lunes, 24 de septiembre de 2012

JOSÉ TOMÁS. Retratos





"Un torero de otra suerte/ a saludarte viene Juan Belmonte./ -No pude estar a tiempo para verte,/ pero tengo tu hambre de horizonte/ y tu misma querencia por la muerte./ En nuestra alma pastan los bisontes"

                                                                                                                              Juan José Téllez.



"No quiero morir, sólo ser perfecto"

"Vivir sin torear no es vivir"

                                        José Tomás


"Torea como sueña"

                                               Angel Gómez Escorial (torero)

"Si le cogen tanto es porque se pone donde los toros te cogen"

                                                                César Rincón (torero)

"Tomás es un torero trágico, como Chocolate era un cantaor trágico"

                                                          Carmen Esteban (amiga del torero)






























José Tomás Román Martín nació en Galapagar (Madrid), el 20 de agosto de 1975. Su afición por la tauromaquia se la inculcó su abuelo Celestino Román, con quien asistía desde niño a las corridas de toros en Las Ventas. Sobrino-nieto del ganadero Victorino Martín,  fue su hijo quien presentó a la familia a Antonio Corbacho, ex novillero y banderillero, que fue el encargado de guiar a José Tomás en sus primeros años, formándole en lo taurino y en lo físico, y transmitiéndole una enseñanza ética que influiría mucho en el torero.

Su debut como becerrista tuvo lugar el 25 de julio de 1989 en Colmenarejo. Su primera actuación en público fue el 25 de julio de 1989 en Colmenarejo. Su debut como novillero se produjo el 7 de febrero de 1991 en Valdemorillo. 

Debutó con picadores en Benidorm el 24 de julio de 1993 durante el transcurso de un certamen de novilleros. Cortó dos orejas y se clasificó para la final, pero como apenas disfrutó de más oportunidades ese año tuvo que marchar a México para poder torear con regularidad sin tener que pagar por hacerlo. En principio iba para participar en tres novilladas y, como triunfó, se quedó casi toda la temporada, toreando en 26 festejos en total, lo que le permitió formarse como torero. Aún en tierras mexicanas, el 18 de enero de 1996  sufrió una grave cornada en la plaza de Autlán de la Grana (Jalisco) que le provocó una gran hemorragia, teniendo que recibir varias transfusiones.

En 1995 se puso en manos de Santiago López y Emilio Miranda, pareja mucho más conocedora de los entresijos del mundo taurino en España que su anterior apoderado. Ese año José Tomás toreó en 54 novilladas, incluyendo una salida a hombros por la puerta grande en Madrid el 24 de septiembre de 1995.

Tomó la alternativa en Méjico el 10 de diciembre de 1995, con el toro Mariachi, de la ganadería de Xajay, con Jorge Gutierrez de padrino, en sustitución de David Silveti, que era el elegido por José Tomás, y Manolo Mejía de testigo. La confirmación de la alternativa en Madrid fue el 14 de mayo de 1996, con Ortega Cano de padrino, que le cedió la muerte de Jumito, de Jandilla, y Jesulín de Ubrique de testigo.

Salió a hombros por primera vez como matador de toros el 8 de junio de 1996, en Granada, compartiendo cartel por primera vez con Enrique Ponce, con quien mantendría una fuerte rivalidad durante las temporadas siguientes. Diversas crónicas a lo largo de esta temporada lo presentan como un diestro distinto, que practicaba un toreo que tenía poco que ver con el de la mayoría de sus compañeros"

José Tomás se consagró rápidamente como una de las máximas figuras del toreo, siendo especialmente apreciado por la afición madrileña, gracias a tardes como la del 27 de mayo de 1997 en Las Ventas, en la que le cortó las dos orejas a un toro de Alcurrucén, merced a una faena basada en la mano izquierda.

 Joaquín Vidal escribe en El País sobre esta faena:
"Llegó José Tomás, se echó la muleta a la izquierda y acabó con el cuadro. Quiere decirse que se terminó la presente historia. La hegemonía de los pegapases y sus derechazos pasó a mejor vida. [...] Llegó José Tomás; y, desde entonces, tienen un antes y un después la feria y la fiesta" 
En la temporada siguiente salió por la puerta grande tras la corrida de la Prensa del 28 de mayo al desorejar a un toro de El Torreón, recibiendo grandes elogios de toda la prensa taurina.

