jueves, 16 de agosto de 2012

ROBERTO DOMÍNGUEZ. Retratos y capa






"Torear es un romance entre la fuerza y la inteligencia"

Roberto Domínguez



"Torea como se debe torear. No es de los que se elevan, sino de los que se hunden cuando ejecutan con el capote y con la muleta. Lo difícil en el toreo es descender, no empinarse para torear. Yo me entiendo"

                                                                                                                         Fernando Domínguez







Roberto Domínguez Díaz nace en Valladolid el 21 de febrero de 1951, sobrino del extraordinario matador vallisoletano Fernando Domínguez. de quien recibió las primeras lecciones toreras.

Terminado el bachillerato, comenzó estudios de Arquitectura que simultaneó con la tauromaquia.

Debutó con público el 25 de julio de 1967. Viste de luces por vez primera en Carballo (La Coruña) el día de Santiago de 1968. Con picadores actúa desde el 2 de septiembre de 1970 en Medina del Campo.

Accede al doctorado en Palma de Mallorca, el 20 de agosto de 1972, de manos de Manzanares, con Julio Robles de testigo. Se corrió un encierro de Cebada Gago.

Confirma su doctorado en Madrid el 19 de mayo de 1975, de manos de Angel Teruel y con Julio Robles de testigo.

"Este año torea 34 tardes -comenta Fernando Claramunt en su Historia del Arte del Toreo- . Al año siguiente 31, en 1977, 24; en 1978, 36 y con cifras similares sigue hasta 1986, en que decide irse a Oxford. Reaparece en 1987 lidiando 28 corridas; en 1988 se enfrenta a victorinos en Madrid, junto a Ruiz Miguel y Dámaso González y a continuación, en Pamplona, tras cortar oreja a un encierro de Cebada Gago, se pone ante una corrida de Miura muy sanferminera; en Pamplona estoquea al miureño más cornalón de la temporada, del cual se hizo famosa la foto de Cano en un pase por alto. Actúa con éxito en las ferias del norte y le sacan en hombros en Linares. Va a las corridas de fin de temporada, Albacete, Salamanca, Logroño y Valladolid, donde corta dos orejas a un toro del Conde de la Corte. Las últimas actuaciones serán en Sevilla -donde sale a hombros-,  Madrid, ovacionado en sus dos toros; Zaragoza, donde la lluvia impide la segunda vuelta al ruedo. Le otorgan el Trofeo Corona de Aragón como autor de la mejor faena en la feria del Pilar de 1988. Sus actuaciones ascienden a 53 den 1989.................en Madrid torea la de Beneficencia, junto a Rafael de Paula y Parada; Roberto cortó la única oreja.................El 26 de junio, de nuevo en Madrid, se enfrenta en solitario a seis victorinos en la corrida de la Prensa en honor a la Comunidad Europea, que no nos hizo ni pizca de caso, puesto que ningún miembro del Parlamento europeo se dignó ir a la plaza. Corta las dos orejas a Matador, su segundo toro, y sale a hombros por la Puerta Grande..............Llega a las 100 corridas en 1990, de ellas tres tardes en San Isidro, donde los críticos dijeron que había realizado la faena de la feria. Vuelve a torear la de Beneficencia en Madrid y la de Asprona en Albacete, donde cuajó al toro Marañoso. En 1992 decide poner punto final a su carrera, el 12 de octubre en Madrid, con toros de Manolo González, junto a Pepe Luis Vázquez y Oscar Higares, que toma la alternativa. Torea 52 corridas y un festival, ésta a beneficio de su amigo Julio Robles"

"Sólo a él han permitido los públicos de su tiempo andarle a los toros como hacía Domingo Ortega en los años 30 con toda naturalidad. Por estas razones sirve de puente hacia otros toreros que las clasificaciones simplistas no suelen etiquetar como fundamentalmente artistas, aunque lo sean, como Dámaso González, Luis Francisco Esplá o Francisco Ruiz Miguel"




Cossío escribe:

 "Diestro con la singular virtud de torear con gran personalidad, de la cuerda de los llamados toreros artistas, su nombre, en cualquier cartel, produce interés. Como es habitual en los artistas de sus características, sus desigualdades e incluso su mismo ánimo no ofrecen la debida continuidad. Es innegable que ha dado muestras en muy repetidas oportunidades de la grandeza de su toreo"

Fernando Claramunt, en su Historia gráfica de la Tauromaquia, escribe:

"Se coloca ante el toro donde debe estar, lancea con suma elegancia, con mesura, y remata con comedimiento de castellano de Valladolid. Sobrado de valor -alguien dijo que lo traía justo y mintió- puede con encierros de "zamacucos" y "zambonbos", que en la jerga del callejón ya se sabe lo que significa, y les entra a matar como si nada. En 1987 estoqueó al cárdeno miureño más cornalón de la temporada. Ha tardado en cuajar ante los públicos, que a estas alturas lo ven como maestro, joven de edad, veterano en maneras. Puede seguir enseñando torería, además de buen oficio"

