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BANDERILLAS







El clarín ululó; y, a lo lejos,
fue a perderse en el aire, alargándose, el trémulo son.....

Uno, dos, tres toreros
destacáronse en medio del circo. Y el toro los vio......
En las manos nerviosas, los diestros blandían saetas
enfundadas en ricos brocados de oculta intención,
tal como áspides dentro
de ramos de flor.
Embistiólos la fiera:
y el uno, los dos,
los tres, ágilmente, pusiéronle
en la propia cerviz los seis dardos que la fiera agitó.

José Santos Chocano. De Estampas madrileñas



Tú y yo solos, al fin solos.
No hagas caso de la gente.
Mírame bien, frente a frente.
Quietos tú y yo, los dos polos.
¿No me ves sin chirimbolos
que al viento sangren su engaño?
Ven aquí, toro castaño,
Mira tú si no es locura.
Yo, mi junco y mi cintura.
Tú, latín de quinto año.

                 Gerardo Diego. Citando al quiebro. Del libro La suerte o la muerte



Banderillas al quiebro.
Cose el miura
el arco que le enhebro
con la cintura.



                                                     Gerardo Diego. La suerte y la muerte


Doblar cien ceñido el cabo,
siempre a barlovento, es
duro, como para el bravo
que lleve el viento en los pies.
Calcula y corta el berrendo,
siempre el rumbo corrigiendo.
Sesga el piloto y ataja,
vuela, devorando millas,
cuadra. Y con dos banderillas
la astucia a la astucia ultraja.

                              Gerardo Diego. "Par al sesgo". Del libro "La suerte o la muerte"



El banderillero: "Hágase siempre tu santo albedrío.
Raudos dibujen mis pies tus tangentes.
Trace el capote a una mano tus cifras.
Pizarra es el ruedo y tú sumas."

Gerardo Diego. Del Himno a los subalternos






Agil, solo, alegre,
sin perder la línea
-sin más que la gracia
contra la ira-
andando,
marcando,
ritmando
un viaje especial de esbeltez y osadía...
llega, cuadra, para
-los brazos alzando-,
y, allá por encima

de las astas, que buscan el pecho,

las dos banderillas,

milagrosamente

clavando..., se esquiva

ágil, solo, alegre,

¡sin perder la línea!

                                       Manuel Machado. De "La fiesta nacional"


Paso a paso,
de puntitas muy andando
va citando,
con el ritmo zigzagueante
de gigante.
Y un ballet tan femeninamente macho
rasga fausto y vivaracho
el silencio tan sonoro,
mientras gira
y se escucha el ¡ája, toro!
¡mira, mira!
Con la bárbara lujuria
de la muerte que en su furia
compromete,
¡arremete
contestando al desafío entre comillas:
o le clavan banderillas
o si yerra
sus pitones él entierra!
Una incógnita al ambiente
merodea. Gambetea...
¡De repente,
donde el arte huele a muerte,
o donde ésta vierte y vierte
los efluvios de hábil arte,
donde el arte con la muerte
se confunden,
ya se le hunden
dos arpones en la piel!
Cuando aquél
que apenitas se sostiene
con las flacas puntas de sus Zapatillas,
¡Ha quedado
consumado
ese par de banderillas!

                                                                               Luis Castro Pérez



Y, antes que un mal poeta, mi deseo primeo
hubiera sido ser un buen banderillero.

                                                                                                                Manuel Machado


Ágil, solo, alegre,
sin perder la línea
-sin más que gracia contra la ira-,
andando,
marcando, ritmando
un viaje especial de esbeltez y osadía......,
llega, cuadra, para
-los brazos alzando-
y, allá, por encima
de las astas, que buscan el pecho,
las dos banderillas,
milagrosamente,
clavando........., se esquiva
ágil, solo, alegre,
¡sin perder la línea!

                                           Manuel Machado. De La Fiesta Nacional


Otro mozo, con dardos polícromos,
-dicen que es el banderillero-
va y los clava en los lomos de la bestia,
que, torcido el cuello,
persigue al verdugo vestido de oro
su queja mugiendo.
..............................
..............................
Y a otro toro dos inquisidores
le clavan seis dardos estallantes,
y hay en el lomo del cornúpeta
un castillo de fuegos artificiales.
¡Y mil chispas de luz
en unos ojos sentimentales!

Felipe Sassone. De A la lidia de un toro



Son versos que hizo un torero.
Como toreaba muy poco,
le dio por escribir versos.
Me dicen que estaba loco.
..................................
...................................

El día de verde y oro,
campo y mar, celeste faja;
la noche, banderillero
vestido de azul y plata.

Felipe Sassone. De Tauromaquia celeste



Banderillas de fuego,
como cohetes,
le ponían al toro
con los rehiletes.

Ahora le ponen
banderillas tan negras
como tizones.

Hipocresía
de enlutada y tramposa
tartufería.

                                                                  José Bergamín. De "La claridad del toreo"



¡Qué revuelo!
Ángeles con cascabeles
arman la marimonera.
La Virgen de los caireles
bajan una palma del cielo.
¡Qué revuelo!
Alas en las zapatillas,
céfiros en las hombreras,
canario de las barreras
vuela con las banderillas.
Campanillas
te nacen en las chorreras.
¡Qué salero!
¡Cógeme, torito fiero!

                               Rafael Alberti



Clavan las banderillas
al sol de los mantones
naranjas y limones,
pólvora y campanillas;

                            Rafael Alberti. Recogida en el libro Aproximación a la Tauromaquia, de Manuel Ríos Ruiz.




Seis banderillas de lujo
junto a una moña de seda;
y un hilo de sangre, rojo,
de la pezuña a la arena.

                                     Adriano del Valle. Tercio de banderillas


Andan sus pasos prudentes y sabios
andan de frente, cuartean apenas,
suben y bajan sus brazos. Atenas
nace de nuevo..............