Rubén Amón se refiere a la actuación de José Tomás esa tarde, en El Mundo en Internet del 29 de mayo de 1998, en los siguientes términos:

"La grandeza del torero de Galapagar, por tanto, no reside en la hondura, el valor, la calidad, el temple, la elegancia, la sobriedad..........y cuantas virtudes alumbraron la monumental faena al sexto de la tarde, sino además en una extraña clarividencia que le permitse asentarse sobre el ruedo como si aquella sentencia de Frascuelo fuera posible cien años después de su muerte: "El valor, amigos míos, es aquella serenidad que te permite estar delante de las caras del toro como si no existiera"


En 1999, el 4 de abril, debutó en La Maestranza de Sevilla y se proclamó triunfador por tercer año consecutivo de la Feria de San Isidro. En la primera de sus tres comparecencias, el 18 de mayo, salió por la puerta grande tras cortar una oreja a cada uno de sus toros. El 26 de mayo, con una oreja como único trofeo, no repitió salida a hombros.

La importancia de su faena es recogida en El Cossío del siguiente modo:
"Se escribe una página gloriosa en la historia del toreo y en la de la plaza de Madrid. Es una tarde antológica. Todo queda grabado en la mente de los allí presentes y no se cortan cuatro orejas por el fallo con la espada. Nadie puede entender cómo un hombre es capaz de semejante belleza"

Volvió a torear en Madrid el 17 de junio en la Corrida de la Beneficencia, saliendo una vez más por la puerta grande al cortar tres orejas.



 En Wikipedia encontramos los siguientes comentarios:

"Ya como matador de toros, triunfó en la mayoría de las plazas importantes, como Las Ventas de Madrid, donde ha abiero en siete ocasiones su Puerta Grande...........En poco tiempo, se convirtió en una de las máximas figuras de su época, rivalizando con otros diestros como Enrique Ponce y El Juli, y desplegando una tauromaquia basada en el valor, la quietud, la cercanía con el toro y unas excelentes aptitudes para el toreo al natural.

Torero controvertido y caracterizado por un gran hermetismo, decidió retirarse sin dar explicaciones en 2002, para reaparecer con éxito en 2007 en la Monumental de Barcelona, considerada su plaza talismán. Desde entonces, ha habido gran expectación en cada una de sus escasas apariciones, que se han saldado con numerosos triunfos, no exentos de espectaculares cogidas.

José Tomás es uno de los toreros más importantes de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. Desde sus primeros años fue considerado un torero de corte clásico y, ya en agosto de 1998, José Carlos Arévalo, director de la revista 6Toros6, trazó una línea histórica que marcaba la evolución de la tauromaquia y que pasaba por José Gómez, Joselito, Belmonte, Chicuelo, Manolete y Paco Ojeda, considerando que terminaba el siglo con José Tomás, «un torero que lo resume y a la par anuncia el toreo por venir», y que había conseguido con menos de tres años de alternativa sintetizar los hallazgos técnicos de los anteriores.

José Tomás ha sido considerado un torero distinto, capaz de combinar en sus actuaciones estilo, compromiso, toreo hondo y regularidad. Aunque no existe unanimidad a la hora de valorar la forma de torear de José Tomás, se trata de un torero que ha despertado admiración, tanto entre los aficionados como entre sus propios compañeros de profesión, por su valor, una de sus principales cualidades. El propio diestro ha manifestado que entiende el toreo como algo en lo que hay que arriesgar al máximo, y por ello se caracteriza por su entrega y por no rectificar el terreno que pisa y cree que debe ocupar, muy próximo al toro, lo que, en ocasiones, hace que sea cogido por su oponente.

Con el capote ha sabido imprimir intensidad a sus lances, como la chicuelina o la verónica, con la que ha demostrado que su toreo no solo está basado en el valor, sino que cuenta con grandes cualidades artísticas. Acostumbra asimismo a hacer quites por gaoneras, uno de los lances fundamentales de su tauromaquia.

