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DESPLANTES y COGIDAS



En la página de internet llamada abecedario taurino encontramos la siguiente explicación:

"Al igual que los adornos se hacen siempre con la muleta, los desplantes, por regla casi general, se hacen a cuerpo limpio, prescindiendo del engaño. Porque el desplante no es una suerte ni siquiera un pase, sino la expresión de un desafío, un rasgo de valor en el que el diestro renuncia a las ventajas del toreo. Suelen poner una guinda de valor a una suerte importante de la faena, y, sobre todo, a la faena misma en su final, inmediatamente antes de que el matador cuadre al toro para entrerle a matar"


En la página de internet Campo de Toreo se refieren al desplante en los siguientes términos:

"Es un instante, una inspiración sujeta a la quietud en la que la mirada del hombre busca la mirada de su oponente. Y todo sin apenas movimiento, quizá una leve oscilación, que quiebre ese envite que el hombre hace al destino confiando en que el toro no huya o no ataque. Es el desplante, el poder absoluto del hombre y el dominio de los propios miedos ante esa partida oculta que el torero siempre juega con la muerte"

Juan Pedro Domecq, en su libro Del toreo a la bravura, escribe:

 "Es en este tipo de pases donde la fantasía, la estética y la capacidad del toro para incurvarse en su afán de perseguir la muleta ha llegado hoy a cotas nunca pensadas.......................En todo este conjunto de pases, podemos admirar la extraordinaria belleza plástica y la embestida entregada y por abajo del toro, que solo está pendiente de seguir los engaños para alcanzar el vuelo de la muleta..................Vemos como el toreo moderno se comienza a torear con los brazos (anteriormente se había hecho fundamentalmente con las piernas), para a continuación utilizar las muñecas y terminar toreando también con los dedos de la mano; esta progresión es la que ha traído el secreto del temple que hoy en día inunda el toreo"


Juan Antonio Pérez Mateos, en su libro El toreo. Una visión inédita, escribe:


“Cuando el torero pierde la condición de diestro en el cruce con el toro, en ese momento, surge la cogida; no ha habido suerte; uno de los dos, generalmente el hombre –y así suelen confesarlo los toreros cuando resultan cogidos-, ha “espantado” a la suerte......................En ese divertimento, el torero hace gala de sus facultades, de su maestría; y el toro, de su instinto. Pero llega un instante en que el juego se quiebra, se rompe y surge la cogida. Es lo que Gerardo Diego conoce poéticamente por la “suerte o la muerte.........................Pero un desliz en el juego, un mal paso, una relación no comprendida con el toro causa la cogida. La esencia del toreo se quiebra y, por ende, su presencia queda reducida a la nada. El diestro ya no existe como tal; ha convertido el juego en siniestro y ha perdido la destreza que debe ser su arma. El toro se queda solo y espera jugar de nuevo, mientras el torero, burlado en el juego, se convierte en un pelele trágico............................El torero está seguro de que, tarde o temprano, llegará la cornada, el bautismo de sangre y, lo que es más duro, qué sucederá el día después. José Arroyo, “Joselito”, cuando aún no había corrido esa dura experiencia, tenía miedo, estaba, incluso, obsesionado con ese porqué. “Yo siempre le he tenido miedo a la cornada………Así que sólo quedaba la cornada……..Pero, por suerte o por desgracia, tendrán que venir más cornadas”……….Una vez que “Joselito” pasó ese rubicón le ocurrió lo que a Ostos y a Cepeda: “Ahí cambió mi toreo. Se hizo más reposado, más real”. Se acabó aquel “Joselito” que lo hacía todo acelerado. “Lo bueno que te puede aportar una cornada –sentencia Fernando Lozano- es conocimiento”



























Niña, guárdate del toro.
Que a mí mal ferido me ha.
Guárdate del toro, niña.
Que a mí mal ferido me ha.

Lope de Vega. De La burgalesa de Lerma


Muertes intenta el toro, el asta intenta
recoger lo que le sobra de valiente
al macho en abundancia.
Ya casi experimenta
heridas el lugar sobresaliente
de aquel sobresaliente en arrogancia.
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Y el toro querer cogía
lo que le sobresalía
al torero de valiente.
                                                       
                                                       Miguel Hernández. De Fragmentos de "Corrida Real"


Aquí cerca, en el tercio ,donde brota
ignorada una cruz, fue la cogida.
Una fuente de sangre que borbota
y la fuente sorbiéndose una vida.

                                                                               Gerardo Diego


¡Cobarde! grita un cobarde
y un valiente palidece.
La afrenta ciega la tarde
y el instante, enorme, crece.
El cuerno esta vez no marra.
Tunde, penetra, desgarra
algo compacto y que pesa.
Y hay un grito que se ahoga
y una mueca que interroga
y una sangre que no cesa.