                                                                                 Poeta desconocido






"Esta (la suerte de vanderillas) es una de las Suertes de más mérito que se hacen a los Toros, y mayormente en el día que se ponen a pares"

                                                 De La Tauromaquia de Pepe-Illo


"Lagartijo, FuentesGaona constituyen la tríada banderillera de mayor prosopopeya en la preparación de esa vistosa suerte: los tres que mejor la han paseado antes de clavar"

                                                                                              César Jalón, en Memorias de Clarito.


"Lo más difícil que hay en el toreo es tener elegancia con las banderillas"

                                                                                                                         Marcial Lalanda



Santos López Pelegrín, “Abenamar”, en las Suertes del toreo, de su libro Filosofía de los toros, publicado en Madrid, 1842, escribe: 

De la suerte de banderillas

La suerte de banderillas es una de las mas lucidas que se hacen á los toros, pero no es muy fácil ejecutarle con perfección……….Hay cinco modalidades de practicarla, cada una de las cuales constituye una especie diferente de las demas, y que merece tratarse y estudiarse de modo particular: A cuarteo, á media vuelta, á topa carnero, al sesgo, ó á la carrera, ó á trascuerno y al recorte.


Suerte de banderillas á cuarteo: es sumamente bella y lucida con las reses boyantes y es también por la misma razón la mas frecuente……….: Puesto el diestro de cara al toro, bien sea á larga ó corta distancia, y ya esté parado o venga levantado, lo cita, y luego que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los recortes, cuyo remate será el centro mismo del cuarteo, en donde cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si preciso fuere.


Suerte de banderillas á media vuelta: son aquellas que se ponen yéndose el diestro por detrás, y citándolo para que se vuelva, y al momento de hacerlo se cuadra con él, y le mete los brazos.

Suerte de banderillas á topa carnero: Unos la llaman de pecho, otro á pie firme, y otros á topa carnero (nombre que le conviene mejor). Es acaso la más difícil de ejecutar, pero también aventaja en lucimiento á cuantas van explicadas………….El modo de hacerla es situarse el diestro á larga distancia del toro y de cara á él; ya venga levantado, ya citándolo, lo obliga á que le parta, con lo cual es igual el todo de la suerte; estando en esta disposición, tendrá parados los pies hasta que el toro llegue á jurisdicción y humille, en cuyo momento con gran ligereza hará un quiebro, con el que se saldrá del embroque, y cuadrándose con él le meterá los brazos estando ya fuera de su jurisdicción, con lo que el remate es seguro.

Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera , ó á trascuerno: Esta clase de banderillas que yo llamo á vuela pies, porque se ponen estando el toro parado, y yéndose el diestro sobre él con todos los pies, se ejecuta solo con toros que ya estan sin piernas y casi aplomados, y cuando se les nota querencia con las tablas ó con el sitio donde estan, de otro modo jamás se hará, pues probablemente darán una cogida………Para ejecutarla se pone el diestro detrás, y al lado del toro, á la distancia que consultando á sus pies le parezca proporcionada, y sin que lo vea se irá derecho á su cabeza, y cuando llegue le meterá los brazos para clavarle los palos, y salirse con todos los pies………Para practicar esta suerte con seguridad es indispensable que el toro no tenga piernas, que esté aplomado en sitio propio, y que se salga con todos los pies, sin detenerse un instante en el puesto en que se pongan las banderillas.

Suerte de banderillas al recorte: Este modo de banderillear es el mas lucido, mas bonito, mas difícil, mas espuesto, menos frecuente y que se puede decir que es el non plus ultra de poner banderillas………..Su ejecución consiste en irse al toro para hacerle un recorte, y en el momento del quiebro meter los brazos para ponerle las banderillas, pues entonces está humillado. Pero es menester saber que el cuerpo se maneja en un todo como en un recorte; y por tanto, que en el momento de meter los brazos, que es el de la humillación del toro y del quiebro del diestro, está aquel casi embrocando á este por el lado, y cuando tira la cabezada está ya fuera á beneficio del quiebro; pero ha de tener aun metidos los brazos, pues hasta este momento no ha podido clavar las banderillas, lo cual lo hace el toro mismo con el achazo, pues el diestro por su postura violenta no puede meterse con él, ni agacharse hasta cogerlo en la humillación; y de esto nace toda la dificultad de la suerte, pues hay que esperar el achazo en el centro, y librarlo con el quiebro, sin ponerse fuera, porque ha de tener metidos los brazos hasta que el toro se clave los palos. Pero de esta dificultad resulta el lucimiento.


Fernando García de Bedoya (1802-1860), en su libro Historia del Toreo, editado en Madrid en 1850, escribe:

"Los banderilleros que a tales matadores de toros correspondían (estamos en los inicios del siglo XIX) (Pag. 111), no pueden titularse ni aun medianos, comparativamente a lo que después se ha adelantado en estas suertes, pero no obstante, explicaremos lo que por entonces se practicaba: el diestro se colocaba sesgado a la situación de la res, y arrancando a un tiempo  procuraban pasarlo en la carrera, en cuyo momento le clavaban una banderillera o rehilete, que con tal nombre se conocía este útil, guardándose o defendiéndose el cuerpo con un capote que colgaba generalmente del brazo izquierdo del diestro, cuya mano ocupaban en esta faena. También se hacía notables en esta época los que clavaban dos banderillas a la vez, una con cada mano, pero siempre por un lado, según las trazas o agilidad del diestro. Los chulillos, cuya única misión era la de correr los toros de un punto a otro del circo, se distinguían más o menos, según la distancia en que citaban, y pocos en realidad eran los que sabían empapar al bicho para hacerlo obedecer con el capote"