Es frecuente que abra la faena de muleta con una serie de estatuarios, marcados por otros de sus sellos personales, la verticalidad y la quietud, también presentes en las manoletinas que suele utilizar para cerrar sus faenas. Entre medias destaca su toreo al natural, ejecutado con gran pureza, y que constituye la base de su faena junto con el toreo con la derecha, con el que también ha sido notable, y los pases de pecho y de la firma para rematar sus series. De manera complementaria, también practica el toreo de adorno, con pases como el trincherazo y, en ocasiones, torea por alto o da algún molinete.

No es un gran estoqueador, y de hecho ha perdido muchos triunfos por la espada, pero aún así ha sabido ejecutar la suerte de matar con el valor y la técnica necesarios para provocar la muerte del toro con eficacia.

Hombre callado e introvertido, es muy celoso de su privacidad y apenas tiene trato con los medios de comunicación, a los que casi nunca concede entrevistas ni permite que se televisen sus corridas. Se muestra distante con sus admiradores, aunque sin negarse tajantemente a firmar autógrafos y dejarse fotografiar. Su relación con la gente del mundo del toro es también escasa y, de hecho, desde su reaparición en 2007 está apoderado por el músico y escritor Salvador Boix, ajeno hasta entonces al negocio de los toros...............En los momentos previos al inicio de las corridas, también da muestras de su singular personalidad, sobre la que se ha dicho que es misteriosa, hermética y serena. A diferencia de otros toreros, no acude a la capilla ni se santigua antes del paseíllo. Prefiere apartarse de sus compañeros y de los periodistas presentes en el patio de cuadrillas, y ceremonias como la de liarse el capote las realiza sin ayuda de nadie"


Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Ya me he referido a José Tomás al hablar de los seguidores de Manolete. Ya dije entonces que José Tomás no era un diestro de estilo manoletista, sino de estilo neoclásico, por lo que hay que incluirlo en este lugar. Pero traía a colación a José Tomás al hablar de Manolete y sus émulos porque comparte con ellos ese especial misticismo, tan difícil de definir y, sin embargo, tan fácil de percibir.............De vez en cuando hace un guiño al manoletismo en tal o cual estatuario, o en tal o cual remate. Pero José Tomas es, sin duda, un diestro de purísimo estilo neoclásico. Es un gran diestro neoclásico, de los mejores.................José Tomás asienta su toreo en un valor espeluznante. Diría más: a veces he tenido la sensación de que buscaba su inmolación. Ese valor inhumano es la base donde descansa su toreo. Siempre impertérrito. Se queda quieto sin mover un músculo. Se pasa a los toros cerca, muy cerca. Desde hacía cuarenta años no se veían tan tremendos arrimones. Y tiene una extraordinaria clase..........A estas maneras une una técnica rabiosamente manoletista asentada en un valor descomunal. Neoclasicismo rabioso en un torero histórico..................A la verónica le he visto torear con una cadencia y una suavidad que muy pocos han alcanzado. Con el capote su juego de brazos es perfecto. Basa su toreo con la muleta en la mano izquierda, que utiliza con extraordinaria sencillez y hondura. Además, cuando quiere matar un toro, lo mata. Con tan estupendas credenciales no es de extrañar que haya puesto la plaza de Madrid boca abajo.............Pero, ¡ay!, José Tomás tiene un defecto capital: carece de sentido del temple.............Cuando José Tomás quiere torear despacio, a no ser que se encuentre con un toro de dulcísima embestida, sus faenas se convierten en una interminable sucesión de enganchones. Cuando quiere evitar los enganchones y torear con limpieza, su toreo es tan rápido que carece por completo de sabor............Siempre he comentado que la falta de temple es el peor defecto que puede tener un torero....................El toreo se rompe por muy bonito o por muy firme que esté el torero. A José Tomás le enganchan en exceso los engaños. Sus faenas siempre se están reiniciando, pues siempre las rompe un enganchón en el momento culminante.............Por otra parte, su torpeza es muy llamativa.............Nunca manda en la embestida de los toros...............A pesar de sus extraordinarias cualidades, también tiene unos defectos muy llamativos que le impiden cuajar verdaderamente los toros y ser lo que sus partidarios dicen que es.................Torero de claroscuros, extrarodinariamente interesante. Pero con los defectos de no saber templar a los toros ni de estar por encima de los enemigos difíciles. Si algún día lograra aprobar estas dos asignaturas pendientes, no tendré ningún reparo a la hora de reconocer que José Tomás es el mejor"

