lunes, 18 de junio de 2012

VICTOR MENDES / José Cubero Sánchez, YIYO







El propio Victor Mendes, en el libro Todas las suertes por sus maestros, de José Luis Ramón, comenta:

"Dentro del tercio de banderillas, yo particularmente considero que el par de banderillas de poder a poder es el más importante. Y lo es por la ventaja que el banderillero concede al toro...................No es como el par al encuentro ni tampoco como el par al cuarteo, que siempre arranca por delante el torero; en el par que nos ocupa hay que esperar a que el toro se venga y, después de unos segundos, partir también el matador. Es evidente que el toro en su arrancada inicial ya lleva una ventaja sobre el torero....................Para poner este tipo de par de banderillas, el matadoro el subalterno deben tener técnica, facultades, valor.....y, sobre todo, un gran conocimiento del toro y de sus querencias...............La importancia del par está en el momento de la reunión. La reunión debe hacerse en la cara, por delante de los pitones, y salvar el pitón apoyándose en los palos para salir limpiamente de la suerte. En general en un par cuajado de poder a poder la reunión se lleva a cabo muy cerca de los medios, y eso el lo que resulta espectacular"























Víctor Manuel Valentín Mendes, Víctor Mendes nació en Vila Franca de Xira (Portugal) el 14 de febrero de 1959.

Tomó la alternativa en la Monumental de Barcelona el 13 de septiembre de 1981, de manos de Sebastián Palomo Linares, quien le cedió la muerte de una res de la divisa de Carlos Núñez, delante de José María Manzanares. Su confirmación de alternativa en Madrid tuvo lugar el 16 de mayo de 1982, actuando de padrino Luis Francisco Esplá, que le cedió la muerte del Pablo Romero Ermitaño, y siendo testigo Morenito de Maracay. Su última corrida fue el 28 de septiembre de 1997, en Floirac (Francia), tarde en la que cortó dos orejas a un toro del Conde de Cabral.

Cossío escribe: "Torero muy completo, banderillero de calidad, con valor contrastado y buena voluntad más que comprobada, ha ido poco a poco ascendiendo en el escalafón de los matadores de alternativa, en el que se ha situado en posición privilegiada....................Todavía se puede dejar constancia del gran triunfo logrado en Madrid el 23 de mayo de 1987, al cortar tres orejas de elementos de la ganadería de Baltasar Ibán, con la correspondiente salida a hombros por la Puerta Grande"

Fernando Claramunt escribe: "Se trata de un diestro muy completo en los tres tercios, recio, decidido, con simpatía que llega a los tendidos y enorme voluntad de agradar, capaz de torear muy bien de capa y de lograr cada año mayor hondura y temple con la muleta. Su ascenso en el escalafón y el buen cartel que goza los ha ganado a pulso año tras año, exponiendo de veras en todos los tercios, sobre todo en banderillas, donde logra momentos de máxima emoción y riesgo evidente, sin aliviarse con tranquillo alguno"

José Luis Suárez-Guanes, en su crónica para Aplausos, escribe sobre la actuación de Victor Mendes en esa tarde triunfal: "El festejo..........representó la confirmación de Víctor Mendes en el estrellato taurino que supo aprovechar la codicia y la bravura de sus oponentes de Ibán............Víctor confirmó su buena clase de capeador durante toda la tarde, estuvo extraordinario con las banderillas.............y esta vez anduvo a una gran altura con la muleta..............Encajó el buen genio del sexto fundiendo el mando, el temple, la compostura y la espectacularidad. Con el público entregado, tras un gran toreo diestro y uno mejor con la zurda, le concedieron las dos orejas gracias a la emotividad que impuso también el brillante toro de Ibán"

Carlos Abella escribe: "Ha sido Víctor Mendes, sin duda, el torero de mayor significación histórica que ha dado Portugal, junto con Manolo dos Santos. A diferencia de éste, Mendes no ha sufrido apenas percances graves, pese a su recia constitución física y su arriesgado toreo..................Banderillero extraordinario, poderoso y espectacular, su gran nivel con las banderillas ha sido consecuencia de su arrojada y retadora seguridad, que le ha permitido triunfar con el riesgo. Buen torero con el capote, su verónica ha sido lidiadora y estética a la vez, y su muleta poderosa, templada y honesta................Su espada ha sido de una gran eficacia y son muchos los toros que han salido muertos de su muleta. Ha sido, pues, Víctor Mendes un matador de toros muy completo, con mucha afición, que ha sabido conjugar la honestidad personal con el objetivo de complacer al público y que aprendió muy bien el oficio gracias a su frecuente batalla con los toros más ásperos y broncos de las ferias. Es además persona inteligente y culta, con el que da gusto hablar de toros"

