martes, 10 de abril de 2012

GITANILLO DE TRIANA / DOMINGO ORTEGA

Lenta, olorosa, redonda
la flor de la maravilla
se abre cada vez más honda
y se encierra en su semilla.
Cómo huele a abril y mayo
ese barrido desmayo,
esa playa de desgana,
ese gozo, esa tristeza,
esa rítmica belleza,
campana del Sur, campana.

                                 Gerardo Diego. A la verónica de Gitanillo de Triana


.....en los vuelos del capote,
con el toro que va y viene,
juega al estilo andaluz,
en una clásica suerte
complicada con la muerte
y chorreada de luz.......

                                                    Manuel Machado. De La Fiesta Nacional


"¿De qué metal es el capote de Gitanillo, que tanto pesa?"

"Dime, Curro Puya, ¿se te para el corazón cuanto toreas?" Porque ayer creo que se paró el mío viéndote torear. ¿Cuánto tardaste en aquellos lances del sexto toro y aquel quite del primero? ¿Tó lo sabes?"

                                                               Gregorio Corrochano

"Con el capote, era el más perfecto que yo he visto torear en toda mi vida. Y, además, tenía valor, cosa poco frecuente en los toreros de este estilo"

                                                                             Marcial Lalanda


"Su toreo de capa llevaba los cantes de Manuel Torre en sus vuelos"

                                                                    Victoriano de la Serna


"Mis compañeros, durante la era de la República, toreaban muy bien de capa. Gitanillo era el mejor de todos en el primer tercio. Pero con la muleta no podían con los toros de entonces"

                                                       Domingo Ortega































MUNDO GRÁFICO 





































EL RUEDO 









































"Compadre (le dice un Cagancho convaleciente), hasta Juan Belmonte te tiene envidia. Los críticos dicen que una verónica tuya vale más que toda una serie de las suyas. Y que se para el tiempo y detienes la respiración de los aficionados porque nadie ha toreado de capa con tanta lentitud y arte.

-Eso dicen, primo, eso dicen. Me pondré el vestido ceniza y plata y que sea lo que Dios quiera (esta pensando en la corrida que tiene que lidiar en Madrid el 31 de mayo de 1931, con los agresivos toros de Graciliano, formando cartel con Chicuelo y Marcial Lalanda y que le costará su vida)









Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana, y que usó también el remoquete familiar de Curro Puya, nació el 23 de septiembre de 1903 en Triana (Sevilla). Su oficio, para no desmentir la tradición gitana y trianera, fue la de herrero.

En el tentadero de don Narciso Darnaude toreó el invierno de 1923-24 la primera res brava, una vaca, y lo hizo de tal manera que llamó la atención de cuantos presenciaban las incidencias de la lidia.

El 22 de abril de 1924 toreó de modo tan maravilloso una vaca en el tentadero de don Antonio Flores, que cuantos le vieron, y entre ellos estaba Juan Belmonte, hicieron calurosos elogios del muchacho, augurándole un brillante porvenir.

Su compañero de juegos fue Cagancho y con él corrió las primeras aventuras taurinas. Viste por primera vez el traje de luces en la isla de San Fernando (Cádiz), el 18 de mayo de 1924, alternando con Manuel Fernández, con novillos de Félix Gómez, sin picadores. Recibió una cornada en una pierna. Al año siguiente se presenta en Sevilla y obtiene la oreja de uno de los novillos a los que toreó con la capa de modo magistral. 

Se presentó en Madrid el 30 de julio de 1926, con novillos de Coquilla y dos del duque de Tovar, convenciendo a los aficionados por su manera de torear con el capote. 

Tomó la alternativa en El Puerto de Santa María, el 28 de agosto de 1927, de manos de Rafael el Gallo, que le cedió la muerte del toro Vigilante, berrendo en negro, de la viuda de Concha y Sierra, y con Belmonte de testigo. 

Confirmó la alternativa en Madrid, el 6 de octubre del mismo año, de manos también de Rafael el Gallo, siendo los toros de don Julián Fernández (antes Vicente Martínez) y actuando de testigo, de nuevo, Juan Belmonte. Según José María de Cossío: "Estuvo maravilloso toda la tarde toreando de capa y quites, y en el último toro consiguió cuajar una gran faena de muleta, que el público aclamó con entusiasmo".

El año 1928, fue un año triunfal, y toreó 69 corridas, cifra que solamente sobrepasó Chicuelo. Al finalizar esta temporada fue a México, donde obtuvo la Oreja de Oro. 

En 1929, tras un accidente de automóvil, descendió mucho su categoría, y toreó sólo 24 corridas, para desmoronarse todavía más en 1930, si bien las pocas tardes en  que triunfó este año fueron verdaderas apoteosis.

La temporada de 1931 la comienza con grandes bríos. Llevaba toreadas 16 corridas cuando sobrevino el percance fatal de Madrid.

El 31 de mayo de 1931, en Madrid, en una corrida de Graciliano Pérez Tabernero, en la que alternaba con Chicuelo y Marcial Lalanda, al iniciar un ayudado por alto muy pegado a las tablas, al toro Fandanguero, negro, fue enganchado, derribado y corneado. La celeridad con que Marcial Lalanda acudió al quite no fue suficiente para impedir que el toro le infiriera tres gravísimas cornadas. A consecuencia de ellos falleció en Madrid el 14 de agosto del mismo año, tras más de dos meses de sufrimientos horribles, que él soportó con el característico fatalismo de su raza gitana.


El 31 de mayo estaba en el tendido de la plaza madrileña Ernest Hemingway y nos ha contado lo que vio:

"Apareció en el paseíllo balanceándose alegremente sobre sus largas piernas, el rostro bronceado y con mejor aspecto que otras veces y, sonriendo a todos los que le reconocían, se acercó a la barrera para cambiar el capote. Parecía estar en forma; tenía un tinte de tez tabaco claro; los cabellos que había visto el año anterior descoloridos por el agua oxigenada empleada para lavarle la sangre cuajada en la sien, a causa de un accidente de automóvil en que resultó gravemente herido, habían vuelto a tomar su color reluciente de ébano. Llevaba un traje de plata que subrayaba todo lo negro y moreno de su persona y parecía muy contento...........Con la capa se mostró lleno de confianza con un juego magnífico y lento: El estilo de Belmonte resucitado por un gitano de largas piernas y caderas estrechas. Su primer toro era el tercero de la tarde; después de un excelente trabajo de capa estuvo viendo poner las banderillas; luego, antes de adelantarse con la espada y la muleta, hizo un gesto a los banderilleros para que llevasen el toro más cerca de la barrera........-Ten cuidado con él. Derrota un poco hacia la izquierda- le dijo su mozo de estoques, tendiéndole la espada y la muleta. -Que derrote lo que quiera. Ya me haré con él"



"La cornada mortal de Gitanillo- nos comenta Fernando Claramunt en su libro República y toros- sobrevino al comenzar la faena de muleta, tras un estatuario por alto, en el llamado pase de la muerte. Quiso citarlo luego por el lado izquierdo y el toro, de nombre Fandanguero, lo lanzó a gran altura con las dos piernas separadas, boca abajo y con la muleta todavía sujeta. El cuerno penetró en el muslo izquierdo y a continuación, una vez en el suelo, lo empujó don fuerza junto a la barrera y allí le clavó de nuevo el asta en la espalda, sacándole todo el nervio ciático.........Los peones lo recogieron y se lo llevaron a la enfermería con la cabeza colgando..............Fue muy penosa la evolución de las heridas de Gitanillo de Triana. Permaneció en cama hasta mediados de agosto, en que le sobrevino la muerte por meningitis, como consecuencia de lesiones de la espina dorsal............Setenta y cinco días duró la agonía de Gitanillo, con alternativas que parecían detener el fatal desenlace. Consciente de su gravedad quiso hacer testamento y ante un notario nombró herederos universales a sus padres............Conducidos los restos del torero a Sevilla, tuvo lugar el solemnísimo y muy popular entierro. En cabeza del duelo estaba su hermano Rafael, muy pronto matador de toros, así como Juan Belmonte, Bienvenida (padre), los ganaderos Miura, .......Fue preciso bajar el féretro del carruaje porque todos querían llevarlo en hombros y así se hizo, aunque se rogó que se apartasen a las numerosas trianeras llorosas que seguían el festejo. Toreros y aficionados se turnaron en el largo trayecto hasta el cementerio de San Fernando, donde Gitanillo fue enterrado cerca de las tumbas de los matadores Maera y Varelito



De la colección LOS ASES DEL TOREO. GITANILLO TRIANA, por Tomás Orts Ramos (1866-1939). Editado en Barcelona, 1929., he seleccionado los siguientes comentarios:


“(Pg. 3) Curro Puya es otro caso de intuición…….como Costillares, Curro Guillén, Curro Cúchares, Lagartijo el grande……….(Pg. 14)….Hizo su presentación en Sevilla el 15 de agosto de 1925, con novillos de Curro Molina……..Se presentó en Madrid el 30 de julio de 1926, y llegó a actuar en 45 novilladas…….En Toros y Toreros de ese año, Don Ventura escribía: “……Gitanillo de Triana nos ha producido la mejor impresión cuantas veces le hemos visto torear, pues si el capote lo maneja con arte exquisito (Pg. 15), con la muleta ha realizado faenas muy notables y en momentos de compromiso hemos visto como entra a matar con la preocupación de llegar con la mano al morrillo………..Gitanillo de Triana torea y mata; es valiente y es artista, pues singularmente con el capote hay pocos que le igualen”……….La alternativa la recibió en el Puerto de Santa María el 28 de agosto de 1926 de manos de Rafael Gómez el “Gallo”, que le cedió el primer toro llamado Vigilante, berrendo en negro, de la viuda de Concha y Sierra……..Confirmó la alternativa en Madrid el 6 de octubre de ese mismo año…….(Pg. 17)……En 1928, Gitanillo toreó en España 69 corridas, y estoqueó 135 toros, o sea el que más después de Chicuelo……..Al finalizar la temporada marchó a México…….donde ganó “La Oreja de Oro 1929”, “el supremo galardón de la temporada”, (Pg. 18)…..lidiando al toro “Como Tú”…….(Pg. 20)….Federico M. Alcázar publicó en 1928 un artículo respecto a Curro Vega: “¿Cómo torea Gitanillo con el capote? Es muy difícil dar una idea de las verónicas de Gitanillo, porque todo lo que digamos resulta un poco pálido ante la realidad. Es necesario verle para formarse una idea exacta del arte maravilloso de este maravilloso torero………Esos lances suaves, lentos, largos, interminables, en los que el toro tarda tanto tiempo en pasar, que parece que se para el reloj, se para el corazón y se suspende el tiempo, son algo indescriptible, inenarrable, inexpresable en imágenes y palabras…….¿Y la muleta? No tiene la magia del capote, pero hay en ellas momentos prodigiosos. Ese pase natural, ¡natural!, es acabado, perfecto, puro, clásico, y ese forzado de pecho ejecutado con singular arrogancia es lo macizo, la matriz, lo eterno del toreo……..Tiene otros tres pases incomparables: el natural con la derecha, ligado con el de pecho, y ese muletazo ayudado por bajo, que el toro pasa despacio y el torero permanece erguido, inmóvil, sin más movimiento que un ligero quiebro de cintura y un leve juego de muñeca…….Un día le preguntaron a Rafael el Gallo qué entendía por clasicismo en el toreo. (Pg. 21)….El “calvo” se quedó un instante pensativo y al momento respondió: -Clásico es lo bien hecho, lo bien “arrematao”………….En Gitanillo hay también un excelente matador. Todo su gran estilo de torero parece que lo lleva a este momento supremo y ejecuta la suerte de matar con una pureza, una honradez y un estilo asombrosos. Le ocurre algo de lo que le pasaba a Belmonte, que toro que torea bien, lo mata tan bien como lo torea”………..(Pg. 22)…….Gitanillo de Triana es un toreo completo, con un estilo muy personal, que, además de torear maravillosamente con el capote, torea muy bien con la muleta; y que un diestro con estas condiciones sobresalientes sea además un buen estoqueador, es cosa notable, pero muy notable………..Con el capote es quizá, y aun sin quizá, en lo que más vigorosamente se destaca la personalidad de Curro Vega. Sus verónicas, son modelos de temple y suavidad tan pausadas y lentas que a veces es posible que por exceso se aminore, si no la calidad del lance, su fuerza emotiva……….(Pg. 25)…….Gitanillo, con el toro que le embiste recto, es algo extraordinario y sus lances inconfundibles………Con la muleta, es artista y dominador, y con un poco más de alegría, de más fibra, menudearía las grandes faenas,  porque puede con todos los toros y conoce como pocos para que sirve la franela en manos del matador…………Su pase natural es preciso, valiente y gallardo el de pecho, de una elegancia insuperable sus ayudados por bajo; y un muletero enorme, en total”