                Gerardo Diego. La cogida. Del libro La suerte o la muerte



Beso ciego,
tremendo,
que la vida potente
enrisca contra el pequeño cuerpo,
mientras ella indemne en su terciopelo
salta de la nube de oro,
bulto poderoso de negro,
impotente majestad que ha emergido
elevando el testuz hacia un reino.

Hermosa luna, toro
del amor ciego
que ensalza como contra el cielo
el cuerpo del amor diestro,
tendido en la cuna radiante,
delicado entre los dos cuernos.
.............................................
.............................................
Se adensa
caliente, concreto,
herida adentro.

                         Vicente Aleixandre. De La cogida



Y acude el torito, toro.....
¡Toro de la mala entraña!.....
Y atraviesa al torerillo
con cuarenta puñaladas;
y un siniestro volteo
por los espacios lo lanza
como un muñeco de trapo,
como una brizna de aulaga.....

Un revuelo de gemidos.....
Una angustiosa llamada..... 
Y luego, sólo el silencio,
el aire....., la luna,......nada.....

Sobre el suelo han florecido
grandes rosas encarnadas,
que va besando la luna
con pasión de enamorada.....
Nadie lo vio.....Nadie supo
cuando el ángel de la guarda
se apartó por los caminos
de los luceros de plata.....

Soledad de soledades
en la muerte que acechaba
con frías manos de hielo
tras los espinos y zarzas.....

Allí queda el cuerpo roto.....
Allí están abandonadas
en la aspereza del campo
una vida.......,una esperanza
Nadie cerrará sus ojos.....
Nadie besará su cara
con dolor enternecido
por las lágrimas amargas.....

Canta al viento la tragedia
vestida de negras galas,
mientras los cuervos, de negro,
baten alegres sus alas.....

¡Ay torero........., torerillo,
torero de la desgracia!......
¿Dónde se esconde tu madre
que no acude, aunque la llamas?.....
¡Sólo en tu campo de muerte,
la soledad te acompaña!.....

José de la Vega Gutiérrez. Soledad y muerte del torerillo



En uno de los pases de rutina,
el bicho al derrotar por una esquina,
al corazón le rompe su latido.

Diego García López. De Región volcánica del toro




"La cogida del torero en la plaza debe ser un accidente desdichado, como la caída de un aviador"

"Cuando el toreo es cogido en la suerte es porque la suerte era mala; doble juego de la verdad"

                                                                              José Bergamín, en el Arte de birlibirloque


No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.


Pero allí estaba Islero
negro toro. ¿Qué vaca en agrio prado
te dio la fría leche envenenada.....?



"La sangre, gota a gota, es la semilla / del sueño que se escapa sin un gesto / de pasmo y llega, al fin, a la otra orilla".

                                                                          Manuel Jurado López. Cornada



“Morirás sobre la arena……….., volando se irá tu alma, no te servirán las piernas”

          Adriano del Valle. Recogido en el libro El toreo. Una visión inédita, de Juan Antonio Pérez Mateos. 






