo.............Lo cierto es que, a partir de entonces, Manolo, el de la calle Sol sevillana, fue catapultado hacia arriba con una fuerza espléndida..................Ya en la temporada de 1947 ese chiquillo de Sevilla ponía la nota de su gracia por todos los ruedos que pisaba. Bueno, su gracia y algo más en lo que únicamente pudo superar a Pepe Luis: el valor. González poseía una audacia enorme que le permitía -sus conocimientos también eran prodigiosos- hacer faenas en un número grande de novillos.............Manolo González, en la corrida de su alternativa, el día del Corpus sevillano, tuvo un clamoroso triunfo, triunfo de la escuela sevillana en toda la línea, y Pepe Luis, en su segundo realizó una faena en la que no practicó ni el toreo rondeño ni el sevillano ni el castellano, sino el torero eterno de un modo verdaderamente impresionante............Gloriosa corrida la del Corpus de 1948, en la que el duende y la gracia se unieron en la plaza para hacernos pasar a los aficionados unos momentos inenarrables.............Tercios de quites maravillosos.........Faenas de muleta más maravillosas aún............Pepe Luis......., Manolo González............Eso era torear..............El día 5 de junio, el chiquillo de la calle del Sol obtiene un triunfo aún mayor en la confirmación de su alternativa de manos de Antonio Bienvenida.................En Sevilla, en la feria de San Miguel de ese mismo año llegó a cortar un rabo................Yo lo recuerdo ahora en la corrida del Corpus sevillano de 1950, con un toro muy áspero -que brindó a la gran artista Lola Flores-, hacer una faena, primero de dominio y después de gracia, realmente prodigiosa...................Este diestro, a mi juicio, pudo con el valor y el arte que poseía, llegar -y ya es difícil- a más de lo que fue en el toreo"




Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Manolo González. Fue otro artista exquisito. Un torero valiente que ganó mucho dinero y se retiró pronto de los toros…………..El día de la confirmación de su alternativa en Madrid, el 3 de junio de 1948, cuajó una gran faena al toro Capuchino, de Graciliano Pérez Tabernero, que le consagró como figura del toreo. Hasta 1952 se mantiene en los primeros puestos del escalafón……………Manolo González tuvo un valor sin cuento y toreó con la especial gracia de todos los toreros sevillanos. Para Cossío fue un torero sevillano del más puro estilo y también el más valiente de todos los sevillanos…………Fue un torero alegre, de arte depurado, que sólo falló –como tantos artistas- con la espada”


Carlos Abella, en su libro De Manolete a José Tomás, escribe:


“Manolo Gónzalez: valor y hombría sevillana. El 3 de junio de 1948 se anunció en Madrid la confirmación de la alternativa del pequeño y valentísimo torero sevillano Manolo González……..El sexto, de nombre “Capuchino”, era una máquina de embestir, se comía los capotes y llegó a la muleta del sevillano con una fuerza imponente. Manolo González, impertérrito, se lo pasó una y otra vez por la faja con tal aguante, arte y gracia, que entusiasmó a los aficionados, cortó dos orejas y salió a hombros por la Puerta Grande. Quienes vieron esta hazaña no la olvidan y muchas veces la evocan como muestra de lo que debe hacer un matador que quiere ser figura del toreo en una tarde decisiva, en esas corridas de “ser o no ser”………….Peleó con las armas del valor sin cuento, de la gracia sevillana en estado puro y de su hombría y coraje, plantando cara a diestros dotados de mayores recursos técnicos, como Luis Miguel Dominguín, al que “robó” los corazones de muchos aficionados”


José Luis Suárez-Guanes, en su libro Madrid. Cátedra del toreo, escribe acerca de la faena de Manolo González a Capuchino:



Manolo González y el “Graciliano” Capuchino………………..1948 es el año de la consagración de Manolo González. El toro Capuchino, de la ganadería de Graciliano Pérez-Tabernero, le lanza al estrellato torero, lugar en el que se mantendría hasta su retirada a comienzos de 1953…………..Y llega la tarde del 3 de junio…………Y sale el sexto –Capuchino de nombre- como un huracán. Es el toro predestinado para una consagración. Es el momento en que un mocito de Sevilla va a fundir en una misma faena dos conceptos tan antagónicos como el arte y el valor. Había que poderle mucho al de don Graciliano, echarle muchas agallas, un montón de coraje. No en balde se llama a estos toros los “miuras” de Salamanca. Y Manolito González va bordando con su toreo todo el estilismo que en el mundo ha sido. Salen de su percal los lances mudéjares a pies juntos –como les llamó Edmundo G. Acebal-………..sus chicuelinas “envolventes” –a lo Pepe Luis, pues el alado capote tapa el brazo no ejecutor, son verdaderas maravillas que rozan el milagro de lo inaudito……….Y, después, con la muleta, el toreo sevillanísimo a pies juntos, el pase de la firma de Granero –que Manolo González le da un sabor especial-, el kikirikí alado y sandunguero y el natural retrechero con sabor de piropo del barrio de Santa Cruz…………Manolito no da resquicio a que le venza el bovino. Aguanta las limpias acometidas con una casta inusitada. Otro toro de Graciliano –como aquel Corchaíto, que puso en la historia a Chicuelo- inmortalizando a otro torero de Sevilla. Se funde la emotividad con el temple. Un temple que, en este caso, es atemperar la inusitada velocidad de vértigo de Capuchino, que se come la muleta del torero. Un torero de fantasía frente a un toro de leyenda. Manolo González había ya entrado en la historia: acaba de esculpir una de las mejores faenas que se han visto en la plaza de Las Ventas”




Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Es obligado hablar de Manolo González. Este sí que tenía casta -rara avis en los toreros de los que se dice que son de estilo sevillano-. Sin llegar al virtuosismo de Pepe Luis, también toreaba bien. Su faena a Capuchino, de Graciliano Pérez-Tabernero -siempre un "miura castellano" en las tardes felices de los toreros sevillanos-, en 1948, fue un hito en la plaza de Madrid. Manolo González, en cuanto ganó dinero, se retiró. Por eso llegó a torear muy poco. Y esa es la razón por la que la historia se le ha tragado y casi nadie se acuerda de él"















"Allí en donde hay un Bienvenida hay un torero"


Juan Mejías Jiménez Bienvenida nació en Sevilla el 31 de julio de 1929. Fue el hijo de menor de Manuel Mejías Rapela, Bienvenida. Tomó la alternativa en Barcelona el 24 de abril de 1955, de manos de César Girón, que le cedió la muerte de Chorlito, de Sepúlveda de Yeltes. Actuó de testigo Pedrés. Cofirmó la alternativa en Madrid el 26 de septiembre de 1956, de manos de Alfonso Merino. En la temporada de 1958 sufre una lesión en Almendralejo (Badajoz), un pezuñazo de un toro de Miura que le deja una herida en el pie derecho de la que nunca se recuperaría de forma completa. Tras larga enfermedad, falleció en Madrid el 30 de mayo de 1999.


Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Juan Bienvenida. El menor de los toreros de la gloriosa dinastía, fue un magnífico banderillero. Un toreo digno y valiente con el señorial porte de los de su estirpe”


El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Le vi tres novilladas: una en León y dos en Madrid; en aquélla estuvo borroso; en la primera de Madrid, mal, francamente mal; todo lo contrario de la segunda, en la que apuntó buena clase; se retiró, y reaparece ahora; si tiene voluntad se colocará, pues estimo que condiciones no le faltan"



José Luis Suárez-Guanes, en su libro Madrid. Cátedra del toreo, escribe:
“Nueva primavera de Juanito Bienvenida en otoño (1956)……………..Párrafo aparte merece el resurgir de Juanito Bienvenida, para continuar con una trayectoria dignísima, en las corridas del mes de septiembre y en la primera de las cuales confirmó su alternativa barcelonesa. Con estas dos actuaciones, Juan se quitó para siempre la espina de Madrid. Un Madrid en el que debutó en otro septiembre de 1949 sin fortuna, y en el que nunca había dado la talla que alcanzó en sus primeras actuaciones novilleriles, sobre todo aquellas de Barcelona, que hizo decir al Papa Negro, con su reconocida autoridad, que iba a ser el mejor de sus hijos………………Las cornadas –especialmente la sufrida en la ciudad condal-, el servicio militar en África y un voluntario alejamiento, en un momento de desfallecimiento, demoraron la alternativa de Juan, que al volver en 1953 tuvo que reemprender el camino paso a paso hasta lograr el sueño de su vida: ser matador de toros, porque un Bienvenida no podía ser otra cosa………………Y el 16 de septiembre de aquel 1956 tiene una actuación torerísima en su refrendo doctoral, de manos de Alfonso Merino………….Juanito da la vuelta al ruedo con mucha fuerza después de despachar a uno de los toros de Flores Albarrán que le tocan en suerte……………La prensa del momento se vuelca con el resurgido Bienvenida, los aficionados se hacen lenguas de la reencontrada decisión del benjamín de la torera casa. Su repetición, el último día del mes, es esperada con ansia y expectación……………..Y esa tarde Juanito se supera a sí mismo. Su capote es eficiente y a la par brillante. Lidiador como el de su hermano Pepe y alegre como el de Manolito y Antonio. Con los rehiletes –Juan ha sido un colosal banderillero injustamente olvidado- hace honor a ser hermano del monstruo de la especialidad que fue Pepote. Y después, con la muleta, es compendio de la naturalidad de Antonio, de la majestad de Ángel Luis, del oficio de Pepe –y esta vez-, del valor de Manolito. Juanito hace una obra de arte ante aquel toro de Muriel que le resucita para el toreo. Para dar un idea de la magnitud de la faena –en la que la espada le priva de los trofeos- valga esta anécdota. Un aficionado muy poco bienvenidista, cuando Juan se iba a perfilar para ejecutar la suerte suprema, dice lo siguiente: “¡Que no lo mate, que tenemos Bienvenida para rato!.............Y Bienvenida hubiera habido para rato si le hubieran dado el sitio preciso, si no le encasillan en las corridas duras, si aquel “miura” de Almendralejo no se interpone haciéndole una mueca a su destino……….”


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