Y más adelante, en el mismo libro, encontramos este comentario:
"(Pag. 132)…………….Las de banderillas se dividían por entonces en dos clases o sea bajo dos nombres, que eran: suerte de cuarteo y a la media vuelta; la primera se utilizaba por lo general con los toros claros y sencillos, y la segunda con los de sentido o intencionados. No obstante, había lidiadores de alguna reputación, que eludían la suerte de media vuelta aun para con las reses de peor condición, porque creían rebajarse del concepto que de ellos tenía el público formado, y como contasen con elementos físicos suficientes a neutralizar la maldad de la res, de ahí la oposición que a semejante suerte profesaban"



J. Sánchez Lozano, en su libro Suertes del toreo que ordinariamente se verifican en coso. Libro tercero del Manual de Tauromaquia, publicado en Sevilla el año 1882, escribe:


“Constituye en la actualidad el tercio medio de las lidias de toros la suerte de banderillas, que toma su nombre del sustantivo con que se designan los palos de setenta á ochenta centímetros de largo, con un hierro en la punta en forma de arpon y adornados conmunmente de papel picado, que clavan los diestros á la res en el período de su duración………..Esta suerte como todas las que preceden á la suerte suprema, tiene por objeto debilitar las facultades del toro haciéndole sufrir destronques sucesivos, y aunque informemente, se conoció desde los primeros albores del toreo, dándose el paso primordial hácia su regularizacion con la organización de las cuadrillas por Juan Romero á mediados del pasado siglo………Por ese tiempo los rehiletes ó arpones, que así se llamaban las banderillas, y se llaman todavía, si bien por lo ménos, era rarísimo que se clavasen á pares, siendo lo general colocar uno á la carrera, siguiendo la del toro, y llevando el capote en el brazo izquierdo………..No es posible fijar con precision la fecha en que definitivamente se estableció la práctica de prender dos banderillas á la vez, ni quién fuera el lidiador que introdujera esa innovación, inclinándonos á creer que á ello contribuirían más de uno y que se admitiria en los años primeros de este siglo………..Desde esa época la suerte que examinamos ha venido progresando son intermisión, señalándose en nuestros dias su mayor grado de perfección con la invencion en 1858, del famoso cambio que tantos lauros ha proporcionado al acreditado espada Antonio Carmona (Gordito), su ejecutor……………La suerte de banderillas es de mucho efecto, pero difícil para su acabada ejecución………….Siete modos de consumarla son los conocidos hoy por los toreros y aficionados, quienes los distinguen con las denominaciones de al cuarteo, á topa-carnero, al sesgo ó al trascuerdo, al relance, al recorte, á la media vuelta y dando el quiebro.”



Álvarez de Miranda, en su libro Ritos y juegos del toro, escribe:

"Desde hace dos siglos, las banderillas se colocan a pares; el nombre mismo de banderillas no es antiguo y alude al adorno de papel que se colocaba en un extremo. A comienzos del siglo XVIII, la costumbre de poner banderillas a pares no se había introducido aún; en la Cartilla (Cartilla en que se proponen las reglas para torear a caballo y practicar este valeroso, noble ejercicio con toda destreza), escrita en el año 1726 por Nicolás Rodrigo Novelli, vemos que se ponen una a una y que no se llaman aún banderillas, sino, con mayor propiedad, arpón, y que medían menos de medio metro de longitud........................En un período anterior estos arpones no eran colocados por el torero acercándose al toro, sino que eran armas arrojadizas, como lo demuestran algunos diseños e incisiones...................Evidentemente estas armas son una prolongación de aquellas otras ya conocidas por nosotros, que aparecen en las miniaturas del siglo XIII, en las que se ilustra la fiesta del toro nupcial, o en la pintura del techo del claustro de Silos, donde vemos una doncella en actitud de arrojar al toro un arpón semejante a los de la miniatura del siglo XIII....................El uso de las banderillas en el toreo moderno, al igual que el de capa, parece ser la perduración en el clímax lúdico de un elemento originariamente ritual.....................El toreo moderno estableció definitivamente, como un arte peligroso, esta operación originalmente desprovista de carácter artístico y de peligrosidad......................En el toreo moderno, la finalidad de las banderillas consiste en estimular la furia del toro sin producirse un gran quebranto; la operación de colocárselas es peligrosa y difícil, ya que exige que el torero se acerque, a la carrera, al toro, agitando en cada mano una banderilla, evitando al mismo tiempo la acometida. En esto consiste el arte de las banderillas desde que hace poco más de dos siglos la lucha con el toro se convirtió en un arte"


En las notas aclaratorias de La Tauromaquia de Pepe-Illo, editada dentro de la Biblioteca de la Cultura Andaluza, encuentro el siguiente párrafo:

"En los primeros tiempos del toreo de a pie, las banderillas las clavaban de una a una, a la media vuelta o mientras otro lidiador entretenía al toro con el engaño. No tenía vistosidad la suerte, ni adquirió la importancia que alcanzó al ponerlas a pares y citando de frente a las reses...................En los tiempos de Illo ya se practicaba como en el día; pero sólo en la forma que explica; esto es, al cuarto y media vuelta"

Federico Alcázar, en su libro Tauromaquia moderna, publicado en 1936, escribe:

“Banderillear no consiste en clavar los palos y salir corriendo. Ese es oficio anodino y vulgar, sin emoción y sin gallardía. Para banderillear bien es necesario tener arte, ese arte -que empieza en la manera de abrir los brazos y termina en la salida airosa y gentil. No puede ser buen banderillero el que no sepa torear a cuerpo limpio, es decir, sin engaño. Como que la suerte de banderillas es una suerte a cuerpo limpio, que se remata clavando los palos. Y para ejecutarla con maestría y destreza, garbo y arte, es preciso saber correr un toro, cuartearlo, regatearle y quebrarle. [……] Todavía no se ha podido concretar la fecha en que comenzaron a ponerse las banderillas a pares. Sobre este particular hay una versión que parece la más auténtica, y es la que se atribuye al célebre licenciado Falces. Lo indudable-por testimonios escritos-es que a fines del siglo XVIII ya se colocaba el par. De todas formas, la suerte de banderillas, que ha dado lugar al segundo tercio de la lidia, es posterior a la vara, al capeo y a la suerte de matar.”



