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domingo, 13 de agosto de 2023

BRAVURA Y HUMILLACION. UNA VISIÓN HETERODOXA

 

            BRAVURA Y HUMILLACIÓN: UNA VISIÓN HETERODOXA


En mis recorridos por la tauromaquia antigua, al hacer un estudio detallado sobre la verónica en Gaona, Joselito y Belmonte, entre otros, me llamó la atención que todos ellos, incluso ante los escasos toros que en esa época embestían con la cabeza baja, siguen ejecutándola con las manos altas.

En varias crónicas he encontrado referencias sobre toros bravos, en los que su mayor defecto, y a veces el único, era que llevaban la cabeza muy baja. Hay una crónica de Paco Media Luna en El Toreo del 18 de septiembre de 1911 en la que llega a leer: "La humillación de los toros impidió faenas de arte" 

-        Permitidme una digresión que, lo reconozco, tiene mucho de obsesiva. El considerar, como he leído y escuchado últimamente muchas veces, que la humillación sea uno de los principales rasgos que debe reunir un toro para ser considerado un toro bravo, siempre me ha parecido una aberración.

M  Más bien habría que decir, en todo caso, que los ganaderos, a partir de un determinado momento, han decidido seleccionar dentro de los toros bravos, aquellos que humillan. Pero de ahí a llegar a pontificar que un toro con la cabeza alta, al margen de cuál sea su comportamiento en varas y durante la lidia, no es un toro bravo, media un abismo. 

A   Además, en esa permanente búsqueda de una mayor humillación, ¿dónde están los límites? si es que alguna vez se han buscado. Cuando ciertos toros, para deleite de los comentaristas, "hacen el avión", el peligro que yo veo, cada vez más frecuente por cierto, es que tras embestir, no ya a la muleta que le presenta el matador, sino al mismísimo albero, tras clavar sus pitones en la arena, acaben aterrizando, dando con sus huesos en el suelo, y no precisamente de la manera más airosa.

Ll Llegado este punto repiquetean machaconamente en mi mente, los versos de Miguel Hernández en su poema "Vientos del pueblo" : "... los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa", en los que para el poeta, tan taurino por otra parte, el doblar la frente, la humillación en definitiva, es un comportamiento de los mansos, no de los bravos.

P  Por otra parte, ya os he advertido previamente de mi obsesión, humillación y bravura, no sólo en el lenguaje poético de Miguel Hernández, sino en la lengua española en general, siempre han sido términos antagónicos. Una de las acepciones del verbo "humillar" en la RAE es: "Bajar la cabeza en señal de acatamiento y sumisión". Así pues, en el español, la humillación es propia de los sumisos, nunca de los bravos. 

Si Sí, ya sé que me estoy apartando del universo taurino, que maneja sus propios códigos, y que mis reflexiones no tiene por qué formar parte de él, pero admitiréis conmigo que estamos ante una rara disonancia, rara por lo infrecuente, en la que los dos lenguajes, tan afines y permeables en muchos casos, han viajado en direcciones opuestas hasta llegar a ocupar posiciones totalmente alejadas entre si.  

 

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