"Don Indalecio", en La Tauromaquia en el siglo XX, primer cuaderno. En el número 3 de Cuadernos Taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pg.124, escribe:

"….Fue un torero corto, pero excelente; principalmente con el capote, al que trajo el toreo de las manos bajas. Sus lances de capa, sus verónicas de “los cinco minutos de silencio”, provocaban una emoción artística que, a su muerte, no heredó ningún compañero. Además, aun de la raza de los faraones, no tenía esos desmayos en brazos del miedo, tan propios de los toreros de su raza. Podría o no podría con los toros Francisco Vega de los Reyes, pero en los casos malos no perdía la dignidad torera………….Tomó la alternativa en el Puerto de Santa María el 28 de agosto de 1927, con Rafael el Gallo de padrino y un toro de Concha y Sierra. El otro espada fue Juan Belmonte. Un cartel que, al cuarto de siglo, le llena al aficionado la boca de agua………En su breve carrera de espada de alternativa tuvo mala suerte. En 1929, un accidente de automóvil, del que resultó herido gravísimamente, le estropeó la temporada, y en 1931, al torear en Madrid, el 31 de mayo, con Chicuelo y Marcial, un toro de don Graciliano Pérez Tabernero, Fandanguero de nombre, lidiado en tercer lugar, le cogió al torearle de muleta, le produjo tres heridas gravísimas, que le llevaron al sepulcro el día 14 de agosto siguiente………Con apenas una temporada completa realizada, el nombre de Gitanillo de Triana ha quedado profundamente en el buen recuerdo de los aficionados que pudimos admirarle."

Cossío escribe:

"No fue Gitanillo de Triana una primera figura en la acepción de dominadora y en primer plano constante del entusiasmo del público. Lo impedía, aparte limitaciones de sus medios tácticos, una dejadez de raza que en años de menores entusiasmos le hacía esperar su toro para hacer lucir su arte. Pero éste fue de tal clase, que logró la perfección, especialmente con el capote, hasta tal punto que su verónica, expresivamente calificada de un minuto de silencio, suave, lentísima, el cuerpo erguido, las piernas en posición de sustentarle, ni muy abiertas ni juntos los pies, las manos bajas, puede quedar como modelo de hasta dónde ha llegado el esfuerzo del arte torero para dar a una suerte la máxima intensidad expresiva dentro de la más gallarda belleza plástica"

Néstor Luján, en su Historia del Toreo, escribe:

"Gitanillo era un muchacho alto y espigado, con la tez morena, los cabellos negros, largas piernas y porte triste.....................Gitanillo de Triana, además de ser el más maravilloso torero por verónicas de su época, logró torear con la muleta, cuando el toro de prestaba, con elegante estilo. Pero necesitó siempre su toro para poder torear cómodamente con aquel arte suyo transparente y triste, y fue porque carecía de recursos y de fortaleza física.Con la espada fue poco efectivo y, como la mayoría de los estilistas de la época, no banderilleó jamás"




Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Corta carrera fue también la de Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana, un gitano inconstante pero fabuloso cuando le visitaban los duendes y le inspiraban sus verónicas despaciosas y lánguidas, llevando el capote muy bajo para casi acariciar al toro, y que hoy resultan ya nostálgicas"


Rafael Ríos Mozo, en su libro Tauromaquia fundamental, escribe:

"Este extraordinario artista es el que mejor ha manejado el capote desde que el toreo existe..................Enseguida corre por toda Andalucía el rumor de que hay un muchacho de Triana que torea a la verónica como nunca se ha visto. Sobre todo le da a cada lance una belleza y una lentitud, que más tarde, para definirlo, un ilustre crítico diría: "Se me ha parado el reloj"....................Algunos escritores sostienen que cada verónica aislada de Curro Puya era superior a todo, incluso a las de Juan Belmonte, pero que tenían el defecto de carecer de ligazón, debido al excesivo bajar de las manos, que no le permitían ligar sin enmendarse. Otros, en cambio, dicen que superó a todo lo superable este gitano de la mismísima Cava.........................Los elogios lanzados a su modo de interpretar el toreo de capa fueron de una vena lírica extraordinaria, desde el ya mencionado "se me ha parado el reloj", al de "a Gitanillo se le para el corazón en cada verónica" o "los lances de los cinco minutos de silencio"......................Con la muleta, aunque no era ni mucho menos tan perfecto como con el capote, empleaba un estilo sensual que arrebataba a los públicos....................Con el estoque, sin ser depurado, se volcaba sobre los morrillos de los toros en valerosos volapiés"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"¿Por qué se dice que Curro Puya, aquel inolvidable Francisco Vega de los Reyes, ha sido el mejor veroniqueador de la historia del toreo? Por una razón muy sencilla: porque ha sido, con gran diferencia, el que ha toreado a la verónica con más temple, es decir, con más lentitud. Corrochano pudo escribir este título: "¿Dime, Curro, ¿se te para el corazón cuando toreas?


José Alameda, en su libro El Hilo del toreo, es mucho más crítico a la hora de comentar el toreo de capa de Gitanillo de Triana:

"La verónica gitana, la de Cagancho y Curro Puya (Gitanillo de Triana), tenía una belleza plástica indudable, pero en su desarrollo era menos rica que la de Belmonte y Ordóñez, pues por ahondar perdía ritmo, más bien paralizaba un poco el toreo, rompiendo su fluencia natural, al servicio de un efectismo doble: escultórico, por una parte, en su afán de plasticidad; literario, por otra, en su afán de dramatismo...............Algunos cronistas dijeron que ese lance paraba el tiempo, como elogio metafórico, pero ya hemos visto que lo que había de cierto en el asunto no constituía precisamente una virtud...............La verónica gitana, a despecho de su encanto, de su sortilegio, o precisamente por él, da la impresión de ser un poco de teatro, con más luz de candilejas que de sol"


En la misma línea crítica se expresa José Bergamín, en su libro La claridad del toreo:

"Recordemos que fue al gitano Curro Puya, por mal nombre Gitanillo de Triana, a quien se le ocurrió bajar muchos los brazos para torear con más lentitud y elegancia. Y que de esta ocurrencia -estética solamente, al parecer, en su principio- se engendró hasta llegar a sus derivaciones más tramposas casi todo lo que se hace y se dice en el toreo desde entonces hasta la fecha"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"Después, con tan terribles desigualdades, que no han acertado a establecer un punto de transición, entre lo sublime y lo ridículo, entre lo más noble, lo más puro y lo más estético, y lo más feo y reprobable, aparecen Cagancho y el malaventurado Gitanillo de Triana. Éste no es desigual por falta de valor -antes el valor le pierde- sino por falta de experiencia. Su pentagrama no sabe de otra nota que la del do de pecho. Cagancho, a quien la naturaleza dota físicamente de las proporciones armónicas de un Lagartijo, está más dentro de la débil moral de los toreros al margen..................Pero uno y otro -y en cierta ocasión a entrambos juntos- debe la fiesta, contra grandes desastres, hazañas toreras de una belleza plástica y de un colorido insuperables. ¿Se ha olvidado alguien del 13 de junio de 1930, cuando torearon juntos los dos?..................................La "picadilla" de los gitanos titula César Jalón la crónica de esa corrida, de la que extraigo algunos párrafos: "No cabe perfeccionar más. Casi no se concibe esta pasarse de uno a otro el toreo de capa, para devolvérselo siempre con un más allá en estilización, en alargamiento de la suerte...............El público se ha penetrado de la "picadilla" de estos dos gitanos, que en plan de pelea llegan a negarse el parentesco, pero que en la plaza son mucho más que primos hermanos, porque llevan en la masa de su sangre torera la misma escuela, la misma técnica: la de la mano abajo y el mando suave............"

"El maleficio del mes de mayo. Percance mortal de Gitanillo.................Fué en el tercer toro. Gitanillo de Triana, que le había impuesto -ignoro cómo no le cogió entonces- su toreo de capa, el de más depurado estilo que hemos conocido, a un enemigo de condición poco franca, quiso imponerse también con la muleta. Y ahí quebró. El toro, sin romperse en la suerte de varas, se la cambiaron con sólo dos, creció mucho...............Crecido el toro y sin haber perdido su querencia hacia adentro, fué Gitanillo y, equivocado, todavía lo mandó cerrar más a un peón. Y empezó la faena con el toro atravesado en el camino de las tablas y  muy cercano a ellas, con todas las ventajas para el enemigo...............En un mínimo descuido -cuarto pase de la faena- la res prendió al hombre............Alguien recordó a mi lado, por su similitud, el percance de Granero...............A los dos meses y medio de lucha con la muerte, sucumbe Curro Vega"


César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"Curro Puya cita al lance un poco sesgado con el toro, consejo de la tauromaquia de Guerrita en favor de la carga de la suerte y cambio de postura para el lance siguiente; el capote que se ofrece, un tanto recogido y bajo, abre su ala al volcarse el toro en él, parece retenerle un instante para que lo lleven muy despacio, con desmayada languidez y como dormidos -"¡un minuto de silencio!"- sus largos brazos....................En virtud de la torera estampa del grupo, de la artística bajamano; del mágico temple de la tela, de la eterna duración del lance, esta verónica de Gitanillo supera en belleza al modelo belmontino. Exagerado, hasta casi vicio el precepto virtuoso de las manos bajas -que Curro Puya hunde hasta la raíz del toreo-, su excesiva bajura dificulta la ligazón. Pero es lunar inadvertido, porque son tan leves las enmiendas del terreno que un lance se topa en seguida con el siguiente.........................Valeroso siempre, sin arredrarle ni siquiera la suerte de matar, el escalón que separa su fantástico primer tercio del tercio final débese a que su muleta -mas que consiga de su lento hacer y mano baja pellizcos, pases naturales y de pecho entonados con su obsesión belmontina-, es notablemente inferior a su excelso capote. O quizá a no entender del todo los toros, ni "disponer su pentagrama de otra nota que el do de pecho". Jamás a endeblez del coraje o debilidad moral"