Santi Ortiz, en su libro Lances que cambiaron la Fiesta, escribe:

"Paquiro, limitó la presencia de los picadores en el ruedo a la conclusión de la suerte de varas y formalizó el segundo tercio, que hizo separar del de varas y el posterior de muerte mediante un oportuno toque de clarín.............Antes de estas reformas los picadores continuaban en la arena una vez picado el toro hasta su muerte. Antes de que se llevaran a cabo los preceptos de Paquiro, los picadores de tanda -esto es: a los que correspondiese picar el toro que estaba en el ruedo- no salían de éste en toda la lidia hasta que aquél era arrastrado por las mulillas................Desde los tiempos de Paquiro, con su reforma, les obligó (a los picadores) a abandonar el ruedo una vez se hubiera picado al toro de modo pertinente. Normalmente esto ocurría antes de que entraran a parear los banderilleros, pero, en muchas ocasiones, la presencia conjunta en la arena de picadores y rehileteros degeneraba en pugna de ambos por atraer sobre sí la atención toruna, convirtiendo la lidia en capea"



Domingo Delgado Cal, en su libro Del paseíllo al arrastre, escribe:

"Las banderillas son lo único que queda del toreo vasconavarro en la lidia moderna. Es el último resto del toreo pirenaico..........................La lucha entre toreros norteños y torero andaluces ha sido muy poco estudiada. Y es crucial para el devenir de la fiesta..............Era una confrontación entre dos concepciones del toreo, entre dos tauromaquias completamente diferentes. El toreo de los andaluces se basaba en engañar al toro con trapos. Mientras, el toreo de los norteños se basaba en el recorte, en engañar al toro a cuerpo limpio. Se impuso el concepto andaluz, es evidente. Pero en la lidia de los andaluces quedó para siempre incorporada, porque el público así lo quiso, la suerte más vistosa de los norteños: las banderillas..................El torero fundacional más maltratado por la historia es Bernardo Alcalde, el Licenciado de Falces. Casi nadie dice que es el padre de la suerte de banderillas, pues hasta él las banderillas se ponían de una en una, en una especie de rejoneo a pie, reflejo de la corrida caballeresca que acababa de fenecer. El Licenciado es el primero que pone las banderillas de dos en dos, una en cada mano................Quizá la suerte de banderillas sea la que menos ha evolucionado a lo largo del tiempo..................Dice Víctor Pérez López (estudioso del toreo) que la suerte de banderillas no ha sufrido ninguna evolución evidente desde los tiempos de Antonio Carmona el Gordito, es decir desde mediados del siglo XIX. El Gordito puede ser a las banderillas lo que José y Juan fueron al toreo en general. El Gordito es el punto de inflexión que aportó el par al quiebro al toreo y practicó todas las maneras de banderillear que se conocen. Quizás él no inventara el par al quiebro. Quizá lo vio hacer en Portugal en sus primeros pasos como torero. Pero es evidente que él lo incorporó a la lidia convencional...............Llevaba el Gordito en su cuadrilla a un subalterno muy joven. Se llamaba Rafael Molina Lagartijo y muy pronto aventajó a su maestro. Lo aventajó en todo, absolutamente en todo. También con las banderillas, en las que Lagartijo fue un coloso y un modelo de elegancia"



José Bergamín, en su libro El arte de birlibirloque, escribe:

"La suerte de banderillas, en cualquier forma, es la prueba matemática de todas las suertes de torear; toda suerte puede comprobarse matemáticamente por la de banderillas; todo torero, para serlo, tiene que ser, por esencia, presencia y potencia, banderillero. En la suerte de banderillas el toreo se define puro, abstracto, absoluto, perfecto"

"En realidad, la suerte de banderillas puede reducirse a tres figuras, como el silogismo; una perfecta: el topa-carnero o a pie firme, en que se espera al toro; imperfectas las otras dos: cuarteo y recorte, en las que se le sale a encontrar; el sesgo y media vuelta es, como el silogismo galénico, una cuarta figura, que no es la de salirse por la tangente, aunque, a veces, lo puede parecer"

"¿Hay que arder para consumirse o hay que consumirse para arder? Las banderillas de fuego son las de verdadero lujo espiritual; por muy quemado que esté el toro, hay que quemarle más; hay que subrayar artificialmente su fuego con esa bella y cruel reminiscencia religiosa de un santo ardor en la inquisición persecutoria de verdades. Siempre, siempre, siempre, habrá que quemar viva y desnuda la verdad. Es un acto de fe: en el arte, en el fuego, en el milagro, en Dios"



Así se refiere Cossío al tercio de banderillas:

 "Así somo el primer tercio tiene por finalidad el castigo y quebranto del toro, el segundo, o de banderillas, tiende a reanimarle o alegrarle (alegradores se llaman también las banderillas), excitándole sin restarle fuerzas.............-Antes de diferenciarse los períodos de la lidia se clavaban de uno en uno, y creo que en cualquier momento de ella. El introductor (si fue inventiva singular) de clavarles  a pares ignoro quien fue..........Cuando Carnicero hace grabar su serie o juego de suertes del toreo, en 1790, ya se clavaban a pares y formaban un período de la lidia perfectamente diferenciado........En la Tauromaquia de Pepe-Hillo se describen las suertes con ellas diferenciadamente, y es seguro que desde entonces no ha cambiado el carácter de este tercio..........En la Tauromaquia de Paquiro, se leen estas palabras: "Sería de desear que se detuviesen más tiempo en banderillear, porque no hay razón para que una suerte tan linda se le dé tan poco lugar a la lidia"...........No han faltado iniciativas de suprimir, por innecesaria y aun perjudicial, la suerte de banderillas. De este dictamen era Ricardo Torres, Bombita, que pensaba que con las banderillas se descomponen los toros, a más de agotarse con las vueltas y capotazos inevitables en la preparación de la suerte, y abogaba porque el practicarla dependiera del arbitrio del matador, según las condiciones de la res"

