miércoles, 11 de abril de 2012

VICENTE BARRERA / LORENZO GARZA/ VICTORIANO DE LA SERNA

















LA FIESTA BRAVA











EL RUEDO




CRONICA












ESTAMPA






























Vicente Barrera y Cambra nació en Valencia, el día 4 de diciembre de 1908, en el seno de una familia de posición desahogada. Su padre falleció cuando Vicente contaba once años. Los familiares quisieron que siguiera una carrera; pero el negocio de carnes que explotaban le facilitaba la entrada en el Matadero, donde, jugando con otros chicos y aun lidiando alguna res, se aficionó al toreo.



La madre se opuso enérgicamente a las aficiones del muchacho, por lo que se escapó de casa a los catorce años, con ánimo de hacerse torero. No pudo pasar de Linares por carecer de recursos. Comentando, a la puerta de un comercio, su escapada, le oyó un señor, que resultó ser amigo de un tío del muchacho. De acuerdo con la familia, le engañó y le devolvió a Valencia. Ante su insistencia en ser torero, la familia accedió, proporcionándole medios y facilitándole su presentación en la provincia.




El primer triunfo como becerrista lo tiene en Torrente el 15 de agosto de 1924. Mató unos becerros con tan buen éxito que, un mes más tarde, el 7 de septiembre, vestido de luces, actúa en Valencia con reses de Concha y Sierra y corta las dos orejas a cada uno de sus novillos. Valencia estalla de gozo con la recién creada competencia entre dos diestros de la tierra: Barrera y Enrique Torres. Barrera formó pareja novilleril de ámbito nacional con Gitanillo de Triana.
Su cartel sube vertiginosamente durante los años siguientes, en que todavía actúa como novillero. El año 1926 surge una competencia entre Enrique Torres y él, que tiene por marco la plaza valenciana.




Debútó como matador de novillos en Villalba, estando bien con capa y muleta, y mal matando. En Madrid se presenta el 14 de mayo de 1927, en mano a mano con Gitanillo de Triana y con novillos de Antonio Flores, gustando como torero y no como matador. Aquel mano a mano había de prodigarse en muchas plazas de España. Los dos torearon tres novilladas el 25 de julio: la primera en San Fernando (Cádiz) por la mañana; la segunda, por la tarde, en Sevilla; la tercera, por la noche, en Córdoba. En las tres cortó Barrera orejas y rabos.

Fue cogido el 27 de marzo de Algeciras, el 27 de mayo en Puerto de Santa María y el 26 de junio en Granada.

El 7 de julio se presenta, también con Gitanillo de Triana, en Sevilla. Les acompaña Mariano Rodríguez. Cortó las orejas y los rabos de sus dos novillos. El 17 de julio mató tres novillos de Peñalver, por cogida de Mariano Rodríguez; cortó las seis orejas, los tres rabos, y, por vez primera, una pata.

 El 21 de julio en Málaga, sufre su más importante lesión, con una cornada de quince centímetros en el muslo derecho.





Tomó la alternativa en Valencia el 17 de septiembre de 1927 de manos de Juan Belmonte, que le cedió la muerte del toro Romano, de la ganadería de Concha y Sierra.
Confirmó la alternativa en Madrid el 24 de mayo de 1928, de manos de Chicuelo, con toros de Graciliano Pérez Tabernero, toreando 17 corridas hasta fin de año.

En 1929 y 1930 siguió toreando con gran éxito en España. En 1931 actuó en 70 corridas, y en 1932 corta 104 orejas. Fue aquélla la temporada en que culminó su toreo hecho de valor, técnica y voluntad.

En 1933, 1934 y 1935 torea un promedio de 50 corridas.



 Se retiró el 22 septiembre de mayo de 1935, en Logroño, alternando con Manolo Bienvenida y Curro Caro



Falleció el 11 de diciembre de 1956.


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Primer cuaderno. En el número 3 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 125, escribe:

"Con una personalidad mejor o peor aceptada, por la movilidad de sus maneras –el torero “gorrión” le llamó Gregorio Corrochano, por su toreo a saltitos alrededor del toro-, se colocó en primera fila y toreó mucho cada temporada, en España y en América. Era un muletero dominador, y aunque no mataba bien, sí lo hacía con brevedad, merced a que, después de un pinchacillo insignificante, descabellaba al primer golpe, “echándole mucho teatro” a su forma de descabellar. El de Vicente Barrera fue un descabello que bien pudo inventarlo Churriguera……..Después de la feria de Logroño de 1935, anunció su retirada; pero se desdijo durante la guerra, y en su vuelta al oficio duró hasta 1942……….Vicente Barrera, en la cabeza siempre hasta que se fue, no toreó en la plaza de Sevilla nunca ni quiso apechugar con toros de Miura. Son dos detalles para la vida de un lidiador que pasaba cada temporada de las sesenta funciones."

Néstor Luján escribe:



 "Vicente Barrera era el torero más regular en el éxito, y lo obtiene constantemente con su estilo peculiar, con su valor y su inmensa capacidad de dominio..........ha sido sobre todo un lidiador eficacísimo, de una potencia insólita........se movía constantemente, con una celeridad mercurial de pies. Sus trasteos eran vertiginosos, mareaba a los toros, los atormentaba, les ganaba el terreno y con una muleta ágil, de gran agudeza y flexibilidad les iba encelando..........los atenazaba a su muleta y hacía con ellos cuanto gustaba.........No vaciló jamás ante ningún toro............Todos se rendían ante su muleta, ante sus trasteos móviles y zaragateros como de genial peón de brega............Cuando se sosegaba, Vicente Barrera daba pases de una gran vistosidad, con una apostura engallada y vibrante, usando siempre la mano derecha. Con la espada, era francamente malo. Alargaba el brazo, metía media estocada e iba al descabello. Descabellando era prodigioso............convertía este procedimiento manual en algo verdaderamente maestro; con el estoque en alto, lo descendía lentamente, a pulso, picaba con un gesto nervioso, como avispa, y atronaba al toro, de cien veces, noventa y ocho infaliblemente"

Cossío se refiere a él en los siguientes términos:



 "Una de sus cualidades, y de las más principales, fue su dignidad profesional, su amor propio, su "vergüenza torera". Su inteligencia le hacía conocer pronto el instinto, vicios y cualidades de las reses. Esta fue su mayor virtud técnica. Y como resultado, un gran dominio, sobre todo con la muleta"