"......el último día de mayo (de 1931) presencio la espantosa cogida de Gitanillo de Triana, de consecuencia fatal tras dos meses y medio en desesperada y agoniosa lucha con la muerte............................Al torear de muleta al nombrado Fandanguero y repetir un ayudado por alto, Gitanillo de Triana es prendido, derribado y corneado sañudamente en el suelo. Marcial Lalanda, pendiente de la faena, avisado del peligro, acude presuroso al quite; mas cuando el furioso toro suelta su presa, ha calada en el cuerpo del caído enormemente, por varios sitios.....................Después de la desigual temporada de 1930, ésta del treinta y uno -dieciséis corridas toreadas- preocupaba al desventurado Curro Puya. "Esta tarde -previene a Paco Arranz.............-se van a arreglar muchas cosas. A menos que uno me quite los pies del suelo"..................El Fandanguero se los quita hasta la eternidad, por causa y modo análogos que el Pocapena a Granero. También el torero gitano inicia la faena de muleta a poco trecho de las tablas, desdeñando la querencia del toro hacia adentro, y no enmienda el pase al repetirlo por el lado izquierdo, ajeno al vencimiento del toro por ese lado. Y otra terrible e inevitable analogía: toca a Marcial acudir presta pero infructuosamente en socorro de ambos.....................Luto y dolor en el ámbito del toreo. Por la persona y por el artista. "Por el gran artista", masculla tristemente Juan Belmonte, que le cedió el toro de la alternativa......."



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Curro Puya fue un torero más estilista que dominador. Su arte, especialmente con el capote, le coloca en un puesto excepcional en la historia del toreo. Su verónica suave, templadísima, ejecutada con el cuerpo erguido, con la mayor naturalidad, ni muy espatarrado ni con los pies juntos, sino ligeramente abierto el compás, con las manos muy bajas. Gitanillo es probablemente el primer torero en bajar las manos con el capote. Su genialidad con el capote hace que su nombre haya pasado a la historia como el artífice más grande e insuperable de una suerte básica de la lidia: el toreo a la verónica”


Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:

Gitanillo de Triana. Sus gentes le llamaban “Curro Puya” a este gitano………….Yo no sé el por qué de tal apodo familiar, que nunca trascendió a los carteles. Lo que sé es que “Curro Puya” fue el torero que mejor, con más puro arte, más lentamente, más armónicamente ha plasmado la verónica en el moderno toreo de “manos bajas” y “lance largo”, que interpretado por este artista, a través del espíritu melancólico e indolente de su raza, pudiera definirse como una huelga del toreo, un toreo de “brazos caídos”. “Gitanillo”, más aún que “Cagancho”, representante como él de la novísima torería gitana –ritmo y languidez-, trajo al arte de torear una armonía, un fondo de musicalidad en tiempo de habanera y una tan adormilada lentitud que superaba a la que impuso Juan Belmonte al derrocar, revolucionariamente, todos los modos, tiempos, compases y terrenos del toreo anterior a él. La lentitud de “Gitanillo de Triana” en sus lances de capa era superior a la de Juan, al extremo que pudiera decirse que aquellas hasta entonces incomprensibles verónicas de “Terremoto”, mejoraban al realizarlas “Curro Puya”, porque se adormilaban, soñadoras, al arrullo de la dejadez desmayada del “calé”. Las verónicas de “Gitanillo” tenían un sello tan artístico, tan nuevo en cuanto a concepción y ejecución del arte, y, sobre todo, tan exclusivo y personal, tan bello y tan emotivo, que sólo con esos lances como único bagaje artístico, Francisco Vega de los Reyes se erigió en señera figura del Toreo. En lo demás, Curro fue, en general, un torero fino y reposado, pero limitadito en extremo; lo que se dice un torero “muy corto”. Daba algunos muletazos de estética suprema, aunque no llegara a la que se desprendía de su toreo de capa; no era lidiador, sólo veía y practicaba el “toreo bonito” y sólo le preocupaba plasmar en todo instante la belleza del toreo. Como matador –gitano puro- era deficiente, aunque a veces un rasgo de pundonor le arrojara a herir bien a algunos toros. Nada más fue “Gitanillo de Triana” como torero de conjunto; pero fue nada menos que el Sumo Artífice de la verónica”



Fernando Claramunt, en su libro República y toros, escribe:

"En la mañana del 1 de enero de 1931 pasean por las calles sevillanas del barrio de Triana los toreros Curro Puya y su pariente Joaquín Rodríguez Cagancho, después de una noche de villancicos flamencos. Los dos proceden de familias gitanas de herreros, arrullados por cantes de fragua y nanas por siguiriyas.........El abuelo de Joaquín, con el mismo apodo, fue un cantaor de mucha clase. Los dos toreros andan despacio por la calle de Pagés del Corro, donde en el número 120 tenía una herrería el padre de Curro, nacido en la calle de Rodrigo de Triana. Joaquín nació en el 4 de la calle Evangelista. Hablan de los vestidos de torear encargados para la temporada que comienza. Cagancho gusta del nazareno, del oscuro tabaco y del negro y oro".............................

-"Joaquín, ya sabes que a ese terno le llaman el catafalco; trae mala suerte. -No soy supersticioso, Curro. El nazareno me hace pensar en el Cristo del Gran Poder; le rezo mucho y me ayuda en los ruedos. El otro, que tú llamas catafalco, me da solemnidad; por algo me llaman El Faraón. -Mira, primo, a mí me consideran supersticioso por apodarme Gitanillo de Triana. Me traen suerte los colores claros. Voy a estrenar el gris perla y plata, que es muy seguro contra el mal fario. -Yo no me fiaría, Curro. A ese color le llaman los revisteros Miércoles de Ceniza. Te puede ocurrir una esaborisión. -Deja en paz los malos mengues. He toreado mucho con Vicente Barrera que es de Valencia y no cree en esas tonterías. Alterno con Marcial Lalanda, madrileño, al que le ha tocada ver la muerte de Granero y Varelito en el ruedo. ¡Y no creo que sea gafe! Torearé el 31 de mayo en Madrid con él y no siento la jindama. Por si acaso, ese día llevaré el vestido nuevo, ceniza y plata. Los toreros castellanos no creen en esas tonterías. Voy a dar la alternativa en Barcelona a Domingo Ortega, un muchacho de un pueblo de Toledo. Va a ser un fenómeno. Lo ha dicho Belmonte. -Eso no puede ser Curro. De Despañaperros para arriba se trabaja. Ortega será un fenómeno como dice Belmonte, pero un trabajador. Tú y yo somos artistas. Se nos nota la sangre de reyes en la palma de la mano. Sólo se torea de Despeñaperros para abajo. Lo demás es trabajar"  



Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"La fotografía que se conserva de Francisco Vega de los Reyes, también conocido como Curro Puya, dando una verónica al toro "Como Tú", de San Mateo, en la corrida de la Oreja de Oro del año 1929 en la plaza El Toreo de Méjico, es la foto de la verónica más perfecta que se puede contemplar, un auténtico monumento al toreo a la verónica. Nadie jamás ha toreado así con el percal. Es la superación de la verónica de Belmonte, con los brazos mucho más bajos que Juan. Curro Puya se hundía cuando toreaba a la verónica: los pies asentados, el compás abierto, las manos bajísimas, casi por las rodillas........, imposible torear mejor. Ni Antonio Ordóñez ni Rafael de Paula, excelsos toreando a la verónica, han llegado a tamaña perfección. Curro Puya es la cumbre del toreo a la verónica. Nadie, ni antes ni después, ha toreado como él........................Y un mártir del toreo, pues murió como consecuencia de la espantosa cornada que le infirió Fandanguero, de Graciliano Pérez-Tabernero, en la plaza de Madrid en 1931, cuando contaba veintisiete años de edad. A Belmonte le encantaba Curro Puya. Era su propia superación. Con la muleta tenía una clase extraordinaria también, aunque era irregular. A pesar de tener más valor que sus hermanos de sangre, los toreros gitanos, de oficio andaba regular. Además, el toreo con esa perfección técnica era muy difícil de realizar con aquel toro de nervio de los años veinte. Curro Puya, el primer y auténtico Gitanillo de Triana, ha dejado una huella imborrable. A pesar de lo poco que toreó, se le sigue recordando y se le tiene como un claro exponente de lo que es el arte en la fiesta de los toros. Cuando en Bilbao, durante sus Corridas Generales oigo su pasodoble, me estremezco y recuerdo la triste historia de aquel muchacho gitano que se le "paraba el corazón cuando toreaba" (Gregorio Corrochano le dedicó una crónica titulada: "Dime Curro, ¿se te para el corazón cuando toreas?"), y que vivió una espantosa agonía. Es un referente ineludible, cumbre del clasicismo y santo y seña del toreo gitano, tan desgarrado y tan bello"






Dadme un lienzo moreno, una tela bien fuerte,
que he de trazar los hombros, las caderas rampantes,
de cara de espolique de Miguel de Cervantes
y las piernas de goznes para cargar la suerte.

Ese es Ortega el justo, tal un frasco de vino
que de tan seco y blanco se evade en transparencias.
Siglos, memorias de eso que ahora llaman vivencias,
dispararon el vuelo azor de su destino.

Pendolista en los pliegos de barba de la arena,
con rasgos procesales sentencia la faena
a inapenable fallo secreto encadenada:

el instante supremo, congelador de asombros,
de ese gesto tan suyo de congregar los hombros
-las alas invisibles- para armar la estocada.

                                        Gerardo Diego. Retrato de Ortega




Cátedra del Ateneo.
El Maestro Fray Domingo
va a hacer un sutil distingo
al definir su toreo:
Cambia la aguja al correo,
para, carga, templa y manda,
y si el tren te duda y anda,
aguanta, quieto y torero
(el fraile fue cocinero)
y échatelo a la otra banda.

                                                            Gerardo Diego. Cargar la suerte



Este es Ortega el justo,
tal un frasco de vino
que de tan seco y blanco
se evade en transparencias.

¿Gerardo Diego?



Domingo, ancha es Castilla en tu muleta,
por el mar de tu capa y de tu espada:
la tempestad, si táurica, es domada
y a tu indomable corazón sujeta.

Juego infalible que a la muerte reta
con tu alamar, burlando la cornada,
mariposa que vuela invulnerada
y al toro, entre sus giros, desjarreta.

Domingo, ancha es Castilla si desplomas
al toro, con tu lidia y con tu acero,
cerviz, que estoqueada, se te humilla.......