I
SE oye brillar, lejana,
la armonía, sufren los astros
con el atardecer, cuece la noche.
No hay nada más sino este muerto
desconocido, sino la artesanía
de esta sangre;
sangre que cae
con su leyenda, por las alcobas
y el aguamanil
o el pozo, alrededor de la colonia,
de la aliaga y la hoguera, en torno a este tejido
de la enagua, sobre la sabiduría
del sostén.
Y cae, y cae la sangre
como aguardiente por el suelo,
como el anís
sobre la hierba.
Nadie hay que llegue
para comprar el oro, nadie se acerca a esta quincalla
del dolor.
Y pasa el día; un hombre cruje
bajo el atardecer,
¡aleluya!
Dornajos y calderos
hierven tranquilos,¡aleluya! ¡túnicas de ángeles
al aire!, los cuévanos ocultos, los negros
asilos del sudor
y el perfume, ¡a los aires, al viento!
II
Y vosotros, sin nadie, acudid
a los disturbios
de este entierro, a esta venganza
del ataúd,
a las mortajas de los álamos.
Sólo esta casa,
junto a la anea del agosto, tiembla; es el desplante
de la carne, es el adorno que entra
con el cañizo y la gotera, con el guiso
y el humo.
Nada más hay que hacer.
Un hombre muerto; vive en este fervor
que son los carros,
que son estas aldeas del estoque
y el lino.
Nada más hay que hacer.
Abrevan bien los pastos
con el sol, dejan negras calumnias
las sartenes, se apresuran
el romero y la ortiga, cantan los gallos
sin el alba.
Y nada más,
un hombre muerto sin encanto,
con magia.
¡Vuelvan! ¡vuelvan al aguardiente
y el olivo, queden aquí, sin misa,
sin colores; dé un hervor más
la fiesta. Pido,
si puede ser, que estrenen toca
las beatas, que cruce un niño por las fuentes
con su aro y su cinta, que una mujer se olvide
de su amor.
Que se festeje bien
la dicha, siga la venta del turrón
y la verbena, los pasodobles
y los lazos, queda la orquesta al aire
de este cuerpo, dé sus vueltas
la noria. Los del campo
regresen al hogar, fíjese aquí la lumbre
de las támaras, aquí entreguen su olor
las alacenas, den su luz los pucheros.
III
VINE a verte morir,
vine a entender esfuerzo y testamento,
cuerno y madera, revolcón
Y aventura.
Abadesas, calientes, rezagadas,
se sujetan las horcas
de amanecida.
como las horas
que se silencian,
como la sabiduría de los trigos, como la sed
sin botijo y sin pozo. Quedas así; como el horno
sin pan. Arroyo
que se olvida, moza
sin parto.
Entre las voces
del perejil, por este amor del clavo, donde
cuece el laurel, tiembla en su celo
la pimienta, resucita el orégano,
se oyen los guisos trasnochar
sobrevuelan los ángeles,
aletean, se esfuman,
enloquecen, cruzan el aire sin memoria,
sin alas montan sobre las chimeneas, prueban su vuelo,
se diluyen…….
Sí; sólo este olor, la lumbre
tierna y desesperada
del hogar; este demonio pueblerino
o este ángel,
te esperan.

Diego Jesús Jiménez (1942). A la muerte de Juan Sánchez



(Maletilla que terminó sus días ante un toro en las fiestas de un pueblo castellano)



                                                                           A Gerardo Diego



 Poesía recogida en el libro Aproximación a la Tauromaquia, de Manuel Ríos Ruiz.



Manuel Ríos Ruiz, en su libro Aproximación a la Tauromaquia, escribe:

“Desde que existen referencias escritas, la crónica negra de la tauromaquia comprende más de medio millar de tragedias mortales de toda clase  categoría de diestros: matadores de toros, novilleros y subalternos. La primera noticia de una muerte en una plaza de toros data de 1747. Un toro de no se sabe qué ganadería mató el día 12 de junio al picador Marcos Sáez en Sevilla……………El primer torero famoso víctima de una cornada fue José Cándido”



Guillermo Sureda, en su libro Tauromagia, escribe:

"Un torero tan bueno como Antonio Ordóñez -a mi juicio, uno de los grandes toreros de la historia-, me decía un día "que las cornadas dan miedo y quitan el sitio cuando el toreo herido no sabe por qué le ha cogido el toro". Es decir, añadimos nosotros, cuando el torero no puede saber si el error que motivó la cogida fue del toro o suyo, aunque, en puridad, toda cogida es siempre producto de un error...............del torero"


Fernando Claramunt, en su libro Los toros desde la psicología, escribe:

"Para empezar; el uso de la palabra "cogida" o "cornada" tiene implicaciones psicológicas. No es lo mismo una cosa que otra. Toreros hay que en toda cogida reciben cornada (algunos más de una  en el mismo percance). Otros lidiadores cuentan que el toro "les tropieza" a menudo, sin mayores consecuencias"


El escritor peruano Luis F. Odría, en su libro El arte del toreo y los secretos de la lidia, escribe:


“Con los toros no hay nada hecho. Desde que a “Pepe-Hillo”, que fue el primero en escribir un tratado de tauromaquia, lo mató un toro, y a “Paquiro”, que posteriormente dictó las reglas más perfectas del arte de torear, le dieron más de quince cornadas, entre ellas la que le dejó casi inútil para la profesión, y hasta se dice que fue la causa de su muerte; hasta “Joselito”, que era el compendio de la sabiduría, también murió trágicamente en las astas de un toro; no hay torero, por diestro e inteligente que sea, que esté seguro en el ruedo. Los hechos, más elocuentes y persuasivos que todas las teorías, vienen a demostrar la fragilidad de las reglas de torear"

“Decía Montes, que “ninguno que se ajuste al arte y a las reglas que éste da, debe ser “cogido”. Y agregaba: “la ausencia de valor y conocimientos mata al torero”. Y cuando en una ocasión lamentaban sus amigos verle en el lecho herido de una cornada y achacaban al toro la desgracia, el insigne maestro contestaba: “No crean ustedes eso; yo fue el que “cogió” al toro, olvidándome por exceso de terquedad y amor propio, de las reglas de ese arte que quise desconocer”