"Difícilmente torero alguno de su categoría ha tenido más detractores que Barrera. Le acusaban de no tener quietud ante los toros y de que su estilo era contrario a lo que preconizan el buen gusto y la estética del toreo. Justo es confesar que, en cierto aspecto, tenían razón. Además, con el estoque era un matador muy deficiente"



Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:



"En 1927, gracias a Armillita y al nuevo matador valenciano Vicente Barrera se completa otra perspectiva característica de la "Edad de Plata" en su tercer lustro, que ellos dos anticipan, junto al siempre joven maestro Marcial: la presencia de los maestros del dominio, los diestros seguros y poderosos....................Vicente Barrera, de novillero, no era sólo lidiador sino un vistoso y variado torero con la capa y un muletero que compensaba los excesos de su eficacia con la improvisación, el adorno y la emoción de pases en el estribo..................El valenciano representaba el toreo de cabeza, la lidia segura, la faena a todos los toros adecuada en cada caso a las condiciones de la res. Era un dominio movido para los gustos que vinieron después. Le perjudicó mucho el dogmático apelativo que cayó sobre él: "torero gorrión", repetido hasta la saciedad a lo largo de su larga carrera.................El autor de este libro, que lo vio bastantes veces en años de niñez y adolescencia, agradece la coincidencia en la opinión expresada por el banderillero retirado Antoñete Iglesias, que figuró en su cuadrilla: "Con Vicente Barrera se ha cometido una enorme injusticia, igual que con Manolo Bienvenida. Se ha exaltado a otros y se les ha dejado en el olvido o poco menos"



El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:



"La muleta fue su fuerte; toreaba muy bien y con toda clase de pases, valiéndose de un juego de brazos especial; poco parado, no tenía nunca los pies quietos, y daba unos saltitos que parecían de gorrión; con la capa toreaba bien, pero sin parar mucho; con la espada, en general, mal; sin embargo, hizo del descabello una suerte; echaba el brazo con la espada por alto -"para que no le vieran los toros", decía- ; pero lo cierto es que les acertaba a la primera........................Me gustó poco, porque era mi contraestilo; pero reconozco que si toreó tanto y cosechó ovaciones y éxitos es porque algo tenía que, tal vez, yo no comprendiera"





César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:



"Vicente Barrera debe su personalidad a la muleta. Podríamos decir que si la muleta de Ortega (Domingo) es hoy la más honda, la de Barrera es la más "larga". Y que, uno y otro vienen a ser, dentro de las normas modernas, el toreo "intenso" y el toreo "extenso" de todos los tiempos....................¿Qué tiene esa muleta que, nacida en Valencia, cecea tan a lo sevillano?...........¿Qué hay de mágico en esa muleta de Barrera, que, dura con el fuerte y suave con el débil -como los hombres de corazón- tan pronto de apodera de los toros?................A este quinto de la corrida de Torrones (se refiere al gran éxito obtenido por el diestro en la corrida celebrada en Madrid el año 1932) no le ha dado cuatro muletazos y ya es suyo..............Era un mansurrón y parece bravo. Distraído y se ha hecho celoso..........Dos pases por alto. Dos de pecho. Un afarolado. Dos de rodillas................Hasta que la espada -única incógnita del inconmensurable torero- acierta. Acierta en el primer viaje y al primer golpe. Y antes de salir los pañuelos a flote estalla una ovación ensordecedora. Los entusiastas más próximo le tiran sus prendas de vestir. Uno grita: -¡Ha resucitado Gallito!"
Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:
“…….las tres cosas de Vicente Barrera: no haberse puesto nunca delante de un Miura, no haber hecho jamás el paseíllo en la clásica Plaza de la Real Maestranza de Sevilla y haber convertido en suerte básica del toreo lo que nunca fue más que trámite abreviatorio: el descabello. A pesar de esas tres cosas –malas cosas- Vicente Barrera ha sido figura muchos años. Cosas buenas tendría también. Con la muleta en la mano, sobre todo, Vicente Barrera se hacía con toda clase de toros a los tres o cuatro pases y, sin torear al natural con clasicismo, ni muchísimo menos; pero toreando muy bien con la derecha, andando mucho y con salero, por delante de la cara de los toros, y con improvisaciones alegres y pintureras, a base de un valor indudable y mucha picardía torera, el hombre lograba grandes éxitos en casi todas sus faenas, que remataba, generalmente con un pinchazo hondo o media estocadita y enseguida un certerísimo y teatral descabello. Porque, eso sí, los descabellos de este gran descabellador iban precedidos de una preparación de alta espectacularidad, porque el hombre levantaba el brazo con el verduguillo hasta ponerlo perpendicular y, con pausa y prosopopeya, lo hacía descender, describiendo una airosa curva, para clavar la punta en el sitio preciso de atronar. Una cosa nueva y original, que luego han tenido el gusto de imitar –hay gustos que merecen palos- muchos matadores…………….De todos modos, siempre conserva su prestigio de excelente torero, pues en justicia hay que reconocer que con todos sus defectos, Vicente Barrera, con el capote y como muletero especialmente, tiene –y sobre todo tuvo- destacada personalidad”

Don Quijote en La Fiesta Brava escribe:

"Desde los tiempos de Ricardo Bomba, de Vicente Pastor o Joselito no habíamos tenido otro muletero tan definido en esta cuerda del toreo de dominio como Vicente Barrera. ¿Se parece a ellos el valenciano? En absoluto......Vicente Barrera es el verdadero muletero dominador, el de los toros que a los demás les vienen anchos y que él reduce a la obediencia como quien lava. Y.......echándole emoción. ¿Por el mismo procedimiento que Bombita, que Joselito, que Vicente Pastor? No. Por un toreo personalísimo y típicamente suyo. ¿A la manera de Belmonte? Tampoco. Menos aún. Barrera es un muletero dominador a su manera. Pero tan dominador como el primero"



Robert Ryan, en su libro El toreo de capa, escribe:



"En la temporada de 1928-29, el espada valenciano Vicente Barrera se presentó en México, sugestionado por un toreo de capa renovado, bello y profundo. Fue aquella temporada cuando llegó a México la verónica gitana...........una temporada recordada por lances singulares, por el cartel excelso de los tres mejores capotes del mundo: Pepe Ortiz, Cagancho y Gitanillo de Triana.................Ante un primer tercio de tal magnitud, la innata torería, y no poco amor propio, hizo que Vicente Barrera se inspirara de lo que a su alrededor ocurría...................A lo largo de la historia, los grandes capotistas se han inspirado unos en otros.................Sin en su suerte de la tapatía, Pepe Ortiz unió los matices de la gaonera y la chicuelina; la suerte de la valenciana, creada por Vicente Barrera, es una derivación de la tapatía, en la cual la única diferencia es en el último tiempo del lance, que el valenciano, la llevar al toro hacia atrás, alzaba el brazo para que pasara debajo de la capa..................Lo curioso es que mientras Barrera se inspiraba en el toreo de Ortiz, éste fue el mejor testigo de la suerte a la valenciana, hasta el grado de encajarla en su toreo, no de capa sino de muleta, creando el pase que Victoriano de la Serna llevaría a España, donde adquiriría nombre y renombre como suerte esencial a las faenas de Manolete (creo que se está refiriendo a la manoletina)"



Filiberto Mira, en su libro "Vida y tragedia de Manolete", escribe:



"No, no se me olvida el valenciano Vicente Barrera, que también -como Lalanda, aunque por menos tiempo- logró mantenerse en los primeros puestos durante varias temporadas. Aunque Clarito le llamara "torero gorrión" fue maestro en vuelos altos. No necesitó enfrentarse a "miuras" ni torear en la Maestranza para conservar su cartel, hasta que llegó Manolete. Alternando con éste, aún me resuenan en los oídos aquella frase suya con chillón acento, que le escuché en Mérida, tras un contundente descabello:



"¡¡Con esto, soy yo el mejor!!"





Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:



"Desde luego, podía con los toros, pero está muy claro que no tenía ni la categoría ni el arte de los anteriormente citados (Armillita, Gaona, Domingo Ortega........). A Gregorio Corrochano le sacaba de quicio. Le llamaba "el torero gorrión", pues nunca paraba quieto, y estaba siempre dando saltos, como esos pajarillos. De un falso pundonor, pues siempre se movía, dominaba a los toros a base de cansarlos con tanto movimiento. Como descabellaba bien, en cuanto daba un pinchazo, ya estaba con el verduguillo. Desde luego, no aportó nada nuevo. Yo hubiera sido de la opinión de Corrochano"












CRÓNICA


















Lorenzo Garza Arrambide nació en Monterrey (México) el 14 de noviembre de 1909. Un día,en una peluquería, oyó los comentarios sobre la retirada de Gaona y el dinero que ganaba, y germinó en su cerebro la idea de ser torero. Se lanzó al ruedo el 12 de octubre de 1928. Al año siguiente viste de luces.

Tomó la alternativa en Santander, el 6 de agosto de 1932 con una corrida de Celso Cruz del Castillo, siendo su padrino Pepe Bienvenida, con Maravilla de testigo. Renuncia al doctorado y vuelve a las novilladas después de cuatro corridas de toros sin éxito.

El 5 de septiembre de 1934 vuelve Garza a tomar o renovar su alternativa alternatia por todo lo alto en la plaza de Aranjuez. Padrino Juan Belmonte y testigo Marcial Lalanda, con toros de don Angel Sánchez, de Salamanca.

En 1935 toreó en España cuarenta y tres corridas. El 29 de septiembre de ese mismo año cortó un rabo en Las Ventas (a la vez que Curro Caro), con una gran faena basada en los pases naturales. Suspendido el convenio hispano-mexicano, no volvió hasta 1945. Entoces triunfó otra vez en Madrid cortando las orejas a un toro de Alipio. Resultó herido grave en Barcelona. Llegó a alternar con Manolete, en México, en 1946. La última corrida de su vida la toreó en 1967, casi son sesenta años.

Se le llamó "El Ave de las Tempestades de Monterrey" y "Lorenzo el Magnífico", como a Lorenzo de Médicis.

Su toreo destacaba por su valor estoico.

Falleció en México el 21 de septiembre de 1978.


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 16, escribe:

"Con fama –comprobada- de valiente, vino a España en 1932, y a la temporada siguiente, el 6 de agosto, tomó la alternativa en Santander…….Fue su padrino Pepe Bienvenida, y resultó un doctorado de ocasión, puesto que renunció a él al terminar la temporada……Nuevamente novillero, consiguió grandes triunfos madrileños, y una nueva alternativa, otorgada por Juan Belmonte en Aranjuez, el día 5 de septiembre de 1934, le afianzó en el puesto. Con su valor fue haciendo campañas relativamente lucidas hasta la ruptura del año 1936………En Méjico se colocó en primera fila y contó con un partido numerosísimo, lo mismo que contó con sonados fracasos en su última época…….Al hacer las paces mejicanos y españoles, Lorenzo el Magnífico –como le llamaban sus paisanos- vino de nuevo a España, triunfó en Madrid, y recibió una grave herida en Barcelona. Se le apreciaron progresos en su manera de torear; pero no hubo tiempo de examinarlo del todo………Después de esta reaparición, ya no tuvo ocasión de volver, por la nueva contienda taurino-social."


Daniel Tapia, en su Historia del toreo, escribe:

"Nació en Monterrey (México) el 14 de noviembre de 1909. Aureolado de gran fama, adquirida en México, Garza marchó a España en 1932. En ese año toreó cinco novilladas.........El año 1933 toreó quince novilladas en España, sorprendiendo a los públicos con sus escalofriantes parones........El 6 de agosto de aquel año tomó la alternativa en Santander.............En 1934 Garza renunció a la alternativa, comenzando una nueva etapa como novillero en la plaza de Valencia...............El 29 de julio vuelve a actuar en Madrid, alternando con su compatriota Luis Castro, el Soldado...........Los años siguientes son los de la consagración definitiva de Lorenzo Garza como primera figura del toreo. Sus éxitos en la plaza de México y en las de los Estados se han sucedido, y Garza ha afirmado cada vez más sus grandes cualidades de muletero. Su valor sigue siendo el mismo de cuando empezó, y hoy, que ha regresado de nuevo a los toros, después de su retirada en 1945, su cartel se mantiene vigente.........El 11 de diciembre de 1946 alternó en la plaza de México con Manolete, cortando las orejas y los rabos de sus dos toros"

 
Néstor Luján escribe en su Historia del Toreo:

"Lorenzo Garza tenia una concepción del toreo de muleta absolutamente estoica, bien aderezada con un arte elegante y puro...............Regular artista a la verónica, excelente en quites, suave e imponderable en las gaoneras, como muletero exhibió una parada belleza. Toreando sobre la mano izquierda, en la suerte natural, tuvo una plasticidad emotiva.............Sin ser una gran figura, tiene una importancia excepcional en la historia del toreo. A él se debe la innovación del cite de perfil absoluto toreando con la muleta, que debía inmortalizar Manolete y hacerse habitual en el toreo moderno. Hasta Garza, los toreros, de Chicuelo al propio Ortega, habían citado terciados con el toro, lo que en la fotografía se llama en posición de tres cuartos. Garza es el primero que cita de perfil; que atiende al toro paralelamente como La Serna; ello le permite encadenar los naturales en redondo con una fluidez que encontrará su máximo exponente artístico en Manolete y emocional en Silverio Pérez..........Su uso y abuso del toreo de rodillas, con un fino criterio de elegancia, le lleva a la ejecución límpida del farol y sobre todo del natural de rodillas creado por él y realizado por vez primera en la plaza de México, en 1937.............También el torear mirando al público tuvo en él su primera ejecución. Es ello la formulación de su absoluto desprecio por el toro y de su total desprecio a lo que no sea el regocijo plástico de torear..........................Garza, como La Serna, aunque sin su suprema elegancia y sí con más brío y emoción, figurará en la historia del toreo como el último eslabón que une la cadena de renovadores"

Cossío escribe:

 "Su estilo de parar sigue siendo el mismo; pero, más habituado al temperamento de los toros españoles, da una sensación siempre de riesgo, pero atenuada por una técnica más segura.........Garza, en su manera de parar, tenía algo tan personal y fuerte, que justificaba como atractivo el ver su nombre en los carteles. Dentro de una concepción del toreo en que el venirse el toro al diestro es predicado preciso, llegó a ser una figura notabilísima. Para quienes lo conciben como arte de dominio, de mando, de llegar y obligar cuando es preciso, Garza no llegó a ser nada logrado. Con todo, y a pesar de lo corto de su tiempo de torero, es de los mexicanos que más hondo recuerdo han dejado en la fiesta"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"En 1933 el empresario Eduardo Pagés le habla muy bien del joven mexicano Lorenzo Garza al redactor taurino de Mundo Gráfico. Su presentación estaba prevista para el 12 de marzo de ese año. En su presentación, el buen estilo del mexicano impresiona favorablemente. Soltura de brazos, quietud de piernas, naturalidad pasmosa. Valor sereno que -inevitablemente- la crítica contrasta con el ímpetu irreflexivo de Carnicerito de México. Sorprende su toreo a la verónica y la variedad de su gama con la muleta.....................Garza confirma su buen arte en las novilladas siguientes. Confirma también las deficiencias con la espada y empieza a dejar ver su temperamento oscilante que le hace dar una de cal y otra de arena, con desconcierto para los aficionados..........................La temporada española de 1934 es la temporada novilleril, desesperada y casi histérica, de los públicos madrileños, ante la competencia de los mexicanos Garza y el Soldado. Se inicia la rivalidad el 29 de julio, en que por cogida de su compañero Cecilio Barral, se quedan solos mano a mano. El Soldado entró a matar con un pañuelo. Garza tiró hasta el pañuelo y vació al toro con la mano.......................¿Qué aporta Lorenzo Garza al toreo? No fue un creador como Ortiz, ni tuvo la elegancia de los grandes maestros mexicanos, pero tenía genio y casta, temperamento, personalidad acusada"


El mismo Fernando Claramunt, en su Historia del arte del toreo, escribe:

"Lorenzo Garza de Monterrey es una de las figuras cumbres del toreo universal. Con dos alternativas, la primera de Pepe "Bienvenida" en Santander y la segunda de Juan Belmonte en Aranjuez, le confirma en Madrid "Chicuelo", en una corrida goyesca, el 14 de abril de 1933. En México tuvo campañas importantísimas, rivalizando con "Armillita", Silverio y "Manolete". En España tuvimos el privilegio de volverle a ver en 1945, aunque sólo actuó en seis tardes, siendo muy aplaudido en todas las ocasiones. El 30 de julio sufrió una cornada grave en Barcelona. No fue un creador con la inventiva de Pepe Ortiz, pero dio calidad al pase natural, base de sus faenas; a veces lo daba rodilla en tierra. Su vida y su arte han pasado al cine, especialmente en la película Un domingo en la tarde. Por dar algunos escándalos le llamaban, apoyados en su apellido, "el ave de las tempestades". Pero en este libro debe quedar el mejor Lorenzo Garza, también apodado "El Magnífico", el de la estatua dando un pase de muleta en el centro de su ciudad de Monterrey. Su recuerdo queda garantizado en nuestros días por la existencia de una peña taurina de distinguidos aficionados en la capital mexicana que lleva el nombre de los tres grandes: "Los de Fermín, Lorenzo y Silverio".


Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



Lorenzo Garza. Está considerado como uno de los cinco grandes del torero mexicano. Los otros son Gaona, Armillita, Silverio Pérez y Luis Procuna. Aunque tampoco se debe olvidar a José Ortiz, Jesús Solórzano, Luis Castro, El Soldado y Carlos Arruza…………Tuvo enormes éxitos como novillero……………Fue Lorenzo Garza un torero de valor estoico, que sorprendió a los públicos con sus escalofriantes parones. Su estilo era, sobre todo, de una gran elegancia. Toreaba superiormente al natural”



Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su libro Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:




“El año 1933, entre los toreros mejicanos llegados a España, vino Lorenzo Garza, un muchachito de veintitrés años………, que a la sazón era modesto novillero en su tierra. Se presentó en Madrid el 19 de marzo, y toreó varias novilladas provincianas, dando siempre una de cal y otra de arena, pues su especial toreo, a base de parón a todo evento, pero sin arte, sin recursos, no le permitía lucirse más que con muy contados toros…………Tras tomar la alternativa en San Sebastián, renunció a su categoría. Nuevamente como novillero, comenzó a actuar en 1934, obteniendo tan frecuentes y ruidosos triunfos con su especialísima manera de pararse ante los toros, que se decidió a tomar otra alternativa en Aranjuez………….Regresó a su tierra, ya en plan de matador de toros, y allí realizó una magnífica campaña………..En Méjico llegó a ser considerado como uno de los mejores diestros del país. Allí es popularísimo y se le llama Lorenzo “El Magnífico”…………….En estos momentos  su cartel en España ha vuelto a ser tan grande cual el que tuvo en su mejor época de novillero, cuando las famosas corridas de competencia entre Lorenzo y su compatriota “El Soldado”, en las que ambos hicieron locuras, como aquella de Madrid en que “El Soldado” entró a matar a un toro con un pañuelo a guisa de muleta y Garza, a continuación, tumbó el suyo de una gran estocada, entrando sin muleta ni pañuelo: simplemente adelantando la mano izquierda, que por algo es la mano del corazón”