Un círculo de unánimes palomas
y el vuelo al redondel de mi sombrero,
proclama, que ante ti, ancha es Castilla.

Adriano del Valle



¿Cómo tu aquí Borox? Por estos llanos
que asedia el mar y vieron a "Paquiro",
hoy la andaluza música del Iro
dice un rumor de versos castellanos.

No como la paloma equivocada
llegó Domingo aquí. Le trae su propia historia,
su eterna primavera taurina, conformada
por el tiempo y a gloria.

El borroso pasado, el presente inseguro
cobran en su canosa varonía,
solidez y rigor; aliento puro
de una leyenda de la torería.

Para ti, el vino: para ti, los peces.
Hoy va por ti esta cuna de la Lidia,
esta Chiclana azul de sal y mieses
que no sabe de envidia.

Hoy la bahía de Cádiz a Toledo requiere
y un viento de meseta corre por las salinas
y el vino de Chiclana, más que nunca, supiese
recortes y orteguinas.

Acuden a tu capa, maestro, los resúmenes
de la Fiesta y la vida. Gravemente
abre el tiempo ante ti sus cansados volúmenes
y apesara tu frente.

Pero la matemática y el arte
de tu capa, tu estoque y tu lenta muleta
caben ya en la mañana, ya son parte
del siempre de los Toros: te lo jura el poeta.

Fernando Quiñones. Domingo Ortega



"Rey de la torería
tu estilo divino ciega
igual que el sol de Castilla"


"Este es Ortega el justo,
tal un frasco de vino
que de tan seco y blanco
se evade en transparencias"

                                 





"Al abrirse la puerta del chiquero, cuando sale el toro, si tú no puedes con él, él puede contigo"

"Torear es llevar al toro por donde no quiere ir"

"Lo más difícil es pensar ante la cara del toro"

"Una cosa es dar pases y otra muy distinta torear"

                                                                                                                          Domingo Ortega



“A la tierra no se la puede engañar, y en los toros no se puede hacer nada falso. El torero tiene que pisar firme la tierra. Si en el ruedo se hace algo falso, se paga caro. En el ruedo siempre cuenta el contacto con la tierra”
Domingo Ortega. Recogido en el libro El toreo. Una visión inédita, de Juan Antonio Pérez Mateos.




































MUNDO GRÁFICO 

















































EL RUEDO






















CRÓNICA










































































Reproduzco, por lo significativa, una carta de 1975 del profesor Pedro Laín Entralgo a Domingo Ortega:

"La muerte de Antonio Bienvenida me ha hecho pensar en ti, Domingo, porque en la sociedad española tú eres hoy, pese a tus retiros, la más señorial y representativa encarnación de ese espléndido modo de realizar la condición humana que los españoles llamamos ser torero; y cuando una manera de ser hombre tiene su rey natural, la persona que con sus dotes y su esfuerzo se ha puesto sin discusión posible a la cabeza de aquello que estamentalmente es y hace, hacia ella se vuelven los ojos cuando en el dominio de su actividad acaece algo importante"





Domingo López Ortega, de familia labradora, hijo de Juan López y de Pía Ortega, nació en Borox (Toledo) el 25 de febrero de 1908. Tras una asistencia con su padre a los toros en Aranjuez, se entusiasmó Domingo con el espectáculo y se dio en pensar si él podría hacer lo mismo. Vio torear a Domingo su paisano Salvador García, lidiador de escaso arte, aunque conocedor del toreo, que apreció sus buenas condiciones y que le aconsejó que persistiera en su afición.

Debutó el 14 de julio de 1928 en una becerrada en la plaza de Vista Alegre, con escaso resultado artístico. Los días 16 y 17 de agosto va a Almoróx, presentándose con el apodo de Niño Orteguita. Durante la lidia de un toro de Venancio Robles se lanza al ruedo y pide autorización para matarlo; le dio unos pases y le entró a matar por tres veces, cobrando en al última una gran estocada. Le pasean a hombros y el alcalde le regala veinte duros y le contrata para el día siguiente por 300 pesetas. En esta segunda actuación mató dos toros hábilmente, ganando una oreja. Decide anunciarse en lo sucesivo como Domingo Ortega.

El 2 de abril de 1929 torea en Tetuán de las Victorias (Madrid) y el 6 de septiembre de 1930 en Aranjuez, alternando, como sobresaliente, con Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida. Sus compañeros le invitan a hacer un quite en el último toro (como veremos en el siguiente texto, Fernando Claramunt discrepa de esta afirmación); cinco verónicas y un recorte le abren otra vez la puerta de la plaza de Tetuán de las Victorias, el 28 de septiembre. Los novillos son de Diego Zaballos, y le proporcionan un éxito clamoroso en dos faenas de muleta irreprochables y dos superiores estocadas. Corta oreja en los dos bichos y es paseado a hombros por el ruedo. Dominguín le ofrece un contrato de apoderamiento por cinco años, que Ortega acepta.

Fernando Claramunt, en su Historia del arte del toreo, escribe:

"El camino que lleva a Aranjuez, poco menos de cuatro kilómetros, lo realizó la mañana del 6 de septiembre de 1930, en burro, para vestirse de torero como sobresaliente en el mano a mano de Marcial Lalanda y Manolo "Bienvenida".........En Aranjuez Marcial no le deja hacer ningún quite al sobresaliente, que se lo ha pedido. La oportunidad se la da Manolo "Bienvenida". Sólo fueron cinco lances por un lado y por el otro rematados con media verónica. El quite fue decisivo. El 28 de septiembre corta orejas y rabo en la plaza madrileña de Tetuán de las Victorias. A fin de temporada alterna en novilladas mano a mano con "Carnicerito de México" en Barcelona que dejaron honda huella. Al año siguiente, en abril, se repitió el mismo cartel, pero Domingo ya iba de matador, cobrando el doble que sus compañeros"

Tomó la alternativa en Barcelona el 8 de marzo de 1931, de blanco y oro, teniendo como padrino a Gitanillo de Triana, que le cedió la muerte del toro Valenciano de doña Juliana Calvo. y actuando de testigo Vicente Barrera. En marzo de 1931 se pone a la cabeza del escalafón con 93 corridas; Manolo Bienvenida torea 84, seguido de Vicente Barrera con 70 y Marcial Lalanda con 68.

Confirmó la alternativa en Madrid el 16 de junio de ese mismo año, con Nicanor Villalta de padrino, que le cedió la muerte  del toro Contador, de la ganadería de don Julián Fernández, actuando de testigo de la ceremonia Félix Rodríguez.

Su alternativa fue un éxito completo, pero no así su confirmación de alternativa. No obstante la poca fortuna de su primera actuación en la plaza de Madrid -a los madrileños les costó trabajo aceptar que se presentase de matador sin haber actuado en su plaza como novillero- toreó 93 veces, que pudieron ser más si no hubiera tenido un percance en Vitoria.

Permaneció en el primer puesto del escalafón durante las temporadas de 1931, 1932 (93 corridas), 1933 (68 corridas),1934 (74 corridas), 1935 (56 corridas, este año fue superado por Armillita, con 64 actuaciones) 1936 y 1937. Hubiera pasado cada año de las 100 corridas que contrataba, pero las cornadas le hicieron perder fechas.

Durante la guerra civil, con treinta y un años, se casa, el 28 de octubre de 1937, con la hija de los marqueses de Amboage. Continúa toreando primero en el bando republicano, luego en el nacional, así como en Francia y América del Sur. En la posguerra se mantuvo en otro plano, el de maestro veterano y reposado, reduciendo sus actuaciones, que eran siempre lecciones magistrales.

El 29 de marzo de 1950 -año en que no torea salvo algunos festivales- pronuncia una conferencia en el Ateneo de Madrid sobre El Arte del Toreo. Eugenio D'Ors elogiosament le llama neoplatónico, capaz de elevar el toreo a plenitud de filosofía. Dictó más tarde otra conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, editadas ambas en Revista de Occidente, con un anejo de don José Ortega y Gasset.

En 1953, con el pelo muy blanco, reapareció después de tres años de ausencia de los ruedos. Tuvo muchas tardes de salir a hombros, que culminan en la alternativa de Chicuelo II en Valencia el 24 de octubre. Le dan las dos orejas, rabo y una pata, que el torero dejó en la arena. Con algunas retiradas breves, Ortega siguió en activo hasta 1954.

 Actuó por última vez vestido de luces en Zaragoza, el 14 de octubre de 1954, con Jumillano y Pedrés y toros de la Deleitosa. En festivales actuó hasta el 12 de octubre de 1962, por lo menos. En privado y en el campo debió de seguir haciéndolo mientras las facultades se lo permitieran.

Por su continuada actuación en festivales benéficos se le otorgó la Cruz de la Beneficencia.

Rodeado de libros y de objetos de arte presididos por el gran retrato de Zuolaga, falleció en su casa madrileña de Fernández de la Hoz, el 8 de mayo de 1988, a los ochenta y dos años de edad.

El mismo Domingo Ortega escribe:

"Ustedes, aficionados, a poco que recuerden, habrán visto muchas veces en las corridas de toros faenas de veinte, treinta, cuarenta pases y el toro cada vez más entero......¿Cómo es posible que con esa cantidad de pases, aparentemente bellos para gran parte del público, el toro no se haya sometido? La respuesta es muy sencilla: lo que ha ocurrido es que el torero ha estado dando pases, y dar pases no es lo mismo que torear"

En unas interesantes revelaciones al escritor Marino Gómez Santos, el maestro comenta:

"La cosa más importante que ha ocurrido en mi vida es cuando yo salgo toreando y no sé por qué se me han entregado los toros. Es el dominio de la voluntad del hombre sobre el toro. Es una cosa dulce, suave, casi sensual. Más exactamente entre sensual y voluptuosa. Los grandes momentos de mi vida los pasé en los ruedos. De lo que pasaba después no me daba cuenta. La fama es rápida y rotunda. Y cuando uno deja de torear ya ha pasado el momento de recrearse en ella, porque uno queda triturado. A las gentes amigas de los toreros les impresiona ver mucho las cicatrices que a lo largo de una vida activa quedan en el cuerpo. Yo siempre pienso: ¡Si supieran que eso no son sino arañazos comparados con las cicatrices que quedan en el alma! Eso sólo lo sabemos nosotros. Porque de lo que ocurre entre un toro y un torero el público apenas sabe nada"


"Don Indalecio" , en La Tauromaquia en el siglo XX. Segundo cuaderno. En el número 4 de Cuadernos taurinos, dentro de la colección Grana y Oro, pgs. 7-9, escribe:


"En 1931 vino, vio y venció en torero desconocido hasta el mes de noviembre anterior, triunfante en las novilladas de Barcelona, de nombre Domingo y de apellidos López y Ortega, aunque para el toreo fue suprimido el López y en Domingo Ortega quedó para siempre…………..De muy escasas novilladas toreadas, pasó al mejor puesto de la primera fila, para lidiar, sin inmutarse, noventa y tantas corridas en su primera temporada……….Tengo declarado en esta Historia que he visto torear a todos, a casi todos los diestros de que me he ocupado. Pues bien: conocidos todos, afirmo que como Domingo Ortega no he visto dominar a los toros a nadie. Y vi a Joselito, en quien se reunieron todas las capacidades necesarias para ser una figura de excepción; y vi a Ricardo Bombita, que se apoderaba de aquellos bueyes en un decir amén. Y, naturalmente, puesto que está entre uno y otro, conocí a Marcial Lalanda, que no era manco en eso de apoderarse de las reses que a tantos y a tantos les hubieran venido anchísimas. Y vi a Domingo Ortega en una etapa del toreo sin exigencias para solicitar ganaderías ni para pedir el recortamiento del torete. ¿Qué más, si yo le vi lidiar y exponer en una plaza francesa, la de Dax que, sin restarle categoría ni da ni quita, a un toro de Pablo Romero que pesó en canal 437 kilos?...........A Domingo Ortega se le han puesto todos estos reparo: que no sabía banderillear, que era monótono en sus faenas, que apenas manejaba la mano zurda, que les andaba demasiado a los toros en su segunda época………El defecto que yo le encontré a Domingo Ortega fue éste: que en ninguna de sus épocas buenas tuvo competidor. Con el primero, con Manolito Bienvenida, que era la superficie, presentaba Domingo la profundidad; con Victoriano de la Serna, que tuvo un par de meses de fiebre de competencia, acabó en seguida; con Armillita chico tenía rabia española contra indolencia mejicana; contra Manolete, pasada la guerra, no hubo competencia, sino alianza administrativa; llegó Arruza, armó una tremolina en Barcelona en su primera salida, necesitó el empresario Balañá una figura para la siguiente corrida, habló por teléfono con Domingo Ortega, poniéndole en antecedentes de quien era Arruza y de cómo venía y de cómo estaban los aficionados barceloneses, y Ortega, sin dudarlo un momento, le contestó al empresario: “¡Póngame en el cartel!” Y en el primer choque con Arruza, Ortega no se quedó atrás, y en hombros se lo llevaron por las calles de Barcelona……….Del Domingo Ortega, de la primera época, fuerte, de pases que eran latigazos, con línea y estética, se ha llegado a la época final con un Ortega de una suavidad, un temple, que, reducido ahora a su entretenimiento en festivales, es una delicia verle actuar para darse cuenta de cómo en la fiesta de toros la inteligencia del hombre manda en el bruto……….Efectivamente que Domingo Ortega no prodigó el toreo con la mano izquierda, por la sencilla razón de que la forma de torear de Ortega al natural y con la izquierda no está hecha para esos toritos de un puyazo, un par de banderillas y una montera al aire pidiendo el cambio de suerte, porque el enemigo está de rodillas y a sus pies. ¡Ah! Pero al toro que, según su concepción del toreo, le podía admitir el pase natural, ahí quedaba el lance con un cite de atrás adelante, hasta engancharlo en la muleta y dar el pase natural completo, que no tiene nada que ver con el cuarto de pase que dan muchos, iniciado ya fuera de cacho…………Domingo Ortega, en sus veinte años de matador de toros, se ha arrimado más que nadie. Y ha podido dar lecciones a todos. ¡Lástima que no se tropezara con uno que se las hubiera podido dar a él, para que los aficionados hubiéramos averiguado hasta dónde podía haber subido el gran domador de toros!"


Néstor Luján escribe:

"Domingo Ortega es el lidiador por excelencia........¿Qué traía Ortega a la Fiesta? Traía un dominio de los terrenos, un conocimiento del toro, un saberse colocar  en la plaza, una muleta como un látigo por su eficacia. Traía por primera y única vez el temple sin elegancia..........A pesar de que su toreo fue poco elegante y nada vistoso, su repertorio corto, monótono su infalible dominio, sin emoción su trasteo, Ortega representó la inteligencia, el saber moverse en plaza. A diferencia de los grandes muleteros, apenas usó la mano izquierda............La intención estética está lejana. No emociona. A fuerza de anular al toro, ha perdido el sentido plástico de las suertes, que ya no son suertes, porque en ellas no hay otra posibilidad que la del dominio implacable del maestro..............Dentro del toreo posbelmontino, y como transición para llegar a la corriente de sublimación del estilismo que representa Manolete, Ortega ocupa con su maestría, su frialdad y su eficacia, un puesto fundamental. Sin él, no se concibe la existencia de Manolete y su generación, que han aprendido de Ortega el secreto de la lidia eficaz y previsora haciendo pasar al toro y cansándole en su propio terreno. Ortega ha sido un lidiador honrado, el lidiador que estilizó de una manera endurecida y viril los trasteos y les dio una versión moderna..................A Ortega le faltan varias cosas para llegar a una figura legendaria: le falta un arrebol, una fábula, un gesto en la plaza. Quízá puede demasiado con los toros, con los pobres toros de nuestros días........................convence, pero no ilusiona..................no tiene leyenda para el gran público"


Acudamos ahora a Cossío:

 "La primera cualidad que caracteriza a Ortega es el poder. No es sólo que domina los toros, sino que ante ellos da una sensación de fortaleza, de resolución, de energía valerosa..........Domina todos los toros por el mismo sistema, con admirable monotonía........La base de su toreo de muleta es el pase cambiado por bajo con la derecha.......Lo verifica con una gallardía, un mando y desde un terreno que entran en la esfera de lo maravilloso............Se censura su tendencia a torear con la mano derecha, y tal censura me parece fundada............Con el capote torea notablemente, sobre todo por el lado izquierdo............Y, sobre todo, es de los toreros que tienen una idea orgánica de la lidia, de la sucesión de la suertes y de la evolución de las facultades del toro de la salida al arrastre"

Gregorio Corrochano, en su libro Introducción a la Tauromaquia de Domingo Ortega, escribe:

"Lo mejor que tiene Ortega, lo fundamental, es el toreo por bajo. Ese aguante, ese temple, esa suavidad con que carga la suerte, echando todo el cuerpo sobre la pierna de salida, con la rodilla un poco doblada, es lo que tiene de verdadera calidad. Ese balanceo del cuerpo en el toreo de capa, la pierna y el brazo, es lo que tiene de antecedente señalado y lo que sella su toreo................Esto escribimos la segunda tarde que le vimos en Madrid. Señalábamos como algo singular y profundo de su toreo su manera de cargar la suerte. Hoy vemos que estuvimos oportunos en hacerlo notar. El dominio de los toros lo fundó en esto"

Más adelante, en este mismo libro, podemos leer:

 "Me gusta el toreo de Ortega porque no tiene nada de empalagoso................Me gusta el toreo de Ortega por lo sobrio, por lo reposado, por el aplomo, porque no tiene de inquieto ni de intranquilo...............Me gusta el toreo de Ortega porque tiene interés, tiene emoción y lleva siempre en los vuelos de la muleta un problema taurino que resolver. Me gusta el toreo de Ortega porque no es premeditado.............sino que se acopla al toro y desarrolla el toreo adecuado. Me gusta porque eso es torear.....................Por eso me gusta el toreo de Ortega, porque sale siempre a medirse con el toro, a torear según está el toro..............Es el toreo científico, cuya ciencia no tiene nada más que un secreto: aguantar a los toros..............Me gusta el toreo de Ortega porque no tiene ni la preocupación de lo que le gusta al público bullanguero. Torea para el toro y para él.....................Me gusta el toreo de Ortega porque................, porque es una cosa muy seria. Abono de 1932"



José Alameda en su libro El Hilo del Toreo comenta:

 " Domingo Ortega es un toreo personalísimo. En realidad, único en lo suyo. Para empezar, en pleno tiempo del desarrollo del toreo de línea natural, planta la bandera del toreo cambiado o contrario. Y no la arría, sino que la mantiene en la cumbre durante su época, que puede con justicia llamarse la época de Domingo Ortega.............Ortega restauró la idea justa de que el toreo es belleza, pero también eficacia, pues a la postre no se tiene la una sin la otra............Utilizó Ortega una técnica de dominar, instintiva en él, basada en el mecanismo fundamental del recorte..........El recorte consiste en pararle al toro y, cuando este humilla en la reunión, iniciar el torero el viaje contrario, ocupando el terreno que va dejando el toro............Su frase clave: "Una cosa es dar pases y otra cosa es torear" yo la entiendo así: que emplear pases consabidos, piezas prefabricadas, no es propiamente torear, porque tales piezas no son siempre adaptables al toro, a determinado toro........Adaptándose al toro con justeza, termina el toro por adaptarse al torero. En eso fue un maestro Domingo Ortega...........A los superficiales les parecía que su faena era "repetida". Al contrario, todo era a cada instante distinto, paso a paso y pase a pase, como determinado por la interdependencia del toro y el torero. Podríamos hablar de la diferencia entre toreo preconcebido y toreo "necesario"...........Mientras los demás buscan el temple en el ritmo de los brazos y de la cintura, Ortega era el único que templaba con los pies; llevaba el "duende" elas zapatillas......................Ortega instaura el recorte, que no es propiamente una suerte, es un procedimiento, un sistema..................consiste en pararle al toro y, cuando éste humilla en la reunión, iniciar el torero el viaje contrario, ocupando el terreno que va dejando el toro.................Toda su actuación está interpretada en función del toro...................La importancia de Ortega no eran los pases, sino los pasos"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"Lo que Domingo Ortega trae a la Fiesta conmociona el ambiente taurino de los años treinta. Asombra su intuición maravillosa de las características de los toros, la estrategia de los terrenos y la colocación del torero en la plaza. No sólo es un lidiador nato, sino un director de lidia...............Sobrado de temperamento, condiciones y deseo de mando.......................Es natural compararlo con Belmonte. Más sosegado, menos dramático que el Pasmo de Triana. No "histeriza" a los públicos. Viene con otro talante. En los años de 1931 hasta la guerra civil tiene algo de Guerrita y Joselito en cuanto al dominio, al poder a todos los toros. Los quebranta y doblega con capa y muleta, pero sin violencia.................De Belmonte tiene el temple y la lentitud, el ligar los lances. Como Juan, resuelve los apuros girando por molinetes, por afarolados entre los cuernos. Incurre -como Juan y José- en el abuso de la mano derecha (reproche que ya dirigieron a Guerrita), del toreo rodilla en tierra y del adorno tocando los pitones.....................Era cosa de ver cómo recibía y paraba al toro recién salido del toril. Maravillaba su quietud y ajuste en las primeras verónicas por uno y otro costado, rematadas con media impecable, yéndose con majestad del toro. ...................Lo más notable era el juego de los brazos, porque no dejaba al toro en paz; lo traía y lo llevaba en un proceso de "hipnosis" iniciado en el primer capotazo..................Temple a raudales, solemnidad, elegancia...............Finura y medida en cada faena de muleta. Ni un pase de más ni de menos. Preparación correctísima de la estocada. Excelente matador al volapié. Dejaba el estoque en su sitio. A menudo, le bastaba con media estocada"

"No podemos hablar de Domingo Ortega sin referirnos a tres creaciones muy suyas, como aportación al toreo. Creador, no inventor del "trincherazo", es decir, del pase cambiado por bajo, con la muleta en la mano derecha, dando la salida por el lado izquierdo...................Otra contribución del torero de Borox es inimitable. Consiste en saber andarles a los toros a la salida de ese mismo trincherazo o del peculiar "pase da la firma", más bajo y con mayor mando que el de Granero. A pasos cortos, con sosiego...................La tercera es el toreo por la cara, sobre todo rodilla en tierra de pitón a pitón.................Lo efectuaba con armonía, cadencia, técnica y arte. Con más decoro que Joselito y Belmonte, que también usaron de este recurso. ¿Hemos citado méritos? Para no pocos aficionados se trata casi de aberraciones"


El mismo Fernando Claramunt, en su Historia del arte del toreo, escribe:

"Trae reciedumbre en tiempos en que el celaje en España andaba muy anubarrado. Torea muy quieto y templado, puede con todos los toros y, tanto con la capa como con la muleta, es asombroso el temple y la suavidad de su manejo frente a los toros que, con enorme fiereza, salen durante los años de la República. "Anda muy bien a los toros", dicen algunos como máximo elogio y otros como censura. Apoya su dominador trasteo en la mano derecha, y hace de su poderoso trincherazo una verdadera creación. Variado con la capa y con los adornos en el primero y último tercio, es un excelente estoqueador. Se le reprocha que da pocos naturales con la izquierda. ¿No será la pasión política?"