"El día 19 de abril de 1858, en la plaza de Sevilla, Antonio Carmona (el Gordito) practica por vez primera una suerte hasta entonces desconocida. A cuerpo limpio y a pie firme cita al toro, y al llegar éste a jurisdicción, ante un ademán del diestro de dirigirse hacia un lado, tuerce o quiebra el toro su viaje, y pasa ceñidamente junto al toreo, que no ha variado su posición primitiva"

"A pie firme se ponen estas banderillas que se llaman al quiebro, el que consiste en un movimiento de cintura, de reunirse y humillar el toro, y con cuya movimiento rapidísimo se evita el hachazo"


José Alameda en su libro El hilo del toreo, escribe:

"Paquiro en su "Tauromaquia" se lamenta del poco tiempo empleado en banderillear................Las banderillas eran un residuo a pie de los que fueran a caballo los antiguos rejoncillos. La prueba está en que se clavaban una por una, hasta que posteriormente, se clavaron a pares, invención que se atribuye a don Bernardo Alcade, el famoso "Licenciado de Falces"..................En tiempos de Paquiro, a las banderillas se les llamaba los "avivadores", pues tenían la misión de provocar una momentánea reacción del toro excesivamente agotado, a fin de prepararlo para la estocada"


José Alameda en El hilo del toreo se refiere también a la invención del par al quiebro, o al cambio, como erróneamente también se le llama, por parte de el Gordito:

"Antonio Carmona (el Gordito) empieza por hacer el quiebro sin banderillas, "a cuerpo limpio", con el puro mecanismo de la burla. El 19 de abril de 1858 lo da a conocer en Sevilla, entre el entusiasmo de casi todos. Los viejos aficionados regañones de entonces adujeron que aquello era un acto mecánico y circense, no una suerte del toreo. Aquellos aficionados tenían razón. Pero la cosa cambia cuando el Gordito toma las banderillas y el 24 de junio de 1858, en la plaza de Jerez de la Frontera, clava el primer par al quiebro de que se tiene noticia. Aquello es ya una suerte del toreo que exige una coordinación perfecta de distancias y velocidades, un movimiento graduado (el tempo de la suerte) para reunirse matemáticamente con el toro, y clavar con esa precisión de donde nace la belleza"


César Jalón, en su libro Grandezas y miserias del toreo, escribe:

"La suerte del quiebro o del cambio, que no quiero discusiones filológicas, ha sido siempre, de por sí, la más fácil del toreo, al alcance de aquellos espadas que no sabían banderillear. Ahí está vivo y lo esté por muchos años Machaquito. Pero es que nada vulnera tanto los preceptos del arte como la moda (corren los años de éxito de Sánchez Mejías con sus pares en las tablas) de llevar a los sombríos terrenos de las tablas una suerte en la que el cuerpo del torero, descubierto, sin engaño, está pregonando que su fuerte es la visualidad. ¡Grandioso par de frente, bien andado, bien vestido, desterrado por.............peligroso, señores!.....................Y todo esto sin contar con que desde los tiempos de Joselito la suerte se ha hecho "unilateral". Él como todos o mejor dicho, todos como él, sólo banderillean por el lado derecho. Además de "hemiplégica", esta suerte, en tiempos tan variada, se ha hecho "monocorde". El par de frente, al par al cuarteo, el par al sesgo y el par de poder a poder, los refundió Gallito en uno "por el hilo del tercio y a toro corrido", "el toro al trote y el torero a galope", que, teniendo un poco de todos esos pares, no era, específicamente, un par clasificado...............De todos los banderilleros modernos, solamente uno vuelve un poco por los fueros clásicos de esta suerte: Márquez. Con él se rehabilita un tanto. Viene luego el hijo mayor de Bienvenida, el Manolo Bienvenida actual, que la ejecuta limpiamente "por ambos lados", y que le devuelve toda su riquísima variedad"

César Jalón, en su libro Memorias de Clarito, escribe:

"Vincula la historia en el toreo navarro la ejecución del primer par de banderillas atribuido al Licenciado de Falces: "inventor del par al cuarteo y primero que clava los dos palos, uno en cada mano, al mismo tiempo". Habla Paquiro del sesgo y del vuelapiés (¿carrera de poder a poder?). Mas lo importante sobre lo curioso, lo eficaz sobre lo lucido, desde primera hora el segundo tercio de la lidia constituye la forja y escuela de los diestros famosos. Cada aspirante se alinea junto al maestro en boga para cursar su bachillerato como peón banderillero, y su preuniversitario como sobresaliente o media espada. Y así, de banderilleros peones dan en matadores dominantes de los tres tercios; al contrario de cuantos, modernamente, se improvisan matadores para dar en peones banderilleros...................No es de ayer la concatenación. Costillares, banderillero de José Cándido, lleva luego a banderillear -y al matadero: ¡la otra escuela!- a Pepe-Hillo. Jerónimo José, antes de su cuñado y matador, es peón de Pedro Romero; Desperdicios de Juan León; Chiclanero de Paquiro; Currito de su padre Cúchares; Gordito, el genial introductor del quiebro -a quien riñe Pepete: "Tu jases títeres"-, de sus hermanos los Panaderos; Cara-ancha del Gordito; Fernando el Gallo de Gordito, Chicorro, Bocanegra y Jaqueta y, en segunda vuelta, de Chicorro, Carmona, Frascuelo y Cara-ancha; Lagartijo (¡trece años banderillero!) de Pepete y Cayetano Sanz, su confirmador de alternativa; Bebe del granadino Frascuelo, que ha capeado y banderilleado en silla por mojigangas y económicas del alfoz de Madrid; Guerrita (¡banderillero ocho años!" de Fernando el Gallo y Lagartijo. Quien prescinde de este aprendizaje está pero dotado para los trances difíciles y en situación desairada ante los tercios triunfales de banderillas de sus compañeros. "Mazzantini, acharado, mientras los pares de Lagartijo y Guerrita levantan al público, obliga, en su toro, al Espartero a tomar las banderillas, cosa para éste tan extraña como pedirle al zapatero que toque el acordeón..........................Pero todavía el primer cuarto del XX disfruta de prosapia banderillera. Nadie antes ni después podrá, asidos ambos palos en una mano, juguetear con el toro, recortarlo y pararlo poniéndole la mano en el testuz, separarse un palmo, y ya una palo en cada mano, enarcar el pecho, abrir los brazos, clavar y salir de la suerte indistintamente por un lado o el otro. De ese par su autor, el Guerra, se llevó la exclusiva. Mas aún vive Fuentes, nace a su arte Gaona, funciona Bombita y un Joselito casi iguala en variedad y dominio al Guerra que la crítica histórica declara el más completo y poderoso banderillero, como a Gordito el más genial, y el más fino al eurítmico Lagartijo. Y todavía amenizan el segundo tercio en las décadas de los años veinte y treinta Márquez, Saleri, Félix Rodríguez, Facultades, los Bienvenida.....................Luego la depauperación del toreo, común a la suerte de varas y a la de matar, aqueja asimismo a la de banderillas. Baches. Lagunas. Mixtificaciones. Una artificiosa simbiosis del par al cuarteo y del de poder a poder, sin ser lo uno ni lo otro; par cazador, sin cuadratura en la cara del sorprendido toro, destierra al par fundamental, hermoso y arriesgado. el par de frente"


El escritor peruano Luis F. Odría, en su libro El arte del toreo y los secretos de la lidia, escribe:


“Todavía no se ha podido aclarar la fecha en que comenzaron a ponerse las banderillas a pares………….Lo indudable es que a fines del siglo XVIII ya se colocaba el par. De todas formas, la suerte de banderillas, que ha dado lugar al segundo tercio de la lidia, es posterior a la vara, al capote y a la suerte de matar. La banderilla, derivada del antiguo rejón, fue creada para castigar a las eses que habrían de ser muertas a estoque. Para clavarlas no existían reglas ni turnos. Ha sido después, cuando al crearse el par, se limitó su función, asignándole un fin concreto: la de avivadores, para aquellas reses que por exceso de castigo o poco poder, llegaban aplomadas a la suerte final, que era la de recibir. Posteriormente, lo que comenzó siendo un recurso, un trámite, se convirtió, andando el tiempo, en un arte. Un arte dotado de la más sugestiva, airosa y singular belleza”


“Son doce las clasificaciones de colocación, a saber:

Al cuarteo. Al cuarteo de frente. Al quiebro. Al relance. Al sesgo, Al recorte. A la media vuelta. A “Topacarnero” o a pie firme. A toro corrido. De frente. De poder a poder. Cambiando los terrenos..............Sólo las tres primeras se ensayaban al principio, pero fue progresando la suerte, y se crearon el par al sesgo, el par al relance y el para al recorte..........................Pero después han surgido los pares al cambio, en los medios, nota espectacular y vibrante, dejándole franco los dominios del centro en donde es más franca su furia y más difícil de esquivar el peligro. También los pares al hilo de las tablas y cerrado en ellas, fueron transformaciones que adquirió el segundo tercio en los últimos tiempos.


El mismo Luis F. Odría, en el mismo libro, profundiza en el concepto de quiebro:



“El quiebro es uno de los procedimientos de burlar al toro en el toreo si parar…….La suerte de quebrar consiste en presentarse al toro con una capa terciada por debajo del brazo, o bien con el “cuerpo escotero”; y luego que aquel arranque a embestir, se le saldrá al encuentro, formando con el toro, una especie de semicírculo, en cuyo centro se le hará un quiebro de cuerpo y se le dejará completamente burlado, parándose el torero como para hacerle una reclinación o cortesía; en no detenerse mucho tiempo está lo seguro, pues el toro, que acaba de dar una carrera recortada, en la cual ha padecido infinitamente, no puede hallarse en condiciones de dar otra, sin reponerse un momento………..Se llama quiebro, a toda aquella suerte en que el diestro se junta con el toro en un mismo centro y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo, con el cual libra su cabezada, y sale con diferente viaje………………Es suerte en que el toro padece mucho y por ello deben abstenerse los diestros de verificarla con los toros endebles y de pocas piernas.
 




El gran aficionado Mariano de la Riestra, en su libro La fiesta de los toros, escribe:

"Antonio Carmona ("Gordito") armó una revolución con la suerte del cambio que practicó en Madrid en la corrida verificada el 20 de octubre de 1861, efectuándola en silla. En pie lo hacía de manera tan extraordinaria, que en cierta ocasión el marqués de Salamanca le tiró dos puros envueltos en un billete de mil pesetas, y el matador, a su vez, le correspondió con una corrida en los Viveros, alternando con Cayetano Sanz y Manuel Carmona..................................Entre los matadores, banderillero enorme fue Lagartijo y el más elegante en todas las suertes de rehiletes. En la alternativa de Guerrita, tras colocar éste su segundo par, Lagartijo, que estaba en el centro de la plaza con las dos banderillas en una mano y ésta apoyada en la cadera, postura frecuente en él, aprovechó la salida del toro, le llamó con la voz y le puso el mejor par al relance que recuerdo. Ya retirado, el 1 de junio de 1898, en becerrada a beneficio de los funcionarios, y como director de lidia, en un becerro grandote, que luego mató el actor Moncayo, y a petición del público, puso uno al sesgo de tal magnitud, que la corrida se suspendió por largo rato para que recogiera la ovación...............................Guerrita fue otro excepcional banderillero. Se anunciaba en los carteles su actuación con letras tan destacadas como las de los espadas, contribuyendo a que su matador, que entonces lo era Fernando el Gallo, fuera contratado. Su estilo era otro que el de Lagartijo; prodigaba sus extraordinarias facultades, llegando hasta el toro, dándole con las banderillas en el testuz y salía corriendo para que le persiguiera, y -admítase la expresión- "galleando", se distanciaba por piernas, lo esperaba, y, cuadrando, clavaba en lo alto con una especie de recorte; realmente, era un espectáculo grandioso. En el cuarteo introdujo las variaciones de citar dos o tres veces en el viaje, pararse y desafiar a la res echando los palos atrás, y marchaba, por último, de frente al terreno de aquélla, no sabiéndose anticipadamente por qué lado saldría. No se asomaba al balcón, como entonces se decía, más que en determinadas ocasiones y sostenía el criterio de que no era buen banderillero el que daba la espalda a las tablas, no dejando al toro su salida natural. El adorno anterior a la suerte y el hacer él solo la preparación, fue su mayor novedad; cogía los palos y caminaba al encuentro del animal sin necesidad de capotazos previos.....................................A igual altura (de Lagartijo, como banderillero) está Cara-Ancha, sobre todo en el cambio, que empezaba con las banderillas altas para engendrar la suerte.................................No desmerece (de las grandes figuras en la suerte de banderillear) Fuentes, favorecido por su elegante figura, que descollaba en la preparación para el cambio. Le vi por primera vez con ocasión de dos corridas históricas en el centenario del descubrimiento de América, presentándose en la cuadrilla de Cara-Ancha....................................Ricardo Torres, Bombita, con adornos y alegrías al estilo de Guerrita, fue asimismo banderillero de primera línea, como su compañero Machaquito, que a fuerza de valor, llegó a dominar la forma del cambio......................................El tercio de banderillas es suerte que han señoreado de modo cumplido los toreros mejicanos, destacando Gaona, Armillita y, últimamente, Arruza. El primero, muy fino como todo su toreo, aunque con el defecto de salir de algunos pares algo apurado; para el segundo era tan fácil como todo lo que hacía, pero daba poca emoción; y Arruza, para mí el mejor después de Guerrita, sobre todo en el cuarteo. Llegaba con los palos bajos y derecho hasta un terreno increíble, y elevando los brazos, clavaba con gran gallardía, saliendo sin el menor aprieto de la suerte............................................Márquez, Lalanda, Félix Rodríguez, los Bienvenida, Pepe y Luis Miguel Dominguín y otros que harían demasiado extensa la relación, fueron también excelentes banderilleros"

"Estimo que el matador, al coger los palos, debe hacerlo para algo excepcional, y sólo en toros que le sirvan de lucimiento, o a petición del público. Antiguamente sólo banderilleaban los espadas el quinto toro, y a ruego de los espectadores. El matador de turno invitaba a los compañeros, saliendo por delante y siguiéndole los otros por orden de antigüedad. El reservarse para el quinto animal obedecía a que los ganaderos disponían el orden de salida de las reses; el primero "el menos mozo", para producir buen efecto; el de superior nota el quinto (de ahí la conocida frase: "No hay quinto malo") y el de menos presencia el último, porque la gente comenzaba a desfilar, y no era fácil la protesta"

"No puedo admitir que la palabra "quiebro" se aplique inexactamente como se hace a las banderillas o a la capa..................................Con las banderillas le vi la suerte a muchos, y a Cara-Ancha ejecutándola en una silla; en esta forma es vistosa cuando el toro no se arranca pronto, y da lugar a "hacer un poco de teatro" con la silla en una mano y las banderillas en la otra; en realidad, la suerte es sucia y pocas veces sale bien. Para hacerla más difícil, no ha sido demasiado raro el meter los pies en una montera o colocarlos sobre un pañuelo; lo cierto es que se saca o desplaza siempre la pierna con que se engaña al bicho en el cite y se le vuelve después a la montera o pañuelo en el momento de clavar; es decir, lo que se hace es engañar al toro con el cuerpo, los pies y los brazos...........................¿Qué es, pues, lo que se hace en la suerte? Simplemente cambiar el torero el viaje del toro. Y si es así, ¿por qué ha de decirse impropiamente quiebro? A mi entender, el quiebro se producirá cuando, lanzado el animal sobre el banderillero, éste quiebre el cuerpo de cintura para arriba y clave. Es innegable que el cuerpo no puede hacer esa torsión o retorcimiento; no puede, pues, ser llamada la suerte quiebro. El cambio se acompaña, en efecto, con un movimiento del cuerpo; pero, insisto, ese desplazamiento no es un quiebro. Para mí, la suerte es, y no debe calificarse de otra manera, la del cambio"



Manuel Ríos Ruiz, en su libro Aproximación a la Tauromaquia, escribe:
“Al decir de los historiadores taurinos, parece ser que hasta el último tercio del siglo XVIII no se empezaron a colocar las banderillas por pares, y que fue un tal Licenciado de Falles el primero que las puso de dos en dos y al cuarteo. En cuanto a la modalidad llamado al quiebro, dícese que tuvo su primer practicante en Antonio Carmono “El Gordito”, durante una corrida celebrada en Sevilla en 1858. El tercio de banderillas que rayó a una gran altura durante una época comprendida entre el primer tercio del siglo XIX y la mitad del siglo XX, sufrió una decadencia después, si no era el propio matador quien lo ejecutaba, cayendo en cierta rutina porque los subalternos se limitaban, salvo honrosas excepciones, a realizarlo sin apenas exposición y con gran rapidez”