Zabala de la Serna, en la crónica publicada en ABC el 6 de junio de 2008, titulada José Tomás es el toreo,  escribe sobre las faenas realizadas a dos toros de Victoriano del Río en la plaza de Las Ventas:

"José Tomás es el toreo. José Tomás es el toreo puro y absoluto. José Tomás convirtió su reencuentro con Madrid en una antología, en una página de oro de la Historia.................Las Ventas se rindió al toreo grande, a la tarde más redonda y pletórica de los últimos veinticinco años............José Tomás salió a torear. ¡Y cómo toreó! Como en su plenitud, ofrecido el medio pecho..............la tela por delante y, sobre todo, por abajo.............En un principio, el toreo fue Belmonte; hoy es José Tomás...............Y de repente la izquierda produjo el más estremecedor natural de treinta tardes.............Un natural que duró una eternidad..................Un circular invertido que se empalmó a un inacabable pase de pecho, a la hombrera contraria......................En el otro toro, el personal se frotaba los ojos.............A pies juntos, fluyó un caudal de naturales.............La estocada fue al encuentro, o a toro arrancado..............La apoteosis se desbordó, como no podía ser de otra manera"

El mismo Zabala de la Serna, en la crónica publicada por El Mundo, escribe sobre la faena de José Tomás al toro indultado, en la ya histórica tarde de Nimes, el 16 de septiembre de 2012:

"El cuarto, de Parladé, de nombre Ingrato, saltó al callejón. Susto. Cuando volvió al ruedo, JT lo durmió a la verónica. Y quitó por caleserinas. La faena sin ayuda. Empezó con el cartucho de pescado. Y la izquierda. La faena soñada. A placer. Qué manera de torear, qué izquierda de oro, que despacio. Así lo soñamos. Y por la derecha igual. Sin la ayuda, repito, sin la ayuda. Los pitones pasaban a cámara lenta por las espinillas. Ritmo, compás, ligazón, un sueño. A la gente le dio por pedir el indulto. No sé si lo era o no....................Pero merecía la pena con tal de ver a JT seguir toreando al natural. Pureza cristalina. Asomó el pañuelo naranja. JT lo celebró. Y simuló la suerte de matar. Dos orejas y rabo simbólicos. De rabo era la faena. Pero JT dejó él máximo galardón en el centro"


Rosa Jiménez Cano, escribe en El País, en una crónica titulada ¡Ave, José Tomás!, sobre la extraordinaria actuación de José Tomás en Nimes:

Rozando la perfección. A José Tomás no le queda nada por hacer en el toreo. Su actuación en Nimes le consagra por méritos propios como uno de los grandes de la historia de la tauromaquia..................Hubo un recital de mando, dominio y tauromaquia pura. Pudo a los seis animales de principio a fin. No sonó un solo aviso, no sobró un lance, no hubo excesos, ni reiteración, ni insistencia. Tampoco gestos para la galería. Un intimista, centrado e inspirado torero con halo expresó toda su tauromaquia en poco más de dos horas, sin una sola nube.................El resultado puede sonar a exageración, a éxtasis, a locura colectiva.....................Seis toros y cinco estocadas, en la del segundo, en dos tiempos, salió despedido por el toro. Se tiró tan de verdad que no tuvo salida. Ese fue el único momento de apuro. No se le pudo acusar de tremendista. No hubo lugar al uy, solo al profundo olé....................José Tomás, en estado de gracia, estuvo tan técnico como inspirado de principio a fin. Con su cuadrilla habitual, más dos escogidas para el efecto, se cuidó al máximo la lidia. Ni un capotazo de más, ni una pasada en falso con las banderillas. A cada toro, dos puyazos sin buscar los blandos, sin castigar en demasía...................Sería injusto poner nota, escoger un momento. Pero si algo queda para contar a las generaciones venideras será la labor, impecable de principio a fin, con el toro de Parladé. El capote pasó a ser muleta. Salvo el recibo inicial, todo, absolutamente todo, fue por el pitón izquierdo, toreó a una mano con el percal y sin ayuda con la pañosa. José Tomás prescindió, en un momento de inspiración del estoque simulado. Solo el trapo, su muñeca y un toro noble y con pujanza. Más puro imposible. Tan limpio como se sueña, tan reunido como de salón. Sin perder pasos, citando en el sitio, encajado, llevando al animal hasta detrás de la cadera e improvisando los remates. Siete naturales, siete, ligados. Así hasta llegar al indulto. Una vez simulada la suerte suprema él mismo acompañó a Ingrato a la puerta de chiqueros................Hubo gaoneras, recortes, trincherillas, comienzos a pies juntos, cites a distancia, de frente, por detrás, faroles, serpentinas, chicuelinas... Todo lo que se quiera contar. Pero sería injusto poner una nota, ponderar tal explosión de arte con un número. Once orejas, un rabo y un toro que vuelve al campo para padrear pueden sonar a un balance excesivo. Tan justo como abultado, pero que no hace justicia a esta inmensa dosis de emoción en vena.................¡Ave, José Tomás! Máximo exponente del toreo clásico, el que no entiende de modas, ajeno al tiempo. Clamor hasta casi derribar al mito de carne, al redentor de los pecados del toreo, mientras salía por la puerta de los cónsules entre lágrimas, gritos y palmas. Solo queda un problema, ¿de dónde sacar ánimo para volver a una plaza de toros tras contemplar un espectáculo de esta magnitud?"