 



Fernando Vinyes, en su libro México, diez veces llanto, escribe:

"Lorenzo Garza aseguraba que dio hasta veinticuatro vueltas al ruedo, el 3 de febrero de 1935, cuando, cogido Balderas, tuvo que matar seis toros de San Mateo (Madroño, Trianero, Barbero, Rumboso, Gitanillo y Saladito), que marcaron el inicio del mejor año de su vida taurina, que culminó ganando la Oreja de Oro y cortando un rabo en Madrid...............Lorenzó el Magnífico tomó dos veces la alternativa en España, y en 1934 protagonizó un auténtico "verano sangriento" enfrentado encarnizadamente con el Soldado, tanto en la  plaza como en la calle...........Sostuvo innumerables "manos a manos" con Fermín Espinosa (Armillita), su gran rival, dejando siempre constancia de su personalidad y casta, además de pureza toreando al natural.........."El pase natural con la izquierda, cruzándome, me lo enseñó Belmonte, pero yo le di mi sello". Audaz, insolente, exagerado y genial, su carrera borrascosa discurre entre grandes éxitos y fracasos............Tardes fastuosas como la faena inmortal, con naturales rodilla en tierra, a Amapolo en 1937, la de Príncipe Azul en 1938 y Terciopelo en 1939; Rabioso en 1940, porque el público aplaudía a Balderas en el tendido, le reta, se deja pegar una cornada y, aún en brazos de las asistencias, continúa con sus insultos...........El "Ave de las tempestades" -nunca de azul y oro (las tres primeras cornadas las recibió vestido de ese color)- es un caso de raza y casta. Odiaba la mediocridad: "O éxito.........o almohadillas". Hubo de aquéllos y también muchas de éstas en su carrera. Provocaba al público, y tan pronto salía triunfador en volandas como era detenido y multado. Tenía que salir de la plaza disfrazado de mujer o le sacaban en hombros de la cárcel, tal como después del escándalo de Lobito en 1947, toreando con Manolete, tarde en que quemaron cojines, destrozaron los anuncios y rompieron hasta el reloj..........Hombre de mil anécdotas e historias, que él mismo se encargaba de desorbitar, hizo cine, tuvo romances sonados, conmovió a las masas y sólo tuvo un verdadero amor, doña Priscilianita, su madre, que pasaba rezando de rodillas todas las tardes que toreaba su hijo" 

Rafael Solana, escritor mexicano, comenta:

"El Garza que figurará en los anales, el que deja su nombre indeleblemente inscrito en el libro de oro del arte, es este Garza el Magnífico, el de los pases naturales asombrosos, y no el de los rodillazos ni el de los escándalos, personalidades falsas que no han dado brillo, pero sí administración al prodigio regiomontano"

Así se expresa don Rafael Solana, comenta Fernando Claramunt, que rechaza el parón escalofriante para cantar el natural aún más torero que el que antes se viera en la muleta de Chicuelo, de Ortiz y de Armillita. El distinguido escritor mexicano se nos pone severo sin negar, ni mucho menos, que se dejara toros vivos y  provocase tremendos escándalos, que le valieron el remoquete de Ave de las Tempestades.

Ramón Macías Mora, en su libro El signo de la fiesta, escribe:

"Luis Castro El Soldado y Lorenzo Garza El Ave de las Tempestades, escribieron una de las páginas más comentadas en la historia de la torería, cuando en un mano a mano que protagonizaron en España, Castro citó para matar con un blanco pañuelo y gritando: "Así se matan los toros"; mientras que Garza, herido en su amor propio se despojó de todo avío, lanzando al suelo su muleta y tirándose a matar a cuerpo limpio, sepultando el estoque en el morrillo del toro, mientras decía: "Así se matan los toros, con el corazón", ante el delirio de los aficionados, que no tuvieron más opción que cargar a hombros a los dos coletas americanos y sacarlos por la puerta grande"






Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Del paseíllo al arrastre, escribe:

"Cuando hoy.........vemos una fotografía de una verónica de Victoriano de la Serna, nos damos cuenta de que tiene un vanguardismo que no tienen las verónicas de los toreros de ahora, tan artificiosas y tan vulgares. De la Serna toreaba con una sencillez y una estética elegante como no se ha vuelto a ver. De la Serna toreaba con el capote en los años treinta como Ponce ha toreado con la muleta en los noventa, con esa misma prestancia y esa elegancia tersa, absolutamente impecable. Un torero estéticamente perfecto, para mi gusto aunaría el capote de Victoriano de la Serna, la muleta de Enrique Ponce y el estoque de Paco Camino"















El hijo de Victoriano de la Serna, en el libro Todas las suertes por sus maestros, de José Luis Ramón, escribe:

"Mi padre durante toda su vida tuvo una continua creatividad e imaginación, e improvisó constantemente delante del toro. Es importante conocer esto porque es en este contexto creativo en el que surge el pase de las flores, que inmortalizó Carlos Ruano LLopis...................Mi padre era muy amigo de Ruano, y siempre le había oído decir que le costaba trabajo encontrar muletazos que inspirasen su arte. Mi padre le citó en Valencia, el día de la corrida del Marqués de Saltillo, y en el brindis que le hizo le dijo que sentía hacia él una gran admiración y que deseaba ser motivo de inspiración para su pintura. Ese día, el 25 de julio de 1933, en un momento de iluminación y de una manera improvisada, ejecutó por primera vez, ante el toro Fajito, "el pase de las flores" que efectivamente motivó al pintor.................Cuando mi padre ejecutó en Valencia este muletazo el pase todavía no tenía nombre, pero empezó a denominarse "de las flores" porque Ruano LLopis pintó varias rosas y claveles cayendo en la parte superior derecha del lienzo. Y así, por ese detalle, ha pasado a la historia.................Mi padre lo ejecutaba como remate de una serie de derechazos; es decir, ligado a un derechazo. Entonces, sin apenas dejar que el toro se parase, daba la vuelta a la muleta con mucha armonía, se cruzaba al pitón contrario, y muy despacito giraba y hacía que el toro pasase por su espalda. En el momento de pasárselo por detrás, él se encontraba por completo inmóvil. Este era el último de la serie, porque luego salía andando con parsimonia y gusto"