Felipe B. Pedraza, en su libro Iniciación a la fiesta de los toros, escribe:
EL TERCIO DE BANDERILLAS
“Esta parte de la lidia es heredera de las fiestas populares en que los mozos corrían ante los toros y les clavaban arponcillos y azagayas. Todavía en los primeros tiempos de la corrida formal las banderillas se ponían de una en una. De ahí que Pepe-Hillo en su Tauromaquia subrayara: “es una de las suertes de más mérito………., y mayormente el día que se ponen a pares”. Hoy se colocan siempre de dos en dos………Por eso a la acción de banderillear se le llama parear……………La función de este tercio es avivar la embestida del toro, por lo que las banderillas, rehiletes o garapullos se denominan también alegradores y avivadores………………Un buen par es aquel en que el banderillero clava en la cara del animal, es decir, se cuadra ante él en el mismo momento en que da la cabezada. Los brazos del torero quedan durante un instante entre los pitones del toro; a eso se llama asomarse al balcón. Después ha de salir airoso, lo más tranquilo que permita el genio del astado. La suma perfección se alcanza cuando se sale andando……………Justamente en el polo opuesto de esta perfección se encuentran los pares de sobaquillo, suerte de recurso en que se clavan las banderillas una vez pasada la cabeza del toro, desde un lado y emprendiendo la fuga. Similar es la suerte a la media vuelta, que consiste en acercarse por detrás del toro y prender los rehiletes sin cuadrar”


Banderillas




“La banderilla es un palo de 70 centímetros de largo, rematado en un hierro de 6 centímetros en forma de arpón que se prende en la piel del toro. El origen remoto de la banderilla está en los dardos, azagayas y arponcillos con que herían a los toros en los ritos y fiestas medievales. En el siglo XVIII desaparecieron estas armas arrojadizas y se sustituyeron por los palos, rehiletes o garapullos, semejantes a los actuales………Al principio se colocaban de una en una, pero desde el primer tercio del XIX se introdujo el hábito de parear o clavar dos rehiletes simultáneamente………….El nombre viene sin duda de la palabra bandera. Se ha apuntado a que las primitivas llevarían como adorno un gallardete o enseña de lienzo o papel. Quizá se llamaran así por el papel rizado con que se adornan, que forma las franjas de colores vivos características de las banderas…………Además de las comunes, se han empleado las de fuego, con un dispositivo que hacía estallar unos petardos sobre el lomo del animal. Servían como castigo a los toros mansos que no cumplían en el tercio de varas. Hoy no se usan. Han sido sustituidas por las banderillas negras o de castigo. A pesar de su nombre, no son totalmente oscuras, sino que presentan una franja blanca en el centro. Tienen un arpón mayor (8cm)………..Actualmente se ha inventado un tipo de rehiletes con un mecanismo retráctil interno o con un elemento que se quiebra de modo que caigan lacios a los lados. Con ello se trata de evitar numerosos accidentes provocados por golpes de los palos en la cara y sobre todo en los ojos de los lidiadores………..La empresa tiene obligación de preparar cuatro pares de banderillas comunes por cada res que se va a lidiar, y otro dos pares de negras……………Algunos diestros han usado banderillas cortas o de a cuarta (de unos 20-30 cm. de largo) que obligan a una suerte más ceñida”
   




El gran banderillero Manolo Montoliú, en una conferencia-coloquio de la Peña "Tercio de varas" en Linares, expuso sus opiniones sobre el segundo tercio:

"Debe realizarse con soltura, sin exigir que el compañero que colabora con la brega dé ni un solo capotazo de más. El par debe ejecutarse sin aspavientos, cuadrando en el lugar justo después de que el toro esté colocado por el compañero encargado de hacerlo..........Ha de ser en el tercio, a cierta distancia de las tablas y nunca en los medios...........Todo lo que se haga con ellas (banderillas) ha de ser artístico, lento, importante. Lo de arrancar de frente, si uno llega muy cerca de la situación límite, es imposible. Yo prefiero acercarme mucho y arrancar de costado...........Lo más difícil me parece andarle al toro; cuando se te viene, te tienes que aliviar, pero cuando está allí esperándote, hay que demostrar que quieres ir. Si el abismo viene hacia ti has de salvarte como puedas. Pero ir hacia el abismo con arte es más difícil. Si no se arranca con prontitud el toro, debes provocarlo.............La frase "asomarse al balcón" me parece muy gráfica. Consiste en eso precisamente. Dar el pecho por delante y al clavar las banderillas un pitón te sale por un lado y el otro pitón por el otro lado. Por eso es difícil asomarse de verdad al balcón"

El torero Morenito de Maracay, consumado banderillero, en el libro Todas la suertes por sus maestros, de José Luis Ramón, nos explica como el par al quiebro surgió en él a partir de una limitación física:

"Yo incorporé a mi repertorio el par de banderillas al quiebro por una necesidad: banderilleando al sesgo en Tafalla, un toro de Moreno Silva me cogió y me reventó los abductores. Al día siguiente toreaba en Bilbao y, aunque lesionado, inyectado y con calmantes, fui a la plaza de Vista Alegre. Cuando intenté banderillear me resultó imposible correr, casi me caí en la cara del toro, y ante la necesidad de resolver aquella situación como fuera, decidí banderillear al quiebro. Nunca antes lo había hecho, así que lo improvisé sobre la marcha: me coloqué en el tercio, me quedé muy quieto y me salió bien. De esta manera nació en mí lo que luego se ha convertido en una vocación y una necesidad estética. Los pares al quiebro sólo los pongo por un lado, el izquierdo, el mismo de aquella tarde en Bilbao. Por el derecho no se lo he hecho ni a las becerras, porque no estoy acostumbrado ni me siento seguro....................El momento más delicado es el de sacarle la pierna, porque es cuando se le cambia la trayectoria. El secreto, más que en dejarle llegar muy cerca, está en saber sacar la pierna en el momento exacto"