Patricia Navarro, en la crónica publicada en La Razón, escribe sobre la misma faena:

 "Pero el clímax, el éxtasis, vino después. Con el toro de Parladé que se indultó............... Sorprendió, y nos abrió los ojos de un golpe sobre la calidad del toro, cuando tomó el capote por la esclavina, sólo por la esclavina y se puso a torearlo como si fueran derechazos. Brutal imagen. Hasta las entrañas ya de por vida. Después, en los medios, muleta plegada y sorpresón: no llevaba nada más en las manos. Adiós a la espada. Natural más natural con la derecha y con la izquierda. La intensidad, la consciencia de ver una obra de arte fuera del tiempo surgió ahí. No se podía torear mejor. Imposible. Ni en sueños ni en épocas pasadas de las que tanto nos nutrimos. Cumbre de José Tomás. Obra maestra de un maestro de maestros y orgullo nacional a golpe de emociones"

Antonio Lorca, tras la actuación de José Tomás en Nimes, escribe una crónica titulada José Tomás, ante la historia, en El País del 21 de septiembre de 2012:

"Después de lo ocurrido en Nimes el pasado día 16, es indiscutible que José Tomás es un torero grande, muy grande; heroico, y, por encima de todo, puro, muy puro; y este, quizá, sea su don más preciado.
José Tomás es leyenda desde que en 2008 se anunció dos tardes en Madrid, cortó siete orejas, se llevó tres cornadas y dejó a todos con la boca abierta y el corazón en un puño. Claro que, para entonces, ya había abierto la puerta grande de las Ventas cinco veces como matador y una como novillero. Después, llegaría la tarde maldita de Aguascalientes, esa larga recuperación, la reaparición en Valencia y el anuncio de que este año solo haría el paseíllo en Badajoz, Huelva y Nimes.
Y llega a Francia y arma la de Dios. Y todos los que allí estuvieron enloquecen de emoción, y muchos creen que el toreo se acabó a la una y media de una tarde de domingo en un anfiteatro romano al grito de 'torero, torero', mientras una muchedumbre embravecida acompaña al héroe, una vez más, hasta la gloria.
Y, ahora, ¿qué? No hay más. José Tomás ha vuelto a desaparecer. Desalojen la sala. Se acabó la película. Es todo. De nuevo, el silencio, el misterio, el rumor...
Y no hay derecho. No es justo que viaje a Francia, haga el toreo verdadero y se esconda de nuevo. Y los demás, ¿qué? ¿Ha recibido, acaso, la gracia que le desborda para esparcirla solo tres tardes al año? ¿Se puede ser un torero tan grande y guardarse para sí lo que los demás añoran?
A José Tomás le queda mucho por hacer. Le queda, por ejemplo, articular la nueva fiesta del siglo XXI, necesitada de pureza, de autenticidad e integridad. Le queda resucitar esta tauromaquia moribunda , porque está visto que solo él posee el bálsamo para su curación. Solo él tiene la llave de la emoción, esa intensa alteración del ánimo que es pieza clave para la pervivencia del espectáculo.
No es justo, pues, que José Tomás se encierre en su furgoneta, suba los cristales tintados, se aisle del griterío y vuelva a perderse en el túnel del tiempo. Su responsabilidad como figura va más allá, mucho más allá, de sus legítimos deseos como persona.
Es uno de los grandes para engrandecer la tauromaquia en el momento histórico que le ha tocado vivir; en el instante en que la fiesta se desmorona acuciada por sus muchos males internos, y, también, por la grave crisis económica.
José Tomás es un antídoto contra la vulgaridad y la falta de personalidad que arrastra la fiesta de los toros. Y debe demostrarlo. Esta es su obligación histórica por tener en sus manos la innata cualidad de ser eterno como héroe y artista.
Ya está bien de plazas de segunda; ya basta de toretes elegidos con mimo entre ganaderías que parecen criaderos de mansos corderos.
La indiscutible figura de José Tomás no puede ser grande solo para ganar dinero; que se lo den todo, pues todo lo merece, pero que, a cambio, se comprometa y se rompa para que resucite la fiesta.
Así, si José Tomás fuera perfecto como torero, bajaría los cristales tintados, escucharía a la afición, volvería a hacer el paseíllo en plazas de verdadera importancia y le cortaría las orejas a toros de encastada nobleza. Si lo fuera, se pondría al frente del escalafón para redimirnos a todos de la imperante desolación en la que estamos sumidos.
A José Tomás le queda mucho por hacer para que la historia quede en deuda con él. José Tomás debe salir de su escondite y liderar la resurrección de la tauromaquia moderna.
Esa podría ser la mejor lección de su histórica comparecencia nimeña"