EL RUEDO







CRÓNICA











ESTAMPA







"Yo no llegué al toreo por dinero ni por hambre, ni tan siquiera por ansias de gloria. El toreo ha sido para mí una mística, la expresión de mi personalidad y basta"

"Es el arte quien enmascara la lucha, el arte de razón a esta barbaridad que es luchar con una fiera. Si arte el toreo es una batalla sangrienta sin el menor sentido"



Victoriano de la Serna y Gil nació en Sepúlveda (Segovia) el 1 de septiembre de 1910. Perteneciente a una distinguida familia, sin ningún antecedentes taurinos. Empezó la carrera de Medicina en Valladolid, al tiempo que manifiesta su afición a los toros, enfrentándose, como es natural, con los deseos de su familia, que no son otros sino los de que siga con sus estudios.

Acude a capeas en las provincias de Segovia y Madrid, y en 1931 torea novilladas en Valladolid, Salamanca y Zaragoza, apareciendo en Madrid el 27 de agosto de ese año, alternando con Chiquito de la Audiencia, donde llama poderosamente la atención por su forma de torear con la capa, con las manos muy bajas y con extraordinaria lentitud, y por el temple de su muleta.
Toreó aquella temporada en Sevilla, donde el efecto que produjo fue semejante al causado en Madrid, por lo que comenzó a considerársele como un revolucionario del toreo.

Tomó la alternativa en Madrid, el 23 de octubre de 1931, con Félix Rodríguez de padrino, que le cedió la muerte del toro Rompedor, de la ganadería de doña María Hernán, viuda de don José García Aleas. Actuó de testigo Pepe Bienvenida. Su actuación fue bastante mediocre.

En la temporada de 1932 sólo intervino en 17 corridas, pues en San Sebastián un toro de Coquilla le infirió una grave cornada. El año 1933 toma parte en 53 corridas, limitando él mismo el número de sus actuaciones, con una temporada pletórica de éxitos, durante la que acabó la carrera de Medicina.
"Los años de 1934 y 1935 -escribe Daniel Tapia en su Historia del Toreo-presentan parecidas características, por más que Victoriano de la Serna, a medida que se va haciendo un torero más hecho, más cuajado, pierda aquellas sus primitivas condiciones de torero genial...........Hasta 1940 Victoriano sigue toreando en plan de torero normal, por lo que ya interesa menos a la afición. En 1941 sólo torea dos corridas...............Victoriano de la Serna dio la impresión de ser un excelente lidiador, al que en todo momento se sobreponía el estilista excepcional que había en él. Sus fracasos fueron ruidosos, por más que parecieran dejarle indiferente, y sus triunfos merecieron toda clase de elogios, pues en Victoriano no había términos medios. Su estilo, tan singular, supo llevarlo a extremos de indudable perfección, por lo que en sus tardes buenas maravillaba y desconcertaba al aficionado, que no hallaba con quién paragonarle" 

Su última temporada como torero fue la de 1944.

Acabó con su vida en su finca de Ciudad Real, el 22 de mayo de 1981.

El propio Victoriano de la Serna, escribió en la revista El Ruedo del 9 de noviembre de 1950, este comentario respecto al pase que luego se llamaría manoletina:

"Hace más de diecisiete años yo daba un pase de frente por detrás, pasándome el toro por delante, y luego giraba, peinándole el lomo al toro, que al revolverse quedaba frenta a mí nuevamente..............Todo esto, con arte e inspiración, que es cuando solamente resultan las cosas importantes. El inventor de esto que llaman ahora manoletina, creo yo que debió ser (el torero cómico) Llapisera, que, dicho sea de paso, ha sido un gran artista en su género. A mí me ocurre con este ase un poco de lo que le sucedía al descubridor de la dinamita: es tal la repulsa que me produce, que me gustaría instituir un premio para el toreo que al final de la temporada no hubiera dado ninguno. Pues lo que puede pasar como adorno accidental -como adorno y como juego lo hizo Manolete- es inadmisible como base de una faena"

Añade Victoriano de la Serna que "como adorno y no como base de faena" la primera vez que hizo la suerte que luego se conoció como manoletina fue en Valencia, y luego en México en 1933.


El hijo de Victoriano de la Serna habla sobre "el pase de las flores" tan característico en el toreo de su padre:

"El pase de las flores mi padre lo ejecutaba como remate de una serie de derechazos; es decir, ligado a un muletazo. Si apenas dejar que el toro se parase daba la vuelta a la muleta con mucha armonía, se cruzaba al pitón contrario y muy despacito giraba y hacía que el toro pasase por su espalda. En el momento de pasárselo por detrás, él se encontraba por completo inmóvil. Luego salía andando con parsimonia y gusto" 


"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg. 12, escribe:

"Si a la personalidad, al arte con que ejecutaba las suertes conocidas del toreo y otras de su propio acervo, les hubiera acompañado la decisión y la continuidad, otro sería para la historia el nombre de Victoriano. En 1933, especialmente la primera parte de la temporada, que estuvo acompañada de grandes éxitos frente a Domingo Ortega, nos puede dar la tónica de lo que pudo ser este torero. Pero en seguida se dio por contento y pagado……….Sus temporadas fueron con altibajos, a causa de su indolencia. Se retiró para hacer un breve regreso en 1940………..Aparte del recuerdo de su lento toreo de capa, ha dejado para los tratados del arte de torear una de las suertes en “ina” de esto últimos tiempos; la “lasernina”."