Juan Antonio Polo, en su obra El Toreo contemporáneo, escribe:

"Roberto Domínguez, que se doctoró en Palma de Mallorca en 1972 sin apenas haber actuado como novillero, y cuya clase y finas maneras tuvieron esperanzados durante largos años a numerosos críticos y aficionados madrileños. Domínguez, el clásico torero que apunta pero no dispara, se decidió al fin a utilizar su artillería y, tras un breve paréntesis en su actividad, reapareció en 1987 con un ánimo y un poderío hasta entonces desconocidos, cerrando dicha temporada y la de 1988 con dos serios aldabonazos en las plazas de Madrid y Sevilla. Domínguez, que no opuso inconvenientes a enfrentarse a las más duras corridas, entró en el circuito de las grandes ferias y, olvidada aquella calidad quintaesenciada de su toreo inicial, se tornó un soberbio lidiador.....................Ahora, concluida la campaña de 1992.................Domínguez ha anunciado otro período de descanso. Hacemos votos para que ello le permita salir de su atoramiento actual y conjugar la clase mostrada en sus primeros tiempos con la capacidad lidiadora que -sin el amaneramiento de estas dos últimas temporadas- caracterizó su resurgimiento"

Carlos Abella escribe:

"Se le consideró en un principio como un torero "de arte", pero con los años y una mayor experiencia, Roberto Domínguez acabó siendo un torero de poder.................Algunos críticos le han comparado con Domingo Ortega, y sin llegar a tanto, es cierto que Roberto Domínguez ha exhibido un toreo lidiador. Fue el torero más dominador de la década, y donde muchos vieron fragilidad y arte, lo que había era una mano enguantada de hierro....................Domínguez es un caso más de los muchos matadores de toros de esta década que se acabaron "de hacer" con el paso de los años, y gracias a su voluntad y constancia......................Su verónica estaba inspirada en la lección recibida del tío Fernando: las manos un poco altas, la suerte cargada, la media a cierta altura y juntando las manos por delante.................También lucía su facilidad para andar a los toros, aunque fuera recurriendo al campero recurso del zapatillazo................Tenía, sobre todo, un porte de muletero fino,sin apreturas, delicado, llevando los toros mejor a media altura, sin espatarrarse ni entregarse del todo. Hábil en el macheteo sobre las piernas, y todo ello realizado con cierta toreria y sabor. De su descabello, espectacular y eficaz, hizo una suerte siempre esperada por los aficionados y de gran atractivo popular"

Robert Ryan, en su libro El Tercio de muerte, escribe:

"Cuando Roberto Domínguez en sus últimas temporadas llegó a andar casi sublime con toros, a contraestilo de cualquier torero de su tiempo, el toreo recobraba, si cuán brevemente, la faena épica, la estética y vibración de un muleteo gallardo de poder; un poder perdido, sacrificado a la vana porfía, el vacío atropellado, de una mal entendida voluntad que reduce la faena a trámite, frustrada de antemano, y el macheteo a recurso impotente"



Jorge Laverón, en su Historia del Toreo, escribe:


Roberto Domínguez. Sobrino del diestro vallisoletano de los años treinta Fernando Domínguez, ha sido un torero estilista que con el tiempo devino en un poderoso lidiador en la línea de los mejores espadas castellanos………….En Madrid toreó 50 corridas y cortó siete orejas”



Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo, escribe:

"Roberto Domínguez fue el compañero inseparable de Julio Robles en aquellos domingos de los setenta en la plaza de Madrid. Ambos estaban en idéntica tesitura profesional: apuntaban mucho y disparaban poco. Después de un tiempo de retiro y meditación, surgió el Roberto Domínguez que todos admiramos. Con su vuelta a la profesión en la temporada de 1987, vimos a un gran torero. Recuerdo especialmente dos faenas. La primera durante la Feria de Otoño de ese mismo año a un manso de banderillas negras de la ganadería de Antonio Ordóñez. En esta faena surgió un diestro completamente dominador y poderoso que en nada se parecía al Roberto remilgado y justito de valor de la década anterior..............La segunda faena fue la del toro Matador, de Victorino Martín, durante la corrida de la Prensa de 1989, que mató Roberto en solitario. La faena a Matador fue su cumbre profesional. Muletazos larguísimos, rematados con interminables pases de pecho, sacándose el toro por el hombro contrario. Es de las mejores faenas que he visto. Luego cierta crítica le ha relegado a "maestro descabellador". Roberto ha sido mucho más; un diestro muy poderoso que, además, tuvo mucha clase"
















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