Como contrapunto a las crónicas anteriores, escogemos los comentarios del escritor Domingo Delgado de la Cámara, sobre la actuación de José Tomás en la Feria de Julio de Valencia de 2011:

"Apareció en el portón de cuadrillas muy pálido y ojeroso, con una delgadez casi propia de la anorexia. Y mal vestido de torero: por primera vez en su carrera, pésimamente vestido de torero. Se pasó la tarde ausente, mirando al suelo. Su cara de sufrimiento era patente. Debió pasarlo fatal. Tuve la impresión de que solo reaparecía para que no se diga que el toro de Aguascalientes lo quitó del toreo. No pudo con su primero, un toro encastado que había que someter por abajo. La faena fue una sucesión de enganchones y desarmes. Con este toro no convenció a nadie. Pero en su segundo llegó el volteretón y se desató la histeria.................Mal asunto es que para triunfar haya de cogerte un toro. Triste sino el de los toreros patéticos: solo mantienen su fama a base de golpes. Y cuando consiguen dominar la técnica y el toro ya no los coge, dejan de interesar. Se trataba solo de un asunto de morbo.............. Se ha hablado mucho sobre el valor del elegido. Sin embargo yo veo que cuando los toros le cogen, se debe a su pésima técnica, a su mediocre conocimiento de los toros y a su nulo sentido de la lidia. Las volteretas llegan por su pésimo oficio, no por una voluntad deliberada de arrimarse................... Y, señores, a una figura del toreo se la debe exigir una técnica pulida y un buen conocimiento del toro. Estar a merced del toro, cual becerrista incipiente, no es de buen torero, por mucha clase que se tenga. Así se explica el miedo pánico a la televisión, el cuidado escrupuloso de las ganaderías a lidiar y las minitemporadas parcas en festejos. Con una temporada normal, como la de cualquier torero, con televisión, toros normales y corrientes y ochenta corridas, el fenómeno se derretiría como se derrite un helado en el calor de un día de verano. Hubo que tenerlo en el frigorífico. Jamás ha terminado una temporada. Y visto lo visto en Valencia, los dieciséis toros que le esperan me parecen demasiados. Vamos a ver si es capaz de llegar a Barcelona allá en septiembre................. Por todo lo dicho, es un agravio la dureza con que se trata a los demás toreros, mientras que al elegido solo se le dan palmaditas en el hombro. Sin ir más lejos, los tres señores que torearon el viernes en Valencia, con independencia de gustos personales, son tres profesionales capaces de poder al toro y dar la cara en todas partes durante años y años. Y solo les llueven pedradas. Vivir para ver"

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