Gregorio Corrochano escribe sobre la emoción que causa su toreo:

"Dio algunos pases verdaderamente admirables. Se fundió con el toro y, por tanto, se fundió con el público. Entre el toro, el torero y el público no había distancia. El entusiasmo los derritió"



Néstor Luján escribe en su Historia del Toreo estos comentarios sobre él :

"Las cuatro verónicas que da en la plaza de Madrid, el 27 de agosto de 1931, le abren crédito para años. Son unas verónicas serenas y crepusculares, con una lentitud asombrosa, en las que se presiente una desdeñosa indolencia...........La Serna es un torero genial y él lo explota hasta exasperar a las masas. Su toreo elegantisimo sufre, a la menor dificultad, unas caídas estrepitosas. Su estado de humor es definitivo para su toreo. La Serna se ha lamentado de tener que torear a horas fijas. Sostiene que el torero debería poder torear cuando se siente transido por la inspiración..............No sólo se dedicó a esculpir verónicas, como Gitanillo de Triana, La Serna fue un extraordinario muletero, un creador de pases nuevos y bellísimos, que daba cuando se le antojaba.........La Serna ha sido un caso aparte: su inmovilidad, su hieratismo, su elegancia, es precursora del toreo de Manolete...........Es el arquetipo del torero-artista..............Como estilista de la elegancia, fue una de las cumbres del toreo posbelmontino y una de las personalidades más curiosas de la historia de los toros"

Cossío se refiere a él en los siguientes términos:

"Aun con desigualdades, inevitables dada la calidad excepcional de su toreo, cuajó faenas únicas de arte y gallardía. Pero no sólo es lo singular de su estilo lo que se impone, sino que con su clara inteligencia se hace cargo de la parte técnica del toreo, conoce sus secretos y martingalas y al aficionado exigente le da la sensación de que en él hay una auténtico lidiador, desbordado por un estilista singular"

Vamos a entresacar algunos comentarios que José Alameda en su libro Los heterodoxos del toreo dedica a Victoriano de la Serna:

" Era un artista de línea natural, no cambiada, no contraria. Toreaba siempre sin molestar al toro, que es un principio básico de esa cuerda del arte. Por eso toreaba a pocos toros, pero a esos pocos los toreaba de verdad..........El gran toreo, el verdadero toreo, se puede dar pocas veces, se da de hecho pocas veces..........Hablo de un torero al que llamo intransitivo, porque no tiene traspaso ni enseñanza posible, ya que para realizarlo de nada vale el conocimiento de un mecanismo; se necesita el genio personal, la media prodigiosa, intransferible, que permite quedarse ahí, sin modificar el terreno. Para torear como La Serna había que ser La Serna"


El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Cuanto de la genialidad y personalidad se diga de este torero será poco. Yo fui de los menos sorprendidos, porque Eduardo Pagés me había puesto en antecedentes; por ello, precisamente, sentí mayor curiosidad por conocerle, y no me defraudó. Lo que hacía, cuando estaba en vena, era portentoso; le vi efectuar lo que luego se llamó manoletina, como si fuera invención de Manolete; en las verónicas bajaba las manos y se rodeaba el toro al cuerpo; con la muleta paraba y templaba lo increíble; con la espada era desigual. Daba la sensación de que toreaba para él solo y por el capricho de torear, y lo hacía con valor, pues no se pueden hacer las cosas que él hizo sin tenerlo muy grande. Personalidad y finura tuvo para regalar. Como es natural, me gustó sobremanera, pero comprendí que aquella forma de hacer no podía durar, y, menos aún, con su carácter. Se casó, y hoy es labrador y ganadero acomodado"


César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"Después de la Feria del Pilar, la agonizante temporada registra en Madrid, el 23 de octubre, un interesante: la alternativa de Victoriano de la Serna; el joven estudiante de Medicina sepulvedano de veintiún años, que, semejante a Ortega, con un solo curso abreviado de toreo -una decena de novilladas picadas- revolucionó el mundo taurino al presentarse novillero en Madrid un día del pasado agosto............La corrida dista mucho de resultar lucida.....................Un estilo singular y una singularísima personalidad se perfilan, sin embargo, netamente, pese al petardo, en el nuevo torero. Su maravilloso capote -modalidad cercana al del inolvidable Curro Puya- torea, cuando torea, lenta y hondamente. Los altibajos de su muleta -superior en técnica a la del malogrado gitano- dan la clave de su voluble y desconcertante -y desconcertada- personalidad. Es el vino viejo de Rafael el Gallo en odre nuevo. Más maciza y profunda su parte buena -la cara de la moneda- a causa de cuanto el toreo se ha ido ahondando. Idéntico su lado malo, la cruz: el de la indiferencia por el fracaso con que pone pies a la huida, por aquello de que "¡no siempre se puede estar inspirado!"..................De su desigualdad, muy acorde con su carácter- por lo oído, pues yo no hablé con él hasta después de retirado-, se sentía orgulloso o, por lo poco, satisfecho. Su tarde más feliz "fue aquella de Algeciras que corté las orejas, rabo y pata de un buen mozo de Pablo Romero, después de haberme echado el otro al corral".......................Por supuesto, la espada de Victoriano no es la de Mudarra. Ha mucho que el concepto estético desalojó al heroico. Mucho, sobre todo, que "los toreros artistas, salto atrás a Cúchares, aliviaron la suerte de matar, y que los virtuosos del estoque, salto atrás a Mazzantini, pecaron de insuficiencia torera". Realmente, tan sólo en la segunda mitar del XIX -del 68 al 93- ambos conceptos se vieron complementados en Lagartijo y Frascuelo, ejemplario que aúna lo bello, lo noble, lo arrogante y lo arriesgado"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



Vicente Barrera. Fue un torero muy discutido por su estilo, aunque la historia y la crítica ponderan en alto grado su enorme valor y gran profesionalidad……………Toreaba sin quietud, sin estética, sin gusto. Fue un deficiente matador, defecto que suplió con una enorme habilidad con el descabello………….Barrera ha pasado a la historia por su formidable acierto en la suerte de rematar a los toros con el descabello. Toreros coetáneos suyos han hablado mucho y bien, de su extraordinario valor………………….Cossío señala: Tuvo una gran dignidad profesional, valor e inteligencia, y como resultado un gran dominio, sobre todo con la muleta……………………..Para Nestor Luján: Barrera ha sido un lidiador eficacísimo que no vaciló jamás ante toros de distinta condición…………... César Jalón, Clarito y Gregorio Corrochano no son nada benévolos con el diestro valenciano”