Seguimos con Fernando Claramunt, ahora en su libro República y toros, escribe:



"En la mañana del 1 de enero de 1931 pasean por las calles sevillanas del barrio de Triana los toreros Curro Puya y su pariente Joaquín Rodríguez Cagancho, después de una noche de villancicos flamencos. Los dos proceden de familias gitanas de herreros, arrullados por cantes de fragua y nanas por siguiriyas.........El abuelo de Joaquín, con el mismo apodo, fue un cantaor de mucha clase. Los dos toreros andan despacio por la calle de Pagés del Corro, donde en el número 120 tenía una herrería el padre de Curro, nacido en la calle de Rodrigo de Triana. Joaquín nació en el 4 de la calle Evangelista. Hablan de los vestidos de torear encargados para la temporada que comienza. Cagancho gusta del nazareno, del oscuro tabaco y del negro y oro".................................



-"Joaquín, ya sabes que a ese terno le llaman el catafalco; trae mala suerte. -No soy supersticioso, Curro. El nazareno me hace pensar en el Cristo del Gran Poder; le rezo mucho y me ayuda en los ruedos. El otro, que tú llamas catafalco, me da solemnidad; por algo me llaman El Faraón. -Mira, primo, a mí me consideran supersticioso por apodarme Gitanillo de Triana. Me traen suerte los colores claros. Voy a estrenar el gris perla y plata, que es muy seguro contra el mal fario. -Yo no me fiaría, Curro. A ese color le llaman los revisteros Miércoles de Ceniza. Te puede ocurrir una esaborisión. -Deja en paz los malos mengues. He toreado mucho con Vicente Barrera que es de Valencia y no cree en esas tonterías. Alterno con Marcial Lalanda, madrileño, al que le ha tocada ver la muerte de Granero y Varelito en el ruedo. ¡Y no creo que sea gafe! Torearé el 31 de mayo en Madrid con él y no siento la jindama. Por si acaso, ese día llevaré el vestido nuevo, ceniza y plata. Los toreros castellanos no creen en esas tonterías. Voy a dar la alternativa en Barcelona a Domingo Ortega, un muchacho de un pueblo de Toledo. Va a ser un fenómeno. Lo ha dicho Belmonte. -Eso no puede ser Curro. De Despañaperros para arriba se trabaja. Ortega será un fenómeno como dice Belmonte, pero un trabajador. Tú y yo somos artistas. Se nos nota la sangre de reyes en la palma de la mano. Sólo se torea de Despeñaperros para abajo. Lo demás es trabajar"...........................



"¿Quien era el torero nuevo? En Borox lo conocían por ser hijo del señor Juan López y de la señora Patricia Ortega, de familia de labradores modestos, que además de enviar a su hijo al colegio le buscaron un profesor particular porque parecía despejado y con porvenir. El chico ayudaba a llevar hortalizas y verduras en carro al mercado de Madrid. Por el camino pasaban al lado de la ganadería del Duque de Veragua. Se desmandó un toro grande y Domingo salvó al padre y a la caballería con un quite improvisado. Desde 1928 se aficionó a torear novillos por los pueblos. Cuando pasó por la plaza de Tetuán de las Victorias dijeron que estaba muy verde. Siguió actuando en Talavera, Yepes, Sotillo de la Adrada, Borox, Almorox y hasta en Toledo. Total diez novilladas en 1929.............Al año siguiente se le notan los progresos. En abril triunfa en Salamanca, en mayo en Villasequilla y en julio en Ocaña, donde repite a petición del público, lo mismo que en Aranjuez y Esquvias. En Cartagena y Borox se supera. Sale contratado en calidad de sobresaliente en un mano a mano en Aranjuez con los maestros Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida, los ases del toreo. En la mañana  de aquel 6 de septiembre de 1930, Domingo se trasladó desde Borox montado en un burro. Cuando hizo el paseíllo nadie se fijó en él. Pidió permiso a Marcial para hacer un quite y se lo negó. En cambio, en otro suyo, Bienvenida le dijo: -Ahí está el toro. Puedes salir. Bastó un quite para que le llovieran contratos. Tres novilladas pueblerinas para soltarse antes de reaparecer en Tetuán de las Victorias, donde corta oreja y rabo en cada uno de sus novillos. En los carteles se anuncia con el apellido materno. Se habla de él en lo que queda de temporada y durante el invierno en el mundo taurino. El crítico Clarito recoge la conversación entre Juan Belmonte y el apoderado de Gitanillo:



-Este Ortega a.......arrea.¡Aa.........arrea! ¡Caray!



-No importa. En cuanto haga un quite Gitanillo de Triana, acaba con todos.



-Pues......pues, con éste va a tener que hacer dos quites."  










César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, esccribe:

"En los pases naturales de Manolo Bienvenida, la muleta vuela como un pájaro. Es ligera, sutil, alada. El pase se curva gracioso...................En los pases naturales de Ortega (Domingo), la muleta, es densa, como los metales preciosos. El pase es sobrio, sereno, reposado. Pase por pesarlo bien. Pase de quilates. Cuando la muleta se echa atrás, para adelantarse al enemigo, alguien habla de la sobriedad de Vicente Pastor. No es lo mismo. Con éste iba al natural y se doblaba en el de pecho. Con Ortega se moderniza y entra por el semicírculo de los pases en serie, de ese moderno injerto del pase natural en el pase en redondo.............Aquél era un torero encastillado en Madrid. Y Ortega un castellano que se asoma a Andalucía..................Muy entrenado, porque torea a diario. Soberbio y engreído, porque lo lleva en sí su modo de torear, es contada la tarde que se la va sin faena. Y muchas, en cambio, las que reune dos. Todo su sorprendente toreo guarda ya, como en el Belmonte maduro de la segunda etapa, una correlación, un principio, una idea fija: la pierna adelante, la mano baja y el terreno escaso, que no deja lugar a la duda ni al toro ni al hombre. Y un fin preconcebido y casi siempre resuelto: la estocada"


César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"Si no viejo, tampoco chaval en cuanto a su naturaleza humana; precocísimo, en cambio, respecto de su naturaleza torera, pues que por la breve escala de una mal contada quincena de novilladas cotizables, alcanza la alternativa al mismo tiempo que el más alto puesto del toreo...........................Sólidamente configurado, técnica y estilo -arte y oficio intuido- se aúnan en la sorprendente coyuntura de su corajudo hacer, vestido de sencillez y reposo. Torea clásicamente de capa y muleta, y mata clásicamente. El arte lo da natura; pero es de admirar cómo sin preceptores, ni escuela de aprendizaje, ni larga campaña novillera, sabe y puede y ejecuta limpia y fácilmente las más grandes y difíciles cosas del toreo. A imagen del brote de los árboles, apunta ya el aguante y el temple, el suave y, sin embargo, eficacísimo dominio que tallará su perfil en el catálogo de las figuras señeras o excepcionales. Es, en suma, el torero de alto bordo que surge por lo más recóndito tras los largos períodos llanos, tal que parido al cabo de una década o dos de gestación...................A Belmonte, que lo ve -en Málaga, si no yerro-, le impresiona el contraste de su apariencia paleta con su elegante y recio modo de torear, ya en sus albores tan logrado. A la salida, le dice a su íntimo Domingo Ruiz, apoderado de Gitanillo de Triana:
-Do.......Do.....mingo: este Ortega a.....rrea. ¡Aa........rrea!
-Bueno, Juan; pero ya sabes lo que ocurre: sale Gitanillo, hace un quite y acaba con todos.
-Pues........pues con éste va a tener que hacer dos
No le bastarán dos, ni doscientos. Y a contar de la alternativa -que, por cierto, le da Gitanillo-, Ortega, con todo y no redondear la tarde de su confirmación ni otras dos del junio madrileño, clavará su bandera en la cúspide de la fiesta, y en su primer año de matador de toros será el primero en número- 93 corridas- y en rango. Manolo Bienvenida y Vicente Barrera se afanan por situarse a su lado. Y a su lado, un poco detrás, alternan. Pero la historia lo colocará cronológicamente en otra harto distinta y trascendente tríada: Belmonte, Ortega y Manolete"

"Solamente de un diestro contemporáneo, y justo en estos días, podrá decirse -por algún tiempo- cual el futuro Manolete que "torea como los que no matan y mata como los que no torean": del Domingo Ortega que, cierto día, rememorará al ínclito Díaz Cañabate con un volapié sobre las tablas, el volapié de su Vicente Pastor al toro Carbonero"

"Domingo Ortega se ha hecho un fuera de serie. Seco, anguloso, su continente huele a castellano; pero su contentido sabe a Triana: en ciertos momentos de su capote, en ciertos pases de muleta -la pierna contraria adelante, el mando bajo y pausada la carga de la suerte- es el más belmontiano de cuantos han sucedido a la gran época de Belmonte. Y se va suavizando, elegantizando a ojos vistas. Poderoso, limpio y puro como un diamante su toreo, dudo que nadie le haya superado en los anales de Castilla. Y merced a él, de Despeñaperros arriba no podrá ya decir Cagancho -regido por la misma mano administradora que Ortega- que se trabaja, sino que se torea como al oro del sol de Andalucía...............Buena, pero corta su izquierda muletera. Sí. Se lo echa en cara algún grito adversario, acallado contundentemente por la magnificencia de la diestra; por la potente y lenta ensambladura de los pases llevados dulce y eficazmente hasta el remate. ¡Ese cambiado por bajo, cargado sobre la curva de la rodilla, que pareciendo mecer al toro lo destronca! ¡Y cómo mata!"

"A cambio de perder impulso y lozanía en el paréntesis guerrero, malversador de su sazón, sobrevenido en el punto crucial de su arte -de su arte del buen torear- cuando bordeaba la fenomenalidad. Domingo Ortega se ha escolastizado. Su concepto del toreo inspirado en el método de Belmonte de la segunda hora ha adquirido un punto más allá de la madurez. Los lances de capa, magistrales, y los pases de muleta, preciso, justos, matemáticos, de idéntica métrica, "la pierna contraria adelante, para insistir en la cargazón", rubricados por el de su peculiaridad, pieza maestra de sus faenas, constituyen un manual de teórica......."