El gran aficionado Ignacio Aguirre, presente en la actuación del diestro la tarde del 16 de septiembre de 1984 en la Feria de Otoño de Madrid, con toros de Victorino Martín, y en la que salió a hombros por la Puerta Grande escribió para Diario 16: "Tuvo una tarde completa, redonda, sin un fallo: con agallas al embraguetarse toreando a la verónica; banderilleando con una perfección y una entrega pocas veces vista, dando las ventajas al toro, dejando llegar los pitones a la altura del pecho y clavando con estilo en lo alto del morrillo. Con la muleta, ni una sola duda. Los pies asentados, los muletazos largos, con seguridad, con aplomo, con donaire"










Tener ángel suele ser
Yiyo, tener lo que tienes:
más el ángel.
¡Más no se puede tener!

Paráfrasis de unos versos de César González Ruano



















 "elevado hacia el cielo por un hilo/ –corazón de torero destrozado–/ desde la oscura axila sorprendido"

                                                                         Manuel Arce



José Cubero Sánchez, Yiyo, nació en Burdeos el 16 de abril de 1964. Hijo de emigrante, siempre se le consideró del madrileño barrio de Canillejas, donde se crió. Fue alumno aventajado de la titulada Escuela Nacional de Tauromaquia, de Madrid y miembro de una dinastía taurina, pues su padre fue banderillero y sus hermanos Juan y Miguel novilleros.

Tomó la alternativa en Burgos el 30 de junio de 1981, de manos de Angel Teruel, quien, en presencia de José María Manzanares, le cedió la muerte del toro Comadrejo, de la divisa de Joaquin Buendía. Confirmó la alternativa en Madrid el 27 de mayo de 1982, con pupilos de Félix Cameno y apadrinado por Manzanares, con Emilio Muñoz de testigo del protocolo, estoqueando al toro Bohemio.

El salto a la popularidad se produjo en 1983, cuando vino como sustituto de Roberto Domínguez a la feria de San Isidro. En su repetición del 1 de junio, alternando con Angel Teruel y Armillita Chico, sale a hombros de la Monumental madrileña. Le llueven los trofeos como triunfador de la feria y queda contratado para la de Beneficiencia, mano a mano con Luis Francisco Esplá. Vuelve a salir a hombros. Termina el año con el trofeo al triunfador de la Feria del Pilar.

En 1984 había realizado una buena campaña. Acude el 26 de septiembre de 1984 a Pozoblanco y le corresponde hacer la faena de muleta y estoquear al toro Avispado, causante de la herida -que no quería imaginar mortal- de "Paquirri". El público le concedió las dos orejas, que José entregó al peón de confianza de Paco, el cual da la vuelta al ruedo llorando. "Yiyo", que cortó cuatro orejas esa tarde, supo por radio, entrada la noche, la muerte de su compañero.


 Murió el 30 de agosto de 1985, en Colmenar Viejo,  tras una mortal cogida sufrida al entrar a matar al sexto astado, de nombre Burlero, berrendo en negro, de la ganadería de Marcos Núñez, al que cortó las dos orejas. BurleroEl Yiyo morían al mismo tiempo. Yiyo actúo sustituyendo a Curro Romero, que había enviado un certificado médico justificando su ausencia, con Antoñete y José Luis Palomar

Sus últimas palabras se las murmuró a El Pali, que era su banderillero de confianza y que intervino al quite sin tiempo de remediar la cornada.
-Pali, este toro me ha matado- musitó El Yiyo.

El crítico José Antonio del Moral dijo que la faena de muleta a Burlero fue la más completa de las múltiples que le había visto realizar.