El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Este burgués segoviano, nacido en el seno de una familia sin relación alguna con el planeta de los toros, comenzó a frecuentar las capeas mientras cursaba estudios de medicina en Valladolid. Su presentación en Madrid como novillero, el 27 de agosto de 1931, dejó estupefactos a público y aficionados: su forma de torear de capa, con las manos muy bajas y una lentitud increíble, creaba una tensión insostenible; y otro tanto sucedía con su toreo de muleta. Se trataba de un artista, de un revolucionario, en cierto modo, pero inconstante, al que todos los públicos esperaban con expectación e impaciencia, en particular durante su brillante temporada de 1933, precisamente el año en que terminó la carrera de Medicina en la Universidad de Valladolid. Pero, tras otra temporada igualmente notable, se volvió cada vez más irregular o bien toreó de una forma estrictamente clásica, en contra de los gustos mayoritarios del público. A pesar de que su carrera se prolongó por espacio de una docena de años -hasta 1943 pero con la interrupción de la guerra civil-, sólo toreó 256 corridas"


Filiberto Mira, en su libro "Vida y tragedia de Manolete", escribe:

"Temporadas en las que se adensa el genial estilo capotero de Belmonte. Un estilo que agrandaría Curro Puya hasta límites de temple infinito. Un estilo sublimado por el fastuoso empaque de Cagancho y estilizado en proporciones increíbles por el genio e ingenio de Victoriano de la Serna……………Otros capotistas insignes: Fernando Domínguez, Laínez, Venturita, Chucho Solórzano, El Soldado………..¿Quién no toreaba bien con el capote en la década de los treinta?"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



Victoriano de la Serna. Es uno de los más grandes artistas de una época de artistas excelsos…………..Su manera de torear con el capote asombró al público madrileño en su presentación. Fue, en certeras palabras de los que lo vieron torear, “el primero que le bajó las manos a Belmonte”. La Serna, torero fundamental, toreaba con las manos muy bajas, con un temple y una elegancia muy pocas veces superados. Además, el torero de La Serna fue pura intuición, no tuvo maestros……………..Fue un torero soberbio, de potente imaginación y, por encima de todo, un artista genial, casi un arquetipo. Dejó para la posteridad su genial invento, el pase de las flores, un pase de muleta cambiado por la espalda que inmortalizó en un cuadro Ruano LLopis”



Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:




Victoriano de la Serna. He aquí un torero superpersonalísimo, que surgió con un estilo tan superoriginal que sorprendió e interesó inusitadamente al público……………..En sus primeras salidas a los ruedos …..hizo demostración de un arte verdaderamente extraordinario y nuevo; sobre todo, el temple, la suavidad y la mecida duración que imprimía a sus lances de capa, que nadie los había igualado, ni siquiera por soñación. Pero Victoriano tuvo y tiene “cosas”, y sin llegar al “Gallo” en lo que a desigualdades se refiere, se le aproxima bastante. De ahí sus altibajos en cuanto al sitio que ocupa en el toreo. Es un torero de gran inventiva –ya está dicho que su fuerza es la originalidad-, y a él se deben las “manoletinas”, tan en boga actualmente, que en realidad debían llamarse “laserninas”, aunque Victoriano las dio sin agarrar la muleta por detrás con la mano izquierda; y otros muchos lances y muletazos improvisados que, aun resultándole inspiradísimos y de gran éxito momentáneo, no intentó siquiera repetir, preocupado constantemente por la creación de otros nuevos, en su obsesión de ser original. Tuvo siempre en la plaza una extraordinaria “pose” y una languidez,  afectada o natural, que para sí quisieran muchos toreros gitanos; quizás demasiada “`pose” y demasiada languidez……..Pero ahí está su personalidad…………….Los aficionados esperan siempre de Victoriano lo extraordinario, porque lo que no cabe esperar de él es la vulgaridad. Ha sufrido varios percances, que no mermaron su afición. Y debe subrayarse que todo el toreo peculiarísimo, genial, de Victoriano de la Serna fue realizado con TOROS, con aquellos toros de antes de 1936”




Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"El caso de Victoriano de la Serna es el de una asombrosa intuición. Nunca había ido a los toros. En el hogar acomodado donde vivía no había la más mínima afición. Primero quiso ser militar; después quiso ser médico, e ingresó en la Facultad de Medicina. Los toros prácticamente no sabía ni que existían.......Hasta que un buen día se organizó un festival para recabar fondos con el objetivo de terminar la Ciudad Universitaria de Madrid...................En éstas Victoriano siente la llamada del ruedo dentro de su pecho y sin estar anunciado ni saber nada de toros, irrumpió en el ruedo y, con general entusiasmo, se puso a torear a la verónica como si lo hubiera estado haciendo toda la vida. A partir de entonces lo tuvo claro: sería torero..............Su ascensión fue meteórica. Al poco tiempo era matador de toros. Su estilo toreando a la verónica fue de una genial sencillez. Impávidamente, colocado muy de frente al toro y con las manos muy bajas; economizando al máximo los movimientos. Tenía un estilo modernísimo: toreaba a la verónica con un vanguardismo con el que no torean los diestros actuales. No hay duda: aquellos años fueron los mejores del toreo a la verónica.................Con la muleta era desconcertante. A Néstor Luján lo sacaba de quicio: después de dar una buena serie, se sentaba en el suelo, se daba golpes en el pecho, parecía entrar en trance....., en fin, hacía todas esas tonterías que últimamente hemos visto a Julio Aparicio hijo y Javier Conde. Poses infantiles que nada tienen que ver con el arte. Además, se arrimaba poco. Por tanto era un diestro desigual, aunque Marcial Lalanda, tan poco sospechoso de ser amigo de los toreros de arte, dijo de Victoriano de la Serna el siguiente halago: "Yo no entiendo de poesía, pero eso era lo que hacía Victoriano de la Serna toreando". Victoriano de la Serna tuvo una personalidad del todo extraña: cuando estaba a gusto, hacía un torero onírico donde se ignoraba por completo al toro. Con el capote fue un adelantado. También le inmortalizó Ruano Llopis en El pase de las flores"

2 comentarios:

  1. Que bonito era el toreo de capa cuando la verónica se realizaba con las manos bajas y cargando bastante la suerte. Cuando los banderilleros en su toreo de capa solo lo hacían a una mano, cambiando después a la otra. Cuando para los quites al caballo solo esta el matador de turno y realizaba quites tan bonitos como el farol, raramente visto ahora.

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