José Alameda, en su libro Los arquitectos del toreo moderno, Capítulo III,  escribe:


“Deslumbrados por aquel hallazgo del nuevo toreo en redondo (llevado a su punto álgido por Chicuelo), toreros y público olvidaron todo. El esplendor de la faena moderna, recién inaugurada, llegó a cegarlos. Y ya no tuvieron ojos para otra cosa…………O la faena o nada. Así, el toreo, que se había enriquecido por un lado, se empobrecía por el otro…………..La belleza les hizo olvidar la eficacia. Como quien dice, habían encontrado un tesoro y entusiasmados con él, ya no querían trabajar……………Entonces, llegó el toreo de Domingo Ortega. Un tipo que no olía a perfume, sino a pólvora. Y que, en vez de chapines, calzaba botas. Los pasos recios de este visigodo sacaron de su sueño a los romanos caprichosos………….Los toreros de aquel momento se pasaban meses esperando “su” toro para “redondear” la faena y, mientras tanto, se entretenían en cultivar “chicuelinas”, “mariposas” y “orticinas”, flores de invernadero. Ortega, de un papirotazo, rompió los cristales y el aire del campo se metió al jardín. Se había terminado la comodidad……………..Ortega restauró la idea justa de que el toreo es belleza, pero también eficacia, pues a la postre no se tiene la una sin la otra……………Pero no fue solamente un restaurador, sino también un innovador. Y en esto reside su importancia……………..Belmonte había ceñido y depurado una parte del toreo: la verónica, la media verónica, el natural y sobre todo el pase de pecho y los ayudados por alto, aún no igualados. Pero la otra parte, el toreo de ataque y de defensa, estaba intacta. Y los ayudados por bajo, los pases de trinchera, todo el repertorio “de pelea” se habían quedado como antes o peor quizá, ya que los toreros de aquel tiempo sólo los utilizaban para salir del paso en los toros que no se prestaban a la faena redonda. Aquellos pases no se daban más que despegados, movidos, rápidos y a los toros difíciles. El primero que le dio un muletazo de trinchera a un toro bravo, con propósito de lucimiento, fue Domingo Ortega. El torero de Borox ajustó, ciñó y depuró el toreo de combate, no tocado por Belmonte…………….Ortega completó la obra. Y su aportación fue tanto más importante cuanto que ese toreo por bajo, doblándose con los toros, conduce al dominio y permite sacar partido de muchos más astados. Con lo cual, Ortega juntó el poderío y la estética, porque dio belleza y modernidad a un toreo que hasta entonces había sido eminentemente práctico. Resultado: mandó en su época, pero sobre todo, y esto es lo importante, amplió el repertorio del arte, incorporó a la nueva estética del toreo los que antes eran tan sólo recursos de oficio. Como todos los conquistadores, ganó territorio. Y esa es su importancia histórica…………….Aquel viejo pase de trinchera, que se daba a la defensiva y con el pico de la muleta, se transformó en un pase ceñido e imperioso, de granítica belleza, de ahondada y viril sobriedad. Siendo el mismo, era ya tan distinto que hubo de cambiarle el nombre. Y se le llamó el trincherazo de Ortega. El aumentativo estaba justificado no sólo por la mayor importancia del pase, sino por la impresión de rotundidad con que su creador lo ejecutaba. Y como el trincherazo, todo el toreo por delante Ortega lo hizo con un ajuste, un reposo y una medida excepcionales. En resumen, aquel toreo de dominio y recursos que en Gallito fue ligereza de escuela, malabarismo eficaz y batallador, era el toreo que ahora reanudaba Ortega, pero ejecutado ya con la proximidad, la cadencia y la armoniosa hondura de Belmonte. Los valores técnicos y estéticos de ambos colosos se juntaron así en la muleta de Domingo Ortega. Fue una síntesis feliz, en la que todo el toreo de eficacia, que hasta entonces había sido oficio utilitario, quedó incorporado al nuevo arte.”



Rafael Ríos Mozo, en su Tauromaquia fundamental, escribe:

"Este diestro es quizás -y sin quizás- la figura más importante del toreo en los años treinta y una de las más trascendentales de los años cuarenta y también de los albores de los cincuenta...........Fue además, la explicación práctica de cómo un torero puede encumbrarse en su profesión en un breve espacio de tiempo.................Durante años estuvo en primer lugar en el escalafón taurino, que llenó con su ciencia, y ¿por qué no decirlo?, con su arte también. Porque Domingo Ortega dejó totalmente por tierra ese absurdo prejuicio que existe en el Sur sobre los toreros nacidos lejos de sus lares. Domingo Ortega fue un artista lleno de ciencia, que supo crear belleza -¡y qué belleza1- en su dominio con los toros.................Escribe don Luis Bollaín que la aparición de Ortega en el mundo taurino fue como una regresión al toreo anterior a la estética de Belmonte. Después de Juan, todos los toreros salían a la plaza más a lucirse que a dominar al toro, y Domingo fue, por el contrario, el único que llevaba como adjetivo primordial el apoderarse de las reses difíciles y dejarlas sometidas a su poderosa muleta. Claro está -añade el señor Bollaín en su libro Los dos solos- que aquella lucha de Ortega nada tenía que ver con la antiestética pelea de los toreros de primeros de siglo, pero era lucha al fin y al cabo...............Su trincherazo, dado con la mano derecha y llevando al toro triturado por la muleta, era de una eficacia insuperable, pero al mismo tiempo de una belleza arrebatadora................Y ¡lo que son las cosas de la vida! Este diestro, que ha sido una de las figuras más importantes de la historia de la tauromaquia, no era nada hábil manejando su mano izquierda, con la que nunca consiguió destacar...............A él le bastaba ese juego de muñeca con la derecha para ser, en justicia. el toreo de mayor trascendencia en los años de la preguerra.................Su ejecutoria taurina fue larga, aunque en ella haya varias retiradas y reapariciones................Después de la contienda civil se encontró con un toro más terciado y con menos poder que el que estaba acostumbrado a lidiar. Su estilo, sin abdicar de su toreo de dominio, se hizo más suave, casi como un ballet....................El es, con Juan Belmonte, el torero que más intimó con gente de cerebro. Escribe, pronuncia conferencias en el Ateneo de Madrid, y en 1953 reaparece con el pelo completamente blanco y su figura enraizada en la más firme ecuación toreo-dominio............El nombre de Domingo Ortega, con sus muchas virtudes y también algunos defectos, permanece en la historia de la tauromaquia como una de las figuras más sobresalientes"


Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Ha sido Domingo Ortega torero muy de mi complacencia................................Es un perfecto dominador de reses; no se pareció a ningún torero anterior, lo que quiere decir que tuvo su propia y gran personalidad. Algunos motejaron a su toreo de "castellano"; no me parece mal; pero, encasillado o no, fue un lidiador eficaz que demostraba cualidades excelentes; mucho le costó llegar, lo que avalora más el triunfo. Con la capa toreó muy bien y con una facilidad asombrosa; es variado en los quites y no se le conoce como banderillero; como muletero, mejor con la derecha que con la izquierda, ha sido uno de los eficaces dominando a los toros; era muy personal su pase de tirón para llevar al toro al sitio que le convenía y dar uno por delante, muy toreada la res, que resultaba precioso. Con la espada arrancaba en buen sitio, más bien cerca, con la mano derecha un poco baja, y algunas veces levantando el cuerpo sobre los pies, y siempre subiendo los hombros con un movimiento muy particular; han sido frecuentísimas sus estocadas enteras. Es buen director de lidia, porque sabe lidiar. En su época final se la apreciaba cierto amaneramiento, abuso del rodilleo y mucho irse al rabo en algún pase, todo ello inadmisible en un toreo de su categoría"

Juan Posada escribe:

"En 1929 se incorporó a la Fiesta uno de los toreros más importantes del siglo, Domingo Ortega. Su desarrollado sentido de las distancias le permitía situarse en la exacta, según las condiciones de los toros. Y dejar el engaño en la justa para que no lo prendieran. Consolida el temple -creación de Belmonte- tal como se entiende en la actualidad. Se da cuenta de que los toros, al tener menos ímpetu, permiten al torero acoplarse mejor a él. Lo difícil es acompasar la velocidad de la tela a la del animal. Él fue el primero en lograrlo totalmente......................Domingo Ortega se desenvolvió a sus anchas en la época que le tocó vivir. Dueño de las cualidades específicas: valor seco, cabeza clara, velocidad de discernimiento y cierto sentido estético, se convirtió en primera figura del toreo. No le importó matar corridas duras y grandes..................Su estrategia, la lógica de los toreros poderosos: huir de las ganaderías facilonas y apuntarse a las que, siéndolo para él, eran dificultosas para los otros.................."


Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Solamente hubo un torero de primera fila que se mantuvo ajeno a las nuevas modas. Un torero originalísimo que nunca tuvo el menor interés en fijarse en lo que hacían los demás. Él tenía muy claro su camino: lo suyo era el dominio absoluto del toro. Ésa era su obsesión y su único objetivo en la lidia. Estoy hablando de Domingo Ortega..................El 8 de marzo de 1931 toma la alternativa, y en los dos meses siguientes se hace el amo. Domingo Ortega es el dueño del toreo. Seis meses antes era un perfecto desconocido; ahora es el mandamás de la Fiesta. Ortega, con su toreo férreo, seco y en constante movimiento, se pone por delante de todos los estilistas, es decir, de todos los neobelmontistas. ¿Por qué? Porque aquel toro todavía no estaba maduro para tanto preciosismo...............era muy fuerte, muy duro, muy encastado. Todavía no estaba el horno para bollos..........Por eso arrasó Domingo Ortega................Al toledano la nueva estética le daba igual. Él iba directamente a lo suyo: machacar al toro implacablemente. Es un caso de torero regresivo sin parangón en la historia del toreo. Suponia negar la historia taurina de los últimos veinte años; era volver a los tiempos del Bomba y del Machaco. Eso sí: el dominio de Ortega se cimentaba en unos modos muchísimos más templados que los usados habitualmente por lo toreros denominados poderosos. Dominaba a los toros con mano de hierro en guante de seda. Nunca se paraba con los toros; se trataba de un constante ir y venir; un andarles hacia delante que los destrozaba. Nadie ha andado a los toros como Ortega.............Ha tenido la mano derecha más férrea y poderosa que se ha visto. Era mucho torero el "Paleto de Borox"...................Después de la guerra, cuando el toro era mucho menos toro y la forja del toreo otra, su toreo dejó de interesar. Con el torillo de la posguerra, ya maduro para el nuevo toreo, las demostraciones de poder de Ortega aburrían......................Domingo Ortega ocupa un puesto de honor en la vieja lidia, que interpretó con un indudable acento personal. Aunque, como el toreo es una permanente contradicción y paradoja, resulta que a Domingo Ortega le hubiera gustado torear como ¡Belmonte!. En su conferencia "El arte de torear", pronunciada en el Ateneo madrileño en 1950, hace un antológico canto al "parar, templar, cargar y mandar". Lo gracioso es que él no hizo eso jamás. Él fue el poderío. En el toreo, como en la vida, siempre se desea lo que no se tienen: resulta que al mismísimo Domingo Ortega, tan aparente impermeable a las novedades estéticas, le hubiera gustado ser otro torero, distinto al que fue. Increíble, pero cierto"


José Díaz Quijano, Don Quijote escribe:

"¿Quién iba a decirnos hace unos cuantos lustros, que el pase que entonces de empezó a dar y que se bautizó con el nombre -un poco despectivo- de trinchera, aludiendo a su posible ventaja, iba a constituir andando los años el pase fundamental del toreo de un diestro valeroso y de primera fila, con fama de honrado?