Fernando Claramunt, en su Historia del Arte del Toreo, escribe sobre esta trágica tarde:

"El 30 de agosto de 1985, en la feria de Colmenar Viejo, de tradición torista, se anunció a Curro Romero, "Antoñete" y José Luis Palomar, con un encierro serio y astifino de Marcos Núñez. Curro envió certificado médico justificando su ausencia. Le sustituyó José Cubero. La corrida transcurría con normalidad cuando salió el sexto, de nombre Burlero, que dio muy buen juego, permitiendo a "Yiyo" lucirse con capa y muleta. Realizó la faena más completa de cuantas le vieron sus seguidores. La soberbia labor se coronó con una gran estocada, de la que había de morir el toro sin puntilla...................Antes de caer, el animal alcanza al torero, que cae al suelo. Trata de alejarse, pero Burlero, desatendiendo los capotes que pretendían interceptar el hilo con "Yiyo", encuentra el cuerpo del matador y lo levanta. Lo deja de pie al tiempo que le atraviesa el corazón. "Yiyo" muere en ese momento, aunque da unos traspiés automáticamente antes de caer junto al estribo, donde le recogen sus compañeros. José Luis Palomar se arrodilla en el ruedo y golpea la arena. "Antoñete" llora en el callejón. Los banderilleros Martín Recio y Manolo Montoliú están sobrecogidos. Se llevan al toreo muerto a la enfermería, con faz y palidez cadavérica, y los ojos en blanco. El presidente concede las dos orejas, pero nadie presta atención. Los hombres de las cuadrillas y los espectadores están atónitos..................Desde la cornada de Granero en 1922, no se recordaba una muerte fulminante a la vista de todo el mundo"

Angel Parra Guzmán, en su crónica de la muerte del Yiyo, escribe:

"La excelencia de la gran faena se adentró en la majestuosidad cuando Yiyo se dispuso a torear al natural desmayadamente, hasta empalmar dos con el pecho, dentro de la más alta aristocracia del toreo de muleta. El público estaba conmovido y en pie. Yiyo, poseído por la magnitud de su obra, cambió la espada y siguió toreando. Cuatro molinetes emborrachado de toro, y tres naturales más, de remate bajísimo, dejaron al toro cuadrado y pidiendo la muerte"


Del número correspondiente al mes de septiembre de 1998 de la revista digital mexicana Gaceta Taurina, extraigo los siguientes comentarios:

"José Cubero Yiyo había vivido toreando desde niño. Tenía solo 17 años cuando Angel Teruel le doctoró en Burgos. Torerar era para Yiyo la cosa más natural del mundo. Los aficionados se contagiaban con su asombrosa seguridad..................En la Plaza de Colmenar, a las puertas de Madrid, el 30 de agosto partieron plaza Antoñete, Palomar y Yiyo. Se lidiaban toros de Marcos Núñez, un bravo encierro. Un ambiente hostil presidia el festejo. Antoñete andaba cauto.........José Luis Palomar aguantó los pitos de un sector del público..........Al salir el sexto, que se llamó Burlero, se animó el cotarro. Rafael Atienza lo picó muy bien. Yiyo comenzó la faena rodilla en tierra, con tres impecables muletazos por bajo. Bien ahormado el toro, sucedieron tres series de redondos muy templados, muy ligados, muy intensos. José se entregó desde el principio. Las series eran largas, de cuatro y hasta de cinco pases. Y sin rectificar su terreno, quedándose siempre en el sitio. Burlero, encastadísimo, repetía y repetía su noble embestida............La excelencia de la gran faena se adentró en la majestuosidad cuando Yiyo se dispuso a torear al natural desmayadamente, hasta empalmar dos con el de pecho, dentro de la más alta aristocracia del toreo de muleta. El público estaba conmovido y en pie. Yiyo, poseído por la magnitud de su obra, cambió la espada y siguió toreando. Cuatro molinetes emborrachado de toro, y tres naturales más, de remate bajísimo, dejaron al toro cuadrado y pidiendo la muerte........Yiyo se perfiló y pinchó en hueso. Volvió a perfilarse, y lentamente, dejándose ver, se cruzó con el toro, hiriéndole mortalmente en lo alto. Pero el animal se revolvió, y al intentar sacarlo con otro pase natural, sobrevino una colada. Yiyo no logró desviar a Burlero -los toros en estas embestidas finales de la muerte suelen ir cegados- y surgió la voltereta. Cayó el torero a la arena y giró sobre sí mismo, tratando que el toro no volviera a recogerlo. Burlero no hizo caso a los capotes que intentaron de quitarle y con una terrible certeza, que alargó infinitamente las décimas de un segundo eterno, persiguió a Yiyo hasta alcanzarlo de lleno en el costado. Lo levantó y lo dejó de pie. El toro, libre de su presa  cayó fulminado, mientras Yiyo auxiliado por los hombres de su cuadrilla, daba tres pasos, hacia la barrera, con la vista perdida, y se deplomó.....................La impresión desde el tendido era la de una cornada gravísima. Pero la estupefacción de los toreros delató la tragedia mortal. Yiyo estaba muerto............Le había matado un toro ya vencido, inmortalizado por su toreo. José murió matando y pasó a la gloria en la cumbre de su arte" 