La reflexión de Don Quijote, comenta Robert Ryan, va dirigida a los revisteros que se asombran del efecto, y la efectividad, del nuevo muletazo, piedra angular del toreo y de la personalidad de Domingo Ortega.


Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"Siendo Domingo Ortega, el perfeccionador del trincherazo, un domador que improvisa castigo aprovechándose de la fantasía de Rafael el Gallo y de la ciencia de Granero...............Domingo Ortega se presenta cuando el toreo de muleta se halla en la cumbre del pase natural con la mano izquierda. Mas no es la izquierda la mano que distingue a Ortega. En los años de la formación de su personalidad artística, ésta se difumina un tanto cuando sale la muleta de su mano derecha, sobre todo cuando para torear al natural............., según Corrochano, "este diestro excepcional se amanera, tanto que toda la gran calidad de su toreo la pierde en este momento"

"Lo que ocurre -explica Don Ventura- es que...........Ortega, en el pase natural con la izquierda......., al mandar y correr la mano incorpora simultáneamente el pie derecho al izquierdo, para luego separar éste con el fin de cargar la suerte al ejecutar el pase siguiente"

Ortega, entonces, en el pase natural, después de citar con los pies separados y de cargar la suerte avanzando su pierna izquierda, al pasar el toro junta los pies y empina el pase. O sea, se empina para parar sus pies, en una lucha contra la tendencia, en él innata, de andar el toreo.........................Así, Ortega, para pasar al toro de derecha a izquierda decide abandonar el pase natural, mas no el sitio, ni la calidad ni la trayectoria de la embestida que corresponde al natural.......................cambia de mano la muleta para traer al toro hacia el dorso de su mano derecha, lo cual abrevia la dimensión de la suerte, recogiendo ésta sobre el eje de la pierna izquierda..................."La profundidad -explica Ortega- la toma el torero cuando la pierna avanza hacia el frente, no hacia el costado"...................La profundidad, en el toreo orteguino, se apoya en un paso, lo mismo que la suavidad. En el trincherazo, cuando la curva reducida se cierra en brusquedad, Ortega evita ésta con otro paso, incorporando a la suerte el pie derecho, andando el pase, yendo él hacia adelante.............Andarle al toro, muleta en mano, es un arte que requiere una dificilísima armonía con la quietud. Andarle al toro también es parar, como explica Ortega en el trincherazo..............Antecedentes de Ortega en el arte de andarles a los toros en el toreo de muleta, templando paso y pausa, fueron los Gallo, Rafael y Joselito, y Pepe Ortiz, en el adorno como castigo. Para hallar un continuador en calidad y armonía de poder, pasan años, hasta que Roberto Domínguez da con el secreto, la estética casi imposible de dar el paso, el torero, en dominio del toro y de sí mismo"


Filiberto Mira, en su libro "Vida y tragedia de Manolete" escribe:

"Es imposible la más leve síntesis de la historia del toreo sin citar su nombre.................Fue el torero con más peso específico de la Edad de Plata. En personalidad y magisterio los superó a todos. Dominó con suavidad, conoció a los toros con extensión y los templó con intensidad. Muchas referencias a sus excelsitudes muleteras con la diestra, pero recordando cuantas veces le vi, en mi opinión personal, fue aún más dominador con la capa que con la pañosa...................Técnica la suya que desarrollaba, andándoles como nadie les ha andado a los toros, en el último tercio, tras haberlos en el primero imantado con el engaño. Como Chesterton, que explicaba las lecciones paseándose por los claustros universitarios, el de Borox toreaba caminando por los ruedos, al razonarnos que lidiar es una filosofía y que los toros se dominan a base de silogismos..................En lo que el lidiar tiene de magisterio, fue netamente un coloso, aunque dominara moviéndose mucho y prodigara poquísimo el torear con la zurda. Por eso, por su supremacía con la mano derecha, bien puede estimársele como el gran maestro manco del toreo.....................Manco quizás, pero inteligente, valiente y personalísimo como pocos"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:



“Su toreo no tenía nada que ver con el estilismo en boga. Era, por el contrario, macizo, recio, reposado y fuerte………….La figura de Ortega, señal de su grandeza, es de lo más controvertida en la historia del toreo. Para algunos Ortega fue un torero andarín, de muchos pies, llevaba el duende en las zapatillas. Para otros, Ortega pudo mucho con toros que no tenían nada que poder. Torero de temple pero sin elegancia...........................La temporada invernal 1934-35 toreó en México, y aunque no fracasó cosechó muy duras críticas, la más cruel aquella que decía: De domingo a domingo siempre eres el mismo, Domingo, que hacía referencia a lo poco variado de su estilo, sobrio y seco................................Cossío escribe: Es el poder, palabra que prefiero a la habitual de dominio. No sólo domina a los toros, sino que ante ellos da una sensación de fortaleza, de energía. Domingo Ortega domina a todos los toros por el mismo sistema, con admirable monotonía."



Carlos de Larra, más conocido como "Curro Meloja", en su obra Grandes maestros de la Tauromaquia, escribe:




Domingo Ortega, indudablemente, ha sido un torero maravilloso. Sólo los elegidos como él poseyeron ese raro don de la difícil facilidad para dominar, casi domesticar, a los toros. Que es lo maravilloso, porque Ortega es un intuitivo, ya que ni desciende de raza torera ni en su infancia, ni en su primera juventud, le rodeó nada relacionado con la fiesta de toros……………….Aparte su facilidad –la dificilísima facilidad- para dominar, el toreo de Domingo Ortega se caracterizó por la rudeza, una rudeza que sólo sentía el toro, pues al espectador le llegaba con las apariencias de la más bella y emotiva suavidad. Porque Ortega, al dominar, parecía que acariciaba. Quizá su toreo fuese poco “bonito”, según los patrones de la estética hoy al uso; pero era un toreo muy de verdad, muy recio –aunque parecía suave- y muy profundo. Últimamente Ortega, en lugar de mantener e imponer su estilo, ha creído más cómodo adaptarse al estilismo ultramoderno…….Pero ahora me da la sensación de que a su toreo, que todo lo tiene, le falta algo esencial, le falta el TORO. Hoy torea los mismo toritos que los demás y con ello huelga el dominio, porque salen ya dominados y vencidos del toril. De todos modos, aunque el Ortega actual sea menos Ortega, siempre se ve que conserva el compás, y entre los arrumacos floridos de las nuevas modalidades a que se rindió, se percibe la rancia solera de aquel “toreo de maravilla”……”
  




El historiador francés Bartolomé Bennassar, en su Historia de la Tauromaquia, escribe:

"Tuve la oportunidad de ver a Ortega al final de su carrera, en 1953 y 1954. Aunque haya sido considerado sobre todo como un hombre capaz de dominar los toros más difíciles, de doblegarlos sobre su pierna imponiéndoles despiadadas torsiones, me pareció un verdadero artista, una especie de escultor, creador de formas sobrias y armónicas a la vez. Sometiendo al animal a su ritmo y cadencia, dando a la ligazón de sus pases el sentido de un acoso irrefutable, era la expresión misma de una fuerza viril en acción. Durante diez años fue sin duda el mejor torero, y de 1931 a 1936 (con excepción del año 1935) el que mayor número de corridas toreó. También tuvo tardes mediocres y malas e incluso atravesó periodos de debilidad, pero esto formaba parte de la trayectoria habitual de todos los toreros, incluso de los más grandes...............Como obtenía sus éxitos más significativos con los toros difíciles, no buscaba los fáciles más que en sus peores rachas............Duramente castigado por las cornadas -sufrió cinco de gravedad- Domingo conservó intacto su valor. Tras su retirada, este hombre que era realmente inteligente, se cultivó, y llegó a alcanzar un apreciable dominio del lenguaje, como lo demuestra su conferencia ¿Qué es torear?, que pronunció en el Ateneo de Madrid"


Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:


"...........acostumbrado, como yo estaba, a calibrar los méritos de una faena de muleta por los pases que en ella se daban, en aquel momento fui incapaz de darme cuenta del enorme mérito que tenía aquella faena de Domingo Ortega, en la que no hubo más de media docena de naturales, pero que toda ella se realizó sin soluciones de continuidad, sin un solo vano, con un ritmo y una armonía totales. La memoria viene en mi ayuda y me dice que lo que en ella predominó fue el toreo por la cara, algo que a mí me parecía entonces algo así como una.............. vulgaridad y que hoy sé que es una de las cosas más difíciles de realizar. Y en el toreo por la cara, Ortega ha sido absolutamente genial"

"Hablando con un torero tan entendido y con tanta afición como el llorado Antonio Bienvenida, me decía que nunca había visto torear tan bien por la cara, ni ligar ante ella tantos pases -siempre ganándole terreno al toro, siempre haciendo con él "curvas y ochos"- como a Domingo Ortega. "En este sentido -me decía Antonio- Ortega ha sido un auténtico prodigio" Tal vez, añado yo, el mágico prodigioso......................Pasado los años, me di cuenta de la enorme importancia y de lo dificilísimo que es torear por la cara como lo hacía Domingo Ortega"

"Hay una anécdota que refleja bien la diferencia que hay entre uno y otro tipo de torero (Se refiere a la diferencia entre toreros lógicos y toreros mágicos). En un hotel de Hispanoamérica, Domingo Ortega habla de toros con varios profesionales del toreo. Y dice: "A los toros hay que doblarlos al inicio de la faena de muleta" En esto, Manolete que baja de su habitación y se suma a la tertulia. Ortega repite la frase, tal vez para que Manolete la oiga. Y Manolete, claro está, la oye, pero hace como si no la hubiera oído. Ortega vuelve a la carga y le pregunta ya directamente a Manolete: "¿Qué opinas tú, Manolo? Y Manolete se lo queda mirando y le contesta, serio por fuera, zumbón por dentro, picado ante la insistencia del toledano: "Que mientras usted se dobla con el toro, yo le he dado ya seis naturales". Se acabó la historia. En definitiva, dos conceptos distintos del toreo: el que cree que el toro es un amigo al que hay que torear y el que cree que es un enemigo al que hay que vencer cuanto antes"

Para finalizar estos comentarios, quiero destacar unas palabras del maestro, que me parecen muy aclaratorias de su manera de entender el toreo. Según él: "todo el misterio radica en llevar a los toros por donde no quieren ir"



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