Cossío escribe:

 "Se piensa, y con razón, que con el paso del tiempo estaba destinado a ocupar una primerísima posición entre los matadores de toros de su época. Apoya esta creencia el buen lugar que ya había conseguido a sus ventiún años de edad. Nunca se hará viejo en nuestro recuerdo, en el que permanecerá para siempre con su cara aniñada de sutil sonrisa triste, como si de un augurio se tratara. Puede decirse, como en el título de la obra que le dedicó su gran amigo y magnífico periodista Antonio Domínguez Olano, Adios, príncipe, adiós.


Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"Llevaba una carrera en ascenso hacia un puesto cumbre en el toreo contemporáneo. Yiyo, torero de la escuela madrileña, se hallaba encontrando su propia personalidad dentro del academicismo y el corte clásico y equilibrado de su concepción del arte taurómaco. Valor sereno, sin temeridades ni -menos aún- desconfianzas. Conocimiento y oficio que sólo necesitaban el paso del tiempo para lograr sazón cabal. No podía ir por mejor camino. Si para algunos pareció frío en sus primeras temporadas, ponía últimamente tanta concentración y deseo de pureza en las suertes que transmitía a los graderíos la profundidad de su estado de ánimo. Muchas tardes brillantes tuvo, pero todos los críticos coinciden que el toro mejor lidiado, el de la faena perfecta, la mejor de su vida, fue en la fatídica tarde de Colmenar, con Burlero. La faena perfecta incluye una gran estocada al volapié de la que muerte la res, pero antes tiene tiempo de atravesar el corazón del torero"


Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:

“José Cubero, Yiyo. El año 1983 fue el de su revelación al cuajar en Madrid la faena al toro Lanzaquema de Antonio Ordóñez…………El 26 de septiembre de 1984 torea en Pozoblanco y debe dar muerte al toro Avispado, de Sayalero y Bandrés, que había herido de muerte a Paquirri. Un año después un toro truncó la carrera del elegante, fino artista y privilegiado torero madrileño………..En su breve vida mató 17 corridas en Madrid, cortó 11 orejas y salió una vez por la Puerta Grande



Felipe Garriges, en su libro Abriendo el compás, escribe:


“El toro que hirió y mató al Yiyo, no hizo caso de capotes ni voces en su acometida ciega, su olfato le guió hasta su presa que yacía en el suelo mucho más distanciado que los peones que intentaban distraerlo, sin conseguirlo, pues él sabía que quien le había herido estaba allí, y aun estando moribundo el toro persiguió al pobre José Cubero hasta volverlo a prender y asestarle la cornada mortal. Su olfato fue el guía traidor………………La pérdida del Yiyo supuso una tragedia en el amplio sentido de la palabra. José se estaba cuajando en un gran torero, con verdad, clase y regularidad. Había perdido las afectaciones de sus primeros tiempos y elegido el difícil camino del toreo auténtico…………….Otros matadores –coetáneos suyos- han triunfado después, y no se trata de empañar méritos a nadie, pero no con la pureza de José. Se le echa de menos…….”


Joaquín Vidal, en su crónica del 2 de junio de 1983 y titulada Yiyo, torerazo, escribe:

"Vino de suplente y ahí está, candidato a triunfador de la feria. Yiyo, esa es la figura. Yiyo, torerazo. Torero completo, en todas las suertes. Torero en la brega, en quites, y con la muleta, artista y dominador. El repertorio de la tauromaquia que plasmó ayer Yiyo ante la asombrada cátedra de Las Ventas, y cuando ya lo había desgranado con auténtica exquisitez, se mostró en su dimensión de torero de casta, valiente, decidido a triunfar a pesar de la bronquedad del toro y a pesar de la cogida. Este sí que es valiente, a carta cabal................Y torea. Torea además con alma, e imprime la marca de su personalidad.................Porque lleva el toreo tanto en la cabeza como en el corazón, y ese toreo, de escuela, lo interpreta con la peculiaridad de su sentimiento, adecuándolo a las cambiantes condiciones del toro....................Cuando cobró la estocada el triunfo ya era de apoteosis y la plaza entera aclamaba: "¡Torero!, ¡Torero!". Salió a hombros por la puerta grande, y en aquellos momentos ocupaba un puesto cimero entre las figuras" 

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